Las 74 zonas metropolitanas de México: hacia una clasificación político-electoral
Las 74 zonas metropolitanas de México: hacia una clasificación político-electoral
Espacios Públicos, vol. 22, núm. 55, pp. 103-123, 2019
Universidad Autónoma del Estado de México

Recepción: 24 Enero 2019
Aprobación: 15 Enero 2020
Resumen: El propósito de este artículo es aportar algunos elementos para una clasificación de las zonas metropolitanas de México. Su novedad radica, primero, en que examina las 74 zonas reconocidas oficialmente en el país a partir de enero de 2018 –hasta entonces se consideraban 59--, y, segundo, en que ofrece una descripción general y un par de índices a partir de los cuales se plantean dos tipologías que constituyen una propuesta para la clasificación y selección de casos para trabajos futuros. La investigación se inserta en dos líneas poco exploradas todavía en lo que respecta a las zonas metropolitanas: la cuestión electoral y el ejercicio del poder. PALABRAS CLAVE: Área metropolitana, México, Municipios preponderantes, Relevancia electoral
Abstract:
The purpose of this paper is to provide some elements for a classification of the metropolitan areas of Mexico. Its novelty lies, first, in that it examines the 74 zones officially recognized in the country as of January 2018 --until then they were considered 59--, and, second, in that it offers a general description and a couple of indexes from which they derive two typologies that constitute a proposal for the classification and selection of cases for future investigations. The research is inserted in two lines scarcely explored yet in regard to metropolitan areas: the electoral issue and the power exercise.
Keywords: Electoral relevance, Metropolitan area, Mexico, Preponderant municipalities.
INTRODUCCIÓN
El presente artículo se inserta en el reciente auge de estudios sobre el ámbito local en América Latina (Suárez-Cao et al., 2017), aunque aporta una novedad: agrega la zona metropolitana como unidad de análisis, como complemento a los territorios tradicionalmente considerados bajo la categoría de subnacional (provincias, estados, departamentos, regiones, municipios). Tiene como objetivo hacer un par de propuestas para clasificar las zonas metropolitanas actualmente reconocidas en México que puedan ser de alguna utilidad para trabajos posteriores.
La aspiración del trabajo es comenzar a estudiar las zonas metropolitanas en su conjunto, sin embargo, su número asciende ya a 74 y es evidente que cada una de ellas presenta su propia lógica política, electoral y de gobierno. Lo que se aporta aquí son dos maneras de clasificarlas, es decir, se identifican características en común a partir de las cuales se plantean conjuntos. Es innegable la relevancia de las zonas, pero es pertinente proponerse establecer detalles que nos permitan sí distinguirlas, pero también generar ciertas pautas para compararlas de manera correcta.
A través de las clasificaciones “se reagrupan los casos que se examinan de acuerdo con el valor de las variables en clases o tipos” (Anduiza et al., 2009: 121). Para Sartori clasificar es “un tratamiento lógico 1) establecido por un criterio, que permite 2) distribuir los datos en clases mutuamente excluyentes, que son a su vez 3) exhaustivos (todos los datos deben ser clasificables) [cursivas del autor]” (Sartori, 2000: 74). De manera que las clasificaciones permiten la “simplificación cognitiva” y reducen la complejidad del mundo político (Landman, 2011); facilitan la distribución y procesamiento de información en “contenedores de datos” (Sartori, 1970: 1039).
Se considera particularmente de utilidad la generación de tipologías para el estudio de las zonas metropolitanas en tanto que en su carácter estructural tratan “de dar cuenta y establecer las pautas y los esquemas básicos de un fenómeno complejo de la realidad social definiendo un conjunto interrelacionado de conceptos tipo que permiten medirlo” (López Roldán, 1996: 26), además de que uno de sus principales rasgos metodológicos “es el de ocupar un lugar intermedio entre la teoría y la realidad empírica” (López Roldán, 1996: 17).
