Artículo científico
La latencia del presente. El tiempo histórico contemporáneo desde el pensamiento de Hans Ulrich Gumbrecht
The latency of the present. The contemporary historical time from the thinking of Hans Ulrich Gumbrecht
A latência do presente. O tempo histórico contemporâneo a partir do pensamento de Hans Ulrich Gumbrecht
La latencia del presente. El tiempo histórico contemporáneo desde el pensamiento de Hans Ulrich Gumbrecht
Revista de Filosofia Aurora, vol. 37, e202531298, 2025
Pontifícia Universidade Católica do Paraná, Editora PUCPRESS - Programa de Pós-Graduação em Filosofia
Recepção: 23 Fevereiro 2024
Aprovação: 02 Fevereiro 2025
Resumen: El principal propósito de este artículo es el de elaborar una reconstrucción e interpretación crítica de las recientes lecturas del tiempo histórico contemporáneo como presentista. A partir fundamentalmente de la obra del historiador francés François Hartog, la noción de «presentismo» se ha convertido en un enclave conceptual fundamental a la hora de entender las formas de dar sentido a nuestra experiencia del tiempo y la historia. Retomando las herramientas teóricas de la historia conceptual, nuestra aproximación a las tesis del presentismo se focalizará en el estudio y análisis de algunos aspectos centrales del pensamiento de Hans Ulrich Gumbrecht. Tal y como desarrollaremos, su prolífica obra ofrece una valiosa veta conceptual para analizar filosóficamente tanto los presupuestos como los límites de esta lectura de nuestro régimen de historicidad. Con este objetivo en liza, desarrollaremos en primera instancia su diagnóstico del origen de nuestro tiempo histórico como derivado de la crisis del futurismo que había definido al régimen de historicidad moderno. A partir de este punto, definiremos, a través del concepto gumbrechtiano de «presencia», al presentismo como una articulación temporal fragmentada que oscila entre la desaparición del porvenir y la imposibilidad de poner a distancia el pretérito. Toda esta interpretación habilitará la exposición de las deficiencias y opacidades de esta lectura de nuestro tiempo presente. Para ello, a través de la recuperación del concepto de «latencia» expuesto por el intelectual alemán, reconstruiremos las relaciones, vínculos y dependencias entre la lectura temporal del presentismo y el concepto de «trauma». Ello nos permitirá diagnosticar los límites de esta lectura teórica de nuestro particular tiempo histórico.
Palabras clave: Presentismo, Historia conceptual, Hans Ulrich Gumbrecht, Latencia, Trauma.
Abstract: The main purpose of this article is to elaborate a critical reframing and interpretation of recent readings of contemporary historical time by means of the notion of «presentism». Drawing primarily on the work of the French historian François Hartog, the category of «presentism» has become a conceptual key that paves the way to understanding the ways in which we make sense of our experience of time and history. Taking up the conceptual tools of conceptual history, this approach to presentism is focused on analyzing some central aspects of Hans Ulrich Gumbrecht`s thought. As it will be developed, his prolific work offers a priceless conceptual vein so as to criticize philosophically both the assumptions and the limits of this interpretation of our regimen of historicity. With a view of doing so, it will be outlined the extent to which his diagnosis of the origin of contemporary historical time derived from the crisis of futurism that have defined the modern regimen of historicity. From this point, by means of Gumbrechtian concept of «presence», this paper will developed his definition of presentism as a fragmented temporal figure that oscillated between the push and the pull of abandoning the future and the impossibility of distancing the past. This interpretation paves the way toward delving further into the weaknesses of Gumbrecht`s reading of contemporary historical time. Through the recovery of Gumbrecht’s notion of «latency» it will be reconstructed the relations and dependencies between presentism and the notion of «trauma». Such connection will bring light into the limits of presentist reading of historical time.
Keywords: Presentism, Conceptual History, Hans Ulrich Gumbrecht, Latency, Trauma.
Resumo: O principal objetivo deste artigo é elaborar uma reconstrução crítica e uma interpretação das leituras recentes do tempo histórico contemporâneo como sendo presentistas. Começando principalmente com o trabalho do historiador francês François Hartog, a noção de "presentismo" tornou-se uma chave concetual fundamental para compreender os modos como damos sentido à nossa experiência do tempo e da história. Retomando as ferramentas teóricas da história concetual, a nossa abordagem à tese do presentismo centrar-se-á no estudo e análise de alguns aspectos centrais do pensamento de Hans Ulrich Gumbrecht. A sua prolífica obra oferece um rico filão concetual para uma análise filosófica dos pressupostos e dos limites desta leitura do nosso regime de historicidade. Com esse objetivo em mente, desenvolveremos primeiro o seu diagnóstico da origem do nosso tempo histórico como derivando da crise do futurismo que definiu o regime moderno de historicidade. A partir deste ponto, definiremos, através do conceito gumbrechtiano de "presença", o presentismo como uma articulação temporal fragmentada que oscila entre o desaparecimento do futuro e a impossibilidade de colocar o pretérito à distância. Toda esta interpretação permitir-nos-á expor as deficiências e opacidades desta leitura do nosso tempo presente. Para o efeito, recuperando o conceito de "latência" proposto pelo intelectual alemão, reconstruiremos as relações, os laços e as dependências entre a leitura temporal do presentismo e o conceito de "trauma". Isto permitir-nos-á diagnosticar os limites desta leitura teórica do nosso tempo histórico particular.
