Resumen: El consumo de pornografía es un fenómeno social que repercute a la salud mental de la población debido a su capacidad de modificar la percepción de las relaciones interpersonales, la sexualidad y el bienestar psicológico. Siendo los adolescentes y jóvenes los más proclives a desarrollar síntomas de los diversos trastornos por esta exposición, es fundamental analizar esta problemática por su impacto en el desarrollo emocional, social y psicológico de las próximas generaciones. Es así que este estudio tuvo como propósito explorar las variables asociadas que afectan a la salud mental en el consumo de pornografía en la población de 12 a 29 años de edad. Desde allí, se utilizó una metodología cualitativa con un diseño de investigación bibliográfica, que exploró y analizó 24 artículos de las bases de datos de Scopus, PubMed, EbscoHost y Scholar Google entre los años 2014 a 2024. Se realizó un análisis documental a través de la técnica de fichaje, obteniendo como resultados más relevantes, que el consumo de pornografía puede contribuir a la depresión, ansiedad, baja autoestima y estado de ánimo disfórico. Otros problemas hallados fueron una visión distorsionada de violencia hacia las mujeres, disfunción sexual y una correlación con adicciones a sustancias. Como conclusión, este estudio corrobora que el consumo de pornografía está relacionado con problemas en la salud mental, no obstante, es importante conocer las variables asociadas como el género, la edad de inicio y el factor familiar que incrementan su probabilidad.
Palabras clave: Pornografía, consumo, salud mental, adolescentes, jóvenes.
Abstract: Pornography consumption is a social phenomenon that has an impact on the mental health of the population due to its capacity to modify the perception of interpersonal relationships, sexuality and psychological well-being. Being adolescents and young people the most prone to develop symptoms of various disorders due to this exposure, it is essential to analyze this problem because of its impact on the emotional, social and psychological development of the next generations. Thus, the purpose of this study was to explore the associated variables that affect mental health in the consumption of pornography in the population between 12 and 29 years of age. From there, a qualitative methodology with a bibliographic research design was used, which explored and analyzed 24 articles from Scopus, PubMed, EbscoHost and Scholar Google databases between the years 2014 to 2024. A documentary analysis was carried out using the fichaje technique, obtaining as the most relevant results that pornography consumption can contribute to depression, anxiety, low self-esteem and dysphoric mood. Other problems found were a distorted view of violence towards women, sexual dysfunction and a correlation with substance addictions. In conclusion, this study corroborates that pornography consumption is related to mental health problems; however, it is important to know the associated variables such as gender, age of onset and family factor that increase its probability.
Keywords: Pornography, consumption, mental health, adolescents, youths.
Artículos Originales
Desnudando a la pornografía: repercusiones en la salud mental de jóvenes
Undressing pornography: mental health implications for young people

Recepción: 26 Noviembre 2024
Aprobación: 13 Marzo 2025
La palabra pornografía en su etimología proviene del griego Porneia, significando prostitución, es decir, que el cuerpo se entrega como mercancía, por lo que a su vez se define como degradación del erotismo. Han (2018) describe a la pornografía como una eliminación del erotismo centrándose en el deseo propio como la máxima prioridad eliminando cualquier posibilidad de diferencia y de alteridad. Precisamente, Amaya (2014) considera que el erotismo es el grado de sexualidad que se permite dentro de la sociedad debido a que este es la única forma de recuperación de la intimidad como un acto que engloba el misterio de la interacción corporal de dos individuos, a diferencia de la pornografía que es la representación grotesca del sexo. Es así que la pornografía actúa como un sistema de control y trivialización del acto sexual, representando la obscenidad y despojando de intimidad a la sexualidad, al personificar el sexo de manera ordinaria (Marzano, 2006; Peña, 2012). La pornografía se ha convertido en un fenómeno cultural y social que trasciende las fronteras geográficas y las barreras lingüísticas, consolidándose como un poderoso medio globalizador de la sexualidad, un mediador para las emociones negativas, bienestar sexual y emocional, estándares femeninos de estética corporal, medio de entretenimiento, salud mental (Privara & Bob, 2023; Kumbhare, 2022; Hanseder & Dantas, 2023).