En ese sentido, las tipologías convierten “los casos en categorías discretas que son mutuamente exclusivas y exhaustivas sobre la base de un principio o principios de categorización uniforme” (Gerring, 2014: 163). Lo que significa que para que las clasificaciones sean correctas debe cuidarse que se basen en conjuntos de categorías mutuamente excluyentes, esto es, que un caso no puede pertenecer al mismo tiempo a dos categorías, y colectivamente exhaustivas, de modo que todos los casos considerados deben ubicarse en alguna de las categorías propuestas (Anduiza et al., 2009).
Para poder generar las clasificaciones hay que estructurar los datos en unidades, variables y observaciones. Las unidades de análisis son los objetos cuyas propiedades interesa estudiar, las variables son propiedades de las unidades de análisis que varían de una unidad a otra y las observaciones son los valores concretos que cada variable toma en cada una de las unidades (Anduiza et al., 2009). En este caso, las unidades de análisis son las 74 zonas metropolitanas reconocidas oficialmente en el país y algunas de las variables utilizadas son la población, la lista nominal y el número de municipios que las conforman.
Lo anterior no constituye más que los elementos básicos del proceso de operacionalización, que consiste en la transformación de conceptos y proposiciones teóricas en variables, un proceso en el que por un lado se encuentran los conceptos teóricos y por el otro los referentes empíricos directos o indicadores (Batthyány y Cabrera, 2011). La operacionalización permite expresar los conceptos en términos de índices empíricos y comprende cuatro fases: representación literaria del concepto, especificación del concepto, elección de los indicadores y formación de los índices (Lazarsfeld, 1985).
Como advierte Manheim (1988), no es posible comparar verdaderamente los conceptos, más bien lo que se logra comparar son “indicadores de conceptos”. De manera que existe el riesgo de que los indicadores seleccionados no reflejen el concepto que se intenta medir. Pero cabe tomar el riesgo en tanto que, al final, el proceso de investigación de lo que trata es de comparar las observaciones reales con las expectativas que se tienen sobre la realidad a partir de las teorías (Manheim, 1988).
En el presente artículo se proponen dos índices, uno que busca referentes empíricos en el ámbito electoral (Índice de Relevancia del Voto Metropolitano) y que constituye una propuesta original, y uno más que intenta determinar la influencia política de los municipios metropolitanos en la zona que integran (Número de Municipios Preponderantes en una Zona Metropolitana), el cual resulta de una adaptación a una fórmula propuesta originalmente por Laakso y Taagepera (1979) para medir el número efectivo de partidos.
Para la construcción de los índices se toman indicadores tales como población, lista nominal y número de municipios. Se parte de que el indicador de una variable “es otra variable que traduce la primera al plano empírico” y se enfrenta un problema metodológico fundamental a resolver: normalmente existen muchos posibles indicadores para una variable y resulta difícil encontrar los apropiados para describir la variable de interés (Batthyány y Cabrera, 2011: 57). Bajo esta lógica, un problema adicional es que los indicadores brindan información parcial o fragmentada respecto de una variable. Aparece entonces la importancia de la construcción de índices: “indicadores complejos que resumen un conjunto de indicadores” (Batthyány y Cabrera, 2011: 58).
Los alcances de este trabajo son descriptivos, esto es, pretende generar argumentos empíricos sobre el mundo y responder preguntas del tipo cómo, cuándo, a quién o de qué modo (Gerring, 2014: 127); busca hacer aportaciones que permitan dar orden a la complejidad que involucra a las zonas metropolitanas.
Lo que se presenta aquí revaloriza la descripción como una tarea distintiva y esencial de la ciencia social (Gerring, 2014), es una descripción analítica que trata de sentar las bases para futuros trabajos: “para hacer estudios científicos suele ser indispensable describir con cuidado ciertos fenómenos”, y el paso adicional tendrá que ser “utilizar los datos inmediatos para hacer inferencias que conduzcan a algo más amplio que no se observa directamente”, ya sea inferencias descriptivas o causales (King et al., 2000: 18).
