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¿Crisis del hispanismo? Visiones contra-canónicas y discursos críticos
¿Crisis del hispanismo? Visiones contra-canónicas y discursos críticos
Versants, vol. 3, núm. 67, pp. 83-96, 2020
Universität Bern

Publicación: 01 Noviembre 2020
Resumen: Desde su asentamiento como disciplina académica se ha venido cuestionando el frágil estatuto epistemológico del hispanismo. A partir de los años 1980, se intensificaron las críticas a un hispanismo académico volcado hacia España, estricta o mayoritariamente filológico y clásico, que abrieron paso a visiones contra-canónicas. Con la mirada puesta en este proceso, pero sin desestimar la pujante vitalidad del hispanismo, en el presente artículo se analizan los efectos sobre la disciplina de la crisis de las humanidades y de la globalización. Sin pretensión a establecer un «nuevo paradigma», se contempla la necesidad, para el hispanismo, de tomar conciencia del peligro de una desconexión entre la tradición universitaria y las expectativas de la sociedad. Se aboga por un hispanismo comprometido con su momento histórico y su función crítica ; un hispanismo no hegemónico ni unívoco, sino abierto y plural y, al mismo tiempo, crítico y combativo.
Keywords: hispanismo, hispanista, estudios hispánicos, crisis humanidades;globalización, lengua española, hispanoproclividad, estudios areales
¿Crisis del hispanismo?
Puede parecer extraña –incluso incongruente– tal pregunta, cuando el español en el mundo, en sus distintas modalidades, está gozando de buena y hasta excelente salud, con el crecimiento del número de hispanohablantes en su espacio histórico y fuera (un 18% de hispanohablantes en los Estados Unidos de América: 57, 5 millones), con el auge de la enseñanza del español en el sistema de formación secundaria y superior de los cinco continentes (cfr. el caso espectacular de Brasil donde hasta 2016 el español fue lengua obligatoria en la enseñanza media) y el consiguiente aumento del número de profesores de español e hispanistas potenciales. Un proceso expansivo que ha aumentado enormemente el ámbito de la hispanoproclividad −para emplear la nueva categoría semántica propuesta por Ángel López García (2014) – es decir, el conjunto de las personas que lo hablan como lengua extranjera o segunda, por razones no meramente prácticas, sino por los valores interculturales que encierra, ante otras lenguas occidentales (López García 2010).
Sea lo que fuere, siquiera como hipótesis de escuela, la existencia de unaposible crisis de crecimiento, de identidad, etc., del hispanismo es un saludablesuponer por la dimensión epistemológica que conlleva y la reflexión–casi podríamos decir el examen de conciencia– a que obliga por parte decualquier hispanista amigo de pensar su propio ser y quehacer y la historiaya secular del hispanismo.
Unos cuestionamientos consustanciales del hispanismo. Este cuestionamiento viene de muy atrás –podríamos decir que coincide con los principios del hispanismo– y, entre los hispanistas, es como constitutivo y consustancial de una neo-disciplina de unos aún imprecisos contornos el hispanismo científico vs la hispanofilia en tiempos de Morel-Fatio y Menéndez y Pelayo, la diferencia entre hispanistas hispanólogos y los hispanistas hispanófilos, según Rafael Altamira (apudBotrel 2014), el hispanismo no únicamente de templa serena por el que, en 1920, abogaba Menéndez Pidal o sea no de pura erudición sino «más vivo, más amplio, más directo» y que aunara los aspectos literario, lingüístico y utilitario –así lo decía (Botrel 2014)– o un hispanismo que se interesara por el trasfondo popular de una «authentic Spain» reivindicado por algunos filólogos o folkloristas como Aurelio M. Espinosa, Krüger, Kmemme, Schindler en el Entreguerras, la hispanística en su proceso de independización de la romanística (en Alemania no sucede hasta los años 1980) y su coexistencia, desde el punto de vista geográfico/areal, hasta hoy, con el americanismo o el hispanoamericanismo2..Observemos que, si bien el hispanismo científico se fue constituyendo a partir de la filología (lengua y literaturas) y de la historia, al principio, la afición de los hispanistas «al estudio de la lengua y la literatura españolas y de las cosas de España», como decía el diccionario de la Real Academia Española, o «al estudio de las lenguas, literaturas o cultura [sin plural] hispánicas» como dijo después, pudo ser mucho más amplio3, y que el propio término “hispanismo” no ha llegado a ser totalmente unívoco: además de significar un barbarismo en otros idiomas, hispanismo es todavía sinónimo de una sensibilidad peculiar en el campo de la creación4 y, a partir de los años 1920, bajo el primer franquismo y aún hasta hoy, se ha entendido como proyecto ideológico y voluntad de proyección propios de España: de ahí la asociación entre nacionalismo e hispanismo por Andrenio, los discursos de Martín Artajo como motivo del Día o Fiesta de la hispanidad entre 1947 y 19555, la fundación por iniciativa del Ministerio español de Asuntos Exteriores de una Asociación del Hispanismo Internacional, con su revista Clavileño (Mainer 2002) hasta hoy, en la web, donde «hispanismo.org» está dedicado «a los hechos pasados y presentes desde una óptica hispanista». Algún proyecto muy científico se propone «analizar el hispanismo» de algunas colecciones conservadas en las bibliotecas de Ginebra, etc.
