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Los nuevos volcanes: cuatro actores y sus estrategias contra la violencia en Cuernavaca
The new volcanoes: four actors and their strategies against violence in Cuernavaca
Los nuevos volcanes: cuatro actores y sus estrategias contra la violencia en Cuernavaca
Revista CoPaLa. Construyendo Paz Latinoamericana, vol. 10, núm. 22, pp. 1-10, 2025
Red Construyendo Paz Latinoamericana

Recepción: 28 Noviembre 2024
Aprobación: 05 Junio 2025
Resumen: Desde un escenario de la provincia mexicana, cercano a su capital, golpeado por la violencia y su impunidad, se persigue el objetivo de analizar las motivaciones que impulsaron a crear e implementar iniciativas de construcción de paz en el estado de Morelos, a partir de entrevistas con sus actores protagónicos, para aportar elementos que contribuyan con el desarrollo de estrategias en la construcción de una paz duradera. Así, se recurre Galtung y Lederach para perfilar una perspectiva teórica que permita identificar a este tipo de actores, sus estrategias y algunas características comunes a todas ellas. Con entrevistas semiestructuradas analizadas en función de categorías compartidas en todas ellas, se identificaron eventos que desencadenaron la participación de estos actores, así como los desafíos y oportunidades que rodean sus iniciativas. Se concluye reconociendo la importancia de estos avances aún frente a panoramas en que impera la violencia, así como el papel que la educación tiene dentro de las estrategias para la construcción de una paz más sólida y duradera.
Palabras clave: Conflicto social, educación para la paz, violencia.
Abstract: From a scenario in the Mexican province, close to its capital, hit by violence and impunity, the objective of this text is to analyze the motivations that led to the creation and implementation of peace-building initiatives in the state of Morelos, based on interviews with its leading actors, to provide elements that contribute to the development of strategies in the construction of lasting peace. Thus, recurring to Galtung and Lederach was suitable to outline a theoretical perspective that allows identifying this type of such actors, their strategies and some common characteristics. Semi-structured interviews analyzed upon categories shared among all of them, lead to identify events that triggered the participation of these actors, as well as the challenges and opportunities surrounding their initiatives. This paper concludes recognizing the importance of these advances even in the face of panoramas in which violence prevails, as well as the role that education plays within the strategies for building a more solid and lasting peace.
Keywords: Peace education, social conflicts, violence.
Introducción
Sería en la década de los 60 (siglo XX) que en la ciudad de Cuernavaca, Estado de Morelos –en México–, comenzó una efervescencia social llevada de la mano de quienes más tarde serían reconocidos como “los volcanes de Cuernavaca” (Guzmán y Dosil, 2017); en principio eran el obispo Sergio Méndez Arceo, el intelectual Iván Illich y el clérigo secularizado Gregorio Lemercier, seguidos más tarde por el psicólogo y filósofo Erich Fromm y el filósofo educador Paulo Freire (quien no vivía en Cuernavaca, pero que estaba en contacto con los otros, especialmente con Fromm e Illich). Esas épocas dieron paso al último cuarto del siglo XX y posteriormente a un accidentado siglo XXI con escenarios renovados, internet, redes sociales y cambio climático, así como nuevas manifestaciones de violencias, que a pesar de ser registradas y medidas con mayor detalle, no dejaron de sorprender por su brutalidad e impunidad.
Con nuevos escenarios llegaron también nuevos actores, que el día de hoy convergen no sólo geográficamente, sino también en sus intereses por promover la paz desde distintos espacios sociopolíticos. De este contexto y las apreciaciones de sus habitantes trata este texto en el que también aparece un obispo, un intelectual, un exclérigo y una educadora, compartiendo sus percepciones e ideas sobre el caótico panorama que a su vez encuentra reflejo en muchas otras localidades latinoamericanas enfrentando problemas similares.
Se inicia entonces con un esbozo contextual sobre el país y sus indicadores de violencia; posteriormente se ofrece una perspectiva teórica desde donde puedan encontrarse elementos para la comprensión del panorama observado. Se incluye un breve apartado metodológico describiendo los criterios y tiempos que permitan la replicabilidad de este ejercicio en otras ciudades latinoamericanas para dar paso a los principales resultados y hallazgos identificados. Se concluye con una breve recapitulación y reflexiones finales sobre el tema, así como con algunas observaciones y recomendaciones para quienes deseen ampliar el ejercicio en sus respectivos entornos.