Según Testa et al (2023), en España el 99.6% de jóvenes entre los 16 y 24 años utiliza internet, de los cuales un 62.5% entre los 13 a 17 años ha visto pornografía alguna vez en su vida, esta prevalencia se puede explicar a la facilidad que se tiene en portar dispositivos móviles en edades cada vez más prematuras Un informe de Save the Children (2020), nos muestra que 7 de cada 10 jóvenes consumen pornografía antes de los 12 años. Por último, un reporte de la BBC (2013), señala que el tráfico de internet por parte de la pornografía a nivel mundial en función a diversos foros es del 14%. El acceso a contenidos pornográficos a través de Internet ha aumentado exponencialmente en las últimas décadas, fomentando una interconectividad sin precedentes entre personas de diferentes partes del mundo (Alonso-Ruido et al., 2022). Aunque habitualmente profesionales ponen al consumo de la pornografía como un fenómeno que puede manipularlas respuestas sexuales de un individuo en una relación de pareja (Alonso-Ruido et al., 2022;Ballester et al., 2019), en la literatura científica para este precedente aún no tenemos información concluyente de que el consumo de pornografía cause alteraciones hacia un espectro de introversión o extroversión (Privara & Bob, 2023).
Investigaciones actuales revelan un aumento exponencial del consumo de pornografía en las poblaciones juveniles. Una encuesta realizada por Pornhub Insights (2018), evidencia un aumento de 10 millones de nuevas visitas en menos de un año, cifra que tiene una tendencia al alza. Torrado (2021); Ballester & Orte (2019) describen a esto como una tendencia dominante que se oferta de manera gratuita, ilimitada y de diversos niveles de interacción. Entendiendo que las poblaciones juveniles pueden albergar contextos y características afectivas distintas, distinguimos a la juventud ,la cual, vista desde un enfoque psicológico se refiere a la construcción de la interacción entre su ambiente y las relaciones sociales (López & Manco, 2023) y considerada como un período de construcción y afirmación de la identidad, donde existe una crisis de la intimidad (Fernández, 2021).
Es así que esta investigación buscó explorar desde un ámbito de la salud psicológica el consumo de pornografía, con lo cual se planteó la pregunta que guio nuestro estudio: ¿Cuáles son las variables asociadas que afectan a la salud mental en el consumo de pornografía de adolescentes y jóvenes? El estudio de la pornografía como fenómeno sexual global implica un examen en profundidad de sus implicaciones socioculturales, psicológicas y éticas (Triviño & Salvador, 2019), así como una comprensión más profunda de las dinámicas interpersonales y problemas psicológicos que pueden conllevar a su consumo. Es por ello, que, para intentar conocer esta problemática, se realizó un estudio en el cual se destaca cómo la pornografía influye en las variables asociadas y rasgos psicológicos que determinan la salud mental en los usuarios.
Es así, que el tipo de investigación que se realizó fue una revisión bibliográfica, este tipo de estudio ofreció la oportunidad de explorar y analizar las distintas perspectivas y hallazgos de investigaciones previas del fenómeno, algo esencial para comprender a fondo la pornografía y sus repercusiones en la salud mental de jóvenes. Así mismo, mediante la revisión de literatura especializada, se pudieron identificar patrones, tendencias y posibles factores de riesgo asociados a la pornografía en esta población.
La presente investigación es de tipo cualitativo, siendo ésta un proceso exhaustivo e interrogativo que se basa en explorar un problema social o humano analizando las variables en su ambiente innato (Creswell & Poth, 2016). Dentro del proceso de investigación cualitativa, la revisión bibliográfica, es un análisis a nivel sistémico que se encarga de recopilar y seleccionar documentos acerca de un objeto de estudio determinado, con el fin de abordarlo de manera panorámica a través de las diferentes fuentes seleccionadas (Reyes-Ruiz & Carmona Alvarado, 2020). Es así que para esta investigación se abordó de manera sistémica a través de artículos seleccionados el fenómeno de la pornografía en la salud mental de los jóvenes. Posteriormente y analizado los textos seleccionados se pudo codificar y agrupar la información en dos categorías de estudio.
Los criterios que se tomaron en cuenta, fueron considerados en un intervalo de los diez últimos años, que van desde el 2014 hasta el 2024, en dos idiomas: español e inglés. Asimismo, se incluyeron a publicaciones académicas (arbitradas) y a texto completo. Las palabras claves empleadas fueron: “pornografía”, “adolescentes”, “jóvenes”, “pornography”, “teenagers”, y “adolescent”.
Se tomó como principal fuente de información a Scopus, PubMed, EbscoHost y Scholar Google. Se recolectaron datos de artículos científicos, excluyendo otro tipo de literatura como reseñas de libros, tesis de pregrado, posgrado, cartas al editor y actas de congreso. Además, se excluyeron artículos duplicados y no originales.
