El concepto marxista de ideología visto a través de: Villoro, Giroux, Trías y Gramsci
The marxist concept of ideology seen trough: Villoro, Giroux, Trías and Gramsci
El concepto marxista de ideología visto a través de: Villoro, Giroux, Trías y Gramsci
Espacios Públicos, vol. 21, núm. 53, pp. 7-19, 2018
Universidad Autónoma del Estado de México

Recepción: 19 Abril 2017
Aprobación: 01 Octubre 2018
Resumen: El presente artículo tuvo como objetivo construir la categoría de “Ideología”, que aportará los elementos teóricos necesarios para ser utilizada como herramienta científica de investigación, razón por la que se recurrió a los trabajos de investigación de Luis Villoro, Henry Giroux, Eugenio Trías y Antonio Gramsci, desarrollados en los textos: El concepto de ideología, Teoría y resistencia en educación, Teoría de las ideologías e Introducción a la filosofía de la praxis. Se presentan los conceptos aportados por cada uno de los autores señalados y se da cuenta de los elementos que definen cada caso.
Palabras clave: Ideología, Realidad, Dominación, Creencias y Ocultamiento.
Abstract: The objective of this article was to build the “Ideology” Category, which will provide the necessary theoretical elements to be used as a scientific research tool, which is why the research work of Luis Villoro, Henry Giroux, Eugenio Trías and Antonio Gramsci, developed in the texts The concept of ideology, Theory and resistance in education, Theory of ideologies and Introduction to the philosophy of praxis. The concepts contributed by each one of the indicated authors are presented and the elements that define each case are explained.
Keywords: Ideology, Reality, Domination, Beliefs and Concealment.
INTRODUCCIÓN
El concepto de “Ideología” ha sido objeto de distintas interpretaciones, situación por la que se sostiene que no hay un significado único del mismo, entre tales definiciones destacan las que la refieren como: “estudio de las ideas”, “creencias no justificadas”, “falsa conciencia”, “ocultamiento de la realidad”, entre otras. Por tal razón, el propósito de este artículo es exponer y reflexionar las propuestas de Luis Villoro, Henry Giroux, Eugenio Trías y Antonio Gramsci, sobre este tema y así contar con más elementos teóricos para construir la categoría “Ideología” para una mejor comprensión de este concepto y el papel que juega en la formación social en la que nos desenvolvemos.
LUIS VILLORO:1 IDEOLOGÍA, ENUNCIADOS FALSOS Y CREENCIAS DETERMINADAS SOCIALMENTE
Para Villoro, la palabra ideología es antigua, fue usada por primera vez por Destutt de Tracy para referirse a su teoría de la formación de las ideas. Pero quienes le dieron connotaciones actuales fueron Marx y Engels, entendiendo por ésta a un tipo especial de “conciencia falsa”, determinada por las relaciones sociales. No la aplicaron nunca al conocimiento verdadero, sino solo a una forma de error socialmente condicionada.
Las ideologías, de acuerdo con Villoro, corresponden a creencias insuficientemente justificadas, encubren la realidad al interpretarla con conceptos que la distorsionan, él entiende por ideología:
Concepto 1: Conjuntos de enunciados que tienen dos características: a) presentan los productos de un trabajo como cosas o cualidades de cosas independientes de dicho trabajo; y, b) explican el proceso de producción por esos productos cosificados.
Este concepto se complementaría con señalar que los enunciados ideológicos tienen también la característica de omitir y tergiversar la realidad, pues los productos de trabajo del hombre no son independientes del trabajo que realizan, ni puede reducirse el proceso de producción a solo ver los productos de trabajo (cosas).
Concepto 2: Conjuntos de enunciados que presentan como un hecho o cualidad objetiva lo que es cualidad subjetiva.
La ideología consiste en una forma de oculta- miento en que los intereses y preferencias propias de un grupo social se disfrazan, al hacerse pasar por intereses y valores universales, y se vuelven así aceptables por todos.
Estas dos caracterizaciones de ideología la describen como una forma de falsedad. Los enunciados ideológicos se presentan como si expresaran un conocimiento, cuando lo que hacen es distorsionar la realidad, se alejan de ella, en sí son una forma de error.
