Artículos
Actos performativos urbanos y territoriales. El Festival del Enero Tilcareño en Tilcara, Jujuy
Urban and territorial performative acts. The Tilcareño January Festival in Tilcara, Jujuy
Actos performativos urbanos y territoriales. El Festival del Enero Tilcareño en Tilcara, Jujuy
Arquisur revista, vol. 11, núm. 20, pp. 58-71, 2021
Universidad Nacional del Litoral

Recepción: 31 Marzo 2021
Aprobación: 15 Noviembre 2021
Resumen: Debido a la caída y desaparición de circuitos productivos en la historia se produjo en localidades argentinas de menor tamaño depreciación de áreas pobladas, emigración, abandono, o situación social crítica. Alarmados ante los efectos, organismos y profesionales académicos alertan sobre el desamparo de vínculos identitarios por problemas económicos o fenómeno de la globalización, y organizaciones y gobiernos locales promueven actividades culturales, como festivales folclóricos, para reactivar economías y vida social de localidades deprimidas. Esta cuestión muestra a actores, procesos y conflictos en la organización y realización de eventos en ciudades, y nos preguntamos qué sucede detrás de estos fenómenos sociales y territoriales y qué efectos producen. Para Tilcara, ser pórtico de Patrimonio por UNESCO significa ser lugar representativo de atractivos naturales–turísticos e histórico–culturales, donde la globalización transformó la exposición y el modo de vivir los espacios públicos festivos por diferentes intereses político–sociales. En estos temas que exploramos desde las teorías de la performatividad, examinamos situaciones que ponen el acento sobre los efectos del hacer. En la actualidad, las teorías de la performatividad han sido tomadas por la geografía humana para repensar la producción social del espacio, y por este motivos trasladamos y reinterpretamos esta noción performativa para dar a luz situaciones poco exploradas en eventos en espacios públicos.
Palabras clave: ciudad, celebración, mutación social, performance, regionalismo.
Abstract: Due to the fall or disappearance of productive circuits, depreciation of populated areas, emigration, abandonment, or critical social situation occurred in Argentine towns – particularly smaller ones. Alarmed at the effects, academic organizations and professionals warn about the abandonment of identity ties due to economic problems or the phenomenon of globalization, and organizations and local governments promote cultural activities such as folk festivals to reactivate economies and social life in depressed localities. This question shows actors, processes and conflicts in the organization and realization of events in cities, and we ask ourselves what happens behind these social and territorial phenomena, and what effects they produce. For Tilcara, being a UNESCO Heritage portico means being a representative place of natural–tourist and historical–cultural attractions, where globalization transformed the exhibition and the way of living public festive spaces for different political–social interests. These themes here we explore from the theories of performativity, we examine situations that emphasize the effects of doing. Currently, the theories of performativity have been taken by human geography to rethink the social production of space, for these reasons we transfer and reinterpret this performative notion to give birth to little–explored situations in events in spaces.
Keywords: city, celebration, social mutation, performance, regionalism.
INTRODUCCIÓN
En este trabajo se propone presentar algunos resultados del Capítulo III, Vacaciones festivas para el Calendario Andino Tilcareño, que forma parte de la investigación del Doctorado en Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), con dirección de tesis de Arq. Dra. Graciela Favelukes y revisión de escritos referida a la importancia de detectar actos performativos en los espacios públicos en el momento en que receptan fiestas, para tomar decisiones tanto en cuanto a su puesta en valor como a su diseño. El presente trabajo también colaboró en el Proyecto de Investigación: "El Catálogo y las Directrices del Paisaje como instrumentos para el desarrollo regional en la dimensión patrimonial de la Quebrada de Humahuaca, Patrimonio Mundial", Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Instituto de Historia y Patrimonio. Universidad Nacional de Tucumán (2016–2021).
