Bibliographia
Gallos y gatos: símbolo de inmoralidad y pugna política en la caricatura antisantannista, 1845
Roosters and Cats: Symbols of Immorality and Political Dispute in Anti-Santa Anna Caricature, 1845
Gallos y gatos: símbolo de inmoralidad y pugna política en la caricatura antisantannista, 1845
Bibliographica, vol. 8, no. 1, pp. 77-122, 2025
Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas
Received: 31 December 2024
Accepted: 14 January 2025
Resumen: Este artículo analiza algunas imágenes satíricas impresas que circularon en México hacia 1845, en un periodo de inestabilidad. Valiéndose de figuras de animales, instigaron la indignación pública hacia ciertos aspectos de la conducta personal y política de Antonio López de Santa Anna, para evitar que recuperara el poder. El objetivo del estudio es, primero, observar el uso de la caricatura multirreproducida para reforzar una campaña en que la imagen de moralidad del nuevo gobierno liberal se opuso al que se publicitó como deshonesto proceder del caudillo. Segundo, examinar cómo la propia gráfica satírica se alimentó de la tradición emblemática e iconográfica, de la cultura visual del Romanticismo, de tópicos de la alta cultura, la cultura popular, y la literatura panfletaria, tendiendo puentes con la cultura europea, pero creando repertorios locales.
Palabras clave: Caricatura, Antonio López de Santa Anna, tópicos, prensa, símbolos.
Abstract: This article analyzes some satirical printed images distributed in Mexico around 1845, during a period of instability. Using animal figures, these images instigated public indignation toward certain aspects of Antonio López de Santa Anna’s personal and political conduct, in order to prevent him from regaining power. The objective of the study is, first, to observe how widely reproduced cartoons reinforced a campaign in which the new liberal government’s image of morality was opposed to what was publicized as the caudillo’s dishonest behavior. Second, it examines how satirical graphics fed on the emblematic and iconographic tradition, the visual culture of romanticism, topics of high culture, popular culture, and pamphlet literature, thus building bridges with European culture, while creating local repertoires.
Keywords: Caricature, Antonio López de Santa Anna, topics, pamphlet literature, symbols.
Introducción
En este artículo se revisan algunas imágenes satíricas, litográficas y xilográficas que circularon en México en 1845 y que ejemplifican cómo se instigó la indignación pública, valiéndose de temas o figuras de animales, para criticar ciertos aspectos de la conducta pública del general Antonio López de Santa Anna -uno de los más importantes protagonistas de la historia mexicana del siglo XIX- en un periodo de crispación e inestabilidad, con el objetivo de que no pudiera recuperar el poder. Ello da cuenta, por una parte, de los usos de la caricatura en lo que -todo indica- fue una concertada campaña política, pero igualmente permite observar cómo diversos motivos y vertientes culturales, literarias y visuales alimentaron la caricatura mexicana, que en continua renovación se alimentó, además de la propia tradición visual e iconográfica, de la literatura culta, la literatura periodística y el lenguaje cotidiano, tendiendo puentes con la cultura europea, pero también creando repertorios locales. Cabe señalar que el presente texto se restringe a la revisión de las caricaturas publicadas al calor de esta campaña orquestada en contra de Santa Anna en 1845, una vez que se clausuró su más largo periodo presidencial, pero también se enfoca sólo en aquéllas en las que la supuesta inmoralidad del propio general se simbolizó mediante las figuras de animales propuestas.
Por lo que se refiere a Santa Anna, proyectado como villano durante largo tiempo en la historiografía, los aspectos criticados en las imágenes elegidas fueron su gusto por las peleas de gallos y el jolgorio, su inmoralidad, su intemperancia sexual y oportunismo, y su falta de ética y congruencia política, lo que en conjunto sirvió para posicionar la idea de su irresponsabilidad respecto de las altas funciones gubernamentales que como presidente se le habían encomendado. El objetivo fue minar su posición en la opinión pública, pues aunque el grupo liberal moderado, aliado con otros actores, lo había desplazado momentáneamente del poder, el caudillo continuaba teniendo un importante influjo, y junto con sus aliados, pugnaba por recobrarlo.
El personaje, el contexto y las estrategias propagandísticas
Durante el inestable periodo que siguió a la Independencia de México, entre 1821 y 1855,1 Santa Anna tuvo una participación destacada en gran parte de los sucesos de importancia nacional. Caudillo carismático, llegó a encabezar 6 gobiernos, aliándose para ello con distintos grupos políticos, incluso antagónicos entre sí. Al margen del uso que la historiografía dio por mucho tiempo a la imagen negativa del personaje -la cual ha venido siendo matizada y reevaluada de forma interesante por estudios recientes2-, fue en vida una figura polémica. En un contexto de intensa lucha política, él y sus seguidores promovieron el culto a su personalidad y su imagen de héroe y patriota a través de la prensa, discursos, recitales, ceremonias y expresiones visuales como retratos, pinturas de historia, litografías, estatuas, monumentos, etcétera,3 mientras que sus enemigos políticos, para atacarlo, difundieron la percepción de que se trataba un hombre ambicioso, corrupto y oportunista, aficionado a los juegos de azar, las conquistas amorosas, el dispendio y la ostentación. Por su parte, varios de los extranjeros que lo conocieron por razones diplomáticas, señalaron su personalidad fuerte y atrayente, aunque a la vez refirieron que no era un hombre ejemplar.4
La visión negativa fue la que se fomentó, desde luego, en las caricaturas impresas analizadas en este artículo, que junto con imágenes burlescas plasmadas en otro tipo de expresión visual5 y versos satíricos en multitud de hojas volantes, artículos periodísticos, discursos en el Congreso6 y rumores lanzados en un ambiente de irritación social y política, contribuyeron a crispar más, lo que fue promovido y capitalizado por el grupo liberal moderado. Éste, a finales de 1844, infligió la más humillante de sus derrotas a Santa Anna con el movimiento del 6 de Diciembre, echando por tierra “el culto a su personalidad, cuidadosa y largamente forjado por él”:7 se denigraron o derribaron sus estatuas y su pierna amputada -guardada en una urna, a la que antes se le rendía honra pública- fue arrastrada con estruendo por las calles de Ciudad de México. Cabe señalar que en estos desmanes tuvo una participación importante el vulgo.8 Así dio fin su cuarta presidencia, que iniciada en 1841 -y, por tanto, su más largo mandato- había buscado tener un sesgo dictatorial, censurando lo que de él se decía y enfrentándose a un continuo reposicionamiento de la oposición.
