Secciones
Referencias
Resumen
Servicios
Descargas
HTML
ePub
PDF
Buscar
Fuente


Jean Tirole, La Economía del Bien Común. México: Penguin Random House, 20171
Denarius. Revista de Economía y Administración, vol. 2, núm. 41, pp. 185-192, 2021
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, Departamento de Economía

Reseñas

Tirole Jean. La Economía del Bien Común. 2017. México. Penguin Random House

Existen dos pilares en los cuales la sociedad moderna está organizada: la economía de mercado capitalista y el Estado. En primera instancia, la economía de mercado es la forma de intercambio que predomina a nivel global, y en segundo lugar el Estado, en su papel de proveedor de un marco jurídico de regulación y corrector de las fallas del mercado.

Este modo de organización ha sido totalmente desastroso y desigual, tanto para la sociedad como para el medio ambiente, ya que ha generado una desigual distribución de la riqueza a lo largo y ancho del mundo, conduciendo a pobreza de masas, a desplazamientos y a migraciones internas y externas.

Si bien, el libro en reseña fue escrito en el 2017, leerlo en el panorama actual obsequia al lector un oasis en el desierto de los tecnicismos economicistas que han dominado los últimos avances de la ciencia económica. Ofrece un abanico de ideas para proponer soluciones a las hecatombes tanto económicas como sociales, de salud y ambientales que se viven en el contexto actual de crisis global, económica y sanitaria.

Para comprender el concepto de bien común, se recurre a los juicios de valor y a situarse “tras el velo de la ignorancia” con el método de abstracción inaugurado por Thomas Hobbes y John Locke en la Europa del siglo XVIII, el cual consiste en preguntarse: ¿si el lector aún no hubiese nacido, en qué sociedad le gustaría vivir? ¿Si fuera capaz de elegir su género, raza, posición geográfica, económica, cultural, etc., qué lugar ocuparía en la sociedad? Y, más preciso aún ¿qué sociedad quiere tener?

El bien común se entiende y conserva cuando existe convergencia entre el interés individual y el interés general. Por lo tanto, los bienes comunes son todos aquellos que detrás del “velo de la ignorancia” pertenecen a la comunidad: el planeta, el agua, el patrimonio, la sanidad, la biodiversidad, la tecnología, la salud, etc. La economía, al ser una ciencia social y humanística debe contribuir a la realización del bien común.

Asimismo, el discernimiento de la dinámica e interacción entre la economía de mercado capitalista y el Estado, recae sobre las ciencias sociales y humanísticas, pero en particular en la economía, que es capaz de explicar a cabalidad el vínculo entre ambos pilares antes mencionados, los cuales no son antagónicos, sino complementarios; además, están sujetos a un constante escrutinio científico y a permanentes renovaciones para su concepción y funcionamiento.

En este sentido, el libro aborda cinco grandes temas: en la primera y segunda parte, se razona sobre el papel de la ciencia económica, el economista y su labor como investigador para con la sociedad; en la tercera, se analiza una nueva concepción del Estado desde sus orígenes hasta el vínculo existente con el mercado, se detallan las fallas y se proponen soluciones afines al bien común, además de abordar los otros tipos de organización económica no predominantes pero en las cuales el beneficio es un medio y no un fin; en la cuarta parte, se sitúa al lector frente a los desafíos macroeconómicos que consternan y ocupan a la mayoría de los científicos: el clima, el desempleo y otras problemas recientes; y, finalmente, en la quinta parte, se reflexiona sobre cuestiones que deben formar parte del debate público, tales como la revolución digital y los nuevos modelos económicos, los desafíos industriales, políticas de competencia e industriales y regulaciones sectoriales.

En la reflexión del papel del economista en la sociedad, como científico, docente, investigador, etc., Jean Tirole afirma que debe “ contribuir a mejorar la regulación sectorial, financiera, bancaria y medioambiental, el derecho a la competencia; debe mejorar nuestras políticas monetarias y fiscales; (…) debe ofrecer elementos para vencer la pobreza en los países subdesarrollados, hacer que las políticas de sanidad y educación sean más eficaces y justas, prever la evolución de las desigualdades, etc.” (p. 266). Sin embargo, destaca la necesidad de una cultura en economía que involucre a dichos profesionales en el debate público y facilite la comprensión de los mensajes técnicos a aquellos agentes que no tienen pericia en temas abstractos y teóricos de la economía, pero toman decisiones fundamentales, desde el electorado que elige a sus representantes, hasta los políticos encaminados a proponer políticas públicas. Finalmente, en el ámbito de la investigación, los investigadores deben tener el derecho a publicar libremente, sin sesgo o presión política alguna, por esconder sus afinidades políticas. El proceso de construcción científica y crítica debe estar acompañado de propuestas alternativas útiles y viables, y defender la edificación de una ciencia neutral, en beneficio del bien común.