Antecedentes
La ciudad de Cuernavaca está a menos de 100 km de la capital mexicana. Con alrededor de 400 mil personas en una entidad federativa de aproximadamente 2 millones de habitantes. Su papel siempre ha sido el de una especie de pequeño satélite social económicamente dependiente de Ciudad de México, pero también un eslabón obligatorio en el tránsito desde la gran metrópoli hasta su salida hacia el Océano Pacífico. Esta ubicación estratégica ha atraído el interés de los grupos delincuenciales, ocasionado disputas por el control del territorio, lo cual sumado al debilitamiento de las funciones de Estado, ha ocasionado un incremento de actos violentos (Rodríguez y Sedano, 2023). Tal situación ha llevado a reconocer el llamado “corredor de la violencia” (Ochoa, 2015), que atraviesa más de 10 municipios del estado.
En esta zona, se ubican numerosos planteles educativos desde preescolar hasta universidades públicas o privadas (ver figura 1). La proximidad de las instituciones educativas con este espacio de alta incidencia delictiva ha vulnerado el derecho de los niños, niñas y adolescentes a espacios libres de violencia (Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes [LGDNNA], 2014, art. 46). Por ejemplo, en el municipio de Huitzilac, ubicado en la parte norte del estado de Morelos, las escuelas se vieron obligadas a suspender las clases durante una semana, debido a que no existían las condiciones de seguridad para llevarlas a cabo (Monroy, 2024).

De acuerdo con el Banco Mundial, la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes en el mundo desde 2014 es inferior al lugar 6, pero México ocupa la posición 14 en la lista de los que más tienen este tipo de muertes con una tasa de 28% (Grupo Banco Mundial, 2024). En el estado de Morelos, este indicador tuvo un incremento significativo. Mientras que en 2009 se registraron 259 casos, para 2022 esta cifra se elevó a 1176 (INEGI, 2023b). Macleod y Mindek (2016) hacen referencia a otros informes, como el Índice de Paz en México del Instituto de Economía y Paz (IEP). En 2015, dicho documento posicionó a Morelos en el quinto lugar a nivel nacional en incidencia de delitos relacionados con el crimen organizado. Esta situación, no ha mejorado, el reporte de 2024 reveló que es la entidad con mayor deterioro de la paz a nivel nacional. Por segundo año consecutivo, se encuentra entre los cinco estados menos pacíficos del país. Además, dos de sus municipios, Cuautla y Cuernavaca, se encuentran entre los más violentos de todo el país, ocupando la posición cinco y 16 respectivamente (Grupo IEP, 2024).
A pesar de este escenario poco alentador, el estado de Morelos se ha caracterizado por su resistencia ante contextos poco favorables y ha sido un ejemplo de lucha por el restablecimiento de la justicia fomentada por referentes histórico-culturales (Galavis, 2016). Frente a este panorama de creciente violencia, diversos actores de la sociedad se han involucrado en el proceso de construcción de paz.
En este escenario, cobra relevancia conocer las iniciativas de paz que se han desarrollado en el estado, a partir del 2010 hasta el primer semestre de 2024. Estas acciones, lideradas por actores del sector religioso, de la sociedad civil y educativo, representan un esfuerzo continuo para la construcción de paz. Por ello, el objetivo es analizar las motivaciones que impulsaron a crear e implementar las iniciativas de construcción de paz en el estado de Morelos, a partir de entrevistas con sus actores protagónicos, para aportar elementos que contribuyan con el desarrollo de estrategias en la construcción de una paz duradera.
Los hallazgos de la investigación revelaron cuatro sucesos que desencadenaron las iniciativas de paz. Se observó que, las iniciativas aún y cuando son distintas entre sí, durante su implementación, enfrentaron desafíos similares; sin embargo, los actores involucrados mantuvieron una actitud esperanzadora, reflejando su compromiso sostenido en la transformación positiva del entorno.