En 1845 el gobierno de México quedó en manos del grupo liberal moderado, pero a pesar de que su triunfo sobre Santa Anna había sido rotundo, muy pronto empezó a ser cuestionado por la oposición, de la que los propios santannistas formaban ahora parte sustancial, mediante una campaña periodística que provocó fuertes incertidumbres respecto a la viabilidad de la nueva administración.9 Para apuntalar al gobierno, el Congreso y la prensa partidaria legitimaron el nuevo orden político. En este contexto, los moderados igualmente recurrieron al uso de la imagen como parte de su estrategia política,10 según da cuenta la aparición publicitada11 de El Gallo Pitagórico, un libro de carácter satírico ilustrado con 20 litografías y algunos grabados, escrito e impreso respectivamente por dos de los más prominentes miembros de dicho partido -el abogado Juan Bautista Morales y el editor Ignacio Cumplido-, el cual sirvió para poner de relieve los errores, abusos y conducta inmoral del previo gobierno santannista, con el fin de recordar quién era el personaje al que se quería traer de vuelta y poner en evidencia a quienes lo estaban impulsando.12 Su costo inicial, de 18 reales, relativamente bajo si se consideran sus numerosas imágenes,13 y su probable amplio tiraje, hace sospechar que pudo ser subsidiado.14
Pero además de este libro y sus ilustraciones, se conocen varias estampas litográficas de cuidada factura que circularon en una temporalidad muy próxima, según se deduce de los hechos en ellas representados.15 Casi todas son anónimas, pero si se considera, por una parte, que quienes se beneficiaban de posicionar la opinión negativa sobre Santa Anna eran las nuevas autoridades y, por otra, que en algunas de ellas se elogia en mayor o menor medida al grupo liberal moderado (véase por ejemplo la Figura 1, en donde en paralelo se muestra la caída de Santa Anna y se exalta el movimiento decembrista que lo derrocó, dirigido justamente por los moderados),16 cabe preguntarse si la mayoría, si no todas, fueron ideadas y sufragadas por dicho grupo antes o después de conseguir la caída del personaje, como sí hizo con El Gallo Pitagórico y sus imágenes. Se trató muy probablemente de la primera campaña política del México independiente que incorporó caricaturas de manera más o menos consistente,17 lo cual resulta significativo respecto de la importancia que se les daba, en particular porque son muy escasos los testimonios sobre la recepción que tuvieron este tipo de producciones visuales en el periodo, como son un par de pinturas de José Agustín Arrieta en las que se muestra o bien el gusto y algazara de los sectores populares frente al contenido cómico de las caricaturas -en su cuadro Tertulia de pulquería, de 1851-, o la presencia de los populares calendarios también ilustrados con imágenes satíricas en un gabinete de lectura burgués -en Mesa revuelta, ca. 1856-1857.18

Conviene observar que de los aspectos criticados al caudillo, el de su publicitada inmoralidad debió haber estado presente como contrapunto en el manejo que hizo de su imagen pública el propio gobierno liberal moderado, cuyo presidente fue el general José Joaquín Herrera.19 Se ha referido, por ejemplo, alguna anécdota sobre su extrema austeridad y desprendimiento, y también que “en todas partes se hacia [sic] notar la sencillez con que Herrera y sus ministros se presentaban, haciendo contraste con el aparato de que usó Santa-Anna”. Se afirmó asimismo que muchos de los que habían medrado a la sombra de este último no se habían avenido y conformado con la “modestia y la moralidad” de Herrera, quien además, convencido de que se debían distribuir los ingresos entre la población, había decidido bajar el monto de su propio sueldo.20 Esta actitud sería secundada, quizá con toda intención, por ejemplo, por el gobernador de Guanajuato, Juan Bautista Morales (1788-1856), el autor justamente de El Gallo Pitagórico.21

Peleas de gallos, irresponsabilidad y crítica política
La crítica a la afición de Santa Anna por las peleas de gallos se plasmó en una litografía que circuló posiblemente como hoja suelta, titulada “Ensueño del tirano” (Figura 2), y en un grabado que formó parte del libro El Gallo Pitagórico (Figura 3). Detrás estaba implícito un reproche que de manera central hizo la oposición al general Santa Anna y a algunos colaboradores suyos, y que fue su gusto por el jolgorio y el dispendio, en medio del naufragio económico del país. En la que se titula “Ensueño del tirano” (Figura 2), el ya expresidente, en medio de la noche es acosado por su propia pesadilla y las escenas de sus hechos oprobiosos. En el lado izquierdo se despliegan sus errores políticos,22 en el derecho -en donde él mismo se desdobla en otras dos escenas- se muestran sus vicios personales: su infame conducta donjuanesca y su inclinación a la sensualidad,23 al igual que su pasión por las apuestas en el juego y las peleas de gallos. Según aclara un letrero al pie de la propia imagen, en la escena inferior derecha se representa precisamente la “caída del tirano y parciales entre sus vicios dominantes”; y en efecto, se ve a Santa Anna tirado en el suelo en señal de derrota, y se le reconoce por su rostro pero también por su pata de palo.
En este detalle, la caricatura se refería a la conducta del militar veracruzano en torno a los gallos, la cual había sido presenciada, compartida y festejada por una parte de sus contemporáneos en diversos lugares del país, incluidas sus haciendas en Veracruz y su casa en Tacubaya,24 y en las apoteóticas fiestas de Pascua en San Agustín de las Cuevas, Tlalpan, población entonces aledaña a Ciudad de México. Ahí llegaba anualmente gente de muy diverso nivel social para participar en las numerosas diversiones que solían acompañar esta festividad popular, entre las que descollaban incitadoramente las partidas de juego y las peleas de gallos. En el palenque, de acceso costoso, se reunían asimismo todos los segmentos sociales, ocupando los más pudientes los mejores lugares, y conjuntándose la elegancia de los petimetres y la galanura femenina con la insolencia de los galleros de baja estofa.25
La notable presencia de Santa Anna en esos espacios de esparcimiento, pero también la de varios de sus colaboradores -y antes que ellos, la de otros presidentes como Vicente Guerrero o Anastasio Bustamante-26 fue testimoniada por viajeros27 y diplomáticos, en las memorias del escritor Guillermo Prieto (Fidel),28 y sobre todo en el excepcional diario del historiador Carlos María de Bustamante, quien recogió muchos chismes y rumores. Gracias a ello se sabe que ya desde mediados de la década de 1830 se decía que Santa Anna estaba rodeado de pillos, que vivía en un serrallo y dedicado a su gallera, que hacía trampas para ganar en las apuestas, que perdía enormes cantidades de dinero, a menudo provenientes del tesoro público, y en suma, que por eso desatendía el protocolo y las altas funciones que le estaban encomendadas, en medio de una situación crítica para el país.29 Respecto de la presencia de Santa Anna en Tlalpan, Prieto -quien en su juventud fue colaborador del partido moderado, enemigo del general-, contó retrospectivamente:
Santa-Anna era el alma de este emporio del desbarajuste y de la licenciatura [sic].
