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Revista Arquitectura de la Sociedad de Arquitectos. Temas y problemas de la arquitectura en el Uruguay, 1914-1940

Architecture, journal of the Uruguayan Architects Association. Topics and problems of architecture in Uruguay, 1914-1940

Revista Arquitectura da Sociedade de Arquitetos do Uruguai. Temas e problemas da arquitetura no Uruguay, 1914-1940

Pablo Canén Suárez
Instituto de Proyecto e Instituto de Historia - Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo - Universidad de la República, Uruguay

Revista Arquitectura de la Sociedad de Arquitectos. Temas y problemas de la arquitectura en el Uruguay, 1914-1940

Arquisur revista, vol. 13, núm. 24, pp. 124-141, 2023

Universidad Nacional del Litoral

Recepción: 30 Junio 2023

Aprobación: 01 Noviembre 2023

Resumen: Este artículo explora y analiza un segmento de la revista Arquitectura, publicada por la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, enfocándose en los desafíos disciplinares que surgieron entre 1914 y 1940. Aunque 1914 marca el año de fundación de dicha Sociedad y el comienzo de la Primera Guerra Mundial a nivel internacional, 1940 no representa un hito definitivo; sin embargo, coincide —aproximadamente— con la construcción de la nueva sede de la Facultad de Arquitectura y el recrudecimiento de la Segunda Guerra Mundial, iniciada en 1939. Durante este período, la arquitectura uruguaya mostró una inclinación notable hacia el movimiento moderno. De los diversos temas tratados en la revista, se seleccionaron cinco basados en su frecuencia, claridad y relevancia. Estos temas son: la enseñanza, la consolidación de una corporación profesional, la transición de las «Bellas Artes» a la «Modernidad», los desafíos de la vivienda y el debate sobre el urbanismo como disciplina, poniendo especial atención en las visitas internacionales. A pesar de que el análisis de estos tópicos es breve, el objetivo es identificar las principales corrientes de debate desde una perspectiva crítica, lo que lleva a un conjunto de conclusiones preliminares que fomenten una reflexión contemporánea.

Palabras clave: arquitectura moderna, Sociedad de Arquitectos del Uruguay, Uruguay.

Abstract: This article explores and analyzes a segment of the journal Arquitectura, published by the Uruguayan Architects Association (SAU, for its Spanish initials), focusing on the discipline challenges that arose between 1914 and 1940. While 1914 marks the founding year of the SAU and the onset of World War I, 1940 does not represent a definitive milestone but it roughly coincides with the construction of the new building for the Faculty of Architecture and the intensification of World War II, which began in 1939. During this period, Uruguayan architecture displayed a significant inclination towards the modern movement. Among the various topics addressed in the journal, five were chosen for their publication frequency, clarity, and relevance. These topics are education, the consolidation of a professional corporation, the transition from "Fine Arts" to "Modernity," housing challenges, and the debate on urbanism as a discipline, with particular emphasis on international visits. Although the analysis of these topics is brief, the aim is to identify the main currents of debate from a critical perspective, leading to a set of preliminary conclusions that encourage contemporary reflection.

Keywords: modern architecture, Uruguayan Architects Association, Uruguay.

Resumo: Este artigo explora e analisa una sessão da revista Arquitetura, publicada pela Sociedade de Arquitetos do Uruguay (SAU), focando nos desafios disciplinares que surgiram entre 1914 e 1940. Embora 1914 corresponda ao ano da fundação da SAU e o começo da Primeira Guerra Mundial em nível internacional, 1940 não representa um ponto de inflexão relevante, porem coincide —aproximadamente — com a construção da nova sede da Faculdade de Arquitetura e o recrudescimento da Segunda Guerra Mundial, iniciada em 1939. Durante este período, a arquitetura uruguaia evidenciou uma notável inclinação pelo movimento moderno. Dos diversos temas tratados na revista foram selecionados cinco, pela sua frequência, clareza e relevância. Estes temas são: o ensino, a consolidação de uma corporação profissional, a passagem das Belas Artes à Modernidade, os desafios da moradia e o debate sobre o urbanismo como disciplina, colocando especial atenção as visitas internacionais. A pesar de que a análise de estes tópicos é breve, o objetivo do artigo é identificar as principais correntes de debate desde una perspectiva crítica, levando a um conjunto de conclusões preliminares que fomentem uma reflexão contemporânea.

Palavras-chave: arquitetura moderna, Sociedade de Arquitetos do Uruguai, Uruguai.

Breve introducción

Durante los primeros 200 números (1914–1940) de la revista Arquitectura, órgano oficial de difusión de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU) desde su fundación en 1914, se plasma un panorama único de los retos y temas arquitectónicos en nuestra región. Estos números comprenden el primer cuarto de vida de la Sociedad. Sin embargo, constituyen tres cuartos del total de publicaciones en toda su historia, acumulando cerca de 10 000 páginas digitalizadas. Es notable mencionar que la revista comienza a publicarse inmediatamente antes de la creación de la Facultad de Arquitectura en 1915.

Este tramo temporal encaja con el deceso de Joseph Paul Carré, distinguido maestro francés, invitado en 1906 por el rectorado de Eduardo Acevedo, bajo la anuencia del presidente José Batlle y Ordoñez, para mejorar la educación universitaria. Este intervalo se alinea estrechamente con el analizado por Arana y Garabelli en Arquitectura renovadora en Montevideo 1915–1940: reflexiones sobre un período fecundo de la arquitectura en Uruguay (1995). Por otra parte, el cierre en 1940 concuerda con un cambio en la política exterior uruguaya hacia los aliados durante la Segunda Guerra Mundial bajo la presidencia del arquitecto y militar Alfredo Baldomir,[1] quien anteriormente tuvo fuertes vínculos con la dictadura de Gabriel Terra —régimen con clara sintonía hacia los gobiernos de Italia y Alemania.

