Editorial

Recepción: 10 Noviembre 2025
Aprobación: 04 Diciembre 2025
Este año 2025, hubo elecciones legislativas en nuestro país, son las llamadas de medio término, que llevaron nuevos integrantes al Congreso provincial y al nacional. En la provincia de Buenos Aires, se dieron en primer lugar elecciones para cargos en el poder legislativo provincial (septiembre) y en segundo lugar, para ocupar bancas en el congreso nacional (octubre). En las primeras se produjo un triunfo para las fuerzas políticas del campo nacional y popular y esto provocó una serie de comentarios injuriosos de personas cercanas a la fuerza política que hoy detenta el gobierno del país. Esos dichos son los que motivan este editorial porque, muchos de estos textos cargados de odio, realizados en un lenguaje grosero y plenamente discriminatorio, hicieron alusión directa al electorado de La Matanza, denigrándolo.
No repetiremos textualmente lo dicho porque no consideramos necesario amplificar expresiones que poco aportan al debate público y que, además, revelan un preocupante desconocimiento sobre nuestra comunidad. Solo queremos señalar que muchos de quienes opinaron desconocen la realidad del distrito de La Matanza y, en especial, el valioso patrimonio cultural que contiene.
En este marco, resulta pertinente señalar que Antigua Matanza, publicación del Instituto de Historia (ex Junta de Estudios Históricos de La Matanza) de la Universidad Nacional de La Matanza, nació con la intención de poner en circulación conocimiento histórico producido con rigor académico y con una especial atención al campo de la historia regional. Su labor se sostiene en criterios académicos rigurosos, sustentados en la evaluación por pares y en la apertura a diversas perspectivas teóricas y metodológicas que enriquecen el estudio del pasado. Desde esa tradición intelectual, la revista asume la responsabilidad de intervenir en los debates públicos cuando estos afectan los modos en que se interpreta, representa y valora la experiencia histórica de una comunidad. Por ello, este editorial se formula como respuesta a expresiones injuriantes dirigidas hacia La Matanza, pero también como ejercicio de compromiso académico y reafirma la importancia de comprender los procesos culturales desde una mirada sostenida en la investigación. Trataremos, entonces, de acercarnos a nuestro patrimonio, para colaborar a disipar ese desconocimiento.
Recordemos para iniciar este recorrido que, según el último Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas realizado en 2022, habitan en toda la provincia de Buenos Aires 17.569.053 personas, distribuidas de la siguiente manera: Gran Buenos Aires, 10.865.182 habitantes y en el resto de la provincia 6.703.871. Y que dentro del primer grupo el municipio más poblado es La Matanza, donde habitan 1.837.774 personas.
Por otra parte, deseamos destacar que para nosotros referirnos a la “cultura” nos remite a hablar de la dimensión espiritual del hombre. De ese hombre que como ser social se comunica con otros por medio de diversas manifestaciones tales como una obra de arte, ya sea esta una pintura o una escultura, o un escrito literario, una composición musical, la interpretación de una danza, una representación teatral, la concreción de una película, o de una obra arquitectónica, etc. Cada realización es una demostración cabal de la creatividad humana que se expresa y se dirige a los otros con quienes convive, pero que puede llegar a aquellos que no son sus coetáneos, porque muchas veces trasciende su época y perdura. Esta comunicación en acción es una manifestación netamente humana, que hace visible la espiritualidad que habita a cada ser.
Ya hace varios años que dejamos también aclarado que cuando utilizamos el término “matancero” este contiene la suficiente amplitud para designar a todos aquellos que habiendo nacido, vivido, formado o actuado en el partido de La Matanza, han dejado su impronta en el mundo real o simbólico del mismo, contribuyendo a aportar para la construcción identitaria de su sociedad (Agostino, 2012, p. 40).
Se hará entonces referencia a esa cultura que se ha generado y anida en este especial espacio geográfico, dando solo cuenta de parte de ella, y mostrando solamente algunas de sus manifestaciones y cultores, porque su variedad y alcance exceden sobradamente el espacio de este texto. Esperamos que esto motive el interés y la curiosidad de quienes deseen conocer realmente y disfrutar del legado nacional que La Matanza encierra.
Nos hemos abocado en particular a dos temas: el patrimonio histórico que se conserva y a algunas manifestaciones literarias y sus autores en la época fundacional del municipio.
Como historiadores nos sentimos impelidos a comenzar con los sitios declarados históricos que atesora el partido. Se cuenta con dos monumentos históricos nacionales. Uno es la Estancia “El Pino”, también conocida como “San Martín”, sita en la localidad de Virrey del Pino que perteneció a la Sociedad Rosas, Terrero y Cía., y que hoy es sede el Museo Histórico Municipal, y cuya antigüedad excede al de nuestra propia nación. Y el segundo es la “Chacra de Los Tapiales”, que se halla dentro del predio que ocupa el Mercado Central de Buenos Aires y que perteneciera a la familia Ramos Mejía. Ambas construcciones resguardan entre sus paredes importantes trozos de historia nacional y fueron habitadas por importantes protagonistas de esta.
