Miguel de Barrios, la “Academia dos Generosos” y sus “Aplauzos académicos” a la victoria del Ameixial

Fernando J Pancorbo
Universität Basel, Suiza

Miguel de Barrios, la “Academia dos Generosos” y sus “Aplauzos académicos” a la victoria del Ameixial

Versants, vol. 3, núm. 69, pp. 25-40, 2022

Universität Bern

Resumen: Este trabajo se centra en el estudio de los Aplauzos académicos e rellação do felice successo da celebre victoria do Ameixial (Ámsterdam, Jacob van Velsen, 1673). Se trata de una obra coral en la que el sefardí Miguel de Barrios quiso aportar sus versos a aquellos que surgieron en el seno de la célebre Academia dos Generosos de Lisboa para conmemorar la victoria lusa frente a las tropas españolas el 8 de ju- nio de 1663. Lejos de querer ofrecer un análisis meramente literario, el interés de este artículo se enfoca en la revisión de la red de relaciones del autor, su aparente relación con estos ingenios lisboetas y los nobles destinatarios de esta obra, y su propia intención política y editorial.

Palabras clave: Miguel de Barrios, Academia dos Generosos, don Sancho Manuel, batalla de Ameixial, literatura sefardí.



Alcançar lector intenta
los yerros de la impressión,
pues ya en los pies de la lección
van corriendo por tu cuenta
Miguel de Barrios, Aplauzos académicos, 1673.

Avant la lettre

En 1673, se publican en las prensas amstelodamas de Jacob van Velsen los Aplauzos académicos e rellação do felice successo da celebre victoria do Ameixal, un compendio de flores poéticas y de escritos de carácter cronístico –digámoslo así, al menos en un primer momento. Se trata de un volumen colectivo, escrito por diferentes miembros de la lisboeta Academia dos generosos para honrar la figura de don Sancho Manoel, conde de Villaflor, y su memorable actuación en la contienda bélica que enfrentó a las tropas portuguesas y a las castellanas, comandadas por don Juan de Austria, en el marco de la guerra de Restauración portuguesa.

Esta obra, de gran interés histórico y de obvio valor literario –sobre todo por el carácter amalgamador de géneros poéticos, propios de las tendencias más puramente barrocas, pero también de metros claramente latinizantes como galas de erudición–, presenta una serie de particularidades que merecen un acercamiento en profundidad. La cuestión central de este estudio gira en torno a un mismo elemento que rompe el carácter ordinario de este tipo de publicaciones encomiásticas y celebrativas: la intensa participación en esta publicación y la estrecha vinculación con algunos de los principales autores académicos portugueses de don Miguel de Barrios, un judío montillano establecido desde 1662 entre la comunidad sefardí de Ámsterdam y Bruselas (Révah 1965: lvvix-xci; Pieterse 1968: 17; Kaplan 1985: 209-210; Lieberman 1996: 24).

No era la primera vez, ni sería la última, que un autor sefardí ponía su pluma al servicio de una corona cristiana o que mostrase un claro compromiso con una causa bélica ajena, a priori, a sus propios intereses. De hecho, fue un género literario de vasta producción entre los ingenios de la congregación judía amstelodama (Pancorbo 2019a: 27-47). A este respecto, entre otros, explica Jonathan Schorsch lo siguiente:

Many of these writers dedicate poems to noblemen and women, monarchs of various European countries. Some of these authors obviously write as Christians, but even those who produce attacks on the Iberian inquisitions and Iberian anti Jewish discourse might also elsewhere praise the very same governments and cultures (2009: 341-342).

Los panegíricos y los diferentes tipos de obras encomiásticas y alabadoras constituyen, sin duda, un importante corpus dentro de la literatura sefardí amstelodama, llegando a encumbrar a algunos de sus máximos exponentes, como es el caso del propio Miguel de Barrios. En este sentido, Daniel M. Swetschinski aclara que:

An astonishingly large part of the Portuguese Jewish literature written in Amsterdam is of a purely occasional character. The superabundance of this kind of poetry among the works of Daniel Levi de Barrios has earned him the title of poet laureate of Amsterdam’s Portuguese Jewish community. Occasional poetry then occupied the place that special occasion photography occupies today, with weddings and deaths most frequently thus commemorated. Communal organizations, their administrators, and their members were also immortalized in this fashion. Not all of this poetry celebrated wealthy Portuguese Jewish merchants; de Barrios also poetically adorned a few non jewish weddings. Finally, a great many poems by Miguel de Barrios, Jose de la Vega, and Duarte Lopes Rosa (alias Moseh Rosa) sang the praises of contemporary heads of the state such as John III Sobieski of Poland (on the occasion of his defeat of the Ottomans at Vienna in 1683), Charles II of Spain, Peter II of Portugal, Louis XIV of France, William Henry Prince of Orange, the Emperor Leopold, William III of England, and Cosimo III, grand duke of Tuscany –not to mention the host of officials from the Spanish Netherlands and various Spanish and Portuguese embassies; hence the use of the Christian names (Swetschinski 2000: 298).

Sin duda, fue Miguel de Barrios uno de los que más homenajeó a buena parte de las monarquías europeas, bien por medio de escritos directos para honrar a sus personas, bien por medio de obras que a ellos les fueron dedicadas. Véase el caso de Bello monte de Helicona, publicación realizada en honor de Carlos II, aquel que, por cierto, presidió el gran auto de fe de 1680 de Madrid, donde fueron condenadas 104 personas acusadas de judaizar (Den Boer 2002: 104). O los Epitalamios regios que escribió para celebrar los desposorios de Maria Sophia de Neuburg con el monarca Pedro II de Portugal (Pancorbo 2019b: 35-36). Cabe preguntarse cuáles eran las razones por las que estos exiliados, amenazados incesantemente por la sombra inquisitorial, redactaron, publicaron y dirigieron estas loas a tales personalidades. En realidad, tal y como aclara Yosef Kaplan:

Los exiliados eran de la opinión que toda monarquía creyente debía hacer todo lo que estaba a su alcance para imponer a todos sus súbditos su correcta religión. Los exiliados judíos salieron de España con la sensación de haber abandonado un magnífico reino, cuyos métodos de gobierno eran los correctos, pero que estaban al servicio de una causa errada (1996: 61).

Yendo más allá de esta posible admiración o detracción de las políticas que pudieron conocer, son diversas las razones que, desde una perspectiva general, se han conjeturado para dar explicación al surgimiento de estos opúsculos. No obstante, y teniendo en cuenta la personalidad irreverente y su claro carácter de excepcionalidad, se han arrojado varias conjeturas en relación a este tipo de publicaciones de Miguel de Barrios: hay quienes afirman que se trataba de una mera actividad petitoria, propia de autores mendicantes –aunque realmente fuese algo común y no necesariamente sujeto a una situación de penuria–, como es el caso de Scholberg (1962: 27-28), o de García Gavilán (2003: 21-26). Parece que puede responder también a un sentimiento patrio y a una ferviente expresión de «hispanidad», como defiende Pajarín Domínguez (2017: 352-373) o relativiza Harm den Boer (1995: 27-28). O, simplemente, puede tratarse de una doble intención: por un lado, podría entenderse como un medio para conseguir el favor, la protección y, en el caso de Barrios, algún puesto en la corte o en la diplomacia; y, por otro lado, atendiendo a las aspiraciones propiamente literarias, como vía para granjearse una fama tal que le llevase a poner su nombre junto al de los grandes exponentes del Parnaso aurisecular. Cabe preguntarse, por tanto, si estas consideraciones dan explicación a la inclusión de los versos de Miguel de Barrios en este volumen de producción portuguesa. Desde una perspectiva general, atendiendo al grueso de su producción panegírica y exceptuando todos aquellos encomios dirigidos a correligionarios de su comunidad, se podría entender así. Sin embargo, en el caso concreto de los Aplauzos académicos e rellação do felice successo da celebre victoria do Ameixal, varias de estas justificaciones no parecen tener cabida, pues todo depende de la fecha en la que fue escrita la obra en cuestión y de la correspondencia con la etapa vital y literaria del propio escritor.

