
Recepción: 30 Marzo 2019
Aprobación: 17 Noviembre 2019
Las paradojas de la alternancia
Fecha de recepción: 30 de marzo de 2019
Fecha de aceptación: 17 de noviembre de 2019
María Alejandra Vizcarra Ruiz
Universidad de Guadalajara, México.
Correo-e de contacto: alexvizcarr@yahoo.com.mx
Título: La Alternancia interrumpida. Dos décadas de elecciones en Baja California.
Autor: Víctor Alejandro Espinoza Valle
Edición: La Quincena S.A de C.V
ISBN: 9786072705616
Número de páginas: 246
Año: 2018
Aunque el título del libro La alternancia interrumpida. Dos décadas de elecciones en Baja California hace referencia a la primera alternancia gubernamental acaecida en esa entidad en 1989, y a la permanencia en el poder del Partido Acción Nacional (PAN) por dos décadas; fueron casi tres las que el blanquiazul logró mantener interrumpida la alternancia a nivel estatal. Una situación singular dado el contexto político en el que se ha desarrollado la política nacional y la triple alternancia en la presidencia de la república. Como nos dice el autor “es el caso de la primera alternancia más longeva del país” (p. 33).
En este libro, el autor Víctor Alejandro Espinoza Valle, Doctor en Sociología política por la Universidad Complutense de Madrid y en Ciencia Política por la UNAM, investigador titular de El Colegio de la Frontera Norte e Investigador Nacional por el Sistema Nacional de Investigadores, nos ofrece un detallado análisis de cómo se fue forjando una lógica competitiva tendiente a fortalecer el bipartidismo entre el PAN que llegó al gobierno estatal y entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que le disputó el poder a nivel municipal y legislativo. Así mismo, el libro nos precisa cómo se fueron expresando las preferencias de los votantes tanto como su disentimiento, o bien la recurrencia de quienes no acuden a las urnas, lo que lo ha colocado como el estado con el más alto porcentaje de abstencionismo hasta las últimas elecciones federales de 2018. El autor sobre esto nos dice: “Al parecer, un sector importante de la sociedad ha decidido no votar para expresar su rechazo al sistema político y sobre todo a “la política” por considerarla una actividad negativa. Son abstencionistas militantes; es una paradoja, pero se trata de abstencionistas recurrentes” (p.12). Y así ha sido.
Para poder comprender el triunfo del primer gobierno estatal panista en el país, lo que fue un fenómeno nacional, una muestra de democratización del sistema político mexicano, luego de la cuestionada elección presidencial de 1988, el autor nos adentra en la historia política local en su primer capítulo. Nos delinea las características de la sociedad bajacaliforniana, como su anticentralismo y el haberse mantenido al margen de las organizaciones corporativas debido, por ejemplo, a la introducción de la industria maquiladora a mediados de los años sesenta y a la ausencia de un sindicalismo oficial en ésta. Además, nos habla de un sector significativo de la población que se desplaza diariamente a Estados Unidos para trabajar, lo que hace que no forme parte de organización alguna. Éstas fueron, entre otras, condiciones que hicieron más factible la maduración de una oposición panista.
A pesar de que hasta 1989 los comicios anteriores ya registraban un alto porcentaje de abstención, la victoria con la que se proclama Ernesto Ruffo Appel, gobernador del estado, estuvo marcada por el mayor porcentaje de abstencionismo registrado hasta entonces, 52.6%.
