Artículo Editorial
LOS ÍNDICES ESG SIGUEN GANANDO PROTAGONISMO COMO PILAR ESTRATÉGICO EN LAS JUNTAS DIRECTIVAS
LOS ÍNDICES ESG SIGUEN GANANDO PROTAGONISMO COMO PILAR ESTRATÉGICO EN LAS JUNTAS DIRECTIVAS
Revista Perspectiva Empresarial, vol. 11, no. 1, pp. 3-5, 2024
Institución Universitaria CEIPA
Debido a las necesidades planetarias y a las nuevas dinámicas de la sociedad los índices Environmental, Social, Governance -ESG- han pasado de ser herramientas opcionales a estándares esenciales del gobierno corporativo. A pesar de que algunos líderes empresariales los perciben como acciones aisladas de su desarrollo empresarial, cada vez más organizaciones entienden que no se trata de una tendencia sino de una filosofía que debe permear toda la estrategia organizacional. Estos índices fortalecen la reputación corporativa, permiten gestionar riesgos de manera anticipada, optimizan acciones financieras y al mismo tiempo impactan positivamente aspectos sociales como las prácticas laborales, la diversidad de la junta directiva, la transparencia corporativa y la ética empresarial.
El cambio climático, la pandemia de la COVID-19 y la desigualdad social creciente han aumentado la preocupación de la sociedad en general, pero principalmente de los líderes empresariales en los últimos años. Según PwC1 (2022) mientras que en 2016 solo el 10 % de los CEO estaban “muy preocupados” por el cambio climático, en el 2020 esta cifra ascendió al 25 % y al 62 % en 2023, reflejando un creciente interés por los temas ESG. Sin embargo tan solo el 20 % de los ejecutivos, de acuerdo con esta misma firma, planean invertir en la descarbonización de sus modelos de negocio y en energías alternativas; lo anterior, evidencia una brecha entre el interés o preocupación declarada y las acciones concretas que están dispuestos a implementar.
Diversos estudios destacan los beneficios de la adopción de los índices ESG, pero también revelan que su impacto no siempre es uniforme. Guillén (2022) señala que, aunque los factores ESG contribuyen a mejorar indicadores económicos y financieros, sus efectos no son completamente generalizables. Por ejemplo, la gobernanza corporativa ‘G’ suele aumentar la confianza de los inversionistas; entretanto, los impactos ambientales ‘E’ y sociales ‘S’ no tienen el mismo peso; asunto que deja al descubierto que se ignoran evidencias empíricas que muestran que las acciones que propenden por lo social y ambiental son proporcionales a los indicadores financieros. No obstante, dada las pocas regulaciones y la falta de acciones éticas en cantidad de iniciativas, se ha permitido que empresas caigan en prácticas de greenwashing y pongan en peligro el desarrollo de políticas ESG (WAS, 2024).
Un caso destacado es la investigación realizada por las autoridades alemanas a DWS, una importante gestora de fondos, por presuntas prácticas de greenwashing. Esta situación, la cual da cuenta de falta de transparencia empresarial de cara a nombrar como sostenible lo que no encaja dentro de esta práctica, subraya la necesidad de regulaciones más estrictas y una supervisión rigurosa que se afane por proteger la confianza en los fondos sostenibles y garantizar la integridad de las inversiones ESG (MORNINGSTAR, 2024).
Bajo este contexto, las juntas directivas como órgano colegiado y principal instancia de gobierno corporativo tienen una responsabilidad crucial: supervisar y dirigir la estrategia general de la compañía, asegurando la sostenibilidad empresarial a largo plazo. Esto implica alinearse con los estándares ESG; enfocándose no solo en el ‘qué’ de las organizaciones, sino también en el ‘cómo’ y el “para qué” de sus acciones. De hecho, en contraposición a los casos que hoy se denuncian, las instituciones financieras y los inversionistas han desempeñado un papel significativo en este cambio, lo que impulsa la inclusión de métricas ESG en la toma de decisiones estratégicas. Estas métricas -ya puestas en las juntas directivas y asambleas por algunos- incluyen el compromiso con la reducción de la huella de carbono, la atención a los empleados mediante indicadores de rotación de personal, la implementación de prácticas laborales orientadas a atraer talento, así como la seguridad de los datos y la gestión del riesgo. Sin embargo no son prácticas generales ni contempladas por un gran porcentaje de empresarios, quienes siguen disfrazando de mitos la posibilidad de conectar la sostenibilidad específicamente en sus dimensiones ‘ambiental’ y ‘social’ con los negocios.
De esta manera la toma de decisiones en una junta directiva resulta fundamental para garantizar la sostenibilidad (supervivencia), la rentabilidad, el crecimiento y medir los impactos que una organización genera. Este órgano de gobierno tiene la responsabilidad de liderar con una visión integral y considerar no solo las metas financieras, sino también las demandas sociales y ambientales.
