MONOGRAFICOS
BALTASAR DE MEDINILLA, CUATROCIENTOS AÑOS. (BALANCE Y PROSPECTIVA)
BALTASAR DE MEDINILLA, FOUR HUNDRED YEARS. (BALANCE AND PROSPECTIVE)
BALTASAR DE MEDINILLA, CUATROCIENTOS AÑOS. (BALANCE Y PROSPECTIVA)
Arte Nuevo, vol. 8, pp. 315-334, 2021
Université de Neuchâtel

Recepción: 24 Noviembre 2020
Aprobación: 22 Diciembre 2020
Resumen: Se presenta un resumen de los estudios sobre Baltasar Elisio de Medinilla llevados a cabo hasta la fecha y se sugieren vías de trabajo todavía no bien exploradas, en particular, su relación con el maestro Lope de Vega. Se ofrece además un conjunto de poemas desconocidos del autor.
Palabras clave: Medinilla, Lope de Vega, poemas desconocidos.
Abstract: This article offers a summary of studies on Baltasar Elisio de Medinilla carried out to date, and suggests some directions for future research that have not yet been explored, in particular Medinilla’s relationship to his mentor, Lope de Vega. In addition, the article also presents a set of unknown poems by Medinilla.
Keywords: Medinilla, Lope de Vega, Unknown Poems.
La figura del poeta Baltasar Eloy o Elisio de Medinilla (1585-1620) hoy parece reducida al ámbito local toledano, pero nosotros creemos que es más que eso. Y lo es por su estrecha vinculación con el gran poeta Lope de Vega y por su relación con el no menos grande don Luis de Góngora (Madroñal, 1999; Gauna Orpianesi, 2017). Desde Antonio Martín Gamero a mediados del siglo XIX, pero sobre todo desde los estudios de San Román a principios del XX y, especialmente, y en fecha más reciente los de Antonio Rodríguez Moñiño, Miguel Ángel Pérez Priego y otros su figura ha sido bastante conocida, aunque faltan todavía cosas por estudiar en lo que se refiere a su persona y su obra.
Pero empezando por el principio, tenemos que decir que no hay seguridad en ninguno de los retratos que podemos encontrar del autor. Una consulta a la página de la Biblioteca Digital Hispánica1 nos ofrece un grabado, supuestamente de un Medinilla soldado, que en realidad corresponde a un retrato publicado en la Jerusalén de Lope (que aparece en la edición de Lisboa, 1611) que no representa al poeta, sino —con toda seguridad— al protagonista de la obra, Garcerán Manrique. Lo que ocurre es que dicho retrato figura colocado inmediatamente detrás del texto «Baltasar Elisio de Medinilla, toledano, a los aficionados a los escritos de Lope de Vega Carpio» y ello ha llevado a confusión. Tampoco le debe de corresponder el retrato que publica Vegue y Goldoni en uno de sus libros (1928), porque su atuendo presenta a un caballero más del tiempo de Felipe IV, tiempo que Medinilla no llegó a alcanzar.

Un estudioso toledano del Greco, José Carlos Gómez Menor, aventuraba si sería un caballero joven retratado por el pintor y, aunque es verdad que alguna relación tuvo que tener con el cretense, sobre todo a propósito de los fastos toledanos a la muerte de la reina Margarita en 1611; pero tampoco estamos seguros de que tal retrato le pertenezca, aunque es posible y se diría que refleja muy bien el alma del joven poeta. Así las cosas, solo nos quedan con seguridad sus versos y un buen número de manuscritos autógrafos que coleccionaba uno de sus señores, el conde de Mora.
Hay que decir que Baltasar Elisio de Medinilla fue un poeta amigo de Lope de Vega, que floreció entre 1605 y 1620. Hidalgo, hijo de regidores, hombre de extrema religiosidad, que forjó fama de erudito y escritor de mérito, Medinilla era el poeta toledano por excelencia y su muerte temprana y violenta contribuyó aún más a darle fama (San Román, 1920 y 1923). Entre otras cosas porque al “romanticismo” de su muerte se unió también otra leyenda romántica, según la cual el poeta habría muerto a manos del dramaturgo Agustín Moreto, que tenía solo dos años en 1620 (Madroñal, 2013). Desde Jacinto de Salas y Quiroga en el Seminario Pintoresco Español (1838) a Vicente Barrantes, en sus Baladas españolas (1853), pasando por el dramaturgo Luis de Eguilaz, en su drama Alarcón (1853), se forjó la leyenda de un Medinilla asesinado por el dramaturgo, que expió su culpa haciéndose enterrar en el toledano Pradillo de los Ahorcados por ello. Todavía hoy se pueden encontrar leyendas toledanas relativas al poeta, que nada tienen que ver con la realidad histórica.