Para el procedimiento de la recolección de datos se desarrolló una matriz de información en una hoja de cálculo de Excel, donde se plasmó la información recolectada de los artículos elegidos. De los artículos científicos encontrados se tomaron en consideración según los criterios de inclusión aquellos que contaban con población de adolescentes y jóvenes. Además, los artículos que relacionaban el fenómeno de estudio con variables asociadas y salud mental. Posteriormente se realizaron los criterios de elegibilidad por lectura completa, identificando los artículos de enfoque cuantitativo para la objetividad de esta investigación.
De los artículos se analizó el año de publicación, país de origen, tipo de población, educación, sistema familiar, frecuencia de consumo, creencias y los principales hallazgos y/o resultados respecto a la salud mental, de los cuales se estudiaron semejanzas y diferencias con el fin de alcanzar conclusiones correctas. Finalmente, a través de un análisis temático, se construyeron dos categorías como: variables asociadas al consumo de la pornografía y consecuencias en la salud mental.
De los artículos seleccionados en la figura 1, todos pertenecen al diseño no experimental, siendo estos de tipo descriptivo simple, asociativo, y tecnológico. Las técnicas estadísticas utilizadas en los estudios fueron de asociación simple, regresión logística, regresión múltiple, análisis de mediación, análisis de red, y meta regresiones.
En cuanto a la procedencia, los estudios seleccionados en la figura 1 fueron predominantemente del continente europeo (15 artículos), seguido del americano (6 artículos), y finalmente de Asia (3 artículos). El país que más investigaciones aportó fue España con 06 artículos, seguido de Croacia, Polonia, Suecia, China y EE. UU. con 02 artículos. Finalmente, de Alemania, Holanda, México, Colombia, Ecuador, Taiwán y Turquía se seleccionó 01 artículo.
De los artículos revisados, sus resultados se centraron en población no clínica en su mayoría de instituciones educativas de nivel secundaria, institutos y universidades.
Para realizar el análisis de la información, se seleccionó el material bibliográfico (artículos) de acuerdo a la pregunta de investigación y siguiendo los criterios de inclusión y exclusión. Posteriormente a través de la técnica de fichaje se codificaron los textos y finalmente se agruparon en dos categorías.

Figura 1. Diagrama de flujo de selección de los datos. Fuente. Elaboración propia. Base de datos y artículos seleccionados desde diciembre de 2023 a junio 2024.
Entre las variables consideradas en la literatura, los diversos estudios convergen en medir la edad, sexo, género, orientación sexual, nivel educativo, ambiente familiar, situación sentimental, estado romántico, empleo de los padres, nivel socioeconómico, ausentismo escolar, debut sexual e iniciación en la pornografía. Aunque no exista un medidor único, en los estudios de Zhang et al. (2022), Pirrone et al. (2022) y Svedin et al. (2023), consideran estas variables asociadas como factor mediador sobre el consumo de pornografía. Además, Wright y Tokunaga (2018) toman en cuenta la asistencia de servicios religiosos en las distintas muestras transversales y longitudinales, ofreciendo una visión amplia de cómo varían estos factores entre los consumidores de pornografía en diferentes contextos. Asimismo, se plantea que el desarrollo sexual sucede de forma natural a lo largo de los años en el proceso madurativo del ser humano. Siendo este un aspecto susceptible al efecto que pueda generar el consumo de la pornografía de diversas magnitudes. Pudiendo existir una modificación de las preferencias sexuales debido a que el consumo masivo de estos medios, se da en gran medida en contenido heterosexual.
a) Edad de inicio y género
En esta línea, estudios como el de Sanz-Barbero et al. (2023) señalan que la edad media de inicio en el consumo de pornografía es más temprana en los varones (14 años) que en las mujeres (17 años), respectivamente. Asimismo, Lin et al. (2020) menciona que la edad promedio de exposición temprana a material sexual explícito (SEM) es de 13.3 años y está relacionada con conductas sexuales de riesgo en la adolescencia tardía. Por otro lado, Dwulit y Rzymski (2019) y Gil et al. (2018) indican que la edad de primera exposición a la pornografía es de 12 años, siendo la prevalencia igual en varones y mujeres.
Respecto al género, estudios señalan que no hay asociación significativa entre el uso del SEM y las conductas de riesgo sexual (Koletić et al., 2019; Dwulit & Rzymski., 2019). Sin embargo, Lin et al. (2020) menciona que adolescentes varones son más propensos que las mujeres a tener más parejas sexuales y sexo sin protección, en relación al consumo. Sin embargo, es invariante en cuanto a la de edad de inicio sexual temprano. Asimismo, Vélez (2022) evidencia que los adolescentes y jóvenes que más consumen pornografía tienen mayor predisposición a tener relaciones sexuales.