No se puede negar que Miguel de Barrios fue uno de los mejores embajadores culturales de España en el exilio, y que con asiduidad dedicó sus ingenios poéticos a destacables personalidades hispánicas. Más allá del ya mencionado Bello monte de Helicona, en alabanza de Carlos II, encontramos otros ejemplos entre su producción, como el título Alabanza lírica al muy ilustre señor don Bernardino Sarmiento y Soto Mayor (1673); o incluso el texto dirigido a los ejércitos españoles, dedicando un Aplauso métrico por las dos célebres victorias que tuvo a 4 y 14 de junio de este año de 1673 la armada de los altos y poderosos señores Estados Generales de las Provincias Unidas (1673). Estas cuestiones claramente dan sentido a esa muestra de amor patrio que se ha destacado a partir de varias de sus obras, pero ¿qué hacer con aquellas que critican de manera abierta a la España inquisitorial o, como en el caso que aquí me ocupa, con obras que celebran la victoria militar sobre sus tropas? Es evidente que esa admirada «hispanidad» –Révah, no sin razón, lo definiría como un caso más de «typical Marrano insincerity» (1965: xc)–, aun con una relativa cordialidad, se desdibuja. Quizás unos de los más claros ejemplos sean estos «aplauzos académicos» recogidos por don Francisco Correia de Lacerda, y su intensa colaboración por medio de la inclusión de sus peomas en los paratextos de la crónica divinizadora escrita por don António Álvares da Cunha.

Las aspiraciones a ser un Generoso

Miguel de Barrios gozó, prácticamente durante toda su vida, del favor y de la amistad de nobles y notables de diferentes orígenes. Si se habla de los favores y la protección procedentes de sus compatriotas españoles, se sabe que obtuvo el favor de Antonio Fernández de Córdoba, caballero de la Orden de Santiago, primer gentilhombre de la cámara del príncipe don Juan de Austria y teniente general de la caballería de Flandes; de don Luis Benavides Carrillo y Toledo, marqués de Caracena; don Francisco de Mora y Corte Real, marqués de Castel Rodrigo; o don Juan Domingo de Zúñiga y Fonseca, conde de Monterrey. Muy posiblemente, a todos ellos los hubiese conocido en territorio bruselense, y, de hecho, sirvió a algunos de ellos –no hay certeza de que fuese en algún frente, pues no hay evidencia de su paso por el ejército ni de su tan aclamada condición de capitán, más allá de las que él mismo da en sus escritos (Lieberman 1996: 25). Estas relaciones con hombres de tan alta posición debieron otorgarle una buena situación durante algún tiempo, al menos hasta que se asentó de manera definitiva en Ámsterdam. A partir de ese momento, el distanciamiento con las autoridades españolas asentadas en Flandes y, sobre todo, el hecho de que fuese acusado de frecuentar «tierras de idolatría» por parte de los mandatarios de la comunidad sefardí amstelodama, cambiaron drásticamente su posición social y económica, sumiéndole en una constante precariedad y en una clara desventaja a la hora de publicar sus obras en el contexto de su congregación (Révah 1965: lxxiv-xci; Pieterse 1968: 19; Gans 1977: 62 y 119; Den Boer 1995:79-99; Lieberman 1996: 25-27; Pancorbo 2020: 59-84).

No obstante, y en paralelo a este devenir, el poeta montillano también contó con la gratitud, el apoyo y la amistad de algunos nobles y diplomáticos portugueses. Basta solo con hacer un breve repaso de algunos de los nombres que menciona en su Sol de la vida: don Phelipe de Sasportas y Moscoso; don Manuel de Lyra; don Fernando de Mascareñas, conde de la Torre; don Sancho Manuel, conde de Villaflor; Duarte Ribero de Macedo; don Henrique de Tabares, etc. Kenneth R. Scholberg explica lo siguiente a este respecto:

El más importante para él [Miguel de Barrios] fue don Francisco de Melo, embajador portugués en las Provincias Unidas y más tarde en Inglaterra. En 1672 le dedicó el Coro de las musas, que contiene composiciones a diferentes miembros de su familia, a don Francisco mismo, a sus hermanos Sancho Manuel y Jerónimo Manuel, y a su hermana doña María de Portugal, condesa de Peralva, camarera valida de la reina Catalina de Inglaterra. En 1673 se publicó en Ámsterdam (…) un tomo de Aplausos métricos, escritos en portugués, español y latón, felicitándole a don Sancho Manuel, conde de Villaflor, por la parte que había tomado en la victoria del Ameixial contra los españoles diez años antes. Las poesías fueron escritas por miembros de la «Academia dos Generosos» de Lisboa, pero hay unos diez poemas de y glosas en prosa de Barrios, además de una comedieta alegórica suya, Palacio de la Sabiduría y Panegírico al Ex.º Sr. D. Sancho Manuel, conde de Villafor (…). Otra familia portuguesa que le amparó fue la de los Mascarenhas. Don Miguel mantuvo correspondencia con don Juan Mascarenhas, marqués de Frontera, y con sus hijos, en 1673-74 y aún más tarde (1962: 18).