Y es que en cierto modo la figura de Medinilla es también un símbolo, el de Toledo, una ciudad que se extingue al tiempo que la propia estrella del poeta se apaga: es un Toledo que se muere (1620), que ha perdido la capitalidad en 1561 en favor de Madrid, que piensa que se puede recuperar a finales del XVI, con el asunto de la navegabilidad del Tajo en 1588 y, sobre todo, con las esperanzas con el traslado de la corte a Valladolid (1601) y su posterior vuelta (los toledanos piensan hacia 1605 que pueden ser la ciudad elegida para reinstalar la corte); pero el golpe definitivo llega en 1606 con la vuelta a Madrid y la imposición de nuevos impuestos un poco después (Montemayor, 1996: 265). Toledo sufre la pérdida de ciudadanos que se marchan a Madrid y su traslado supone, entre otras muchas cosas, el hecho de quedar reducida a ser una ciudad espiritual frente a la mundana que es la corte. Medinilla intenta frenar esta pérdida de ciudadanos y hasta se convierte en arbitrista e imprime el memorial A la imperial ciudad de Toledo para paliar en lo posible la situación (Gauna Orpianesi, 2017: 559-574).
Bueno será que comencemos distinguiendo su nombre de otros Medinilla escritores, como el que menciona Cervantes en el Viaje del Parnaso (cap. VII), donde describe cómo el autor de La pícara Justina (atribuida al toledano Francisco López de Úbeda, no se olvide), dispara de sus manos el librazo que derriba una muela de Medinilla «y le llevó de un muslo un gran pedazo». Pero este Medinilla, que dice Cervantes compuso el romance de la tumba oscura, es Pedro de Medina Medinilla, autor de una bella elegía a Isabel de Urbina, esposa de Lope, en 1595. Se dice que este Medina Medinilla era también toledano, pero lo cierto es que puede que se trate de un poeta madrileño o andaluz (Lara Garrido, 2004), y lo que sí es seguro es que es mayor que Baltasar y parece participar con Lope en el Romancero nuevo. Su nombre poético era Melanio, a diferencia del Elisio de nuestro protagonista. Y es que este, como antes sus paisanos Garcilaso o don Luis de Vargas, es un poeta de ciclo corto, cuya prematura muerte nos privó de mayores logros como los conseguidos hasta 1620. Medinilla era el guía de un grupo de poetas, que a su vez seguían a Lope de Vega como herederos de la manera de hacer poesía de Garcilaso de la Vega, también toledano, a principios del siglo XVI: Martín Chacón, Alonso Palomino, Gregorio de Angulo, Luis Hurtado de Écija, José de Valdivielso, Gaspar de Barrionuevo…
Buena parte de este grupo de ingenios defiende a muerte a Lope (por ejemplo en el asunto de la Expostulatio Spongiae (1618) contra el crítico Pedro de Torres Rámila, que se había atrevido a censurar al Fénix y, de paso, también a Medinilla. Entre ellos se puede contar tanto a nuestro poeta como a otros, tales como Tomás Tamayo de Vargas. Los dos nombres, con los del maestro Lope, participan en una academia cercana a esa fecha y que da origen al diálogo El Vega de la poética española (Giuliani-Pineda, 1998).

Lope y Medinilla participan en muchas cosas juntos, pero antes el gran poeta madrileño se había convertido también en defensor de la ciudad del Tajo, por cuanto había vivido en ella cuando la famosa «querella fluvial» de 1591. Lope, que estaba entonces en Toledo, se convierte en defensor de la ciudad frente a Góngora (Sánchez Jiménez, 2018: 94). Medinilla es todavía un niño, pero el poeta se va a convertir también andando el tiempo en defensor de su ciudad, junto a un Lope de Vega que vuelve a ser vecino de la misma a partir de 1604, frente a los que se burlaban de Toledo y del carácter de los toledanos, a los que acusaban de diversas cosas, como presumir de hidalguía.