A continuación, en un primer apartado se da cuenta de algunos vacíos que existen en la literatura sobre zonas metropolitanas. Posteriormente, se exponen algunas de las características generales de las 74 zonas reconocidas oficialmente en México a partir de enero de 2018, entre ellas su tamaño poblacional y ubicación regional. En un tercer apartado se analiza la relevancia de las zonas desde un punto de vista electoral y se propone una primera tipología. Finalmente, se ofrece una clasificación a partir del peso político que tienen los municipios en la zona metropolitana que integran.
VACÍOS EN LA LITERATURA SOBRE ZONAS METROPOLITANAS
En medio del creciente interés que ha despertado el estudio de las zonas metropolitanas, que ha generado una producción importante de textos a partir del trabajo seminal de Luis Unikel (1976) sobre el desarrollo urbano en México, pueden identificarse todavía algunas vetas de estudio en las que cabe profundizar. Una de ellas es la cuestión electoral y otra el ejercicio de gobierno. Sobre el primero hay que decir que se trata de un tema sobre el que la literatura es abundante, pero enfocada en las delimitaciones tradicionales (país, estado, distrito, municipio). En cuanto al ejercicio de gobierno falta profundizar en el sentido que advierte Reveles en el ámbito local (2018: 11): “no hay un análisis propiamente de los elementos que constituyen el ejercicio del poder, ni un estudio de un programa de largo plazo que permita valorar la trascendencia de la toma de decisiones en las condiciones de vida de los habitantes”.
En una revisión profunda a la literatura, Cárdenas (2014) encuentra que se han estudiado las zonas metropolitanas desde seis dimensiones: urbano-territorial, demográfica, social, económica, ambiental y político-institucional.
Como se puede apreciar, la cuestión electoral no aparece como una dimensión. El trabajo de Graizbord (1993) constituye uno de los primeros esfuerzos por analizar el comportamiento de electores metropolitanos, en tanto que Aranda (2004) estudia la competencia electoral en 236 municipios que conforman ciudades medias y zonas metropolitanas del país, bajo el sugerente título de poliarquías urbanas, y Moreno (2016) se enfoca en la conformación política de la Megalópolis de la Región Centro, que implica la interrelación de las zonas metropolitanas asentadas en siete entidades: Ciudad de México, Hidalgo, estado de México, Morelos, Puebla, Querétaro y Tlaxcala. Dichos textos pueden considerarse como antecedentes de esta investigación.
Por lo que respecta al ejercicio de gobierno, existe ya una importante veta que puede incluirse en la referida dimensión político-institucional, donde se ha analizado la gobernabilidad, coordinación y gestión metropolitana,1 aunque falta todavía conocer con mayor detalle cómo se ejerce el poder en las zonas metropolitanas analizadas como unidades territoriales. Se plantean discusiones importantes en textos como el de Ugalde (2007), sobre el gobierno en las zonas, y Boudreau (2017), sobre cómo la urbanización modifica la arquitectura institucional del poder político.
Cabe citar también a Borja (1993), quien ha advertido sobre un tipo de déficit democrático: existe cuando “el gobierno de la ciudad central es elegido única y exclusivamente por los habitantes de su término municipal, cuando es evidente que la ciudad central es utilizada diariamente por miles de ciudadanos de su área metropolitana y además las decisiones que adopta el gobierno de ésta afectan de forma notoria a sus ciudades vecinas” (Borja, 1993: 149).
Tal y como observan Kunz y González (2019), se ha privilegiado el estudio de la planeación urbana, y la revisión de la problemática de la gobernación metropolitana es reciente, en tanto que se ha otorgado poca atención a la cuestión del poder. Los citados autores identifican cuatro grupos de abordajes en los estudios sobre lo metropolitano: medición y caracterización del fenómeno, evaluaciones de experiencias de coordinación, la problemática de la falta de coordinación y nuevas formas de coordinación metropolitana.