Palavras-chave: Presentismo, História concetual, Hans Ulrich Gumbrecht, Latência, Trauma.
Introducción. El presente y el tiempo histórico
Los objetivos del presente artículo lo circunscriben al espacio de discusión filosófica en torno a la articulación del tiempo histórico en nuestro presente. Partiendo de la asunción respecto al carácter aporético de la experiencia de la temporalidad y la declinación de sus aristas conceptuales en la noción de «tiempo histórico» (Ricoeur, 2004), aspiramos a ofrecer luz sobre el diagnóstico respecto a cómo aquel se ha configurado en la actualidad. Con este fin, profundizaremos en la propuesta realizada inicialmente por el historiador francés François Hartog respecto a nuestro tiempo como presentista. Tal y como defiende en su obra Regímenes de historicidad (2003) si bien la modernidad se había caracterizado por una temporalidad futurista, abierta a las potencialidades del porvenir, el cronotopo emergente durante los últimos compases del siglo XX se define por la presencia omnívora de un presente “que se extiende tanto hacia el futuro como hacia el pasado”1 (Hartog, 2003, p. 201). En palabras de Johannes Rohbeck, bajo el régimen de historicidad presentista “el presente se extiende sin límites por la falta de futuro” (2022, p. 45). Se convierte, por lo tanto, en el eje de la articulación de un nuevo tiempo histórico, dando lugar a una contracción del mismo en el “ahora” que genera, desde la perspectiva de Hermann Lübbe (2013), una pérdida de orientación temporal y una crisis de la experiencia.
En primera instancia, la definición de nuestro tiempo histórico a través del presente que se destila de esta aproximación nos obliga a introducir el siguiente matiz conceptual. La prefiguración del tiempo como «presentista» amenaza con convertirse en un pleonasmo. Al fin y al cabo, en un sentido vago, el tiempo sólo se materializa en el instante presente. Ya que el resto de estratos temporales - pasado y futuro - carecen de sustrato ontológico al remitirse a aquello que ha sido o está por venir. Es esta la percepción de la que se hace eco la clásica concepción del tiempo a través de la figura del “triple presente” que se articula en el libro XI de las Confesiones de San Agustín de Hipona. “¿Quién hay, en efecto, que niegue que los futuros aún no son? Y, sin embargo, existe en el alma la expectación de los futuros. ¿Y quién hay que niegue que los pretéritos ya no existen? Y, sin embargo, todavía existe en el alma la memoria de los pretéritos” (2015, p. 306). Ahora bien, de la misma manera, Reinhart Koselleck evidenciará en qué medida la tesis contraria - que el presente carece de sustrato ontológico - también resulta igualmente plausible. “El «presente» puede indicar aquel punto de intersección en el que el futuro se convierte en pasado, la intersección de tres dimensiones del tiempo, donde el presente está condenado a la desaparición. Sería entonces un punto cero imaginario sobre un eje temporal imaginario” (2000, p. 116). Así, esta presentación antinómica de nuestra pre-comprensión del presente pone sobre la mesa la complejidad y problematicidad filosófica de la consideración de este estrato temporal como único horizonte de nuestro tiempo histórico.
Más allá de este problema conceptual, las tesis hartogianas en torno al presentismo apuntaban a una materialización histórica concreta de esta compleja dialéctica temporal. Aquella no sólo constata que, en un sentido ontológico, sólo el instante presente tiene efectividad, sino más bien que, dadas las particularidades de nuestra relación con el pasado y el futuro, el instante tiende a absorber progresivamente aquello que Reinhart Koselleck había definido como el «espacio de experiencia» y el «horizonte de expectativas» (1993). Ello genera una percepción histórica generalizada que enfatiza la asunción según la cual “sólo existe el presente” (Hartog, 2003, p. 31). Nuestro tiempo histórico, desde la perspectiva de Hartog, quedaría definido por un “horizonte temporal amplio” (Hartog, 2022, p. 188) de acuerdo con el cual el pasado-presente de la memoria y el futuro-presente de la expectativa se reducen a su mínima expresión bajo la “tiranía del instante” (Hartog, 2003, p. 168).
