Reseña

Abhijit V. Bernarjee y Esther Duflo (2020). Buena economía para tiempos difíciles. En busca de mejores soluciones a nuestros mayores problemas. Editorial Taurus, México

Jocabed Sánchez Martínez
Universidad Autónoma Metropolitana, Mexico

Abhijit V. Bernarjee y Esther Duflo (2020). Buena economía para tiempos difíciles. En busca de mejores soluciones a nuestros mayores problemas. Editorial Taurus, México

Abanico veterinario, vol. 1, núm. 42, pp. 247-254, 2022

Sergio Martínez González

Bernarjee Abhijit V., Duflo Esther. Buena economía para tiempos difíciles. En busca de mejores soluciones a nuestros mayores problemas. 2020. México. Editorial Taurus


Bernarjee, Abhijit y Esther Duflo1 hacen en esta obra un recorrido por los principales axiomas del pensamiento económico convencional, a fin de compartir ese conocimiento y reabrir un dialogo que aborde los temas más urgentes y divisivos de nuestros tiempos. Las estrategias del libro se seccionan en nueve capítulos, cuyo eje central es activar un profundo replanteamiento de las prioridades económicas, entre ellas: inmigración, comercio, preferencias, futuro del crecimiento, causas de la desigualdad, reto del cambio climático y políticas sociales.

En «Hagamos que la economía sea grande otra vez», forma en que los autores intitulan su capítulo inicial, se plantean preguntas como ¿qué quiere el ser humano?, ¿que constituye una buena vida? Al respecto, argumentan que, tradicionalmente, se ha adoptado una noción de bienestar limitada a los aspectos monetarios y de consumo; sin embargo, ésta abarca mucho más que eso para tener una vida satisfactoria y es tarea de la buena economía estudiar dicho tema, no sólo presentando las conclusiones de sus estudios, sino también compartiendo la ruta que los ha conducido a ellas.

En el siguiente capítulo, «De la boca del tiburón», los autores realizan una crítica al análisis económico de la inmigración, el cual con frecuencia se encapsula en un silogismo donde lo destacable es el argumento estándar de la ley de la oferta y la demanda. En otras palabras, las personas desean más dinero y, por tanto, se desplazan a lugares donde los salarios son más altos, aunque no siempre el resultado sea ese.

La poetisa británico-somalí Warsan Shire (2019) escribió: «Nadie abandona el hogar, a menos que el hogar sea la boca del tiburón…» Al escribir esto, la autora refiere que los lugares donde la gente parece más desesperada por salir no son necesariamente los más pobres del mundo,2 más bien, se trata de personas que enfrentan incertidumbre, violencia por las guerras y un eventual colapso de la normalidad cotidiana. Esto demuestra que, por sí solos, los incentivos económicos a menudo no son la única variable que motiva el desplazamiento de las personas. El debate es extenso y difícil de explicar, puesto que los países receptores intentan restringir la migración, más aún cuando la economía está en desequilibrio por temor a que los salarios de locales disminuyan. Por el contrario, los autores presentan evidencia empírica de que los inmigrantes poco cualificados no perjudican los salarios ni empleos de los nativos. Sin embargo, el fervor retorico está por encima de los hechos y datos, provocando una concepción negativa a la inmigración.

El capítulo 3, «Los problemas del comercio», destaca que las teorías del comercio tienen implicaciones prometedoras, pero con frecuencia las evidencias dicen lo contrario. Tal es el caso de países como México, Brasil, India, Argentina y Chile, que entre los años de 1985 y 2000 se abrieron al comercio mediante la reducción unilateral de sus aranceles a escala global y en el mismo periodo la desigualdad aumentó en todos ellos.

Después de un extenso acervo de ejemplos y análisis procedentes de investigaciones innovadoras dirigidas por los departamentos de producción económica más prestigiosos, parece que las conclusiones principales sobre comercio contradicen décadas de conocimiento convencional. Los principales hallazgos de los autores son: 1) para una economía grande como la de Estados Unidos, los beneficios que se obtienen del comercio internacional son muy pequeños; 2) declarar el libre comercio no es la solución mágica para el desarrollo, y 3) la redistribución de los beneficios del comercio es muy compleja. Por tanto, el comercio y la emigración son los tópicos que definen el discurso político actual. Esto siempre supone un reto, puesto que las economías tienden a ser diferentes unas de otras en innumerables maneras, lo que hace que sea difícil compararlas.

