Resumen: Las construcciones teóricas sobre la disciplina de la geopolítica contemporánea en América Latina suscitan realizar un análisis crítico sobre las relaciones entre los Estados, observando el ejercicio del poder, la dominación, movimientos sociales, grupos de presión e interés que se disputan el poder político y el uso de los recursos, derivados de fenómenos como la globalización, el imperialismo, el modelo neoliberal y el desarrollismo que atentan contra la soberanía, la justicia y el sentido de lo público, el ejercicio de la ciudadanía Latinoamericana y concretamente en Colombia, tomando en cuenta el análisis del periodo de 1990-2000 en donde se ejecutan gran parte de los planes de ajustes estructurales en este país. El objetivo del presente artículo consiste en realizar una crítica a estos fenómenos, relacionándolo con el abordaje epistémico proveniente de la geopolítica crítica, en donde se enfatice la importancia de la ciudadanía como garante y defensora de lo público.
Palabras clave:neoliberalismoneoliberalismo, desarrollismo desarrollismo, globalización globalización, soberanía soberanía, geopolítica geopolítica.
Abstract: Theoretical constructs about the discipline of contemporary geopolitics in Latin America, raise a critical analysis of the relations between states, to monitor the exercise of power and domination, social movements, pressure groups and interest that political power is disputed and the use of resources derived from phenomena such as globalization, imperialism, neo-liberal model, and developmentalism that undermine the sovereignty, justice and the sense of the public, the exercise of citizenship in Latin America and specifically Colombia, taking into account the analysis of the 1990-2000 period where much of the structural adjustment plans in this country run. The aim of this article is to make a criticism of these phenomena, related to the epistemic approach from critical geopolitics, where the importance of citizenship as guarantor and defender of the public is emphasized.
Keywords: neoliberalism, developmentalism, globalization, sovereignty, geopolitics.
Ensayos y Artículos
Geopolítica, discusiones y perspectivas Latinoamericanas1
Geopolitics, discussions and Latin American perspectives

Recepción: 04 Junio 2015
Aprobación: 19 Enero 2016
Aproximaciones teóricas a la geopolítica Los avances relacionados con la construcción teórica de la geopolítica en Latinoamérica, conllevan a un conjunto de debates epistemológicos que logran ofrecer una serie de elementos, actores y teorías que se concentran en el análisis de los objetos de estudio contemporáneo. Un ejemplo de ello, resulta ser la interrelación entre estados, naciones y territorios en un mundo globalizado. Es así que desde Beck (2001), se plantea la interrogante ¿Por qué la globalización signica politización? En este sentido, la puesta en escena de la globalización permite a los empresarios y sus asociados reconquistar y volver a disponer del poder negociador de la política, y socialmente domesticar al capitalismo en un proceso democráticamente organizado. La globalización posibilita eso que sin duda estuvo siempre presente en el capitalismo, pero que se mantuvo en un estado larvado durante la fase de su domesticación por la sociedad estatal y democrática.
Aparecen así las dinámicas societales donde los sujetos tienen una amplia incidencia con la transformación al paso del tiempo, como lo muestra la lucha por el poder político, la dominación, el mercado, la globalización que son latentes en las relaciones entre el capital y la fuerza de trabajo (Marx, 2004). Lo anterior demuestra que, históricamente las acciones globales desarrolladas por los Estados Unidos en el sur, son temas propios como la soberanía alimentaria, los acuerdos internacionales y la política internacional en defensa y seguridad de los territorios. Por una parte, encontramos que desde la geopolítica crítica se logra apreciar un sentido propio por repensar la crisis estructural del mundo. Por otra, se logra analizar una perspectiva postestructuralista inspirada en la metodología deconstructivista y postmodernista de Foucault y Derrida.
Desde la perspectiva deconstructiva se cuestionan los insumos de la geopolítica moderna en aspectos como:
I. Discurso espacial de los Estados.
II. Las prácticas políticas internacionales actuales de ellos.
III. Afronta los mitos sobre la fundación del Estado.
IV. La visión tradicional de la geopolítica como una campo personalizado de las ciencias militares.
V. Analiza los discursos que protagonicen el debate espacio-poder al nivel global (Coronado, 2010: 68-70).
Siendo así que las prácticas que homogenizan la temporalidad-espacial (Harvey D., 2007) en la nación pueden ser estatales o extraestatales, y son difíciles de reconocer puesto que buscan ordenar y construir dispositivos de control que establezcan –la noción de fronteras nacionales, y la tradición de una política administrativa de los Estados– Nación de libre mercado, lo cual, conlleva a identificar la construcción social e identitaria que tienen los pueblos originarios latinoamericanos debido a que traspasan la visión de fronteras nacionales. Como lo muestra las formas de resistencia en las comunidades negras del pacífico colombiano (Escobar, 2005:191). En ese sentido, los aportes realizados por Harvey, cuando detallan que las condiciones estructurales de la crisis del capitalismo y la acumulación del capital son muestra del fenómeno civilizatorio, al ser conducentes con las dinámicas del neoliberalismo, la acumulación por desposesión, ya que resulta ser para Harvey (2007), el punto de inflexión de la historia contemporánea donde el Estado neoliberal favorece los fuertes derechos de propiedad privadaindividual, el imperio de la ley, las instituciones gubernamentalistas, los programas y proyectos funcionales, pero también, la generación de los monopolios como medios destinados a ser fines para el uso de la violencia, buscando imponer un régimen donde las libertades económicas estén por encima de la condición y praxis humana.