Concepto 3: Conjuntos de enunciados que expresan creencias condicionadas, en último término, por las relaciones sociales de producción. Estos enunciados corresponden al concepto de ideología como parte de la superestructura social en Marx y en Engels.
Concepto 4: Conjuntos de enunciados que expresan creencias que cumplen una función social: a) de cohesión entre los miembros de un grupo; y, b) dominio de un grupo o una clase sobre otros.
Según Villoro, estas dos últimas caracterizaciones de ideología difieren de las anteriores. Mientras aquellas se refieren a un conjunto de enunciados falsos, estas se refieren a creencias determinadas socialmente, pero no indican que sean verdaderas o falsas. No definen la ideología por su relación con el conocimiento, sino por sus causas o consecuencias sociales.
Así, mientras el concepto noseológico de ideología se refiere directamente a entidades verbales, que pueden ser verdaderas o falsas (enunciados), el concepto sociológico se refiere directamente a hechos psíquicos, que pueden tener causas y efectos sociales (creencias). Derivado de lo anterior, Villoro llega así a una definición de ideología que enlista como:
Concepto 5: Las creencias compartidas por un grupo social son ideológicas si y solo si:
Derivado de lo anterior, la esencia de lo que se denomina ideología es: encubrir la realidad y promover los intereses del grupo en el poder. Según Villoro, en los escritos de Marx y de Engels de los años 1843 a 1848, especialmente en La Ideología alemana, aparece un concepto de ideología más preciso y limitado que el usado por muchos autores marxistas posteriores. Este mismo concepto se encuentra implícito en El capital.
La primera aparición del término, de acuerdo con Villoro, está ligada a la crítica al idealismo que Marx concentra en la filosofía de Hegel y sus discípulos: a) En Hegel las ideas cobran realidad, adquieren una entidad propia e independiente: hay una “cosificación” de las ideas; b) El desarrollo histórico y social se explica por el desarrollo de las ideas así cosificadas; y, c) Esta seudoexplicación encubre el verdadero ser del hombre: al presentar un producto del hombre como si fuera su productor, se oculta al hombre concreto bajo una abstracción.
Para Villoro, la manera de ver las cosas y el estilo de pensar se encuentra en campos distintos al hegelianismo, por ejemplo, en la religión. Marx sigue la interpretación de la religión por Feuerbach, para quien los dioses son una proyección de las características esenciales del hombre, una vez que el hombre proyecta su esencia fuera de sí, se somete a esa proyección; su producto se convierte en su amo y productor. La operación mental, es del mismo estilo que la que realiza Hegel con las ideas. En ambos casos se dota de entidad independiente a un producto de la actividad humana y se ve el mundo y el hombre en él, como producto de esa entidad.
Para Villoro, la ideología no es solo creencia injustificada, también, retomando a Marx, es una conciencia invertida de la realidad, esto es, una conciencia falsa. La crítica radical de la ideología no puede conducir a oponer a ésta otro modo de pensar igualmente ideológico, eso nos conduciría al punto de partida, a permanecer alejados de la realidad. Frente a la sustantivación de las entidades mentales que convierte a la conciencia como algo independiente y autosuficiente, la crítica de la ideología las considera como meros productos de la actividad del individuo, razón por la que Villoro cita a Marx:
No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. En la primera manera de ver las cosas se parte de la conciencia como de un individuo vivo: en la segunda, correspondiente a la vida real, se parte de los mismos individuos vivientes reales y se considera la conciencia solo como su conciencia. (Marx, 1961, citado en Villoro, 2007: 48).
Los individuos reales, de acuerdo con Villoro, no corresponden a un hombre abstracto, considerado solo como conciencia y libre albedrío. Se encuentran inmersos en ciertas relaciones sociales de las que son parcialmente inconscientes y actúan sobre condiciones materiales determinadas, independientes de su voluntad:
No se partirá de lo que los hombres dicen, se imaginan o representan, tampoco de los dichos, pensados, imaginados, representados, para llegar a partir de ellos, a los hombres vivientes; se partirá de los hombres realmente activos y, a partir de su proceso vital real se explicitarán el desarrollo de los reflejos y ecos ideológicos de ese proceso vital (Marx, 1961, citado en Villoro, 2007: 49).