Desde un enfoque metodológico, es fundamental indicar que, en nuestra selección, se dejaron fuera temas de legítimo interés, tales como: los concursos de arquitectura, la evolución de los interiores domésticos, la emergencia de una arquitectura distintiva americana y nacional, los primeros acercamientos al patrimonio, los intercambios culturales y los avances tecnológicos en construcción, entre otros. Aunque basamos nuestra selección en la jerarquía de los temas, es inevitable que hayan existido criterios con cierto margen de arbitrio en nuestras decisiones. Sobre las cuestiones sí abordadas —la enseñanza, la corporación profesional, el ingreso de la modernidad, el problema de la vivienda o las casas baratas, y el urbanismo— transitamos sistemáticamente toda la publicación, en dos centenares de números, y extrajimos, en orden cronológico, los principales artículos sobre cada corte conceptual para ponerlos en discusión de modo acotado. En tal sentido, la componente de las discursividades resultó fundamental, incluso más que el análisis proyectual o arquitectural.

Consideramos que la revista Arquitectura requiere aún un examen más profundo para este período histórico. Si bien no es extraño ubicar trabajos que recurren a esta publicación para tesis concretas, no existe un estudio sistemático de su derrotero, ni de su pauta editorial, que tampoco agotaremos aquí. Nuestra hipótesis —a manera de ensayo— implica visualizar la revista de la SAU como la caja de resonancia principal de los debates disciplinares de nuestro medio a inicios del siglo pasado.

Su riqueza la posiciona como una fuente fundamental, aunque parcial, para entender nuestro pasado arquitectónico. Arquitectura captura no solo los debates profesionales, sino también las discusiones académicas, al menos hasta la aparición de la revista del Centro de Estudiantes de Arquitectura (CEDA) en 1932 y los Anales de Facultad en 1936.[2] Percibimos que, en años subsiguientes, la revista CEDA refleja con más vehemencia los cambios de la época, aunque no está exenta de sesgos ante la nueva realidad de un país en crisis, elemento que pretendemos tratar en próximos trabajos.[3]

La enseñanza de una disciplina

Un aspecto inicial que destaca en la enseñanza es la clara necesidad de diferenciar las carreras de Ingeniería y Arquitectura (Sociedad de Arquitectos del Uruguay, 1914:13). Aunque la idea original es que cada una cuente con su propio Consejo Directivo, la decisión parlamentaria finalmente da origen a dos Facultades distintas. Tal como se detalla en el número 6 de la revista:

En el primer plan de estudios sancionado en 1887, las carreras de ingeniero y arquitecto constaban de cuatro años cada una, de los cuales, los tres primeros eran idénticos para ambas profesiones y solamente en el último curso existían en el Programa de Arquitectura tres materias que no figuraban en el de Ingeniería (Sociedad de Arquitectos del Uruguay, 1915:61)

El editorial de la revista, bajo la dirección de Lerena Acevedo, aporta puntos de interés. Por ejemplo, la distinción entre ambas carreras comienza a delinearse desde febrero de 1895. En aquel plan, solo el primer curso es común. En el segundo, hay una materia diferente en Arquitectura; tres en el tercero, y las tres asignaturas del último año difieren de Ingeniería. Sin embargo, la reforma de febrero de 1906 es más profunda, puesto que se extiende en un año la duración de ambas carreras. De este modo, los estudios de arquitectura de esa época consisten en 27 cursos en 5 años, de los cuales solo 6 son compartidos con Ingeniería.

Más adelante (Carré, 1916:29–31), y con la Facultad de Arquitectura ya consolidada, emerge una inquietud acerca de cómo optimizar el tiempo. Se busca que «sin sacrificar las materias teóricas, se obtenga el máximum de intensidad en el estudio de los proyectos, sobre todo en los últimos años de estudios». El objetivo central es claro: formar arquitectos capacitados para concebir obras que respondan a programas específicos y que satisfagn las necesidades del entorno.

Por otro lado, la preocupación de los líderes de la SAU no se circunscribe a la naciente Facultad de Arquitectura. También dirige su mirada crítica hacia la Escuela de Artes y Oficios (Figura 1) en un momento peculiar, bajo la breve pero influyente dirección del Dr. Pedro Figari. Las primeras palabras de los arquitectos hacia el renombrado abogado son elogiosas:

Trató de establecer de inmediato en la enseñanza un régimen de completa libertad, no imponiendo a sus alumnos los anteriores modelos y ejercicios que los gastaban en un trabajo estéril y fastidioso y que no producía sino obreros faltos de imaginación e iniciativa, aptos solamente para la copia servil. (Sociedad de Arquitectos del Uruguay, 1916a:40)

Foto de los talleres de modelado de la Escuela de Artes y Oficios.
Figura 1
Foto de los talleres de modelado de la Escuela de Artes y Oficios.
Fuente: Sociedad de Arquitectos del Uruguay (1916a:40).

Las ediciones subsecuentes de la revista ya presentan críticas más severas desde la sección editorial (Berro, 1918:4). Se detecta una inclinación hacia un exotismo en las referencias formales abordadas en los talleres escolares y se sostiene con firmeza que: «Una tendencia hacia un arte que no se puede clasificar de moderno porque tiene sus raíces en las épocas primitivas, no puede ser considerada sino como efímera porque es una manifestación aislada». Esta es una crítica directa y contundente. Para los arquitectos, la distorsión es evidente: «No es hacer arte nuevo —arte autóctono— el hacer arte antiguo». Por ello, concluyen que el arte industrial —y en particular su enseñanza— no puede estar supeditado a un capricho personal o una moda pasajera. «Debe reflejar, al igual que el arte en general, nuestro contexto social y nuestro estilo de vida» (Facultad de Arquitectura, 1917:127).

En una columna titulada «La enseñanza práctica de la historia de la arquitectura», redactada por Román Berro, se reflexiona sobre emblemáticas figuras del siglo XIX y su impacto en la praxis. Aunque los nombres de Viollet–Le–Duc y Ruskin son familiares, no está completamente claro si se entiende a profundidad el debate que sostienen sobre la restauración. Sin embargo, se citan las palabras de Viollet–Le–Duc en el prefacio del Diccionario de la Arquitectura Francesa, en las que señala:

Al estudiar la arquitectura de la Edad Media, al tratar de difundir este estudio, debemos decir que nuestro fin no es hacer retrogradar los artistas, ni proveer los elementos de un arte olvidado para volverlos a tomar tal cual eran y aplicarlos sin razón a los edificios del siglo XIX. (Viollet–Le–Duc en Berro, 1917:87)

La idea de emplear el hierro de la misma manera que los góticos utilizaron la piedra es un sendero hacia una decidida modernidad. Sin embargo, para comprender qué manifestación formal deben adoptar los materiales contemporáneos es crucial una reflexión histórica. Esta posee un valor intrínseco, especialmente en relación con la conceptualización y realización de proyectos arquitectónicos. Es con este propósito que la educación debe orientarse.