Una de las formas de reinterpretar la geopolítica clásica, consiste en asumir la configuración profunda de la geografía política del poder (eurocéntrica) en los sitios de producción como el memorándum de seguridad nacional, las imágenes que dan legalidad a las acciones del estado en especial de tipo militar,2 manejo de la información, la guerra mediática, los asuntos de seguridad y defensa han adquirido gran preponderancia por su acepción eurocentrista (Coronado, 2010:75).
Así mismo, los estudios analíticos sobre algunos textos clásicos como “Antología Geopolítica”, el cual proporciona un panorama sobre el rigor formal e histórico de la geopolítica, a través de los principales autores en el orden mundial, entre los que se encuentra Ratzel, Kjellen, Mackinder, Haushofer, Hillion, Weigert, y Spykman. Todos estos teóricos cubren los primeros cincuenta años de la vida de la geopolítica y sus obras fundamentales constituyen los “verdaderos” cimientos de esa disciplina en proceso de institucionalización (Aragón, 2010: 5).
En el contexto colombiano, aparece una escuela denominada geopolítica crítica en los años ochenta, intentando realizar estudios teóricos y conceptuales de la geopolítica, y en donde se estableciera, un binomio entre el poder y el conocimiento, la política y la economía –para generar un conjunto de prácticas dominantes que excluyen otras esferas y espacios destinados a construir alternativas que tengan como fin la praxis de la disciplina.
Frente a esta crítica técnica de la geopolítica se incluyen los mapas estratégicos de los estados, los análisis territoriales espaciales de las fronteras, la cartografía bélica, en especial el reconocimiento de su misma procedencia debido a que en su mayoría son informes producidos por los gobiernos, las empresas transnacionales, los medios masivos de comunicación. Aquí, se manifiestan prácticas espaciales y hegemónicas de las élites que reproducen una visión hegemónica de la geopolítica (Chomsky, 2003: 25).
En esa lógica se encuentra el desarrollo de tres perspectivas:
I. Geopolítica Práctica: narrativas y ejercicio de acción en seguridad, discursos, diplomáticos y políticas institucionales.
II. Geopolítica Formal: enfoques, visiones y doctrinas de comportamiento producidas por los intelectuales ubicados en comunidades estratégicas estatales e interestatales.
III. Geopolítica Popular: expresiones de la cultura popular como caricatura, prensa, periódico, enfocadas a la seguridad y consumo en la novela y la película. Se convierte así, en fuente de comunicación de los imaginarios geopolíticos (Coronado, 2010:78-80).
Lo anterior genera una yuxtaposición sobre la forma inductiva y deductiva, como lo reafirma David Harvey al proponer ¿Qué tal si es al revés? la idea de los espacios, sería posterior a la idea de lugar, es decir, que vivimos en una localidad, en un lugar donde nos encontramos en una plena multitemporalidad-espacial de un espacio en crisis (Harvey, 2014).
Por tal razón, se construye todo un proceso sobre la identidad, el territorio y el poder en Latinoamérica, asociándolo con los mecanismos de espacialidad, temporalidad, simultaneidad como una muestra de un proceso de globalicentrismo que confirma la crisis del estado-nación, puesto que la tecnología desvanece hoy las fronteras haciendo de la geografía-física algo ficticio que requiere interpretaciones interdisciplinarias (Andino, 2004).
Para el caso de Latinoamérica aparecen los análisis realizados por el teórico de pensamiento ambiental Enrique Leff, quien describe que con la invención de la ciencia económica y la institucionalización de la economía como reglas de convivencia universales, se da inicio a un proceso de cinco siglos de economización del mundo. Al mismo tiempo el saber ambiental que de allí emerge ha venido a cuestionar el modelo de la racionalidad dominante y a fundamentar una nueva racionalidad social, abriendo un haz de matrices de racionalidad, de valores y saberes que articulan las diferentes culturas y su relación de naturaleza (Leff, 2007:5).
El proceso de globalización, cuya naturaleza es imprescindible, se manifiesta en el creciente intercambio económico, las telecomunicaciones, la interconexión inmediata y el flujo financiero que intenta eliminar la dimensión espacial y temporal de la vida, la planetarización e incluso el aceleramiento migratorio y el mestizaje cultural ha sido movilizado y sobre determinado por el dominio de la racionalidad económica sobre los demás procesos de globalización (Leff, 2005).
Lo que adquiere sentido sobre los procesos que generan cambios estructurales en los sectores sociales de menor valoración económica, ya que despliega una mirada sobre los fenómenos locales y globales, buscando así formas de resistencia con la presencia geopolítica de actores que pretenden sobreponer la soberanía nacional o violar las fronteras territoriales con el fin de establecer proyectos hegemónicos (Garay, 1999).