Por otro lado, Fernández-Ruiz et al. (2023) demuestran que las mujeres presentan incomodidad en el consumo de la pornografía convencional, debido a que rechazan la violencia sexual y el papel sumiso. Sin embargo, cuando se equipará la pornografía convencional y la parafilia, las mujeres destacan la segunda opción como una percepción más desagradable (Prantner et al., 2024).
b) Área educativa
Los jóvenes y adolescentes pueden construir imaginarios sexuales producto del consumo pornográfico (Alonso-Ruido et al., 2022; Triviño & Salvador, 2019). Es así como se explora si este fenómeno global está asociado a un factor educativo o no. Habiendo un consumo de pornografía en participantes de todos los niveles de educación. Los resultados de los estudios señalan que el consumo de los participantes se evidenció en un nivel universitario o superior (Sanz-Barbero et al., 2023; Prantner et al., 2024) y en el nivel básico de educación (Murin et al., 2018). Asimismo, Murni et al. (2018) indica que centenas de estudiantes de nivel básico tuvieron exposición pornográfica, y que la mayor parte de ellos estuvo expuesta desde 1º de educación básica. Hornor (2020) en un informe actual manifiesta que centenas de infantes han sufrido exposición pornográfica.
En esta misma línea, el contenido pornográfico se relaciona fácilmente con la existencia de contenido sexual en internet al que los alumnos de Primaria tienen fácil acceso (Potoglou et al., 2017), afectando tanto a estudiantes varones (Laconi et al., 2016) como mujeres (Bőthe et al., 2022). Lo más interesante es que el entorno de los alumnos de primaria en una era digital puede propiciar la exposición a la pornografía, clasificándose está en tres tipos. El primero es físico, formado por la tenencia y fácil acceso a dispositivos móviles. El segundo es social, siendo este dado por el entorno, frecuentemente compañeros que ya sufrieron exposición a la pornografía en ausencia de supervisión parental. El tercero es el virtual, en el cual se encuentra en la facilidad de acceso a Internet en un mundo globalizado (Fauzi, et al., 2024).
Sin embargo, según Vélez (2022), el nivel educativo no influye o está asociado en el consumo de pornografía.
c) Creencias
En cuanto al consumo de pornografía y las creencias religiosas, predomina el ateo o agnóstico (Prantner et al., 2024), a diferencia del estudio de Wright y Tokunaga (2018), donde los participantes que consumían pornografía asistían a servicios religiosos una vez al mes.
En cuanto a las creencias sociales en relación al consumo de pornografía, una de las más constantes en los hombres es la presión de cumplir a la mujer en el acto sexual, es decir, el hombre siempre debe tener deseos y estar dispuesto a relaciones sexuales en cualquier momento. Asimismo, las creencias e imaginarios transmitidos por la pornografía influyen en la autopercepción de la sexualidad masculina, como el tamaño del pene o con elementos que se relacionan con la duración del acto sexual (Mora et al., 2023).
d) Frecuencia de consumo
Por otro lado, respecto a la frecuencia, Lin et al. (2020), señala que a más exposición al consumo existen más probabilidades de conductas sexuales de riesgo (p < 0.05), así como debut sexual temprano, relaciones sin protección y múltiples parejas sexuales. Sin embargo, Bőthe et al. (2020a) declaran que la frecuencia no es un medidor relevante de cara al consumo problemático de pornografía, destacando que los consumos altos no necesariamente indican una característica patológica. Aunado a esto, estudios más recientes evidencian que el consumo de pornografía se da más en varones que en mujeres, y su probabilidad aumenta con la edad en ambos sexos (Vélez, 2022; Sanz-Barbero et al., 2023). También, la frecuencia de uso de pornografía es mayor en mujeres con una relación romántica que en mujeres solteras, y la duración promedio de uso no supera la hora sin diferencias en el género (Dwulit & Rzymski, 2019).
e) Factor familiar
El ámbito familiar es un factor importante en la formación de la salud mental de los adolescentes. Es así, que estudios enfocados en esta variable refieren que una disfunción familiar en adolescentes, está relacionada al consumo de pornografía (Li et al., 2023; Mattebo et al., 2018). Asimismo, se puede evidenciar que existe un aumento del consumo de pornografía, dado por un estilo intrafamiliar negativo a comparación del positivo (Rivera et al., 2016; Li et al., 2023). Por otro lado, tener un funcionamiento familiar adecuado fomenta la autoestima, haciendo que ambas variables sean protectoras del uso problemático de la pornografía en internet (Li et al., 2023).