En las obras de Marx, de acuerdo con Villoro, “ideología” designa una manera peculiar de ver el mundo y la describe como “invertida”, por lo tanto, falsa. Pero para poder juzgarla de este modo es preciso adoptar la manera contraria de ver. Derivado de esto, Villoro despeja los siguientes equívocos:
El término ideología no se refiere a cualquier conjunto de creencias, sino a un estilo de pensar que puede estar supuesto en muchas creencias y doctrinas distintas.
El término “ideología” connota un modo de pensar (una “conciencia falsa) falso. Si el pensamiento del proletario tiene un punto de vista real, será por principio no ideológico.
Pero no cualquier concepción falsa es ideológica, sino un tipo peculiar de falsedad.
Para Villoro, la crítica a la ideología no puede ser ella misma ideológica. Supone la adopción de un punto de vista contrario, sobre el cual puede levantarse un pensamiento teórico y que puede ser el primer paso hacia un saber científico.
Las ideas son emanaciones o productos de la realidad social, por lo que para este autor el modo de pensar ideológico lleva a convertir conceptos que solo responden a relaciones sociales determinadas históricamente, en conceptos válidos universalmente.
La ideología, de acuerdo con el filósofo mexicano, se expresaría en una falsa generalización, por lo que se presenta como universalmente válidos a ciertos conceptos sobre la realidad y ciertos valores que rigen en una formación social dada, cuya vigencia corresponde al interés de dominio de una clase.
Con fundamento en la Ideología alemana de Marx, sostiene que la ideología favorece, con el dominio de las ideas, el dominio de una clase. “Los pensamientos de la clase dominante son en cada época los pensamientos dominantes” y “los pensamientos dominantes no son nada más que la expresión ideal de las relaciones dominantes” (Marx, 1961, citado en Villoro, 2007: 60).
De este modo, la ideología se explica porque cumple con una función social específica: ser un instrumento de dominio. No es producto de una ilusión psicológica ni podría desaparecer al curar esa ilusión; es el resultado de una necesidad social, porque realiza una tarea indispensable para mantener las relaciones materiales existentes y, por ende, el dominio de clase.
La ideología actúa como obstáculo para la comprensión científica. La visión ideológica opera como un prejuicio infundado que desorienta la actividad del científico. Si la concepción ideológica sirve de instrumento de dominio de una clase, la crítica contra esa concepción –y la teoría científica consecuente- sirve de instrumento de liberación contra ese dominio.
El pensamiento ideológico sirve como instrumento de dominio en la medida en que presenta como universalmente válidos conceptos y valores particulares, el análisis científico, al revelar esa falsa generalización y mostrar el condicionamiento sirve de instrumento de liberación, pero lo que no dice Villoro es que teoría científica no es autónoma, sino que también esta colonizada o sometida a intereses del grupo en el poder.
HENRY GIROUX: IDEOLOGÍA ENTRE LOS PARADIGMAS MARXISTAS CULTURALISTA Y ESTRUCTURALISTA
Giroux aborda el concepto de ideología en el Capítulo 4. “Ideología, cultura y escolarización” de su obra Teorías y resistencia en educación (2004), e inicia con una cita de Reawyn Connell2 en la que destaca la conexión que hay entre escolarización y emancipación, sugiriendo, según Giroux: “que las escuelas tienen la responsabilidad de habilitar a los estudiantes con el conocimiento y destrezas que necesitan para desarrollar una comprensión critica” (Giroux, 2004: 151).
A través de este recurso el autor plantea la necesidad de crear y promover una cultura del discurso crítico que muestre la reacción de los seres humanos ante las limitaciones, sea para cambiarlas o para mantenerlas. Para este teórico, las escuelas pueden desarrollar un doble papel: producir conformaciones sociales caracterizadas por la explotación de clase, género y raza y, por otro lado, generar las condiciones para contestar a las ideologías y prácticas de dominación.
En dicho capítulo, el autor tiene el propósito de rescatar los conceptos de ideología y cultura de “las tradiciones teóricas que las disuelven en una noción unilateral de idealismo, o en una igualmente determinista perspectiva del estructuralismo” (Giroux, 2004: 154), haciendo una crítica a las versiones del marxismo ortodoxo y revisionista. En el primero, según Giroux, las ideas críticas de autorreflexión y de transformación social están subsumidas bajo el peso de la dominación del capitalismo: “lógica que cree en el poder del capital para controlar todos los aspectos de la conducta humana” (2004: 158), a la que no escapó la Escuela de Frankfurt.