Referencial teórico-metodológico
Al abordar un tema complejo como la construcción de paz, inevitablemente se presenta el desafío de definir o al menos ofrecer una aproximación sobre qué es la paz; sin embargo, esto constituye un gran reto debido a la subjetividad del concepto, para Galtung (1998, p.3), “la paz va más allá de la ausencia de la violencia directa”. En su lugar, hace una distinción entre paz negativa y paz positiva, sin contraponer ambos conceptos. La paz negativa está orientada a eliminar las manifestaciones de la violencia directa; por lo tanto, no es una condición estable y es de corta duración porque el conflicto siempre está latente. La paz positiva, en cambio, aborda de manera integral la violencia directa, estructural y cultural; se trata de una medida preventiva, duradera y estable en el tiempo (Galtung, 2018).
La paz positiva también está relacionada con la “justicia social”, entendida como la distribución igualitaria de los recursos y la participación en esta distribución (Galtung, 2003); como con “el desarrollo”, un término bastante amplio debido a que no se limita al desarrollo social, sino también al humano, pero, en su definición más básica “es la creación de la capacidad de transformación de conflictos” (Galtung, 2000, p.5). Si bien es cierto que en el contexto de violencia que enfrenta México, la paz positiva podría considerarse como un horizonte lejano, es posible alcanzarla, aunque no a corto plazo.
Desde el enfoque galtuniano, para avanzar en este proceso, es primordial considerar la paz como un suelo en el cual se puedan construir los cimientos a largo plazo; y no como un techo limitándose a una condición meramente aspiracional. También, se requiere aceptar que la paz y el conflicto coexisten; sin embargo, el conflicto puede verse como una oportunidad de transformación. Para ello, es importante reconocer los problemas estructurales, no necesariamente para resolverlos todos, sino para analizar las causas de fondo y proponer soluciones creativas (Galtung, 2003). Es importante advertir que no se trata, ni debe considerarse como un proceso simplista, tampoco es una receta o panacea. Los conceptos teóricos presentados, tienen que ser adaptados a los contextos sociales en donde se presenta el conflicto, como ya se ha hecho también en otros estados (Medina del Rasso, 2023).
Complementando la visión de Galtung, Lederach (1998) considera que la paz no es una condición, es un proceso social y dinámico. Este proceso, requiere un compromiso a largo plazo de múltiples actores a quienes representa en un triángulo, clasificándolos según su nivel de liderazgo. En el vértice superior se encuentran los líderes con alto nivel decisional, como los políticos y diplomáticos. Es un espacio con un número pequeño de integrantes. En el nivel medio o también descrito como segundo nivel, se encuentran los académicos, los líderes religiosos y en general cualquier líder reconocido y respetado por la sociedad. Estos actores, tienen un papel relevante en los procesos de paz porque mantienen comunicación tanto con el nivel superior como con el inferior; este último, compuesto por líderes locales. Aunque esta analogía permite visualizar el grado de alcance y poder que tienen los diferentes actores, es importante señalar que no representan el grado de responsabilidad de cada nivel. Todos los actores están involucrados en el proceso de construcción de paz.
Continuando con las ideas del autor, es importante desarrollar la infraestructura capaz de conseguir y preservar la reconciliación en todos los niveles de la sociedad. Como en cualquier construcción, se necesitan recursos; sin embargo, en la construcción de paz estos deben ir más allá de lo económico y lo material. De hecho, para Lederach, el factor más importante es construir una comunidad de paz. Este concepto hace referencia a considerar a la población como un recurso y no como receptores de iniciativas. Esta participación favorecería la sostenibilidad y la legitimidad en el proceso de construcción de paz (Lederach, 1998, p. 122).
En el contexto de violencia de México, las ideas de Galtung y Lederach nos permiten analizar las iniciativas de paz que se han realizado en el estado de Morelos. Este escenario complejo requiere de un abordaje metodológico que permita capturar las percepciones de los involucrados, así como la dinámica social en la que se desarrollaron. Por tal motivo, se decidió utilizar un enfoque cualitativo debido a que este, según Flick (2007), permite comprender los procesos sociales, las dinámicas y estructuras, posibilitando el análisis de las experiencias y perspectivas de cada actor. También porque es el que mejor permite la inmersión en los espacios intersticiales donde se pueden gestar modelos para reproducir formas efectivas de promover una paz positiva (Chávez, 2023).