Las diferentes lecturas heterogéneas en torno al presentismo constituyen unos de los vectores más influyentes en el marco de la reflexión filosófica sobre la idiosincrasia de nuestro tiempo histórico que ha suscitado, a su vez, diversas críticas (Lorenz, 2021, Assmann, 2014, Delacroix, 2010). Al fin y al cabo, como recoge Paul Ricoeur en Tiempo y narración, “el presente es la categoría de tiempo menos apta para un análisis originario y auténtico (2004, p. 104). No obstante, es preciso enfatizar que, más allá de estas implicaciones filosóficas, desde la perspectiva de Hartog, el presentismo no es más que el producto de la implementación de una herramienta heurística acuñada por el autor francés para explorar los supuestos diacrónicos subyacentes a la escritura de la historia: el régimen de historicidad. Esta categoría es definida por Hartog como “la expresión de un orden dominante de tiempo; es […] una manera de traducir y ordenar la experiencias del tiempo - maneras de articular el pasado, el presente y el futuro - y de darles sentido” (2003, p. 132). Desde su perspectiva, esta noción no tiene más pretensiones que la de ofrecer una metodología para articular las formas en que el historiador contemporáneo narra el pasado. Pese a ello, la acuñación hartogiana del régimen de historicidad y su definición de nuestro tiempo histórico como presentista no esconde presupuestos filosóficos en torno a su pre-comprensión de la temporalidad y la propia historia. Más allá de su formulación en el contexto de la metodología historiográfica, la lectura de la época contemporánea desde la vigencia de un presente convertido en único horizonte temporal posible esconde una particular lectura ontológica del tiempo y de nuestra condición histórica. En este sentido, a pesar de las reticencias de François Hartog a la hora de explicitar el trasfondo meta-histórico de sus tesis, no es posible negar, como ha detectado Christian Delacroix, que las tesis del presentismo “tienen un perfume de filosofía de la historia” (2010, p. 35). El propio Christian Delacroix sitúa estas herramientas conceptuales en una encrucijada entre la metodología del historiador y la ontología de la condición histórica (2010, p. 34). Ello obliga, por lo tanto, a realizar una crítica de las tesis del presentismo desde el espacio propio de la filosofía de la historia, con el fin de explicitar sus presupuestos e implicaciones últimas. A este fin se dirige el objetivo de este artículo. Ahora bien, pese a la relevancia de la obra del historiador François Hartog en relación a esta lectura de nuestro presente, no es su pensamiento el que va a protagonizar nuestro texto. Al contrario, será la obra reciente del hispanista y teórico literario Hans Ulrich Gumbrecht - otro de los grandes representantes intelectuales del presentismo - el que focalizará nuestra atención. El motivo de esta orientación es doble. En primer lugar, debido a la citada tensión entre la metodología histórica y la reflexión filosófica anteriormente diagnosticada en el corazón de la propuesta presentista. En el caso de la obra de Hans Ulrich Gumbrecht, a su preocupación por la situación de las humanidades, su diálogo y recuperación de la tradición intelectual contemporánea, etc., subyacen unos conceptos de naturaleza filosófica que apuntalan el camino para una interpretación del presentismo desde el propio enfoque de la filosofía de la historia. En segundo lugar, las aportaciones de Gumbrecht se adecúan al enfoque crítico desde el que abordaremos nuestro estudio. Tal y como desarrollaremos a lo largo de estas páginas, la temporalidad fragmentada que capta el presentismo se superpone con aquella que ha definido, durante la segunda mitad del siglo XX, a la experiencia traumática, caracterizada por la pertinaz presencia de “un pasado que no pasa”. En este sentido, el empleo que hace Gumbrecht de la noción de «latencia» como presupuesto subyacente a la emergencia del presentismo nos servirá de catalizador conceptual para movilizar la categoría de trauma en la aproximación crítica al presentismo.
La lectura de Gumbrecht respecto a la aparición de un nuevo cronotopo durante la segunda mitad del siglo XX, casa conceptualmente con las premisas hartogianas respecto al presentismo. Más allá de las diferencias de objetivos y perspectivas disciplinares entre ambos autores, en palabras de Ana Meléndez, “tanto Hartog como Gumbrecht […], establecen el predominio de la experiencia temporal del presente, en detrimento del pasado o del futuro” (2023, p. 213). Por ello, la compleja obra del hispanista alemán ofrece una imprescindible veta conceptual para profundizar, explicitar y criticar los fundamentos filosóficos de la interpretación de nuestro tiempo histórico como presentista. Con este fin, la estructura del presente artículo se organiza de la siguiente manera. En primera instancia, a partir del trasfondo teórico de la historia de los conceptos, reconstruiremos las modificaciones históricas y meta-históricas que han operado en la transición del tiempo moderno futurista al “ancho presente” contemporáneo, tal y como las describe Gumbrecht. A partir de aquí, profundizaremos y exploraremos las nociones de «presencia» y «latencia» que el intelectual alemán reivindica como enclaves conceptuales en su lectura del tiempo histórico. Desde esta perspectiva, reconstruiremos posteriormente la temporalidad subyacente al presente y su diagnóstico, retomando las potencialidades heurísticas de la noción de «trauma» para enfatizar su operatividad en la lectura y análisis propuesta por Gumbrecht, en particular, y en las tesis en torno al presentismo, en general. Ello nos ofrecerá una perspectiva crítica en torno a los supuestos y el alcance de esta novedosa lectura de nuestro tiempo histórico.
Del tiempo histórico moderno al “ancho presente” post-moderno.