Debido a esta problematización, producto de los procesos neoliberales, emergen los movimientos sociales que resisten a los enclaves mundiales y generan propuestas alternas para hacer omisión a los impactos provenientes de la correlación de fuerzas, el imperialismo, el globalismo, el neoliberalismo, el desarrollismo y el conjunto de arrecifes del capitalismo en la vida de los sujetos y los pueblos del sur. Así mismo, la fuerte ironía del consumismo, asociada a las relaciones de producción capitalistas y el pillaje colonialista, reafirma la lógica de que los pueblos del sur se conviertan en una selva de violencia, un escenario de pobreza y un territorio lleno de poblaciones vulnerables, es decir, un lugar donde conviven los oprimidos, olvidados, pobres y victimas del sur-sur (Dussel, 1994:45).
Para el desarrollo del presente texto, se consideran las siguientes cuestiones metodológicas:
En primer lugar, se indican las características teórico-conceptuales que contiene actualmente la disciplina de la geopolítica.
En segundo lugar, se subrayan los aspectos relevantes de la geopolítica de los recursos naturales y como ésta se interrelaciona con las lógicas del neoliberalismo en un contexto globalizado.
En tercer lugar, se mencionan las dinámicas entre la geopolítica de los recursos naturales y su relación con la crisis civilizatoria inmersa en el territorio colombiano; y
En cuarto lugar, se señalan brevemente los impactos socio-ambientales que han generado dichas dinámicas entre los Estados Unidos y Colombia, relacionándolos con la perspectiva de la geopolítica crítica.
Para ello se acude a fuentes oficiales, centros de documentación e investigación interdisciplinares. Igualmente, un análisis teórico-conceptual y sistemático sobre el abordaje de las fuentes suministradas.
El desarrollo teórico realizado sobre la geopolítica muestra un análisis de los acontecimientos políticos y económicos que América Latina debió asimilar por parte de la política internacional de los Estados Unidos. Esto hace que los procesos y conflictos adquieran mayor relevancia en el contexto mundial, puesto que aparece la movilización social como una acción política en zonas apartadas de asuntos asociados al desarrollo, el progreso y todo los metarrelatos provenientes de la modernidad.
En efecto, con dichos procesos alternos de movilización social se logra observar la reconfiguración geopolítica que asumieron países como Ecuador, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Brasil, Chile, Argentina, al desarrollar aspectos como la nacionalización de los hidrocarburos, la implementación de un estado plurinacional, la búsqueda del buen vivir – vivir bien, las reformas agrarias (Alimonda, 2011:45), pero sobre todo el cambio del discurso (interno y externo) en materia de política con respecto a la comunidad internacional.
El caso Boliviano presenta una fuerte movilización de los trabajadores en las empresas privatizadas, se movilizaron desde Cochabamba y pidieron intervención estatal, reclamando incremento salarial, nuevas designaciones y negociaciones. Ya con el paso del tiempo se convocó a una asamblea constituyente, que se caracterizó por la influencia de las élites gaseras en las provincias, llegando a definir las leyes en el escenario constituyente. Por ello, los trabajadores convocaron a un nuevo paro teniendo como rehenes a ministros del gobierno nacional y altos mandos burocráticos, lo que llevó a un conflicto por el derecho, la regulación y la autonomía sobre los hidrocarburos, donde la asamblea reaccionó contra el neoliberalismo y buscó materializar el interés del pueblo, manifestándose a través de un acto soberano contra las políticas extractivitas (Seaone y Algranati, 2006a:105).
Dichas acciones políticas constituyen evidentes alternativas frente al modelo económico neoliberal, donde se construyen procesos que van más allá del marco de referencia centrado en el Estado, buscando focalizar la fuerza de los agentes movilizadores como un acto en potencia sobre la maquinaria social comunal, que dispersa las formas de poder de la maquinaria estatal (Zibechi, 2006:161). La distinción entre “formas comunales” y “formas estatales” permite a estos intelectuales vislumbrar formas de “autorregulación de la convivencia social más allá del estado moderno, del capital, y de los fundamentos básicos de ambos” y revelar la existencia de una sociedad caracterizada por relaciones sociales, modos de trabajo y formas de organización no capitalistas y no liberales (Zibechi, 2006).
De esta forma, se genera un escenario caracterizado por la resistencia frente a la tendencia neoliberal desde su origen hasta su implementación, seguido de acciones encaminadas a la defensa soberana y la lucha contra las políticas antidemocráticas y autoritarias, poniendo en cuestión la decisión soberana de un gobierno que intenta ejercer acciones y herramientas para las transformaciones sociales y los compromisos políticos de base donde los movimientos populares, originarios y negros protagonizan una prolongada e intensa “guerra de posiciones contra el neoliberalismo”. Es así que Borón (2010a) considera que los movimientos sociales en las regiones, se originan desde su condición ideológica. Ejemplos de ello resultan ser el movimiento de la “teología de la liberación”, la insurgencia indígena con una cosmovisión distinta, el guevarismo, entre otros, y que constituyen procesos sociales, actos políticos y movilizaciones en el sur, claramente diferentes en escenarios eurocéntricos y americanos, ya que su punto de inflexión subyace sobre una serie de rasgos comunes como:
I. La base territorial destruida por el neoliberalismo, la concentración, la desregulación, la privatización, y la restructuración capitalista desencadenada desde los años ochenta dejó sin bases de representación social a los trabajadores, sindicatos, movimientos de masas, movimientos indígenas, estudiantes, entre otros.
