Historia de la vida de los poemas para galantes de D. Francisco de Portugal (Arte de Galantería, 1640); ejemplo de auge y caída, y espejo del bilingüismo
Historia de la vida de los poemas para galantes de D. Francisco de Portugal (Arte de Galantería, 1640); ejemplo de auge y caída, y espejo del bilingüismo
Versants, vol. 3, núm. 69, pp. 155-161, 2022
Universität Bern

Resumen: A lo largo de este texto se abordará el estudio de Arte de Galantería (1640) de D. Francisco de Portugal, obra de época escrita en castellano y portugués. Presentado como un manual poético del cortesano discreto para su trato con las damas y su desenvoltura en las lides amorosas, este Arte desarrolla el tema de la poesía y la galantería como paradigma del juego de la sociabilidad cortés. Así pues este texto que se dirige a su propio contexto encuentra pronto una amplia acogida, como así lo muestra su rápida difusión y sus reediciones en Lisboa. Será también el país luso el que, siglos después, lleve a cabo la primera y única traducción del texto íntegramente al portugués, en una edición súmamente particular e intervenida, adaptada al gusto de un mundo y un receptor que ya son otros.
Palabras clave: Poesía bilingüe, bilingüismo luso-español, Portugal, Galantería, Cortesanía.
Esta es la (breve) historia de un cuerpo literario que nació con un pie a cada lado de la frontera, de su vida, que comienza allá por el año 1640 cuando en esta península ibérica existía lo que hemos dado en llamar intercultura luso-española –que abarcaría de manera generosa desde mediados del siglo XV hasta inicios del XVIII– y que tan ignorada ha sido en los estudios literarios sobre el Siglo de Oro. No demasiados son los que han oído hablar de la ósmosis literaria, del curioso fenómeno que presenta la literatura portuguesa expresándose en castellano en aquellos períodos –en teoría los de los odios políticos más vehementes, no podemos olvidar que, desde 1580 hasta 1640, una sucesión de Felipes reinará también sobre la corona portuguesa, que formará, junto con España, una monarquía dual–. Para poder comprender un poco mejor el fenómeno, es preciso recordar que en el año 1890, Domingo Garcia Peres recogió en una obra [Catálogo razonado de los portugueses que escribieron en castellano], el catálogo de los nombres de los autores que escribieron en castellano: la cifra que aportan es de medio millar, cerca de 600 nombres1. Así pues, y como digo, escasos son aún los estudiosos que reflexionan en torno a la comunidad interliteraria peninsular de la época, puesto que hacerlo supone adentrarse en suelos cenagosos; porque de lo que se trata, al fin y al cabo, es de dirimir asuntos literarios que vienen entremezclados con sentimentalidades y que parecen corresponder –erróneamente– a cuestiones puramente nacionales –o nacionalistas–. Asuntos literarios plagados, desde hace siglos, por prejuicios y tópicos perdurables por uno y otro lado, que hacen con que la literatura producida por estos autores lusos no sea practicamente mencionada por nadie, porque se ha elegido repudiar al vecino –y lo vecino, e incluso el propio hecho de la vecindad–. En toda edificación de ese tipo, histórica, fundamos también nuestra relación con los demás.
Los autores recogidos en esa nómina de Garcia Peres han visto, pues, rechazada su existencia “literaria” por los filólogos de uno y otro lado de la frontera y enviados al olvido. Sólo algunos nombres, como el de Gil Vicente, reconocido dramaturgo, –a quien en numerosos libros de texto de educación básica se nombra como español, siendo portugués– resuenan en la memoria.
Uno de entre esos autores “dormidos”, cuya personalidad y valor literario justifican por sí mismos nuestra atención, es el Comendador de la Vila da Fronteira, D. Francisco de Portugal (1585-1632). Sabemos por multitud de noticias de la época y por manuales de referencia, que D. Francisco2 no fue un autor menor a inicios del siglo XVII en el panorama cultural y literario del momento –de expresión en su mayor parte castellana–. Nacido en Lisboa el año de 1585 y fallecido en 1632, el origen de su padre lo hace descender directamente de dos de las familias más ilustres de Portugal, la del héroe Vasco da Gama y la de los condes de Vimioso. Como correspondía por jerarquía D. Francisco recibió una esmerada educación, que le hubo de aprovechar para, posteriormente, distinguirse y brillar en la corte de los Felipes –Felipe III y Felipe IV– en Madrid. Allí, según las referencias3, fue querido por su cultura y su pericia en la música, además de por ser uno de los más insignes cortesanos de su tiempo –es interesante resaltar que en ese espacio tuvo ocasión de convivir y relacionarse con grandes escritores como Lope de Vega, Quevedo o el propio Góngora–. Asimismo, fue también un celebrado autor de versos, de clara inspiración gongórica, y de motes, aplaudido como poeta por los literatos, y tenido por galante y discreto por las damas del palacio. Afirmación esta última que corroboran4 testimonios al respecto, como el atribuido a las princesas de España, quienes según parece llegaron a decir que «solo quando Don Francisco de Portugal está en Madrid, parece esto verdaderamente Palacio» (Portugal 1670: 107).