Como argumenta Pírez (2014), el esfuerzo destinado a conocer las condiciones políticas de los territorios metropolitanos ha sido limitado: “es probable que una de las razones de ello sea la pobre conceptualización de lo metropolitano como unidad de relaciones políticas que permite superar el encierro del análisis dentro de las escalas territoriales del Estado (nacional, provincial o intermedio y municipal o local)” (Pírez, 2014: 541).
Una distinción analítica básica que puede hacerse es entre estudios “técnicos” y “políticos”; es en esta última categoría en donde se inserta el presente artículo. Como advierte Arellano (2018), hay análisis que llegan a “concluir que el origen de los problemas en las metrópolis mexicanas es de planeación y ordenamiento, es decir, técnico”, en contraparte, se encuentran los que asumen que “el problema no es técnico sino político e institucional; derivado del diseño y el sistema de organización política” (Arellano, 2018: 35-36).
Sobre el aspecto político cabe agregar que mucho del éxito o buen desarrollo que puedan tener las zonas metropolitanas tiene su raíz en el ámbito político, dada la responsabilidad que recae en las autoridades de las ciudades (Ramírez y Parra-Peña, 2013).
Finalmente, hay que decir que se han venido privilegiando los estudios ideográficos y las comparaciones de pocos casos. Además, hay que considerar que resta mucho por conocer sobre la totalidad de las zonas metropolitanas del país, como unidades de análisis, dando cuenta de su particular lógica política, electoral y de gobierno.
CARACTERÍSTICAS DE LAS ZONAS METROPOLITANAS
En México existe un grupo interinstitucional que se encarga de delimitar las zonas metropolitanas en México, el cual está integrado por funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), el Consejo Nacional de Población (Conapo) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Dicho grupo define las zonas metropolitanas como el “conjunto de dos o más municipios donde se localiza una ciudad de 100 mil o más habitantes, cuya área urbana, funciones y actividades rebasan los límites del municipio, incorporando dentro de su área de influencia directa a municipios vecinos, predominantemente urbanos, con los que mantiene un alto grado de integración socioeconómica” (Sedatu et al., 2018: 35).
En la definición también se toman en cuenta otros criterios aplicables a los municipios para incluirlos dentro de una zona metropolitana: 1) municipios con una ciudad de más de 500 mil habitantes; 2) que se encuentren ubicados en la franja fronteriza norte, sur y en la zona costera y cuenten con ciudades de 200 mil o más habitantes, y 3) aquellos donde se asienten capitales si es que no forman parte ya de una zona metropolitana (Sedatu et al., 2018: 35).
Se establece la existencia de tres tipos de municipios metropolitanos: los centrales, donde se ubica la ciudad que da origen a la zona metropolitana (en caso de existir dos o más conurbaciones de 100 mil habitantes o más se considera como ciudad central a la de mayor población); los exteriores definidos con base en criterios estadísticos y geográficos, es decir, municipios contiguos a los centrales cuyas localidades no están conurbadas a la ciudad central, pero poseen un carácter predominantemente urbano y mantienen un alto grado de integración funcional con los municipios centrales de la zona (Sedatu et al., 2018: 35-36).
Finalmente, se denominan municipios exteriores definidos con base en criterios de planeación y política urbana a aquellos que son reconocidos como parte de una zona metropolitana por los gobiernos federal, estatales y municipales mediante instrumentos que regulan su desarrollo urbano y la ordenación de su territorio; se trata aquí de la facultad de concurrencia establecida en el artículo 38, fracción VII, de la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano (Sedatu et al., 2018: 38-39).