II. La búsqueda de autonomía de los movimientos, partidos, comedores, cooperativas, campamentos, asociaciones civiles y grupos de presión, que fomente alternativas semejantes para hacer resistencia a las medidas de censura y bloque económico de los Estados Unidos.
III. Y por último, la revaloración de la identidad y las culturas de los pueblos y sujetos sociales, que se alejan de los fenómenos como el eurocentrismo, el racismo y la excusión miserable de los sujetos entre sí (Borón, 2010b: 23).
Otro aspecto relevante resulta ser el caso del gobierno del expresidente Álvaro Uribe en Colombia, el cual presentaba un contexto de relativa estabilización del conflicto, pero para finales de febrero se anunciaba la conclusión del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos de América (EUA). Si bien no tienen lugar las significativas movilizaciones en el transcurso de su periodo gubernamental, contribuyó así a las prolongadas protestas contra la política educativa institucional y la privatización de los derechos y servicios públicos, destacando los conflictos protagonizados por estudiantes universitarios dando muestra de acciones que se articulan a los movimientos sociales que están en función de la justicia social y la pacificación (Seoane y Algranati, 2006b:115).
Del mismo modo, en Colombia se presentó la reelección de Alvaro Uribe y con ello la continuidad de su política de seguridad democrática que “retoma con mayor fuerza la penalización de la protesta social, acompañándola con un discurso que legitima la estigmatización y la exclusión de las propuestas que no encajan con el proyecto de régimen autoritario” (Ordóñez, 2007).
Lo anterior conllevó a una serie de fenómenos políticos que están en constantes transformaciones, uno de ellos resultó ser las protestas de los trabajadores de la empresa privatizada Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) y la de los educadores que solicitaban la optimización de la salud pública y el incremento salarial. Del mismo modo, Ecuador también presenta una serie de movilizaciones conformada por estudiantes y trabajadores especialmente del sector de los hidrocarburos en rechazo al TLC y a la Occidental Petroleum Corporation (OXY) que tanto afectaría el interés público (Seoane y Algranati, 2006: 112).
Otro caso fue Perú al no ser ajeno a las protestas por el TLC, se destaca el paro agrario y convocatorias a un referéndum. Por su parte, en Venezuela se evidencian protestas protagonizadas especialmente por estudiantes universitarios, los cuales exigían seguridad a raíz de un irresuelto y sonado caso de secuestro, la inestabilidad política y el sabotaje mediático debido a los niveles de corrupción e impunidad propagados por las instituciones públicas.
Posteriormente, el asesinato de los secuestrados y la aparición de sus cuerpos desencadenan marchas en Caracas y en diferentes ciudades del país a principios de mayo exigiendo la renuncia del ministro del Interior. Sumando así, otros recientes casos similares, estas demandas se prolongan en la marcha de fin de mes en la ciudad capital, donde también se desarrolla el contexto de enfrentamiento entre los proyectos bolivariano y liberales del país (Seoane & Algranati, 2006:115).
En este sentido, la iniciativa norteamericana de expandir en la región latinoamericana tratados de libre comercio había logrado en 2005 la ratificación parlamentaria del acuerdo Dominican Republic-Central America Free Trade Agreement (CAFTA-RD) en cinco de los seis países centroamericanos y caribeños involucrados (El Salvador, Honduras, República Dominicana, Nicaragua y Guatemala, con la excepción de Costa Rica).
Un claro diagnóstico geopolítico lo ofrece Claudio Katz, al señalar que las discusiones internacionales sobre el neoliberalismo desataron todo un proceso del pensamiento económico neoclásico, ya que fortaleció la idea de un tipo de crecimiento político regresivo que afectaría seriamente la tasa de ganancia, la institucionalidad, el poder político y los movimientos sociales de la región.
Según Katz, el neoliberalismo fue definido en los años ochenta, como una ofensiva del capital sobre el trabajo para recomponer la tasa de ganancia. En la década siguiente se constató la hegemonía ideológica mundial alcanzada por esta vertiente. A pesar de los magros resultados económicos logrados durante ese decenio, la derecha se reforzó aprovechando el debilitamiento de los sindicatos y el desasosiego creado por la fractura social (Katz, 2014).
Al mismo tiempo, la política estadounidense se focalizó en la estrategia de asegurar el control de los recursos y el territorio de América Latina por las próximas décadas, en un momento en que su hegemonía mundial está seriamente resquebrajada. Esa estrategia bélica se manifiesta de manera directa en el presupuesto militar de Estados Unidos, porque, por ejemplo, el rubro correspondiente al 2010 ha sido el más alto de toda su historia, con un monto de 680 mil millones de dólares, una cifra superior a todo el gasto militar del resto del mundo.
Claudio Katz considera que el neoliberalismo converge con la internacionalización de la economía. La fragmentación mundial de los procesos de fabricación, el desplazamiento de la industria hacia el Oriente consolidan la primacía de las empresas transnacionales. Las grandes firmas utilizan las normas del libre-comercio y los bajos aranceles para desenvolver intercambios entre sus filiales (Katz, 2014).
