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Historia

Aldo RUFFINATTO
Universidad de Turín, Italia

Historia

Versants, vol. 3, núm. 67, pp. 13-36, 2020

Universität Bern

Publicación: 01 Noviembre 2020

Resumen: En la presente investigación se pretende examinar y valorar la historia del hispanismo desde el punto de vista de las distintas asociaciones de hispanistas, nacionales e internacionales. Se toman primeramente en consideración algunas cuestiones relacionadas con la terminología, los orígenes y la fenomenología del hispanismo en sus aspectos lingüísticos, literarios e históricos. Se examina después la evolución del hispanismo en las Instituciones nacionales e internacionales para determinar la construcción de una hermenéutica basada en una visión global del fenómeno y en la cooperación entre los distintos hispanismos de los países hispanófonos y no hispanófonos. Finalmente, se señalan las ventajas que la dimensión internacional y plural del hispanismo puede ofrecer a los profesores, investigadores, especialistas o simples aficionados que buscan un punto firme de referencia para desarrollar sus proyectos científicos.

Keywords: hispanismo, hispanistas, cultura, construcción, cooperación

1) Orígenes, terminología, aproximación al “hispanismo” como estudio de la cultura hispánica en sus aspectos lingüísticos, literarios, históricos, etc.

Como es bien sabido, la palabra “hispanismo”, desde sus orígenes (siglo XVII) hasta finales del siglo XIX, tuvo únicamente un significado lingüístico, a saber, el que expresa en el siglo XVIII el Diccionario de Autoridades de esta forma: «Hispanismo […]: modo de hablar particular y privativo de la lengua española como: entendido por hombre que entiende». En este sentido utilizó la palabra “hispanismo” Lope de Vega, quien, en sus Novelas a Marcia Leonarda y, más concretamente, en la que se titula Guzmán el Bravo, hablando de frases hechas o comparaciones metafóricas, define como «hispanismo cruel» la expresión española «hermosa como el sol»2. Y en este mismo y único sentido, más de dos siglos después, la utiliza Gustavo Adolfo Bécquer en su Historia de los templos de España (1856).

En el año de quinientos y cincuenta y cinco, reinando en España el glorioso rey godo Atanagildo, sucedió en esta ermita que dos judíos, cuyos nombres eran Sacao y Abisaín, viniendo de su huerta de Campo Rey (que hoy nuestro hispanismo llama Huerta del Rey) pasando por esta ermita y viéndola sola... (1934: 151).

Así las cosas, no nos sorprenderá la total ausencia en las letras españolas de la palabra “hispanista” (en el sentido específico de «persona que profesa el estudio de lenguas, literaturas o cultura hispánicas») hasta finales del XIX, cuando don Marcelino Menéndez Pelayo en sus Preliminares de La ciencia española (1876 - 1887), entablando una polémica con los especialistas franceses de filosofía de la ciencia y en particular con Emilio Saisset, escribe:

Menos extraño aún que Emilio Saisset, que a la cualidad de francés une la de no presumir de hispanista, en su obrita de los Precursores de Descartes, ni siquiera miente los nombres de Vives, Juan de Valdés, Foxo, Henao, Bernaldo de Quirós, Arriaga, Vallés, doña Oliva Sabuco, Gómez Pereira, etc., de cuyos libros sacó o pudo sacar el filósofo de la Haye la duda metódica, el entimema famoso, la doctrina del pensamiento y la extensión considerados como constitutivos esenciales respectivamente del espíritu y de la materia, la de las ideas innatas, la teoría de las pasiones, la localización (Menéndez y Pelayo 1954: 16).

Cabe advertir, sin embargo, que más o menos en la misma época, Juan Valera utiliza, para expresar el mismo concepto, el término “hispanófilo” («Un hispanófilo de aquí ha tenido la idea de traducir mi cuento “El pájaro verde” y de publicarle en una bonita edición»3), y adviértase también que en ambos casos, más que a estudiosos o especialistas de lenguas, literaturas y cultura hispánicas, se hace referencia a escritores que conocen y aprecian o menosprecian las cosas de España. De hecho, para descubrir el uso de las palabras “hispanismo” e “hispanista” en la acepción más propia y más moderna de “estudioso de cosas hispánicas” hace falta, una vez más, remitir al magisterio de don Ramón Menéndez Pidal que, tratando de «Los orígenes del convidado de piedra» en un artículo que se publicó por primera vez en el mes de mayo de 1906, hace referencia al profesor italiano Arturo Farinelli de la siguiente manera: «Lo que se sabe acerca de las fuentes de El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra se halla reunido en los trabajos del insigne hispanista A. Farinelli, titulados Don Giovanni» (1957a: 82).

Ahora bien, Arturo Farinelli, que era un hombre muy inteligente, sobremanera docto, gran trabajador y versado en muchas literaturas, ejercía en aquel entonces el oficio de catedrático de alemán en la Universidad de Turín (o sea que, según la terminología actual, le correspondía más bien el título de germanista que el de hispanista), pero, merced a su constante interés científico por la literatura y filología españolas había adquirido con pleno derecho la calificación de filólogo hispánico. Entre otras cosas, a él más que a Benedetto Croce, se debe el nacimiento y el primer desarrollo de los estudios hispánicos en la Península itálica. Todo esto nos ayuda a entender en profundidad lo que pensaba exactamente don Ramón a propósito del título de “hispanista” otorgado a algunos estudiosos que actuaban fuera de España4: sin duda, pretendía hacer referencia a estudiosos de cosas hispánicas, pero no a profesionales comprometidos oficialmente en la enseñanza o en la difusión de la lengua española a nivel universitario y/o a investigadores especialmente consagrados al estudio de la lengua y sus rasgos específicos, a las literaturas, a las civilizaciones y a las culturas del mundo hispánico.

Esta es la acepción actual del término o, mejor dicho, la que empezó a difundirse también en la Península Ibérica a partir de la segunda mitad de los años treinta del siglo pasado como puede comprobarse en la edición de 1936 del Diccionario de la Real Academia Española en la que por primera vez al lado de los consabidos significados lingüísticos de la palabra “hispanismo”5 aparece el de «4. Afición al estudio de la lengua y literatura española y de las cosas de España». Pero, antes de esta fecha y, concretamente, en la época en que don Ramón otorgaba el título de hispanista a Farinelli y a Frere, lo hacía utilizando este título como sinónimo de “hispanófilo”, que en la definición de la Real Academia Española rezaba y sigue rezando así: «Dícese del extranjero aficionado a la cultura, historia y costumbres de España» (Diccionario RAE 1992, XXIa. ed.).

2) Evolución y determinación del Hispanismo en las Instituciones Internacionales y en especial en la Asociación Internacional de Hispanistas

O sea que en aquel entonces no había hispanistas en España o, por lo menos, ninguno de los que practicaban profesionalmente los estudios de lengua, literatura y cultura hispánicas aceptaba como propia esta calificación. Era algo que les correspondía a los extranjeros, como lo demuestra el hecho de que las primeras asociaciones de hispanistas nacieron y tomaron esta configuración fuera de España: a saber, en Inglaterra, donde un grupo de profesores universitarios, especialistas en lenguas, literaturas y culturas ibéricas, se reunieron en la antigua y prestigiosa Universidad de St. Andrews para constituir la «Asociación de Hispanistas de Gran Bretaña e Irlanda»; y contemporáneamente, en el mismo año de 1955, se fundó en Tokio la «Asociación Japonesa de Hispanistas».