Era de verlo en la partida, rodeado de los potentados del agio, dibujando el albur, tomando del dinero ajeno, confundido con empleados de tres al cuarto y aun de oficiales subalternos; pedía y no pagaba, se le celebraban como gracias trampas indignas, y cuando se creía que languidecía el juego, el bello sexo concedía sus sonrisas y acompañaba a Birján en sus torerías.
En el juego de gallos era más repugnante el cuadro, con aquellos léperos desaforados, provocativos y drogueros, aquellos gritos, aquellas disputas y aquel circular perpetuo de cántaros y cajetes con pulque.
Allí presidía Santa-Anna, diciendo que proclamasen la chica o la grande, cuidando que estuvieran listos los mochilleres y de que saliera vistosa la campaña de moros y cristianos […] Había momentos en que cantor de gallos, músicas, palmadas y desvergüenzas se cruzaban, en que los borrachines con el gallo bajo el brazo, acudían al Jefe supremo, y éste reía y estaba verdaderamente en sus glorias en semejante concurrencia. […]
En la noche era el gran baile en la plaza de gallos. Las sombras comunicaban proporciones colosales a la orgía y servían de disfraz a la desvergüenza y el desenfreno.
Rimas, cantos, amor callejero, embriaguez repugnante… y más en la sombra el dependiente de la casa de comercio que había jugado dinero del amo, el padre de familia que había perdido el pan y la honra de su familia, y gente non santa [sic, sancta] que esperaban de la estafa y el robo la reparación de sus fortunas.30
En su amena rememoración, Prieto señaló varios desaciertos en su proceder, asociados a las peleas de gallos, que en la época arguyó la oposición para criticar al general: su actitud fraudulenta en las apuestas, su asociación inmoral con agiotistas del erario, con apostadores de mala calaña y con cortesanas o prostitutas, en un ambiente degradado. Su crónica estaba a tono con lo que a finales de 1844 habría denunciado uno de los diputados más importantes del partido moderado en tribuna: que el ministro de Guerra amaba más la carpeta verde -de la mesa de juego- que a su cartera, y que mientras la miseria aquejaba a México y asuntos importantes permanecían sin despachar, adentro de Palacio Nacional se encontraban
los ayudantes gupies [sic, croupiers] de juego, corredores de amor, y ahí se habla cochero, se inventan hasta crímenes a los hombres de oposición, se proyectan palizas a los diputados… Al último, en la pieza más recóndita, la verdadera Corte: tahúres, galleros, agiotistas de vil ralea, portadores de obsequios que sirven de anzuelo a grandes negocios y… la mujer pública, declarada viuda de un coronel que jamás existió…31
En cuanto a la crónica de Prieto, asoma en ella una postura que no por casualidad esgrimieron en tiempos de la cuarta presidencia de Santa Anna algunas publicaciones de los moderados, como el periódico El Siglo Diez y Nueve32 o la revista El Museo Mexicano, secundando una corriente de opinión adversa a las peleas de gallos y las apuestas que existía desde el temprano periodo colonial y que fue recogida por el pensamiento ilustrado y continuada durante el siglo XIX, la cual pugnó por su prohibición.33 En 1843 El Museo Mexicano afirmó con jiribilla, a sabiendas de la bien conocida afición del presidente, que los gobiernos debían meditar sobre la influencia de los espectáculos públicos en el pueblo y en la forma de contener los males que propiciaba “una diversión inmoral, ruinosa y bárbara” como era la de las peleas de gallos, pues a los inconvenientes de “un espectáculo de atrocidad y estulticia, se agregan los [… de] todo juego de azar, en el que se aventura á la ciega casualidad […] el bienestar de las familias”, y que encima propiciaba en el pueblo un “carácter fraudulento y pendenciero”.34 Se trataba sin duda de una crítica relativamente velada al gobierno del caudillo, quien daba mal ejemplo a sus gobernados.