Lo cierto es que el hispanismo en su acepción y vertiente académica –la que se va a contemplar aquí6– ha tardado bastante 1º en percibirse como algo específico entre los profesores de las lenguas modernas y luego románicas (o “meridionales”) e incluso ibéricas, y en conquistar su autonomía en el ámbito de la filología románica o de la romanística ; 2º en aplicarse a unos “nuevos” espacios como Hispanoamérica o la América del Norte hispanófona, con los llamados estudios areales cuyos límites, por la historia o la geoestrategia, pueden variar según desde dónde se mire (la americanidad englobadora o disgregada, la latinidad vs el mundo anglosajón, el multilinguismo dentro de la misma nación, la visión europea de España e Hispanoamérica, etc.) (Botrel 2019) ; y 3º, en general, en hacerse reconocer como disciplina cabal ya que todavía le cuesta imponerse como una corriente aglutinadora de intereses con amplia base socio-cultural7.
También se puede observar que el hispanismo y los hispanistas, de alguna manera, siempre han manifestado, con mayor o menor intensidad y de manera más o menos explícita, unas preocupaciones actuales, o sea contemporáneas o de permanente actualidad. Muy sabido es que, en muchos países –caso de Inglaterra, Francia e Italia–, lo que después se llamaría hispanismo nació con la enseñanza de la lengua con finalidades económicas o geopolíticas, al margen de un interés meramente intelectual o sentimental; algo que aún se puede notar en los hispanismos emergentes (Eyang 1997), o en ciertas políticas estatales reductoras con respecto a la enseñanza del español y de los idiomas en general. Pudo desembocar en algún aggiornamento, como en el caso de la Associazione Ispanisti Italiani (AISPI), preocupada por los aspectos didácticos del hispanismo y acogedora de los profesores de enseñanza secundaria, por lo menos hasta la creación, en 1992, de una asociación específica, AISPIScuola8.
El hispanismo se ha constituido dialogando con muchas disciplinas – no digamos métodos– desde unas perspectivas casi siempre comparatistas puesto que el hispanismo remite a una consustancial alteridad u otredad y no se trata de una disciplina excluyente sino abarcadora y aglutinadora más que integradora: a ningún hispanista se le ocurriría negar la necesidad de pensar el judeo-español, el catalán, el gallego, las huellas árabes, el español en África, las distintas lenguas amerindias, y todo lo que se les puede asociar como algo al mismo tiempo específico y parte de una historia común no acabada9.
Querer poner límites al hispanismo o introducir fronteras dentro del hispanismo es, pues, como querer poner puertas al campo, incluso hispánico.
Sin ser un cajón de sastre, el hispanismo de hecho, tal y como se desenvuelve y practica es, pues, una casa muy acogedora de intereses o apetencias muy variopintos solo “unificados” por la referencia a un espacio lingüístico y geográfico común, a un área. Estaríamos por decir que es una disciplina “polinómica” como lo son determinados idiomas (el corso, p. ej.) o sea una disciplina de disciplinas cuya unidad es abstracta y resulta de un movimiento dialéctico y no de la simple osificación de una norma única y cuya existencia estriba en la decisión masiva de los que la practican de atribuirle un nombre peculiar y de declararla autónoma con respecto a las demás disciplinas10.
No todos los que cultivan los estudios relacionados con dicho espacio lingüístico y geográfico se consideran a pleno título hispanistas, debido también a las categorizaciones académicas. La política académica, por otra parte, varía de un país a otro; el hispanismo inglés o el francés, por ejemplo, incluyen a pleno título los estudios históricos y los dedicados a las artes visuales, mientras que en otros países abarca solo la lengua y la literatura.