No extraña, pues, el hecho de que precisamente una de estas dos asociaciones (en concreto, la de Gran Bretaña e Irlanda) formulara la propuesta de la creación de una «Asociación Internacional de Hispanistas». Eso ocurrió en 1958, en la ocasión del congreso anual de dicha Asociación. Cuatro años después, tras un largo período de preparación en el que intervinieron, entre otros, A. A. Parker, C.A. Jones, F. W. Pierce y N. Glendinning, se celebró en Oxford el primer Congreso de la nueva AIH, del 6 al 11 de septiembre de 1962. Bajo los auspicios de un comité de los hispanistas británicos presidido por E.M. Wilson (Cambridge) y con la colaboración de un comité organizador coordinado por el prof. F.W. Pierce (Sheffield) este congreso adquirió también la función de asamblea constituyente de la Asociación gracias a los más de 160 congresistas que acudieron a Oxford desde Argentina, Cuba, Chile, México y Venezuela, Japón, las Antillas y Nueva Zelanda, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría y de todos los países de la Europa Occidental inclusa, desde luego, España.

La participación española fue en todos sus aspectos sorprendente: en primer lugar, por la cantidad de especialistas y maestros de todas las disciplinas hispánicas que allí acudieron, desde don Ramón Menéndez Pidal hasta Dámaso Alonso pasando por Diego Catalán, Vicente Gaos, García de Diego, López Estrada, Pere Bohigas, y así siguiendo; y sorprendente porque don Ramón aceptó con entusiasmo el título de primer Presidente de honor de la AIH que la Asamblea quiso otorgarle, mientras que a Dámaso Alonso se le nombró primer presidente efectivo del hispanismo internacional. Lo que representó a todos los efectos la admisión oficial en el dominio peninsular (y paralelamente en el hispano-americano) del hispanismo como ciencia o, mejor dicho, como definición de una ciencia cuyos ámbitos de investigación conciernen a las lenguas, literaturas o cultura hispánicas. Y, por consiguiente, la adopción del título de hispanista por parte de los estudiosos españoles sin ninguna concesión a psicosis exterofóbicas.

Nada podría ser más iluminante a este respecto que las mismas palabras de don Ramón Menéndez Pidal pronunciadas justamente en la plenaria inaugural del Congreso de Oxford. Al expresar su satisfacción por el importante evento don Ramón afirmaba: «Este Primer Congreso Internacional de Hispanistas es el comienzo de una organización que logrará estimular y coordinar las iniciativas particulares, con cuantos otros beneficios proporciona toda asociación complicada» (1964: 13). Y a continuación, tras acercar su oficio de profesor de español al de otros profesores que ejercían el mismo oficio en otras partes del mundo a finales del siglo XIX:

Presumo, con presunción bien lastimosa […] de ser el más viejo profesor de español hoy existente, y recuerdo cuan escasos eran los maestros hispanistas que podían mostrar caminos varios al joven que, por los años finales del siglo XIX, deseaba dedicarse al estudio de la lengua y de la cultura españolas: un colombiano, Rufino José Cuervo; una alemana, Carolina Michaelis; en Francia, A. Morel Fatio; en Inglaterra, J. Fitzmaurice-Kelly; en Suecia, Lidfors, con muy pocos más,

añadía:

[…] es notorio que los estudios hispánicos, entre los de la Romania en general, se ven desde antiguo bastante desatendidos. Contra esa inferioridad tiene que esforzarse el hispanismo. Desde la atalaya de mis muchos años, repito la eterna voz de alerta: la mies es mucha, los obreros aún pocos, y la cosecha muy difícil (1964: 13).

No cabe duda, en la perspectiva de don Ramón y supuestamente de todos los asistentes al congreso de Oxford de 1962, el “hispanismo” se identificaba sin distinciones geográficas con la actividad científica o la labor investigadora de todos los profesores de español, dentro o fuera de España, a los que les correspondía coherentemente el título de “hispanistas”. Tanto es así que tres años después, en la ocasión del segundo congreso de la AIH celebrado en Nimega, el presidente saliente Dámaso Alonso no dudaba en calificar el hispanismo como «una posición espiritual, una elección de lo hispánico como objeto de nuestros trabajos y también de nuestro entusiasmo, de nuestra ardiente devoción» (1967: 18); donde la reiteración del posesivo «nuestro» y la adopción de un léxico alusivo a las prácticas religiosas («posición espiritual; ardiente devoción») pretendía conferir al “hispanismo” una dimensión casi sagrada, como si de una religión se tratara a la que todos los fieles (los hispanistas, por supuesto) conjuntamente anhelaban.

Lástima que, en el intento de captar la benevolencia del público del congreso de Nimega en su mayoría representado por hispanistas extrapeninsulares, Dámaso, tal vez sin quererlo, volviera a marcar diferencias entre los hispanistas de España y los de otros países con estas palabras:

En unos, en los que somos hispánicos, [el hispanismo] es una inclinación bien fácil de comprender; pero en vosotros los no hispánicos, es ya una selección en la que tuvo que haber un cotejo y aun forcejeo de culturas que os querían atraer para sí: grandes, como la maravillosa cultura francesa; intensas, deslumbradoras y fecundantes como la italiana, poderosamente montadas a través de muchos mares como las de lengua inglesa, o con el fuerte contenido de pensamiento impregnante de la alemana –para no citar sino algunas de las más extensas (1967: 18).

Lo que puede leerse, sin “forcejear” demasiado las intenciones, como una sutil invitación dirigida a los franceses, italianos, ingleses, alemanes y otros no hispánicos para que no abandonen sus grandes, maravillosas y deslumbradoras culturas en beneficio de «las culturas de los pueblos peninsulares, nacidas como en diminutas cunas allá en los valles del Norte, y al gran crecimiento de una de ellas, la castellana, primero en la Península, y luego en un espléndido collar –único en el mundo– de naciones, al otro lado del Océano» (1967: 18). Como si dijéramos: a los españoles las cosas de España, y, cuando mucho, a los hispanoamericanos las cosas hispánicas del otro lado del Océano. En resumidas cuentas, según Dámaso, el hispanismo era propiedad de los hispanistas españoles e hispanoamericanos, los cuales, en virtud de su profunda magnanimidad e intensas emociones, podían a lo sumo ofrecer a los señores hispanistas de otras lenguas y orígenes el testimonio, no pedido, de su sincero agradecimiento: «Del fondo de mi corazón, y creo que todos los hispánicos que están aquí se unirán conmigo, a vosotros señores hispanistas de otras lenguas y orígenes, gracias, muchas gracias» (1967: 18).

3) Hispanistas autóctonos e hispanistas no autóctonos

Aquí, por supuesto, no es cuestión de buenos o malos hispanistas (puesto que a nadie, ni mucho menos a Dámaso, se le ocurría expresar juicios de valor), pero sí de hispanistas, por así decirlo, “autóctonos” y otros procedentes de otras lenguas y orígenes y, como tales, “extraños”.

Para asistir al definitivo ocaso de este concepto de “otredad” y a la consiguiente cancelación de las distinciones selectivas entre hispanistas de España o Hispanoamérica e hispanistas de otros países en el ámbito, conviene hacer referencia a algunas palabras que Marcel Bataillon, primer presidente no hispánico de la Asociación Internacional de Hispanistas, pronunció en la ocasión del discurso inaugural del tercer congreso de dicha asociación, el de México D.F en 1968. Tras aludir a las «presencias tutelares» del Congreso, Bataillon expresaba el «respetuoso saludo y fervorosos votos de la Asamblea a nuestro Presidente de honor Don Ramón Menéndez Pidal, siempre tan presente en los corazones de los hispanistas y en los trabajos de muchos de ellos» (1970: XXI). «El venerado maestro –añadía el gran hispanista francés– no puede menos de alegrarse cuando nos reunimos por primera vez en un país de habla española, y nos toca ser huéspedes de una escuela de investigación hija de su espíritu» (1970: XXI-XXII). Es cierto: en esta primera persona plural («nos reunimos… y nos toca») confluyen todos los hispanistas del congreso sean ellos de habla española o de otras lenguas, sin distinciones de nacionalidad, cultura o quehaceres profesionales.