Es lo que se puede llamar la «querella del Quijote» (1605), todavía más importante que la anterior: los poetas toledanos probablemente de la Academia de Fuensalida unidos alrededor de Lope, que acababa de llegar a la ciudad, no quieren participar en la alabanza de la obra de Cervantes porque justamente criticaba a su jefe de filas. Pero es que además la obra, según mi opinión, se pudo interpretar como una burla a la ciudad y a sus habitantes. Hay demasiadas referencias concretas que vinculan la historia del loco caballero con la ciudad imperial, por cuanto es en ella donde se localiza el manuscrito arábigo que la contiene y por cuanto un canónigo de la catedral es el que critica abiertamente el teatro del Fénix. Incluso, la publicación del libro coincide en el tiempo con la edición de una justa literaria celebrada en Toledo por el nacimiento del futuro Felipe IV, donde especialmente Lope, pero también Medinilla y otros, cierran filas en torno a la ciudad imperial, como si hiciera falta que se defendiera. Investigaciones recientes hacen participar a Medinilla (y a Lope, por supuesto), en la composición del falso Quijote, el de Alonso Fernández de Avellaneda, una obra especialmente crítica contra el Quijote de Cervantes (Pérez López, 2002), aunque tengo que subrayar la animadversión del joven poeta toledano a la orden de los dominicos, a diferencia de lo que expresa Avellaneda en su obra.
Eso nos da pie a considerar las numerosas justas toledanas en que toma parte el poeta, de 1605 a 1616, alguna todavía espera la edición que merece. No se ha destacado suficientemente el papel de Medinilla como organizador de justas a partir de 1608 (hay que rescatar por ejemplo la de 1614), pero el poeta falta en 1616, como todos los amigos del Fénix (excepto Valdivielso, que no tenía más remedio que contribuir). Porque en 1616 es Góngora y su grupo quien se impone, con motivo de la grandiosa justa literaria organizada por el cardenal Sandoval por la traslación de las reliquias del Sagrario a la catedral.
Y es que para estudiar a Medinilla hay que tener en cuenta también a sus mecenas: el arzobispo de Toledo, el cardenal Sandoval y Rojas (Gómez Canseco, 2017), que protege de alguna manera a Cervantes, como este reconoce. Pero sobre todo el conde de Mora es el gran protector de Medinilla, quien le permite tener el reposo necesario en Toledo y en su señorío de Layos. Gran estudioso y bibliófilo (su mujer se quejaba de él porque decía que por los libros descuidaba las cuestiones de la generación), el conde muere casi a la vez que su criado (en 1621) y anota un texto de Medinilla, la Descripción de Buenavista, donde también rinde tributo al gran Lope. El texto ha sido editado modernamente con las notas del prócer (Gauna Or pianesi, 2017).
LOPE Y MEDINILLA (CON TORRES RÁMILA AL FONDO)
Evidentemente, si por algo es conocido hoy el poeta toledano es por su re lación con Lope de Vega. Medinilla es el discípulo joven del Fénix (como Montalbán en Madrid), su amigo y colaborador. Y como tal, cuida -por ejemplo- de la Jerusalén conquistada (1609) con el rigor de un filólogo: publica en ella un texto a los aficionados a Lope, se ocupa de que se imprima el retrato del poeta y compone parte de las notas del libro. A él le debe de corresponder la anotación al nombre Rodrigo Fernández de Medinilla, que aparece en el libro XVII:
Familia de los Medinillas, noble y antigua, en quien estuvo por muchos años el oficio de Ballestero mayor de a caballo de los Reyes de Castilla… (2003: 682)
Lope le dedica en La Filomena dos epístolas y una elegía, donde alaba la vida retirada y piadosa del poeta toledano y su dedicación a la Virgen, y Medinilla le dirige también una bella epístola. Además el Fénix le dedica la comedia Santiago el Verde .Trecena parte). Pero no olvidemos que cuando Lope habla con sinceridad, por ejemplo en sus cartas al duque de Sessa, escribe que no ha terminado de leer a Medinilla por «pesado y impertinente escolástico» (Epistolario, IV, pág. 24), seguramente se refiere a la Limpia concepción.