Entre los dos últimos ejercicios de delimitación hubo un aumento de 15 zonas metropolitanas reconocidas oficialmente, situación que contrasta con la poca variación que en su número se había presentado entre los años 2000 y 2010. El incremento se debe en parte a ajustes en los criterios establecidos por el grupo interinstitucional, que en buena medida consideró los fijados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE): el tamaño de la ciudad central se incrementó de 50 mil a 100 mil, en tanto que el criterio para municipios con ciudades de un millón o más habitantes se redujo a 500 mil; asimismo, se consideró a todas las capitales estatales como zonas metropolitanas y se amplió la categoría de ciudades “transfronterizas” a ciudades que se localizan en “franjas fronterizas” (es decir, sin que necesariamente estén emplazadas al lado de la línea fronteriza ni con procesos de conurbación con ciudades de países vecinos) o en las costas, además de que la consideración de su tamaño de población pasó de 250 mil a sólo 200 mil habitantes (Sedatu et al., 2018).
HISTÓRICO DE ZONAS Y POBLACIÓN METROPOLITANA EN MÉXICO

Fuente: elaboración propia con base en Sedatu et al. (2018).
De manera que actualmente el 62.82% de los mexicanos vive en alguna zona metropolitana, cuyo tamaño poblacional varía de acuerdo con lo siguiente:
NÚMERO DE ZONAS METROPOLITANAS POR TAMAÑO POBLACIONAL

Fuente: Sedatu et al. (2018: 18).
Hay cuatro tipos de zonas metropolitanas identificadas por el grupo interinstitucional: 1) conurbaciones intermunicipales (47 ciudades), 2) ciudades de 100 mil o más habitantes (nueve casos),
3) ciudades con más de 500 mil habitantes ubicadas en un mismo municipio y capitales estatales (seis y cinco casos, respectivamente), y 4) metrópolis en franja fronteriza (cinco ciudades) o en la costa (Ensenada y Mazatlán) (Sedatu et al., 2018: 43-44
CARACTERÍSTICAS DE LAS 74 ZONAS METROPOLITANAS RECONOCIDAS EN MÉXICO



Fuente: elaboración propia con base en Sedatu et al. (2018).
Debe notarse particularmente la existencia de siete zonas interestatales: La Laguna (Coahuila y Durango), Valle de México (Ciudad de México, estado de México e Hidalgo), Puerto Vallarta (Jalisco y Nayarit), La Piedad-Pénjamo (Guanajuato y Michoacán), Puebla-Tlaxcala, Querétaro (Guanajuato y Querétaro) y Tampico (Tamaulipas y Veracruz).
UBICACIÓN REGIONAL DE LAS ZONAS METROPOLITANAS
Por lo que respecta a la ubicación de las 74 zonas, se plantea dividir el territorio nacional en cuatro regiones: norte, occidente, centro y sur, siguiendo la propuesta de Aguilar (2017),2 que resulta útil para los propósitos de esta investigación en tanto que incluye en una categoría las siete entidades que conforman lo que se conoce como la Megalópolis Región Centro (Moreno, 2016).
Como se puede apreciar en el siguiente cuadro, prácticamente la mitad de los municipios metropolitanos se localiza en la región centro, en tanto que en el sur del país se ubica uno de cada cuatro. El menor número de municipios que integran alguna zona metropolitana se encuentra en la parte norte y occidente. También puede observarse que el incremento de 59 a 74 zonas (de 367 a 417 municipios) significó particularmente el reconocimiento de un buen número de municipios con condiciones metropolitanas en la región norte, disminuyendo en algunos puntos la proporción dominante que todavía mantiene el centro del país.
MUNICIPIOS METROPOLITANOS POR REGIÓN GEOGRÁfICA DEL PAÍS

Fuente: elaboración propia con base en Sedesol et al. (2012) y Sedatu et al. (2018).
RELEVANCIA POLÍTICO-ELECTORAL
Como una consecuencia de que constituyan centros con altos niveles de población, las zonas metropolitanas tienen gran relevancia en el ámbito electoral: idealmente, seis de cada 10 votos a nivel nacional se emiten ahí; lo que es más, las zonas de la región centro tienen influencia en uno de cada cuatro votos a nivel federal. De las cuatro regiones, es la sur la que menos peso tiene considerando la agrupación de sus municipios metropolitanos.