Yo creo que es justamente a partir de este momento que la AIH se convierte en un organismo capaz de dar cabida a todos los hispanistas del mundo, hispánicos o no hispánicos, comprometidos en llevar a cabo la tarea de fomentar lo hispánico en todos los países mediante el estudio de asuntos de interés común referentes a las lenguas y literaturas peninsulares e iberoamericanas y de los aspectos culturales relacionados con ellas. Y así siguiendo por este camino hasta cuando, al principio del nuevo milenio (en las Actas del XIV Congreso, 2001), Lía Schwartz, presidenta en el trienio 1998 - 2001, se animó a manifestar un cambio radical con respecto a la perspectiva de Dámaso Alonso, atribuyendo la calidad de hispanistas «a todos los investigadores del campo de hispánicas, incluidos los españoles e hispanohablantes» (2004: 19). Es decir, contrastando con Dámaso que decía que también los de fuera pueden actuar como hispanistas (pese a sus raíces extra-hispánicas), Lía Schwartz declaraba que también los españoles e hispanohablantes pueden actuar como hispanistas en el marco de una institución más amplia (representada por la AIH) que abarca a todos los hispanistas del mundo.

4) Construcción del “Hispanismo” desde la visión extranjera. Cooperación del hispanismo internacional con los hispanismos nacionales de los países hispanófonos y no hispanófonos.

No cabe duda de que el principal propósito de un hispanismo que pretende ser Internacional ha de ser exactamente el de: «establecer puentes entre todos los hispanismos de los distintos países favoreciendo el diálogo tanto interdisciplinar como internacional» (Schwartz 2004: 21). Por tal razón un hispanismo nacional como el de Gran Bretaña e Irlanda, hace más de cincuenta años, tomó la decisión de dar la vida a una Asociación Internacional de Hispanistas; y por esta misma razón la creación de la AIH determinó sucesivamente el desarrollo de toda una serie de hispanismos nacionales en todas las partes del mundo (excepto, naturalmente, en los países que ya podían contar con una fuerte y sólida representación de estudios hispánicos, como, por ejemplo, el Institut des Études Hispaniques y la Sociedad de Hispanistas Franceses, fundada en 1963 por Marcel Bataillon, o la Hispanic Society of America en Estados Unidos). Limitándonos a tomar en consideración los hispanismos nacionales que más socios tienen, cabe recordar en Europa a la ya mencionada Asociación de Hispanistas de Gran Bretaña e Irlanda y luego a la Asociación Alemana de Hispanistas (AAH) que se fundó en 1977 y celebró su primer congreso en el mismo año en Augsburgo; la Aispi (Asociación de Hispanistas italianos) que nació cuatro años antes, en 1973, y celebró su primer congreso en Pisa en el mes de enero de 1974. Poco más de diez años después, en 1985, salió a la luz la Asociación Polaca de Hispanistas (PSH) en el Instituto de Estudios Ibéricos e Iberoamericanos de la Universidad de Varsovia. Y después la Asociación de Hispanistas de Rusia, 1994, la de Hispanistas del Benelux (AHBx), 2004, la Asociación Portuguesa de Hispanistas (2004), la de Hispanistas de Serbia (2008).

Por otro lado, no podemos olvidar, en Asia, la Asociación Asiática de Hispanistas, fundada en Shanghái el 26 de agosto de 1985, la Asociación Coreana de Hispanistas (ACH) que se fundó en 1981 en Corea del Sur, la Asociación de Hispanistas de Israel fundada en Jerusalén el 21 de junio de 2007. Y las Asociaciones de hispanistas del continente americano: la Canadiense de Hispanistas (1984), la Argentina de Hispanistas (1986), la Brasileira de Hispanistas (ABH) fundada en Belo Horizonte el 11 de octubre de 2000. Y, finalmente, en el continente africano, la Asociación Africana de Hispanistas que tiene su sede en Camerún, la Asociación Ghanesa de Hispanistas que se fundó el 7 de agosto de 2009 en Accra, mientras que por lo que concierne al mundo árabe, cabe mencionar al lado de la más antigua Asociación de Hispanistas de Egipto (1968), la más reciente Asociación de Hispanistas de Marruecos (AHISMA, 2003) y la Asociación Tunecina de Hispanistas fundada en Túnez a finales de 2011.

Todas estas asociaciones tienen como objetivo el de fomentar la cooperación científica, el contacto internacional y la comunicación especializada entre los hispanistas, actuando conjuntamente con organizaciones paralelas del mismo territorio y con la Asociación Internacional de Hispanistas. Esta última, precisamente en virtud de su aspecto internacional, pretende funcionar como catalizador de los hispanismos nacionales publicando anualmente un Boletín en el que se recoge la información bibliográfica de tales hispanismos y las noticias de sus actividades académicas, presentes y futuras. Y lo hace en la perspectiva de un espíritu de colaboración, sin ninguna ambición pretenciosa que no sea la de favorecer la comunicación entre todos los hispanismos.

Si cabe, para profundizar en el asunto, me encantaría hacer referencia a una experiencia personal realizada en mi calidad de presidente de la AIH.

Al declinar el año 2011 (concretamente, en el mes de noviembre), en virtud de la generosa invitación de Ridha Mami, presidente de la Asociación Tunecina de Hispanistas, acudí al I Encuentro Tunecino-Español de Intelectuales y Escritores (Tunis, Carthage, Tozeur) en el que, durante unos días, algunos representantes de la creación literaria pertenecientes al dominio árabe-tunecino, y otros engarzados en el ámbito del español peninsular abordaron conjuntamente problemas lingüísticos y literarios en una perspectiva preferentemente contrastiva y apoyándose provechosamente en la dimensión pragmática del signo literario. Fue para mí una experiencia extraordinaria a la que se asoció el privilegio de presidir el acto de presentación de la recién fundada Asociación Tunecina de Hispanistas (ATH).

Ésta, y otras experiencias semejantes que se me habían ofrecido anteriormente con los hispanistas polacos, con los de Israel y con los del mundo árabe, me invitaron a reflexionar sobre el significado, el valor y la función de un hispanismo internacional. En primer lugar, tomé en consideración el hecho de que el principal propósito de una Asociación de Hispanistas, sobre todo si quiere tildarse del título de “internacional”, debe ser el de favorecer el estudio de asuntos de interés común referentes a las lenguas y literaturas peninsulares e iberoamericanas. Un estudio que, sin duda ninguna, se ha de realizar en colaboración con otras instituciones y, en especial, con los hispanismos pertenecientes a dominios lingüísticos y geográficos “extraños” al territorio peninsular o iberoamericano precisamente porque de estos dominios se desprenden nuevas maneras de enfocar el hispanismo y el iberoamericanismo en todos sus aspectos. Cada hispanismo, además, se hace portador de una línea o de unas líneas de investigación peculiares que pueden proporcionar y, en efecto, proporcionan ayudas importantes y preciosas estrategias para el desarrollo de nuestros estudios lingüísticos, literarios, históricos o, más genéricamente, socio-culturales.

Si quisiéramos utilizar la metáfora del reflector único, situado en un solo punto, que embiste el objeto (de análisis) con sus enfáticas desproporciones de luces y sombras, podríamos apreciar en estas “ínsulas extrañas” del hispanismo un punto de vista bien definido: es decir, el abandono de lo que se suele llamar visión global en beneficio de un enfoque particular y privilegiado. En sus investigaciones, en efecto, se nota el esfuerzo de adoptar un terreno táctico que permita a los observadores percibir y valorar, al lado de la consistencia del objeto, la posibilidad de ponerlo en relación con otros puntos, particularmente con la cultura y el mundo “extraño”. Y es justamente esta posibilidad la que favorece el descubrimiento de nuevos recorridos hermenéuticos que ofrecen valiosos y a veces inesperados instrumentos para el conocimiento y la interpretación de la cultura hispánica en todos sus aspectos y en especial en los literarios y lingüísticos. Naturalmente, lo dicho hace referencia tanto a las realidades mencionadas arriba (Polonia, Israel, Túnez y Mundo Árabe) como a los demás hispanismos nacionales, incluyendo desde luego a los españoles e hispanoamericanos, cuyos reflectores embisten el objeto de análisis (que sigue siendo el mismo, por supuesto) desde su peculiar punto de vista, creando alrededor del objeto una especie de círculo hermenéutico sumamente beneficioso para el conocimiento y la interpretación de las distintas realidades o manifestaciones textuales.