Pero, el hispanismo, a pesar de ser, pues, una conjunción y amalgama de unas miradas entrecruzadas de múltiples enfoques, en su vertiente “oficial” o “institucional” (el hispanismo académico y de investigación) queda más centrado en la literatura y en la lengua y subsidiariamente en la cultura (la de la España española clásica y contemporánea, las hispanoamericanas), y menos en la historia que no sea la literaria y casi nada en los demás aspectos del quehacer hispánico.
Conviene tenerlo en cuenta, para procurar entender e interpretar la reciente corriente cuestionadora del hispanismo académico.
El hispanismo a debate desde los años 1980
Tras la relativa estabilización e institucionalización de lo que significa el hispanismo científico o académico, se ha dado, a finales del siglo xx, una corriente cuestionadora más o menos intensa y caudalosa según los países o desde donde se mire, y, en los últimos años, se ha venido hablando de un «nuevo hispanismo» –o, mejor dicho, de «nuevos hispanismos», en plural, como consecuencia del proceso de renovación que ha interesado tanto a los estudios literarios (Ortega 2010) como a la lingüística hispánica (Zimmermann 2010), en una perspectiva transatlántica e interdisciplinar.
Dentro de la misma concepción abierta del hispanismo ofrecida por la Asociación Internacional de Hispanistas en el artículo 3° de sus estatutos11, desde los años 1980 se viene observando una creciente diversificación de las miradas: nacionales, disciplinarias (el hispanismo filosófico), metodológicas (semiótica e hispanismo en 1983), temáticas, geográficas (Cataluña, Galicia, Perú, etc.), con incluso la emergencia de un hispanismo español, argentino12, mexicano, “atino”. Unas tendencias “centrífugas” y “restringidas”, con pretensión a la diferenciación y autonomización, unos cotos que sus propios topógrafos saben que no pueden ser cotos cerrados, sino que siempre se trata de unos espacios de encuentro e intercambio. Esta corriente corre pareja con una pertinaz voluntad por cuestionar algo no tan uniforme ni unívoco a nivel internacional, pero que se tiene por hispanismo de referencia, dominante e incluso hegemónico, emisor y guardián al mismo tiempo de una supuesta doxa hispanista de cuño fundamentalmente filológico, clásico y español.
Esta corriente consistió primero, a principios de los años 1980, en afirmar lo nuevo con respecto a lo antiguo13.
Luego, a principios de este siglo, a raíz de lo acuñado como «crisis del hispanismo», muy especialmente a través del dossier sobre el hispanismo publicado en 1995 por Quimera (139), y de «Hispanismo a debate» en la revista Lateral (diez contribuciones en 2002-2004) y sus prolongaciones (Subirats 2004, Epps & Cifuentes 2005, Moraña 2005, Resina 2009), se empezó –en los Estados Unidos de América, sobre todo– a cuestionar el hispanismo académico. Un hispanismo que, según sus detractores, se ha constituido como un hispanismo filológico conservador (se denuncia su «anticuarismo») y positivista (cfr. el «agudo positivismo de tantos profesores», señalado por Germán Gullón 2002: 6), a pesar de tantas corrientes intelectuales novedosas, con una «sacralización de los maestros» (Durán 2003) o la reproducción a través del tinglado institucional de las esferas de poder, en detrimento de las nuevas generaciones. Un hispanismo centrado en la lengua española (cuando en muchos países hispanófonos se da un plurilingüismo) y en la literatura en español, cuando convendría «recuperar tradiciones y expresiones artísticas y culturales marginadas y reprimidas». Un hispanismo excluyente que no integrador (Epps 2003), que «suprime las diferencias respecto a la otredad interna y transatlántica»14, con la consiguiente reivindicación de otro hispanismo que haga de la disciplina el lugar de encuentro para la coexistencia abierta, plural y equitativa de las diferentes culturas que se desarrollan y existen hoy dentro del Estado español y en Hispanoamérica (Resina apud Cornejo & Villamandos 2011: 13).
La verdad es que impresiona comprobar que lo que a muchos hispanistas les parece una amable afición y un pacífico quehacer (el hispanismo) puede desencadenar tanto encono y violencia a la hora de plantear y analizar una «crisis del hispanismo» y en la retórica que acompaña. De «Desolación y miseria del hispanismo » se ha hablado (Loureiro 1995), de «siete tesis contra el hispanismo» es autor Eduardo Subirats (2004) y se ha llegado a denunciar además del «sistema patriarcal, heteronormativo y logocéntrico» del español, un hispanismo incapaz de desarrollar un corpus teórico «en español propio y de prestigio» (Cornejo & Villamandos 2011: 12) y hasta el «carácter trasnochado y obsoleto del concepto mismo»15.