El poeta montillano estableció una estrecha relación tanto con don Sancho Manuel, como con sus hijos João y Francisco. Ciertamente, todo apunta a que, en un primer momento, la vinculación entre ellos respondería a la propia entre artista y mecenas, pues, en buena parte, fue gracias a ellos y a su subvención que pudo publicar una de sus obras más notables, Imperio de Dios en la harmonía del mundo (1674). Incluso, gracias a estas mediaciones con estos nobles portugueses aspiró a ser cónsul de la corona portuguesa en Ámsterdam en 1679 –probó suerte con idéntico fracaso en 1675 con España (Glaser 1965: 201-211). Sin embargo, los contactos con las familias Melo y Mascarenhas fueron duraderas y de amistad. Basta solo con ver la duración de las correspondencias epistolares, posteriores incluso a 1680.

Más allá de estos vínculos, quizás lógicos si se tiene en cuenta la relación que les unía, Miguel de Barrios compartía con don Sancho Manuel y con don João una clara afición por la literatura y por los ambientes académicos. Tanto es así, que los mecenas y protectores portugueses eran miembros de la aclamada «Academia dos Generosos» de Lisboa (Palma-Ferreira 1982; Matias 1988; Rocha dos Santos 2012).

Debió ser gracias a ellos, conocedores en buena medida de la calidad poética que Miguel de Barrios les demostró en los frecuentes envíos de poemas y de diferentes partes de su Harmonía del mundo para que se la subvencionasen, que entró en contacto con don António Álvares da Cunha, señor de Tábua, y con Francisco Correia de Lacerda, secretario y juez, respectivamente, de la congregación literaria «dos Generosos». Resulta lógico que Miguel de Barrios no fuese presencialmente uno de los compañeros de palestra del círculo erudito lisboeta, máxime cuando no se encuentra su nombre en los pocos registros que existen de la academia. Sin embargo, sus poemas y sus galas de ingenio están incluidos en el volumen que los literatos de este círculo erudito dedicaron a la memorable actuación de don Sancho Manuel que dio la victoria en esta batalla de Canal a las tropas portuguesas, frente a las comandadas por don Juan de Austria, en el cuadro de la guerra de Restauración. Muy probablemente, Mascarenhas, Álvares da Cunha y Correia de Lacerda apreciaron y reconocieron el valor literario y el compromiso político que demostraba el autor sefardí en sus versos incluyéndolo en este volumen. Sin embargo, hay varias preguntas que surgen a partir de esta cuestión: ¿todos los poemas que figuran en la publicación de 1673 fueron leídos por los «Generosos»? ¿Por qué fue publicado 10 años después de que tuviesen lugar las sesiones académicas con ocasión de tal acontecimiento? Y, quizás, lo más interesante: ¿Por qué fue publicada esta obra en Ámsterdam y no en Portugal?

Desgranando los Aplauzos. la Rellação y la verdadera contribución de Barrios

Para comprender y poder apreciar con exactitud la implicación y participación real del poeta montillano en esta obra, es necesario diseccionar el volumen. Ya desde el título se puede ver que es una obra, cuanto menos, bimembre en el que, por un lado, está la crónica de don António Álvares da Cunha, recogida con el título de Campanha de Portugal pella provincia do Alemtejo, na primavera do anno 1663, gobernando as armas daquella provincia o Excellentissimo senhor d. Manoel Sancho, conde de Villafior. Por otro lado, están los testimonios recogidos por Francisco Correia bajo ese título de Aplauzos académicos, donde se recogen el testimonio de los «onze combates na palestra dos Generosos de Lisboa», celebrados en un certamen con ocasión de la victoria de Ameixial. Realmente, se puede observar que son dos partes diferentes debido a la numeración de las páginas. Todo hace conjeturar que, posiblemente, existiesen ediciones autónomas de cada uno de estos textos y que fuesen reunidos en un mismo libro posteriormente, sin tener tampoco la certeza de que hubiese existido un compendio previo impreso en Portugal o que sea esta publicación amstelodama de 1673 una edición realizada por el propio Miguel de Barrios.