Para él, uno de los debates, que se desarrollaron a partir de paradigmas marxistas alternativos, se centró alrededor de problemas contrapuestos de ideología y cultura, por un lado, el paradigma culturalista representado por Raymond Williams3 y E. P. Thompson4, y por el otro, el paradigma estructuralist que va desde los primeros trabajos de Barth5 y Poulantzas, hasta el trabajo de Louis Althusser.
Para Giroux, el paradigma culturalista se enfoca “en el momento de la propia creación y de la experiencia vivida dentro de condiciones específicas de clase en la vida diaria” (2004: 160- 161). Para él, el principal enfoque del concepto de cultura está basado en el supuesto de que es un conjunto de ideas y prácticas en las que están integradas formas específicas de vida y hace énfasis en la importancia de la participación humana y la experiencia como piedra angular teórica fundamental para el análisis social y de clase.
Propone que el paradigma culturalista ha contribuido en el desarrollo del marxismo crítico en tanto que sus planteamientos centrales han coincidido con el planteamiento de Nietzsche (Giroux, 2004: 175): “el hombre sólo puede llegar a ser hombre […] a través de su poder de transformación de los eventos de la historia”.
Respecto al paradigma estructuralista, para este autor es central el rechazo de la primacía del sujeto, la cultura, la conciencia y la experiencia como determinantes primarios en la conformación de la historia, así como para comprender el funcionamiento de la sociedad y como se produce a sí misma; argumentando que conciencia y experiencia son solo secundarias en el desarrollo de la historia y de las relaciones sociales, las fuentes primarias han de ser encontradas en la materialidad de las prácticas y en la forma en que son presentadas en las estructuras políticas y económicas de la sociedad.
El poder, desde la visión estructuralista, no es atributo de los individuos o grupos teóricamente informados actuando dentro de condiciones prescritas para hacer historia, sino que es una característica de las estructuras que niegan la eficacia de la participación humana, “es la fuerza de las prácticas materiales y las relaciones sociales constitutivas que ellas producen lo que, en este caso, reduce a los seres humanos a ser soportes de papeles estructuralmente determinados” (Giroux, 2004: 167-168).
Desde la visión del paradigma estructuralista, los seres humanos solo son registrados como efectos de las determinantes estructurales que trabajan, con la certeza de los procesos biológicos, visión mecanicista en la que los sujetos actúan como portadores de funciones que señalan las estructuras (por ejemplo las escuelas) que responden a una ideología.
Respecto a la ideología, el autor afirma que el marxismo ha tenido una larga y extensiva tradición en la que la ideología ha desempeñado un papel significativo como concepto para la crítica al capitalismo y a sus instituciones, pero no ha logrado desarrollar un tratamiento sistemático del concepto.
Para Giroux, la tradición marxista no está conformada por un concepto unitario de ideología; en el sentido marxista más tradicional y ortodoxo, la ideología ha sido principalmente enfocada en las relaciones de dominación más que en las relaciones de lucha y resistencia. Propone, además, que la ideología ha sido tratada por un número más pequeño de teóricos marxistas, en el sentido positivista, como un conjunto de creencias y formas de discurso construidos para satisfacer las necesidades e intereses de grupos específicos; pone de ejemplo a Lenin, quien la concibió como una fuerza positiva por el grado en que suministraba a la clase trabajadora las actitudes y habilidades necesarias para la autodeterminación. Por su parte Gouldner, según Giroux, ha realizado uno de los intentos para rescatarla de su estatus peyorativo, al argumentar que todas las ideologías contienen la posibilidad de desarrollar una visión crítica del mundo.
En la tradición marxista, hay una tensión central entre una perspectiva de ideología que la considera como un modo de dominación que abarca todo y otra perspectiva de ideología que la entiende como una fuerza activa en la construcción de la participación humana y de la crítica. De modo similar, hay una tensión entre la noción de ideología como fuerza material e ideología como modo de significado.
Con el propósito de constituir una teoría de la ideología como base para una teoría crítica de la escolarización será necesario, según Giroux, situarla dentro de una perspectiva teórica que asuma seriamente las nociones de participación humana, lucha y critica. Para este teórico, una perspectiva de ideología que debe ser abandonada es la noción “althusseriana” de que la ideología existe en aparatos materiales y que tiene una existencia material.