Muchos de estos cuestionamientos tienen que ver, por supuesto, con el relativo desfase que casi siempre se puede observar entre la evolución del propio objeto de estudio y la evolución de la disciplina ya que como recordaba Américo Castro en 1929 en un discurso leído en francés: «l’hispanisme a évolué avec la nature de l’objet qui lui fournissait son thème» (1929: 34) y no pocas consecuencias sobre las orientaciones del hispanismo ha tenido la creciente pregnancia de lo hispanoamericano vs la tradición española y “europea” y también la nueva organización del Estado español.
Con el paso del tiempo, el objeto de estudio se ha hecho cada vez más abierto, dinámico y procesal, y se han dignificado aspectos marginales y minorizados (formas literarias, culturas y lenguas). Al mismo tiempo, ha evolucionado la perspectiva desde la que se enfocan los objetos de estudio; en la lingüística hispánica tradicional, por ejemplo, el contacto entre lenguas se concebía como mero trasvase de formas, mientras que en los nuevos enfoques se han abierto las fronteras a otras disciplinas, como las ciencias sociales (Zimmermann 2010). Todo esto ha derivado en la adopción de un nuevo paradigma de pluralismo e hibridez.
A propósito del estatuto de lo hispanoamericano dentro del hispanismo16, conviene tener en cuenta las relaciones entre las antiguas colonias y la antigua potencia colonial –la «madre patria»– y todo el lastre de muchos años de afirmación/imposición de una hispanidad o de una percepción muy ideológica e imperialista del hispanismo concebido como
articulación de una sociedad transnacional sostenida en una identidad cultural, basada en el idioma, la religión, la historia y las costumbres o usos sociales; una comunidad imaginada que reunía España con el conjunto de las repúblicas americanas, otorgándole a la antigua metrópoli un puesto al menos de primogenitura cuando no de ascendente bajo la muy extendida expresión de Madre Patria (Sepúlveda Muñoz apud Vila Vilar 2012: 29).
Esta visión o concepción del hispanismo que remite a una situación histórica factualmente superada17, se ve que, además de unos pertinaces recelos, tiene por consecuencia la muy limitada incorporación de los hispano-americanos en el hispanismo, por su escasa conciencia de ser hispanistas y una tendencia a la autoexclusión, menos en Argentina y tal vez en México, cuando de estudios relacionados con la cultura hispánica clásica se trata.
Algo parecido puede observarse en las más o menos conflictivas relaciones entre algunas comunidades culturales de España y la cultura «española», con una marcada tendencia a la diferenciación dentro del propio hispanismo y la fundación de asociaciones específicas de estudios catalanes, gallegos, etc.
Como consecuencia global de estas críticas más o menos convergentes, de «las ideologías que subyacen » (Cornejo & Villamandos 2011: 19), se reivindica para el hispanismo un nuevo paradigma que dé cabida a la diversidad y heterogeneidad » (Cornejo & Villamandos 2011: 1) y también abandonar de hecho el acuñado concepto de hispanismo para adoptar una denominación más pragmática pero también de alcance mucho más limitado, como estudios hispánicos o, con la voluntad de incluir unas áreas no hispanófonas, ibéricos18, incluidas las lenguas y culturas de contacto y de migración.
Sin querer minimizar esa «crisis del hispanismo», tal vez convenga, no obstante, relacionarla con unas evoluciones más generales.
Observar, por ejemplo, que de contribuidores natos al acervo crítico y erudito, los hispanismos «de fuera» han pasado a ser meros colaboradores, al afirmarse España y la investigación española y la de muchos países hispanoamericanos dentro del concierto científico hispanista. De un hispanismo de sustitución se ha llegado a un hispanismo de cooperación (Botrel 2006), lo cual no quita que siga haciendo falta una perspectiva «desde fuera» como bien recuerda Morales Moya (apud Álvarez Barrientos 2011: 185).
Observar también que la «crisis del hispanismo» se ha de relacionar con la crisis de las humanidades y con los efectos de la globalización.
Para el hispanismo, la crisis general de las humanidades (de «debacle» hablan los más pesimistas –Talens 2003) se ve como acentuada por la pertinaz inferioridad y dependencia de la disciplina con respecto a las disciplinas dominantes en el establishment universitario (los estudios literarios e históricos, por ejemplo) o a las corrientes más o menos innovadoras que marcan la pauta intelectual como el tema del canon, del género, de lo marginal, pero también propios de tal o cual Estado o país (por el plurilingüismo o la pluriculturalidad como en la península ibérica o en Estados Unidos) y de tal o cual sistema académico (los cultural studies «dominantes» en la universidades norteamericanas, por ejemplo (véase Labany 2007).