El trazado del retrato nos remite pues a un autor de particular genio para el trato de la corte, cuyas vivencias le servirán de inspiración, junto con sus versos, para la elaboración del Arte de Galantería. De la obra sabemos que fue gestada estando el autor preso en la cárcel de la Misericordia de Lisboa, –por su negativa a ir a la India–, y que, según explica en carta personal a su amigo D. Rodrigo da Cunha, fue escrita con la intención de suplir la ausencia de tratamiento por parte de Baltasar de Castiglione sobre esta materia5. El texto, del que tenemos motivos para creer que circuló como manuscrito, mencionado y elogiado en el año 1657 por D. Francisco Manuel de Melo en A visita das fontes, y leído por Fr. Cristóvão de Almeida, futuro censor6; finalmente fue mandado a la imprenta por su hijo y heredero D. Lucas de Portugal, en 1670, en Lisboa, unos años después de que hubiera visto la luz un compilación de versos de nuestro autor titulada Divinos e humanos versos, en 1652. La obra, «ofrecida a las Damas de Palacio», compuesta en castellano y portugués, es presentada como un manual de buenas maneras de cortesano discreto, que reflexiona además sobre los modos de conversación y las lides en el servicio amoroso de palacio; y que, en definitiva, desarrolla el tema de la galantería como el paradigma del juego de la sociabilidad cortés. Juego que, en plena edad barroca en la que «el mundo es un teatro», refina la representación de la sociedad palaciana del XVII, entroncando directamente y afiliándose a la tradición de obras como El Cortesano de Baltasar de Castiglione (1528), como El Discreto de Gracián7 (1646), o Corte na aldeia de Baltasar Rodrigues Lobo (1619). Tratados estos, entre otros, que, aunque desde supuestos distintos, –porque las épocas también son distintas y, con un siglo de diferencia, habría que distinguir entre el ser cortesano y el ser discreto–, se consideran obras descriptivas de la vida de la época y textos didácticos, a través de los que se comunica la gramática de los comportamientos. Sin embargo, lo que sucede es que la literatura no es sólo una información que se nos transmite, sino que es un hecho en sí misma; hechos que son representaciones culturales. Así, no es que ilustre una época, es que es una época hecha discurso.
De ahí que, después del aplauso que recibió tras su publicación –sólo en la Biblioteca Nacional de Madrid hay seis ejemplares de la edición de 1670, algunos con sellos de la biblioteca real–, de su auge y su reedición en 1682, el Arte de Galantería acabó por caer –como la propia historia del bilingüismo–, por desaparecer y quedar dormido, como su siglo, en las bibliotecas.
De ese lugar oscuro lo rescatará Joaquim Ferreira, quien en el año 1943, en la ciudad de Oporto, lo sacará a la luz de nuevo a través de una traducción al portugués. Conocidos los antecedentes de esta obra, cabe cuestionarse cómo lleva Ferreira a cabo su tarea, cómo le devuelve la vida a un texto tan –como hemos comentado antes– vinculado a su época, tanto en lo formal como en lo esencial. Su trabajo es cuanto menos, diremos, peculiar, ya que opta, no sólo por traducir sino por modificar y alterar, incluso por modelar, el propio texto a su imagen y semejanza, convirtiéndose así Ferreira él mismo en una suerte de segundo autor. A pesar de explicar que al abordar su edición del Arte de Galantería «traduzimo-la com a possível fidelidade às ideas de D. Francisco de Portugal» (Portugal 1943: 17), lo cierto es que elige el traductor eliminar por completo el prólogo de Lucas de Portugal, así como también multitud de poemas: los que abren el libro a lo largo de varias páginas y muchos otros entremezclados con el texto. Sobre esta decisión menciona lo siguiente en su prefacio, –alejado de toda humildad y sin voluntad alguna de tomar a D. Francisco de Portugal por el verdadero dueño del texto, y único conocedor de las “relaciones” propias del Arte de Galantería–: «Há algumas composições poéticas, no limiar dêste volume, sem relação directa com o texto da Arte de Galantaria. Julgando as desprovidas de interêsse, eliminámo las na presente edição» (Portugal 1943: 17).