El gallo de Santa Anna contra el gallo de la oposición: origen, símbolos y emblemas
Desde 1840 al proclamado por sus admiradores como “héroe de Tampico” sus enemigos le motejaban el “héroe de los gallos”.35 Acaso esta burla inspirara el citado libro El Gallo Pitagórico, publicado en 1845, que compiló una serie de artículos que Juan Bautista Morales venía publicando desde 184236 y que, con un sesgo literario y costumbrista,37 hicieron en realidad una crítica incisiva al gobierno de Santa Anna. Ahí se insertó la segunda imagen sin título que interesa comentar (Figura 3) y que muestra cómo efectivamente el grupo liberal moderado proyectó de manera contrapuesta la imagen de Santa Anna y la suya propia. Es un grabado en madera en el que se ve a un gallo sometido que sin duda representa al general, puesto que no tiene una pata, y que se colocó al final del libro, en la contracubierta de algunos ejemplares o en la cuarta de forros de otros, bajo el empastado; pero además se utilizó para publicitar llamativamente la aparición del libro en el mencionado periódico.38
La estampa se explica a la luz del último capítulo, donde el autor, además de enunciar las mismas acusaciones señaladas (la complicidad con el agio, la entrega al placer con mujeres que merecían ser encerradas en una casa de corrección, la corrupción y el dispendio a costa del dinero de la nación) y otras (el ataque al poder legislativo, el soborno a la prensa, etc.), narra el desenvolvimiento de un alegórico juicio a través del cual, en tono satírico y siguiendo Las Metamorfosis de Ovidio, hace que sean castigados simbólicamente los miembros de la caída administración y sus cómplices legales y morales, quienes aparecen transfigurados en gallos.39 Al que representa a Santa Anna con sarcasmo decidió llamarlo con un nombre muy evocativo, diciendo que “era un Gallo, á quien llamaban Cola de plata, y que por las peleas que habia ganado habia adquirido el sobrenombre de Tripas de oro y era puntualmente el archi-gallo, ó jefe de los demás [gallos], de regular estatura, ojos vivos, mirar perspicaz, mutilado de un espolon, y brillantemente emplumado…”.40

Y es que Cola de plata era precisamente el nombre de uno de los gallos favoritos de Santa Anna, por tanto, al llamarle así, Morales evocó en sus lectores el descuido del caudillo respecto de sus funciones públicas por dedicarse precisamente a las peleas de gallos. Desde años atrás circulaba la anécdota de que por atenderlo a él y a su gallera, el general había llegado al extremo de salirse de una importante reunión con sus ministros, uno de los cuales, tras esperarlo horas, al abandonar ya harto el lugar, lo halló platicando con su gallero. En su diario, luego de narrar la anécdota, Bustamante comentó: “¡Qué triste idea da este pasaje! Figúrense a Domiciano encerrado en su gabinete, olvidado de los graves asuntos del imperio de Roma que pesaban sobre sus hombros, y ocupado en su ocupación favorita de... cazar moscas... ¡Miserable humanidad!!...”.41
En cuanto al otro gallo que aparece en la imagen sometiendo al gallo “mutilado del espolón”, o sea Santa Anna, es precisamente el personaje del Gallo Pitagórico (Figura 3), que representa al propio autor del libro, Juan Bautista Morales. Cabe señalar que él mismo era protagonista en su relato y en varias de las litografías que lo ilustraron, y que siendo figura pública se le conoció en esos años justamente con el alias del Gallo Pitagórico, dada la buena recepción de los artículos que luego conformaron su libro. En otro de los grabados que lo ilustraron se le ve fundido, con su propio rostro, en el cuerpo de un gallo, aprestándose a la lucha, mientras su “amarrador”, Fidel, o sea Guillermo Prieto, le coloca una navaja42 (cotéjese el grabado que comento con el retrato del personaje inserto en el mismo libro -figuras 4, 5-, y véase el detalle en la Figura 6).
Hombre culto -Morales fue magistrado de la Suprema Corte de Justicia, y catedrático de derecho canónico en el Colegio de San Ildefonso-, en el personaje del Gallo Pitagórico recogió un motivo que había sido creado en el siglo II después de Cristo por un humorista del mundo clásico, Luciano de Samosata, en su obra más importante titulada El sueño o el gallo,43 motivo que fue reutilizado o inspiró a autores renacentistas, entre ellos Erasmo de Rotterdam y algunos españoles.44 Se trataba de un gallo en el que había encarnado un alma, luego de transmigrar decepcionada por los cuerpos de diversos tipos sociales, y ya con conocimiento de causa, aleccionaba a su dueño, moralizando sobre las costumbres de sus contemporáneos. Eso mismo hizo el personaje del Gallo Pitagórico de Morales en el México del siglo XIX, pero encauzando la crítica hacia la política.



Para comprender la significación que podría subyacer en la figura de este otro gallo, encarnado por el propio Morales en la Figura 3, donde triunfa sobre la inmoralidad de Santa Anna, conviene sondear el sentido o sentidos positivos que como símbolo tuvo este animal en la iconografía religiosa y en la emblemática, y que bien pudieron yuxtaponerse en la interpretación de él hecha por los contemporáneos. Desde la antigüedad entre griegos y otros pueblos, por su estrecha asociación con el amanecer, se le consideró heraldo del sol de la mañana y simbolizó el triunfo de la luz sobre la oscuridad, y por su beligerancia fue símbolo de batalla, fuerza y valentía, sobre todo en el lejano oriente y en el arte de la antigüedad. Su naturaleza vigilante lo convirtió tempranamente en atributo de dioses como Atenea, y su combatividad lo asoció a Marte, dios de la guerra. En el cristianismo, como heraldo del día, es símbolo de resurrección y retorno de Cristo el día del juicio final; en lo alto de las iglesias solía colocarse una veleta con la figura del gallo, que muy temprano, tocada por los rayos solares, simbolizaba la victoria de Cristo sobre el poder de la oscuridad.45 Ya en el contexto de la simbología política del siglo XIX, el gallo se asoció a la Francia republicana.
Puesto que Morales nació en 1788 y vivió aún el orden colonial, es pertinente asimismo considerar el simbolismo del gallo como figura alegórica dentro de la emblemática, dado que ésta permeó con fuerza el universo intelectual del barroco novohispano,46 al igual que sus producciones literarias y plásticas, y tuvo sin duda continuidad después de la Independencia, lo que se puede constatar no sólo en las imágenes del periodo posindependiente, sino en la literatura panfletaria, y desde luego en el libro mismo de Morales.47 Atributo particular de la Vigilancia, en la Iconología de Gravelot y Cochin el gallo acompaña a una mujer que se guía con una lámpara en la mano y con un libro bajo el brazo, y en los Emblemas de Alciato aparece en lo alto de la veleta que remata un templo renacentista, desde donde llama y despierta “el alma y el entendimiento a considerar las cosas celestes” [; por la figura del] “gallo se entienden los Predicadores, porque como a su canto se despiertan y levantan, ni más ni menos con las vozes [sic] de ellos se levantan los hombres de sus vicios y pecados, y por esto lo pintan en las torres de las iglesias”.48
Pero además de los significados intrínsecos que podía tener la figura del gallo vencedor, o sea el personaje del Gallo Pitagórico, como el del triunfo de la luz sobre la oscuridad (por ser heraldo de la mañana), el de la vigilancia sobre del orden, el de la virilidad y beligerancia o el de la voz de la admonición, lo que esta otra figura evocó sobre todo fue al opositor político, pues Morales, como parte del partido moderado, tuvo un papel muy activo en el derribamiento de Santa Anna, al grado que en premio, al caer el general, ocupó la gubernatura de su natal Guanajuato, cargo que desempeñaba cuando se publicó el grabado. Así que, al exaltar la imagen de los enemigos políticos de Santa Anna, entre los que Morales en primera instancia se incluía, en efecto se legitimaba el nuevo orden político, dándole una fachada de respetabilidad. De hecho, esto mismo subyace igualmente en el detalle de los dos gallos que pelean en la litografía “Ensueño del tirano”, porque su propio pie explica que en esa escena se representa la “Pelea á muerte entre el gallo pitagórico y el del tirano”49 (Figura 7), lo cual lleva a pensar que el propio Morales o el impresor del libro, el editor Ignacio Cumplido, pudieron estar implicados en su encargo.