De ahí que, según mi parecer, a la internacional de Hispanistas le corresponde concreta e institucionalmente la tarea de favorecer la conexión de todos estos reflectores para que el objeto reciba la mayor cantidad de luz posible descubriendo así todos sus aspectos, incluso los más escondidos y los más inesperados. En otras palabras, esta institución debe hacerse cargo de la mencionada dimensión internacional y plural del hispanismo y, con el respaldo de las respectivas estructuras nacionales y académicas, ofrecer una visión de conjunto, universal, de los problemas que a todos interesan y preocupan, en especial a los jóvenes investigadores y profesores que con derecho buscan un firme punto de referencia para desarrollar sus proyectos científicos.

A continuación, se reproducen los informes breves que los distintos miembros de la mesa facilitaron al presidente de la misma. Oriundos de universidades de EE.UU., Portugal, Suiza, Israel, Alemania y Francia, cada uno de ellos traza una sinética historia del hispanismo en su país.

Roberta Johnson, Universidad de UCLA, Los Angeles, EE.UU.

No hay lugar a dudas de que, como ha señalado acertadamente el profesor Ruffinatto, la AIH (Asociación Internacional del Hispanismo) es la organización más importante para abarcar el hispanismo en el mundo entero. Aun así yo propongo que las asociaciones de hispanismo nacionales desempeñan un papel fundamental para difundir y mantener el hispanismo en el mundo. El profesor Ruffinatto menciona una larga lista de estas organizaciones en diferentes países. Para los Estados Unidos menciona la Hispanic Society of America fundado en 1904 por Archer Huntington para el “advancement of the study of the Spanish and Portuguese languages, literature, and history” [fomentar el estudio de las lenguas, literatura e historia españolas y portuguesas]6. El entusiasmo y amor de Archer Huntington por España y por su cultura es lo que todo hispanista sea cual sea su nacionalidad comparte con Huntington y ciertamente la Hispanic Society of America es una joya donde se alojan un sinfín de documentos como una primera edición de La Celestina que sirven de fuentes para los investigadores. La colección de pinturas españolas de la Hispanic Society, incluso obras de Velázquez y el Greco entre otras muchas, es otro tesoro asequible por un público aun más amplio.

Yo aquí quisiera recordar otra organización que creo aun más importante para el fomento del hispanismo en Estados Unidos –la Asociación Americana de Maestros y Profesores de Español y Portugués (AATSP)–. El mismo nombre de la organización nos recuerda la importancia de la docencia para propagar las lenguas y culturas hispánicas. Si la Hispanic Society enfatiza la investigación y de allí los profesores universitarios, la AATSP destaca la enseñanza tanto a nivel de secundaria como universitaria. La AATSP es quizás la asociación de este tipo más vieja del mundo habiendo sido fundada en 1917. Logra su influencia por medio de su revista Hispania y sus reuniones anuales que tienen lugar en todas las naciones relacionadas con el mundo hispano y portugués, así que tiene cierta vertiente internacional. La revista publica artículos centrados en la investigación literaria y mucha información sobre la enseñanza de las lenguas que incluye nuevos métodos tecnológicos.

El otro aspecto del hispanismo que recalca la AATSP (que también es inherente en la misión de la Hispanic Society) es la inclusión de la lengua y las culturas portuguesas, lo cual me lleva al último punto que quisiera tocar, un nuevo aspecto del hispanismo que se está promocionando, por lo menos en los Estados Unidos –el iberismo–. El iberismo pretende estudiar la Península Ibérica con atención especial a los territorios que tienen una lengua y cultura distintivas –Castilla, Portugal, Galicia, Cataluña y el País Vasco–. Para fomentar este nuevo aspecto del hispanismo, se han fundado grupos de investigadores en varias universidades de Estados Unidos. Por ejemplo, yo pertenezco al grupo de iberistas de la Universidad de California. Nos reunimos cada año en una universidad diferente –Davis, Santa Barbara, UCLA, Santa Cruz, Irvine– para escuchar presentaciones sobre diferentes aspectos de la cultura ibérica y contemplar proyectos en común, como el tomo que acaba de salir A New History of Iberian Feminisms co-editado por Silvia Bermúdez de UCSB y por mí y publicado por la Editorial de la Universidad de Toronto. El tomo comprende contribuciones de unos 30 investigadores de varios países que incluyen Estados Unidos, Inglaterra, España, y Nueva Zelandia y cubre la historia del feminismo en la Península Ibérica desde 1700 hasta 2015. Silvia y yo creemos que la manera de mantener vivo el hispanismo internacional es de encontrar nuevos acercamientos que avivan nuestra investigación y docencia.

Maria de Lurdes Correia Fernandes, Universidad de Porto, Portugal

Las profundas e intensas (aunque no siempre pacíficas) relaciones culturales y políticas, además de lingüísticas, entre Portugal y España durante largos siglos (especialmente desde la Edad Media hasta el siglo XVIII) confieren al Hispanismo portugués una especificidad que importa subrayar.

Efectivamente, la historia de Portugal, por el hecho de que el bilingüismo fue, sobre todo en los siglos XVI y XVII, frecuente y casi “natural” en los círculos sociales cultos (no solamente de la corte) siempre ha obligado a una fuerte atención a los aspectos similares o aproximados de las culturas ibéricas e, incluso, de sus distintas lenguas. Los grandes escritores portugueses de esos siglos (sobre todo poetas, dramaturgos e historiadores) escribieran tanto en portugués como en español (por ejemplo, Gil Vicente, Sá de Miranda, Camões, Manuel de Faria e Sousa, Francisco Manuel de Melo, etc.). Las bibliotecas portuguesas de esos siglos –privadas, monásticas o de la corte– tienen normalmente muchos más libros españoles que libros portugueses. Y hay también que subrayar las impresiones de obras (especialmente de novelas) españolas en Portugal, algunas de las cuales en primera o segunda edición (como fue el caso de la primera parte de Don Quijote de la Mancha).

Durante los siglos XIX y XX, en resultado no solo de la creciente independencia política después de 1640 (mejor, después de 1668) pero sobre todo de la creciente influencia política de otros países, los cambios culturales y políticos fueron determinantes para un significativo alejamiento de la cultura portuguesa hacia las culturas hispánicas. Una vez más, pero en sentido contrario, las bibliotecas portuguesas en los siglos XIX y XX lo reflejan perfectamente. Por ejemplo, las literaturas francesa, inglesa e, incluso, alemana, así como el estudio de los respectivos idiomas, casi reemplazan el interés por la lengua y por la literatura española en Portugal. Consecuentemente, los estudios filológicos son, en estos siglos, muy puntuales y casi siempre centrados en los aspectos histórico-culturales. Pero este panorama cambió significativamente en las últimas décadas del siglo XX.

Hay que destacar aquí la gran influencia de algunos lusitanistas que fueron también hispanistas y cuyos estudios fueron determinantes para este cambio. Entre todos se destaca fuertemente Eugenio Asensio, cuya influencia en los estudios filológicos y sobre algunos hispanistas portugueses fue determinante para el desarrollo de los estudios hispánicos en Portugal en las décadas centrales del siglo XX.