En 1918, durante una conferencia inaugural para estudiantes, el maestro Carré destaca la dualidad de las expectativas de los jóvenes. Buscan, por un lado, conocimientos científicos para abordar desafíos prácticos y, por el otro, formación artística y técnica que enriquezca sus creaciones. Carré, siendo un referente en la transmisión de las Bellas Artes francesas en nuestra región, ofrece una reflexión aguda sobre las limitaciones de las herramientas de representación tradicionales, como plantas, secciones y alzados. En su contexto, sus palabras son precursoras de una innovación en la práctica arquitectónica: «No se pueden ver cuatro fachadas al mismo tiempo, como tampoco se puede mirar detrás de las paredes. Se aprecia el valor de una planta por su aspecto y nada más» (Carré, 1918:18–20).

A pesar de esto, el influjo beauxartiano perdura durante un período considerable, e incluso se intensifica en ciertos aspectos.[4] Y, si bien el Plan de Estudios de 1952 abandona estas pautas en su discurso argumentativo, organizativamente asienta la figura del taller vertical, la cual perdura hasta nuestros días.

La corporación profesional

La revista, en su inicio, aborda inmediatamente la esencia del papel del arquitecto en la sociedad (Sociedad de Arquitectos del Uruguay, 1914:1–2). Se ve al arquitecto no como un mero técnico ni como un creador puramente inspirado por el arte. Aunque se reconoce su vena artística, su labor también está respaldada por un «profundo conocimiento técnico» y un «completo dominio de las formas constructivas». Finalmente, la publicación concluye que, para comprender verdaderamente la arquitectura, uno debe ser arquitecto, estableciendo una claridad entre quién tiene la capacidad técnica para intervenir en este campo y quién no.

Dado que este reconocimiento profesional es una novedad en la sociedad uruguaya, la SAU toma como misión esencial informar al público sobre el verdadero valor y naturaleza de la profesión (Berro, 1914:49-50). Se nota que, a diferencia de otras profesiones, la sociedad tiene una comprensión limitada o errónea sobre el rol del arquitecto. Era imperativo cambiar esta percepción.

Reivindicar la profesión no solo significa educar al público, sino también reformar el marco legal. Hay un llamado a restringir a idóneos o constructores en la ejecución de obras. Con la presencia de profesionales formados, esta responsabilidad debe recaer únicamente en arquitectos cualificados, eliminando la posibilidad de que constructores firmen planos o sean avalados en oficinas municipales. Sin embargo, esta transformación será un proceso prolongado.

Por otra parte, se hace énfasis en que los ingenieros, a pesar de su relación cercana con los arquitectos y tras la fundación de la Facultad de Arquitectura en 1915, deben mantenerse al margen de la esfera arquitectónica. Se les considera más orientados a cálculos y menos capacitados en aspectos estéticos o en la adecuada organización de programas arquitectónicos. Aunque, con el tiempo, esta distinción entre ambas profesiones se vuelve más difusa.

Un logro destacado de la SAU es promover los Congresos Panamericanos de Arquitectos (Figura 2), impulsados por el compromiso que Montevideo sostiene durante décadas. Existe una firme creencia en la magnitud de esta iniciativa, que se percibe casi como un deber histórico.

Los Congresos de Arquitectos serán quizá la causa inmediata, el propulsor necesario para dar forma plástica a ese sentimiento que palpita en la vida del hemisferio, pugnando por encarnar en la Arquitectura los dos grandes ideales del mundo de Colón: el panamericanismo (...) y la democracia. (Sociedad de Arquitectos del Uruguay, 1916c:168)

Es curiosa la reivindicación de José Enrique Rodó en algunos de estos congresos, dado que la defensa de nuestro ensayista se posiciona hacia lo latinoamericano como continuador de, justamente, la cultura grecolatina, contra el pragmatismo anglosajón. De todos modos, en tiempos de acumulación de fuerzas, estos detalles discursivos quedan a un lado.

Sesión preparatoria del primer Congreso Panamericano de Arquitectos
Figura 2
Sesión preparatoria del primer Congreso Panamericano de Arquitectos
Fuente: Sociedad de Arquitectos del Uruguay, 1930:128–129.

En el número 73, Horacio Terra Arocena insiste sobre la falta de eficacia para nuestras ciudades que significa la labor malograda de la arquitectura por personas no formadas a tales fines:

Un plano mal hecho ¡cuántas veces es responsable de una tuberculosis! Véanse fríamente las estadísticas levantadas en muchos países europeos. Las casas cuyas piezas no entra el sol, son aliadas inseparables de la enfermedad; uno y muchos casos se repiten en la misma pieza. (Sociedad de Arquitectos del Uruguay, 1923:273)

Según Terra Arocena, un agravante en un país como Uruguay, que aún se presenta vasto y lleno de espacios abiertos, son las normativas que permiten la construcción de edificaciones lúgubres, desprovistas de luz y ventilación. Se argumenta que no puede ser posible que los denominados «fabricantes de planos» dicten la construcción de edificios oscuros y claustrofóbicos, en especial en un contexto donde «no existe una reglamentación de patios». En efecto, la arquitectura centrada en patios interiores iluminados a través de claraboyas comienza su declive, aproximadamente cinco años antes de la implementación de nuevas normativas de higiene. Un cambio aparentemente menor como este transforma las construcciones introvertidas de Montevideo en diseños más abiertos al exterior. Sin embargo, dada la gran cantidad de edificaciones ya construidas, estas aún marcan el paisaje urbano de la ciudad. No es sino hasta la década de 1980 que se revalorizará esta arquitectura, y evidencia de ello es el enfoque retrospectivo que la revista Arquitectura adopta en los años 80 y 90.[5]

Con respecto a la percepción del rol del arquitecto en la sociedad, hacia 1930, Alfredo Ramón Campos, con un tono evidente de exasperación, señala:

No tenían estos problemas los antiguos ni aún los arquitectos del siglo pasado, quienes no conocían todavía las cuestiones complejas de la Economía Política, la lucha entre el capital y el trabajo, ni las dificultades que presenta el estudio y la construcción de las viviendas obreras y de las viviendas de costo reducido. (Campos, 1930:75)

En este nuevo tiempo, los desafíos que surgen para los técnicos no solo ponen a prueba su capacidad técnica, sino también su habilidad política. En el número 179, de 1933, el Arq. Morales de los Ríos hace alusión a la Unión Soviética. A pesar de ser un régimen que pretende abolir muchas estructuras tradicionales, no puede superar la imperante necesidad de la técnica. De hecho, según el autor, esta se vuelve aún más esencial y lleva al régimen a crear una única clase privilegiada: «la aristocracia técnica».