A partir de esta primera división, se puede ver que el núcleo de la primera sección es la relación cronística de Álvares da Cunha, un detallado relato del desarrollo y desenlace de la contienda hispano lusa acompañado de todo lujo de detalles y de tablas que demuestran la veracidad de su testimonio. El carácter puramente literario de este primer bloque textual reside en los versos paratextuales que enmarca la obra del «secretario da Academia dos Generosos e académico ambicioso». Además de las loas inaugurales a cargo del «muito reverendo padre, frey Jeronimo Vahia» y de Manuel Frade Carrecre, se pueden apreciar las composiciones latinas que para esta ocasión escribieron los que el propio compilador tuvo a bien presentar como «Catalogus illustrium virorum, qui in haec commendatitia epistola continentur» (1673: 336)1. Autores como el insigne prelado de la orden de Santiago, don Alfonso Furtado de Mendoça; don Emanuel de Miranda Henriques, gobernador de Évora; o las de fray Cerobio, clérigo erudito de la orden de los carmelitas descalzos, quienes, entre otros, acompañaron el texto del secretario académico con diversas «laurea triumphalis», epigramas, anagramas, y elegías para honrar la hazaña y la memoria de don Sancho Manuel. Entre ellas, además, destaca el alarde de virtuosismo poético de Álvares da Cunha, que ofrece, según él lo llama, un curioso «soneto labiríntico», de ingenio comparable al «Labyrintho, enigma, soneto encomiástico, acróstico, anagramático em vinte e oito anagramas rigurosos» que se encuentra en los Aplauzos académicos.

Álvares da Cunha, António, «Soneto labiríntico», en Rellação rellação do felice successo da celebre victoria do Ameixial, Ámsterdam, Jacob van Velsen, 1673, p. 95.
Fig.1
Álvares da Cunha, António, «Soneto labiríntico», en Rellação rellação do felice successo da celebre victoria do Ameixial, Ámsterdam, Jacob van Velsen, 1673, p. 95.

Álvares da Cunha, António, «Labyrintho: Enigma: Soneto: Encomiástico, Acróstico, Anagrammático: em vinte e oito anagramas rigurosos», en Aplauzos académicos, Ámsterdam, Jacob van Velsen, 1673, p. 195.
Fig.2
Álvares da Cunha, António, «Labyrintho: Enigma: Soneto: Encomiástico, Acróstico, Anagrammático: em vinte e oito anagramas rigurosos», en Aplauzos académicos, Ámsterdam, Jacob van Velsen, 1673, p. 195.

Son realmente pocas las intervenciones que hace Miguel de Barrios en los textos liminares que adornan la relación de don António Álvares: un soneto en el que hace una écfrasis del retrato que figura en la contracubierta del volumen; un prólogo encomiástico en el que loa a la academia lisboeta, a su secretario y a la figura de don Sancho Manuel; un segundo soneto que acompañan las alabanzas de Vahia y de Carrecre; y, por último, un anagrama y un tercer soneto que cierran esta sección. Queda la duda de si todos estos versos y el prólogo no fueron escritos específicamente para la publicación de 1673, es decir, que no acompañasen a los textos originales de 1663.

El segundo bloque que conforma la publicación impresa por Jacob van Velsen dista en gran medida del estilo y del formato de la sección precedente, y con ello el carácter y inclusión de los florilegios poéticos de Barrios. Presenta un carácter mucho más heterogéneo, tanto en los géneros que recoge, como en la propia composición macrotextual, dando la apariencia de un centón de escritos reunidos por el erudito secretario de la Academia dos Generosos y por uno de sus jueces, Francisco Correia de Lacerda. Se abre este apartado con una Oração panegírica na celebridade do certamen pello académico saudozo–es decir, don Francisco Correia–, prologado por un soneto de Miguel de Barrios, escrito en castellano, pero con título y leyenda en portugués, quizás como intento de mantener la coherencia lingüística en todo el libro. Tal poema está presentado como un «Aplauzo que derão os académicos de Lisboa ao Excellentissimo senhor don Sancho Manoel, não menos vencedor das armas da enveja que das Castella». Esta oración panegírica a cargo del académico saudozo como los versos del poeta sefardí parecen establecer el paratexto de lo que a continuación se presenta: el Certamen académico en onze combates na palestra dos Generosos de Lisboa. A memoravel victoria do Canal. Sin embargo, el hecho de que la oración panegírica y el registro de las lides académicas tengan frontispicios diferentes hace pensar que se trata de textos autónomos.