Seis años después, en 1995, no sólo se refrenda en el poder el gobierno estatal panista, sino que obtiene una mayoría absoluta en el Congreso y no ya relativa como la había tenido en 1989 y 1992, y que había obligado a una política de alianzas en un contexto de gobierno dividido. Los datos que aporta el autor revelan diversos aspectos de la cultura política en la entidad que permiten entender este resultado. A pesar de que los ciudadanos habían considerado como mala la gestión del gobernador en turno en temas relevantes como la seguridad pública, el narcotráfico y la impartición de justicia, había un alto porcentaje de ciudadanos (77.8%) que expresaron la importancia de votar por la continuidad de los programas del gobierno del estado. Otro rasgo importante que destaca en la elección de 1995, en donde se ratifica la alternativa panista, es la identificación que los electores externaron con las organizaciones partidistas, la cual resultaba ser mayor que la que mostraban hacia el candidato. Además de que es en dicha elección cuando la participación electoral presenta su mayor repunte en toda su historia electoral.
En un capítulo posterior, el autor hace una valoración de la primera alternancia de 1989, pero desde una óptica distinta, pues va más allá del sentido simbólico en la escena política nacional o de lo que ésta significaba para la legitimación de las reformas electorales que en aquel entonces estaban siendo promovidas por el entonces presidente Carlos Salinas;1 de la elección de 1989 el autor deja de destacar, como lo hace en páginas precedentes, algunos de los logros que mayor eco tuvieron en su momento: la implementación en Baja California de la credencial para votar con fotografía que posteriormente retomara el Instituto Federal Electoral e implementara a nivel nacional. Un instrumento que surgió ante la desconfianza del sistema electoral, en donde la transparencia se hace necesaria por parte de las presiones de los partidos políticos, que hoy cuenta con al menos 25 elementos de seguridad, y en el cual el ciudadano tiene la posibilidad de decidir si son visibles o no algunos de sus datos.
El autor pone en evidencia que alternancia no necesariamente es sinónimo de cambio; al menos no en los proyectos social y económico que estaban siendo impulsados desde la Presidencia y se convalidaban a nivel local. En otras líneas nos relata la adopción de prácticas clientelares y corporativas, principalmente durante el periodo electoral, que antes que haber sido desmanteladas durante el primer gobierno de alternancia había sido sometido al recambio de liderazgos dejando en pie la estructura organizacional.
Los resultados de la elección de 1988 que dieron el triunfo a Carlos Salinas como presidente habían sido sumamente cuestionados; posterior a la elección se generó un fuerte rechazo al fraude electoral, y un aumento en las demandas de democratización por parte de diversos organismos de la sociedad civil y de los partidos de oposición. El gobierno de Salinas respondió con una reforma electoral que requirió de un cambio constitucional y una nueva ley electoral, el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COfIPE) fue objeto de diversas reformas en 1989, 1993, 1994 y 1996 (Sirvent, 2002: 81). En este contexto, el reconocimiento de la elección de Baja California en 1989 por parte del entonces presidente Carlos Salinas fue, como señala Espinoza (2018: 58), “una de las decisiones más redituables en términos de capital legitimador durante el primer año de gobierno”.
Con el primer gobierno de alternancia también se inauguró el gobierno dividido, una figura que vendría a ser la constante más que la excepción en las sucesivas elecciones de los estados. Se inauguró con ello la necesidad de consensar para poder aprobar las iniciativas gubernamentales, y un espacio para que la oposición se proyectara políticamente como una alternativa real a suceder al partido en el poder. A nivel federal se replicó esta primera experiencia once años después, el 2 de julio de 2000.
Y justamente, el autor analiza la elección para renovar gobernador, munícipes y diputados que tiene lugar un año después en 2001, en la que nuevamente los electores refrendan su voto por el Partido Acción Nacional a pesar de que el gobernador saliente fue el peor evaluado en su gestión desde que este pan llegara al gobierno de Baja California. Lo que lleva a pensar al autor que los votantes se inclinaron una vez más por las siglas partidistas antes que por los candidatos. En este año se establecen las coaliciones electorales y el PAN se alía con el Partido Verde Ecologista de México para la gubernatura, son ya tiempos de incertidumbre electoral respecto a los resultados más que al proceso en sí mismo, y en donde la competitividad no deja de estar presente. De ahí que el autor dedique un apartado a las alianzas electorales que se forjaron para el proceso, a los desafíos que enfrentó el PRI para la selección de su candidato luego de la derrota en las urnas de su candidato presidencial. Y otro al Partido de la Revolución Democrática que nos permite entender mejor su trayectoria en la entidad.