Pero uno de los asuntos que más contribuyen a unir a los dos escritores es el asunto de la polémica con el bachiller Torres Rámila, que dirige su Spongia contra Lope en 1617, como se ha dicho. Rámila acusa a Lope de no saber latín y de valerse de Medinilla, el «eruditus Medinilla» (Expostulatio Spongiae, pág. 25) para entenderlo, y también debía de acusar a este de otras cosas. El caso es que se escriben (además de la citada Expostulatio) unas sátiras hirientes contra Torres Rámila, en que se le dice que deje de meterse con Lope y con el toledano Apolo, en clara alusión a Medinilla. Todo ello desemboca en un proceso, donde todo el mundo se exculpa. La sátira contra el bachiller Torres Rámila, escrita probablemente por Lope (Tubau, 2008) nada más publicarse la satírica Spongia del primero (1617), es decir, solo tres años después del falso Quijote de Avellaneda dice cosas que muy bien podrían aplicarse al libro de Cervantes y que tienen interesantes puntos en común con la actitud que seguramente mantuvo Lope nada más aparecer el Quijote de 1605, donde tanto se le atacaba. Recordemos que por aquel entonces el Fénix es recono cido como «poeta toledano» y de Toledo sale también esta sátira contra Rámila, que se divide en dos partes (o quizá tres, pero la última no está localizada). La primera sátira contra Rámila comienza:
Yo, Juan Martínez, oficial de Olmedo, por la gracia de dios poeta sastre,
natural de La Sagra de Toledo. (Tubau, 2008: 153)
Recordemos que uno de los ingenios que participan con Lope en Toledo en todo ese movimiento literario se llama justamente «el sastre de Toledo», apodo que se le daba a un pobre sastre analfabeto que mendigaba le copiasen las comedias que él mismo imaginaba, alguna de las cuales parece ser que contó con la colaboración del propio Lope, al menos en la tarea de fijar por escrito los versos que al pobre sastre se le venían al magín (San Román, 1935).
El arte de cortar no tiene precio
y en tu lengua de víbora insolente verá un ciego y juzgará un necio.
Claro que juega con la frase «cortar un traje», muy propia de sastres, pero que aquí quiere decir «murmurar» de otro.
Y continúa diciendo de Rámila: «tú, paje por Italia y aun sarnoso» (pág. 154), que parece podría escribirse también de Cervantes, como el siguiente verso: «Oh frente de Alcalá, honor de España», claramente irónico y que alude, claro es, a que Rámila era profesor en la universidad que fundó Cisneros, no a la patria de Cervantes.
Pero más nexos encontramos todavía cuando sigue diciendo que sus escritos, los de Rámila,
dijeron un morisco y un gitano
que de la lengua de los dos tenía (pág. 159)
y que Rámila se ha atrevido contra el «español Terencio», es decir, contra Lope y también contra
el claro Apolo, de estos montes gloria,
no ha de parar con mi maestro Olmedo
hasta que a puras sátiras te lleve
a profesar en el Nuncio de Toledo. (ibíd.)
y al final le apremia:
deja vivir al español Terencio
y al toledano Apolo. (pág. 161)
El Apolo, gloria de los montes de Toledo, suponemos que alude al poeta Medinilla.
En la segunda sátira todavía le da alguna punzada más (por continuar con la metáfora de los sastres), no pequeña, como cuando escribe: «cristianos viejos hay, tú no eres viejo» (pág. 164), con lo que hay que sobreentender que tampoco cristiano, lo cual se corresponde perfectamente con lo que antes había escrito en la primera de las sátiras de que su madre era mora. Y remacha, refiriéndose a sus padres no limpios de sangre:
Confiesa los que tienes, Zulemilla,
y vete a Argel con la nefanda trulla. (pág. 164)
Puede no ser gratuito el adjetivo «nefando», que permite entender una alu- sión maliciosa al pecado nefando, del que tal vez acusa de pasada a Rámila. Recuérdese que Cervantes habla también en su Quijotede la cuesta de Zulema y no hace falta recordar su relación con Argel. Como en el caso de Cervantes, a Lope le ha molestado que Rámila critique sus comedias, y se defiende:
Si el vulgo a las acciones llama enredos, tiene razón, que quien mejor los hace
más gana que Riquelmes y Pinedos. (pág. 165)
PROSPECTIVA: LO QUE FALTA POR ESTUDIAR
Después de la edición de la obra completa de Medinilla (Gauna Orpianesi, 2017), faltan ya pocas cosas por saber del poeta toledano, pero todavía podemos añadir algunas referencias importantes y algunos textos desconocidos hasta ahora.