Dentro ya de lo que podría considerarse el testimonio escrito de estos once combates en la palestra literaria lisboeta, la contribución de Barrios resulta mucho más cierta, tanto en el caso de las redondillas que forman su «harmonía proemial» para introducir estas lides de erudición, como en las propias sesiones.

A través de estos once testimonios de ingenio, entre lo meramente literario, lo religioso –obviamente, cristiano– y el hito histórico de Ameixial, buscan dar interpretación a tan memorable victoria de las tropas portuguesas frente al asedio de las mesnadas de don Juan de Austria, y así conferirle una dimensión de carácter divino o mitológico. No es mi intención ofrecer aquí una descripción de cada uno de los combates, sino que me centraré exclusivamente en aquellos en los que el poeta sefardí participó de manera activa:

Combate terceiro: Signat cuncta manu, loquitur Polymnia gestu. Sabendo as razões que tem, para persuadir a todos ser esta vitoria obra de superior númen, advertindo que o dia da contenda era o oitavo da solene devoção, que o nosso Reino faz, em obséquio dos treze dias, que o Santo por antonomásia

o Português António, andou buscando o seu breviário, que o mesmo Deus trouxe-lhe, ficando por este sucesso advogado das coisas perdidas, obriga aos moradores de Castália, que umas liras Castelhanas de oito ramos, & oito versos cada ramo, mostrem a todos a certeza do patrocínio de tão grande Santo, e que por mais que nossos émulos julguem de todo perdida a nossa conservação, por meio de tão grande valedor havemos sempre de triunfar vitoriosos, satisfazendo as mais ajustadas com as brilhantes pérolas que lhe compõem as tranças2.

Combate sexto: Carmine Calipoe libris heroica mandat. Esta, cuja heroicidade invocando tantos épicos, proclamando ação tão gloriosa, inspira nos amantes da Cabalina, para que em uma silva de 200 versos castelhanos descrevam a memoranda batalha do Canal, ponderando todas as circunstâncias dela; especialmente o valor e disposição de Conde de Schomberg, Mestre de Campo General do exército que sendo estrangeiro pode tanto nele a sua obrigação, que pelejou como natural e ao seu exemplo os soldados ingleses, e franceses, não esperando deste sucesso outro prémio que a glória de vencedores; oferecendo à mais elegante o círculo de ouro que lhe aperta o toucado. Combate sétimo: Terpsichore affectus Citharis movet, imperat, auget. Requintando afetuosa a Cítara, notifica a todos os queridos das Musas, pera que numa Romance de vinte coplas castelhanas louvem o incansável trabalho com que o Conde de Villaflor, General do exército português, dispôs os meios com que se conseguirão tão ilustres fins, e igual prometia a Victoria, a sua disposição antes do combate, que a sua resolução depois na contenda prometendo ao mais hiperbólico a Garçota de penas várias que lhe aperfeiçoa o adorno.

Combate nono: Fazendo da sua flauta a Trombeta de Fama, do Céu a Terra publica tão grande Victoria, e pera que a todos seja com, mas particularidade, notório o rompimento fez pendão da sua flauta o estandarte vencido do Capitão General dos Países Baixos, do Recuperador de Nápoles, e do Generalíssimo da Conquista de Portugal, cuja preza era um Sol entre os mais Astros com este verso: Si no es Sol, será deydad. Este quer a dita Muza se glose em quatro decimas tirando da mesma empresa motivos da sua perdição, recompensando amais como a coroa de era que lhe “fermosea” o gesto.

