Recepción: 09 Marzo 2024
Aprobación: 17 Mayo 2024
DOI: https://doi.org/10.1387/ausart.26129
Resumen: Las sucesivas crisis repercuten a todos los niveles de la estructura social. A través de la ficción especulativa este escrito dialoga con las acciones que Lauren, protagonista de la novela La parábola del sembrador, genera como respuesta a las dificultades que está atravesando en su mundo. Todas las adversidades a las que se enfrenta son consecuencias extremas derivadas de un sistema capitalista neoliberal denominado por Octavia Butler como «la calamidad». Resultado de esta lectura, se relacionan diferentes corrientes de pensamiento y procedimientos con el objetivo de reflexionar sobre las posibilidades de trabajo del artista en relación a las intervenciones comunitarias y a la cada vez más consciente ‘crisis de cuidados’ en un marco esperanzador que resiste en un futuro posible.
Palabras clave: CRISIS DE CUIDADOS, COMUNIDAD, FICCIÓN ESPECULATIVA, MEDIACIÓN ARTÍSTICA, LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR (NOVELA).
Abstract: Successive crises have repercussions at all levels of the social structure. Through speculative fiction, this writing dialogues with the actions that Lauren, the protagonist of the novel Parable of the sower, generates as a response to the difficulties she is going through in her world. All the adversities she faces are extreme consequences derived from a neoliberal capitalist system named by Octavia Butler as «the calamity». As a result of this reading, different currents of thought and procedures are related with the aim of reflecting on the possibilities of the artist's work in relation to community interventions and the increasingly conscious ‘crisis of care in a hopeful framework that resists in a possible future.
Keywords: CRISIS OF CARE, COMMUNITY, SPECULATIVE FICTION, ARTISTIC MEDIATION, PARABLE OF THE SOWER (NOVEL).
1. Introducción: «la calamidad»
Bajo la perspectiva del realismo decadentista, muchos de los acontecimientos que estamos sufriendo ahora fueron descritos previamente en literatura prospectiva por autoras como Octavia Butler quien, en la novela La parábola del sembrador (1993), retrata una sociedad cuyas descripciones concuerdan con diferentes realidades de distintos lugares alrededor del mundo.
En su novela Butler especula sobre las catastróficas consecuencias derivadas de la decadente cultura capitalista: la inestabilidad climática ha llegado a su extremo, no hay trabajo para la gente joven, los estudios superiores son inaccesibles para la mayoría de la población, la policía es una organización corrupta, el número de incendios es inabarcable, las empresas privadas convierten las ciudades en campos de trabajo pagando a sus trabajadores con vales que solo se pueden gastar en sus tiendas etc. Fuera de ese tipo de barrios la pobreza, la delincuencia, la violencia sexual, la desigualdad o el racismo continúan imperantes. La escritora bautizó este periodo como «la calamidad».
Ante esta crisis, algunos de los personajes de La parábola del sembrador responden creando nuevos movimientos teniendo en cuenta que la sociedad capitalista no produce lo que necesitan las personas sino lo que da beneficios. Estos personajes tratan de reinventar el sistema explorando otras alternativas.
Lauren, protagonista de la novela, se aferra a su capacidad de resiliencia y a la idea de cambio para vivir en el mundo que le ha tocado. A través de sus experiencias y pensamientos concibe un nuevo movimiento denominado «Semilla Terrestre». De esta manera, Lauren se convierte en una narradora de historias cuyo objetivo es crear una comunidad que logre crecer y expandirse a pesar de las dificultades que atraviesan, para encontrar una manera de vivir mejor, estableciéndose como semillas en buena tierra.