Con dos refrendos en la gubernatura panista a pesar de los magros resultados en cuanto a su gestión y desempeño, los votantes a nivel municipal adoptaron como suya la alternancia y mantuvieron la tendencia bipartidista entre el PRI y el PAN. En 2004, el autor nos pone de cara a un elector estratégico, cuyo voto no es homogéneo ni unívoco, pues bien es capaz de votar por la presidencia municipal por un partido y por el candidato a diputado por otro distinto, aunque aún oscilando mayoritariamente entre las dos alternativas mencionadas. Al analizar los casos particulares de cada municipio Tecate se presenta como “La elección”, que fue objeto de interés de la prensa nacional al postular en ese entonces al icónico candidato Jorge Hank Rhon por el PRI, y que terminó con la hegemonía panista que había privado en ese municipio desde 1989.
La radiografía del comportamiento electoral que realiza el autor continúa dando como nota una baja participación de la población en las elecciones a pesar de la alta competitividad.
El abstencionismo de los bajacalifornianos es la gran incógnita que emerge entre los datos que se presentan en este libro. El autor se pregunta ¿en qué radica el misterio de la cultura política de los bajacalifornianos, capaces de inaugurar la etapa de las alternancias y de erigirse como los primeros en conformar un gobierno dividido, para luego darle la espalda a las urnas? Con la información que dispone identifica a los sectores medios y altos, y de ahí surge la hipótesis de que quizás han decidido participar por otras vías, como son los organismos de la sociedad civil; lo que se conoce como asociacionismo privado estaría supliendo la participación ligada a los partidos políticos.
Para alcanzar la democracia electoral en México dos fueron las principales demandas y éstas estuvieron vinculadas a la democratización de los órganos electorales. Los partidos opositores a nivel federal exigían: 1. La plena autonomía del órgano electoral con respecto al poder ejecutivo, y 2. la integración de las instancias de decisión de dicho órgano por personas con total independencia de los partidos para que sus decisiones pudieran ser tomadas sin interferencia alguna de estos, con imparcialidad e independencia de criterio, sin más limitaciones que el apego a la ley.
La deuda de los organismos electorales en este último sentido venía desde el Código Federal Electoral de 1946, que garantizó desde entonces al partido del Estado una mayoría absoluta en la integración del Consejo Federal Electoral, llamado en un primer momento de Vigilancia Electoral, y que perduró con diversos matices, a lo largo de todas las reformas electorales hasta el comienzo de las elecciones de 1994. Precisamente, la mayor aberración en este sentido consistió en darle a los partidos representación con voz y voto equivalente al porcentaje obtenido en la anterior elección presidencial, de tal manera que, durante el cuestionado proceso electoral de 1988, la Comisión Federal Electoral tuvo una representación del PRI, superior al 70%, lo que hacía inútil cualquier propuesta o cuestionamiento que pudieran hacer los partidos de oposición en su conjunto o por separado.
Finalmente, esto se resolvió en buena medida y con buenos resultados con las reformas de 1994, que fueron hechas ya en pleno proceso electoral, como resultado de los llamados acuerdos de Barcelona, (por la calle en que se reunieron) alcanzados por todos los partidos políticos (excepto el Partido Popular Socialista) y a partir del intento de darle una salida política al riesgo que corría el país de una espiral de violencia, anunciada por el levantamiento de los neozapatistas el 1 de enero de ese año. Entre las reformas destacan la creación de la figura del Consejero Ciudadano para integrar el Consejo Electoral y su nombramiento acordado por medio de la consulta y el consenso entre los principales partidos contendientes, antes de ser votados por el Congreso; así como el que los partidos se integraran al Consejo Electoral del Instituto sólo con voz, pero sin voto, pues con esto se proveía de mayor autonomía al IfE.