No es posible soslayar en qué medida la interpretación de Gumbrecht respecto al tiempo histórico está influenciada por las categorías acuñadas desde la historia de los conceptos koselleckiana. Desde la perspectiva del historiador alemán, toda organización del tiempo descansa sobre una gestión de las vivencias que bascula siempre bajo la tensión entre «espacio de experiencia» y «horizonte de expectativa» (Koselleck, 1993). Si el primero refiere a un pasado-presente y el segundo al futuro-presente, la modernidad es definida desde la historia conceptual como el período que articula una separación entre ambos polos que se traduce, a su vez, en un achicamiento del primero y una dilatación del segundo. En este sentido, tal y como diagnostica el propio Gumbrecht, el pensamiento moderno se caracterizó por la “asimetría entre el horizonte de pasado y futuro” (Gumbrecht, 2010, p. 22); o lo que es lo mismo, por la prefiguración del “futuro como diferente del pasado” (Gumbrecht, 2010, p. 22). Ello dota al porvenir de un rol de catalizador en la configuración del tiempo histórico moderno. Tal y como defenderá Lucian Hölscher en su clásico El descubrimiento del futuro, “la novedad de la modernidad es la del futuro como espacio de tiempo” (2014, p. 17) que dota a la trama del mismo de un coeficiente de variación a través de la imagen de un mañana cualitativamente diferente del hoy y del ayer. Dicha configuración del tiempo histórico adquiere, de forma inmediata, dos implicaciones relevantes a la hora de conceptualizar el presente. En primer lugar, enfatiza la distinción entre el presente y el futuro (Rohbeck, 2022, p. 50). En segundo lugar, en tanto que a través de este cronotopo “el futuro indica el camino a seguir” (Hartog, 2022, p. 193), el presente es vivenciado como un mero punto transitorio hacia un porvenir diferente. Como plantea Gumbrecht en Lento presente “experimentábamos el presente como el momento de transición” (2010, p. 48). Aquello que evidencia esta configuración del tiempo histórico es, por lo tanto, el hilo de continuidad entre los diferentes estratos y la superación del legado del pasado y el carácter efímero del presente por parte de un futuro siempre novedoso. Desde la óptica que articula Gumbrecht en sus aportaciones al Geschichtliche Grundbegriffe, las transformaciones en la comprensión del presente se han conformado como un elemento clave en la emergencia del cronotopo moderno. Así lo refleja en su tratamiento de los conceptos “Moderno” y “Modernidad”: “se interpretó que esta nueva imagen de la historia tuvo su origen en la protesta contra la estructuración del presente según el modelo de la Antigüedad, que había predominado desde el principio del Renacimiento hasta el umbral del siglo XVIII” (Stuke, Koselleck, Gumbrecht, 2021, p. 267). Precisamente, al propósito de dotar de sentido y consistencia a esta comprensión del tiempo presente como tránsito, desde una perspectiva sistemática, se dirigió una de las principales aportaciones teóricas de la modernidad: la filosofía de la historia. Las diferentes formulaciones de la misma que se derivaban de la obra de Turgot, Kant o Hegel (Rohbeck, 2015) no son sino tentativas de fundamentación teórica de la percepción de un instante presente que pone a distancia el pretérito como condición de posibilidad para adentrarse en el porvenir. Su propósito es, por lo tanto, el de proporcionar “una imagen totalizadora de la historia como un movimiento que transforma continuamente las condiciones-marco de la acción humana” (Gumbrecht, 2015, p. 399).
Como es posible apreciar, en esta lectura de los tiempos modernos, el futuro se convierte en el eje que dota de sentido a la experiencia de un instante que siempre se declina en su condición de proyección hacia el porvenir. Es precisamente dicha dependencia entre estratos temporales la que adquirirá sus condiciones más agonísticas cuando se debilite el rol del futuro como catalizador del cambio histórico. En este sentido, el diagnóstico sobre la emergencia del presentismo (Hartog, 2003, Gumbrecht, 2010, Traverso, 2019, Jameson, 2007) sitúa en los últimos compases del siglo XX la fragmentación de la temporalidad lineal moderna y su compleja articulación bajo la forma de un nuevo cronotopo. Desde la lectura que se traza a partir del marco teórico del presentismo, acontecimientos como el Holocausto, la carrera armamentística durante la Guerra Fría, el ocaso de la Unión Soviética - principal catalizador de estas transformaciones históricas - han opacado el «horizonte de expectativas» moderno reconfigurando la estructura misma del tiempo histórico contemporáneo. Como plantea François Hartog en Regímenes de historicidad: “nuestra relación con el tiempo se vio súbita e irreversiblemente destrozada y corrompida por ciertos eventos del pasado” (2003, p. 125). Estas “fallas temporales” - en palabras de Hanna Arendt (2006) - constituyen la base de la emergencia del nuevo cronotopo presentista sobre el que profundiza Gumbrecht. Desde su perspectiva, la principal cesura respecto a la articulación del tiempo que le precede radica precisamente en la conceptualización del futuro. Durante la segunda mitad del siglo XX, transitamos desde la imagen de un porvenir convertido en el principal catalizador del cambio histórico al abandono progresivo del mismo. Como recoge Gumbrecht en Después de 1945: “en este nuevo cronotopo el futuro no será experimentado como horizonte abierto de posibilidad entre los que no se puede elegir, sino como una multiplicidad de amenazas que se aproximan” (2015, p. 193). A partir de ahí, toda comprensión teleológica de la historia resulta estéril y toda proyección utópica se prefigura como una reliquia del pretérito, como una mera tesela del imaginario de otro tiempo que ya no está vigente. El futuro es simplemente una “expectativa del pasado” (Gumbrecht, 2010, p. 160) que debe ser estudiada y analizada como un producto cultural más del pretérito, derivando en lo que Fredric Jameson denominaba como “una arqueología del futuro” (2007).