En lo que toca a las primeras, se pude añadir que la carta que dirige a un padre dominico por haberse atrevido en el púlpito, hay que identificarla con otro crítico del Fénix: Diego Colmenares. Xavier Tubau (2007) ha publicado los cuatro textos de una polémica referidos a la nueva poesía, es decir, a la de don Luis de Góngora, que aparecen en La Filomena (1621) y La Circe (1624); pero es evidente que Colmenares era también enemigo de Medinilla, por cuanto a él se debe la censura de la Limpia concepción de Nuestra Señora (1617), que se cita en la respuesta de este. La obra de Medinilla se tituló Carta a un padre dominico respondiéndole a ciertas libertades que dice dijo en el púlpito de un libro de la Concepción de Nuestra Señora (San Román, 1920: 53-59). Colmenares utilizó el púlpito, «cátedra de pestilencia», según el toledano, para «tratar de inorante en público» a Medinilla y para criticar su poema, más por su contenido religioso que por su continente poético. Las referencias directas que Medinilla le dirige son verdaderamente agresivas, pues le dice, entre otras cosas: «Vuestra paternidad, que es la mayor desdicha que puede tener su religión». Y por si fuera poco insulta a su orden:
Las palabras eran de fraile dominico, que nunca supieron latín […]. El duque de Lerma instituyó […] dos cátedras en las universidades para padres dominicos porque ninguno las obtenía por oposiciones.
Medinilla llega a reírse abiertamente de los dominicos y subraya la oposición que estos tienen a la limpia concepción de la Virgen y a la orden franciscana, con una anécdota satírica, más propia de un vejamen que de una carta:
Un padre de su religión, viendo a un sardesco de los franciscos dijo: «Arre, borriquito, concebido sin pecado original». Desvergüenza que mereciera castigo de fuego (San Román, 1920: 56).
Para que no le quede ninguna duda al lector, juega con su nombre y lo des enmascara en cierto momento (la cursiva es mía):
Juzgo sus letras en sus Colmenares, juguemos un poco de vocablo como monjas, que son la escuela en que estudia su paternidad.
Si no se nos conservara autógrafa la tal sátira ad hominem, nos costaría creer que es el piadoso Baltasar el autor de esta crítica acerada. Termina diciendo el poeta:
No es mucho crea de mí que soy idiota quien cree que la Virgen S. N fue concebida en pecado (pág. 57).
Falta también, según mi opinión, relacionar a Medinilla con la figura de otro escritor toledano, el aventurero contemporáneo Diego Duque de Estrada (Madroñal, 2016). En efecto, la muerte de Medinilla parece escrita en una comedia de Lope y no deja de influir en el imaginario de los contemporáneos, como el citado falsario Duque de Estrada, que relata un episodio similar, sin duda inspirado en la trágica suerte del poeta, como si él hubiese sido el protagonista:
Llevado de mi celosa furia, subí por las rejas y escala y me puse en la sala de aquel cuarto, […]. El que dentro estaba, viniéndose para mí no con poco ánimo, pues desembrazó tres o cuatro terribles cuchilladas, hallome cubierto con daga y capa él, y yo reparé en su broquel a dos furiosas estocadas, y sin perderme de ánimo o de cólera (que es la que muchas veces quita vista y quita la vida), acordándome de mi juego, cerré con él con espada y daga tan furiosamente que, desbaratándole de su postura, le hice dar dos pies atrás, y por en medio de la espada y broquel le herí el pecho con la daga. (Duque de Estrada, Comentarios del desengañado, págs. 30-31)
Y faltan también algunas obras. Felizmente, hoy podemos señalar que Medi- nilla quiso componer una novela pastoril, que sucede en el Tajo, porque una parte de la misma está copiada de la mano del poeta en uno de los manuscritos que poseía el conde de Mora. En efecto, en el Museo o biblioteca selecta de el Excmo. Sr. Don Pedro Núñez de Guzmán, marqués de Montelaegre y de Quintana, conde de Vi- llaumbrosa (1677) se recogen los manuscritos e impresos que contenía la biblioteca de dicho noble, y se registra una “Novela intitulada El Tajo” (1677, fol. 202). El título aparece en el códice de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, L-9, que perteneció sin duda a la biblioteca del conde de Mora (Rodríguez Moñino, 1950-51), mecenas de Medinilla. Y lo copiado no es más que una parte de un capítulo (el segundo) titulado «El Tajo». En él aparecen los pastores Dinardo y Rosarda, y también otros, como Delio o Amarilis, «la más bella pastora del Tajo». Todo ello, probablemente, con posterioridad a 1614 por los versos ajenos que se glosan, como indico en las notas.
