Reseñas

García-Bonillas, Rodrigo. Guerras floridas: viajes poéticos de Vladimir Maiakovski y Efraín Huerta entre México y Moscú. Libros del Ocelote, 2021

Shunaxhi Castillejos Jiménez
Universidad de Sonora, Mexico

García-Bonillas, Rodrigo. Guerras floridas: viajes poéticos de Vladimir Maiakovski y Efraín Huerta entre México y Moscú. Libros del Ocelote, 2021

Connotas. Revista de crítica y teoría literarias, núm. 27, pp. 232-238, 2023

Universidad de Sonora, Departamento de Letras y Lingüística

García-Bonillas Rodrigo. Guerras floridas: viajes poéticos de Vladimir Maiakovski y Efraín Huerta entre México y Moscú. 2021. Libros del Ocelote

Recepción: 20 Febrero 2023

Aprobación: 21 Marzo 2023

En medio del curso de la Maestría en Literatura Mexicana por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Rodrigo García Bonillas (Orizaba, Veracruz, 1987) comparte los primeros resultados de su interés en la literatura rusa y su relación con los escritores mexicanos y latinoamericanos en una serie de ensayos y ponencias que conforman la obra crítica Guerras floridas: viajes poéticos de Vladimir Maiakovski y Efraín Huerta entre México y Moscú (2021). Con el propósito de analizar la literatura de viaje de Vladimir Maiakovski, especialmente en relación con México, y de Efraín Huerta, en sus viajes a la Unión Soviética, el libro se enfoca en esclarecer las interacciones entre lo filosoviético y Norteamérica. Aunque dividido en tres capítulos-ensayos, según el propio autor, el libro consta de cinco apartados, si contamos la parte introductoria y la conclusiva: 1) Preámbulo: ambos mundos, 2) Maiakovski, el cachorro mexicano, 3) Guerra florida, 4) Huerta, el cocodrilo de malaquita y 5) Epílogo.

En el primer apartado, García Bonillas resume las interacciones entre México y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a lo largo del siglo XX y recuerda que, a pesar de la inclinación de la crítica a los estudios de Serguéi Eisenstein y León Trotski, se han ignorado las transferencias culturales entre Latinoamérica y la URSS. Por lo cual, Guerras Floridas es “la primera sonda de un proyecto filológico sobre un tema vasto . . . el impacto de la URSS en la cultura de México y también en un sentido contrario, de manera asimétrica” (García 16). Asimismo, se ofrece un panorama actual de la atención que ha recobrado el extinto mundo socialista (el interés es ahora turístico: hay museos y tiendas de recuerdos del orbe socialista, por un lado, y por el otro, hay indagación documental y testimonial para la creación de material crítico de la experiencia socialista), después de ser enterrado bajo la revelación del totalitarismo característico de este y el capitalismo tardío.

Aunado a esto, el autor define a qué se refiere cuando habla de literatura filosoviética: García Bonillas se refiere al interés de tipo cultural -que también viene de la atracción ideológica hacia un modelo económico, político y social- que genera la creación de arte de materia roja. La “materia roja” es, según el autor, los temas, motivos, inclinaciones éticas y géneros discursivos que pueden considerarse característicos del sistema de símbolos soviéticos o sus derivaciones.

También se mencionan los principales críticos con los que se dialoga: Boris Groys, Mikhail Epstein, Svetlana Aleksiévich, Valentín Volóshinov, John Reed y Jacques Derrida. Por último, el autor resume cada uno de los capítulos de su libro y explica su elección de título: Guerras floridas viene de a) los tropos derivados de la conquista de Tenochtitlán, las guerras floridas y la palabra florida, incluidos en la poesía de Maiakovski; y b) la idea del poeta viajero y combativo del siglo XX, específicamente en los tiempos de la Guerra Fría.

Ya en el segundo apartado comienza el primer eje de análisis. García Bonillas se encarga de perfilar al personaje histórico de Vladimir Vladimírovich Maiakovski (1893-1930) a través de la descripción de sus viajes por Norteamérica, los testimonios de gente con la que convivió y los escritos acerca de México redactados durante su travesía, es decir: las cartas a Lilia Brik, los poemas en la sección de “México” en Mi descubrimiento de América (1926) y las composiciones del Ciclo de América.