El estilo puramente conceptista y el uso de erudito de las fuentes literarias y sagradas con las que ofrece interpretaciones panegírico-políticas que ayudan a divinizar la victoria de don Sancho Manuel –además de consagrar y alabar a santos cristianos, como en el tercer combate, por cierto–, hacen fácilmente reconocible los versos del poeta montillano. Aún así, el autor, que suele firmar cada una de sus aportaciones con sus iniciales –a excepción del primer combate–, busca despejar cualquier atisbo de duda con la inclusión de versos acrósticos a lo largo de algunas estrofas (Soi de don Miguel de Barrios), como se puede ver en el siguiente ejemplo, correspondiente al romance décimo del combate séptimo:



Sobre un Bucéphalo blanco,
Orgánica exhalación,
Indicando a Lisia el triumpho,
Despide a Iberia el pavor.
El Grande y Ausgusto Quarto



De los Phelipes, cerró,
Ostentosamente abriendo
Noble puerta su blasón.
Marte sabio, marcial Numa
Intentando su pendón;
Gozando el mayor esfuerzo,
Uso del ardid mayor.
En el peligro asegura
Las Quinas, de que haze oy
Diadema la vigilancia,
El amago execución. Bélico,
y prudente rompe
Al exército español,
Rayo del valle en el monte,
Riesgo de España en la acción.
Insigne Jove de Lisia,
Oroscopando el ardor,
Sobre el que Sol se juzgava
le hace parecer Phaetón

Fuente: (Barrios 1673: 159).

Tras los combates, Barrios añade un nuevo soneto en el que vuelve a loar la actividad de los Generosos y a honrar la figura de su admirado don Sancho Manuel, el cual no parece guardar una estrecha relación con una presumible versión previa, y que se encuentra insertado entre el texto principal y las «Adiciones» que recogen el secretario y el juez de la academia. De nuevo, el poeta de Montilla ofrece un epigrama dedicado a don Juan de Austria «con alusión a la inscripción: “Si no es sol, será deydad”», idéntico a los que desarrolla en el combate nono. Resulta evidente que estas adiciones son originales y permite afianzar la hipótesis de que existiese una edición previa de los originales portugueses a la impresión encargada por Barrios en 1673. Si no, cabría preguntarse, por un lado, por qué no resolvió las evidentes erratas de impresión que ofrecen los editores portugueses de estos Aplauzos académicos; o las notas marginales que acompañan a buena parte de los poemas; o, simplemente, la incoherencia estructural del volumen.

Si estas razones no fueran suficientes, llama la atención que aparezca como colofón una comedieta alegórico-poética escrita por Barrios, titulada Palacio de la sabiduría y panegírico al Excellentíssimo señor don Manuel Sancho, conde de Villafior. Se trata de una pieza teatral político-alegórica en la que, una vez más, recrea y enaltece el triunfo de las fuerzas portuguesas en Ameixial, una obra en la que, además del carácter alegórico sobre el que construye su obra de temática histórica, «la esotérica mezcla de las ideas bíblicas y clásicas (de la astrología) y el carácter a la vez panegirista y conciliador de esta obra definen a su autor» (1995: 337; véase también Scholberg 1962: 18; Lieberman 1996: 29; García Gavilán 2003: 25). Aunque de gran interés por su valor alegórico, equiparable al de los autos sacramentales hispánicos en cuanto a la lucha divina entre el bien y el mal, y de clara vinculación temática con el resto del volumen, todo parece apuntar a que, nuevamente, esta pieza dramática es una adición que poco o nada tendría que ver con las producciones surgidas en los círculos académicos lisboetas. De hecho, y retomando de nuevo las palabras de Den Boer:

No es por nada que el grabado que acompañaba la edición de la pieza tuviera una gran semejanza con el que Barrios usó para su obra más ambiciosa, Imperio de Dios en la armonía del mundo (1673/1674), que definimos como sincrética; el «Palacio de la Sabiduría, había de ser una parte integrante de ella» (1995: 337).

No es casual, además, esta equiparación entre las fuerzas del bien y el mal, máxime si se habla de una intención por divinizar la victoria de Ameixial. A pesar de que se ha insistido en que Barrios en ningún momento pretende mostrarse antiespañol, y que incluso se propone unir extremos (Pajarín Domínguez 2017; Den Boer 1995: 337), hay dos cuestiones que, al menos, abren la discusión a este respecto. Por un lado, el hecho de que se posicione a favor de un enemigo de la corona española; por otro lado, la evidente inquina que, aunque catalogable de anecdótica, se plasma en algunos de sus versos. Pongo un par de ejemplos para ilustrarlo:



Quando piense el tirano
Deshecho de la patria el edificio;
Antonio el Lusitano,
A su favor, intrépido, y propicio
A de hazer más glorioso
Nuestro exército siempre victorioso
Para que entienda España
Que quanto más nos busca, más se engaña (1673: 81).