En ellos, Medinilla vuelve a demostrar que es un buen poeta, especialmente cuando escribe poesía lírica. Y con estos versos, el joven poeta toledano se sigue situando entre Lope y Góngora, como también lo estaba su amigo Tomás Tamayo de Vargas, en suma, los amantes de la buena poesía del Siglo de Oro. Como escribe Góngora a una persona desconocida:
Invíole a vuesa merced dos cartas, una de don Tomás Tamayo de Vargas, otra de Baltasar de Medinilla, grande amigo ha tiempo de Lope de Vega, ingenio toledano que si cumple lo que promete por su carta será digno de toda estimación (Carta de 4 de septiembre de 1614, Obras completas, 2000, II, págs. 300-301).
Quedan por espigar noticias de contemporáneos, como la que aporta su amigo Tomás Tamayo de Vargas, en su manuscrita Cifra y contracifra, donde aparece el grupo de poetas con el propio Lope a la cabeza, entre ellos está también, como no podía ser menos, el desdichado Medinilla.
Obras Citadas
DUQUE DE ESTRADA, Diego, Comentarios del desengañado de sí mismo, ed. de Henry Ettinghausen, Madrid, Castalia, 1982.
Expostulatio Spongiae. En defensa de Lope de Vega, ed. y trad. de Pedro Conde Parrado y Xavier Tubau, Madrid, Gredos, 2015.
GAUNA ORPIANESI, Lorena, Baltasar Elisio de Medinilla: un poeta entre Lope y Góngora, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2017.
GIULIANI, Luigi y Victoria PINEDA, eds., «El Vega de la poética española, de Baltasar Elisio de Medinilla», Anuario Lope de Vega, 3, 1998, págs. 235-272.
GÓMEZ CANSECO, Luis, Don Bernardo de Sandoval y Rojas. Dichos, escritos y una vida en verso, Huelva, Universidad de Huelva, 2017.
GÓNGORA, Luis de, Obras completas, ed. de Antonio Carreira, Madrid, Biblioteca Castro, 2000.
LARA GARRIDO, José, «Revisión del poeta Pedro Medina Medinilla», en Siglos dorados. Homenaje a Augustin Redondo, Madrid, Castalia, 2004, I, págs. 719-733.
MADROÑAL, Abraham, Baltasar Elisio de Medinilla y la poesía toledana de principios del siglo XVII, Madrid, Iberoamericana, 1999.
MADROÑAL, Abraham, «Un Moreto de leyenda. (El supuesto asesino de Baltasar Elisio de Medinilla)», eHumanista, 23, 2013, págs. 161-198.
MADROÑAL, Abraham, «Un amigo del capitán Alatriste. Noticia del auténtico don Diego Duque de Estrada», en Antes se agotan la mano y la pluma que su historia. Homenaje a Carlos Alvar, ed. de Constance Carta, Sarah Finci y Dora Mancheva, San Millán de la Cogolla, CILENGUA, 2016, II, págs. 1521-1540.
MADROÑAL, Abraham, «Baltasar Elisio (o Eloy) de Medinilla», en Diccionario biográfico español, de la Real Academia de la Historia. Accesible en línea: http://dbe.rah.es/biografias/31016/baltasar-elisio-o-eloy-de-medinilla
MONTEMAYOR, Julián, Tolède entre fortune et déclin, Panazol, Presses Universitaires de Limoges, 1996.