Existe una repercusión de una mala salud mental según Svedin et al. (2023) en el consumo de pornografía aberrante (violencia, animales y niños), aunado esto a factores familiares como el desempleo de los padres, el alto nivel de control de los progenitores, una familia disfuncional y el abuso sexual temprano en los niños. Para estos autores, el consumo de pornografía de baja o alta frecuencia, por sí sola no explicaría una asociación con una mala salud mental (excepto el consumo de pornografía aberrante), dado este solo en correlación con variables sociodemográficas como padres ausentes y una familia disfuncional.
De estos estudios se puede entender que una adecuada constitución y funcionamiento familiar puede ser parte de una prevención en el consumo problemático de la pornografía, asociado al cuidado de la salud mental en los adolescentes. También, la formación sobre estos temas, es esencial que se fomente dentro de la familia como parte de una educación integral. Triviño y Salvador (2019) refiere que los padres pueden tener noción de las consecuencias del uso problemático de la pornografía en la salud mental de sus hijos adolescentes, pero estos carecen de estrategias didácticas para educar sobre estos temas. Siendo también prioritario que las instituciones educativas puedan asesorar a los padres y prevenir conjuntamente el consumo problemático de la pornografía.
Como investigadores de las variables asociadas al consumo de pornografía no pueden ser entendidas de manera aislada ni reducidas a simples correlaciones estadísticas. Si bien los estudios revisados evidencian la influencia de factores como la edad, el género, el nivel educativo y el entorno familiar, el análisis debe trascender la identificación de asociaciones y centrarse en comprender la base estructural que explican el impacto del consumo de pornografía en la construcción de la sexualidad, las relaciones interpersonales y la salud mental. Además, en los diferentes hallazgos sobre la frecuencia de consumo y sus efectos sugiere que no basta con cuantificar el acceso a la pornografía, sino que es imprescindible analizar la calidad del contenido consumido y la manera en que este moldea expectativas y comportamientos sexuales. Por último, aunque el consumo de pornografía no puede ser considerado en sí mismo un predictor único de conductas de riesgo o disfunciones psicológicas, pero sí evidencia patrones socioculturales más amplios que ameritan un debate crítico y multidisciplinario.
Centrarse en la población de jóvenes es importante para este estudio, ya que estos serán los pilares que conduzcan a su cultura y sociedad. Es así que conocer este fenómeno global es importante para observar que factores pueden estar asociados o no al impacto de la salud mental en esta población. Reportes actuales evidencian que el consumo de pornografía genera una disminución del bienestar mental (Kohut et al., 2018). También existe la posibilidad de que una exposición, independientemente de la frecuencia (Bőthe et al., 2020b), que es usada sin llegar a niveles problemáticos, puede incluso ayudar a la relación íntima de pareja y a la exploración sexual. En todo este mar aparentemente contradictorio de literatura, se debe contemplar cómo puede suscitar este fenómeno al desarrollo de las llamadas nuevas neurosis psicógenas (Sassenfeld, 2011). Aunque la evidencia de las variables asociadas desemboque en un papel fundamental, siempre va a ser motivo de exploración y análisis diferenciarla de poblaciones altamente susceptibles de problemas físicos, mentales y sociales. Siendo, así la depresión, ansiedad, baja autoestima, estado de ánimo disfórico, agresión, sexismo, disfunción eréctil, entre otras, perturbaciones relacionadas a la salud mental por consumo de pornografía (Prantner et al., 2024; Mattebo et al., 2018; Li et al., 2023; Bőthe et al., 2020a; Hervías Ortega et al. 2020; Herbitter et al., 2022; Jacobs et al., 2021). Esto en contraste de aquellas investigaciones que no presentan problemas de relevancia o se hacen contundentes para evidenciar problemas significativos respecto a la salud mental (Bőthe et al., 2020a; Svedin et al., 2023). Es por todos estos antecedentes que el objetivo que guió nuestra investigación fue: explorar las variables asociadas que afectan a la salud mental en el consumo de pornografía de adolescentes y jóvenes
a) Problemas en los estados de ánimo
Estudios realizados principalmente en Europa y Asia (China), muestran una tendencia a asociar el consumo de pornografía con un afecto negativo, dado en el aburrimiento, la irritabilidad, depresión, ansiedad y estado de ánimo disfórico. Es así que Prantner et al. (2024) evidenciaron que existe una correlación negativa del desarrollo de la ansiedad con el disgusto al consumo de la pornografía parafílica en mujeres jóvenes. Así mismo, se evidenció depresión en adolescentes de sexo femenino que consumieron pornografía (Mattebo et al., 2018).