De esta forma, dada la declinación del instante presente en su tendencia transitiva hacia el porvenir, la desaparición de este último y el consecuente repliegue del «horizonte de expectativas» no puede sino derivar en el cortocircuito de la articulación de la temporalidad. Así, el presente no puede prefigurarse o experimentarse desde su condición transitoria o su potencialidad para devenir futuro. Ello constituye la clave conceptual del diagnóstico presentista: “el presente se convierte en un invasivo, inmersivo y omnipresente presente” (Gumbrecht, 2014, p. 185). Al no poder transitar hacia un estrato temporal cualitativamente diferente, el presente se llena de sí mismo. Las metáforas a las que recurre Gumbrecht para dar cuenta de este proceso acentúan la percepción de una ralentización del transcurrir del tiempo moderno. El colapso del futuro, en palabras del hispanista alemán, congela detiene o ralentiza el tiempo, al carecer el mismo tanto de un polo teleológico como de un horizonte de expectativa. “La dimensión del futurismo es ocupada por el futuro congelado del pasado” (Gumbrecht, 2010, p. 200). Los cambios sociales, tecnológicos, culturales, etc., son el leitmotiv del presentismo, pero todos operan bajo el trasfondo de un presente omnipresente desde el que no resulta imaginable una transición hacia un porvenir cualitativamente diferente. El presentismo es una consecuencia, por lo tanto, de la “desaparición de la teleología y quiebra de la aceleración del tiempo” (Gumbrecht, 2010, p. 49). De acuerdo con esta lectura, la retracción del futuro y la dilatación de un “ancho presente” adquieren también profundas implicaciones relativas al otro estrato temporal: el pasado. Aquel sólo puede tener un sustrato ontológico en tanto que he dejado una traza o una huella que siempre constituye la presencia de algo ausente. Para profundizar en esta última cuestión, en el siguiente apartado terminaremos de reconstruir la perspectiva de Gumbrecht, desarrollando su conceptualización del pretérito bajo el presentismo a través de una particular interpretación de la noción de «presencia».
Presentismo, presencia y crisis de la interpretación.
Tal y como había diagnosticado la lectura procedente de la historia de los conceptos koselleckianos, los tiempos modernos no se habían caracterizado sólo por la apertura del «horizonte de expectativas», sino también por una disminución del «espacio de experiencia»», o lo que es lo mismo, por la potencialidad del presente a la hora de poner a distancia o establecer una cesura diacrónica con el pasado. Como desarrollaremos anteriormente, la temporalidad lineal progresista giraba en torno al proceso por el cual se deja atrás el pasado a través de un presente experimentado como transición hacia un futuro diferente. Ello se traduce, desde la perspectiva de Gumbrecht, en una prefiguración del pretérito como algo cerrado y separado del “ahora”. Como refleja en Lento presente: “creíamos estar dejando atrás continuos pasados concluidos y atravesar umbrales hacia futuros siempre nuevos y abiertos” (2010, p. 48). De esta forma, la ruptura de dicho diafragma temporal no puede sino problematizar las formas en las que el pretérito empapa el tiempo histórico presentista. En este sentido, diversos filósofos, historiadores y críticos culturales (Traverso, 2010; Huyssen, 2007; Jameson, 2007) han interpretado que el eclipse de nuestro «horizonte de expectativas» había sido paralelo a un proceso generalizado y transversal de rememoración del pasado y obsesión por la memoria que, a través de múltiples canales - conmemoraciones, museos, políticas de la memoria, etc., - parecen definir también los rasgos del presentismo. Las propias reflexiones de François Hartog en torno a este régimen de historicidad se inscriben en el contexto de su tratamiento de la ola patrimonial contemporánea. Desde el planteamiento de Gumbrecht, esta emergencia obsesiva del pasado se identifica con el proceso por el cual “el sujeto se ve abrumado por la multiplicidad de experiencias temporales” (2005, p. 39). Ahora bien, la recuperación masiva de vivencias y recuerdos del pasado adquieren en el pensamiento de Gumbrecht implicaciones filosóficas mucho más nítidas que aquellas que se destilan del análisis hartogiano. Desde el punto de vista del hispanista alemán, esta profusión de experiencias pasadas que abruman al presente sólo puede interpretarse como consecuencias de un “anhelo de presencia” que se inscribe en el interior de la temporalidad fragmentaria diagnosticada en nuestro régimen de historicidad.