PESO ELECTORAL DE LAS ZONAS METROPOLITANAS
Fuente: elaboración propia con base en INE (2018).
La característica distintiva de las zonas metropolitanas mexicanas es su heterogeneidad, y en ese sentido el peso que tiene “lo metropolitano” en cada entidad federativa es diverso. Aquí se plantea un índice original, de autoría propia, con el propósito de contar con una primera medición que permita establecer el nivel de relevancia que tienen las zonas metropolitanas en un estado considerando el número de municipios alcaldías para el caso de la Ciudad de México que las conforman y su listado nominal.
El Índice de Relevancia del Voto Metropolitano para las entidades federativas (IRVM) se calcula a partir de la siguiente fórmula:

Donde Inv%MZM corresponde al porcentaje de municipios de la entidad que no son parte de una zona metropolitana e Inv%LNZM al porcentaje de ciudadanos inscritos en la lista nominal de
la entidad que viven en municipios que no conforman alguna zona metropolitana.
CÁLCULO DEL ÍNDICE DE RELEVANCIA DEL VOTO METROPOLITANO


Fuente: elaboración propia con datos de Sedatu et al. (2018) e INE (2018).
Lo que se obtiene es que Baja California y la Ciudad de México son las entidades donde todos los municipios o alcaldías, para el segundo caso, son parte de alguna zona metropolitana, por lo que la relevancia de estas zonas es absoluta en términos electorales. Contrastan frente a lo anterior los casos de Oaxaca, Chiapas, Zacatecas, Michoacán, Guerrero y Campeche, en donde puede suponerse que para lograr el control político del Estado resulta aún más relevante el desempeño electoral que se tenga en municipios no metropolitanos.
ÍNDICE DE RELEVANCIA DEL VOTO METROPOLITANO (IRVM)
PARA LAS ENTIDADES fEDERATIVAS

Fuente: elaboración propia con datos de Sedatu et al. (2018) e INE (2018).
A partir de los datos considerados para el índice anterior, se puede establecer una clasificación de las entidades federativas del país de acuerdo con la relevancia que para cada una de ellas representan las zonas metropolitanas desde el aspecto político-electoral:
Relevancia alta-homogénea: las zonas metropolitanas son de suma importancia, tanto porque integran a la gran mayoría o incluso la totalidad-- de los municipios como porque la lista nominal metropolitana representa más del 70% del total de la entidad. Seis casos: Baja California, Ciudad de México, Colima, estado de México, Morelos y Tlaxcala.
Relevancia alta-concentrada: las zonas metropolitanas son importantes en tanto que representan más del 50% de la lista nominal estatal, aunque dicha lista se concentra en un número reducido de municipios respecto del total de la entidad. 14 casos: Aguascalientes, Chihuahua, Coahuila, Durango, Guanajuato, Jalisco, Nayarit, Nuevo León, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán.
Relevancia baja-limitada: en estas entidades las zonas metropolitanas todavía no reúnen ni a la mayoría de los municipios ni a la mayoría de las personas inscritas en la lista nominal. 12 casos: Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Oaxaca, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco y Zacatecas.
Relevancia baja-fragmentada: Se trataría de entidades con bajo listado nominal metropolitano distribuido en el 40% o más de sus municipios. No se tiene registrado un caso hasta el momento.
CLASIfICACIÓN DE ENTIDADES POR NIVEL DE RELEVANCIA POLÍTICO-ELECTORAL

Como se puede apreciar en la gráfica, las entidades federativas están contenidas en tres cuadrantes, de modo que tenemos tres conjuntos. La distinción es de utilidad porque considera por un lado el porcentaje de municipios que pertenecen a una zona metropolitana en cada entidad y por otro el porcentaje de lista nominal de toda la entidad que habita en alguna zona metropolitana. La clasificación permite identificar 12 entidades (relevancia baja-limitada) en las que sus mayores centros de población aún no son tan influyentes en todo el estado, por lo menos en lo que a la cuestión electoral se refiere.