Respecto a la autoestima, Li et al. (2023) evidenciaron en adolescentes una correlación negativa entre la autoestima y el uso problemático de la pornografía en internet. Así mismo, Beáta et al. (2020) manifiestan que existe una afectación de la autoestima en jóvenes por el uso problemático de la pornografía de alta frecuencia. Observando estos estudios, se puede mencionar que la pornografía puede incidir en la autoestima negativamente en la población no clínica de adolescentes y jóvenes.
Por otro lado, la irritabilidad, el aburrimiento y el estado de ánimo disfórico se pudieron manifestar como síntomas en jóvenes de Croacia y España (Beáta et al, 2020; Hervías, 2020). Siendo esto un indicador también para concluir que el consumo de pornografía, puede afectar negativamente al estado de ánimo de sus consumidores frecuentes.
b) Síntomas de agresión – violencia
Los estudios acerca de la agresión y violencia en la pornografía son una manifestación que se describe en estudios de España y Estados Unidos. Dentro de este consumo, la observación de contenido violento contra las mujeres se examinó en escenas sexuales de Pornhub. Se puede concluir en este estudio que las mujeres son objeto de agresión en la mayoría de casos, siendo el varón el que ejerce violencia contra ellas en las escenas analizadas (Fritz et al., 2020).
Por otro lado, estudios empíricos demuestran que la exposición a la pornografía violenta puede incidir con la agresión hacia la pareja en mujeres adolescentes de minorías sexuales, a comparación de mujeres heterosexuales, minorías étnicas y sexuales (Herbitter et al., 2022). Por otro lado, Alonso-Ruido et al. (2022) refieren que en adolescentes varones existe una asociación entre el consumo de pornografía, el sexismo y la violencia contra las mujeres. Así mismo, el consumo de pornografía violenta examinado en jóvenes también se relacionó con las creencias de justificación de la violencia, mito de la violación y actitudes sexistas, dadas en la agresión de varones hacia mujeres (Gallego Rodríguez & Fernández González, 2019). En muchos de estos estudios se señala el vínculo de la visión de la mujer como objeto, hecho que promueve la justificación de la violencia hacia el género femenino.
c) Síntomas en la sexualidad
La pornografía como parte del consumo de adolescentes y jóvenes tiene una repercusión sobre la sexualidad humana. Es así que el consumo de pornografía en mujeres jóvenes puede generar sensación sexual, búsqueda de sensaciones físicas y erotofilia, como factores que propician el deseo sexual. Por otro lado, también puede promover sensibilidad al disgusto sexual, falta de control sexual, consumo problemático de pornografía (Prantner et al., 2024) e hipersexualidad (Bőthe et al., 2020b). Por otro lado, Dwulit y Rzymski (2019) señalan una mayor frecuencia de consumo de pornografía cuando existe una relación romántica. Es así como se puede observar que el consumo de pornografía en mujeres jóvenes puede repercutir sobre el deseo, la visión de la sexualidad y las prácticas sexuales.
En cuanto a los varones jóvenes, estudios han reportado una disfunción eréctil, cuando el consumo de pornografía se vuelve problemático o de alta prevalencia, incrementando más esta probabilidad de sintomatología el estado civil, las expectativas por el rendimiento y la orientación sexual (Jacobs et al., 2021). Así mismo, en jóvenes de ambos sexos, el uso problemático de pornografía tiene repercusiones sobre el comportamiento sexual compulsivo y el rendimiento sexual. Los síntomas que acompañan a estas condiciones son un mayor requerimiento de estímulos y una prolongada estimulación sexual para llegar al orgasmo, aunado a una disminución de la satisfacción de la sexualidad (Lewczuk et al., 2022; Dwulit & Rzymski, 2019). Además, la pornografía evidencia incitación a prácticas sexuales no convencionales como BDSM (Von Andrian-Werburg et al. 2023) y a una erotización de la violencia, por exposición e imitación del contenido pornográfico (Benavent & Martínez, 2023). Es así que el consumo de pornografía puede distorsionar la visión sobre la sexualidad hacia prácticas poco frecuentes y dadas en los trastornos de parafilias.