´´´

Desengáñese España,
Que teniéndoos a vos de nuestra parte,
En vano ardiendo en saña
Contra este reyno arbola su estandarte,
Pues por ser Patria vuestra,
Os toca tanto la defensa nuestra,
Y si otra cosa piensa
Verá que es su ruina nuestra ofensa (1673: 85).

Bien es cierto, que el respeto hacia don Juan de Austria, y con él a España, es una constante en la poesía de Barrios quizás marcado por coherencia con la misma consideración que mantienen los académicos portugueses a lo largo de sus intervenciones. Sin embargo, cabe reconocer los dardos y las críticas ácidas hacia quien, en ese momento, consideró sus propios enemigos, en pro del favor y la deferencia hacia sus afines y protectores portugueses. Y si estos casos no resultasen del todo convincentes, véase que el poeta llega a lanzar una crítica religiosa que resulta realmente dura y para nada gratuita acaso, un reproche desde su condición de judío exiliado, como se puede en la glosa segunda del noveno combate:



¿Tanta ambición que procuras?
¿Tanta ambición que granjeas?
En sus deseos te enleas (sic),
Que pasan a ser locuras.
Si es divino, ¿de qué curas?
Hurtar a Dios es falsedad,
Robas a Dios la verdad,
Que Dios que roba es hurtado,
Quien, como Dios, tiene dado,
Si no es Sol, será deydad.

En todo caso, cierto es que no se puede reconocer como una postura abiertamente antiespañola, a pesar de tales detalles.

Conclusiones

Estos Aplauzos académicos e rellação do felice successo da celebre victoria do Ameixal que entregó a imprenta Miguel de Barrios en 1673 constituyen uno de los mejores ejemplos de la mutua influencia entre poetas españoles y portugueses, al menos en lo que a la literatura del Barroco sefardí se refiere. A lo largo de esta obra colectiva, destacan las inserciones poéticas y la propia participación –a distancia, eso sí– del literato sefardí, gracias a la red de relaciones personales que él mismo estableció con académicos, nobles y diplomáticos lusos.

Las contribuciones que llevó a cabo Barrios en este volumen coral bien se pueden entender como pago a su intento por ganarse la consideración, el favor, la ayuda y, posteriormente, la amistad de grandes nombres y célebres académicos portugueses, como es el caso de don Sancho Manuel, de João Mascarenhas, o de sus hijos Fernando y Francisco3. Sin duda, las virtudes literarias y el virtuosismo poético del literato montillano fueron el mayor argumento.

Más allá, todo parece apuntar a que la impresión realizada por Jacob van Velsen en 1673 no es un ejemplar original, sino más bien una compilación de textos, y en parte edición, llevada a cabo por el propio Barrios. La heterogeneidad del volumen, las diferentes paginaciones, las inserciones desligadas de sus propios escritos en varias partes, la presencia de diversos frontispicios que anuncian las diferentes secciones en que se divide la obra, o la inclusión de una pieza dramática que ni siquiera está anunciada en el aglutinante título son suficientes razones para pensar que se trata de un centón publicado, por un lado, en agradecimiento y reconocimiento de las deferencias de estos mecenas y protectores lusos; y, por otro lado, una evidente gala de erudición que demuestra la superación de las fronteras impuestas por la censura de la comunidad sefardí de Ámsterdam a la que en varias ocasiones se tuvo enfrentar.

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Notas

1 Esta relación que ofrece el secretario dos Generosos está alimentada unas páginas más ade- lante por el listado que provee Francisco Correia de Lacerda, juez de la academia, en su pa- negírico (1673: 19).
3 Recuérdese que «Barrios también pidió el apoyo del marqués de Frontera [don Fernando de Mascarenhas] para obtener el favor del regente, don Pedro de Portugal, y le mandó un retrato de sí mismo para que lo diera al príncipe (Bellomonte, p. 166, 234)» (Scholber 1962: 19).
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