Durante el último medio siglo, la evolución de la ciencia económica se ha nutrido de gran rigor científico y amplitud de teorización, gracias a las matemáticas, la teoría de juegos y la teoría de la información, que son los aportes más relevantes centrados en explicar y proponer soluciones a los enormes fallos de mercado. Sin embargo, los análisis donde intervienen dilemas éticos escapan a los fundamentos de la teoría económica, como la ley de la oferta y la demanda; en particular, para aquellos intercambios que involucran la vida, la dignidad y los juicios de valor. En ellos, los principios económicos de racionalidad e individualismo metodológico no son válidos, ya que en los últimos años se ha demostrado por las neurociencias en la economía y la psicología, que los humanos reaccionan a fenómenos psicológicos colectivos como la empatía, los estereotipos y la filantropía.

En años recientes, se ha observado el creciente ascenso de populismos de derecha e izquierda perpetuados en parte por una carencia de cultura económica, ya que estos son ajenos a los principios básicos de finanzas públicas, llegan o se perpetúan en el poder valiéndose de los miedos de la sociedad, como la xenofobia, el miedo a lo extranjero (el caso del Brexit es un ejemplo nítido) y llevan a cabo peligrosos esquemas de políticas públicas que desembocan en profundas crisis. En este contexto, el papel del economista es hacer perceptible la ciencia económica para la sociedad y para la clase política. Además, los economistas tienen que involucrarse en el debate público para mejorar los diagnósticos y sus propuestas. Por lo tanto, para comprender la relevancia y dinámica del segundo pilar de la sociedad moderna, el Estado, se analiza su vínculo con la economía de mercado en su labor de ente regulador y corrector de los enormes fallos subyacentes.

Con respecto al papel del Estado, en la tercera parte del libro el autor profundiza en la necesidad de una nueva concepción de éste. En sus orígenes, sus funciones eran: suministrar empleo a las familias por medio de la función pública, y proveer bienes y servicios con la ayuda de empresas públicas; sin embargo, en su visión moderna, acorde con la realidad actual, se ha convertido en un ente regulador de empresas, que busca lograr contrapesos en la competencia de mercado con la finalidad de crear un escenario de competencia sana. Asimismo, debe verificar la existencia de un sistema financiero autosuficiente, que no dependa de la función del prestamista de última instancia. Evidentemente, requiere existir en él una visión de respeto por la preservación del medio ambiente; su proclividad a otorgar la sanidad como un derecho o bien común, y su convicción de proteger los derechos laborales. Para ello, se inspecciona sobre el conflicto entre los funcionarios públicos y los intereses políticos, ya que a menudo se pierde claridad.

Se propone y argumenta una reducción y descentralización del Estado y de los funcionarios públicos, al sostener que tienden a desviarse de sus deberes en favor de la simpatía del electorado para perpetuarse en el poder: los funcionarios deben estar al servicio de los ciudadanos y no al servicio del Estado. Destaca que existe un gasto excesivo en la representación parlamentaria para el caso de Francia, que tiene 348 senadores y 577 diputados, en contraste con Estados Unidos, que tiene 100 senadores (en el caso de México, son 128 senadores y 500 diputados). En este contexto, existe duplicidad de funciones, lo que entorpece el proceso de gestión pública y crean espacios para la corrupción.

Asimismo, dentro de los límites del Estado, se encuentran los intereses particulares políticos, que toleran la postergación en la planificación de políticas públicas de largo plazo, a las que se sustituye con políticas cortoplacistas, que aseguran la simpatía de los votantes en las elecciones. Por ello, el autor propone una reforma del Estado en que existan instancias independientes encargadas de cada función y con ello se viabilicen funcionarios con libertad de gestión, sujetos a estrictas y continuas evaluaciones. Con ello se podría garantizar que el Estado moderno sea capaz de hacer frente a los desafíos de la sociedad sin preocuparse por la simpatía del electorado.3

Posteriormente, para cerrar el análisis de la tercera sección, se hace un bosquejo de las formas alternativas de funcionamiento de las empresas y su viabilidad. Dentro de cada empresa existe una gobernanza para la toma de decisiones, como la gestión de los recursos humanos, investigación, decisiones de competencia, estrategias de fusión y adquisiciones y en caso de la gobernanza capitalista, gran cantidad de los recursos provienen de inversores y accionistas, los cuales tienen injerencia en la toma de decisiones internas. En contraste, las cooperativas y otras empresas principalmente agrícolas sufren la desconfianza de los inversores. Ante la incertidumbre de una buena gobernanza de los trabajadores comunitarios, las empresas capitalistas que buscan adquirir capital optan por la capitalista y entregan el control a los inversores.