Pero de vuelta al grabado, el hecho de que fuera la única imagen de El Gallo Pitagórico en que se hizo alusión clara a la fisonomía del polémico general (Figura 3), aunque representándolo de manera metafórica en un animal , y de que se colocara en un espacio marginal del libro, se debió de seguro a que Morales estaba consciente y temeroso de que Santa Anna pudiera regresar a la escena política, lo que se puede constatar porque estos sentimientos los hizo públicos en una carta que apareció reproducida en el periódico El Siglo Diez y Nueve.50
Entre el influjo de Grandville y la herencia de la literatura panfletaria: el gato como símbolo del oportunismo político
Si en el apartado anterior se ha visto cómo la emblemática y los símbolos y motivos de la cultura occidental sirvieron para construir a través de la figura del gallo una crítica al general Santa Anna, ahora se observará cómo otros motivos y vertientes literarias y visuales alimentaron la tradición caricaturística en México, en relación con la iconografía animal.51 Una vertiente fue la obra de los ilustradores románticos franceses, que si por una parte proveyó una tónica de fantasía espectral, misteriosa y a la vez jocosa, de visiones nocturnas y seres sobrenaturales,52 por otra parte aportó una continua presencia de figuras híbridas y zoomorfas o, mejor dicho, de animales antropomorfizados, provenientes de la producción de Grandville (Jean-Ignace-Isidore Gérard, 1803-1847), la cual tuvo un eco muy importante en la caricatura mexicana que circuló entre las décadas de 1840 y 1860 y aun después; como ejemplo mínimo véanse un par de reapropiaciones mexicanas a partir de dos diseños, publicado uno en Scénes de la vie privée et publique des animaux, de 1842 -libro que tuvo muy buena recepción en México- y otro en Cent proverbes, de 1845: una fue la tardía carátula en los forros de las entregas del libro El Gallo Pitagórico, publicada posiblemente en 1846,53 y otro un grabado en madera que circuló en México en el periódico La Cuchara, en 186454 (véase el primer comparativo en las figuras 8 y 9, y el segundo en las figuras 10 y 11). La influencia del célebre ilustrador desde luego se observa igualmente en la citada imagen del gallo con la cabeza de Morales, por lo que dicho grabado es otro ejemplo (Figura 5).55




Una segunda vertiente muy importante de la que bebió la caricatura mexicana del periodo temprano al que nos referimos, fue la de la literatura de los panfletos del periodo posindependiente (una producción que alcanzó sectores populares y de élite en la década de 1820), compartida por algunos periódicos, plena de símbolos, alegorías y metáforas, la cual entre una multiplicidad de figuras o personajes simbólicos también aportó una buena dosis de figuras y representaciones animales, pues hizo un uso recurrente de la fábula.56 Algunas de estas figuras se hicieron tan recurrentes que se convirtieron en tópicos, es decir en fórmulas o clichés plasmados en esquemas formales o conceptuales a los que los escritores acudieron recurrentemente, y que adquirieron un significado muy específico para sus lectores y su audiencia. Varios de estos tópicos o figuras simbólicas y paradigmáticas de dicha literatura de la posindependencia se plasmaron o transfirieron luego a la caricatura,57 operando de la misma manera. En lo relativo a figuras de animales, la del gato se utilizó como equivalente del oportunista político.
Este último tópico se plasma en la caricatura “Sainete político”, publicada asimismo en 1845 (Figura 12), en la que Santa Anna, con su pata de palo, aparece transfigurado en gato. Al igual que “Ensueño del tirano”, critica también sus errores políticos y personales. Entre los primeros, denunciados mediante letreros y figuras de felinos,58 se señala su oportunismo o malabarismo político. Este asunto se ve representado en el fondo, en donde vemos a varios equilibristas o maromeros y gatos caer de una cuerda cortada por el que debe ser un mexicano patriota, representado por un indígena con atuendo prehispánico, y en la mano un macuáhuitl -especie de bastón con navajas de obsidiana incrustadas- (Figura 13), al tiempo que dice: “Se acabaron las maromas”, por lo que posiblemente representa a quienes hicieron caer a Santa Anna y colaboradores, es decir, al partido moderado. Es justamente a través de las figuras de gatos y maromeros que se hace presente el tema del oportunismo político, porque unos y otros son capaces de hacer maromas en el aire para caer parados y acomodarse metafóricamente a toda circunstancia política. De hecho, el tópico del maromero no sólo es muy cercano al del gato en el significado específico que se le asignó en México durante la primera mitad del siglo XIX, sino que a veces se funden, como ocurre en este caso, aunque más profusamente en los textos de los panfletos y en el lenguaje coloquial.


