Rodolfo Stavenhagen. In memoriam
Rodolfo Stavenhagen (Frankfurt, Alemania, 1932-Ciudad de México, México, 2016), llegó a México en 1940, proveniente de Frankfurt, Alemania, a la edad de 8 años, tras un largo recorrido propiciado por la amenaza del nazismo alemán. Partió de su ciudad natal acompañado de sus padres, su hermana mayor y su abuela en 1936 con destino a Nueva York, cuando ya las bombas asediaban a los Países Bajos y la tropa lúgubre del Holocausto desplegaba su curso cruento y desalmado. La familia Stavenhagen reali-zó el viaje de Nueva York a nuestro país por carretera en un auto Chevrolet e ingresaron a México por la frontera de Nuevo Laredo en el noreste mexicano.
Las circunstancias familiares facilitaron la educación bilingüe del niño Stavenhagen, quien años después, en su temprana juventud, descubrió el México profundo, lo cual le generó gran interés, al igual que las visitas que realizó al México indígena, entre las cuales destaca su primer viaje a la Selva Lacandona en Chiapas, a la edad de 17 años. De esta y otras experiencias surgió su interés en el arte mexicano prehispánico y el deseo de estudiar profesionalmente la carrera de Antropología. Tras cursar la licenciatura en Humanidades en la Universidad de Chicago, Stavenhagen obtuvo el título de Etnólogo, el grado de Maestro en Ciencias Antropológicas en la ENAH y el Doctorado en Sociología por la Universidad de París.
A partir de las experiencias y emociones vividas en los trabajos de campo y en especial en el que realizó con indígenas mazatecos desplazados por la construcción de una presa sobre el río Papaloapan, donde tuvo una intensa y prolongada convivencia con grupos indígenas, Stavenhagen fortaleció su vocación por la antropología. Años después, trabajando en la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, con el Doctor Pablo

González Casanova, se le presentó la oportunidad de viajar a Tijuana en 1957 para realizar la investigación que se convirtió en su tesis de Maestría.
Rodolfo Stavenhagen sembró un largo y luminoso camino en las Ciencias Sociales, las Humanidades y en el compromiso con los sectores subalternos de México y del mundo. Esta afirmación se confirma a través de sus imprescindibles aportaciones académicas sobre derechos humanos, pueblos indígenas, la condición étnica, las relaciones interétnicas, el colonialismo interno, las condiciones de vida de las poblaciones rurales, los pueblos indios, los grupos originales en África, los conflictos fronterizos, el arte, las culturas populares y los movimientos sociales. De este abanico temático, Stavenhagen produjo obras germinales como: Las clases sociales en las sociedades agrarias (1969, Siglo XXI), Sociología y desarrollo (1972, Editorial Nuestro Tiempo), Problemas étnicos y campesinos (1980, Instituto Nacional Indigenista), Derecho indígena y derechos humanos en América Latina (1988, El Colegio de México), Conflictos étnicos y Estado nacional (2000), La cuestión étnica (2001, El Colegio de México), Racism and Public Policy (2005, McMillan, coedición) y Los pueblos indígenas y sus derechos (2008, UNESCO), entre otras publicaciones, algunas de ellas canónicas en el debate latinoamericano, como sus Siete tesis equivocadas sobre América Latina (1965) y sus aportaciones teóricas sobre Colonialismo Interno, que nos permitieron avanzar en la discusión del orden colonial latinoamericano.
Rodolfo Stavenhagen tuvo amplia participación en actividades relacionadas con la defensa de los derechos humanos, donde destaca su función de Relator Especial para los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los Indígenas de la ONU (2002-2008) y su apoyo a las culturas populares como Director General de Culturas Populares de la SEP (1977-1979). Asimismo, ha sido presidente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) (1975-1987) y miembro del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) (1968-1976).
Cuando uno conversaba con Rodolfo Stavenhagen los temas más complejos o complicados se tornaban inteligibles, tanto por su amplio acervo de conocimiento, como por la disposición generosa con la que transmitía sus posiciones. Hace ya varios ayeres, conversando con Carlos Monsiváis sobre aspectos, personajes y amistades que fueron referentes en su juventud, me comentaba que para él Rodolfo Stavenhagen representaba un ejemplo a seguir, destacando su solvencia intelectual. Monsiváis reconocía la formación políglota de Stavenhagen, además de su sólida y actualizada formación académica que le permitía colocarse de manera solvente en las discusiones teóricas y en los debates sobre acontecimientos de México y de otros lugares del mundo.
El agudo tino monsivaisiano, que no hacía concesiones gratuitas, nos ofrece un código de apreciación, interpretación y lectura sobre Rodolfo Stavenhagen y su obra; pues sin duda, al paso de varias generaciones, Stavenhagen continúa siendo un ejemplo a seguir, un ejemplo del cual tenemos mucho que aprender, un ejemplo del intelectual que asume que el trabajo de investigación debe buscar un cambio que haga mejor y más justo el mundo en que vivimos.
Notas de autor
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