Tanto en su estudio sobre la temporalidad contemporánea en Después de 1945 como en su crítica al paradigma filosófico hermenéutico desarrollada en Producción de presencia, Gumbrecht alude a la necesidad - diagnosticada en diferentes campos de la cultura - de recuperación de un contacto tactógeno con la realidad del mundo. Esta “fascinación contemporánea por la presencia” (Gumbrecht, 2005, p. 34) puede describirse como el producto de una añoranza por mantener una relación con el pasado antinómica respecto a la actual. Al fin y al cabo, la emergencia de una ola de memoria, la tendencia a recuperar el pretérito, no oculta que el estatuto ontológico de este estrato temporal redunda en la ausencia del mismo, al declinar el pasado siempre en el haber-sido que sólo permanece como huella. Es, por tanto, una traza que no deja su impronta en un presente presentista carente de cualquier horizonte temporal más allá de sí mismo. Como sostiene Gumbrecht en Producción de presencia, “lo que más interesa bajo el concepto de historia es la presentificación de tiempos pasados” (2005, p. 102).
De esta manera, las reflexiones de Gumbrecht respecto a la “presentificación” del pretérito no pueden descontextualizarse de su polémica en relación al paradigma hermenéutico que, desde su punto de vista, ha primado en las humanidades a la hora de elaborar un conocimiento sobre los retazos fragmentarios del pasado. De acuerdo con su perspectiva, la influencia gadameriana en las ciencias humanas durante las últimas décadas ha tendido a situar como punto nodal en los diálogos con mundos pretéritos el proceso interpretativo. La interpretación se erige, por lo tanto, como eje metodológico en el desciframiento de un mundo que sólo puede conocerse a través de mediaciones lingüísticas. Aquello que quedaba preterido o que era objeto de renuncia por parte de este marco hermenéutico era la posibilidad de una relación inmediata con una experiencia temporal. Gumbrecht, en línea con su recuperación, interpretación o actualización de las tesis heideggerianas desarrolladas en La época de la imagen del mundo (2007) explicita en qué medida a esta aproximación subyacen presupuestos metafísicos que dotan de “más valor al significado de un fenómeno que a su presencia material” (Gumbrecht, 2015: 35). La necesidad de un proceso interpretativo que desentrañe las mediaciones a través de las cuales se nos da la realidad descansa sobre la clasificación del proceso de conocimiento a través de una división tácita entre sujeto y objeto que, en última instancia, depende de una versión cartesiana del mundo. La propuesta de Gumbrecht se articula, en este sentido, “contra la tendencia a abandonar una relación con el mundo basada en la presencia” (2005, p. 13), a través del anhelo de un vínculo tactógeno, inmediato, con el mundo. Así, es precisamente la fragmentación de la temporalidad, anteriormente diagnosticada, la que habilita esta posibilidad. Tal y como ha interpretado Aleida Assmann (2014), la teoría de la presencia de Gumbrecht se construye con el telón de fondo del diagnóstico del presente que deriva de la pérdida del tiempo histórico moderno. Al fin y al cabo, la visión del mundo cartesiana, desde la perspectiva de Gumbrecht, todavía subyace al presupuesto hermenéutico que aspira a desentrañar los significados del mundo prescindiendo del contacto directo con su presencia. Y aquella subjetividad se asentaba, a su vez, sobre el tiempo histórico moderno y su percepción del presente como una transición entre estratos temporales. Así lo planteaba en Lento presente: “Entre estos futuros y aquellos pasados, el presente apareció como un mero momento de transición, y por ello se convirtió en el hábitat histórico de un sujeto cartesiano que se centraba únicamente en la función de la conciencia” (2010, p. 74). Es por ello que el anhelo de presencia, de un contacto no mediado con la realidad del mundo, desde el que Gumbrecht interpreta la emergencia del pasado definida por Huyssen como un “boom de la memoria” (2007, p. 56), constituye un rasgo idiosincrático y sintomático de un cronotopo donde el presente no puede declinarse en otro estrato temporal. Ni en el futuro abandonado ni en un pretérito imposible de recuperar. Así, la “pérdida de una inmediata experiencia temporal” (Gumbrecht, 2005, p. 34) que es inherente al presentismo constituye la otra cara de un anhelo de presencia que aspira a revertir los efectos de aquella. “El deseo de presentificación puede asociarse a la estructura de un presente ancho en donde ya no sentimos que dejamos atrás el pasado y donde el presente está bloqueado” (Gumbrecht, 2005, p. 125). De esta forma, tanto la ralentización que supone la carencia de horizontes de nuestro presente, como la citada pertinacia del pasado, constituyen las premisas meta-históricas de una inclinación a un contacto inmediato con la realidad que desde el punto de vista de Gumbrecht pervive en espacios tan heterogéneos como las humanidades contemporáneas, las prácticas culturales, la mística, etc. Ahora bien, bajo este marco exegético, tanto la propia estructuración del cronotopo contemporáneo como el anhelo de presencia que Gumbrecht esgrime ante la hermenéutica filosófica dependen de la pertinacia de un pretérito que “no sabemos dejar atrás” (Gumbrecht, 2015: 121). Esta relación inacabada con un pasado que seguimos cargando a nuestras espaldas nos remite al concepto a través del cual el hispanista alemán termina de fundamentar la etiología del presentismo: la latencia.