En lo que concierne a los adolescentes, estos presentarían una distorsión de la sexualidad por el consumo de la pornografía (Alonso-Ruido et al., 2022). Es así que la exposición temprana al consumo en adolescentes puede desencadenar una desensibilización a los estímulos sexuales. Esto genera una disminución de la satisfacción sexual por la necesidad de más estímulos y una mayor intensidad de estimulación (Dwulit & Rzymski, 2019). Sin embargo, no se puede predecir que el consumo de pornografía tenga consecuencias sobre conductas sexuales de riesgo, múltiples parejas o debut sexual temprano (Koletić et al., 2019).
d) Adicción o consumo problemático de la pornografía
El DSM V define a las adicciones como una serie de patrones que son causa del consumo de una sustancia que sigue siendo dañina para una persona y a pesar de ello la sigue consumiendo. Esta definición también abarca comportamientos que interfieren en el desarrollo psicosocial de un ser humano. Aunque formalmente no se use el consumo problemático de pornografía como diagnóstico real, el cambio generacional y rol social de la pornografía (Grubbs et al., 2015), ha tenido contrastes y consecuencias, los cuales valdrían la pena discernir dentro de la práctica clínica.
El consumo de la pornografía tiende a ser más riesgosa cuando la primera exposición se da al tener menos de 12 años, puesto que afecta en el bienestar sexual (Dwulit & Rzymski, 2019). Esto conlleva principalmente a tener un efecto en la vida sexual del adolescente, lo que en consenso científico se denomina consumo problemático de pornografía (PPU). El PPU puede ser entendido como cualquier otra adicción, junto con una sintomatología (Mauer-Vakil & Bahji, 2020) que se caracteriza por el deterioro de actividades de la vida diaria y una imposibilidad de abandonar voluntariamente el consumo a pesar de las consecuencias negativas que afecten la calidad de vida (Bőthe et al., 2020b). Los contenidos adictivos de pornografía están ligados a múltiples problemas físicos y psicológicos como la depresión, ansiedad, estrés o dependencia (Burke & Miller, 2021; Camilleri et al., 2021).
Un aspecto importante a tener en cuenta es distinguir el consumo de pornografía convencional del consumo problemático de pornografía (PPU). En el primer caso, existen investigaciones como la de Ballester-Arnal et al. (2021), donde se calcula que el consumo de pornografía estuvo presente hasta en 90% de varones y 50% en mujeres. En el segundo caso, se puede inferir que solo una pequeña parte de la población consumidora padecerá PPU, con una prevalencia de 11% en varones y 3% en mujeres (Bőthe et al., 2020a; Grubbs et al., 2019).
Asimismo, como en las adicciones convencionales, el cerebro de una persona con PPU converge en los mismos patrones de actividad cerebral mediante imágenes magnéticas que observaron una actividad mayor en el cuerpo estriado ventral, así como también una relación negativa del consumo con el tamaño de la materia gris (Gola et al., 2017; Kunh & Gallinat, 2014). En cuanto a otros estudios neurológicos, se evidencia que el cuerpo estriado ventral y la corteza prefrontal procesan la reactividad de señales y el procesamiento de la novedad en el PPU (Kühn & Gallinat, 2014). No obstante, el volumen del cuerpo estriado puede que requiera otros factores externos que conllevarían a ser una condición antepuesta. Es fundamental considerar que existe un incremento de activación del cuerpo estriado ventral, con indicios que pronostican recompensas eróticas, pero no recompensas monetarias. Es así que esta activación se relaciona significativamente con la gravedad de la conducta sexual compulsiva (CSB), el uso de pornografía y la frecuencia de la masturbación. Además, la diferencia entre un hombre que tiene uso problemático y el que no, es la reacción del cuerpo estriado ventral. Esto se observa en una reacción conductual con señales específicamente predictivas de recompensas eróticas (Gola et al., 2017).