Un planteamiento importante es afirmar que las ideologías están localizadas en prácticas sociales concretas, pero forzar el significado de ideología, siguiendo a Giroux, para hacerlo sinónimo del mundo material generaliza tanto el concepto que lo deja sin significado como herramienta analítica. Así, la distinción entre ideología y materialidad de la cultura es importante; no puede ser reducida al simple dualismo de ideas contrapuestas a la realidad material:
Por un lado, la ideología puede ser vista como un conjunto de representaciones producidas e inscritas en la conciencia y en la conducta humanas, en el discurso y en las expectativas vividas. Por el otro, la ideología afecta y es concretizada en varios “textos”, prácticas materiales y formas materiales (Giroux, 2004: 183).
De acuerdo al autor, ideología implica producción, consumo, presentación de ideas y comportamientos que pueden distorsionar o aclarar la naturaleza de la realidad, lo que aquí omite decir Giroux es que esas ideas y comportamientos son producto de una base material, de relaciones sociales de producción del sistema social en el que vivimos. La ideología es un proceso activo que comprende la producción, consumo y representación de significados y conductas, y no puede ser reducido a una conciencia, a un sistema de prácticas, a un modo de inteligibilidad o a una forma de mistificación. Su carácter es dialéctico y su fortaleza teórica es el resultado de la forma en que rehúye al reduccionismo.
Cuando Marx relacionó la ideología con los intereses sectoriales de grupos dominantes de la sociedad, señaló una forma de ideología crítica cuya función es, en parte, descubrir las mistificaciones específicas de clase y señalar las luchas concretas que apuntan hacia la derrota de la dominación de clase.
Esta forma de ideología crítica, de acuerdo con Giroux, indica la necesidad de penetrar más allá del discurso y de la conciencia de los actores humanos, hasta las condiciones y bases de sus experiencias cotidianas.
La ideología crítica se centra (…) alrededor de un análisis crítico de las fuerzas subjetivas y objetivas de dominación y al mismo tiempo revela el potencial transformador de los modos alternativos del discurso y de las relaciones sociales basadas en los intereses emancipatorios. (Giroux, 2004: 185).
Como medio y como resultado de la experiencia vivida, nos dice, la ideología funciona no solo para limitar la acción humana sino también para habilitarla. Esto es, la ideología promueve la participación humana y al mismo tiempo ejerce fuerza sobre individuos y grupos. La última transpira a través del peso que asume la ideología en discursos dominantes, formas seleccionadas de conocimiento sociohistórico, relaciones sociales específicas y prácticas materiales concretas.
Para el autor:
la ideología es algo en lo que todos participamos; aún así raramente comprendemos la opresión histórica que produce y limita la naturaleza de esa participación, o las posibilidades para ir más allá de los parámetros existentes de acción que nos da la posibilidad de ser capaces de pensar y actuar en favor de una existencia cuantitativamente mejor (Giroux, 2004: 186).
Tiene que ser concebida como el origen y el efecto de prácticas sociales e institucionales que operan dentro de una sociedad caracterizada principalmente por relaciones de dominación. La ideología crítica, propone Giroux: “invoca la importancia de educar a la gente para que reconozca la estructura de los intereses que limitan la libertad humana, mientras que simultáneamente demandan la abolición de esas prácticas sociales que son su personificación material” (Giroux, 2004: 190).
EUGENIO TRÍAS: IDEOLOGÍA COMO CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD O REPRESENTACIÓN ENGAÑOSA
Este autor nos dice que Marx no definió con rigor el término ideología, lo que conduce al prejuicio de que no elaboró una teoría de las ideologías, tema que ha sido objeto de varios estudios sin que exista unanimidad sobre el mismo.
Para el autor el término ideología se reserva a “toda idea socialmente determinada” (Trías, 1975: 10), pero no hace referencia sobre qué intereses y quién o quiénes están atrás de esa idea socialmente determinada. En Marx, la teoría de las ideologías no debe buscarse en La ideología alemana pues, propone, bastará realizar en ese texto un análisis lingüístico del término “ideología” para evidenciar el despropósito de encontrar en él una teoría.