Mientras tanto, los editoriales de la época continúan su batalla, durante años, contra la permisividad hacia los denominados «idóneos». Además, critican con firmeza a los especuladores y expresan su lamento por las consecuencias que esta situación acarrea para la ciudad y sus habitantes. En particular, el editorial del número 180 envía una carta al intendente donde subraya la preocupante realidad de que «de 4335 permisos expedidos, solo 510 corresponden a trabajos expedidos por arquitectos».

Esta situación se agrava con una ordenanza que establece condiciones especiales para tramitar permisos de viviendas económicas cuyo valor no supere una cifra teórica de dos mil pesos. Esta contienda no solo tiene una dimensión gremial, sino que también refleja una profunda modernidad.

La pujanza moderna, un concepto elusivo, pero inexorable

Según el profesor Carré, aquellos años son un momento transicional. Anclados en la tradición que nos sostiene, se necesita descubrir una «individualidad propia». Se trata de una encrucijada: un camino trazado por la historia, firme y constante; y otro, lleno de desafíos, que, tras «infinidad de sinuosidades», se abre hacia un horizonte sin fin. Carré, nuestra principal influencia docente, expresa:

Vemos revelada la arquitectura de transición en estas dos tendencias: la antigua y la moderna. La antigua que no puede servirnos completamente porque ya no corresponde a nuestra vida actual, y la moderna insuficiente para llenar las aspiraciones nacientes y todavía indefinidas de la época en la cual vivimos. (Carré, 1917:78)

Por ello, la misión de esa generación es conciliar los ideales artísticos con las innovadoras técnicas constructivas, prestando especial atención a la industria moderna y sus revolucionarios materiales.

Bajo el manto de la SAU, surge una cierta crítica hacia las instituciones reguladoras de la capital. Esta resistencia puede verse como un reflejo del deseo de un orden moderno (Sociedad de Arquitectos del Uruguay, 1917:109–110). El foco de la disputa es la Comisión de Estética del Municipio, cuya función es estampar su aprobación, pero sin adherirse a un patrón estético claro. Esto evidencia una tensión entre la libertad creativa y la necesidad de estándares estilísticos y proyectuales.

En el número 23 de la revista, el profesor Bauzá (1917:131) ofrece una meditación, casi ética, sobre los «Materiales de construcción» y su relación con la arquitectura. Sostiene que quien entiende cómo los diferentes materiales influencian las formas y conoce a fondo los que utilizará en una construcción específica, si posee sensibilidad artística al cumplir con los requerimientos del proyecto, conseguirá plasmar una «verdadera arquitectura». Bauzá enfatiza la autenticidad: la arquitectura debe ser honesta, un reflejo de los principios de Ruskin, trabajando con los materiales de manera genuina.

Es importante resaltar, aunque pueda parecer reiterativo, cómo contemporáneos de la época perciben a Carré como un puente hacia la transformación. Elzeario Boix, en particular, comenta sobre la lenta evolución de un progreso arraigado en el clasicismo:

[En] el profesor Mr. Carré (…) a modo de contrapeso a sus entusiasmos en pro de un arte más moderno, y más en consonancia con los nuevos materiales de nuestra época, actúan los principios de la enseñanza clásica, de un clasicismo bien entendido, recibido, a manera de herencia que nos transmite de los ilustres profesores de L'Ecole des Beaux–Arts. (1920:31).

El sistema de Bellas Artes que Carré adopta de Pascal será ideal, dentro del contexto de la tradición neoclásica organizativa durandiana, para facilitar una transición hacia nuevas formas. El maestro francés representa una puerta hacia tendencias innovadoras, según lo expresado por Boix. Esta discusión sobre las tendencias es constantemente destacada en la publicación oficial de la SAU.

En un artículo reseñado de la ampliamente leída revista Arquitectura de Madrid, el arquitecto Leopoldo Torres Balbás (1921:65–67) nos remite a una constante polaridad en el debate conceptual de la arquitectura. ¿Debería la estructura, en su forma arquitectónica, limitarse únicamente a su lógica inherente? ¿O deberíamos, en cambio, permitir una «mayor amplitud y elasticidad» en su expresión?[6]

Al cuestionar la racionalidad gótica (Gilman, 1921:81–85), y en particular la predominancia del programa neogótico del siglo XIX, se evocan las palabras de Guadet, prestigioso profesor de la École des Beaux–Arts de París. Argumenta que la supuesta racionalidad única del gótico, en realidad, no lo es tanto. Citando el ejemplo del gótico italiano, que se basa en barras y tirantes, critica el uso del arbotante y el botarel francés por considerarlos menos eficientes económicamente e «inciertos en sus efectos». Cabe destacar que tales reflexiones surgen tras observar estructuras antiguas parcialmente destruidas por la Primera Guerra Mundial. Durante sus procesos de restauración, se reanuda el debate sobre sus características estructurales y estereométricas.