Dicha apuesta de la lógica neoliberal quedó subordinada a la incorporación de una serie de reformas legislativas exigidas por EUA y justificadas bajo la necesidad de adecuarlas normativamente a los espacios nacionales y fomentar los compromisos asumidos en el acuerdo multilateral. Esta situación, que lleva a un proceso de presiones y sucesivos pactos, pone de manifiesto tanto el impacto de dichos acuerdos internacionales sobre la mentada soberanía nacional como la lógica impuesta por la diplomacia estadounidense de intervención y permanente renegociación en el sentido de obtener y asegurarse los mayores beneficios de los mismos (Seoane & Algranati, 2006: 117).
Sin embargo, en lo referente a las formas de resistencia de los movimientos sociales y la ciudadanía, en términos de Borón, América Latina ocupa un dispositivo político-militar del imperio de menor importancia en el tablero geopolítico mundial, ya que las prioridades del imperio serían Medio Oriente por el petróleo, Europa por el comercio; luego el Extremo Oriente China, Asia Central por petrolero y gas, y quinto lugar junto con África aparecería nuestra América, mendigando compasión, caridad y buenos modales (Borón, 2010c: 22-24).
En el desarrollo histórico que ha tenido el territorio colombiano, se logra apreciar que la globalización neoliberal requiere de acciones de integración bajo la bandera de la modernización institucional que hace sucumbir los nacionalismos y la noción de lo público, apropiándose de nuevas maneras y estrategias para mejorar el buen vivir que ha sido arrasando contra sus costumbres, relaciones culturales y tradiciones ancestrales por la lógica de un sentido consumista, mercantilista y de invisibilización cultural.
En efecto, las empresas se exponen bajo la lógica del “darwinismo” donde deben esforzarse en función de mejorar la productividad, la rentabilidad, la sostenibilidad y toda una serie de aforismos que engloba la economía liberal, bajo la lógica de sobrevivir en la recién creada selva comercial, donde las banales empresas estatales no tienen oportunidad de competir y subsistir en el mundo financiero; posteriormente se inician las olas de venta y privatización de empresas estales al mejor licitador, siendo el Estado reducido a un punto imparcial en la toma de decisiones frente a la intervención pública, según los economistas neoclásicos la acción del Estado generaría más daño que bien en el mercado.
Mientras lo público se limita a la esfera de lo privado, los males masifican la crisis, en un contexto lleno de paradoja en nuestros tiempos, al hecho de que los problemas colectivos con los que debemos lidiar son cada vez más extensos e intensos. No obstante, los medios para hacer frente tienen sus raíces en el nivel nacional y son inadecuados e incompletos, debido a su incapacidad para fortalecer los bienes públicos globales que padecen escasez crónica, mientras que los males se acumulan y siguen amenazando los medios de subsistencia.
Ahí reside, precisamente la razón del aprovisionamiento de bienes públicos comunes a nivel transnacional en ámbitos cada vez más amplios, debido a su carácter diferenciable e insustituible por bienes privados provistos a través del mercado, bajo una lógica que trascienda los espacios y Estados estrictamente nacionales. Ello implica una mayor coordinación entre Estados y otros agentes sociales para la realización de acciones de carácter multilateral como condición para el establecimiento de nuevas formas de gobernanza a nivel regional y global (Garay, 2013:11).
Una clara anotación la realiza Katz, cuando considera que el neoliberalismo ha fracasado como proyecto de las clases dominantes nacionales para expandir sus negocios, reforzar su base de acumulación y aumentar su presencia en el mercado mundial (Katz, 2004), pero todavía se siente particularidad como la pobreza, la miseria y el despojo territorial en la región.
La fuerte situación de injustica social en la globalización hacen que los campos de estudio de la ecología política, la geopolítica crítica asuman una complejidad, ya que no pueden ser analizados por cada Estado de manera aislada. Es un problema conjunto dado su dimensionalidad al saber que los estados están obligados a lidiar por su interdependencia o buscar soluciones a la crisis civilizatoria (Bartra, 2010).
La problemática del cambio climático y la preservación del medio ambiente constituyen un insumo de la crisis civilizatoria (Bartra, 2010), pero a su vez se convierten en un simple discurso que engloba un sentido ideológico para auspiciar cualquier acción mundial por parte de los países “desarrollados”, es así que se desenvuelve un conjunto de grandes promesas de la modernidad: al ser conducente con un orden geopolítico y al prescindir de toda trascendencia y apelar sólo a la razón que nos haría libres, sabios, opulentos y felices, ya esta idea comenzó a pasar aceite desde hace rato.
Por un tiempo, la idea de desentrañar las leyes de la naturaleza y de la sociedad y que el mundo podía ser definitivamente dominado, fue dogma de fe en un sistema que se vanagloriaba de no rendir culto más que a la razón técnicoeconómico- administrativa. Pero la convicción no era suficiente, hacía falta también la inclinación afectiva, la militancia: “hay que querer y amar la modernidad” (Touraine, 1998 citado por Bartra, 2010:10).
Las dinámicas sobre “El cambio climático representan el mayor problema de acción colectiva al que el mundo se ha tenido que enfrentar” (Innerarity, 2013), “tragedy of commons” (Hardin, 1968), “el mayor fracaso del mercado” (Stern, 2007). La responsabilidad sobre el cuidado del medio ambiente no es proporcional en los países más industrializados que producen más CO2 y los más afectados por el cambio climático que producen una pequeña fracción de la contaminación mundial.