La metodología que se utilizó para cada uno de los tres casos del estudio de tesis doctoral y para este artículo fue mixta: cuantitativa y cualitativa; definida en cuatro partes, según el área de estudio y escala territorial de su contenido y tipo y diversidad de materiales para su análisis. La primera parte se estructura en una introducción que proporciona una aproximación de las nociones específicas del tema y se alude al modo en que se observan en el centro urbano y sector donde se inserta, según una revisión teórica, documental y bibliográfica. La segunda trata de una aproximación al conocimiento de la ciudad de Tilcara y sus fiestas, y para ello se recurrió a estadísticas y censos oficiales, diarios y revistas locales web, y mapeos en Sistema de Información Geográfica (GIS por su sigla en inglés) para su exploración. Luego, se hace el análisis del Festival del Enero Tilcareño y de los efectos transformadores y permanentes que allí ocurren mediante trabajos de campo en los cuales se registraron en esta localidad ocho entrevistas, fotografías, observaciones y mapeos de diferentes situaciones urbanas y regionales. Y por último tiene lugar la construcción del conocimiento donde se reflexiona sobre la valoración de los actos performativos que ocurren en este festival en las situaciones sociales y urbanas expuestas.
Los autores Sabate, Frenchman y Schuster (2004:11), que estudian esta asociación que existe entre los festejos y los lugares que los receptan y encuentran instrumentos para su análisis y de su localización, comparten particularidades similares con la forma en que operan estos eventos, proponen la noción de lugares de eventos o event places, agregan que son transmitidos por tradición y la sociedad que los celebra los dota de significados, los rescata, y difunde sus expresiones culturales y costumbres. Concluyen que son un momento de integración del espacio público y la celebración porque se apropian del lugar donde se insertan y pueden involucrar procesos culturales y territoriales en diferentes escalas y ámbitos. También, como herramientas para la promoción de las ciudades, son un motivo para rescatar costumbres, rasgos particulares de la memoria viva local, de la vida cotidiana. Según los autores, son considerados como un momento de exaltación cultural, de intercambio, y otorgan el carácter distintivo de la ciudad.
Los festivales son parte de la gran diversidad de tipos de fiestas. A diferencia de otras celebraciones que la sociedad modificó para adecuar su significado a situaciones culturales y sociales a través del tiempo, los primeros rastros de esta noción recopilados en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) se encuentran en textos escritos en el año 1237, de la cual preservó sus características hasta la actualidad. Se revelan como reuniones de festejo público social y/o alegorías conmemorativas, algunas veces de condición benéfica, donde el requisito para participar es no perturbar el bienestar social compartido por el pueblo y autoridades. Pueden ser realizadas en diversos lugares, ser vehículo de expresión y catarsis popular, fusionan y sintetizan diversidad de manifestaciones culturales y también revelan la configuración identitaria de cada lugar y región, según el sitio web del Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA). Se trata de celebraciones que se reorganizan de modo cíclico, son reformuladas mediante ciertas lógicas y pueden contener actividades competitivas y comerciales organizadas generalmente por una comunidad local o por un municipio.
Los festivales y demás eventos culturales repetidos cíclicamente no son meras representaciones estáticas de un pasado más o menos vigente. En un inicio fueron experimentadas como celebraciones, ritos y rituales, y luego formaron parte de los cambios producidos desde los primeros estudios urbanos y sociales, para después ser formulados desde los estudios de arte y la antropología. La noción de performatividad contribuye a destacar el carácter activo de estos eventos.
Quien plantea la existencia del enunciado «performativo» es John Langshaw Austin, filósofo británico (1911–1979) que se ocupó de demostrar que el uso del lenguaje por lo general es una forma de acción social y performativo, es decir, que tiene el potencial de hacer algo en el mundo en vez de simplemente representar un estado de cosas ya existente. Luego, en 1995, la filósofa Judith Butler, según la antropóloga Claudia Briones, «retraduce la idea lingüística de performatividad» y establece que quien hace «se construye en y a través de su hacer/acto» (2007:65), donde interesa cómo se constituye el discurso del hacedor y el acto, en y a través del otro, y cuáles son la subjetivación y las prácticas de subjetivación.
La noción de performatividad continuó encaminándose por diversas disciplinas como la literatura, estudios de género, lingüística, antropología, sociología, psicología social, economía, política y geografía.
Desde la geografía humana crítica, Glass y Rose–Redwood (2014:23) proponen que el espacio también se produce a través de actos performativos, como una articulación de prácticas espaciales que adquieren su fuerza performativa o el poder de producir el efecto real de algo a través de la repetición y diferencias de actos performativos.