La muestra o selección de casos para este análisis, fue conformada por cuatro actores del segundo nivel -siguiendo la tipología de Lederach-, que han impulsado, implementado o creado iniciativas para la construcción de la paz en el estado de Morelos. Los entrevistados que conforman esta selección son: una exdirectora de un subsistema de Educación Media Superior (EMS) durante el periodo 2010-2018; Ramón Castro Castro, quien es obispo de la diócesis de Cuernavaca y actual secretario de la Conferencia del Episcopado Mexicano [CEM] (https://cem.org.mx/); el escritor Javier Sicilia Zardain, fundador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad [MPJD] (https://mpjd.mx/) y víctima directa de la inseguridad en el estado de Morelos; y el Mtro. José Antonio Sandoval Tajonar, quien inició y actualmente dirige Fundación Don Bosco [FDB] (https://db.edu.mx/), brindando apoyo educativo a niños, niñas y jóvenes que provienen de contextos vulnerables, y quien participó en la implementación del Programa Nacional de Prevención del Delito (PRONAPRED), durante el sexenio 2012-2018.
La recolección de datos se realizó mediante entrevistas semiestructuradas con una duración aproximada de 35 minutos. Las entrevistas se transcribieron utilizando el software de licencia libre Sonal, mismo que se utilizó también en el análisis. Se realizó una codificación abierta siguiendo las pautas de Coffey y Atkinson (2003). A continuación, se presentan los principales hallazgos de esta investigación.
Resultados
Eventos gatillo
De acuerdo con las experiencias de los entrevistados fue posible identificar que las iniciativas orientadas a la construcción de la paz en el estado de Morelos, durante el periodo 2006-2024, estuvieron motivadas por lo que hemos denominado “eventos gatillo” o “detonantes”; los cuales hacen referencia a sucesos trascendentes, que desencadenaron una serie de acciones y movilizaron a diversos actores. En este sentido, a partir del análisis de las entrevistas se identificaron cuatro eventos gatillo, los cuales se describen a continuación en orden cronológico:
La estrategia de seguridad conocida como “la guerra contra el narcotráfico”, del expresidente de México FCH marcó un punto de inflexión en el incremento de violencia y la percepción de seguridad, como lo señaló la exdirectora del subsistema de EMS
[…] veníamos del sexenio de Felipe Calderón y también lo de Beltrán Leyva, ya había cierta descomposición social. (Exdirectora EMS)
La muerte del narcotraficante ABL líder del cártel homónimo, en diciembre de 2009 en la ciudad de Cuernavaca Morelos, fragmentó la organización criminal. Esta desintegración desencadenó la dispersión de sus miembros (el llamado “efecto cucaracha”), trayendo como consecuencia la creación de nuevos grupos y la diversificación de actividades ilícitas en el estado de Morelos (Macleod, 2022). El impacto de este evento se refleja en el siguiente testimonio:
Hay que entender que veníamos de una etapa crítica, en el 2009 viene la muerte de Beltrán Leyva y eso desató una violencia que no habíamos visto en Cuernavaca (Director de FDB).
El siguiente evento gatillo fue la muerte de siete jóvenes, el 28 de marzo de 2011, encontrados en Temixco, Morelos. Entre las víctimas se encontraba Juan Francisco Sicilia Ortega, hijo del escritor Javier Sicilia Zardain. De acuerdo con las investigaciones, los jóvenes fueron interceptados y asesinados por miembros del cártel Pacífico Sur (Gil, 2023). Este suceso marcó el inicio del “Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad” (MPJD):
Bueno, con Calderón comenzó una grave descomposición; no es que no estuviera el crimen organizado, pero su estrategia de guerra, como la planteó él, una guerra contra el narco y la estrategia que era descabezar a los líderes de los cárteles, fue tremendamente contraproducente. Lo que hizo fue fracturar las organizaciones criminales y generar una violencia extrema. En esa fragmentación, asesinan a mi hijo y a seis de sus amigos, y es cuando nace el Movimiento por la Paz (Javier Sicilia)
Este acontecimiento, aunque no ocurrió en el estado de Morelos, demostraba cómo la violencia del país afectaba a diversos sectores de la sociedad. Si bien no había sido el único caso de sacerdotes asesinados, este hecho tuvo un impacto significativo a nivel nacional e internacional (BBC Mundo, 2022). Esto generó que la CEM, la provincia de los Jesuitas, la Conferencia de Superiores Mayores Religiosos de México (CIRM) y Dimensión de Laicos se sumaran a un proyecto común de paz:
[…] este asesinato es algo que dejó una huella tan fuerte en la sociedad mexicana, sacudió las conciencias de muchísima gente. A partir de ese momento fue como una gota que derramó un vaso, ya que la violencia y la realidad de inseguridad que vive el país desde hace 18 años es una realidad que nos ha superado y decidimos hacer algo […] (Obispo de Cuernavaca)
Estos eventos gatillo, que son manifestaciones de violencia directa, lograron transformarse en esfuerzos para la construcción de la paz positiva. En el ámbito educativo, hubo un esfuerzo para prevenir la violencia y fomentar la convivencia, utilizaron los programas diseñados por el gobierno federal como fue el caso de las Tutorías, el programa Construye-T (dirigidos a EMS) y posteriormente el PRONAPRED.