En 1924, el arquitecto Leonidas Chiappara publica el artículo «Orientación de la Arquitectura Moderna». En él, manifiesta su inquietud acerca de los fundamentos de la ciudad del futuro y anhela una que conjugue belleza e higiene con un diseño científico y que defina la identidad de su época. Sin embargo, Chiappara nota un ligero estancamiento en la arquitectura con respecto a la sensibilidad artística, mientras que también observa avances en la higiene habitacional. Este fenómeno se sustenta, de forma innata y cultural, en un «nuevo concepto de la vida» adoptado por las sociedades contemporáneas. Con perspicacia, Chiappara declara:

Las familias, organizadas antaño sobre inconmovibles bases legales y afectivas, han pasado a ser hoy instituciones poco estables, que marchan tal vez hacía más lógicas conquistas –como la igualitaria de los derechos del hombre y la mujer– pero propensas, por ahora, a desmoronarse al primer contraste sentimental o económico. (1924:145)

En 1925, Alejandro Christophersen (1925:195–205) expresa que la sociedad está bajo el «predominio de la cantidad numérica», donde las cifras dictan las leyes y las multitudes ejercen su dominio sobre el talento y la excelencia. Según Christophersen, este fenómeno representa un cambio axiológico, una «nivelación aplanadora que caracteriza la brusca transición social». Esta metamorfosis tiene el objetivo de romper con las tradiciones y el pasado. Aunque entonces predominan las interrogantes sobre el futuro, es evidente que el cambio es definitivo.

Mauricio Cravotto, uno de los principales defensores de la corriente internacional y quien queda en la sombra tras la Exposición Internacional de París en 1925, es fundamental en este contexto. Lo que décadas más tarde se identificará como art decó, tiene en el artículo de Cravotto, publicado en el número 97, de 1925, un hito o punto de referencia, especialmente para los textos sobre historia de la arquitectura en Uruguay que se editan años después (Arana et al., 1999). Existen numerosas incógnitas, pero una certidumbre de cambio inmutable se impone. Cravotto señala sobre la Exposición de Artes Decorativas e Industriales Modernas de París: «una simplificación de formas a base de geometría, tal vez exagerada, pero sin revelar exotismos. Todos resuelven el problema arquitectónico o decorativo de un modo semejante; se nota un cierto universalismo en los principios básicos» (1925:273).

Simplificación de formas y una geometrización que puede considerarse hiperbólica caracterizan, entre otras cosas, al «universalismo» moderno. Hoy en día, todos reconocemos que esta manifestación particular de la modernidad, posteriormente llamada art decó, enfrentó críticas severas debido a su inclinación ornamental. Sin embargo, es innegable que su repertorio fue incorporado en los ejercicios de taller de la época, como se evidencia en la Figura 3.

Ejercicio estudiantil de C. Gómez Gavazzo al influjo del art decó
Figura 3
Ejercicio estudiantil de C. Gómez Gavazzo al influjo del art decó
Fuente: Gómez Gavazzo (1928:140)

Las palabras de Cravotto sugieren una mudanza, una manifestación apta para guiar los cambios emergentes en las nuevas experiencias artísticas y sociales. Como era de esperarse, esta perspectiva no es compartida por todos sus colegas nacionales. En este contexto, la columna titulada «La pseudo arquitectura moderna», de Carlos Surraco, refleja claramente un punto de vista discrepante.

Con la complicación fastidiosa de planitos, redientes y canaletas que si fueron motivos frescos para dos o tres temas ligeros no constituyen de ninguna manera tesis consistente. La construcción, siempre la construcción, ¡es lo que se descuida!

Esa arquitectura llamada Poliédrica por los literatos críticos improvisados de la exposición, no aporta más que el descrédito y fuerza la incomprensión de las gentes hacia la verdadera esencia de los temas nuevos. (1927:100)

Es interesante señalar que, casi en paralelo a sus críticas, el propio Surraco está construyendo su obra para la Casa Barth, que también es publicada en la revista (Figura 4). Este edificio comercial, ubicado en la calle 25 de mayo de Ciudad Vieja, parece haber sido diseñado con esos mismos «fastidiosos planitos» que Surraco critica. Sin embargo, es justo reconocer que, comparado con algunos de los pabellones más icónicos del París de 1925, este edificio se distingue por su relativa sobriedad. Es que, precisamente, en estos momentos de cambio en lo formal, estilístico y compositivo, es difícil poner las cosas en blanco sobre negro. En el fragor de la batalla, las cosas no son tan claras, los discursos de cómo debe ser la arquitectura conllevan un desfase con la práctica y la materialización de obras. En todo caso, parece claro que estamos en años de cambio y transformación.

Casa Barth del Arq. Surraco en 25 de mayo 737, Montevideo. Construida entre 1925 y 1927.
Figura 4.
Casa Barth del Arq. Surraco en 25 de mayo 737, Montevideo. Construida entre 1925 y 1927.
Fuente: Sociedad de Arquitectos del Uruguay (1928:61–63).

Casas baratas, higiene y normativa

En 1916, Leopoldo Agorio publica una reflexión sobre la habitación obrera en Buenos Aires, haciendo énfasis en una iniciativa privada realizada a través de asociaciones mutualistas denominada «El Hogar Obrero» (Agorio, 1916:168–171). Durante esos años, desde la emergente corporación arquitectónica–profesional, hay una fuerte oposición a los conventillos, considerados elementos antiprofilácticos en las ciudades. Eugenio Baroffio expresa con contundencia en una columna titulada «Las casas populares»:

Nuestro país y principalmente Montevideo, siente desde hace años la necesidad de las casas populares, como único medio de hacer desaparecer los conventillos que constituyen el tipo de casa más propio para contribuir eficazmente a la degeneración física y moral de las clases trabajadoras más humildes. (1919:9)

Esta problemática es abordada desde la perspectiva de la sustitución: es evidente la necesidad de transformar un modo de vida y adaptarlo a políticas urbanas que prevén una adecuada distribución de las actividades en Montevideo. Esta transición demanda una intervención más activa del Estado y, por ende, la instauración de nueva legislación.

En ese mismo contexto, durante ese año, se destaca la urgencia de promover la construcción en Uruguay (Sociedad de Arquitectos del Uruguay, 1919:84). Se discute la relevancia de una nueva ley que exima de «derechos de Aduana para los materiales de construcción e impuestos municipales para los edificios». En particular, se subraya la importancia de priorizar las viviendas destinadas al alquiler, viéndolas como una solución viable para el acceso a un hogar digno para los trabajadores.