Estas prácticas que se reiteran en el espacio producen efecto en diferentes escalas, y los actores que las efectúan lo hacen a través de posiciones escalares que adoptan según su postura política en la vida cotidiana. Esto es crucial si queremos descubrir el proceso de las escalas particulares, si han llegado a ser naturalizadas y sedimentadas en la imaginación socioespacial popular. Este enfoque de Butler, confirman los autores, es necesario para comprender la producción de escala social que enfatiza el importante papel desempeñado de las prácticas reiterativas en la representación performativa de los espacios políticos (Glass, y Rose–Redwood, 2014:23). En este artículo exploraremos lo que sucede en prácticas que se reiteran en los espacios públicos festivos y algunas de las variables que caracterizan esta noción, como situaciones de transformaciones, permanencias, la fricción, la tensión y la determinación de algunos efectos que estas producen en las políticas locales cuando se hace esta asociación evento–lugar y que resultan importantes en la aplicación en los estudios de espacios públicos.
LA CIUDAD DE TILCARA
Tilcara, según el «nombre de la antigua etnia de los omaguaca, proviene del vocablo quichua Tica: «lugar de buen cuero o cuero fuerte» (La Capital, 01/10/2013) y se sitúa en el antiguo Coyasuyo, provincia del sur del imperio incaico, habitada por pueblos originarios previamente a la llegada de los españoles. «Omaguacas, uquías, fiscaras y tilcaras» fueron algunos que residieron en la zona entre los años 1000 y 1480 (La Capital, 01/10/2013).
La ciudad de Tilcara actualmente es una de las localidades que configura la Quebrada de Humahuaca en la provincia de Jujuy, región de 10 000 años de historia donde se fueron entretejiendo la sociedad, el ambiente y el territorio, interactuando entre sí con procesos naturales, sociales y espaciales (Noceti, 2012:3). En un contexto de fuerte crisis económica, el gobierno de la provincia de Jujuy impulsa para la expansión del turismo su declaración patrimonial ante UNESCO en el año 2003 «como paisaje cultural, y el interés general de su conservación» (Novik et al.,2011:3). Hoy esto se encuentra entre opiniones desencontradas de la población, actores privados externos, municipio, y ámbitos académicos e instituciones que tratan de resolver tensiones concernientes a los supuestos beneficios del turismo que motivan las investigaciones (Noceti, 2012:3).
Ubicada entre cordones montañosos de la precordillera, forma parte de un sistema de poblados que se emplaza en este valle de altura (a 2465 m.s.n.m.), recorrido por el río Grande y la Ruta Nacional Nº 9, a 84 km al norte de San Salvador de Jujuy. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) del año 2010, su población es de 6249 habitantes y posee un patrimonio muy diverso de arquitectura, tradiciones y costumbres de pueblos originarios y folclóricas presentes en la vida cotidiana urbana de acuerdo con la interpretación de sus habitantes, pues, en términos de Sabaté, «las diversas culturas dejan su huella en el territorio formando ricas capas» (2013:18) (Fig. 1).

La imagen muestra la Ruta Nacional N° 9 como conectora en dirección norte–sur de la población entre el Cordón Montañoso Andino donde se inserta la ciudad de Tilcara. Al este de la Precordillera de los Andes, comienza a visualizarse vegetación abundante de tipo yungas.
Fuente: mapa de base Google Earth Pro (2019)

Esta ciudad y el valle al cual pertenece, en conjunto con áreas de quintas, se abastecen del agua de las vertientes de los cerros recolectada por el río Grande, que se extiende en paralelo a la Ruta Nacional N° 9.
Fuente: vista de Google Earth Pro (2019).

Esquema de la estructura urbana de la ciudad de Tilcara, donde se puede apreciar la Ruta Nacional N° 9 al oeste en paralelo con el río Grande, que es traspasado por un puente, único ingreso a la ciudad tilcareña. Se diferencia el sector de viviendas del área céntrica que comprende la mayor cantidad de instituciones y actividades. También las vías vehiculares más importantes con relación al acceso a la ciudad, al centro y al Pucará, que se localiza al sur de la misma.
Fuente: mapa de base Qgis. Open Street mapsEn el caso de la ciudad de Tilcara, algunas modalidades de la construcción del acuerdo colectivo para tomar decisiones con la intención de mejorar el bienestar común se han conservado de generación en generación. La comunicación entre grupos sociales locales para la organización de diversas situaciones y actividades en la ciudad en el momento en que se manifiestan actividades colectivas como las festividades son un medio para su construcción y la afirmación del sentido de pertenencia de sus costumbres y del territorio, tanto para las representaciones colectivas urbanas como para las simetrías con las representaciones comunitarias de las localidades de la región.