En este marco, las prácticas artísticas pueden constituirse como artefactos que ayuden a generar otras narrativas y vivencias, permitiendo el desarrollo de las capacidades de las personas, grupos y comunidades. Igualmente, la práctica artística posibilita procesos de cambio en dimensiones colectivas promoviendo emociones positivas, autoconfianza, cohesión o redes comunitarias (Siles Moriana et. al 2020). El cambio y la transformación se hacen posibles a partir de la proyección creativa hacia el futuro, donde la calidad de vida de los miembros sea mejor y por tanto, mejore la situación del territorio en su conjunto (Moreno González 2016).
2. Fundamentación
Todavía quedan semillas por recolectar y todavía queda espacio en la bolsa de estrellas (Ursula K. Le Guin 19861)
¿Qué función cumple la presencia de los otros en nuestra existencia? Quizás la respuesta más a mano la deja Sartre en su obra teatral A puerta cerrada (1944) cuando Inés afirma: «Cada uno de nosotros es el verdugo de los otros», a lo que Garcin responde ratificando su epifanía: «el infierno son los otros» (en Aguirre 2013). Sin embargo, lejos de esta idea, al explorar con dinámicas grupales o de acompañamiento se ponen de manifiesto los aportes de la interacción social al bienestar de cada individuo. Marcel Mauss mostraba que los grupos sociales están formados por una pluralidad de conciencias individuales que accionan y reaccionan unas sobre otras, elaborando nuevos instrumentos cognitivos a través de interacciones en las que el sujeto es esencialmente activo (en Marc & Picard 1992). Desde este punto de vista, el desarrollo de habilidades sociales puede contribuir a lograr que el individuo alivie cargas emocionales, bloqueos cognitivos, el malestar, la tensión, el cansancio, la sensación de descontrol o el miedo. Igualmente, al disminuir los problemas de relación con los demás, se reduciría el aislamiento, la desmotivación o la falta de solidaridad (López 2008).
Los malestares que nos atañen a nivel individual son responsabilidad colectiva. Al individualizar los malestares se impide su politización, es como poner un cerco alrededor de las personas, ‘homogeneizarlas’ (Ovejero & Pastor 2001). El apoyo entre iguales puede ofrecer una actitud diferente ante las crisis ya que permite comparar historias, estrategias y maneras de darle sentido a lo que se está viviendo. El acompañamiento acarrea una cultura de curación siendo uno de los aspectos más valiosos la capacidad de compartir historias, de cuestionar las del presente y de crear nuevas compartidas. A medida que las relaciones se van profundizando se tiende a tomar más riesgos, a compartir vulnerabilidades o a intentar ver las cosas desde un punto de vista que no era accesible previamente2.
Las historias permiten ingresar a un portal e iniciar una búsqueda. Proporcionan espejos, ventanas y puertas a otras existencias tanto reales como imaginarias. Como señala Ébano Elizabeth Thomas (2018) el momento actual exige nuevas narrativas y requiere la emancipación de la imaginación misma. En este sentido, Úrsula K. Le Guin escribe que la ciencia ficción, como toda ficción, es una manera de intentar describir «qué es lo que la gente hace y siente, cómo se relaciona con todo lo demás en el vientre del universo, entre las cosas por venir y la tumba de cosas que fueron»3.
2.1. Objetivos
El objetivo principal del estudio es reflexionar sobre las aportaciones del hacer artístico al abordaje de la crisis de cuidados. Este objetivo se desglosa en dos específicos:
Explorar diferentes formas de respuesta a la crisis de cuidados a través de la unión entre arte, salud comunitaria y ficción especulativa.
Dialogar con las acciones y reacciones de los personajes de la novela La parábola del sembrador ante la crisis de su mundo, para relacionarlas con los hechos que acontecen en la realidad de hoy y especular sobre posibilidades de actuación.