Sobre el tópico o figura paradigmática del maromero o el equilibrista baste decir que desde finales de la Colonia se detecta su uso en el lenguaje cotidiano de los novohispanos59 para referirse a aquellos que se acomodan a las circunstancias, y que los términos “maromear” o “maromería” abundan en los escritos posindependientes. En un posible camino de ida y vuelta entre oralidad y visualidad, tuvo presencia en la caricatura europea ya desde finales del siglo XVIII (véanse, entre otros muchos, dos ejemplos, uno francés y otro español, en las figuras 14 y 15), y transferido a la caricatura mexicana va a permanecer vigente hasta el final del siglo XIX, siendo uno de los tópicos más difundidos (en efecto, un ejemplo tardío de El Hijo del Ahuizote se ve en la Figura 16). En cuanto al motivo del gato, en la acepción específica del que cae parado y se acomoda a todas las circunstancias políticas, su uso se circunscribe a un periodo mucho más corto, que va de la década de 1820 y que, si bien esporádicamente, llega hasta mediados del siglo XIX. Todo indica que se circunscribió a México, a diferencia de otros tópicos que son comunes también a la literatura periodística y caricatura españolas.60


Aparece, por ejemplo, entre otros, en un par de panfletos publicados en 1823: Proclama de un gato maromero á sus discípulos y Arte de caer parado en las revoluciones enseñado por el gato de un maromero. En el primero se dice: “¿no seriais más que brutos si os consagrarais desde un principio a salvar la patria, sabiendo que los ascensos y rentas están a vuestra disposición con sólo guardar el equilibrio?”.61 En el texto del segundo, más ilustrativo, supuestamente un gato viejo, moribundo y experimentado en el oportunismo, aleccionaba a otros gatos jóvenes diciéndoles:
En las grandes revoluciones de los reinos es cuando el verdadero equilibrista debe lucir toda su habilidad, si quiere andar bien en la maroma. Debe prevenirse de los auxilios siguientes. Unos anteojos de prevision ó de larga vista, que aumenten ó disminuyan los objetos según convenga. Item: el palo de balanza, que en un extremo deberá tener una piedra que se llame miedo, y en el otro otra que se llame adulacion [...] Tomareis el palo de balance y os trepareis á la maroma [cuerda], jugando diestramente la adulacion y el miedo…62

Asimismo se conserva una carta de 1824 en la que el padre de un panfletista cuenta a su hijo que se rumoraba que la Santa Alianza quería intervenir en México, y que algunos españoles aquí residentes sobornaban a las autoridades para devolverle el dominio del país a España, y añadía: “Entiendo que estos gatos maromeros todos cuantos pasos dan son para caer parados quando llegue el pasificador [sic] de la America que viene a hacer la paz con 6000 hombres”. Esto, y la constante aparición del tópico en el diario de Carlos María de Bustamante, desde la década de 1820 y todavía hasta mediados de la de 1840, apuntan a un uso en el lenguaje cotidiano; en 1841 Bustamante afirmó: “Ramos Arizpe escribe que se está medicinando y que si se aliviare vendrá... Es decir, aguarda a ver qué tal prueba dicha Junta y como se presenta el horizonte político para caer parado y sin lesión. ¡Vaya un gato maromero!”.63
En 1825 la idea se plasmó visualmente en una imagen satírica anónima, grabada en aguafuerte, que ilustró un panfleto de Spes in Livo (Luis Espino) titulado Barata de empleos consignada á calaveras y muertos desenterrados (Figura 17), uno de cuyos asuntos centrales fue el debate existente en torno a la repartición, tras la Independencia de México, de cargos públicos. Denunciaba que, en vez de premiar con ellos a los patriotas o insurgentes que habían luchado para liberar al país, éstos se entregaran a ignorantes y oportunistas sin mérito, representados respectivamente por un burro y un gato64 (ambos personajes son a la vez calaveras porque la estampa se publicó el día de muertos).
La figura del gato como símbolo de oportunismo siguió vigente la siguiente década, y en un panfleto publicado en 1836 se asoció precisamente a la conducta de Santa Anna y a la repercusión que eso tenía para la nación mexicana. Su título enuncia justamente la idea, o una de las ideas, que se plasmó nueve años después en la caricatura “Sainete político” y “¡Qué buen gato maromero es el pérfido Santa Anna!”. Entre otras cosas, ahí se decía que:
Por más que se diga que el general Santa-Anna es el libertador de su patria […], el benemérito, el angel tutelar y el ídolo de la nacion, sus hechos han estado en contraposicion con todas estas lisonjas [… de la credulidad o impericia de los mexicanos] ha aprovechado el general Santa Anna, para que la nación haya sido el jugete [sic] de su capricho y aspirantismo […] él ha trazado con un negro pincel […] cuadros fúnebres de proscripciones y patíbulos, de debastación [sic] y sangre […]. Valiéndose de la division de partidos […], militando bajo diferentes estandartes, [los ha hecho] contribuir a sus particulares intereses, atizando la tea de las disenciones [sic] públicas para sacar á su favor el mejor partido…
Santa-Anna, y solo Santa-Anna ha sido el que ha ocasionado la ruina de la nacion por su aspirantismo, el ha sido el que ha promovido las mas de las revoluciones desde el año 22 hasta la presente época…65
![Spes in Livo [Luis Espino], Barata de empleos consignada á calaveras y muertos desenterrados, 2 de noviembre de 1825. Biblioteca Nacional de México. Grabado en metal.](../2594-178X-biblio-8-01-77-gf17.jpg)
Lo que contribuyó a dar gran difusión a éste y otros tópicos en los que se representó el oportunismo político, fue justamente la efervescencia y las pugnas entre grupos por el poder, en un ambiente de descontrol e inestabilidad general en que la frágil posición de los sucesivos y efímeros gobiernos hacía que los cargos públicos cambiaran rápidamente de manos. Si nos atenemos al diagnóstico del mismo Juan Bautista Morales, entre los males que afectaban el México poscolonial estaba el oportunismo de quienes se hacían pasar por patriotas para mejorar su suerte y que, según las conveniencias, variaban de posición política; sus modalidades, alcances, proporciones y actividades -de acuerdo con él- eran muy diversas, por ejemplo, estaban los que agitaban los ánimos políticos para luego sacar partido de ello, los que maniobraban para parecer liberales y al mismo tiempo apoyaban medidas que no lo eran; estaban también los agiotistas, y los escritores públicos que vendían su pluma o lucraban con el escándalo. La mayoría eran, a su vez, promotores de la inestabilidad.66 En realidad, en un contexto tan agitado no fue raro que diversos actores políticos tuvieran, por pragmatismo, que poner de lado sus principios políticos, para sortear las circunstancias. Eso le ocurrió justamente al grupo liberal moderado, y al propio Morales en 1845: a pesar de que una de sus principales consignas contra el derrocado gobierno santannista había sido la instauración del federalismo, al llegar al poder tuvieron que dejarla de lado, argumentando la coyuntura política, mientras que paradójicamente la oposición, en la que colaboraban los seguidores de Santanna, ahora la adoptó en su contra.