En la revista también se aborda de manera tímida el tema de la vivienda rural económica (Figura 5), un asunto que gradualmente gana relevancia tanto para los arquitectos como para los profesionales de la planificación urbana. En 1926, en el número 108 (249–254), dirigido por Horacio Terra Arocena, se presentan los resultados del Concurso de Vivienda Rural Económica.

El jurado, al otorgar el primer premio, enfatiza la solución «presentada con el lema Canastillo», ya que considerara que abordaba adecuadamente las cuestiones de economía, higiene y estética del problema, además de tomar en cuenta las costumbres de la población rural. Esta propuesta busca introducir en el ámbito rural una perspectiva moderna, aunque su diseño, con un tono pintoresco, evoca una visión idílica del campo.

Proyecto de Muñoz del Campo para el Concurso de Vivienda Rural Económica
Figura 5
Proyecto de Muñoz del Campo para el Concurso de Vivienda Rural Económica
Fuente: Sociedad de Arquitectos del Uruguay (1926a:252).

Pronto, la SAU establece la Oficina Técnica de Casas Baratas, orientada principalmente a fines urbanos, pero con la intención de alcanzar a un segmento de la población que usualmente no solicita servicios profesionales de arquitectura. En el número 111, bajo la dirección editorial de Carlos Leopoldo Agorio, se destaca que muchos propietarios humildes, por un malentendido, prescinden del arquitecto al pensar que su ayuda es superflua y costosa. Esta idea les hace perder las garantías que ofrece la supervisión técnica a quienes la utilizan (1929:30).

Poco después, una de las pioneras en arquitectura, Gyptis Maisonave, articula una perspectiva clara sobre la vivienda obrera y señala: «Poblaciones heterogéneas, de múltiple idiosincrasia, viven en hacinamiento y peligrosa promiscuidad, en desastrosas pocilgas, antros de suciedad que propician a todo mal haciendo olvidar la vida sana a pleno aire, tan necesario al cuerpo y al espíritu» (1935:12).

Gráfico del artículo «Las luces en muros divisorios no siempre constituyen servidumbre».
Figura 6
Gráfico del artículo «Las luces en muros divisorios no siempre constituyen servidumbre».
Fuente: Sociedad de Arquitectos del Uruguay (1937:21).

Existe una creencia firme en el impacto directo del diseño y construcción sobre el comportamiento social. La demanda de los arquitectos por actualizar las regulaciones crece constantemente. Esta insistencia es en parte lo que lleva a la promulgación de la Ordenanza de Higiene de la Habitación de 1928, así como otras leyes y ordenanzas posteriores. La representación visual de estas regulaciones se vuelve cada vez más esencial (Figura 6). No obstante, es paradójico que las Ordenanzas de 1947 no modifiquen significativamente el sistema de estándares higiénicos establecido dos décadas antes.

Cabe aclarar que, a pesar del enfoque discursivo, estamos ante un período introductorio de las políticas públicas sobre vivienda a nivel nacional. Aunque en 1934 la nueva Constitución reconoce el derecho al «alojamiento higiénico» y en 1937 se funda el Instituto Nacional de Vivienda Económicas (INVE), no es sino hasta la década de 1960 que instituciones como la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE) asumen un rol mucho más decidido.

La discusión por el urbanismo y la búsqueda de referentes para nuestro medio

En un temprano artículo de 1916, publicado en el número 12 de la revista Arquitectura bajo la presidencia gremial de Baroffio y la dirección de Berro, titulado «La estética urbana», se afirma:

Sin abrigar la pretensión de igualar las condiciones de nuestra capital con las de las ciudades francesas para las cuales ha sido dictada la reglamentación que acabamos de mencionar, no puede sin embargo negarse que el principio que ha inspirado esa ley pueda servir de norma para que también nos preocupemos en forma eficaz de la estética de Montevideo, protegiendo sus bellezas naturales, tantas veces oscurecidas o aniquiladas por el descuido o la ignorancia. (Baroffio, 1916:143)

Por un lado, el referente es el París del barón Haussmann, donde se percibe una crisis debido a la expansión descontrolada del entorno urbano. Sin embargo, el modelo a seguir no es del todo evidente. En páginas subsecuentes, parece defenderse el modelo de cottage inglés del suburbio jardín, que dista del modelo francés de la segunda mitad del siglo XIX. De un artículo titulado «La casa de familia», del arquitecto suizo Henry Baudin, proveniente del libro Villes et maisons de campagne en suisse, se extraen estas palabras:

Las exigencias de la vida moderna han determinado un verdadero congestionamiento de habitantes en las ciudades con evidente perjuicio de la salud física y moral (...).

Resulta de esta reacción un relativo abandono de la anónima y vulgar casa de alquiler y un notable renacimiento de la casa de familia. (Sociedad de Arquitectos del Uruguay, 1916b:147)

A pesar de todo, el principal interés radica en el embellecimiento y expansión urbanos. Siguiendo a Gorelik (1999), el parque y la diagonal son los instrumentos principales en la región. Cabe mencionar que, en 1911, se promulga la creación de la Sección Embellecimiento de Pueblos y Ciudades (Carmona, 2002). Con el tiempo, esta perspectiva se va tornando más compleja. Baroffio, en el número 24, de 1918 (1–2), señala que, debido al fenómeno social de la vida moderna, que impulsa el rápido crecimiento de las ciudades y que se conoce como urbanismo, emerge la necesidad de planificar y guiar la expansión de las poblaciones existentes y la fundación de otras. También reconoce que, aunque el urbanismo derivase de la arquitectura, debe enriquecerse con principios de economía, industria y ciencia, que se originan de la «ley del progreso» y de emergentes necesidades, marcando así un «nuevo rumbo» para la «vida humana».

Primer premio en el Concurso internacional de proyectos para el trazado general de avenidas y ubicación de edificios públicos en Montevideo. Autor: Augusto Guidini (izquierda). Tercer premio: Eugenio Baroffio (derecha).
Figura 7
Primer premio en el Concurso internacional de proyectos para el trazado general de avenidas y ubicación de edificios públicos en Montevideo. Autor: Augusto Guidini (izquierda). Tercer premio: Eugenio Baroffio (derecha).
Fuente: Acosta et al. (1920:7–10).[7]

Hacia 1925, la percepción general sobre la gestión urbana es de abrumadora frustración. Aunque en el editorial del número 86 se reconoce el esfuerzo de 1911 relacionado con el Plano Regulador, se afirma tajantemente que no hay avances significativos tras su presentación.