El ambiente de sensibilización con respecto a los chavos en ese momento fue algo muy importante, también para los maestros por supuesto […] Posteriormente en el cambio de gobierno, y una vez que aparece el PRONAPRED, con el gobierno de Peña Nieto, el gobernador Graco Ramírez nos pide también intervención en las escuelas que estaban presentes en los polígonos de intervención. Había polígonos en Cuernavaca, Cuautla y en Jiutepec. Entonces ahí empezamos a trabajar con distintos niveles educativos (Director de FDB).
También se implementó a nivel estatal, en 2011, el programa “Comunidades libres de violencia y constructoras de paz”. Esta iniciativa surgió en los planteles de la Fundación Don Bosco, con la finalidad de atender la violencia escolar y educar para la paz. Al conocer esta iniciativa el exgobernador Marco Adame –dado el contexto de violencia que se estaba viviendo en Morelos– solicitó que se replicara el programa en universidades y planteles estatales de EMS.
Entonces conociendo el gobernador Adame esto, me dijo: “Yo quisiera que lo pudiéramos tener en todas las escuelas de Morelos”. En ese momento estaba en su penúltimo año de gobierno en 2012, y trabajamos con estas preparatorias y con las dos universidades estatales que existían en ese tiempo. (Director de FDB).
Por otra parte, el MPJD, es un claro ejemplo de cómo los actores del segundo nivel de la pirámide de Lederach, cuando mantienen la comunicación con los actores de los otros niveles pueden construir cimientos para una infraestructura y una comunidad de paz. Este movimiento realizaba marchas y caravanas compuestas por un gran número de personas, en diferentes estados de la república y fuera del país (Gordillo, 2020). Una de las mayores contribuciones de este movimiento fue la creación de la Ley General de Víctimas publicada el 9 de enero de 2013 (Presidencia de la República, 2014); en ella, se reconocen sus derechos a: ser tratados con humanidad, conocer la verdad sobre el delito y el proceso penal llevado a cabo contra sus agresores, y el derecho a la satisfacción, que incluye, entre otras medidas, el derecho a la protección del Estado.
Con el Movimiento por la Paz recorrimos todo el país y los Estados Unidos con la agenda de paz y de justicia. Dialogamos con los poderes y los candidatos de entonces, llegamos hasta Washington. Se hicieron las mesas de diálogo con el gobierno de Felipe Calderón y con el legislativo de entonces. Lo que surgió de ahí fue la Ley de Atención a Víctimas y su dimensión la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas. Eso es lo que salió y se echó a andar en el gobierno de Enrique Peña Nieto. (Javier Sicilia).
En cuanto a las iniciativas de la iglesia, la CEM en conjunto con las instituciones católicas anteriormente mencionadas, en 2022 convocaron a una jornada de oración por los sacerdotes asesinados. Posteriormente surgieron diversas iniciativas entre las que destacan los “Conversatorios y foros por la paz”. Los conversatorios se realizaron en 20 estados del país con una participación de 14, 225 personas, en dónde los participantes compartieron su perspectiva acerca de la violencia en el país (CIRM, 2023), mientras en los foros, compartieron buenas prácticas en seguridad, justicia y tejido social. En ambas acciones, participaron jóvenes, académicos, políticos, religiosos, policías y en general representantes de diversas organizaciones:
Se propuso hacer los diálogos, los conversatorios por la paz en diferentes parroquias de todo el país […] tuvimos en Guadalajara un encuentro con empresarios y también en las universidades, a nivel académico hubo una aportación muy buena. (Obispo de Cuernavaca).