Para Naess (citado en Trías, 1975: 16), el término “ideología” no es, en el vocabulario de Marx, un concepto científico o teórico, como puede ser el concepto de “modo de producción” o de “fuerza de trabajo”; razón por la cual dicho término no ocuparía en la teoría de Marx una posición central.
Para Trías (influido por Naess), en Marx este término se inscribe en doble paradigma que permite constatar la existencia de dos sentidos diferentes. Por una parte, parece aludir en La ideología alemana (y obras posteriores), a ciertas formas mediante las cuales los hombres toman conciencia de su realidad o experiencia social. Ideas en las que se reflejan, traducen o expresan perspectivas, intereses o percepciones de clase, determinadas por el sistema social o por el lugar que el enunciante ocupa en el sistema, es una “sublimación” de ciertas condiciones sociales (condiciones materiales de vida). “Es la forma mediante la cual los hombres toman conciencia de un conflicto social” (Trías, 1975: 19), paradigma, en el que este autor no aclara a qué formas se refiere y por la que los hombres toman conciencia de su realidad o experiencia social, ni precisa cómo entender el término “sublimación”: sea como enaltecimiento o como mecanismo de defensa. Estas ideas se caracterizan porque mediante ellas los hombres se harían la ilusión de conocer la realidad social, pero se trata de una ilusión. Esas ideas no podrían confundirse con el conocimiento de esa realidad.
El segundo sentido del término ideología se opondría al concepto de conocimiento verdadero, saber efectivo o ciencia pues, según Trías, se inscribe en el mismo paradigma que error, ídolo, representación engañosa o idea confusa.
Ideología, en el primer sentido, hace referencia a ideas conscientes, sin valoración epistemológica; en el segundo, sí se denota una valoración epistemológica, ideología sería sinónimo de error, obstáculo para llegar al conocimiento verdadero, opuesto a la ciencia. Se trata, según este filósofo, de dos problemáticas: una científica y una filosófica, pero ambos paradigmas o sentidos presentan limitaciones para llegar al conocimiento de la realidad.
El argumento de que Marx no propuso una teoría de las ideologías es la falta de una rigurosa definición y empleo del término. Para Trías, en la Contribución a la crítica de la economía política (prólogo), aparece asociado a un enunciado que podría definirlo como: “forma mediante la cual los hombres toman conciencia de sus conflictos sociales” (…) “formas de conciencia de una realidad social” (Trías, 1975: 25-26). En dicho pasaje, Marx no se propone formular una teoría de las ideologías, su propuesta la constituye una teoría general de la sociedad y de la historia a la que llama “Materialismo histórico”, cuyos términos son: base material, superestructura, fuerzas productivas, modos de producción, entre otros.
La investigación que corona la obra de Marx, según Trías, es El Capital, siendo en esta donde “debemos hallar en acto o en ejercicio una investigación sobre ideología (…) aunque no avalada por una teoría precisa” (1975: 29). Además, Marx señala que de coincidir la “esencia” y la “apariencia” sería inútil la ciencia, traduciendo por apariencia esos hechos concretos y por esencia leyes que intentan explicar, definiendo el conocimiento científico como aquel que rebasa a la vez la apariencia y la ideología.
Para Trías es en El Capital donde Marx promueve un modelo o sistema conceptual, mediante el cual se accede a la esencia (o estructura profunda) de un sistema real: el sistema capitalista. El materialismo histórico, concibe la esencia (lo económico) como infraestructura o base material de una forma histórico-social y postula la existencia de una esencia o estructura que ejerce una función dominante sobre el resto del cuerpo social (y cultural); el descubrimiento de tal esencia constituye el presupuesto del conocimiento de ese cuerpo social. De lo anterior se da por hecho que conociendo la infraestructura o base material (lo económico) de una forma histórico social, se conoce de manera automática su cuerpo social (Ideología).
Según el autor, Marx no investiga en El Capital las superestructuras o las ideologías correspondientes y derivadas de la infraestructura económica; Marx se limita a investigar la “infraestructura económica”, sin referirse temáticamente al vasto dominio del edificio que sobre ella se dice que cabalga. Lo cual, según Trías, se concreta del modo siguiente:
| Esencia: | Estructuraeconómica |
| Apariencia: | Superestructura de esa estruc- tura (económica) Ideologías de esa estructura (económica) |
Siendo esa superestructura el conjunto de formas visibles (instituciones, leyes) del sistema económico y la ideología el conjunto de discursos “conscientes” de ese sistema. Para Trías, la estructura profunda permite comprender la superficial, además de distinguir lo que parece ser y lo que de hecho es. En último término, permite comprender el tipo de explicación que inicialmente se da de ella: una explicación apegada a lo visible, a la apariencia.