La latencia del pasado y la experiencia del trauma.
A través de la interpretación de Después de 1945, podemos apreciar en qué medida la teoría de Gumbrecht en torno a la latencia resulta paralela a su lectura del presente. Ya que puede considerarse a la primera como la causa de aquella carencia de una relación con un pasado concluido que Gumbrecht diagnostica en nuestro tiempo. En este sentido, el análisis de Gumbrectht en torno a la influencia de aquellas tendencias históricas que capta bajo el concepto de «latencia» se sitúa en un recorrido que tiene su inicio después de la Segunda Guerra Mundial y su culminación en la articulación del cronotopo presentista a finales del siglo XX. Tal y como es posible interpretar a través de esta lectura, los engranajes últimos del proceso que ha coadyuvado a la conformación de este tiempo histórico dependerían de las formas colectivas de metabolización de aquellos acontecimientos históricos. Es decir, de sus propias secuelas. Ello justificará la movilización del concepto de trauma en nuestra exégesis del pensamiento de Gumbrecht.
La genealogía del cronotopo que Gumbrecht diagnostica en Europa durante la segunda mitad del siglo XX se articula a través de su particular noción de «latencia» que fragmentará la temporalidad ordinaria a través del desdibujamiento y la porosidad de las fronteras que separan el pretérito del pasado. Esta figura conceptual remite, desde la perspectiva de Gumbrecht, a la “extraña presencia de un pasado que no desaparecerá; aunque parezca haber perdido su impacto” (Gumbrecht, 2015, p. 22). Frisando las analogías con el concepto freudiano de lo siniestro - Umheilich - la latencia evidencia la materialización difusa de un pasado que permanece de forma inquietante en el presente. Desde la perspectiva de Gumbrecht, la configuración de la temporalidad contemporánea que emerge durante la segunda mitad del siglo XX no puede desligarse del impacto en la conciencia colectiva de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Si bien, los años inmediatamente posteriores a estos acontecimientos evidenciaban, en palabras de Gumbrecht, “la facilidad con la que la humanidad parecía capar de tomar distancia de la experiencia de la guerra y sus traumas” (2015, p. 153), Gumbrecht no deja de diagnosticar en los productos culturales de aquellas décadas la presencia soterrada de un pasado inquietante. Ello constata, desde su punto de vista, la mencionada “incapacidad para dejar atrás el pasado” (Gumbrecht, 2010, p. 159) que resulta indesligable de la pervivencia traumática de aquellos eventos y que fractura la potencialidad de poner a distancia pretéritos concluidos que había caracterizado al régimen de historicidad moderno. Dada la etiología que a este proceso subyace en la lectura de Gumbrecht, podemos justificar el recurso heurístico al concepto de «trauma» a la hora de dar cuenta de dicha fragmentación de la temporalidad. Al fin y al cabo, a lo largo de las transiciones conceptuales que subyacen a esta categoría (Bond y Craps, 2020), durante la segunda mitad del siglo XX, la noción de «trauma» ha sido movilizada para dar cuenta del impacto y las secuelas de los acontecimientos históricos cuya intensidad hiperbólica permea en multitud de formatos textuales (Caruth, 1996Hartmann, 1996). Dada la multiplicidad de análisis y perspectivas que han recurrido a esta categoría, resulta difícil extraer una definición unívoca a la que recurrir para la crítica del análisis de Gumbrecht respecto al cronotopo moderno. No obstante, desde esta pluralidad de significados podemos bosquejar entre aquellos una definición transversal del trauma que engarza con estos debates. Inspirándonos en la lectura de Andre Green (2000), es posible definir el trauma como la fragmentación de la temporalidad ordinaria a través de la cual el pretérito era superado por un presente que apunta hacia el futuro. El tiempo que capta el trauma es aquel a través del cual el pretérito no queda integrado en la memoria autobiográfica del individuo, reapareciendo de forma incontrolada con la intensidad del propio presente. Tal y como ha desarrollado Dominick LaCapra, a través de la repetición del trauma “los tiempos hacen implosión, como si uno estuviera de nuevo en el pasado viviendo otra vez la escena traumática. Cualquier dualidad […] del tiempo (pasado, presente y futuro) se derrumba en la experiencia” (2005: 46).