Lo contrario ocurre en seis entidades (relevancia alta-homogénea), donde el estudio de las zonas metropolitanas debe ser diferente en tanto que su influencia es considerable si se habla del estado o de la Ciudad de México en su conjunto. En una situación intermedia se encuentran 14 entidades, en donde la relevancia electoral está concentrada en algunos territorios metropolitanos. Si bien las zonas metropolitanas son de gran relevancia, como se sabe, es necesario seguir avanzando en identificar aquellos detalles que nos permitan distinguirlas y hacer comparaciones de ellas de manera correcta.
PESO POLÍTICO DE LOS MUNICIPIOS EN LAS ZONAS METROPOLITANAS
Una vez vistas las diferencias que existen entre entidades federativas, falta por analizar una diversidad aún mayor: la que presentan las 74 zonas metropolitanas reconocidas en el país. Para tales efectos se propone una tipología para clasificarlas, construida a partir de una adaptación a la fórmula originalmente planteada por Laakso y Taagepera (1979) para medir el número efectivo de partidos. Con base en ella se obtiene un índice sobre el nivel de fragmentación de las zonas metropolitanas considerando el tamaño de su población, partiendo del supuesto de que, a mayor número de habitantes, mayores recursos e influencia política tendrá un municipio.
Con lo anterior se puede tener un índice que permite la comparación y que brinda una idea del número de municipios que pueden considerarse preponderantes en una zona metropolitana. Lo que se hace es elevar al cuadrado el tamaño relativo de cada uno de los municipios que conforman determinada zona, con lo que se logra reflejar en el resultado el mayor peso de los municipios con más influencia. La fórmula para calcular el Número de Municipios Preponderantes en una Zona Metropolitana (NMPZM) queda como sigue:

Donde p es el tamaño poblacional de los municipios que conforman la zona. La aplicación de la fórmula arroja una media de 2.58, así como valores mínimos de uno (para zonas de un solo municipio) y un máximo de 28.34 para el caso de la interestatal del Valle de México. A partir de lo anterior se identifican cinco tipos de zonas metropolitanas:
Unicentral: cuenta únicamente con un municipio relevante. Dependiendo del número de municipios totales que la conforman puede subclasificarse como única, dual o múltiple.
Bicentral: con dos municipios relevantes, puede ser homogénea o múltiple, dependiendo de si el número de municipios que la conforman supera o no el resultado de multiplicar el NMPZM por dos.
Multicentral: se trata de zonas que presentan tres o cuatro municipios preponderantes, pueden subclasificarse en homogéneas o dispersas, también dependiendo de si el número de municipios que las integran supera o no el resultado de multiplicar el NMPZM por dos. Fragmentada: se caracterizan por tener cinco o hasta 10 municipios con altos niveles de influencia.
Atomizada: es el caso de zonas metropolitanas muy complejas tanto por el número de municipios que las constituyen como por el peso político con que cuentan diversos municipios y sus autoridades.
TIPOLOGÍA DE ZONAS METROPOLITANAS A PARTIR DEL NÚMERO DE MUNICIPIOS PREPONDERANTES

CLASIfICACIÓN DE LAS 74 ZONAS METROPOLITANAS CON BASE EN EL NÚMERO DE MUNICIPIOS PREPONDERANTES



Fuente: elaboración propia con base en Sedatu et al. (2018).
A continuación se clasifica cada una de las 74 zonas metropolitanas de México con base en lo anterior: La diversidad de las zonas metropolitanas y la propuesta de agrupación que se realiza con base en el índice de preponderancia municipal puede observarse en la siguiente gráfica:

NÚMERO DE MUNICIPIOS PREPONDERANTES POR ZONA METROPOLITANA
La propuesta de clasificación permite tener una idea de la fragmentación política de las zonas metropolitanas y con ello también una idea de la dimensión política de cada una de ellas. Como puede observarse en la gráfica, la mayoría de las zonas del país son unicentrales (46 casos), lo que muestra la fuerte influencia de un solo municipio, sin importar si la zona se conforma por uno o hasta 11 municipios, como en el caso de Mérida.