LAS FIESTAS TILCAREÑAS
Las fiestas forman parte de estas circunstancias regionales que se distinguen por su atractivo, entre las que
se destacan el Enero Tilcareño, el Encuentro de Copleros en febrero en Purmamarca, el Carnaval (en todas las localidades), la peregrinación hacia el santuario de la Virgen de Punta Corral en Semana Santa (desde Tilcara) y el Toreo de la Vincha en Casabindo en agosto (este último en Puna, pero muy articulado con Quebrada). (Troncoso y Bertoncello, 2003:23)
En la entrevista (2016) que se realizó al secretario de Cultura y Educación de esta municipalidad, él se refiere al motivo por el cual se da inicio a las fiestas según los ciclos del cultivo que comienza con la siembra y preparación de la tierra en agosto, proceso por el cual las celebraciones religiosas católicas y cívicas se integran a esta lectura y conforman un calendario propio de esta ciudad que acrecienta la importancia de su organización colectiva por la venta de estos productos y servicios, lo que ocurre por el turismo que promueven y beneficia la actividad económica local.
Muchas de las organizaciones vecinales que participan en las fiestas se identifican como agrupaciones, cofradías, comparsas y comunidad de la parroquia. Ocupan un rol de importancia social porque cada uno de sus integrantes tiene responsabilidad en una tarea ordenada por un coordinador, pero la comunidad en conjunto es la que reproduce el orden colectivo. Los vínculos sociales entre miembros de la colectividad a partir del diálogo que se experimenta en la vida cotidiana forman parte de la tradición oral local. Circunstancia en la cual, en el momento de la fiesta, se propone al turista su participación en actuaciones festivas públicas, pero muchas veces este no comprende las formas de interrelación propia de esta cultura por medio del relato oral, la participación activa en los rituales locales y el conocimiento de sus actividades que transmiten su memoria, como los relatos de la vida cotidiana que se producen durante los recorridos entre los cerros.
Por estos eventos y otros, Tilcara es visitada por una cantidad importante de turistas de diversas regiones y países durante todo el año, incentivados por su participación en diversas agendas culturales y turísticas internacionales, que forman parte de una más amplia variedad de actividades turísticas establecidas en la agenda del municipio local. Si bien se carece de estadísticas oficiales, según entrevistas realizadas a guías turísticos de la Municipalidad Indígena de Tilcara, la mayor cantidad de turistas proviene del interior del país y concurre en período vacacional de verano, y hay una cantidad significativa de jóvenes extranjeros de origen francés y alemán que visitan esta ciudad y que recurren a información por Internet para orientarse previamente, ya que la zona es reconocida como uno de los sitios de la Quebrada de Humahuaca.
El visitante convocado para participar de estos festejos tiene varias categorías de alojamiento según sus requerimientos, y la información ofrecida por la Secretaría de Turismo provincial consta de hoteles, hosterías, residencias y hostels. En cambio, para los alquileres de habitaciones dentro de viviendas familiares urbanas y los campings, que son frecuentados por grupos de jóvenes provenientes de Jujuy, provincias del NOA y otras, la información se adquiere en cada localidad. Esta última forma de alojamiento colectivo es motivada por la demanda de grupos de jóvenes que comparten un mismo lugar como también formas propias de uso y de horarios para recrearse, adaptadas a sus actividades por la tarde y noche. Los demás visitantes participan de los mismos recorridos y espacios públicos preparados para el turismo pero por la mañana y la tarde (Fig. 4).

Con líneas de puntos se visualizan los recorridos de fiestas tilcareñas en forma de itinerarios que involucran la llegada a poblados próximos y el retorno a Tilcara. Algunos se efectúan a los costados de la Ruta Nacional N° 9 y otros por senderos entre los cerros.
Fuente: mapa de base Qgis. Open Street maps.