Por otro lado, la noción de que el consumo de pornografía aumentó a raíz de la pandemia Covid-19 y la libre disponibilidad del material, acompañado con una disminución de las relaciones sociales y un aumento del PPU, fue la hipótesis del metanálisis de Irizarri et al. (2023). Demostrando que el consumo sí aumentó, sin embargo, no hubo la misma respuesta en cuanto a la relación con otros trastornos adictivos. Lo que pone sobre la mesa la interrogante de saber cuánto consumo puede resultar perjudicial para la salud mental.
e) Consumo de sustancias psicoactivas
Otros problemas que se manifiestan en el consumo de la pornografía son referidos al consumo de sustancias psicoactivas (Gámez-Medina et al., 2020; Alonso-Ruido et al., 2022). Es así, que, de acuerdo a las evidencias, los varones son los mayores consumidores de pornografía, igual que de tabaco y alcohol. Las mujeres, sin embargo, a comparación de los varones, presentan a la edad de inició una asociación positiva entre el consumo de alcohol y fantasías provocadas por la pornografía (Gámez-Medina et al., 2020). Así mismo, el empleo de pornografía en adolescentes evidenció tener mayor tendencia hacia el consumo de sustancias psicoactivas (Alonso-Ruido et al., 2022).
Respecto a todas las evidencias halladas sobre las consecuencias del consumo de pornografía sobre la salud mental, se puede describir una afectación interpersonal, afectiva, sexual, cognitiva y neuropsicológica en jóvenes de diversas partes del mundo. Es así como se puede sostener que este es un fenómeno intercultural, que tiene por repercusiones un deterioro de la salud mental en jóvenes, sin distinción de la cultural o nación.
Es un necesario también señalar que una mayor repercusión negativa sobre la salud mental, es dado por variables asociadas como una edad temprana en el consumo, adicciones psicoactivas previas, trastornos de ánimo asociado y una sociedad tendiente a la hipersexualización y el rendimiento sexual. Este ambiente posmoderno, donde los jóvenes reportan mayor crisis de salud mental (Haidt & Lukianoff, 2019) que en otros tiempos y el interés desmedido por el goce sexual (Buaman, 2018), ha derivado también en una mayor problemática del consumo de pornografía.
Finalmente es necesario, desde las políticas de salud pública y educativas prevenir un consumo problemático de la pornografía, educando en una sexualidad integral (afecto, sexualidad y compromiso) que ayude a los jóvenes a una mayor conciencia y responsabilidad psicosexual.
Este estudio tiene una relevancia psicosocial, dado a que el fenómeno de la pornografía es un hecho global, que afecta a los jóvenes a nivel sexual, afectivo y cognitivo en diferentes partes del mundo, como se han demostrado en los estudios de esta revisión bibliográfica. Desde esta perspectiva las políticas de salud pública, deben brindar a la sociedad una prevención del consumo patológico o adictivo de la pornografía, que como se ha podido describir están relacionadas con patologías asociadas a los estados de ánimo, desarrollo psicosexual y neorocognitivo.
Los trastornos del estado de ánimo que surgen del consumo de pornografía pueden variar según el género. Los adolescentes y jóvenes expuestos a material pornográfico suelen experimentar depresión, ansiedad, baja autoestima y estados de ánimo disfóricos. El impacto en la salud mental se relaciona, al igual que en otras adicciones, con la pérdida progresiva de actividades diarias, tanto laborales como académicas, así como con la incapacidad para controlar el consumo de pornografía. Este fenómeno se ve agravado por alteraciones cerebrales, como la reducción de materia gris y cambios anómalos en el cuerpo estriado ventral, que también afectan la salud física de los consumidores.
Por otro lado, la sexualidad se ve influenciada negativamente por la exposición a la pornografía, lo que lleva a insatisfacción sexual, hipersexualidad, bajo rendimiento sexual y disfunción eréctil. Además, se observan prácticas como el BDSM que pueden fomentar la aparición de parafilias y aumentar la adicción a la pornografía. Es importante subrayar que, en este ámbito de la salud mental, surgen mayores trastornos y síntomas vinculados al consumo de pornografía, siendo el género un factor relevante en su incidencia y en la disfuncionalidad resultante.
Las variables asociadas al consumo de la pornografía son el género, siendo los varones más proclives al consumo, tener una edad menor de 12 años y una familia disfuncional. Estos factores también predicen mayor prevalencia de una salud mental negativa como trastornos en los estados de ánimo, disfunción sexual, mayor índice de violencia y adicción a la pornografía.
Este estudio se dio a nivel bibliográfico, siendo una limitación la escasa información de fuentes primarias que aborden el fenómeno de la problemática presentada. Así mismo, existen estudios que no son concluyentes estadísticamente, por lo que se puede señalar que fenómeno abordado todavía es marco de exploración para la salud mental.
Todos los autores de esta investigación han participado de manera equitativa e integral al desarrollo de este artículo comprendido en la conceptualización, selección de artículos, análisis formal, redacción, metodología, resultados, revisión y edición del manuscrito final.
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