3. Metodología
La ficción especulativa entendida como herramienta de investigación y creación para explorar y (re)imaginar mundos posibles da luz a este escrito en el que se reflexiona sobre la relación de la corriente ecofeminista, con conceptos como el de ‘simpoiesis’ o métodos de abordaje como el ‘diálogo abierto’ que en conjunción con el arte podrían generar respuestas a la latente crisis de cuidados. El arte «(objetos, eventos, una relación entre personas, espacios y lugares) es considerado una entidad afectiva» (Hickey-Moody 2016), un agente culturalmente activo que tiene la capacidad de cambiar a las personas, de invitar a explorar otras formas de ver y relacionarse, en definitiva, de enseñar a ser diferentes.
La ficción especulativa sirve como herramienta para promover la reflexión sobre el presente y buscar alternativas posibles, así como trabajar los futuros de forma participativa impulsando espacios de co-creación. La ficción especulativa abarca la ciencia ficción, la fantasía, las narrativas utópicas, distópicas y la ficción posthumana haciendo reflexionar sobre el cambio en el pensamiento y la práctica que ello implicaría (Sayers, Martin & Bell 2022). La ficción especulativa presente en la novela distópica La parábola del sembrador permite pensar respuestas imaginativas a las crisis, proporcionando recursos para la elaboración de nuevas teorías o formas de hacer. Lo familiar se aleja dando pie a explorar posibilidades más allá de los marcos de referencia conocidos cuestionando la base ontológica de la realidad (ibíd.).
El eje vertebrador de este escrito es el movimiento Semilla Terrestre generado por Lauren, protagonista de la novela La parábola del sembrador de Octavia Butler, que articula el escrito a través del diálogo con él. La protagonista de la novela se convierte continuamente a través de encuentros afectivos y encarnados con otras personas (en Sayers, Martin & Bell 2022). Las acciones y experiencias de Lauren se relacionan con las características más reconocidas de la mediación artística, así como con el ecofeminismo y las peculiaridades del diálogo abierto; abordaje que busca dar respuesta al sufrimiento psíquico a través de la mediación dialógica. Las intervenciones comunitarias en salud se insertan en este campo para imaginar desde aquí posibles puntos de fuga.
4. (Re)imaginar el futuro desde la ‘simpoiesis’
Una o dos veces por semana una reunión de Semilla Terrestre es algo bueno y necesario. Desahoga emociones y después aquieta la mente. Centra la atención, fortalece el objetivo y une a las personas (Butler 1993)
A diferencia del discurso liberal dominante los personajes pertenecientes a Semilla Terrestre ejercen su individualidad siendo conscientes de que lo personal es social, de que las decisiones que toman influyen y afectan a los otros. De esta manera, empiezan a generar la idea de corresponsabilidad colectiva para intentar salir de la decadencia. Así La parábola del sembrador hace visible la esencia interdependiente de nuestra especie situando «la reciprocidad, la cooperación, los vínculos y las relaciones como condiciones sine qua non para ser humanidad» (Herrero 2015).
El desarrollo material y simbólico de los vínculos y las relaciones son cruciales para nuestros ciclos vitales, así como el tiempo y la energía que otros dedican a cuidarnos. Sin embargo, estas grandes responsabilidades quedan mayormente relegadas al espacio doméstico. Desde el punto de vista ecofeminista crítico y constructivista, la crisis de las relaciones sociales debería abordarse engendrando una nueva dirección en la estructura económica, política y cultural para lo que sería necesario la reorganización del modelo productivo, de los tiempos y el trabajo. Todo esto desde una perspectiva que sitúe el bienestar de las personas como prioridad, apostando por una economía centrada en la satisfacción de las necesidades colectivas abandonando la lógica androcéntrica e individualista o las falsas promesas del progreso moderno (Herrero 2015).