Esta fórmula fue adoptada por las legislaturas locales. En Baja California, la democratización formal del estado, como lo apunta el autor, la impulsó el gobierno de Ernesto Ruffo cuando propuso la Ley de Instituciones y Procesos Electorales, que el Congreso aprobó de manera unánime en 1994, además de eliminar la autocalificación y ciudadanizar las instancias encargadas de organizar el proceso electoral.
Sin embargo, lo que comenzó como un procedimiento de vetos y consensos, inició a derivar en un proceso de negociaciones e intercambios de candidatos propuestos por los partidos, lo que significaba el riesgo de tener consejos electorales integrados por consejeros con lealtades partidistas, lo que pondría en riesgo su independencia de criterio, su imparcialidad, y aún en casos extremos su apego pleno a la legalidad.
Sobre este tema profundiza el autor en otro de sus capítulos dedicado a la contienda electoral del 2007, en la que el PAN de nueva cuenta se alza con la victoria en la gubernatura en cuatro de sus cinco alcaldías y con la mayoría absoluta en el Congreso, aunque con un árbitro seriamente cuestionado por los principales actores políticos, pues la integración del Consejo Estatal Electoral estuvo viciada desde su origen, al ser partidizado por recurrir al sistema de cuotas, una negociación que pervierte el sentido del consenso para la integración de los consejos, violenta el espíritu de la figura de los consejeros y de su independencia, imparcialidad, apego a la legalidad y profesionalismo.
Por otra parte, en esta elección el gobierno estatal replicó la evidente intromisión en la contienda electoral a través de promocionar sus logros como partido con recursos públicos, tal como lo había hecho el PAN para la elección presidencial de 2006, vulnerando la equidad del proceso electoral.
Un análisis más fino se desgrana en las páginas del capítulo Abstencionismo y alternancia política en donde municipio por municipio nos adentra a través de diversos indicadores de competitividad electoral, en los márgenes de victoria con los que los candidatos llegan a sus puestos, luego de una cerrada contienda. El autor ante la clara competitividad que se expresa entre dos organismos políticos sentencia que: “No podemos hablar de una democracia consolidada si carecemos de un sistema de partidos de pluralismo limitado, es decir, aquel en el que existan al menos tres partidos políticos fuertes y legitimados frente a la sociedad” (Espinoza, 2018: 91).
Pasadas más de dos décadas de que el PAN gobernara Baja California y situándose en las elecciones del 2010, nuestro autor llega a sus páginas finales. En las que nos externa su interés y preocupación por la recurrente constatación de la ciudadanía abstencionista o por los “votos en casa” como lo refiere el autor. Después de 21 años en el poder nos dice, hay un desgaste natural de un gobierno y por parte de la población un hartazgo ante los problemas que persisten. En esa elección intermedia el PRI en alianza con el PVEM se alza con la victoria de los cinco ayuntamientos en disputa y 13 de las 16 diputaciones de mayoría relativa situación histórica en la política local. Estos resultados vaticinaban lo que podría venir en 2012 para la elección federal y posiblemente para la elección estatal, sin embargo; no fue así, y el PAN volvió a gobernar a los bajacalifornianos por otro periodo más.
El libro es un material de colección para quien se interesa por la historia política electoral moderna, además una fuente de consulta obligada para quien se adentre en temas como la democratización del país, y una interesante lectura para todo aquel politólogo y no, que tenga curiosidad por saber cómo transcurren los cambios aún con una alternancia interrumpida.
REFERENCIAS
1. Espinoza Valle, Víctor Alejandro (2018), La alternancia interrumpida. Dos décadas de elecciones en Baja California, Universidad Autónoma de Nuevo León, La Quincena, México.
2. Sirvent, Carlos (2002), Partidos políticos y procesos electorales en México, Miguel Ángel Porrúa, México.