Frente a esto se encuentra la justicia climática, la cual se instituye como un caso típico de “justicia compleja”, precisamente por la complejidad de los criterios de justicia que se deben invocar en las negociaciones transnacionales. “Lo que es objeto de controversia son los criterios de justicia a partir de los cuales se han de tomar las decisiones correspondientes, quién, cómo, y cuándo carga, con qué peso en favor de la protección del medioambiente, algo que no tiene tanto que ver con el agua, aire y los árboles como con el empleo y el bienestar” (Innerarity, 2013).
En este sentido, los fenómenos que se encasillan en la perspectiva ambiental tienen un amplio trasfondo para los estudios de la geopolítica, como es el caso de las tipologías que ciertos autores manejan sobre la geopolítica latinoamericana y específicamente la que tiene amplia relación con los fenómenos socioambientales.
Para este caso, los aportes de Leff (2005), confirman que la geopolítica puede ser comprendida primero por su relación con la biodiversidad y que en ella se desatacan las nociones del desarrollo sustentable, los procesos de apropiación de los recursos naturales y sobre todo las formas de intervención de la naturaleza que llevan una racionalidad económica (Hinkelammert, 1996: 35).
La importancia de la geopolítica de la sustentabilidad, del desarrollo sostenible consiste en ser una apuesta teórica que intentar analizar las dinámicas que se fraguan al interior de los territorios en medio del juego político que disputan los saberes populares, especializados, la relación entre el hombre-naturaleza, el valor de cambio-uso y sobre todo la dominaciónexplotación que ejercen los sistemas económicos, políticos y sociales al convertirse como dispositivos de control sobre el cuerpo-el sujeto y la conciencia.
Otro de los aspectos relevantes se sitúa en los procesos geopolíticos del territorio colombiano, el cual presenta para el caso de la explotación de recursos naturales no renovables, y la adecuada retribución entre capitalistas inversores (especialmente grandes empresas transnacionales y algunos grupos de origen nacional que usufructúan del licenciamiento para la explotación del subsuelo), capitalistas financieros (asociados), trabajadores mineros, el Estado (como captador legítimo de una porción tanto de las rentas privadas de la explotación de recursos naturales no renovables como de las ganancias de los capitalistas, nacionales y extranjeros).
Una muestra de dicho fenómeno, resultan ser los niveles de explotación del carbón en donde se muestra el crecimiento exponencial que ha tenido dicha actividad minera, de acuerdo con datos del Ministerio de Minas y Energía, Sistema de Información Minero SIMCO.

En este caso las cuotas de indemnización son muy precarias, lo cual sitúa a Colombia como un país estratégico para la inversión extranjera, la implementación de un modelo extractivista, el cual sólo deja daños ambientales profundos y grandes crisis al interior de los sujetos; es por esto que el caso de explotación de carbón en la Guajira y Cesar, donde, además de los gravísimos impactos ambientales ocasionados, se han identificado impactos sociales incluyendo el desplazamiento de comunidades que tradicionalmente habitaban esos territorios, quienes tienen que ceder su espacio vital ante el desarrollo de dichos proyectos sectoriales (Garay, 2013:37), como se observa en el gráfico 1.
La fuerte ola de políticas nacionales, proyectos sociales, políticas públicas, reglamentos y leyes internacionales sólo son estamentos (jurídicos) que en la práctica no asumen mayor relevancia debido a su falta de legitimidad, en el caso colombiano y siguiendo la situación del Caribe las mismas autoridades proceden a la utilización de medidas ambulatorias como son la reubicación o compra de predios que en el fondo sólo contribuyen a la instauración de las actividades extractivitas.

En esta dirección, la ausencia de ordenamiento ambiental del territorio ha conllevado a que de manera indiscriminada en el país se desarrollen actividades sectoriales, especialmente mineras, solamente sujetas a instrumentos particulares y concretos como los títulos mineros y las licencias ambientales, que no atienden en todos los casos las particularidades e importancia ambiental, social y cultural de cada área, ni mucho menos los intereses generales de una región; lo cual responde a todo un escenario geopolítico que ha tenido sus orígenes desde hace medio siglo, pero desde el 2000 se encuentra intensificado y con una lógica de explotación a gran escala sobre la naturaleza.
La dimensionalidad que contiene los conflictos ambientales acentúa la crisis ambiental y multidimensional que se presenta esta época, la fuerza que trae consigo el modelo neoliberal, los acuerdos internacionales, el modelo extractivita, la búsqueda de niveles de productividad inalcanzables son piezas que configuran el escenario mundial de una geopolítica intervencionista. Autores como González (2002), arguyen que el medioambiente, la ecología, la naturaleza son objetos de diversas interpretaciones teóricas, epistemológicas y conceptuales, puesto que implican la particularidad del tiempo-espacio y el desarrollo del contexto donde se origina. Siendo así que la multiplicidad de valores, identidades, riquezas, intereses, conflictos se convierten en apuestas de diversos ámbitos (territorios-tierra, trabajo, capital, libertad) al ser los principios que configuran las relaciones societales de las comunidades.