El ecofeminismo también ayuda a comprender cómo la crisis de relaciones sociales repercute en la crisis ecológica. Esto resuena con la idea de ‘red tentacular’ que propone Haraway, la cual determina como un sistema ‘simpoiético’ que se define como hacer- producir juntos o construir con otros: «nos necesitamos recíprocamente en colaboraciones y combinaciones inesperadas, en pilas de compost caliente. Devenimos-con de manera recíproca o no devenimos en absoluto» (Haraway 2016). Lo que se requiere según la autora es «aprender a estar verdaderamente presentes no como un eje que se esfuma entre pasados horribles o edénicos y futuros apocalípticos o de salvación, sino como bichos mortales entrelazados en miríadas de configuraciones inacabadas de lugares, tiempos, materias, significados». En la misma línea, Anna Tsing resalta que ante la precariedad que caracteriza las vidas y muertes de todos los seres, lo que importa es qué historias cuentan historias como práctica de cuidado y pensamiento, así como la necesidad de desarrollar la habilidad para vivir entre ruinas (en Haraway 2016).
La novela La parábola del sembrador es un ejemplo de cómo las crisis pueden dar a luz nuevas ideologías y movimientos. Lauren intenta con la creación de Semilla Terrestre abrir un nuevo espacio que habitar, para ello busca crear una comunidad con la que abrazar los cambios, aprender a llevarlos o combatirlos. En este sentido, ¿cómo podemos aproximarnos desde nuestra condición de seres humanos y no ficticios, desde nuestro presente, a esta manera de actuar que caracteriza a este personaje o al grupo Semilla Terrestre?
La ficción especulativa y el arte pueden entenderse como artefactos encargados de ayudar en todo este proceso componiendo nuevos patrones. Por un lado, la ficción especulativa es el espacio sobre el que podemos imaginar otras realidades en las que confiar, nos permite volver a diseñar procesos en los que estamos involucrados a través de imaginar otros hechos y contar otros cuentos. Le Guin escribe: «por eso con cierta sensación de urgencia busco la naturaleza, el sujeto, las palabras del otro relato, del nunca contado, del relato de la vida» (19864). Por otro lado, la figura del artista se puede concebir como un agente que posee la capacidad de crear espacios en el plano material modificando su entorno. En pocas palabras, a través de la ficción especulativa podemos imaginar otros espacios y modos de habitarlos y a través del arte materializarlos para vivir en ellos.
5. Crisis de cuidados: Explorando respuestas
El cuidado de las personas ha sido considerado, desde el mundo de la economía y la política, como fenómenos secundarios pertenecientes al ámbito de lo privado y al hogar. Cuestionar la visión del cuidado y la necesidad de redistribuir sus responsabilidades, cuyas tareas deberían asumir equitativamente todas las personas, se vuelve urgente en numerosos países occidentales. Sin embargo, los hechos nos hacen cuestionarnos si es posible dentro del marco del capitalismo cuyos Estados evaden su responsabilidad a la hora de proporcionar soluciones públicas y sociales sembrando la desigualdad, la exclusión o la invisibilización (Ezquerra 2010).
La latente crisis de cuidados deriva en diversas negligencias del funcionamiento capitalista o las políticas neoliberales repercuten negativamente sobre el Estado de bienestar y por tanto la salud mental de las ciudadanas y ciudadanos. En España, la tasa de suicidios se ha elevado un 10% más a partir del 2021 (Sánchez Becerril 2022) mientras que en el conjunto del mundo, los cuadros de depresión y los trastornos de ansiedad mayor ascendieron en 2020 afectando a un 28% y 26% más de personas (Santomauro et al. 2021) lo que provoca que el consumo de ansiolíticos y antidepresivos crezca. Recientemente en una entrevista, el psicoterapeuta y sociólogo James Davies expone:
es más fácil drogar a la gente porque se ve el dolor como una disfuncionalidad que debe ser corregida y la solución más rápida que se ha encontrado es la medicación. Pero con ella no arreglamos nada, porque se trata de químicos que sedan un sentimiento que actúa como faro: el dolor ilumina lo que está mal, algo a lo que debemos prestar atención (...) sedamos el sufrimiento para hacerlo compatible con las necesidades del mercado (2022).