Hasta finales de los años 1970, el sistema de enseñanza superior en Portugal no permitía carreras de estudios españoles, como vino a suceder a partir de los años 1980. Existía la posibilidad de ofrecer una u otra asignatura de Literatura Española dentro de las carreras de Filología Románica, pero no un grado en Estudios Hispánicos, ni tampoco un conjunto de niveles de Lengua Española. Esa posibilidad se concretó en los años 80 en las carreras de Estudos Portugueses e Espanhóis que se incluyeron en el currículum del grado en Línguas e Literaturas Modernas. En el principio esta posibilidad casi no tuvo interesados ni existían profesores suficientes para garantizarla. Solamente a finales de los años 1980 y en los años 1990 eso se fue concretando en las Universidades de Porto, de Lisboa y de Coimbra. Más tarde se alargó a las Universidades de Évora, de Aveiro, de Minho y Nova de Lisboa. En algunas universidades se habían ya creado algunas condiciones y estructuras institucionales para permitir el desarrollo de los estudios españoles, especialmente filológicos: en la Facultad de Letras de Coimbra el Instituto de Estudos Espanhóis, todavía existente (actualmente dinamizado por el profesor Antonio Apolinario); en la Facultad de letras de la Universidad de Porto, gracias a la contribución decisiva del profesor José Adriano de Carvalho, existió hasta los años 90 la Sala de Cultura Española, posteriormente incorporada en la biblioteca de la Facultad, y dentro del Departamento de Estudos Portugueses e Románicos de la misma facultad se creó la “Secção de Estudos Ibéricos Comparados” y el Instituto de Estudos Ibéricos que promovió la creación de la Península. Revista de Estudos Ibéricos (en 2002). En este momento, es ya muy estable el grupo de profesores de lengua, literatura y cultura españolas.

En la Facultad de letras de Lisboa, gracias sobretodo a la fuerte contribución de la profesora Maria Idalina Resina Rodrigues, también se desarrollaron los estudios españoles (y posteriormente los estudios hispanoamericanos), como sucedió también en la Universidade Nova de Lisboa y, más recientemente, en la Universidade do Minho (en la que los estudios gallegos tienen una presencia fuerte).

Los cambios recientes no permiten ignorar el hecho de que el hispanismo portugués, en el sentido que subrayó Aldo Ruffinatto, tuvo una implantación tardía y discreta en Portugal. Con esa conciencia y, al mismo tiempo, con deseo de dinamización de los estudios hispánicos (y de su contexto cultural ibérico), el grupo de hispanistas de la Facultad de Letras de Porto, con la colaboración activa de otros hispanistas del país, especialmente de Lisboa, creó en 2004 la Asociación Portuguesa de Hispanistas. Pero su éxito no fue lo que se pretendía o esperaba. No había todavía entonces suficiente número de hispanistas portugueses con larga producción bibliográfica sobre estudios hispánicos (lengua, literatura y cultura) para garantizar la necesaria dinamización de la Asociación, que sigue esperando un nuevo aliento. Lo creo posible, considerando la creciente madurez, en Portugal, de los estudios hispánicos, de los estudios ibéricos comparados y, sobretodo, la creciente atención al contexto literario ibero-americano y a las relaciones peninsulares con las culturas ibero-americanas.

En Portugal esa es una tendencia muy notoria, que al Hispanismo Internacional puede ser importante valorar de manera más clara. De hecho, las fuertes e históricas relaciones culturales y lingüísticas entre la Península Ibérica y Iberoamérica, sin perjudicar otras relaciones culturales, siguen siendo factores de identidad muy significativos y determinantes para los estudios lingüísticos y literarios. Consecuentemente, si el Hispanismo valora el contexto ibérico e ibero-americano, considerando las fuertes relaciones lingüísticas, culturales y políticas de muchos siglos, la fuerza del Hispanismo seguirá creciendo y afirmándose internacionalmente.

Marco Kunz, Université de Lausanne, Suiza

De la Edad Media a los albores de la modernidad, las escasas relaciones culturales entre Suiza y España se limitaban esencialmente a contactos personales entre eruditos, por un lado, y por otro a las actividades de impresores suizos tanto en España (p. ej. Fadrique de Basilea, cuya importante labor editorial a finales del siglo XV le mereció el honor de dar nombre a un museo del libro en Burgos) como en las ciudades que hoy pertenecen a la Confederación Helvética. Sobre todo de las imprentas basilienses salieron numerosas obras en latín de autores españoles (p. ej. de Juan Luis Vives, por invitación de Erasmo de Rotterdam). Entre los raros libros antiguos impresos en Suiza en español destacan la Historia imperial y cesárea (1547) de Pedro de Mexía y la traducción de la Biblia de Casiodoro de Reyna (1569), ambas publicadas en Basilea, pero destinadas a la exportación. Antes de principios del siglo XX, sin embargo, no podemos hablar del surgimiento de un genuino interés universitario por la lengua, la literatura y la cultura de España y los demás países hispanohablantes en Suiza. La historia del hispanismo helvético es un largo proceso de emancipación, institucionalización y de diversificación de una disciplina que nació en las primeras décadas del siglo XX como una rama de la filología románica, con una clara orientación hacia los textos medievales y la historia comparada de las lenguas romances. Arnald Steiger, el gran pionero de los estudios hispánicos en Suiza, no sólo desarrolló en Zúrich una incansable actividad investigadora (p. ej. con sus trabajos sobre la influencia árabe en español y siciliano), sino que también se esforzó desde los años 20 por fomentar la enseñanza de la lengua española tanto en la escuela pública como en la formación de adultos. El recién fallecido Gerold Hilty (nombrado catedrático en 1964) siguió la tradición medievalista del hispanismo zuriquense, en particular con sus estudios y ediciones de obras de la época de Alfonso X el Sabio, y ya en las últimas décadas del siglo, el gran cervantista Georges Güntert, a caballo entre las literaturas española e italiana, amplió el espectro con el Siglo de Oro y más tarde la época moderna. En la posguerra inicia la enseñanza del español en las otras universidades suizas, se diversifica la variedad temática y se enseña e investiga cada vez más la literatura española moderna y contemporánea (p. ej. Eugenio G. de Nora en Berna desde los años 50). La literatura hispanoamericana se introduce primero en la parte francófona de Suiza, tradicionalmente menos influenciada por la romanística alemana: Ramón Sugranyes de Franch la incluía en sus clases en Friburgo, Jean-Paul Borel en Neuchâtel, el chileno Íñigo Madrigal tuvo la primera cátedra con esta especialización en Ginebra y Martin Lienhard en Zúrich; aunque hasta hoy son pocos los puestos de enseñanza que separan claramente entre literatura española e hispanoamericana. También fomentaba el estudio del español hispanoamericano el peruano Américo Ferrari en la École de traduction de Ginebra. En el ámbito de las ciencias humanas, sociales, políticas y económicas cabe destacar la fundación, por Anton Doerig en San Gallen, del Institut für Lateinamerikaforschung und Entwicklungszusammenarbeit en 1961. En todas las universidades suizas, el español fue ganando terreno paulatinamente: en las dos décadas después de la Segunda Guerra Mundial, se crearon primero lectorados de lengua y literatura en el marco de los estudios de romanística (sobre todo en la parte germanófona del país), puestos que poco a poco se iban transformando en plazas de profesor extraordinario y luego en cátedras. Desde los años 70, las siete universidades principales tienen cátedras de literatura hispánica totalmente emancipadas de la romanística, y en los 1980 se empezaron a crear cátedras de lingüística española. Éstas últimas son las cátedras de creación más reciente (y también las más amenazadas de desaparición por cortes presupuestarios o reformas de “planificación y estructura”), dado que durante mucho tiempo predominaba un concepto de la filología en que literatura y lengua formaban una unidad inseparable y eran enseñadas por un solo catedrático (v. gr. por Germán Colón en Basilea). Hoy hay cátedras de literatura y, aunque no en todas las universidades, de lingüística hispánicas en Zúrich, Berna, Basilea, Friburgo, Ginebra, Neuchâtel, Lausana y San Gallen (esta última, especializada en Economía y Derecho, no ofrece un bachelor ni un master en español, pero sí estudios de esta lengua como rama complementaria). Desde la introducción del español como asignatura en numerosos colegios de la enseñanza media a partir los años 1990, ha aumentado considerablemente el número de estudiantes de español en las universidades, de modo que es hoy la cuarta lengua más importante en las universidades suizas (después del alemán, francés e inglés, pero antes del italiano, ya que atrae a más estudiantes que la tercera lengua nacional). Por supuesto, la docencia universitaria se desarrolla exclusivamente en español. Un hito decisivo para la consolidación de una comunidad hispanista helvética fue la fundación de la Sociedad Suiza de Estudios Hispánicos (SSEH) en 1969, que en la actualidad cuenta con unos 200 socios (en su mayoría profesores, investigadores y estudiantes de las universidades suizas, pero también hispanófilos en general, e incluso lusitanistas y catalanistas, ya que no son suficientemente numerosos en el país para organizarse en su propia asociación). La SSEH organiza un coloquio anual, las Jornadas Hispánicas, y ayuda a subvencionar coloquios, publicaciones, grupos teatrales y diversos eventos en las universidades suizas. En 1972 empezó a imprimirse el Boletín de la Sociedad Suiza de Estudios Hispánicos, que contenía informaciones sobre las actividades del hispanismo suizo, pero no artículos de investigación; en 2003, por iniciativa del profesor Jenaro Talens, fue sustituido por la revista Boletín Hispánico Helvético .BHH), que en dos números anuales contiene artículos de investigadores suizos y extranjeros sobre temas de literatura, lingüística y prácticas culturales de todo el ámbito hispanohablante, reflejando la gran diversidad temática del hispanismo suizo de hoy como también sus múltiples relaciones internacionales e interdisciplinarias. Estas dos publicaciones periódicas constituyen la fuente más importante para la historia del hispanismo suizo del último medio siglo. Además, la SSEH edita desde 1991 la colección de monografías Hispanica Helvetica, subvencionada, al igual que el BHH, por la Academia Suiza de Ciencias Humanas. Si en los orígenes de la disciplina, un hispanista era en Suiza un romanista que se interesaba también y a veces principalmente por el español, hoy el hispanismo reúne a una gran cantidad de orientaciones centrífugas y crece e incrementa la distancia no sólo entre literatura y lingüística, sino también entre literatura “clásica” (medieval, renacentista y del Siglo de Oro) y moderna y contemporánea, por un lado, y entre literatura española e hispanoamericana, por otro. Pero el hecho de que todas estas ramas formen todavía una sola disciplina en las universidades, que las cátedras sean tan pocas que no suele haber más de una de literatura y, a veces, otra de lingüística por universidad, y que los estudios de español, en casi todas las universidades, se compongan obligatoriamente de literatura, lingüística y lengua, contrarresta esta tendencia y hace que, pese a la diversificación creciente en especializaciones divergentes en la investigación personal académica, los intereses comunes en la enseñanza sigan prevaleciendo (también contribuye a esto la dificultad de desarrollar colaboraciones con colegas suizos de otras disciplinas sin renunciar al uso del español en los coloquios o publicaciones comunes). Pero todo esto no puede impedir que cada vez más colegas se autodefinan primero como lingüista, profesor de literatura, americanista, comparatista, medievalista, iberorromanista, etc., que como hispanista, (y que algunos incluso eviten o rechacen abiertamente este término. No por casualidad nuestra asociación, en cuya fundación participaron varios especialistas de literatura hispanoamericana, no se llama Sociedad Suiza de Hispanistas, sino de Estudios Hispánicos. Y hasta este adjetivo no deja de provocar aversiones en los más recalcitrantes.