Por la tarde y noche, en las celebraciones de la plaza principal conviven símbolos, ritos y costumbres de la cultura aborigen y gauchesca, como también música y bailes de pueblos originarios tanto locales y regionales como del Perú y Bolivia, que acompañan itinerarios como procesiones urbanas o extensas peregrinaciones entre los cerros próximos y forman parte de espectáculos en espacios públicos abiertos, cerrados y privados. Pero las festividades no solo se disponen en la ciudad, sino que pertenecen igualmente a una estructura geográfica simbólica más amplia. Algunas calles urbanas conducen a senderos traspasando el ejido municipal, por los que se camina entre los cerros de simbología sagrada denominados «apus» dispuestos para celebraciones y rituales, sitios aprovechados para ceremonias que involucran elementos de la naturaleza y de la astronomía, reconocidos por los tilcareños. (Figs. 5 y 6)
Existen otras celebraciones que se complementan durante el año con las festivas folclóricas y religiosas y no se las reconoce como festividades, sino que se las identifica como ferias de abastecimiento económico, permuta social y de entretenimiento musical. Tienen carácter de participación regional de familias que toman decisiones comerciales, arman puestos de ventas de productos regionales como alimentos, vestimenta, medicinas, flores, instrumentos musicales, materiales de construcción, de uso cotidiano y otros, por dar un ejemplo de sus redes de intercambio. Son también momentos particulares de reunión local y regional en los que, para permanecer en estas durante varios días, residen en campamentos y participan activamente en espectáculos festivos (Kirbus, 1997:12).
Estas celebraciones, entonces, recogen rituales agrarios que las comunidades transmitieron entre las generaciones a la vez que se modificaron a través del tiempo, adaptados a los lugares y las circunstancias cambiantes. Estas prácticas ceremoniales, explicadas en el tiempo a través de diversidad de observaciones de los pueblos originarios, relacionadas con los ciclos de la naturaleza ocupan un lugar central de su vida cotidiana y comunitaria, conforman el calendario anual de ritualidad andina, en el cual luego se entrecruzan las festividades barrocas «del orden colonial en su doble vertiente política y religiosa» (Lanza y López, 2014:506), como también se inscriben en un territorio más amplio que la región de la Quebrada de Humahuaca, que es el de la provincia de Jujuy.
Las fiestas tilcareñas tienen una gran variedad de formas de organizarse en el territorio y traspasan los límites de su ejido, incorporan de diversas maneras de celebración en las localidades próximas vinculadas por recorridos peatonales entre accidentes topográficos que se celebran de igual forma a pesar de lluvia, viento o heladas. Estas redes y los itinerarios en la región se tornan vías indispensables de la dinámica comunicación local y regional que con anterioridad, durante y posteriormente al momento del festejo, van conformando la cohesión social en el territorio, una percepción ecológica integral y adaptando los símbolos y representaciones comunitarias en acciones concretas que se consolidan a través del tiempo de manera cíclica en paisajes festivos. Es en esta región donde la transmisión oral se manifiesta en el territorio a través de las actividades locales y regionales para conformar festividades que adquieren relevancia global a través de la difusión de nuevos medios de comunicación.
EL FESTIVAL DEL ENERO TILCAREÑO
De acuerdo con testimonios recogidos, en los años 50 un grupo de vecinos, entre quienes podemos encontrar a Medardo Pantoja, Félix Pereira, Eduardo Casanova y Humberto Gil, se reunía en jornadas festivas durante el mes de enero (El Origen, 18/03/2008), con el fin de convocar a grupos de familias locales y regionales para compartir tradiciones y cultura. De allí surgió el grupo llamado «Los Amigos de Tilcara», que comenzó a congregarse en un salón de una casa destinada a esta asociación, donada por una familia Armanini, donde se compartían comidas tradicionales, bailes y música. Poco después de haberse establecido su organización, el intendente resolvió involucrarse en la planificación de actividades desde la municipalidad, relata RC.[i]
Estos eventos son los que llevaron al origen del Enero Tilcareño en el año 1957. Con la intervención del intendente de turno, se dispuso traer dos conjuntos musicales para la primera noche de festival, y durante los quince días que duró se proyectaron dos horas de películas en la plaza principal, a la que concurrieron visitantes de San Salvador de Jujuy, Humahuaca y Maimará, comenta RC. En esos momentos, Tilcara era una villa veraniega de jujeños capitalinos, tucumanos y porteños principalmente, por lo que los vecinos locales invitaban a los artistas a sus casas para que luego la radio local anunciara los horarios del espectáculo. Según nos relata CA, quienes realizaban espectáculos no solo eran músicos sino también poetas, pintores y todo tipo de intérpretes reconocidos, que programaban su recorrido por diversas provincias durante el mes de enero, empezando con el Enero Tilcareño en Tilcara hasta Cosquín en Córdoba.