En medio de estas relaciones se gestan interacciones entre agentes y grupos sociales, comunidades: ancestrales, etnias, asociaciones civiles (institucional/normativo) temporal (intra e inter-generacional), espacial (local, regional, global y nacional/internacional) (Salamanca, 2013:12), que asumen una fuerte tendencia de una ecología basada en la explotación masiva de los recursos naturales, o de una ecología popular que tenga como base el metabolismo social caracterizado por las relaciones de un sistema societal entre la explotación y la conservación.
En ese sentido, la compresión de los impactos ambientales se sumerge en una economía autoconcentrada, cerrada, a diferencia del modelo económico convencional, y, por el contrario, toma en consideración que el sistema económico requiere de energía útil para su desenvolvimiento además de las consabidas materias primas, capital, trabajo, tierra y produce no solamente bienes, servicios y residuos materiales, sino también calor disipado y desechos (Martínez, 2006a; Foladori, 2011 citado por Garay, 2013:13).
Dichos procesos se enmarcan en lo que se denomina una geopolítica de los conflictos ambientales, debido a que desarrollan todo un conjunto de teorías y conceptos que permiten comprender críticamente los fenómenos de la globalización, el neoliberalismo, la explotación ambiental a gran escala, los megaproyectos mineros, la implantación de actividades extractivistas y la creación de megaproyectos que se articulan con las lógicas del capital transnacional y el establecimiento de un sistema capitalista.
En esta perspectiva las formas convencionales de la política, la económica, la cultura asumen otro precio, puesto que señalan la importancia de “los recursos naturales” y como éstos son bienes fundamentales para la reproducción de las dinámicas mercantiles, consumistas, competitivas mediante las cuales opera el sistema capitalista.
Así mismo, señala Martínez (2006b), “al poner atención en el metabolismo de la sociedad, las externalidades no son ya esporádicos fallos del mercado o fallos de la acción gubernamental, sino que adquieren carácter sistémico inevitable”. Por ello, se establecen las condiciones para un sistema económico de inmanente desequilibrio que pone en contraste la acciones del modelo económico convencional, la intervención de la institucionalidad y los impactos ecológicos que trae consigo las actividades minero-energéticas que por ende auspician los conflictos ambientales.
El análisis de la economía política convencional de conflictos/contradicciones permite conectar la economía ecológica con la ecología política en la medida en que señala los múltiples conflictos locales y globales que se expresan a través de distintos lenguajes de valoración bajo cosmologías divergentes, lo que hace refiere básicamente a la fluctuación de los valores de uso por los precios en un régimen de mercado. Por un lado, las diversas valoraciones sociales que se hacen de los impactos y conflictos ecológicos corresponden al ámbito de la ecología política (Salamanca, 2013:14).
En este orden de ideas, la perspectiva crítica de la geopolítica asume mayor sentido, puesto que contribuye a la compresión de los fenómenos sociales, la crisis civilizatoria, las rupturas epistemológicas y las necesidades ameritan los escenarios geopolíticos entre los diversos actores en épocas llenas de incertidumbre para la historia de la humanidad.
De este modo, los últimos avances teóricos provenientes de Latinoamérica asumen una perspectiva contraria a la tradición eurocéntrica y americana de las ciencias sociales, los debates epistemológicos desde el sur son la muestra de la reflexión crítica que asumen los paradigmas, escuelas y teorías que se han reproducido en las distintas escuelas de pensamiento de la geopolítica en el sur.
La noción de repensar la disciplina de la geopolítica que interpreta las dinámicas estructurales de las sociedades implica un ejercicio eminentemente crítico, siendo esto parte de lo que constituye el pensamiento crítico latinoamericano; es un tipo de pensamiento que no se fragua en medio de discusiones sino que propone alternativas de transformaciones sociales.
En este sentido, la apuesta de pensadores como Dussel (1994), Grosfoguel (2006), Restrepo (2010), De Sousa (2010a), entre otros, consiste en imaginar la posibilidad de construir otro mundo posible, un mundo en donde el velo eurocentrista, la colonialidad del pensamiento, ser y poder puedan ser reflexionadas desde los propios contextos latinoamericanos.
Parte de las alternativas, consiste en construir nuevas formas de participación, educación, culturas, lazos comunitarios de carácter diversos que constituyan los diálogos entre saberes técnicos y populares que logren convivir; es la iniciativa de dar un giro a la tendencia positivista, racionalista, instrumental que se tiene sobre el mundo de la vida (Figueroa, 2015:7).
Tal como lo manifiesta Sousa, los movimientos del continente latinoamericano, más allá de los contextos, construyen sus luchas basándose en conocimientos ancestrales, populares, espirituales que siempre fueron ajenos al cientismo propio de la teoría crítica eurocéntrica. Por otro lado, sus concepciones ontológicas sobre el ser y la vida son muy distintas del presentismo y de los individualismos occidentales (Sousa, 2010b:18- 19).
Frente a este conjunto de nuevas apuestas epistemológicas, la disciplina de la geopolítica debe asumir un carácter reflexivo, crítico y propositivo frente a su corpus teórico, sus objetos de estudio y por ende las metodologías por las cuales se ha desarrollado históricamente; al mismo tiempo de comenzar a dialogar con diversas áreas del conocimiento con el fin de poder construir aportes más profundos que logren la praxis (Vázquez, 2003), enfocada en las transformaciones sociales y un compromiso político con respecto a las realidades que afrontan las sociedades contemporáneas.