De este modo, el fenómeno ideológico constituye un discurso en el que no se rebasa el nivel superficial: la forma en que aparecen las frases de un discurso, la forma en que aparecen las relaciones sociales, las instituciones del parentesco. La ideología tiende a quedarse a ras de piel. El porqué del acto fallido de la ideología –el porqué de la falsedad de la toma de conciencia- sostiene Trías, se halla en ese desajuste entre la apariencia del objeto y su realidad profunda. Ésta pasa desapercibida a la conciencia y a la observación, pues su referente es la apariencia.
Así, la ideología será: “un discurso que se enuncia desde una ‘cámara oscura’. Es un discurso en el que la ‘imagen’ de la realidad aparece ‘invertida’. Constituye unas gafas que impiden ver la realidad” (Trías, 1975: 118). En este sentido, la demarcación entre ciencia e ideología podría expresarse así:
Discurso científico: visión adecuada de la presencia de lo real.
Discurso ideológico: visión ofuscada de lo real mediante recursos místico-especulativos.
Para Marx, propone el filósofo español, la ideología es antes que nada error, representación engañosa; la ideología es así mismo forma de conciencia. La genialidad de Marx consiste en cruzar ambas definiciones, mostrar que la ideología es a la vez conciencia y error, forma de conciencia y representación desviada. Es decir, la conciencia implica el error: considerar aquella como verdadera fuente de éste. La fórmula “falsa conciencia” sugiere, en cambio, que existe una “verdadera conciencia”. O dicho de otro modo: que hay una cierta conciencia que accede a la verdad.
La equivocidad de la fórmula “falsa conciencia” radica en el hecho de que en Marx, según Trías, conciencia es sinónimo de falsedad, o mejor: es por su propia naturaleza fuente de error y de desvío. Marx dice claramente que la conciencia es obstáculo. La fórmula “falsa conciencia” es redundante pues conciencia implica necesariamente falsedad u origen de falsedad. En los primeros capítulos de este libro, Trías expone la teoría de ideologías hecha por Marx, a la que Naess califica como “teoría fallida” con el argumento de que el término “ideología” no fue definido de manera rigurosa y por la ambigüedad y uso corriente de los términos utilizados.
Pero la gran falla de Trías es que en el análisis del sistema capitalista hace a un lado o pone entre paréntesis la comparación y el contraste de hechos, además lleva todo análisis al nivel más abstracto: la forma de mercancía, valor de uso, valor de cambio, trabajo concreto, trabajo abstracto, plusvalía, ejercicio que culmina en
la postulación de un concepto, que no puede contrastarse empíricamente, “la investigación y su proceso se opera en el seno del pensamiento y el resultado del mismo es un ‘concreto de pensamiento’” (Trías, 1975: 32).
ANTONIO GRAMSCI: IDEOLOGÍA COMO CONCEPCIÓN DEL MUNDO
Gramsci escribió la mayoría de lo que hemos recibido como la parte central de sus escritos, en las circunstancias de extraordinaria coerción de la prisión fascista italiana; la obra Introducción a la filosofía de la praxis, en la que trata directamente el concepto de Ideología, no es la excepción. Para este filósofo, este término se refiere a “la concepción del mundo que se manifiesta implícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas las manifestaciones de la vida individuales y colectivas” (Gramsci, 1970: 10).
Su significado originario, era el de “ciencia de las ideas” y con base al método aplicado de esta ciencia era el análisis, su significado exacto era “análisis de las ideas”, es decir “investigación del origen las ideas”:
Las ideas tenían que descomponerse en sus “elementos originarios” y éstos no podían ser otros que las sensaciones: ideas que se derivan de las sensaciones. Pero el sensismo podía asociarse, sin grandes dificultades con la fe religiosa, con las creencias más extremas en la “potencia del Espíritu” y en sus “destinos inmortales (Gramsci, 1970: 40).