El 21 de septiembre de 2023, se llevó a cabo el Diálogo Nacional por la Paz, en la ciudad de Puebla (Hernández, 2023). Este encuentro finalizó con el Acuerdo Ciudadano por la Paz, con la finalidad de impulsar la Agenda Nacional por la Paz, un documento con propuestas de alcance nacional y estatal derivadas de los conversatorios y foros. Esta agenda fue presentada a los aspirantes a la presidencia de la república para el periodo 2024-2030, así como las y los candidatos a la gubernatura y a las presidencias municipales de nueve estados, incluyendo Morelos. Posteriormente, se realizó la firma del Compromiso por la Paz con las y los candidatos presidenciales y gubernamentales:
La segunda acción de la agenda dice: “Buscar el diálogo interinstitucional”, dado que el diálogo sobre todo con las autoridades federales, son las que tienen una fuerza tan grande y el poder del Estado, nació la idea de presentar la Agenda Nacional por la Paz, a los tres candidatos: dos candidatas y un candidato a la Presidencia de la República y de alguna manera comprometerles, aunque sea moralmente, para poder salir adelante. (Obispo de Cuernavaca).
Como puede observarse, cada uno de los “eventos gatillo” dio lugar a sendas estrategias y acciones que incluyeron la búsqueda de apoyo por parte de autoridades de distintos niveles de gobierno. Pero, aunque estas iniciativas prosperaron, no faltaron los obstáculos que tuvieron que enfrentar los cuales se reseñan a continuación.
Desafíos
Tras el análisis, se identificaron varios elementos comunes, en los distintos niveles de actores, que han dificultado la implementación efectiva de las iniciativas de paz en Morelos. Los cuales, se describen a continuación:
Indiferencia y resistencia
En el ámbito educativo, se encontraron resistencias por parte de los maestros y directivos de los planteles, ya sea porque no consideraron las estrategias de paz como algo prioritario, o bien, por desinterés. Ambas actitudes a menudo se asociaban a una falta de capacitación. Al respecto, la exdirectora mencionó:
Más bien no lo aplicaban por falta de interés o porque no lo conocían lo suficiente. También, a veces no entienden la urgencia de atender la violencia o en general los problemas de los chicos. (Ex directora de EMS)
Por otra parte, algunos directores cuestionaron la legitimidad de los implementadores:
[…]los directores de las escuelas de repente se sentían sorprendidos, a veces tomaban una actitud defensiva, por ejemplo, a nosotros nos decían: tú no has estado frente a grupo. Claro que he estado frente a grupo, llevo 30 años trabajando en educación. (Director de FDB).
De igual manera, se mencionó la indiferencia que pueden presentar los actores de primer nivel:
(las acciones de paz) yo diría que tuvieron un impacto relativo porque la administración de ese momento no lo asumió como si fuera un elemento fundamental. O sea, sí llevamos adelante el trabajo, pero puedo decir que, por ejemplo, el exgobernador Graco Ramírez nunca se paró en una escuela (Director de FDB).
Corroborando esta percepción, otro entrevistado señaló de manera concisa y directa lo siguiente: “Al gobierno no le interesa.” (Javier Sicilia).
Estas declaraciones sugieren que las actitudes de indiferencia y resistencia, manifestadas en los múltiples niveles del triángulo de actores de Lederach, representan un desafío significativo para la construcción de comunidades de paz, debido a que obstaculizan la participación y el compromiso de los actores. Ambos elementos son fundamentales para sostener el proceso de construcción de paz a largo plazo.
Percepción divergente de la realidad
Otro desafío importante ocurre cuando los distintos actores no coinciden en sus percepciones sobre la violencia con los otros actores de distintos niveles:
Como es bien sabido, la señora Sheinbaum aceptó; fue (a la firma del compromiso por la paz), pero puso sus reservas. Sobre todo, ella dice que es un análisis muy pesimista el que hacemos en la agenda. Pero hay que recordar que no lo hicimos nosotros, es el resultado de la realidad narrada, dialogada por el mismo pueblo. (Obispo de Cuernavaca).
Simplemente hay que ver y hay que oír lo que hizo la presidenta electa cuando se firmaron los compromisos por la paz, mandó una arenga: "Yo no veo lo que ustedes están viendo, el país está bien" ¡Uta madre! (Javier Sicilia).
Estas diferencias en la evaluación de la realidad podrían limitar el avance hacia propuestas conjuntas y efectivas para la construcción de la paz.