PÉREZ LÓPEZ, José Luis, «Lope, Medinilla, Cervantes y Avellaneda», Criticón, 86, 2002, págs. 41-71.
PÉREZ PRIEGO, Miguel Ángel, «Poetas toledanos del Barroco. Baltasar Elisio de Medinilla», Anuario de Estudios Filológicos, IX, 1986, págs. 225-238.
RODRÍGUEZ-MOÑINO, Antonio, «La colección de manuscritos del marqués de Montealegre», BRAH, CXXVI, 1950, págs. 427-492; CXXVII, 1950, págs. 307-344 y CXXVIII, 1951, págs. 219-276.
RODRÍGUEZ-MOÑINO, Antonio, «Las justas toledanas a Santa Teresa en 1614 (Poesías inéditas de Baltasar Elisio de Medinilla)», en Studia Philologica. Homenaje ofrecido a Dámaso Alonso, vol. III, Madrid, Gredos, 1963, págs. 245-268.
SAN ROMÁN, Francisco de Borja, Elisio de Medinilla y su personalidad literaria, Toledo, Sucesor de J. Peláez, 1920.
SAN ROMÁN, Francisco de Borja, «Sobre la muerte de Medinilla», en BRABACHT, V, 1923, págs. 114-116.
SAN ROMÁN, Francisco de Borja, Lope de Vega, los cómicos toledanos y el poeta sastre, Madrid, Imprenta Góngora, 1935.
SÁNCHEZ JIMÉNEZ, Antonio, Lope de Vega. El verso y la vida, Madrid, Cátedra, 2018.
TUBAU, Xavier, Una polémica literaria. Lope de Vega y Diego de Colmenares, Madrid, Iberoamericana, 2007.
SÁNCHEZ JIMÉNEZ, Antonio, Lope De Vega y las polémicas literarias de su época: Pedro de Torres Rámila y Diego de Colmenares, tesis doctoral, dirigida por Alberto Blecua, Universitat Autònoma de Barcelona, 2008.
VEGA, Lope de, Epistolario, ed. de Agustín G. de Amezúa, Madrid, Real Academia Española, 1943, tomos III-IV.
VEGA, Lope de, Jerusalén conquistada. Epopeya trágica, ed. de Antonio Carreño, Madrid, Bi blioteca Castro, 2003.
VEGA, Lope de, Rimas sacras, ed. de Antonio Carreño y Antonio Sánchez Jiménez, Madrid, Iberoamericana-Vervuert, 2006.
VEGUE Y GOLDONI, Ángel, «Poetas eucarísticos toledanos. El Maestro José de Valdivielso y Baltasar Elisio de Medinilla», en Temas de arte y de literatura, Madrid, Imprenta Iris, 1928.
APÉNDICE
VERSOS DESCONOCIDOS DE BALTASAR DE MEDINILLA
Baltasar Elisio de Medinilla: libro de pastores manuscrito (Biblioteca de la RAH, L-9 ff. 181-188vº)2. Libro 2, “El Tajo”.
ROSARDA
Retrato, cuya pintura
pone a mis ojos su dueño,
a quien el cristal risueño
sirve de hermosa moldura,
¿quién tan al vivo os formó, 5
que me da celos dudar?,
¿quién os pudo trasladar,
si sola os guardaba yo?
El engaño es desigual,
a lo que fió mi fe, 10
pues una cosa juzgué
retrato y original.
Dos ya por mis vales veo,
si no es que a los ojos míos
en estos cristales fríos 15
os finja a vos mi deseo.
Que según el corazón
contempla su calidad
puede ser que haga verdad
la misma imaginación. 20
Que, como yo lo deseo,
hará con falso valor
que para engañar mi amor
tome cuerpo mi deseo.
Mas vuelvo a sospechar luego 25
mi mal en su sombra fría,
pues no puede mi porfía
retratar en agua el fuego.
Que de mi pecho exhalado
sacando al agua el humor; 30
antes menguará mi amor
que creciera mi cuidado.