Durante los diez primeros años del festival, las actuaciones artísticas se organizaron gratuitamente para el turista con el objetivo de revalorizar la cultura y preservar las tradiciones en el período vacacional, entre las que se destacan las representaciones folclóricas y de los pueblos originarios. En transcurso del tiempo se amplió la cantidad de grupos musicales a diez conjuntos, como explica RC, y se comenzó a acompañar la proyección fílmica con comidas tradicionales. Para la apertura de este mes festivo, se formalizó una ceremonia ancestral que implicaba arrojar hojas de coca y tabaco a las primeras crecidas del río Guasamayo, informa CG, como ritual de agradecimiento por los beneficios que ocurren como consecuencia de la acumulación de material árido en los bordes del río que se utilizan luego para la construcción.
El mapa que se presenta a continuación muestra la situación urbana de las actividades dispuestas en los espacios públicos que son programadas por la municipalidad quién acuerda y delega responsabilidades organizativas a una amplia diversidad de organizaciones e instituciones locales. Las actividades en lugares privados se producen en museos, salones y restaurantes, en diferentes horarios. Las instituciones y actividades, en el área céntrica de la ciudad, donde están comprendidos los momentos principales del evento, los lugares urbanos más convocantes para los visitantes, y los espacios públicos de venta de gastronomía artesanal, que se disponen en intersecciones de vías de mayor cantidad de vehículos y peatones, el cual a su vez se yuxtapone con el área comercial de mayor densidad. Por este motivo, el nodo principal convocante del festival coincide con el centro urbano de Tilcara, que es tanto el centro comercial cotidiano de los tilcareños como la zona donde se concentran las actividades culturales, comerciales, administrativas y los espectáculos. El entorno de esta plaza Cnel. Manuel Prado permanece con sus mismas actividades durante todo el año, como también los alquileres de las estructuras de los locales transitorios con su espacio físico en la plaza. Las reuniones públicas de los visitantes se registran en especial en esta plaza, como se observa en la Figura 7.

En el mapa se puede observar las actividades que se activan durante el Enero Tilcareño, centralizadas alrededor de la plaza M. Prado y el sector de mayor cantidad de comercio en línea de puntos que produce congestionamiento vehicular y peatonal. Esc: 1: 5.000.
Fuente: Mapa de base QGIS. Open Street Maps.

Los recorridos peatonales de la plaza conducen al espacio principal central que se encuentra más elevado respecto del resto a manera de escenario público, utilizado para anuncios públicos, actos cívicos y celebraciones colectivas, 2018.
Fuente: archivo propio

Entre los primeros actos de inauguración del Enero Tilcareño se encuentran las procesiones de jóvenes bailarines que parten desde el acceso a la ciudad, en Ruta Nacional N° 9, hacia la plaza Cnel. Manuel Prado
Fuente: Facebook de la Municipalidad de Tilcara. Intendente Romero, 11/01/2020. https://www.facebook.com/Municipalidad-de-Tilcara-Intendente-Romero-1748713875343114

Una de las expresiones más propias tilcareñas durante la procesión inicial es el baile del carnavalito manifestado por las familias locales con sus vestimentas típicas.
Fuente: Facebook de la Municipalidad de Tilcara. Intendente Romero, 11/01/2020. https://www.facebook.com/Municipalidad-de-Tilcara-Intendente-Romero-1748713875343114EFECTOS TRANSFORMADORES Y PERMANENTES URBANOS
Las transformaciones urbanas planificadas permanentes y transitorias ocasionan efectos que se perciben tanto de manera positiva como negativa. Entre las tensiones que se observan, advertimos las que se generan con la presencia de cantidad de jóvenes de procedencia nacional e internacional practicando senderismo y turismo mochilero. Aunque en el verano son frecuentes las lluvias torrenciales y calores agobiantes a la vez que bajas temperaturas nocturnas, no es impedimento para que los jóvenes se reúnan en la plaza principal, así como en campings y hostels para pernoctar. El tipo de actividad de estos grupos juveniles, por un lado, genera disconformidad y los conflictos entre vecinos y visitantes no son poco frecuentes, pero, por otro lado, permite que durante el mes de enero ingresen a conocer el Pucará hasta 3000 turistas por día con la compra de boleto, según los guías turísticos municipales.