Rachel Peled Cuartas, Universidad Hebrea de Jerusalén, Israel

Siguiendo las palabras del profesor Ruffinatto, el hispanismo abarca no sólo lo procedente de la religión cristiana católica y en lengua española sino todo aquello que tuvo lugar en la Península Ibérica y formaba parte del amalgama cultural, social, filosófico, científico, literario, etc. en el pasado, cuyas huellas siguen presentes en todos los campos hasta hoy. Particularmente me refiero a lo que concierne al lugar de los judíos en la coexistencia y compleja convivencia de las tres culturas a lo largo de casi un milenio.

Ya en al-Ándalus, bajo el dominio musulmán, desempeñaron los judíos un importante «papel de “mediadores culturales”, sin el cual sería difícil contar hoy con las traducciones al latín o a las lenguas romances, que permitieron que Occidente conociera la ciencia árabe y las principales obras de la Antigüedad» (Lacarra & Blecua 2012: 68). Desde el siglo XI, pasando al centro y noreste peninsular bajo un gobierno cristiano, los cambios en las condiciones sociopolíticas influyeron en la interacción judía en el crisol peninsular. Los judíos se convirtieron en una vértebra conectora entre el mundo árabe y el mundo cristiano, gracias a las adaptaciones hebreas de los géneros literarios, corrientes de pensamiento y avances científicos y médicos cuyo origen se encontraba en el mundo árabe.

A pesar de su importancia para un entendimiento más completo del Hispanismo, los estudios sefardíes desde la Edad Media hasta nuestros días se enfrentan constantemente con una serie de dificultades enraizadas en criterios ideológicos, políticos e incluso religiosos. A estas dificultades habría que sumar otro grupo de condiciones más “objetivas” como la necesidad imprescindible de un alto dominio lingüístico bilingüe o trilingüe: español, hebreo y árabe. para realizar correctamente cualquier trabajo en este campo, dominio tan poco común; la escasez de fuentes y el deteriorado estado de los documentos encontrados; la dispersión geográfica tanto de los estudiosos e investigadores como de los manuscritos en rincones alejados del mundo, etc. Para responder al creciente interés en este campo en el ámbito hispanista, tanto de investigación como de docencia estamos realizando los siguientes pasos:

Hace cuatro años hemos comenzado a trabajar en el instituto Universitario de Investigación de la Edad Media y el Siglo de Oro “Miguel de Cervantes” de la Universidad de Alcalá, bajo la dirección de Carlos Alvar en la formación de una base de datos de las traducciones hebreas medievales HeMeT –Hebrew Medieval Translations–, cuyo objetivo principal es reconstruir y publicar las obras relevantes junto con una traducción al español y al inglés y un estudio crítico riguroso, dada la falta de una edición crítica de la mayoría absoluta de las obras.

Gracias a la acogida exitosa de las actividades docentes que hemos realizado a lo largo de este tiempo y el incremento considerable del alumnado interesado, abrimos este curso académico un programa de Estudios Sefardíes y traducción: Edad Media y Renacimiento, pionero en Europa. Se trata de un programa conjunto del instituto Universitario de Investigación de la Edad Media y el Siglo de Oro “Miguel de Cervantes”, bajo la dirección de Carlos Alvar y Rachel Peled Cuartas y el Departamento de Estudios Románicos e Ibero-Americanos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, bajo la dirección de Ruth Fine. Asimismo, gozamos de la colaboración con el prestigioso Instituto dedicado a la Lengua Española: Cilengua y Centro Sefarad Israel. Esperamos que nuestras actividades en la traducción, investigación y docencia especificadas arriba aporten al conocimiento de esa parte tan relevante al aspecto internacional del hispanismo.

Wiltrud Mihatsch, Universidad de Tübingen, Alemania

El eminente hispanista alemán Manfred Tietz califica el hispanismo alemán de «hispanismo de excepción» (2017: 35); su historia es una historia exitosa, pero no desprovista de complejidades. En los últimos dos decenios la hispanística como área de investigación y enseñanza universitarias ha crecido de manera vertiginosa y el número de estudiantes de español supera hoy con creces el de los estudiantes de francés, la lengua románica tradicionalmente más arraigada por razones históricas, políticas y geográficas. El peso que tiene el hispanismo hoy en las universidades alemanas (y de países de habla alemana) se hace notar también fuera del ámbito universitario en la atractividad del español como lengua extranjera no sólo en el sistema escolar (la lengua extranjera curricular con el aumento de alumnos de lejos más importante en comparación con las otras lenguas extranjeras), sino también en el aprendizaje por adultos (Olmos Serrano 2006/2007, Ministerio 2014)7.