Desde su perspectiva, históricamente el concepto Ideología ha pasado de significar “ciencia de las ideas”, “análisis del origen de las ideas” a significar a un determinado “sistema de ideas”.
El significado que el término ha tomado en la filosofía de la praxis, según Gramsci, contiene implícitamente un juicio de desvalorización y excluye que para sus fundadores el origen de las ideas tuviese que buscarse en las sensaciones. Gramsci se refiere al “juicio de valor negativo” que se ha adherido (erróneamente) al significado de “Ideología” en la filosofía marxista, sin embargo, la posición de Gramsci con respecto al concepto debe ser identificada como positiva más que crítica.
Propone que uno de los elementos de error en la consideración del valor de las ideologías se debe al hecho de que tanto se da el nombre de Ideología a la superestructura necesaria de una determinada estructura como a las elucubraciones arbitrarias de determinados individuos.
El sentido peyorativo de la palabra se ha extendido y ésta ha modificado y desnaturalizado el análisis teórico del concepto ideología. Puede reconstruirse fácilmente el proceso de este error: a) se identifica la ideología como algo distinto a las estructuras y se afirma que no son las ideologías las que modifican las estructuras sino al contrario; b) se afirma que una determinada solución política es “ideológica” y que, por consiguiente, aunque cree poder modificar la estructura es insuficiente para modificarla; se afirma que es inútil, estúpida, etc.; c) se pasa a afirmar que toda ideología es “pura apariencia, inútil, estúpida, etc. (Gramsci, 1970: 41).
Se debe distinguir, de acuerdo al autor, entre ideologías históricamente orgánicas, es decir necesarias a una cierta estructura, e ideologías arbitrarias, racionalistas, “voluntarias”. En la medida en que son históricamente necesarias, tienen una validez “psicológica”, “organizan” las masas humanas, forman el terreno en que los que se mueven, adquieren conciencia de su posición, luchas, etc. En la medida en que son “arbitrarias” solo crean movimientos individuales, polémicas, etc. (pero ni siquiera éstas son completamente inútiles, porque son como el error que se contrapone a la verdad y la afirma).
CONCLUSIONES
Por lo anterior, se puede concluir que el concepto de “Ideología” es abordado teóricamente desde diversas perspectivas: Villoro la relaciona con creencias insuficientemente justificadas, que encubren la realidad al interpretarla con conceptos que la tergiversan y la distorsionan; son enunciados que presentan los productos de trabajo como cosas o cualidades de cosas independientes de ese trabajo y explican el proceso de producción por tales productos cosificados, la percibe como una forma de ocultamiento en el que los intereses y preferencias propias de un grupo social se disfrazan, al hacerse pasar por intereses y valores universales, y se vuelven así aceptados por todos, la identifica, de acuerdo con Marx, como una conciencia invertida, una conciencia falsa cuya función social es la de ser un instrumento de dominio.
Para Giroux, la Ideología implica producción, consumo, presentación de ideas y comportamientos, que pueden distorsionar o aclarar la naturaleza de la realidad, es un proceso activo que no puede ser reducido a una conciencia, a un sistema de prácticas, a un modo de inteligibilidad o a una forma de mistificación. Como medio y como resultado de la experiencia vivida, funciona no solo para limitar la acción humana sino también para habilitarla. La ideología promueve la participación humana y al mismo tiempo ejerce fuerza sobre individuos y grupos.
Por otra parte, para Eugenio Trías la Ideología se reserva a toda idea socialmente determinada; el fenómeno ideológico constituye un discurso en el que no se rebasa el nivel superficial, tiende a quedarse a ras de piel. El porqué del acto fallido de la ideología se halla en ese desajuste entre la apariencia del objeto y su realidad profunda; desde la perspectiva de este autor, será un discurso en el que la imagen de la realidad aparece invertida.
Finalmente, para Antonio Gramsci, Ideología se refiere a la concepción del mundo que se manifiesta implícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas las manifestaciones de la vida individual y colectiva; para él, se debe distinguir entre ideologías orgánicas, necesarias a una estructura e ideologías arbitrarias que se contraponen a la verdad.
La Ideología, entendida como el ocultamiento y tergiversación de la realidad, como falsa conciencia e instrumento de dominio y como como categoría científica de investigación, aporta los elementos teóricos para identificar los intereses que están por debajo de la misma.
REFERENCIAS
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Notas