Asimismo, añade líneas después: «o autor não dividiu o assunto em capítulos, como era da praxe. A leitura ficou assim excessivamente compacta, rebarbativa para os leitores modernos. Decidimos, pois, fraccioná lo em rubricas ajustadas aos temas expressos». Lo cual significa que, aproximadamente cada tres o cuatro párrafos, introduce Ferreira alguna frase o sintagma en negrita, a modo de título que, considera, sería una síntesis del contenido de ese apartado delimitado por él. Así, podemos leer, entre otros, los siguientes epígrafes divisorios del texto original: «Elogio da beleza», «Galhardia e graça», «A prudência é a alma do respeito», «Perigos da intimidade», «Galanteios dos poderosos», «Decôro nos requebros», «Vaidades indiscretas», «A dama perfeita», «O príncipe galanteador e a dama orgulhosa», «A dama e seus atributos», etc.
En cuanto al estilo, influido por Góngora8, comenta el traductor: «os seus versos estão vasados numa linguagem que nos deixa perplexos, muitas vezes, na interpretação do pensamento. São quasi sibilinos. Além disso, estão na maioria em castelhano, o que avoluma as dificuldades da exegese» (Portugal 1943: 12).
Es esta del siglo XX, pues, una edición sumamente particular e intervenida, pretendidamente adaptada, con criterio de Joaquim Ferreira, al gusto de un mundo y un lector que ya son otros.
No obstante, lo que sin duda llama más la atención tiene que ver con que, a lo largo de las trece páginas de ese prefacio, el traductor manifieste su opinión sobre varios temas que tienen que ver con el autor y el contenido de la obra y dirija la mirada y la lectura de los receptores. Así, en una breve reseña biográfica sobre el D. Francisco, al hablar de su familia, escribe afirmaciones como las siguientes:
Além de poeta inspirado, foi D. Manuel de Portugal um patriota exemplar. Êle e seus irmãos não se abastardaram, como tantos fidalgos de primeira plana, acedendo à compra de Castela. Não aceitaram os da família Vimioso a hedionda espórtula de D. Cristóvam de Moura, que perdura ainda na lembrança dos portugueses para execração dos traidores à pátria. Não ingressaram nas fileiras dos lacaios heráldicos à roda do galopim de Filipe II, que desfazia com prebendas a intransigência dos próceres à sua intrusão de tirano, quando os não afogava nas manápulas do carrasco. Bateram-se os Vimiosos por D. António, prior de Crato [...] (Portugal 1943: 7).
Contra lo que se pueda pensar, no censurará después Ferreira a D. Francisco por haber convivido con los Felipes en su corte madrileña, ni tampoco por haber escrito su obra en castellano. Su defensa pasa por alto estos datos y lo protege y lo eleva desde otras perspectivas; pese a que el tema de su libro parezca frívolo y mundano, el autor portugués seduce espiritualizando: «ninguém o superou nos ardis da etiqueta, nesse quási talento de seduzir damas fúteis em colóquios de ocasião. Era um mestre do mundanismo na côrte mais cerimoniosa da Europa [...], na arte difícil de requintar, espiritualizando o, o galanteio das damas» (Portugal 1943: 17). Por otro lado, señala Ferreira, con cierta picardía y maldad de cuño nacionalista, que, frente al ambiente decadente y perverso en el que se movía D. Francisco en la capital de España, el autor del Arte de galanteria se destaca sobre todos.
Prestigiou entre os aristocratas de Madrid, sempre estonteados de insolente e feroz orgulho, a família que lhe dera o ser e a nação que lhe formara a alma. Era o tipo da suprema delicadeza, que soube enlear a suspicácia das mulheres de Madrid, as mais desenvoltas do seiscentismo.
Frente a todo ese entorno nocivo, en el que se juzga, ataca y censura también a las mujeres, D. Francisco resplandece y la herencia de su familia, que según este autor nunca apoyó la monarquía dual, acaba por suponerle grandes perjuicios y penas.