Maiakovski llegó a México para promocionar su obra, pero también con la intención de explorar la tradición literaria y la cultura en México. Desafortunadamente, resultó decepcionado. García Bonillas explica algunas razones: el escritor ruso, fuerte y comprensiblemente influenciado por su entorno político, tenía una mentalidad en la que ser soviético era ser superior, pues emprendió su viaje con “la convicción de tener que derramar la simiente de la revolución socialista por todo el mundo como una misión” (42) y tenía prejuicios sobre Latinoamérica, que había desarrollado a través de la literatura sobre esta región. Adicionalmente, el autor arroja una probable explicación: para García Bonillas, las críticas negativas de Maiakovski del desarrollo socioeconómico de México se deben a la comparación que inconscientemente realiza el poeta ruso con las ciudades y la tecnología resplandeciente de los Estados Unidos. Lo cierto es que Maiakovski calificó a México con adjetivos desfavorables, aunque quizá acertados.

Maiakovski, pues, se centró en tres temas al escribir sobre México: la idiosincrasia, el arte y la política. Su estilo escritural se caracterizó por el uso de construcciones retóricas como la hipérbole, la ironía y el sarcasmo, así como por la reproducción del género de la caricatura. García Bonillas dice que “a pesar de su distorsión, [los escritos de Maiakovski] tienen buena parte de verdad en cuanto a su afán crítico” (62). El escritor ruso estaba interesado en defender a la población indígena en México, aún si su conocimiento de la nación era superficial. Asimismo, el autor hace una comparación entre el contenido de los poemas de Maiakovski y el de sus crónicas (pone en contrapunto los elementos, temas y motivos recurrentes en sus obras), en que se distinguen las opiniones del escritor ruso sobre México, lo que permite al lector crítico profundizar en las contradicciones de su discurso y reconocer la separación entre hombre y artista.

Finalmente, cabe remarcar los contactos que tuvo Maiakovski en el país con otras figuras mexicanas importantes. Entre ellos, el muralista Diego Rivera, el poeta y revolucionario Germán List Arzubide, y el poeta proletario Carlos Gutiérrez Cruz, con el cual tuvo una discusión leve, que se trata a continuación.

En el tercer apartado, el segundo eje de análisis, García Bonillas explora el conflicto entre Maiakovski y Gutiérrez Cruz para construir un puente hacia el siguiente capítulo. De acuerdo con el autor, Gutiérrez Cruz se posiciona como poeta proletario o de socialismo mexicano mediante una interpretación revolucionaria del cristianismo: quería reivindicar la figura de Cristo como antecedente del comunismo. No obstante, Maiakovski habla de la poesía de Gutiérrez Cruz apenas en Mi descubrimiento de América y solo dice que es “débil y quejicosa” (cit. en García 97). Gutiérrez Cruz reacciona con la publicación de dos ensayos, “Arte y lucha social” y “Arte lírico y arte social”, en 1925, pero la ausencia de contestación de Maiakovski impide que la discusión llegue a mayores.

Es interesante, aun así, la agudeza analítica de García Bonillas en cuanto a la literatura de viajes de Maiakovski en México, así como su capacidad pedagógica para explicar y caracterizar las diferencias en las concepciones ideológicas socialistas de ambos poetas. Además, el autor es capaz de reconocer y considerar los matices entre las realidades y culturas del escritor ruso y del escritor mexicano, para poder comprender su pensamiento. Por ejemplo, en respuesta a las opiniones desfavorecedoras de Maiakovski, señala que el panorama mezquino de la literatura mexicana de 1925, pintado por el poeta ruso, es más un resultado del prejuicio y de la ignorancia que una verdadera representación de la literatura de un país que estaba en proceso de alfabetización (no siempre voluntaria) y donde los escritores tenían la preocupación de responder a la modernidad. Para cerrar, García Bonillas atribuye el que no continuara la discusión a la falta de apoyo de intelectuales que sufría Carlos Gutiérrez Cruz, además de las contestaciones indirectas y la disparidad de interés sobre la situación entre los involucrados.

En el cuarto apartado, García Bonillas enuncia el grado de participación de Efraín Huerta Romo (1914-1982) en el ámbito político mexicano en cuanto al intercambio cultural con Rusia -en 1955 fue nombrado director de Cultura Soviética y en 1956 fue presidente interino del Instituto de Intercambio Cultural Mexicano-Ruso-, nacido parcialmente del viaje que realiza en 1952 a la URSS, en el cual visitó Armenia y Rusia. De acuerdo con García Bonillas, Huerta va de la “fe militante” al “peregrinaje político”. Lo califica como un poeta “mexicano y filosoviético”, que produce versos de “determinadas pasiones de la política internacional de izquierda” (128). El poemario que surge como resultado lleva el nombre de Los poemas de viaje y fue publicado en 1956.