También son de tener en cuenta los efectos de la globalización señalados por Gonzalo Navajas (2002: 6) y Jenaro Talens (2003)19, con la pérdida de identidad o su reconstrucción con relación al mundo anglosajón que acarrea la competencia que este le hace al hispanismo en muchos ámbitos, incluso lingüísticos20, causa de muchas dificultades y de una «pérdida de aura» (Pope 2003: 6).
No todas estas observaciones y críticas pueden aplicarse a todos los hispanismos, ni en muchos puntos al propio hispanismo “oficial”: obsérvese que tienen mucho que ver con el hispanismo norteamericano y la “hispanización” de muchos hispanistas “de fuera”, cada vez más oriundos de España e Hispanoamérica21, y no se puede esperar que la situación actual del hispanismo y la percepción de una eventual crisis sea uniforme; depende de las distintas tradiciones y expectativas de los distintos hispanismos: el hispanismo serbio, egipcio o guineoecuatoriano (Boleká 2018) no tendrán las mismas características o preocupaciones que el hispanismo estadounidense y un hispanismo emergente privilegiará la enseñanza de la lengua (no desconectada de un entorno cultural, económico, etc.), antes de que se constituya una línea de investigación parecida a las de los hispanismos asentados (Zdzislaw 2012) y, sin embargo, pertenecen al hispanismo, dialogan con los demás hispanismos22. Conste que para el hispanismo, la elaboración de un diccionario pragmático español-árabe o la publicación de estudios sobre los particularismos del español hablado en contextos plurilingües subsaharianos pueden tener tanta o más relevancia que una enésima edición del Quijote.
Tantas interrogaciones a propósito del hispanismo «actual», como ya decía Dámaso Alonso en 1965, del hispanismo «que viene» o de los «nouveaux chemins de l’hispanisme»23 ¿serán, como sugiere Pozuelo (2003) un «paso más en la dialéctica de la evolución de la disciplina»? Lo cierto es que el hispanismo no peca por excesos de debates sobre su esencia y entre las vehementes tesis de Subirats se puede encontrar una recomendación muy sensata: «el nuevo hispanismo debería examinar sus propias limitaciones conceptuales y sus desfallecientes proyectos para revisar reflexivamente su pasado y abrir una alternativa original para el futuro» (2004: 163).
Al hispanismo le conviene no quedarse varado y como ensimismado24 en una «cómoda y halagüeña insularidad», seguir evolucionando, adaptándose si cabe a unas nuevas condiciones y situaciones, y desenmismarse para todos los efectos (Botrel 2007).
En un momento en el que el hispanismo por muy “en crisis” que esté, goza de una envidiable salud y muestra una vitalidad que no se puede ignorar, conviene tomar conciencia de los límites de un hispanismo estricta o mayoritariamente filológico y clásico y ampliar la relación del hispanismo con otras disciplinas académicas, pero también, tal vez, “salir del estrecho círculo académico”, tomando en cuenta la utilidad social y económica del hispanismo y los avances tecnológicos, sin renunciar, por supuesto, a su crítica; tener conciencia del peligro de una desconexión entre la tradición universitaria y las expectativas de la sociedad25 y abogar por un hispanismo «comprometido con su momento histórico y su función crítica» (Cornejo & Villamandos 2011: 16), por una disciplina «abierta y dinámica, basada en un diálogo interdisciplinar, textual y teórico, y con unas fronteras cada vez más porosas y precarias» desde una posición necesariamente «híbrida y dialógica».
Con esta saludable reflexión sobre lo que es el hispanismo, la pretensión no es establecer un nuevo paradigma que resultaría de un hipotético “descentramiento” con respecto a otro paradigma «centrado en la cultura elevada y una idea nacional preestablecida, un canon rígido y una teoría inflexible» (Cornejo & Villamandos 2011: 15), pero sí abogar por un hispanismo no hegemónico ni unívoco, sino abierto, plural y al mismo tiempo crítico y combativo; podría decirse: emprendedor.
Y sobre todo fomentar y fortalecer la conciencia de lo que es ser hispanista; de lo que es obrar como hispanista, al margen de las categorías académicas, habida cuenta de que, si aceptamos el reto de la interdisciplinariedad, la identidad de un estudioso no tiene por qué ser monolítica, sino más bien flexible y abarcadora.
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Notas