5.1. Procesos dialógicos
En la praxis un cambio cultural que dio acceso a una nueva forma de cuidado repensando la atención en salud mental fue la aplicación del ‘diálogo abierto’, engendrado en Laponia Occidental, como forma de reorganizar la respuesta que ofrecían los servicios psiquiátricos ante síntomas psicóticos o crisis severas. Como modelo de atención social colaborativo su metodología y abordaje resultan de gran interés ya que trabaja a partir de reuniones como intervención en las que participan la red social y familiar de cada persona de manera horizontal: «el error era pensar que nosotros todavía éramos los terapeutas, que teníamos que hacer planes y tener objetivos (...) nosotros seguíamos pensando que éramos los sanadores»5, más bien se trata de escuchar «nos sentamos juntos para entender más» y de aceptar la responsabilidad de lo que cada persona necesita ofreciendo la oportunidad de romper con el esquema mental para re-construirlo. El objetivo no es encontrar soluciones, «sino que la solución aparece como consecuencia del diálogo»6. Este sistema de abordaje con tintes democráticos, no jerárquicos, donde todas las voces hablan, importan y reflejan sus pensamientos y sentimientos, en la práctica supone una profunda ruptura con casi todos los modelos de respuesta a los problemas de salud pública.
El malestar emocional surge como un problema del espacio entre individuos, es decir que existe dentro de las relaciones, por lo tanto, su tratamiento debe buscarse en los engranajes con las redes sociales, atendiendo a las historias de las personas (Runciman 2016). El exitoso abordaje del ‘diálogo abierto’ nos permite entender la relevancia del trabajo en red, así como que las personas se sientan comprendidas por sus círculos y la relevancia de cuidar y ser supervisores unos de otros, cooperando para crear espacios seguros.
5.2 Tejiendo redes
Respecto a esto y retomando el ejemplo de La parábola del sembrador, la creación de comunidades y el desarrollo del trabajo en red a nivel local es una vía sobre la que poder trabajar problemas que repercuten a nivel macro en la sociedad. En La brujería capitalista Philippe Pignarre e Isabelle Stengers apuestan por la fundación de «colectivos sobre el terreno capaces de inventar nuevas prácticas de imaginación, resistencia, revuelta, reparación y duelo, así como de vivir y morir bien. Nos recuerdan que otro mundo no solo es urgentemente necesario, sino también posible, pero solo si no sucumbimos al hechizo de la desesperación, al cinismo o al optimismo» (en Haraway 2016). Tanto es así que cuando todo se desmorona la comunidad puede considerarse como un foco generador de resiliencia, estabilidad emocional o mental, cambiando sus arreglos previos o consolidando dinámicas ya existentes en el territorio (Vega, Torres & Paredes 2021). Los agentes sociales pueden accionar como agentes de cambio con capacidad de construcción de bienestar colectivo, poniendo en marcha dinámicas de cooperación y co-gestión transformando lo establecido para construir una comunidad en torno a la necesidad y la sostenibilidad encontrando un equilibrio entre el trabajo productivo y aquel socialmente necesario (Ezquerra 2010).
El trabajo en red consistiría en crear alianzas y sinergias entre diferentes agentes para establecer objetivos comunes y actuar cooperativamente para alcanzarlos de forma que los recursos sean mejor aprovechados. Este tipo de metodología de trabajo es una de las bases más destacadas de la salud comunitaria que se puede definir como «la acción en y desde la comunidad que puede influir positivamente en la salud» (Pasarín & Diez 2013). A diferencia de la medicina tradicional, este modelo desplaza la atención de la enfermedad hacia el bienestar y la promoción de la salud para que no decaiga, incluyendo igualmente en su abordaje la actuación y colaboración de profesionales al margen de centros de salud o sanitarios, requiriendo de la colaboración de los diversos sectores que se relacionan con las personas como escuelas, las universidades, asociaciones de barrio, los servicios sociales etc. (ibíd.).