Después, el autor menciona la recepción del libro de poemas y analiza los textos en cuatro subapartados, sin olvidarse de remarcar el cambio de la escritura de Huerta, desde su mocedad y creencia pura en lo filosoviético hasta su escritura madura, en la que se burla de sus propias ideologías políticas de antaño. Asimismo, García Bonillas explica de dónde procede el denominador “cocodrilo malaquita”, que usa para referirse a Huerta: en los poemas de “Las cuartetas de Armenia”, el autor se inserta en forma de cocodrilo, pero es un cocodrilo de malaquita. Huerta utiliza verbos de estado de ánimo en su poesía para humanizar la figura del cocodrilo. Además, describe que posee piel dura como la malaquita. Según García Bonillas, es un entendido implícito con los lectores la identificación del poeta mexicano con el “Gran Cocodrilo”.

Por otro lado, es encomiable la mención y el reconocimiento de otras figuras intelectuales, políticas o artísticas de México y Latinoamérica que intervinieron en el diálogo cultural entre el país y la ideología socialista o “filosoviética”, para usar palabras de García Bonillas. Los lectores son capaces de ubicar en la línea temporal los momentos importantes de intercambio cultural mexicano-ruso y, gracias a la introspección que permite el siglo XXI, de contraponerlos a la luz de los acontecimientos posteriores hasta la disolución de la URSS. Además, el autor realiza la tarea de descripción geográfica con el propósito de mostrar el recorrido de los viajes que hicieron Maiakovski y Huerta.

A modo de cierre del apartado, García Bonillas expone los elementos repetitivos, los temas y las figuras retóricas de la poesía de viaje de Huerta y sentencia lo siguiente: “Tal parece que entre más se acerca el poeta a las líneas del realismo socialista, el ingenio se apaga y cede a lo cívico, a lo monumental: a la retórica” (175). Este juicio no solamente surge por su contexto, sino que también está en concordancia con los primeros críticos de Los poemas de viaje. Aparentemente otras obras de Huerta tienen más mérito artístico y más trascendencia histórica, pues muchas de las ideas y valores socialistas defendidos en estos poemas de Huerta fueron repudiados con la caída de la URSS y el descubrimiento de la práctica del sistema socialista.

Para terminar, en el quinto apartado y el epílogo, García Bonillas advierte la decadencia de la ideología izquierdista. En el mismo siglo, los intelectuales de ambos hemisferios dan cuenta de la vigencia del socialismo a gran escala. Sobre todo, García Bonillas precisa sus hallazgos: mientras Maiakovski muestra aversión y desprecio a México y su gobierno (compartiendo sus opiniones a través de la ironía), Huerta muestra fascinación hacia lo soviético e intenta integrarse en el mundo socialista. Es decir, Huerta ve el futuro prometedor en la URSS, mientras que Maiakovski ve en México una sociedad y cultura inferior. Apunta igualmente las impresiones de ambos sobre los Estados Unidos, pues también coincidieron en visitar el país vecino del norte.

Hay, una vez más, mención del interés de distintos escritores, como Rafael Alberti Merello (1902-1999) y Aleksandr Ivanovich Sizonenko, en la vida y obra de Maiakovski, quien fue elogiado por Stalin y consagrado con la construcción de un monumento. Y García Bonillas comparte más especificaciones sobre su línea de investigación -está interesado en la perspectiva de los escritores iberoamericanos al escribir sobre temas del viaje, el turismo, la utopía, la historia, la literatura y el mundo soviético-, cuyos frutos se esperan próximamente.

El libro, a final de cuentas, es el resultado de una exhaustiva investigación. Además de bien escrito y organizado, los apuntes sobre el estilo literario de Maiakovski y Huerta en sus viajes permiten conocer de manera más clara y acertada una parte de las motivaciones de dichos escritores al principio del siglo XX. También, el libro da un vistazo de la producción y el intercambio intercultural entre algunos escritores latinoamericanos y la URSS. Una relación que resulta ser la causa de variada producción de arte en ambas regiones, por lo que amerita estudiarse y problematizarse. Parte de eso logra García Bonillas y, con particularidad, muestra una metodología interesante de análisis entre dos poetas con coincidencias, para otros, negligibles. Sobre todo, el autor remarca y explica la fascinación por un gran lado de la historia y del mundo occidental, el orbe soviético (cuya otra mitad complementaria es el mundo capitalista desde el siglo XX), sus alcances y límites, de lo cual surgen más ángulos de investigación en diversas áreas de conocimiento.

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