El gato, posible metáfora de la intemperancia sexual de Santa Anna
Llama la atención que, en lo que se refiere a los errores personales del caudillo, la caricatura “Sainete político…” no sólo se centre en su intemperancia sexual, sino que incluso este asunto prevalezca visualmente sobre el de los errores políticos. En principio, la imagen reclama a Santa Anna un hecho que consternó a la sociedad mexicana, por atentar en contra de las convenciones establecidas y del cual también fue protagonista poco antes de su caída, acrecentando su impopularidad. Además, lo muestra transfigurado en gato haciendo a un lado a una gata que, escandalizada, representa a Inés de la Paz García, su esposa recién fallecida -en agosto de 1844, a los 43 años-, mientras lleva del brazo a una sensual joven que, en actitud vergonzante, agacha la cabeza y que pudiera ser Dolores Tosta, de 17 años, con la cual se casó sólo seis semanas después.67 La incomodidad se debió a que Santa Anna omitió guardar el luto debido.68 Al respecto Bustamante, en un libro que publicó en 1845 para reseñar la administración santannista, afirmó:
El pueblo de México no vio de buen ojo este matrimonio por la proximidad á la muerte de la Sra. Garcia; y tanto mas cuanto que nuestras antiguas leyes harto escrupulosas, han medido los grados de sentimiento que los hombres deben tener por la muerte de sus deudos; así es que nos señalan el mismo tiempo de luto al que ha perdido al Padre o á la Esposa que á un deudo ó amigo. Los que mandan, siempre deben consultar no solo á las leyes del pais, sino á la decencia y decoro; están puestos en el candelero para alumbrar y guiar á los súbditos.69
En cuanto a Santa Anna, el que los eventos políticos aparezcan en un plano secundario y de su mano caiga un alegórico bastón de mando, instiga la idea de que el último desacierto respecto de sus deberes conyugales debería sumarse a su equívoca actuación política. Sin importarle el qué dirán, se había lanzado a los brazos de una hermosa muchachita, abandonando además sus responsabilidades como presidente de la república, pues en un momento político muy crítico, se había marchado -táctica usual en él, en momentos de incertidumbre- a Manga de Clavo, su famosa hacienda en Veracruz. Al respecto Bustamante señaló que los asuntos públicos eran desatendidos, y apuntó crudamente las razones: “Mientras nosotros dormimos en Texas se aprestan, y Santa Anna folga a pierna suelta con su novia. ¿Creerá esto la posteridad”70 (el término folgar se usaba, según la Academia, para designar el juego sexual).71
Como sea, cabe la posibilidad de que la joven de la caricatura sea una representación de otra de las muchas mujeres de la vida real con las que se relacionó72 o simplemente de todas ellas. Este tema que, como mencionamos, se usó asimismo en otras caricaturas, entre ellas “Ensueño del tirano”, también fue criticado en la prensa escrita, quizá en una estrategia concertada. Por ejemplo, se plasmó en un impreso suelto que, a su vez, reprodujo el periódico moderado El Siglo Diez y Nueve y que, si bien criticaba duramente su actuación política antes que otra cosa, se refirió condenatoriamente a su conducta sexual:
Para hacer un retrato perfecto del ilustre general Santa-Anna […] seria necesario pintar […] todos los vicios en su aspecto mas triste y degradante, y todos los crímenes que hacen aparecer al hombre como inferior á las bestias […] su desenfrenada lujuria, su insaciable avaricia y su desmedida ambición [… han ] causado los mayores males á la República […] ¿A qué pueblo, por dónde ha pasado, no [ha] escandalizado con sus lascivos desórdenes? ¿Quién ignora, que abusando del poder y deslumbrando con el brillo de los puestos que ha ocupado, ha seducido á millares de mugeres [sic] virtuosas, que después han llorado y expiado con un tardío arrepentimiento su necia credulidad? ¿Quién no sabe, que por toda la vasta extensión de la República vagan millares de hijos adulterinos de este Asmodeo, que sin cuidarse de sus lamentos y miseria los ha abandonado á su infelice suerte? ¿Quién ignora, finalmente, que la facultad de dar empleos ha sido en su mano un instrumento eficaz de prostitución con que ha comprado la honra de las familias que se pueden ir mostrando con el dedo?73
Es muy factible que la figura del gato en “Sainete político”, en la que parece enfatizarse la zona genital bajo el pantalón, haya tenido una significación sexual. Demostrarlo plenamente implicaría acceder al sentido por ahora inexplorado que tuvo en la cultura mexicana decimonónica, heredera y en conexión sustancial y permanente con la cultura europea, para la cual, desde la Edad Media hasta el siglo XVII, en la visión cristiana prevaleció un sentido negativo que vinculó a este felino con el demonio, la muerte, la herejía y la brujería, pero también a una sexualidad transgresiva, siendo la mutilación la manera de protegerse de su influjo. La literatura del Siglo de Oro español asocia el erotismo femenino con este animal.74 Y aunque para el siglo XVII el gato se había integrado al espacio social y doméstico, nunca perdió su connotación negativa, por su carácter nocturno, elusivo, independiente e intimidante.75 Robert Darnton señala el enorme peso simbólico del gato en la cultura popular y en el folclor francés, y su especial importancia como metáfora o metonimia sexual desde el siglo XV, connotando la fertilidad y la sexualidad femenina; al estudiar un caso en el que mediante una matanza de gatos en el siglo XVIII, los trabajadores de una imprenta ridiculizan y subvierten el orden legal y social: así, los “gatos como símbolos evocaban el sexo y la violencia”.76 Entre las muchas connotaciones negativas asignadas a este animal en la simbología estuvo la pereza, la traición, el engaño, la crueldad, la astucia, etc., y desde luego la lujuria o lascivia.77 En cuanto a la cultura visual europea, el gato como antiguo símbolo de la sensualidad aparece una y otra vez en escenas amorosas de carácter alegórico elaboradas en el siglo XVIII,78 y su simbolismo sexual pervive en el siglo XIX, del que es caso conocido la Olympia de Manet, pintura que, expuesta en 1865, escandalizó, y también las caricaturas que en la época la parodiaron.79 Datado en ese mismo año, Agustín Arrieta, un conocido artista mexicano cuya obra hizo eco en muchos sentidos a los pintores de género del viejo continente, pintó un interesante cuadro titulado Cocina poblana, en el que es muy probable que la presencia del gato contribuya a fortalecer su ya demostrado simbolismo erótico.80
Un sondeo inicial indica, como es de esperar, que en este lado del continente circularon ideas afines desde siglos atrás: las denuncias ante la Santa Inquisición revelan que en el imaginario novohispano el gato se asociaba con la magia y hechicería.81 En el siglo XIX, diversos artículos o textos literarios, a veces satíricos, publicados en periódicos y revistas mexicanos dan cuenta igualmente de que muchas de las significaciones negativas sobre el gato provenientes de la centenaria cultura europea, incluida su asociación con la brujería,82 estaban bien asentadas en la cultura mexicana, y al ser reelaboradas les hacían eco o seguían siendo alimentadas por aquélla, y acaso se empalmaron en la interpretación de quienes en la época miraron la caricatura del gato ahora analizada: su carácter maligno e ingrato, su astucia, perspicacia, mirar equívoco, lascivia nocturna sólo contenida tras la castración, el temor que causaba la luminosidad de su mirada,83 su proceder cruel, infame, y ruin,84 su viveza, perversidad, cobardía y carácter traicionero.85
Conclusiones
En lo que respecta al plano político, la coincidencia y reiteración de los argumentos expresados por diversos miembros del partido moderado o aliados en contra de Santa Anna en distintos momentos, y la promoción, al momento de los hechos, de una imagen de conducta disipada, irresponsable y oportunista de él como presidente, en contraposición a una de rectitud y moralidad por parte del nuevo gobierno, lleva a sospechar -al margen de la veracidad o no de los hechos-86 que existió un acuerdo en cuanto a la manera en que se debían proyectar una y otra. En correspondencia con la estrategia anterior, es posible que las caricaturas que entonces circularon en contra del general, entre las que se incluyen las aquí analizadas y que fortalecieron los mismos argumentos, fueran sufragadas por dicho partido, para alimentar una especie de campaña “mediática” que se reforzó con otro tipo de expresiones propagandísticas, como literatura popular en impresos sueltos, artículos periodísticos o discursos en el Congreso.