Posteriormente, en el capítulo 4, «Me gustas, deseos y necesidades», Abhijit y Duflo desarrollan una serie de planteamientos en torno a las preferencias a partir del argumento de que esas preferencias forman parte tanto de los síntomas de «la enfermedad» -tsunami de prejuicios- como de su causa. Podemos, pues, identificar que los deseos pueden no ser necesidades. Dicho por los autores, las personas parecen valorar una botella de vino en función de su número de seguridad social en lugar del placer de beber, y las necesidades pueden no ser deseos. ¿Es un televisor una necesidad o un deseo? Muchas veces, el contexto determina la personalidad de esas preferencias y actitudes.

Siguiendo con el ejercicio de desmitificación, «¿El fin de crecimiento?» es el nombre con el que intitulan el capítulo 5 del libro. En éste se cuestionan si la economía global ha llegado a un estado de estancamiento, y presentan un debate entre las teorías que sostienen que estaremos en un escenario de estancamiento del crecimiento económico versus los que sugieren que, con el tiempo, el crecimiento volverá a ser sostenido. En el centro del debate se encuentra Rober Gordon, quien opina que es poco probable volver a la época de elevado crecimiento y que en los próximos 25 años el crecimiento económico será en promedio de un escaso 0.8 %. Por otro lado, Joel Mokyr visualiza un futuro prometedor para el crecimiento económico, incentivado por las naciones que compiten como líderes en ciencia y tecnología, y la rapidez con la que la innovación es difundida por el mundo; en específico, ve potenciales progresos en la tecnología láser, la ciencia médica y la ingeniería genética.

A partir de lo anterior, los autores de Buena economía para tiempos difíciles manifiestan que no hay nada en la compilación de evidencias que prometa un regreso al tipo de crecimiento rápido del producto como el que caracterizó a los años de oro en Estados Unidos y les Trente Glorieuses3 en Europa.

De esta manera, los autores retoman los modelos de crecimiento económico más importantes de la disciplina, comenzando por el importante trabajo de Solow en 1956, en que, a partir de su modelo de crecimiento, llega a la conclusión de que, en el largo plazo, existe una disminución en el ritmo de crecimiento de las economías, lo cual inexorablemente llevaría a las economías mundiales a un proceso de convergencia. Sin embargo, la convergencia en el crecimiento de los países pobres no es automática, puesto que la productividad total de los factores es baja en ellos, debido a las fallas de mercado (Lucas y Romer, 1990). Por tanto, se vuelven necesarias buenas instituciones que contribuyen a la erradicación de las mismas (Acemoglu, Johnson y Robinson, 2001).

Sobre dichos modelos de crecimiento, Abhijit y Duflo señalan un error común cuando suponen los recursos de un país como cosas agregadas, ya que no se contempla la manera en que se usan los recursos. En sus palabras, la clave es no perder de vista el hecho de que el PIB es un medio, no fin. Un medio útil, sobre todo cuando se crea empleo, sube los salarios o permite determinar el presupuesto de los gobiernos. No obstante, el objetivo principal debe seguir siendo mejorar la calidad de vida de la población media con los recursos que ya se tienen: mejoras en educación, salud, sistema bancario, entre otros. En suma, a pesar del estudio y dedicación de diversos economistas, los mecanismos del crecimiento económico siguen estando fuera de nuestro alcance. Los autores sostienen que nadie sabe si el crecimiento remontará de nuevo en los países con altos niveles de producto, o qué hacer o dejar de hacer para que sea más probable.

Más adelante, «Con el agua al cuello», capítulo 6 dedicado a la interacción cambio climático-actividad humana, los autores se preguntan en qué consiste ésta, y responden que la distribución de las repercusiones es desigual. La mayor parte de las emisiones de carbono se generan en países ricos, pero los costes se experimentan en los pobres. La experiencia estadounidense vs. la hindú, relatada en el capítulo, ilustra cómo el hecho de ser rico y con alta tecnología puede ayudar a mitigar los riesgos y consecuencias derivadas de este fenómeno; por ejemplo, el combate a las incomodidades que generan las altas temperaturas mediante el acceso a equipos de aire acondicionado.

En la búsqueda de soluciones al problema, llegan a la conclusión de que, incluso con mejores tecnologías, pero sin un cambio dirigido a un consumo sostenible, cualquier crecimiento económico futuro tendrá un impacto directo en la situación climática, debido a que, a medida que aumenta el consumo, se requiere más energía para producir lo que se consume.

Por su parte, el capítulo 7, intitulado «La pianola»,4 expresa una preocupación acerca de lo que ocurriría en nuestras sociedades si sólo unas cuantas personas tuvieran trabajos dignos, producto de la sofisticación exponencial de los robots y el progreso de la inteligencia artificial, teniendo como resultado una desigualdad disparada.