El caso contrario es una zona metropolitana como la del Valle de México, calificada aquí como atomizada, en la que pueden identificarse, de acuerdo con el índice propuesto, 28 municipios preponderantes, esto es, un elevado número de actores disputándose la toma de decisiones y los recursos asignados con una perspectiva metropolitana.
Con la propuesta se tienen entonces cinco conjuntos cuyas zonas metropolitanas integrantes pueden considerarse comparables y podría constituir la justificación para seleccionar casos para trabajos posteriores: 46 zonas unicentrales, 13 bicentrales, nueve multicentrales, cinco fragmentadas y una atomizada.
CONCLUSIONES
Existe una cada vez más amplia literatura sobre zonas metropolitanas en el país. Sin embargo, existen dos rutas en las que resta profundizar un poco más: el aspecto electoral y el ejercicio del poder. Lo anterior resulta relevante no sólo para la comprensión de estas zonas en sí mismas, sino también porque su examen puede consolidar el conocimiento que han venido generando los estudios que se han propuesto romper con el sesgo nacional y han empezado a desarrollar análisis sobre el ámbito subnacional.
Para ir subsanando los vacíos advertidos es importante contar con descripciones, indicadores, índices y clasificaciones que permitan dar cierto orden y contribuyan a la simplificación de un fenómeno tan complejo como el de las zonas metropolitanas. Se trata de insumos necesarios para superar una etapa del estudio de los territorios metropolitanos en la que se han privilegiado los trabajos ideográficos y las comparaciones de pocos casos.
La complejidad de las zonas metropolitanas es innegable, como lo es también la necesidad de estudiarlas en su conjunto. De ahí la importancia de plantear formas de clasificación, como se hace aquí, que permitan la simplificación cognitiva, que reduzcan la complejidad de lo político y que faciliten el procesamiento de información.
En el presente documento se presentaron dos índices que agrupan en varios conjuntos a la totalidad de las zonas metropolitanas de acuerdo con características en común. El Índice de Relevancia del Voto Metropolitano permite estimar la diferencia en el peso electoral que pueden poseer las zonas metropolitanas; uno de los principales hallazgos es que aún restan entidades federativas en las que su control político-electoral no requiere necesariamente predominio en sus zonas urbanas más importantes, destacadamente los casos de Oaxaca, Chiapas, Zacatecas y Michoacán. Un hallazgo más es que las zonas metropolitanas pueden ser relevantes en lo electoral, pero esa relevancia puede concentrarse en algunos o diversos territorios.
El Número de Municipios Preponderantes en una Zona Metropolitana, por otro lado, establece cinco tipos de zonas a partir de la estimación que puede hacerse del peso político con que cuentan cada uno de los municipios que las conforman, partiendo desde la unicentralidad y la bicentralidad, hasta llegar a la multicentralidad, la fragmentación e incluso la atomización. Uno de los aportes de este índice es establecer la cantidad de municipios, y sus autoridades, que resulta tienen mayor influencia en la toma de decisiones gubernamentales que necesariamente afectan al resto de los territorios que conforman una zona metropolitana. Queda claro que hay zonas cuyo control puede ser disputado por dos centros de poder, así como que una zona con cuantiosos municipios no se traduce en todos los casos en una zona con una diversidad de territorios y actores políticos igualmente relevantes.
Este trabajo intenta un efecto detonante más que hacer aportes conclusivos. Valora los esfuerzos por generar herramientas metodológicas que contribuyan a una mejor clasificación y selección de casos en materia de zonas metropolitanas, insumos cuyo pulimiento es indispensable para trabajos futuros que tengan por objetivo la comprensión de los procesos democráticos en general, y de los políticos, electorales y gubernamentales en lo particular.
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