De esta forma, la temporalidad fragmentada que provoca la experiencia del trauma resulta isomórfica a aquella “extraña presencia de un pasado que no desaparecerá” (Gumbrecht, 2015, p. 27) a través de la cual Gumbrecht caracterizaba el fenómeno de la «latencia». Ello nos permite trazar vínculos particularmente representativos entre el concepto de «trauma» y el origen del presentismo. A la hora de dar cuenta de la estructura de nuestro tiempo contemporáneo, el hispanista alemán remite a la expresión hamletiana “el tiempo está fuera de quicio” (Gumbrecht, 2010, p. 47). Así, la desorganización de los estratos temporales que caracteriza al presentismo deriva, en última instancia, del influjo que tiene el efecto latente de un pasado que podemos considerar análogo al de la experiencia del trauma. En su investigación en torno al recurso de esta categoría desde la historia conceptual, Ana Meléndez nos ofrece herramientas para trazar esta conexión. El trauma se declinaría, desde su perspectiva, en un “pasado que no se deja elaborar y bloquea el futuro, llevando este a la dilatación social del presente” (2023, p. 263). Engarzando con la lectura gumbrechtiana en torno a la latencia como origen del presente, podemos apreciar en qué medida la fragmentación de la temporalidad que generan las secuelas de un pasado que no pasa, posibilitan la emergencia del régimen de historicidad presentista. Al fin y al cabo, la repetición traumática imposibilita, por lo un lado, la articulación de una relación con un pretérito “concluido” y, por el otro, vuelve opaco el horizonte de futuro, desactivando los presupuestos del tiempo lineal moderno. En este sentido, la crítica de Lorenz a las tesis presentistas subyaran en qué medida, desde la perspectiva de Hartog, “todo tiempo presentista es tiempo del trauma porque el pasado no desaparece” (Lorenz, 2021, p. 27). La temporalidad del trauma canaliza la fragmentación diacrónica identificada por Hartog y Gumbrecht con la vivencia del presentismo. El trauma remitiría a la imposibilidad de asimilar narrativamente una experiencia, cuyas secuelas dejarían un efecto latente que re-aparecería posteriormente con la intensidad del propio presente. De esta forma, si desde los marcos teóricos que estamos analizando el presentismo se identifica como el producto de una “crisis del tiempo” derivada del régimen de historicidad moderno, aquella sería indesligable del impacto de las experiencias traumáticas acaecidas a lo largo de la pasada centuria. Desde la óptica que ofrece la perspectiva trazada por la lectura de Gumbrecht en torno al efecto de la latencia durante la segunda mitad del siglo XX, resulta posible establecer puentes entre el tiempo presentista y los efectos provocados por el trauma.
Consideraciones finales
La vinculación del cronotopo presentista con la experiencia del trauma ofrece nuevas perspectivas críticas respecto a esta interpretación del tiempo histórico contemporáneo. Destaca, en primera instancia, la nula referencia de sus representantes teóricos a la etiología e idiosincrasia de tales experiencias históricas. Como ha subrayado Aleida Assmann, “ni Gumbrecht ni Hartog tienen nada que decir sobre pasados que no pasan, o heridas, o traumas” (2014, p. 184). Es bien cierto que las reflexiones de Gumbrecht en torno a la latencia bajo la figura de un pretérito inquietante nos permiten resaltar sus analogías con la temporalidad fragmentada habitualmente asociada a esta experiencia. No obstante, sus estudios se focalizan en torno a la atmósfera cultural de la postguerra alemana - a través de la noción de Stimmung -, soslayando el análisis del origen de estas experiencias y su propia etiología. De la misma manera, resulta reseñable de qué manera la vinculación que hemos establecido entre el trauma y el presentismo evidencian un salto o desnivel entre ambas instancias. Al fin y al cabo, las vivencias traumáticas se identifican con experiencias históricas concretas e involucran a agentes específicos, mientras que el presentismo describe la totalidad de un régimen de historicidad. Estas tesis están operando, por lo tanto, un salto o transición ente lo histórico y aquello que fija y marca las condiciones de posibilidad de la escritura y la intervención en la historia. Al fin y al cabo, Gumbrecht termina concluyendo que el pasado-presente y el futuro-presente han cambiado de forma irreversible y el cronotopo del “tiempo histórico” ha sido fracturado. De qué formas esta transformación irreparable de la temporalidad que nos rodea puede ser consecuencia de las experiencias históricas concretas es una cuestión sobre la cual la lectura presentista no da cuenta. Dicha discontinuidad etiológica se vuelve todavía más cuestionable al depender esta configuración de la temporalidad de la experiencia concreta del trauma histórico. Al fin y al cabo, aquel que sufre este tipo de vivencias es representado como una víctima. Si la temporalidad contemporánea se torna isomórfica respecto al tiempo el trauma, ello puede traducirse en una generalización ahistórica de la condición de víctima respecto a la misma. Es este un efecto potencial que puede degenerar en una lectura que Dominick LaCapra describe en los siguientes términos: “Se encuentra uno así frente a ideas dudosas, como la de que todos son víctimas […], la de que toda la historia es traumática o la de que todos padecemos una esfera pública patológica o una cultura de la herida” (2005: 93). Esta generalización pone sobre la mesa, por lo tanto, las dificultades y problemas teóricos y prácticos con los que se enfrenta la lectura presentista de nuestro tiempo. Aquella corre el riesgo, como hemos apreciado a través de la interpretación y lectura crítica del pensamiento de Gumbrecht, de generalizar o universalizar la experiencia histórica del trauma como el marco metahistórico que determina las formas de gestionar nuestras relaciones con el pasado, el presente y el futuro.
Referencias
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Notas
Autor notes
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