Después del gran esfuerzo realizado en 1911 [Figura 7] con el Concurso Internacional del Plano Regulador de Montevideo poco o nada se ha hecho en materia de urbanismo, habiéndose aceptado como cosa resuelta la definitiva liquidación de aquel concurso, ya que, prácticamente, nunca se pensó en realizar ninguna de las soluciones destacadas por el jurado. Muchos factores se opusieron a ello y entre otros, el económico, contribuyó más que ningún otro a descartar las soluciones propuestas. (1925:3)

En su búsqueda por referentes actuales, Baroffio, quien para entonces es el jefe técnico de Parques y Jardines del Municipio tras suceder al francés D. C. Racine, ofrece, en 1926, una efusiva bienvenida al urbanista francés Léon Jaussely. Este acontecimiento queda registrado en la revista Arquitectura (1926b:220–221). Jaussely no es un profesional común; en 1903 gana el Premio de Roma, es catedrático en la Sorbonne, funda la «Sociedad francesa de urbanistas», y es conocido por su plan de Barcelona de 1903 —influenciado por Stübben— y el de París en 1920, entre otros (Fernández Águeda, 2014). Pero, ¿qué destaca Jaussely en su ponencia? Considera el urbanismo no solo como «ciencia de la construcción de ciudades [y] arte de edificar aglomeraciones», sino que también incorpora y adapta principios de las ciencias económicas, físicas, históricas y geográficas.

Tres años más tarde, el número 142 (169) de Arquitectura documenta la llegada de Eugen Steinhof a Montevideo. Se trata de un experto con una robusta formación técnica obtenida en la Universidad Tecnológica de Viena, además de estudios artísticos en la Academia de Bellas Artes de dicha ciudad. Por si fuera poco, también posee estudios en filosofía y ciencias naturales.[8] Será en la mitad de 1929 cuando finalmente se concrete la llegada de Steinhof, dividiendo sus charlas en dos secciones. Por un lado, se centra en la enseñanza de los conceptos de espacio y forma en las artes decorativas y, por otro, aborda el tema de la vivienda obrera en la Viena socialista bajo el mando de Jakob Reumann, una fortaleza en un contexto donde Austria es dominada por los conservadores. Específicamente, en la conferencia titulada «La arquitectura moderna en Viena y sus aspectos sociales y estéticos», Steinhof muestra una afinidad intelectual hacia la intuición —posiblemente inspirada en Henri Bergson— y se distancia de la rigidez teórica del positivismo. Por lo tanto, en él vemos una manifestación de la modernidad que es menos «lineal» o «progresista» (Alemán, 2015) de lo que se podría suponer inicialmente. Es importante mencionar que, en su primera charla sobre «La personalidad del alumno», resalta al arte como una disciplina que trasciende la ciencia y la razón, y esta perspectiva también se reflejará en su visión sobre lo urbano.

En ese mismo año, lo que destaca es la brevedad con la que se reporta la visita de Le Corbusier. En el número 144 de 1929, ubicado discretamente en la esquina inferior derecha de la página 230, un estudiante, identificado por las iniciales RBC, dedica solamente dos párrafos para anunciar su llegada a Montevideo. En esas escasas líneas, las palabras se emplean con intensidad y decisión: «alentamos la esperanza de poder oír su verbo demoledor, que no sabe de claroscuros». No obstante, la revista que registre de manera destacada la visita del suizo–francés a nuestra región sería La Cruz del Sur (Guillot Muñoz, 1930).

Durante los días 7 y 8 de noviembre de 1929, tras su programada visita a Buenos Aires, Le Corbusier imparte dos conferencias: una centrada en arquitectura y la otra en urbanismo. Es más, el ciclo de conferencias en Buenos Aires tiene tal impacto que le propicia la publicación de esas exposiciones en el renombrado libro Précisions sur un état présent de l'architecture et de l’urbanisme, en 1930, una vez que retorna a París. Este trabajo deja patente su ferviente defensa de un urbanismo tridimensional, en contraposición al enfoque planificado que predomina en la composición de las ciudades a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Posteriormente, sus propuestas se verán reflejadas en la Carta de Atenas del IV CIAM, y, naturalmente, en proyectos emblemáticos como el Plan Voisin y la Ville Radieuse, entre otros.[9]

Aunque el maestro ofrece elogios al decano Agorio y su equipo docente, así como al proyecto de Parques Escolares de Vaz Ferreira, su visita no alcanza estatus mítico sino hasta algunas décadas más tarde (Nudelman, 2015). Esto consagra su evocativa propuesta de rascamares para la bahía de Montevideo como un protoproyecto que probablemente haya sido citado en innumerables artículos y publicaciones relacionadas con su travesía por América Latina.

En 1931, la revista Arquitectura, en su número doble 168–169 (264–266), relata la visita de Werner Hegemann a Montevideo. Ya durante el viaje del Gran Premio en 1925, Rodolfo Amargós escribía desde Viena al entonces decano, Jacobo Vázquez Varela, sobre lo pertinente de suscribirse a la revista del Anuario de Arquitectura y Urbanismo, que previamente dirigiera Camilo Sitte y que en ese momento está bajo la dirección de Hegemann. Según se registra en la primera revista CEDA, en 1932, Hegemann observa que «[en] Montevideo, como en Buenos Aires y Rosario, solamente la gente más pobre está apretada en los llamados conventillos. En lo demás, la clase rica y media, habitan en su mayoría, barrios de casas pequeñas» (13). De esta manera, desde su perspectiva, el reto urbanístico de una ciudad consiste en garantizar la disponibilidad de terrenos urbanos asequibles para la construcción de viviendas dignas.