Comprender de manera más precisa el papel que jugaron dichas caricaturas en esta campaña es por ahora un ejercicio de especulación, puesto que no tenemos testimonios o indicios de tirajes o costos que permitan atisbar siquiera en la recepción que tuvieron, a no ser pistas más consistentes para el caso puntual de El Gallo Pitagórico, que hacen suponer que fue una obra subsidiada a la que se le intentó dar un amplio alcance público. Como sea, dada su cualidad de imagen impresa y, por tanto, multirreproducida, y dado su intrínseco poder comunicativo, cabe suponer que la inmediatez y facilidad para interpretar caricaturas por parte del público, incluso a pesar de no poseer habilidad de lectura, fue un incentivo para crearlas y sufragarlas o al menos subsidiarlas. Sin duda, su presencia sirvió para atizar la animadversión hacia la caída administración santannista, como había ocurrido meses atrás al momento de su debacle cuando, según Bustamante, en la ciudad de Puebla además de pegarse en las esquinas impresos traídos desde Ciudad de México, se pusieron asimismo caricaturas irreverentes.87 La amplia participación que en aquel momento tuvo el sector bajo de la capital en los desmanes y en los actos iconoclastas respecto de las estatuas o monumentos que hacían honor al general Santa Anna, hace suponer que estas otras imágenes, de carácter denostativo, no le resultaron indiferentes. Y, de hecho, es muy probable que esta fuera la primera campaña política del México independiente que incorporó en su propaganda política caricaturas de manera más o menos consistente. En todo caso, indicativo del impacto que tenían es el que en los años posindependientes, las autoridades publicaran sucesivos bandos para prohibir la publicación de este tipo de imágenes.88
En cuanto a la conducta disoluta de Santa Anna, en lo que concierne a los gallos, los testimonios indican que algunos de los presidentes que le precedieron también tuvieron esa afición, y apostaron y departieron en las fiestas populares, codo a codo, con los modestos galleros; no sólo lo hicieron los de origen humilde, como Vicente Guerrero, sino igualmente los de la élite, como Anastasio Bustamante, quien como hombre de bien se supone estaría preocupado, junto con su grupo, por atender los cambios en la moral individual y social, y la corrupción de la juventud.89 Pero además, la propia sociedad mexicana -que según testimonios daba amplio vuelo a los rumores y chismes90- en todos sus estamentos participaba regocijadamente en las diversiones de los gallos, pero también en los juegos de azar.
En lo que se refiere al aspecto sexual, aunque hacen falta estudios que permitan observar este tipo de comportamientos en la sociedad decimonónica de México, como ya se ha señalado, dependía mucho de la posición social y económica que las conductas entonces consideradas moralmente inadecuadas se toleraran. Por otra parte, respecto de los amoríos de Santa Anna, varios de los chismes que Bustamante recogió en su diario resultaron ser falsos, además de que su testamento prueba que protegió a varios de sus hijos nacidos fuera de matrimonio, a diferencia de lo que el citado impreso suelto afirmó en diciembre de 1844.91
Por lo que concierne a la tradición caricaturística en México, diversos motivos y vertientes culturales, literarias y visuales la alimentaron, lo que se ha podido observar tomando como pretexto el uso de figuras animales como la del gallo o el gato. Es lógico que quienes conceptualizaron las caricaturas, les infundieran su propio bagaje intelectual y cultural. Lo ecléctico de los temas y motivos que en ellas se conjuntan derivan de la alta cultura escrita, pero también del lenguaje cotidiano y popular, presentes a menudo en la literatura periodística o la literatura panfletaria. Es comprensible que el repertorio de la caricatura se constituyera de lugares comunes y decodificables, pues debía ser comprendido por los lectores o receptores de los impresos ilustrados con ellas, un tema que por ahora ha sido muy poco explorado en México. Algunos de los tópicos de la caricatura fueron de amplia vigencia temporal y geográfica -como el del equilibrista o el maromero que, creado en Europa, circuló en muchos países, incluido México, a lo largo de todo el siglo XIX-, otros fueron de creación y uso local, sin equivalente en otros países o regiones, como el del “gato maromero” de la caricatura mexicana, que solamente circuló en la primera mitad del siglo XIX.
En cuanto a los significados que la sociedad de la época asignó a determinados motivos, figuras y símbolos de la caricatura, por ahora no del todo accesibles -por ejemplo, el de la posible connotación sexual en la figura del gato-, sólo se podrán dilucidar más plenamente en la medida en que se profundice en los usos que se les dio en periodos específicos. Por lo que se refiere a la historia cultural de los animales, es un tema prácticamente inexplorado en México y para la caricatura decimonónica, que recurrió a menudo a sus representaciones, no sólo pertinente, sino incluso necesario.92
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Notes