Si no es que el mismo amor pruebe,
que tales engaños fragua,
a sustentarse en el agua 35
a quien su principio debe.
Aunque en esta agua sospecho
no siendo el valor distinto
que habita, como Jacinto
y como el alma, en mi pecho. 40
Mas lo que cierto será
que al llegar a verme aquí
el alma se vio por mí
que vuelta en Dinardo está.
Y el cristal, agradecido 45
al alma que le ensulta
la estampa en su centro oculta
representó a mi sentido.
Viéndoos con tanta escelencia
otra vez a pensar vengo 50
que el alma de cristal tengo
que hizo pedazos la ausencia.
Que en los que ansí se dilata
como en el quebrado espejo 55
el mismo retrato dejo,
que cualquier parte retrata.
Y que el medroso cristal
ya liquidado a mi ardor
del alma, donde está amor,
es pedazo principal. 60
Y atrevida en este miedo
pruebo a creer lo dudoso
mas mi valor temeroso
con mayores dudas quedo.
Retrato, ¿cómo os movéis, 65
si solo fingido estáis?,
¿cómo hablándoos no me habláis,
si sentimiento tenéis?
Mas en él me dais aviso
que estáis vivo; como loca 70
a hacer verdad me provoca
la fábula de Narciso.
Que aunque yo no merecí
tan honrosa gloria y palma
seré Narciso del alma, 75
que está retratada aquí.
Mas ya que ajena me veo,
cuando ser suya entendí,
si no con Dinardo aquí,
con vos desculpa deseo. 80
Color y gusto sospecho,
oyéndome, que mudáis;
mas ¿qué mucho que aprendáis
de las mudanzas que he hecho?
Fielmente estáis imitado, 85
sois más que yo, en fin, leal,
pues de vuestro original
sentís el daño traslado.
Forzada y forzosa esposa
soy, sin culpa desdichada: 90
por desdichada forzada
y por honrada forzosa.
Mas el alma que le di
con vuestro dueño quedó,
que es lo más que tengo yo 95
y lo mejor que hay en mí.
Pero en mal tan inhumano
es consuelo muy pequeño
que posea l’ alma el dueño
y goce el cuerpo un tirano. 100
Viéndoos con tanto dolor,
no juzgo a Dinardo ingrato
pues hasta el propio retrato
llora lágrimas de amor.
Uso es que la ley abona, 105
cuando no se puede hallar
en la imagen castigar
lo que ofendió la persona.
Aquí es al contrario el trato,
pues con lo que desleal 110
yo ofendo al original,
viene a pagar su retrato.
No lloréis, no os consumáis,
dejadme todo el dolor,
que pues soy el ofensor 115
no es bien que lo parezcáis.
Que en esta división nuestra
me matará, yo lo fío,
saber que ya no sois mío
porque dejé de ser vuestra. 120
DINARDO
Bellas armas de amor, etc.3
Ya basta por castigo de la culpa
haber muerto por ella
ajena os quiero, no defunta agora.
Volved, resucitad, será desculpa 5
que temple mi querella
mirar vuestra beldad, que l’ alma adora.
Mas, ¿para qué, señora,
os pido que volváis, si a mi forzosa
pena venir no habéis jamás pidadosa? 10
Que cerrando el honor a amor la puerta
no hay diferencia, no, de ajena a muerta.
ROSARDA
Ven, muerte, tan escondida
que no te sienta venir,
porque el placer del morir
no me vuelva a dar la vida4.
Tal pena a la alma atropella 5
que si sé que he de dejalla
hará el gusto de acaballa
que vuelva otra vez a ella,
y si la muerte la olvida
llegue encubierta al venir 10
porque [el placer del morir
no me vuelva a dar la vida].
No vengas, muerte, también
con capa del fin del mal,
que si lo sabe mi mal 15
no morirá con tal bien,
que eres tan apetecida
que si te veo venir
el contento del morir
me volverá a dar la vida. 20
Pon término a mi tristeza
con las flechas de tu aljaba,
con lo que empezaste acaba,
que un triste a morir se empieza.
No me descubras la herida 25
hasta que cese el vivir
porque [el placer del morir
no me vuelva a dar la vida].
[DINARDO]
Esta mañana [falta el resto de la composición] fol.163.
Notas