Según Isabel Pasarín y Elia Diez (2013) las intervenciones para mejorar la salud mental que pueden trabajarse a nivel comunitario deberían orientarse a mejorar la inclusión social, reducir la violencia y la discriminación e incrementar el acceso a los recursos económicos. Este tipo de actuación puede favorecer también el autocuidado, la independencia y las redes de soporte, introduciendo cambios en la atención individual y en la relación con la comunidad. En este aspecto, la primera Conferencia Internacional sobre la Promoción de la Salud concluyó que: «para alcanzar un estado adecuado de bienestar físico, mental y social un individuo o grupo debe ser capaz de adaptarse al medio ambiente (....) la promoción de la salud no concierne exclusivamente al sector sanitario» (Siles Moriana et. al 2020).
5.3. El remedio de la artista
Una intervención comunitaria en salud se define como una acción realizada con y desde la comunidad mediante un proceso de participación7. En este sentido, desde la práctica y como herramienta profesional de intervención (Moreno González 2016) innumerables veces la mediación artística, que «ofrece un abanico inabarcable de posibilidades y estrategias educativas, comunicativas y de acercamiento a diferentes sectores» (Rodrigo 2015), se inserta en este plano como constructora de puentes entre los mundos privados, la cultura y el arte, generando vínculos entre las personas para mediar con ciertas situaciones sensibles, emocionales o íntimas. Uno de los objetivos de la mediación artística es modificar realidades (López-Aparicio & Cejudo 2020) fomentando la imaginación, la recreación o el acceso al mundo simbólico. El diálogo puede suponer un peso importante a la hora de desvelar la cotidianidad, las rutinas o las necesidades de los ciudadanos, además de impulsar un mejor trabajo en red.
A través de los procesos artísticos la mediación artística busca favorecer el empoderamiento individual de personas en situaciones vulnerables. Se trabaja en grupos utilizando los lenguajes artísticos para ayudar a estimular por ejemplo procesos de resiliencia, reforzando la superación de conflictos o situaciones difíciles (Moreno González 2016). Como vemos, en este marco de conexión entre el arte y salud, el arte constituye un instrumento que permite desarrollar el crecimiento personal y el tejido social, convirtiéndose la actividad artística en una herramienta pedagógica ya que plantea cuestiones propiciando la reflexión (Siles Moriana et. al 2020) y situando consecuentemente al artista como agente necesario en los equipos de salud comunitaria.
Conclusiones
Los cuidados son clave a la hora de cuestionar un sistema que niega la responsabilidad social. La crisis de cuidados se hace visible en comunidades cansadas, corrompidas moralmente, deprimidas o desesperanzadas de manera sistémica. La exploración conjunta de los dilemas y problemas podría servir para que, como sociedad, nos cuestionemos el sistema de cuidados actual abordándolo de manera comunal y embarcándonos en la ideación de nuevas alternativas generadas a partir de la mecánica de la ficción especulativa. Dialogar con novelas de ciencia ficción como La parábola del sembrador sobre el cuidado y la comunidad nos puede ayudar a encontrar herramientas que contribuyan a que los paradigmas alternativos reemplacen a los otros. En este sentido, perspectivas como la del ecofeminismo también nos permite reimaginar las estructuras sociales y el arte materializar las ideas acercándose a conceptos como el de ‘simpoiesis’ fomentando el trabajo en red, pero también facilitando entornos de diálogo, aprendizaje y acompañamiento, poniendo en marcha dinámicas de cooperación y co-gestión.
De acuerdo con lo dicho, insertada en la salud comunitaria, la mediación artística abierta a nuevas investigaciones, impulsa un nuevo campo de acción ofreciendo diversas posibilidades para llegar a atender necesidades emergentes como es la de la crisis de cuidados, que tardan en ser respondidas a nivel institucional, situando la vida, el cuidado y el bienestar en el centro.
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Notas