A sua isenção era grande, as suas atitudes pundonorosas. Por isso mesmo sofreu injustiças e castigos, como é de uso acontecer aos insubmissos nesta humanidade feita do pior barro das saibreiras genesíacas. A dedicação da família Vimioso à independência nacional, acaudilhada inglòriamente por êsse infeliz Prior de Crato, atraiu lhe os rancores vulpinos dos governantes espanhóis; e o seu orgulho de intelectual com sangue de reis, longe de favorecê la, mais lhe acidulou a carreira. Os déspotas de Madrid, sempre ciümentos dos caracteres viris, não lhe concederam nunca as benesses com que lisonjeavam outros de inferior coturno. D. Francisco de Portugal viu se friamente arredado de postos e honras, e por fim metido nas enxovias de um cárcere. Assim se recompensavam, naquele tempo, os méritos dêste Vmioso, cujo espírito se encendia em lampejos festejados e cuja honradez era motivo de o apontarem como paradigma da juventude (Portugal 1943: 10-11).
Así pues, y como ejemplifican estas líneas, es este prólogo del traductor una enumeración nacionalista de tópicos y prejuicios, vertidos sobre una realidad social y política lejana en el tiempo y ajena a conceptos que surgieron en el romanticismo. Se trata sin duda de una lectura excesivamente dirigida y actualizada que no pretende comprender el texto en su propio contexto, sino más bien adaptarlo hasta forzarlo para hacerlo convivir con una época diferente y convertirlo en significativo. Y lo que nosotros, como lectores de Joaquim Ferreira no podemos ignorar, es el hecho de que el traductor lleva a cabo su trabajo en la época del Estado Novo, que se había consolidado en el 1933, y cuyo lema nacional era Deus, Pátria e Família. Entendemos, por tanto, que su mirada, reductora, no es sino la de alguien que trabaja y deforma un texto, si no con una voluntad política –o desde una voluntad política– al menos con la mirada educada desde esa misma visión del mundo única e inquebrantable que hace converger todos los discursos en uno solo.
Así pues, aunque el hecho de que Ferreira tratase de (re)construir políticamente la obra y, lo que es más importante, de construir a su vez desde la obra, pueda pertenecer al ámbito de la suposición, que no haya intencio nalidad no significa que no sucedan las cosas, que no se esté ayudando a conformar cierta realidades. De la misma manera que hacemos nosotros cuando enclaustramos las literaturas en límites territoriales; o cuando silenciamos y negamos una literatura, por el sentimiento de no pertenencia a ninguna de las literaturas nacionales de los países ibéricos. Así, y si fuera posible hablar de la literatura adscribiéndola a fronteras políticas y geográficas, diríamos que ambas, la literatura portuguesa y la española, están consintiendo un gran vacío dentro de sí mismas, están dejando de conocerse en profundidad al no aceptar su momento de unión y de cultura compartida. Un gran patrimonio textual espera a ser recuperado y valorizado, porque las fronteras y «as linhas divisórias podem ser cruzadas, mediante cortesías» (Serra, 2008: 141).
Y así es, con ciertas cortesías, como se destruye lo que otros, con los verbos, han construido.
Bibliografía
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Gracián, Baltasar, El discreto, edición, introducción y notas de Aurora Egido, Madrid, Alianza editorial, 1997.
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Garcia Peres, Domingo, Catálogo razonado biográfico y bibliográfico de los Autores Portugueses que escribieron en castellano, Madrid, Imprenta del Colegio Nacional de Sordo-mudos y de ciegos, 1890.
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Portugal, Francisco de, Arte de Galantaria, adaptación, prefacio y notas de Joaquim Ferreira, Porto, Domingos Barreira, 1943.
—. Ao Principe D. Theodosio Nosso Senhor. Divinos, e humanos versos, de Dom Francisco de Portugal, por D. Lucas de Portugal. Seu filho, Comendador da villa de Fronteira, Mestresala de Sua Magestade, Lisboa, Officina Craesbeckiana, 1652.
—. Arte de Galanteria, Lisboa, Imprenta de Juan de la Costa, 1670.
—. Obras de D. Francisco de Portugal iuntas por Antonio Craesbeeck de Mello, Lisboa, Officina de Antonio Craesbeeck de Mello, 1682.
—. Arte de Galantería, edición y notas de José Adriano de Freitas Carvalho, Porto, Centro Inter-Universitário de História da Espiritualidade, Faculdade de Letras da Universidade de Porto, 2012.
Serra, Pedro, «Funções sociais da competência plurilingüe nos séculos áureos peninsulares. Arquivo digital, proceso de investigação e estudos de caso na constituição da BDCLLP», Aula Bilingüe, VOL. I, Investigación y archivo del castellano como lengua literaria en Portugal, ed. Ángel Marcos de Dios, Salamanca, Luso-Española de Ediciones, 2008, pp. 137-211.
Notas