En suma, “Una buena organización de la vida económica promueve un abanico de modos de gobernanza” (p. 668) . Aunado a esto, las empresas, deben cumplir con la responsabilidad social de las empresas (RSE) en su adopción de preocupaciones ambientales y económicas, pero no desde el poder coercitivo, sino desde el voluntario, obedeciendo a una convicción. A esto se le conoce como la filantropía delegada, en la cual las personas estarán más dispuestas a la adquisición de aquellos bienes que provengan de comercio justo y con RSE. No obstante, la teoría de la información interviene al existir problemáticas, para comprobar la veracidad de que las empresas son socialmente responsables. Por lo tanto, la empresa querrá involucrarse en las causas justas y no únicamente en las lucrativas; estas son una respuesta a la economía de mercado para resolver el problema de suministro de bienes públicos.

Las últimas dos partes del libro resultarán al lector de mayor interés debido a la contemporaneidad de los temas examinados, ya que el análisis se sitúa en fenómenos que difícilmente se encontrarán en la literatura de teoría económica del siglo pasado, en gran medida por lo flamante de estos fenómenos: crisis ambiental, economía digital, crecimiento del sistema financiero, digitalización del mundo laboral, nuevos desafíos fiscales, el ascenso de la Big Data, entre otros.

En primer lugar, se aborda el desafío macroeconómico climático, que se ha intensificado por la constante emisión de gases de efecto invernadero (GEI), en parte debido al mal diseño del protocolo de Kioto y sus consecuentes reuniones internacionales. Destaca la incapacidad de crear coaliciones internacionales que han fracasado en el fenómeno, a causa del “síndrome del parásito”; es decir, la inacción de unos países esperando beneficiarse de los esfuerzos del prójimo. Aunado a esto, se observa el problema de postergación de las negociaciones, en que los grandes emisores, vanguardia en crecimiento económico, tendrán mayor poder de negociación. Se ha demostrado que las políticas dirigidas aumentan el costo de las políticas medioambientales, y se plantea como única solución plausible para combatir el cambio climático la adopción de políticas de coalición que lleven a todos los países a tomar consciencia del fenómeno voluntariamente (mediante la compartición de riesgos).

Se dedica un apartado al desempleo, en el cual se estudia la relación con la gran desigualdad actual, que tiene sus orígenes en la cualificación del trabajo. Así, el autor explica que los empleos mecánicos, con menor demanda de conocimientos abstractos, serán desplazados inevitablemente, generando una profundización de la desigualdad. Si bien existe desempleo estructural, el problema se agrava por el auge reciente de la tecnología digital y la forma en que ésta ha modificado la estructura de las relaciones sociales.

Al hacer un recorrido por la crisis financiera del 2008, Tirole explica que sus orígenes se deben al interés político particular de crear la ilusión de bonanza económica con fines electorales. Las políticas monetarias que desde los años 2000 mantuvieron tasas de interés sorpresivamente bajas, generaron y han alimentado la existencia de burbujas especulativas. Uno de los problemas actuales es el surgimiento de los derivados y swaps, que se alejan de la comprensión de las autoridades, y por tanto estas son incapaces de monitorear los mercados en búsqueda y prevención de crisis financieras futuras.

Asimismo, se analiza la crisis europea de la zona euro, en la cual los países del sur han dejado rezagada su integración económica, y su situación financiera interna es complicada. Al respecto, se destaca la necesidad de retomar el ideal de la Europa unida y con igualdad, que es un condicionante para la recuperación de la economía y para aliviar sus pérdidas socioeconómicas.

En la ultima parte del libro, se analiza la relevancia de la política de competencia y la política industrial. El autor hace un recorrido sobre los aportes más recientes de la economía industrial, la cual fue inaugurada por autores franceses como Atoine-Augustin Cournot, Jules Dupuit y Joseph Bertrand. En los aportes más recientes, se profundiza en la interacción entre el Estado y el mercado, en la cual las ineficiencias en el suministro de servicios públicos (telecomunicaciones, energía, correos, transporte ferroviario) han sido resultado de la falta de regulación que hace que su producción recaiga en monopolios que ofrecen calidad mínima de sus servicios, protegidos por el poder del mercado. Aquí, la intervención de la política industrial es fundamental, además del surgimiento de las pequeñas y medianas empresas, que se han convertido en la nueva dinámica de mercado. La solución que propone Tirole radica en el perfecto balance de una regulación incentivadora: responsabilizar a la empresa y motivarla a que sea eficaz para la colectividad.