Además, podemos encontrar una síntesis de destinitos trabajos empíricos, entre ellos, autores como Erick Brynjolfsson y Andre McAfee (2014), los cuales presentan en su libro The Second Machine Age, una visión desoladora del impacto que tendrá la digitalización en el futuro del empleo en Estados Unidos; sospechan que la digitalización hará que cada uno de los trabajadores con habilidades ordinarias o comunes se queden sin empleo. El planteamiento angular es que la inteligencia artificial marca el fin de los empleos que impliquen tareas repetitivas y ordinarias. Duflo y Abhijit comparten esta tesis, añadiendo que la automatización también aumenta la demanda de trabajadores muy cualificados (por ejemplo, programadores de software), además de trabajadores sin ninguna formación con actividades difíciles de sustituir por una máquina, ¿se debería entonces detener el avance de la automatización? Los autores sostienen que sí, puesto que el uso excesivo de la misma conduce a una reducción del PIB en lugar de contribuir a un incremento del mismo.5

En el capítulo 8, «Un gobierno legítimo», se presenta una discusión en torno al papel del gobierno. Para los autores, en parte el gobierno existe para solucionar problemas que ninguna otra institución puede abordar de manera realista, pero hay mucho escepticismo acerca de él. Uno de los principales cuestionamientos subyace en la corrupción, siendo la lucha contra ésta una batalla ardua y continua, incluso cuando las intenciones sean «buenas» en la mayoría de los casos.

El capítulo final, «Dinero y cuidados», entra en el debate en torno a las preocupaciones centrales del diseño de políticas sociales. En un extremo de éste están quienes creen que lo mejor que podemos hacer con las personas que no han tenido un progreso en la economía de mercado es darle dinero; en el otro extremo, los que tienen «poca fe en la capacidad de los pobres» y, en consecuencia, su solución es dejarlos a un lado restringiendo a los que no cumplan con ciertos estándares y reglas. En la actualidad, uno de los diseños de programas sociales que resulta elegante por su simplicidad es la renta básica universal (RBU), la cual consiste en que el gobierno pague a toda la población sustanciales ingresos básicos independientemente de sus necesidades.

Pero el diseño y aplicación de programas sociales no es del todo fácil. La mayoría incluye reglas complejas de filtrado y supervisión para asegurar que las prestaciones lleguen a la gente indicada. Asegurarse de que se cumplen las condiciones como educación en niños no es barato; por ejemplo, como citan los autores, en México cuesta aproximadamente 10 pesos transferir 100 pesos a un hogar. De esos 10 pesos, 34 % paga el coste de identificar a los beneficiarios y otro 25 % se utiliza para garantizar que se cumplan las condiciones para obtener la transferencia de dinero. Dados estos inconvenientes, presenten en los programas de trasferencia, ¿por qué hay pocos programas de transferencia universales y sin condicionalidades? La respuesta que nos brindan yace en una razón: los programas universales en los que no se excluye a nadie son muy costosos.

Posterior a una presentación de un extenso acervo de trabajos empíricos, los autores no hallan pruebas de que las transferencias de dinero incondicionales conduzcan a una vida disoluta. Es por eso que se tienen respuestas distintas a la cuestión en países ricos y pobres. En primer lugar, la RBU es sencilla, y muchos países pobres carecen de la capacidad de gobernanza necesaria para llevar a cabo programas complejos, caso contrario a países como Estados Unidos o Japón.

En segundo plano, en la mayoría de los países en desarrollo la persona media sin duda alguna desearía un trabajo estable con ingresos buenos y prestaciones. Una proporción muy grande de los pobres o casi pobres del mundo, que viven en países en desarrollo, son trabajadores autónomos, ya que deben adaptarse a distintas ocupaciones dependiendo de las oportunidades disponibles.

Dada la limitante de la RBU, es de común interés para legisladores y economistas el modelo danés de «flexiseguridad», caracterizado por permitir una flexibilidad plena del mercado de trabajo, traducido en que la gente puede ser despedida con facilidad cuando ya no se necesita, pero los despidos están subsidiados y no significan una gran pérdida económica. Este modelo pretende hacer de los despidos una fase normal de vida, posibilitando a los empleadores ajustarse a cambios en las circunstancias. Lo anterior tiene coherencia con el reflejo básico de los economistas: el dejar que el mercado haga su trabajo y proporcionar seguridad a los agentes.