Este auge del hispanismo en Alemania es reciente. Para comprender el éxito actual, pero también tardío, cabe echar un vistazo a la historia del hispanismo en las universidades alemanas. En las universidades actuales la hispanística no suele corresponder a entidades administrativas visibles, sino a una de las ramas implícitas de la filología románica dentro de los departamentos o seminarios de filología románica. Es ahí donde nació la hispanística alemana, pero hasta hace poco como segunda lengua después del francés y dentro de la romanística.

Es consabido que la románística se considera como un invento alemán del siglo XIX con la obra de Diez y su Grammatik der romanischen Sprachen y el Etymologisches Wörterbuch der romanischen Sprachen, un ramo de filología con una clara perspectiva histórica y comparativa dentro de la corriente de los neogramáticos. En el siglo XIX la romanística surge también como “Fach” o área institucionalizada en las universidades alemana (Brisemeister 2000, Hirdt 1994, Kalkhoff 2010, Ínsula 2016). Los actuales seminarios o departamentos de romanística y los perfiles de las cátedras proceden directamente de aquella época fundadora. El hispanismo surge y se nutre de esta estructura fuertemente arraigada, al mismo tiempo el marco de la romanística es un factor encauzante para el libre desarrollo del hispanismo, como lo es también el papel tradicionalmente dominante del francés en la romanística8 y en el sistema escolar a partir de mediados de siglo XIX como lengua extranjera moderna.

Las consecuencias de la Primera Guerra Mundial afectaron el prestigio internacional de la romanística alemana9 y dentro de la romanística disminuyó la importancia del francés, lo que desencadenó un interés creciente de la romanística alemana por la Iberorromania y Latinoamérica, políticamente neutras, lo que fomentó el nacimiento de corrientes hispanísticas, pero siempre dentro de las estructuras académicas tradicionales, que se mantienen a pesar de las tensiones entre el modelo alemán y las estructuras internacionales dominantes basadas en lenguas particulares y en un enfoque correspondiente en la investigación. Otra herencia del siglo XIX, y no solo en Alemania, es el mantenimiento del conjunto de las áreas filológicas (historia y teoría de la literatura, lingüística y cultura) como pauta de organización de los departamentos, a pesar de la fragmentación de lo que era la filología –el presidente actual de la Asociación Alemana de Hispanistas Óscar Loureda (2017: 16) habla de «desfilologización»–. A mi juicio, esta estructura, anacrónica en algunos aspectos, es la que apoya la unidad de la hispanística incluso dentro del marco de la romanística.

Hemos visto algunos factores históricos y habría que investigar el papel del turismo a partir de los años setenta –en 1986 España llegó a ser el país más atractivo para los turistas alemanes (Fabian 2016)– que ha contribuido al auge del hispanismo; y me gustaría terminar con un factor decisivo, la labor del Deutschen Hispanistenverband –la Asociación Alemana de Hispanistas–, fundada en 1977, más de 20 años más tarde que la Asociación de Hispanistas de Gran Bretaña e Irlanda y significadamente más tarde que las otras asociaciones extranjeras, con un número siempre creciente de miembros (casi alcanzamos los 500), con congresos cada vez más internacionales y con un mayor número de ponencias, y una consolidación e intensificación de los lazos con la AIH y la REAH, entre otras asociaciones internacionales.

Hélène Tropé, Universidad Sorbonne Nouvelle, Paris 3, France

El hispanismo galo se desarrolló en Francia a finales del siglo XIX y arraigó verdaderamente a principios de la siguiente centuria (Niño Rodríguez 1984, 1988, 2015, 2017). El neologismo “hispaniste” surgió en la misma época por analogía con los vocablos que designaban a los miembros de las prestigiosas corporaciones de “latinistas”, “helenistas”, “romanistas”… En Francia, el hispanismo nace como rama de la filología románica. Uno de sus representantes, Morel-Fatio, quien dio clases en prestigiosas instituciones parisinas pero nunca en la universidad, fue el fundador de este nuevo campo científico. El hispanismo verdaderamente universitario nació en el sur de Francia al calor del movimiento muy activo que promovía el desarrollo de la enseñanza de las “lenguas meridionales” en la Secundaria. Con esta meta, se crearon asociaciones de profesores, en especial en 1905 la «Société des Professeurs de Langues Méridionales», que defendía los intereses del hispanismo, entre otros, cerca del Consejo Regional del Mediodía. Luchaba por defender sus intereses contra los poderosos profesores de inglés y de alemán. Esta asociación vendría a ser en 1936 la Société des Langues Néo-Latines que todavía existe y lucha por defender la enseñanza de estos idiomas (Heymann 2017). Dicho movimiento facilitó la fundación de la primera cátedra de español en la universidad de Toulouse para Ernest Mérimée en 1886. Después se crearon lo que se llamaba “les maîtrises” (o tesinas): la de Burdeos se crea en 1888 a cargo de Georges Cirot, discípulo de Morel-Fatio; Montpellier en 1900; París en 1906 a cargo de Martinenche. Vinieron después los «Certificados de aptitud a la enseñanza». Las clases de formación de los candidatos se impartieron primero en Toulouse; después en Burdeos (1899) y en París (1908). En 1899 se creó la agregación de español, que será la verdadera cantera del hispanismo francés y en 1904 el «Diplôme des Études Supérieures» en español que prolongaba la formación a la investigación de los jóvenes hispanistas y que daba paso después a la tesis doctoral. A comienzos del siglo XX, el hispanismo ya había arraigado en el sistema universitario francés. Esta formación se completaba con estancias en España. La Universidad de Toulouse organizó cursos de verano en Burgos. Luego la universidad de Burdeos creó la École des hautes études hispaniques et ibériques con sede en Madrid, integrada en 1928 en la Casa de Velázquez y que desde 1993 ha vuelto a tener su nombre de “École” y su estatuto de establecimiento científico, cultural y profesional.