En este clima fermental surgirán figuras locales destacadas que tendrán un impacto significativo en la década de 1950. En la edición 184, de 1935, Gómez Gavazzo —quien ya ha retornado tras trabajar en el atelier de Le Corbusier— escribe un artículo trascendental anunciando la fundación del Instituto de Urbanismo de la Facultad en 1936. El artículo lleva por título «Qué es el urbanismo, y móviles de su ejecución imperiosa». En él, Gómez Gavazzo critica con fuerza a los especuladores y las repercusiones urbanas de sus acciones: «[ellos] iniciaron una política de tierras que aún hoy se continua en beneficio exclusivo, trazando amanzanamientos y parcelamientos, adecuados a sus intereses particulares» (44). Observando sus propuestas para la Avenida Agraciada (Figura 8), se puede percibir el carácter innovador de sus enfoques urbanísticos, que sin duda marcan una diferencia con las tendencias de décadas pasadas.

Se abre paso una concepción del urbanismo que intentará llevar el cauce de esta disciplina hacia el ámbito de la planificación, y con ella, la formación de una burocracia especializada. Gómez Gavazzo será un abanderado de esta postura, y una década después la Facultad ya no guarda lugar para docentes de la impronta de Cravotto.

Perspectiva del proyecto de Gómez Gavazzo para Av. Agraciada. Foto de tapa de la revista Arquitectura número 188.
Figura 8
Perspectiva del proyecto de Gómez Gavazzo para Av. Agraciada. Foto de tapa de la revista Arquitectura número 188.
Fuente: Sociedad de Arquitectos del Uruguay (1937).

Conclusiones provisorias

La revista Arquitectura nos ofrece —luego del paso por estas cinco ventanas conceptuales— una gran oportunidad para observar en retrospectiva un conjunto de cambios significativos. En primer lugar, se avizora un movimiento en la enseñanza, alejándose progresivamente del academicismo tradicional. Este cambio culmina en el Plan de Estudios de 1952, que refleja una fuerte orientación ideológica hacia el compromiso social, inspirándose en figuras como Gropius y su visión del profesional como un organizador sintético. Se evidencia un incremento constante en el número de profesionales, y la ética profesional se iría ajustando hasta consolidarse en una comisión específica.

Paralelamente, el discurso moderno se consolidará, formando una unión inseparable con la noción de progreso en décadas posteriores. La cuestión de la vivienda se convertirá en un tema de interés primordial, con arquitectos desempeñando roles clave en espacios institucionales específicos. Se vislumbra allí la construcción de una nueva arena de política pública. Por otro lado, el urbanismo se orientará hacia un enfoque más científico, dejando de lado las pretensiones estéticas. No obstante, el ideal de la ciudad moderna prevalecerá ideológicamente, siendo más una meta que un problema por resolver.

Resulta fascinante notar que muchas de las preocupaciones actuales ya están presentes en las primeras décadas del siglo pasado. Cuestiones como la formación técnica adecuada, o el debate sobre qué tipo de arquitectura es relevante para nuestro contexto, son recurrentes a lo largo del tiempo. Además, nuestra institución educativa hoy, con su diversidad de programas de grado y posgrado, refleja la tensión entre la tradición y la evolución en el ejercicio profesional de la arquitectura.

Sostenemos que, al examinar nuestra historia, construimos una mejor genealogía de nuestro presente. Esta revisión nos permite reconocer las tradiciones y corrientes de pensamiento que han dejado su impronta en nosotros, así como discernir cierto patrón de dependencia en nuestra organización gremial e institucional. Aunque puede que no hallemos respuestas concluyentes, este análisis nos prepara mejor para formular preguntas pertinentes sobre los desafíos actuales.

En el marco académico del siglo XXI, con múltiples y nuevas carreras, ¿cuál es el papel que debe desempeñar la formación del arquitecto en el contexto de otras especialidades del diseño?[10] Ante un escenario de creciente especialización y aumento en la matrícula universitaria, ¿cómo se posiciona el recién graduado? ¿Qué paradigmas están emergiendo en la práctica arquitectónica? En la educación profesional contemporánea, ¿qué importancia se da al desafío de la vivienda? ¿Ha llegado el momento de considerar una formación especializada para los urbanistas y planificadores?

La historia enseña que las discusiones no son estrictamente inéditas, aunque siempre se renuevan.

Referencias bibliográficas

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Notas

[1] Baldomir fue el 27° presidente de la República Oriental del Uruguay entre 1938 y 1943, único arquitecto presidente de nuestra historia. Tuvo previamente participación en la SAU. La revista Arquitectura número 218, de 1948, le dedica un laudatorio obituario. En la misma página (4), la SAU se despide con elogios del también fallecido Julio Vilamajó.
[2] Desde el número 136, de 1929, la revista Arquitectura concede un espacio a los estudiantes para publicar sus inquietudes, hasta que estos fundaron su propia revista.
[3] Cabe resaltar que, durante cerca de dos décadas, Arquitectura es el medio principal de divulgación en el ámbito arquitectónico, salvo algunas excepciones, como La Cruz del Sur.
[4] Por ejemplo, el Gran Premio abarca un espacio temporal de más de tres décadas, con inicio en 1918 y final en 1951.
[5] A tales fines pueden revisarse los números de la revista Arquitectura entre el 248 y 260, aproximadamente, espacio que queda fuera del arco de trabajo de este artículo.
[6] Este debate típico del siglo XIX, que tuvo también su correlato anterior en el contrapunto entre rigoristas y antirigoristas, es un tópico clave para el desarrollo de la arquitectura moderna, polaridad que retomarán Hitchcock y Johnson en el catálogo del International Style.
[7] En 1912 Baroffio, junto a Gianelli y Guidini, realizan el Plano Regulador de Montevideo a pedido del Poder Ejecutivo
[8] El interés en su visita provenía del año 1927, bajo las misivas del Ministerio de Instrucción Pública, para compartir en nuestro medio sus lecciones sobre enseñanza de artes aplicadas. El decano Agorio rápidamente tomaría a buenas convidarlo a nuestra casa de estudios.
[9] En cartas a su madre, Le Corbusier deja claro que el panorama intelectual en Uruguay está dominado por los germanos
[10] Hoy la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Udelar —antes Facultad de Arquitectura — cuenta con cinco carreras: Arquitectura; Licenciatura en Diseño de Comunicación Visual; Licenciatura en Diseño de Paisaje; Diseño Industrial, Perfil producto / Perfil textil y moda; Licenciatura en Diseño Integrado.
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