Sin embargo, para Abhijit y Duflo, la flexiseguridad no es la repuesta a todo, debido a que, como han abordado en los capítulos anteriores, la pérdida de trabajo significa mucho más que una pérdida de ingresos. Con frecuencia, implica separarse de un plan de vida establecido y una visión de lo que conforma una buena vida. El capítulo concluye que el objetivo de la política social, en estos tiempos de constantes y radicales cambios, es ayudar a que las personas asimilen los shocks que les afectan.

Sin duda, Buena economía para tiempos difíciles es un trabajo pleno de esencia humana, multidisciplinaria y consciente de que el hecho más notable de los últimos años es el ritmo de los cambios, positivos y negativos, que han sacudido a la humanidad. La caída del comunismo, el auge de la economía china, el exorbitante crecimiento de la desigualdad, el boom de las tecnologías de la información, catástrofes medioambientales y más, son algunos de esos cambios y alteraciones vividas en los años más recientes.

Las medidas políticas también han influido en los cambios; por ejemplo, la priorización del crecimiento sobre el medioambiente, el declive del Estado del bienestar, pero también la reinvención de las transferencias sociales. Los autores concluyen que las políticas tienen en sus profundidades demasiado poder direccionado en dos vertientes: i) hacer un bien, y ii) infligir un daño considerable. Muchas de esas acciones políticas se basan en buena y mala economía.

La buena economía, por citar un ejemplo, prevaleció sobre la ignorancia e ideología, cuando en África se distribuyeron de manera gratuita mosquiteras tratadas con insecticida para reducir el número de muertes infantiles por malaria. Por el contrario, la mala economía se ha hecho presente al apoyar y fomentar la reducción de programas sociales y el apoyo exorbitante a monopolios. En el mismo sentido, desde la teoría ortodoxa económica se repite el mantra que apuntala el comercio internacional como beneficioso para todos los implicados, puesto que genera crecimiento económico, sin tomar en cuenta que los escenarios son distintos.

Finalmente, Bernarjee, Abhijit y Esther Duflo reconocen que, para tener un mundo mejor, más juicioso y humano, la economía es primordial, pero se trata de un ejercicio que no sólo le compete a la ciencia económica. El único recurso que tenemos es ser vigilantes, escépticos con los famosos y prometedores milagros políticos, cuestionar las evidencias y, más aún, poner atención en el proceso o camino que se tuvo que recorrer para llegar ahí.

Referencias

Acemoglu, D., Johnson, S. y Robinson, J. (2001). The Colonial Origins of Comparative Development: an Empirical Investigation». American Economic Review, vol. 91, núm. 5, 1369-1401.

Brynjolfsson, E. y McAfee, A. (2014). The Second Machine Age. Nueva York: W. W. Norton & Company.

Lucas, R. (1990). Why Doesn’t Capital Flow from Rich to Poor Countries? American Economic Review, vol. 80, núm. 2, 92-96.

Romer, P. (1990). Endogenous Technological Change. Journal of Political Economy, vol. 98, núm. 5, parte 2, 71-102.

Shire, W. (2019). Home. <https://www.seekersguidance.org/articles/social-issues/home-warsan-shire/>.

Solow, R. (1956). A Contribution to the Theory of Economic Growth. Quarterly Journal of Economics, vol. 70, núm. 1, 65-94.

Notas

1 Ambos ganadores del Premio Nobel de Economía 2019, por sus contribuciones al estudio del combate a la pobreza. Página web: <https://www.nobelprize.org>.
2 La renta per capita en Irak, por ejemplo, habida cuenta de los ajustes de paridad del poder adquisitivo, es alrededor de 20 veces la de Liberia, y al menos 10 veces la de Mozambique o Sierra Leona, de acuerdo con los autores.
3 Con posterioridad al periodo de guerras (1945), la economía europea se disparó, el PIB per capita aumentó 3.8 % cada año entre 1950 y 1973. A eso se debe que los franceses llamen a los 30 años posteriores a la guerra les Trente Glorieuses (los treinta gloriosos).
4 La pianola fue una novela publicada en 1952 por el escritor estadounidense Kart Vonnegut. Dicha obra es una distopía sobre un mundo en que la mayoría de los puestos de trabajo han desaparecido y todo funciona de manera mecánica.
5 Las tecnologías más nocivas para los trabajadores son las que algunos investigadores han descrito como tecnologías de automatización ‘ni fu ni fa’: bastante productivas como para ser adoptadas, dadas las distorsiones del sistema tributario y su capacidad para sustituir el trabajo humano, pero no lo bastante productivas como para aumentar la productividad general.
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