Respecto de la convocatoria de artistas se encuentran opiniones desencontradas de vecinos: por una parte, observan que es con los grupos locales y de la región que tocan música de esta zona, como el bailecito, el carnavalito y el taquirari, pero, por otra parte, afirma un músico de la zona que las autoridades y los organizadores actuales no proveen equipamiento de sonido suficiente para que se desarrollen eficientemente los espectáculos del festival en los espacios públicos, ni tampoco ofrecen lugares de grandes dimensiones. Por esos motivos, estos cantantes locales deciden aunarse para reforzar el sonido que necesitan en la animación y el baile, el cual continúa hasta la madrugada impulsado con importantes contingentes de jóvenes visitantes. Últimamente, se suman a estos eventos ballets folclóricos compuestos por cantantes y bailarines bolivianos que traen su música, como los tinkus, las sayas y las morenadas, con coreografías y vestimentas muy atractivas, pero carecen de analogía con la clase de instrumentos y con los ritmos de esta región porque son propias de otras, advierte el músico CA. En tanto, no todos quieren que sea igual que antes. Durante el proceso de querer mejorar el Enero Tilcareño, algunos de sus habitantes solicitaron a la municipalidad formalizar espectáculos con artistas reconocidos que llegan hasta Jujuy y que pueden contratar para presenciarlos en vivo. Pero esta opción requería un espacio público abierto de dimensiones más extensas de los que ya se disponían. Fue así como comenzaron, hace 15 años aproximadamente, los espectáculos de grandes dimensiones para las fechas del Enero Tilcareño en el Estadio Club Atlético Pueblo Nuevo. El cobro de entradas para asistir al evento permite cubrir el costo de la contratación, comenta MA.
Dentro de los efectos permanentes, es importante destacar las actividades de educación musical desde temprana edad a través de procesos no planificados como tales sino por la repetición de la tradición oral que se formaliza en los 13 establecimientos educativos del departamento de Tilcara, de los que 10 incluyen formación en temáticas artísticas y música, según los registros del mapeo de Google Maps (2020). Se suma a estos la enseñanza en academias de folclore y de los adultos a sus hijos en sus propias viviendas, como describe CA. El aprendizaje musical en cada grupo familiar es como un juego que consta de armar un instrumento musical, en el caso de los sikuris, construir un sikus con trozos de cañas pequeñas o algún objeto que pueda resonar y soplar, y otros juegan a dirigir bandas, buscan un palo o una caña grande y van marcando el ritmo del repertorio musical. Como relata un vendedor de instrumentos musicales, LU, entre los integrantes de conjuntos musicales folclóricos que ofrecen su actuación en bares y restoranes se encuentran niños de 11 o 12 años de edad que inician su aprendizaje en el uso de instrumentos regionales sencillos desde temprana edad con la guía de su padre músico. Luego, cuando el niño ingresa a la educación formal de los institutos escolares, se congrega con pares para conformar grupos musicales y experimentar diversos instrumentos regionales que se emplean en la música del noroeste argentino. De esa manera, cuando concluyen su bachillerato secundario con especialización en música popular, ya están dotados de una instrucción completa y tienen su equipo artístico organizado. En paralelo a este proceso, hayan formalizado su banda o no, los sikuris de la región se reúnen para ofrecer sus propias actuaciones tradicionales en procesiones.
CONCLUSIÓN
En efecto, vimos que, si el Enero Tilcareño fue originalmente una celebración vinculada como las demás festividades locales con los ciclos del calendario andino, quedan varias situaciones que acordar entre sus propios habitantes.
Así, los conflictos que en décadas anteriores se originaban en la dificultad de coexistencia entre sacralidades y tradiciones festivas diferentes, actualmente se hacen notorios en las dificultades que genera el arribo de visitantes o turistas del interior del país, y el ingreso multitudinario de jóvenes argentinos y extranjeros que visitan esta ciudad recurriendo a formas estandarizadas de consumo como el «turismo mochilero», producto de comportamientos originados en procesos sociales como consecuencia de los múltiples efectos provocados por la globalización, que es aceptado y promocionado por el municipio local por su alto consumo de servicios que beneficia a la actividad económica del turismo local, a pesar del bajo costo de alojamiento.