Entre las razones que permiten comprender los debates teóricos de la geopolítica se encuentran las siguientes:
El desarrollo epistemológico que ha tenido la geopolítica como disciplina de las ciencias sociales se halla en un fuerte estancamiento, ahora fenómenos como la globalización, el imperialismo, el sistema mundo capitalista, el colonialismo epistémico, la crisis del proyecto de la modernidad entre otros fenómenos; implican que se construya un nuevo orden de alternativas teórico-prácticas que transiten hacia una nueva reflexión crítica de la geopolítica latinoamericana.
Es por esto que las lógicas neoliberales, desarrollistas, imperialistas en la actualidad sólo han demostrado ser un intento de proyecto en fracaso, acciones políticas como el caso de Ecuador con el Suma Kawsay (Buen vivir), Bolivia con la creación de un Estado plurinacional, Brasil con la generación de políticas socialdemócratas propias de su gobierno y Argentina, Chile, Uruguay al establecer gobiernos con tendencias progresistas son una evidente muestra de construcción de pensamiento crítico y de una mirada decolonial de la vida.
La continuidad de un pensamiento crítico que pueda hacer peso a la neoliberalización, ya que ha construido un mundo del espectáculo o como Harvey lo ha llamado “un momento donde el capital lo que no quiere es que la gente piense”. Igualmente, las contradicciones del capital han generado a menudo innovaciones, muchas de las cuales han mejorado la calidad de la vida cotidiana; cuando las contradicciones dan lugar a una crisis del capital, propician momentos de “destrucción creativa” (Ortiz, 2015).
Por ello, es necesario que los aportes teóricos provenientes de la geopolítica latinoamericana se logren enfocar en la pluralidad y las divergencias del pensamiento crítico, el cual contribuya a desarrollar amplias rupturas epistémicas con la tradición eurocéntrica y americana de los debates disciplinares de la geopolítica.
Como lo señala Casanova cuando manifiesta que la naturaleza del capitalismo dependiente/ neocolonial, la identidad del pensamiento latinoamericano dé cara a la modernidad eurocéntrica, los movimientos sociales y su papel en la transformación política socialista, el Estado no liberal, el marxismo como campo de enfrentamiento entre ortodoxos y revisionistas, las relaciones entre clase y etnia; la teología de la liberación, la teoría de la dependencia, la evaluación de la experiencia cubana, la descolonización del saber y del poder, las innovaciones teórico-metodológicas, como por ejemplo, la investigación-acción participante (Casanova, 2009:3), en dichas teorías deberían incursionar los nuevos aportes conceptuales y metodológicos de la geopolítica en un caso específico la escuela colombiana.
La geopolítica latinoamericana para este contexto contemporáneo, se encuentra en medio de la crisis del proyecto de la modernidad, ya que afronta debates extensos sobre su estatus epistemológico y el desarrollo de sus categorías que logren ya sea explicar, comprender e interpretar los fenómenos locales, nacionales, regionales y globales que interactúan entre los Estados, los territorios, los actores transnacionales, las economías de enclave, entre otros, que por ende son campos de larga discusión conceptual en donde la geopolítica podría comenzar a transitar.
Así mismo, las tradición estructuralista de la geopolítica debe ser revalidada puesto que sus aportes teóricos ya se encuentran en constante cambio, las dinámicas sociales no son estáticas son dinámicas, por el contrario las escuelas no sólo pueden quedarse en los estudios que explican las relaciones entre los Estados sino comenzar a indagar campos como la correlación de fuerzas, el ejercicio del poder y la dominación, los movimientos sociales, grupos de presión e interés los cuales se disputan el poder político y el uso de los recursos; en esta lógica se encuentran inmersos los actuales contextos donde los fenómenos como la globalización, el imperialismo, el modelo neoliberal y el desarrollismo atentan contra la soberanía, la justicia y el sentido de lo público, el ejercicio de las ciudadanías y las formas de resistencia en la sociedad Colombiana. En síntesis, se expone que la geopolítica como disciplina tiene un largo camino por el cual debe conducir sus aportes teóricos, a su vez el tema de la crisis ambiental (civilizatoria) asume importancia debido a la implementación del modelo neoliberal y la reproducción del sistema mundo-capitalista 123 dejando centenares de comunidades originarias, negras entre el silencio, el olvido conllevando a concebir la figura del oprimido y el silenciado en el mundo de las ciencias sociales.
Siendo así que los abordajes epistemológicos develan la interdisciplinariedad entre los conflictos ambientales, los fenómenos sociales, las dinámicas espaciales y las relaciones internacionales por las cuales los estudios geopolíticos son de gran utilidad para construir aportes profundos y críticos que logren dar compresión a dichos problemas societales, conllevando a estudios, investigaciones y teorías que tenga mayor congruencia con la realidades y contextos locales, nacionales y globales con el fin de hacer de la geopolítica una disciplina crítica-autocrítica y propositiva de sus propios campos teóricos, conceptuales y metodológicos en el mundo de las ciencias sociales y humanas.