Impunidad
Los entrevistados mencionaron lo que podría representar el mayor desafío estructural para la construcción de la paz: la impunidad.
La impunidad que reina es una gran motivación para las mentes criminales, porque piensan y saben que no serán perseguidos, no serán encarcelados […] Lo único que pedimos es que se aplique la ley, que los asesinos, que el crimen organizado vea que no se salen con la suya y que hay un Estado que defiende la seguridad de los ciudadanos. (Obispo de Cuernavaca).
Falta de objetivos comunes
La falta de una agenda en común fue un tema que se repitió constantemente entre los entrevistados, en el ámbito educativo particularmente en EMS, se mencionó la falta de acciones coordinadas:
“Ahorita cada subsistema toma sus decisiones, pero sin ningún rumbo.” (Exdirectora EMS).
En cuanto a iniciativas de mayor alcance se encontró lo siguiente
Las organizaciones de víctimas están fracturadas, cada quien defiende a sus víctimas, cuando lo que necesitamos evitar es que haya más víctimas. Entonces todo es una resistencia contraria hacia una política de verdadera paz. Cuando las organizaciones de víctimas y las organizaciones de derechos humanos disputan la interlocución del estado para que atiendan a sus víctimas, no estamos entendiendo el problema. No es un asunto de cuestiones individuales, es un asunto de cuestiones sociales. (Javier Sicilia).
Oportunidades
A pesar de los desafíos, hay una realidad, todos quieren paz. Esto fue una declaración constante entre los entrevistados, reflejando que diversos actores de la sociedad están participando con acciones para construir la paz de manera colectiva:
Hay mucha gente que está interesada, que ha hecho eco. Cuando nosotros vemos círculos de personas como los empresarios, los universitarios, los rectores de universidades […], son signos muy interesantes. O cuando yo veo nuestras caminatas por la paz aquí en Cuernavaca, que se ha hecho la novena edición, cuando veo esos miles y miles de personas, niños, ancianos, familias, discapacitados caminando porque desean la paz creo que son signos muy bellos […], que ponen en evidencia que hay más gente que quiere la paz de aquella que quiere la guerra. (Obispo de Cuernavaca).
O mediante pequeños actos solidarios:
Yo creo que cualquier momento donde podemos hacer algo por alguien, salvarle la vida a alguien, sacarlo de su soledad, de su angustia, hay mucho de esos momentos, hay mucha gente haciéndolo, basta por ahora. Esos sucesos permiten decir que la vela no se ha apagado completamente y que la oscuridad no es absoluta. (Javier Sicilia).
De igual manera hay un esfuerzo por crear una infraestructura orientada a la educación por la paz:
Nosotros después más que ir a intervenir directamente a las escuelas, hicimos un ejercicio de formación, un diplomado en educación para la paz, llevamos ya ocho ediciones […], generamos también procesos de capacitación a otras diócesis como Nuevo Laredo para que conocieran este mecanismo. Luego abrimos una licenciatura en mediación y construcción de la paz, una especialidad y estamos por abrir una maestría. (Director de FDB).
Conclusiones y comentarios de cierre
La presente investigación se centró en analizar iniciativas de paz realizadas en el estado de Morelos, desde 2006 hasta el primer semestre de 2024, a partir de la experiencia de sus impulsores. Se identificó el contexto en el que surgieron, las motivaciones, los desafíos y las oportunidades presentes en el proceso de construcción de paz en la entidad. A continuación, se presentan las conclusiones derivadas de los principales hallazgos.
Motivaciones
De acuerdo con los entrevistados, la estrategia de seguridad del expresidente Felipe Calderón-que incluía la captura de líderes narcotraficantes como Arturo Beltrán Leyva, provocó un incremento significativo de la violencia en el estado de Morelos. Sucesos como el asesinato de Juan Francisco Sicilia y seis de sus compañeros en 2011, subrayó la gravedad de este contexto. Siete años más tarde, el asesinato de los padres Jesuitas mostró la violencia generalizada en el país y reveló que la crisis de violencia lejos de resolverse continúa afectando a la sociedad. Estos eventos motivaron la creación de iniciativas para la construcción de la paz.