Esta conformación de una disciplina académica se complementó también con revistas. La primera fue la Revue Hispanique fundada en 1894 por M. Fouché-Delbosc. En 1899, coincidiendo con la creación de la Agregación de español, se fundó el Bulletin Hispanique en la Universidad de Burdeos cuyos directores fueron Morel-Fatio, Georges Cirot y Ernest Mérimée que también presidían el jurado del tribunal de la agregación. Apenas nacida esta corporación ya aparecieron líneas de fractura: además de la división entre París y el Mediodía francés, existía una polémica entre los hispanistas que se decantaban por la crítica literaria y los que se dedicaban a la civilización. También se oponían los agregados de español a los exalumnos de la elitista Escuela Normal Superior que les garantizaba una brillante carrera universitaria. Aunque se fomentaba el mito de la igualdad de oportunidades entre unos y otros, era a estos últimos, titulares de una agregación de letras clásicas (considerada superior a la de español) a quienes se otorgaban los mejores puestos universitarios. Siendo así las cosas, en 1906 se creó un puesto de profesor de lengua y de literatura españolas en la Sorbona. Los discípulos de los padres fundadores, exalumnos todos de la Escuela Normal Superior, compitieron por ganar esta plaza. Después de una lucha encarnizada fue elegido Ernest Martinenche, quien había leído en la Sorbona una tesis de literatura comparada en la que analizaba la influencia de la comedia española en el teatro clásico francés. Trece años después su puesto de profesor se convirtió en una cátedra de español que desempeñó hasta 1937. Ejerció Martinenche una influencia inmensa sobre el desarrollo del hispanismo francés. Heredó poco a poco de todos los puestos importantes de la corporación: miembro del jurado de la agregación y del certificado desde 1907, fue presidente de ambos a partir de 1913. De forma paralela Martinenche promocionó las relaciones con América Latina: fundó en 1908 el «groupement des universités et des grandes Écoles pour les Relations avec l’Amérique Latine» e inauguró, entre otras instituciones destinadas a desarrollar el hispanismo americanista en la Sorbona lo mismo que en América Latina, el «Instituto de las universidades de Paris» en Buenos Aires. Asimismo trabajó para poner en relación las élites de ambos países, fomentar la amistad franco-española y luchar en contra de los prejuicios que empañaban la imagen de España en Francia y la francofobia de ciertos sectores en España (alto clero, ejército, aristocracia que se declararon abiertamente germanófilos en vísperas de la Primera Guerra Mundial). Con esta meta, impulsado por un español que había sacado el título de doctor en letras por la Sorbona, Carlos Ibáñez de Ibero, se creó en dicha universidad en 1912 el «Centro de Estudios Franco-hispánicos de la Sorbona» que impartió clases, conferencias y decidió el envío de una misión académica que recorrió España en la primavera de 1916 para luchar contra estos prejuicios. A su vez una misión de académicos españoles viajó a Francia y fueron recibidos en la Sorbona en octubre. Aprovechando tan favorable contexto, Martinenche e Ibáñez de Ibero presentaron en 1917 una nueva demanda al Consejo de la Universidad para acrecentar el prestigio del Centro y darle el nombre de «Institut d’Études Hispaniques», apelación que daba a entender que de aquí en adelante se fomentaría la cultura producida en todos los países de habla española. Tan prestigiosa escuela, dotada desde el principio de una dimensión binacional, iba a desempeñar un papel fundamental para la promoción del hispanismo galo formando varias generaciones de jóvenes hispanistas y siendo la vitrina de la cultura española en París. Hasta que en mayo de 1968 la revuelta estudiantina estalló poniendo en tela de juicio, entre otras cosas, el orden universitario. La respuesta de las Autoridades fue la reforma completa del sistema universitario por la Ley de Orientación de la Enseñanza superior de noviembre de 1968 que creó doce universidades en la región parisina. Cada una estaba organizada en sendas «Unités d’enseignement et de recherche» (UER) o Departamentos. En 1970, a raíz de discrepancias políticas, la Sorbona se dividió en dos: París 3 Sorbonne y París 4 Sorbonne según la terminología oficial. Hacia 1980 la segunda decidió llamarse «Paris Sorbonne» y fue entonces cuando París 3 se llamó «Paris 3 Sorbonne Nouvelle». En este momento, todavía el edificio del Instituto era común, las aulas lo eran, así como la biblioteca. Pero de pronto, la nueva Ministra de la Enseñanza Alice Saunier-Séïté emitió una decisión–sin ninguna concertación– atribuyendo el edificio del Instituto a París 4, lo que no dejó de plantear graves problemas ya que la herencia era de ambos departamentos. Los profesores más progresistas se fueron entonces a París 3 y se quedaron en París 4 los más conservadores. Grandes nombres del hispanismo ilustraron ambas UER o departamentos. En París 3 el hispanismo se lució con profesores tan brillantes y apreciados como André SaintLu (América colonial), Paul Verdevoye (América contemporánea); Robert Marrast (España contemporánea), Augustin Redondo para el Siglo de Oro, alumno de Rumeau y de Marcel Bataillon, Bernard Pottier (lingüística)… En París 4, dieron también clases grandes hispanistas como Maurice Molho o Paul Guinard. Los estudiantes circulaban entre un departamento y otro. La preparación a la Agregación era común.

Los profesores de París 3, en especial, renovaron profundamente los estudios hispánicos. Siguiendo los pasos de sus maestros (Rumeau y después Bataillon), Augustin Redondo terminó con la tradicional separación entre literatura y civilización y abrió nuevas perspectivas promoviendo poderosamente el estudio de los textos siempre en su contexto histórico. Formó una pléyade de hispanistas de los que algunos siguen hoy en día esta vereda, yendo a los archivos, enfocando el texto en su contexto histórico, cultural, biográfico, intertextual, etc. amplio.

No se puede ocultar la crisis actual que atraviesa el hispanismo francés lo mismo que otras disciplinas de las ciencias humanas. Recientes reformas, por razones puramente financieras, obligaron a los hispanistas a reunirse con otros especialistas de otras disciplinas en centros multidisciplinarios que trabajan sobre largos periodos mezclando Antiguo y Nuevo Régimen, centros donde se diluyen las investigaciones genuinamente modernistas e hispánicas. Queda la labor encarnizada de algunos por seguir transmitiendo la herencia de los maestros, formar a los mejores estudiantes en los archivos y llevarlos a las asociaciones internacionales que son actualmente la cantera y supervivencia del hispanismo más auténtico, en especial la AIH, pero, también la AISO, la AITENSO, la SIERS, etc.

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Notas

1 Aldo Ruffinatto (Catedrático emérito de Literatura Española en la Universidad de Turín, Italia. Presidente de Honor AIH), Presidente de mesa. Con la colaboración de Maria de Lurdes Correia Fernandes (Universidad de Porto, Portugal); Roberta Johnson (Universidad de UCLA, Los Angeles, EE.UU.); Marco Kunz (Vicepresidente de la Sociedad Suiza de Estudios Hispánicos, Universidad de Lausana, Suiza) ; Wiltrud Mihatsch (Universidad de Tübingen, Alemania); Rachel Peled (Universi-dad Hebrea de Jerusalén, Israel); Hélène Tropé (Universidad Sorbonne Nouvelle París 3, Francia).
2 Ver edición Marcia Leonarda «Tenía David una hija, hermosa como el sol;hispanismo cruel, pero de los de la primera clase en el vocabulario del novelar;porque si una mujer fuera como el sol, ¿quién había de mirarla? Las comparaciones, ya sabrá vuestra merced, que no han de ser tan uniformes que pareciesen identidades, y así verá vuestra merced por instantes “blanca como la nieve”, “hidalgo como el Rey”, “más sabio que Salomón” y “más poeta que Homero”)» (Lope de Vega 1964: 1380).
3 Juan Valera, «Carta de 23 de marzo de 1895», en Epistolario (1946). “Hispanófilo” e “hispanofilia”, además, son términos que se acompañan con la conocida polémica entre Juan Valera y Rufino José Cuervo que se desató en 1899 y continuó durante muchos años (cfr. Santos Molano 2006).
4 Véase también la calificación que don Ramón le ofrece a John Hookham Frere, amigo del duque de Rivas y traductor al inglés de algunas poesías medievales y clásicas españolas: «El Duque de Rivas tituló su poema El moro expósito, y le antepuso una dedicatoria a Frere, redactada en inglés, en la que reconoce la deuda intelectual que con Frere tenía. Así este hispanista británico, encariñado con las tradiciones épicas castellanas, fue el promovedor de la primera obra decididamente romántica del parnaso español, la cual se fraguaba oscuramente fuera del suelo patrio» (Menéndez Pidal 1957b: 559).
5 Es decir: «1. Giro o modo de hablar proprio y privativo de la lengua española // 2. Vocablo o giro de esta lengua empleado en otra // 3. Empleo de vocablos o giros españoles en distinto idioma».
6 Habría que notar que el interés por España en Norteamérica no comienza con Huntington. Entre los pioneros se encuentra Washington Irving cuya biografía de Colón de 1828 tuvo una enorme influencia en Norteamérica durante muchos años, así como su libro sobre la Alhambra de 1832. George Ticknor también influyó con su History of Spanish Literature de 1864, libro que todavía se consultaba cuando yo estaba de subgraduada en los años 60 del siglo pasado.
7 Un estudio detallado bajo la dirección de Óscar Loureda se está realizando en el marco del proyecto «La lengua española en Alemania».
8 … a pesar de un interés marcado por España en el Romanticismo.
9 … y, por supuesto, las consecuencias de la dictadura nazi y la Segunda Guerra Mundial.
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