Uno de los principales desafíos que enfrentan las juntas directivas está en diseñar políticas inclusivas que vayan más allá de cumplir con exigencias regulatorias o visiones sesgadas, desarrollando procesos en los que la incorporación de prácticas diversas esté alineada con la filosofía organizacional. Esto implica establecer marcos normativos claros, definir objetivos precisos y asignar los recursos necesarios para implementar iniciativas de inclusión. De igual forma corresponde a la junta directiva supervisar la alineación de estas políticas con los valores, los propósitos estratégicos y la cultura empresarial, lo que garantiza su coherencia en todos los niveles y procesos de la organización.
De modo que la labor que ejecuta la junta directiva debe ir más allá de las decisiones financieras y comerciales por medio de adoptar un enfoque sistémico que considere el impacto de diversas posturas y estrategias en diferentes áreas de la organización. Por ejemplo, la inclusión de personas con discapacidad en la organización no se puede quedar como una actividad aislada ni hacerse únicamente con el propósito de favorecer la reducción de impuestos debido a que una decisión de este tipo requiere la revisión y ajuste de los procesos de selección, formación, infraestructura, diseño de puestos de trabajo y el fortalecimiento de una cultura organizacional capaz de vivir en la diferencia. Esto, aunque parezca una práctica aislada, no solo mejora la cohesión interna sino que también proyecta una imagen de responsabilidad corporativa ante clientes, inversionistas y la sociedad en general; aspectos de los que es vigilante la junta directiva.
Lo anterior, lleva a reflexionar sobre quiénes deben ser y qué características deben tener los miembros de las juntas directivas puesto que su actuación debe ser garante de la estrategia general, pero también un insinuador de cambio principalmente en empresas que por años han estado orientadas a conseguir beneficios solo para los shareholders y que no responden al compromiso que debería tener la empresa con los diferentes stakeholders por la relación con los empleados y por acciones reales y medibles que propendan por el cuidado del planeta.
Las juntas directivas deben actuar como supervisoras, creativas, gestoras y reguladoras de la organización con el fin de definir el horizonte estratégico, seleccionar miembros con experiencia que impulsen a la compañía hacia los objetivos adecuados, lo que asegura que su enfoque esté alineado con la filosofía organizacional y coherente con las necesidades planetarias. Esto requiere una selección rigurosa de miembros que aporten diversidad intelectual y resiliencia, cualidades esenciales para enfrentar los desafíos empresariales (Charan, Carey and Useem, 2014).
En este sentido las juntas directivas deben equilibrar perfectamente el conocimiento situado, teórico, técnico y humano, en aras de asumir un rol que les permita liderar con visión estratégica e integral. Esto incluye dar sentido a conversaciones incómodas y disonantes, de tal manera que fomenten una mirada crítica al statu quo que impulse la innovación y la transformación organizacional.
Los desafíos inherentes al entorno empresarial, sumados a las exigencias de las nuevas dinámicas globales y a las limitaciones de tiempo que enfrentan con frecuencia los miembros de las juntas directivas para reflexionar sobre la toma de decisiones, hacen que los retos relacionados con la medición y validación de métricas ESG sean aún más complejos. No obstante, los beneficios superan estas dificultades. Las empresas que adoptan una estrategia ESG sólida no solo aumentan su atractivo ante inversionistas yconsumidores sino que también fortalecen su resiliencia y capacidad de innovación, de creación y de sensibilidad frente a las demandas de un mercado en constante transformación.
Así pues, en este escenario, el protagonismo de los índices ESG seguirá creciendo y exigiendo que las juntas directivas asuman un rol más activo y visionario. El futuro de sus organizaciones y su contribución a un mundo más sostenible, equitativo y posible para todos, dependerá en gran medida de las decisiones que se tomen hoy. Por tanto, ¿están las juntas directivas realmente listas para liderar la integración de los estándares ESG como un motor estratégico y transformador de sus organizaciones?
Referencias
Charan, R., Carey, D. and Useem, M. (2014). Boards that lead. Massachusetts, USA: Harvard Business Review Press.
Guillén, C. (2022). ESG: estado de la cuestión. Revista de Contabilidad y Dirección, 33, 13-28.
MORNINGSTAR. (2024). DWS y la lucha contra el lavado verde. Recuperado de https://www.morningstar. es/es/news/226726/dws-y-la-lucha-contra-el- lavado-verde.aspx.
PwC. (2022). Encuesta mundial de CEOs 2022. PwC España. Recuperado de https://www.pwc.es/es/ encuesta-mundial-ceos-2022.html.
w 4531. WAS. (2024). Nueva directiva contra el greenwashing. Recuperado de https://wasaction.com/es/accion-was/nueva-directiva-contra-el-greenwashing.
Notes