También encontramos variables que caracterizan a los actos performativos en la convergencia de modos diferentes de festejar que provoca las principales fricciones de las fiestas locales, que aún no están resueltas. Otra variable es la tensión que enfrenta a quienes quieren modificar las modalidades del festival y a los que quieren que se recupere la forma de las actividades que la festividad tenía a partir de su primera realización en 1957.
Observando el conjunto se puede definir una red de itinerarios festivos regionales con centro en la ciudad de Tilcara, a la vez que una red de lugares —tradicionales y nuevos— y trayectos en la propia localidad. El festival del Enero Tilcareño, que abarca unos 20 días, se extiende al salón municipal y al Estadio Club atlético Pueblo Nuevo para grandes funciones de músicos reconocidos solicitados, como relata MA, una proyección que no existía en las etapas previas y que fue solicitada por los tilcareños que buscan conocer artistas populares y por los comerciantes para incentivar el turismo.

Este mapa es una síntesis de los circuitos más transitados en la ciudad de Tilcara, se distingue la plaza Prado como sitio más concurrido y donde se inició el festival del Enero Tilcareño, con las tres etapas de expansión de sus circuitos en líneas de puntos: el recorrido festivo 1 con el que se originó esta fiesta, luego el recorrido festivo 2, que se manifiesta durante el mes de enero para dar a conocer los sitios de reunión colectivos más frecuentados por los tilcareños, y el recorrido festivo 3 hacia el Estadio Pueblo Nuevo anexado en estos últimos años, que implica el desplazamiento de los espectadores fuera del perímetro urbano habitual hacia las proximidades de la Ruta Nacional N° 9. Podemos observar los trayectos urbanos propios del festival similares, por un lado, a los de las fiestas tilcareñas de color violeta, y los de línea de puntos verdes son los circuitos turísticos urbanos más transitados durante el año, lo cual confirma los sitios urbanos más representativos tanto para ellos como para los turistas, excepto los eventos que se dirigen a otras localidades y los que se encaminan hacia los cerros; y por otro lado, las vías de mayor densidad de uso mixto comercio–viviendas de la estructura urbana tilcareña que se expresan en la Figura 3.
El impacto de la incorporación del Estadio como lugar de espectáculos de intérpretes reconocidos y su recorrido fuera de los circuitos urbanos habituales, ha sido recibido de manera ambivalente, tanto por su muy modesto éxito económico, como por los efectos distorsivos de una tradición local que otros sectores continúan valorando, como afirmaron los entrevistados. En los testimonios incorporados en el capítulo se observa el deseo de compartir con los visitantes su propia cultura, un profundo interés por la ejecución misma del festival, así como por el mensaje que en este se transmite, sentimiento que se hace notorio en los reclamos de una suerte de «vuelta a los orígenes» que necesita reflexionar para acordar con las innovaciones que lleva a cabo la municipalidad, este interés se manifiesta en el resultado del conjunto de recorridos de la Figura 11, donde se observa la insistente importancia de los tilcareños en distinguir el vínculo del ingreso a la ciudad con la plaza principal y en segunda instancia, el sitio del Pucará como lugares importantes para considerar tanto para ser vistos como sitios turísticos como para ser vividos al participar en las fiestas tilcareñas.
En esa línea, no hablamos de «eventos performativos» sino de los «efectos performativos que forman parte de las características de las fiestas», que no solo nos marcan la dinámica urbana de transformación y permanencias, sus ámbitos particulares, como los espacios públicos convocantes, locales culturales y gastronómicos, la plaza, calles y estadios que completan el circuito, y sus ritmos, como las fricciones y las tensiones entre organizadores y habitantes, sino que se vuelven también parte de la vida política, como quedó evidenciado en las decisiones que direccionan la fiesta que se disputaron en las últimas elecciones municipales, en las que parte de la propuesta del partido ganador fue, en sintonía con los reclamos que recogimos, la puesta en valor y el ordenamiento del calendario anual de fiestas para recuperar el sentido por el cual tenían existencia.
Referencias bibliográficas
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Notas