Las propuestas de paz presentadas, aunque surgieron como una respuesta después de situaciones violentas, no se concentraron en búsqueda de soluciones inmediatas, sino que hubo un esfuerzo por crear infraestructuras de paz y transformar el conflicto. En el ámbito escolar, la iniciativa “Escuelas libres de violencia y constructoras de paz”, demostró cómo las instituciones educativas pueden ser agentes de cambio y aportar estrategias para el proceso de construcción de la paz, aplicables en otros contextos. Mientras que, en el ámbito social, las propuestas se orientaron a abordar la violencia estructural y cultural; mediante, la movilización social y la creación de marcos legales como la Ley General de Víctimas.
Desafíos y Oportunidades
Entre los desafíos identificados, un tema que se presentó de manera reiterada fue la falta de acciones coordinadas y una agenda en común. Si bien se han realizado esfuerzos para trabajar de manera conjunta como el MPJD con los Conversatorios y foros por la paz, aún no existe una estrategia compartida entre los distintos actores. Por otra parte, desde su experiencia, los entrevistados señalaron distintas actitudes de indiferencia y falta de visión compartida entre los actores del primer nivel y las comunidades de base. Estas actitudes limitan las estrategias que pueden producir cambios estructurales y en las comunidades de base, quienes amenazan la sostenibilidad de los procesos a largo plazo. Esta desconexión entre los distintos actores puede ser una de las causas de la falta de una agenda en común y la aplicación de estrategias unificadas.
De igual manera las personas entrevistadas expresaron su preocupación por los niveles altos de impunidad en nuestro país. Este desafío es muy complejo de superar, no obstante, el MPJD ha dado ejemplo de cómo se puede avanzar en este proceso mediante el diálogo interinstitucional y la cooperación con diferentes sectores de la sociedad.
A pesar de los desafíos, en la investigación también fue posible identificar oportunidades. En las entrevistas se mencionó un deseo generalizado por la paz y la participación de la población en distintas iniciativas. En el ámbito educativo, aunque de manera heterogénea, se observó un compromiso creciente en la participación de distintas iniciativas como los foros y conversatorios por la paz y en la creación de instrumentos de formación estructurados y de largo plazo, como lo es la licenciatura para la Educación de la paz; sin embargo, aún falta fortalecer su capacidad de participación.
Resulta interesante escuchar entre distintos grupos sociales, frecuentes comentarios que van más allá de la mirada crítica para subrayar con pesimismo el panorama que se oscurece ante las manifestaciones de violencia en nuestro país que no logran ser erradicadas. El estado de Morelos representa uno de estos escenarios paradigmáticos de México y, sin embargo, también es posible identificar cómo hay actores de segundo nivel (siguiendo a Lederach), que han padecido de cerca los efectos de estas violencias y que han realizado algunas acciones al respecto, conservando en su horizonte miradas esperanzadoras que reconocen los frutos de estas acciones colectivas. Curiosamente, la representación de un volcán se asemeja a un triángulo que no llega a la punta superior, como los actores de segundo nivel en la propuesta de Lederach. Estos son los “volcanes” actuales de Cuernavaca, que vinculan a los demás en pos de la construcción de paz positiva. Sin caer en ilusiones ingenuas superan con mucho a quienes difícilmente van más allá de quejarse sin hacer algo más concreto. Estos actores de segundo nivel pueden ver lo mucho que falta por hacer, pero también aprecian los pasos que día a día avanza la sociedad civil, a ritmos a veces tan lentos como los de las marchas en las calles, pero que de manera persistente continúan.
De los materiales examinados, este documento aporta dos perspectivas: primero la violencia que muestra situaciones preocupantes no resueltas y segundo, la cultura de paz, acción promovida por aquellos que se han enfrentado a algún incidente de violencia, cuyo interés es lograr una cultura de paz. Es por ello que promover una cultura de paz por medio de la educación es mostrar soluciones pacíficas a través del diálogo, la búsqueda de consensos y la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones; ya que la cultura de paz se complementa con los derechos humanos. el rol de la educación se centra en fomentar principios, prácticas y participación democrática en todos los sectores de la sociedad, cuyas acciones deben orientarse hacia la comprensión, la tolerancia y la solidaridad entre todos.
Estos esfuerzos sostenidos entre la población morelense, en medio de las adversidades, alimentan la esperanza de la transformación del conflicto a largo plazo y de un futuro compartido. Como lo mencionó Javier Sicilia “…Las velas no se han apagado, la oscuridad no es absoluta”.
Referencias
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