Al razonar la forma en que la economía digital ha modificado las relaciones comerciales y, por lo tanto, las cadenas de valor. La economía digital impone grandes desafíos para la ciencia económica, la sociedad, y el Estado en cuanto a la exploración de nuevos mecanismos de fiscalidad. En términos de desigualdad, los cambios recientes han generado numerosos excluidos que no se han adaptado al cambio, no obstante, las cinco empresas que dominan el universo digital, Gafam: Googe, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft. Estos gigantes de la tecnología han modificado la interacción entre usuarios, bienes y servicios; han creado necesidades que antes no existían y su poder radica en los datos personales individuales que poseen de cada usurario del mundo y su crecimiento está en función del crecimiento del mercado financiero.

En este marco cabe hacer la observación de que, gracias a la digitalización, se ha creado más diversidad en la posibilidad de empleos, algunos menos presenciales y, aunque ex ante a la pandemia existía renuencia al aislamiento, ya que se le consideraba el peor escenario, los trabajadores autónomos veían en la reagrupación mediante el coworking una salida para mantenerse en contacto humano y crear un ambiente fértil al surgimiento de nuevas ideas.

Hoy en día, el peor escenario del libro se ha cumplido, en un contexto de pandemia y crisis económica: el retroceso educativo en países como México es sumamente delicado. El IMCO (2021) estima un abandono de los estudios de más de 628 mil jóvenes y que la pérdida de conocimientos tendrá consecuencias de una reducción del 8% en sus ingresos futuros laborales (Boletín IMCO, Julio, 2021, en https://imco.org.mx). Debido a las nuevas tecnologías, la clase asalariada disminuirá su cuantía, ya que crecerá el trabajo autónomo y, parcialmente, esto ayudará a explicar la acentuación de la desigualdad por causas digitales: los empleos innovadores se llevarán la “tajada del león” y serán fundamentales para explicar la redistribución del ingreso.

En cuanto a la innovación y propiedad intelectual, la modalidad en que los países gestionan las patentes y las innovaciones incidiendo en su crecimiento es razón para que el autor cuestione la teoría clásica del crecimiento, y recuerda que Robert Solow demostró que no sólo se trata de la acumulación del capital, sino de investigación y desarrollo (I+D). En este panorama, se necesitan universidades que además de ofrecer formación de calidad procuren investigación de punta y animen a los estudiantes al emprendimiento. Después de todo, “hoy, mucho más aún que en 1956, la innovación tecnológica está en el centro del mecanismo de crecimiento. La economía del siglo XXI es, como se dice, la del conocimiento; y, evidentemente, la de una mutación tecnológica de gran amplitud” (p. 1,596).

Finalmente, Tirole reflexiona sobre la importancia de la regulación sectorial, y propone la priorización de la competencia para que la asimetría de información no afecte la calidad de los servicios proporcionados, la competencia y el servicio público, a pesar de que los economistas Atkinson y Stiglitz demostraron en su teorema que existen formas de reducir la desigualdad mediante los impuestos sobre la renta, siendo la forma más eficiente vincular la gobernabilidad interna de las empresas con los incentivos pro sociales.

En conclusión, el libro ofrece un panorama enriquecedor de los grandes desafíos modernos para la teoría económica, y su capacidad explicativa del vínculo entre el Estado y el mercado. Además, señala los retos que acompañan a la explosión de la economía digital y por qué se ha agravado la desigualdad, y propone soluciones plausibles y un terreno fértil de reflexión para mejorar la búsqueda y realización del bien común en los ámbitos académico y empírico.

Notas

1 Director de la Fundación Jean-Jacques Laffont de la Escuela de Economía de Toulouse, Francia, laureado en 2014 con el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel, “por su análisis del poder de los mercados y la regulación”.
3 Esto explica por qué, en países como México, aún predominado una visión de políticas económicas de corto plazo, un éxito incuestionable es la independencia de los bancos centrales que, antes de ésta, fueron cómplices de procesos hiperinflacionarios en periodos preelectorales. Además, el autor explica que la crisis subprime tuvo entre sus orígenes la búsqueda de popularidad del presidente George Bush, impulsado el argumento de que sus electores tuvieran mejor acceso a la propiedad inmobiliaria. Esto culminó en una burbuja especulativa que, al explotar, originó la crisis financiera más profunda hasta ese momento del siglo XXI.


Buscar:
Ir a la Página
IR
Visor de artículos científicos generados a partir de XML-JATS4R por