Dentro de ese legado histórico debe citarse también la “Ciudad Evita”. Ciudad obrera[2] construida durante el primer peronismo y que quedó inconclusa debido al golpe militar autodenominado “Revolución Libertadora” en 1955. La localidad que, a partir de 1983, ha recobrado su nombre original supo llamarse por los procesos de desperonizacón vividos: Ciudad Gral. Belgrano en 1973 y Ciudad Gral. Martín Miguel de Güemes, en 1976. Fue declarada “Lugar histórico nacional” en 1997.
Debe destacarse que en La Matanza, en el año 2019, por medio de una investigación impulsada desde la universidad, se pudieron localizar doce espacios museográficos que situados en diferentes localidades preservan el legado histórico local (Artola, 2019, p. 24).
Como ya hemos afirmado, seleccionamos a la literatura, para efectuar el desarrollo que continúa. Cabe aclarar que nos hemos tomado la libertad de vincular a las creaciones que se citan con su aporte a la construcción de la identidad matancera. Desde allí resulta ineludible mencionar en primer término a Pedro B. Palacios, a quien sin embargo deben preceder algunos necesarios comentarios preliminares. Se honra hasta hoy, en su fecha de cumpleaños, el haber llegado al mundo en la localidad de San Justo, lo que denota que muy pocos han observado que no pudo nacer en un lugar que no existía.
El escritor conocido como “Almafuerte” nació el 13 de mayo de 1854, en “el antiguo partido de La Matanza” tal como reza su acta de bautismo conservada en el archivo de la Catedral Inmaculada Concepción del Buen Viaje de Morón. El pueblo de San Justo fue creado en la Navidad de 1856 o sea cuando Pedro B. Palacios ya contaba con dos años. Concluyendo, “matancero” sí, nativo de San Justo, no.
En cuanto a su vida cabe decir que a partir de los 16 años se dedicó a la enseñanza y como maestro recorrió localidades de la provincia de Buenos Aires (Mercedes, Chacabuco, Salto, Trenque Lauquen, etc.). Desde 1887, comenzó a ejercer el periodismo siendo redactor político del diario “Buenos Aires” y es entonces cuando comenzó a utilizar el seudónimo de ‘Almafuerte’. En 1896, fue prosecretario de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, donde se le otorgó más tarde una pensión vitalicia que le sirvió para aliviar su situación económica. El 28 de febrero de 1917 falleció en la ciudad de La Plata.
Su producción literaria fue copiosa. El primero de sus versos fue publicado cuando contaba con 19 años. Al cumplir cuarenta años, una de sus poesías, divulgada por el diario La Nación fue reproducida por El Globo de Madrid. Seguirían más tarde Olímpicas y cristianas y La sombra de la Patria. Escribió dos libros: Lamentaciones y Almafuerte y la guerra. Lo que resta de su producción se basó en escritos en verso y prosa, publicados en revistas y diarios, principalmente en El Pueblo de La Plata.
Su obra literaria, que cuenta con reconocimiento nacional, sin embargo, no constituye un aporte directo a la identidad matancera, aunque su figura ha trascendido el tiempo y ha estado presente en el discurso identitario por cerca de nueve décadas, e incluso numerosos espacios e instituciones del Partido fueron nombrados en su honor. Encuadramos esta situación en la misma lógica que impulsó a las dirigencias, en los momentos de construcción de la nacionalidad argentina, a elevar a distintos próceres a la categoría de héroes y a ensalzar sus virtudes.[3]
Como literatos vinculados a este partido, deben recordarse a Julio A. Costa, a Martiniano Leguizamón y a Gregorio de Laferrere.
El primer autor citado, Julio A. Costa fue gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1890 y 1893 y fue derrocado por una revolución radical en 1893. Luego de ser depuesto vivió en la Chacra de Los Tapiales. Allí escribió: Hojas de mi diario. Daguerrotipos.
Fue escritor e historiador y nos legó: El Presidente, Discursos parlamentarios, Rosas y Lavalle, Entre dos batallas y Roca y Tejedor, entre otras.
En párrafos del libro citado como escrito en “Los Tapiales” el autor hace referencia a haber colaborado con el intendente Crovara en proyectos que buscaban mejorar el partido, demostrando su interés y su conocimiento de la realidad de este territorio que habitaba, en condición de “emigrado” según se describe a sí mismo en el prólogo (Costa, 1929, p. 7).
Martiniano Leguizamón, como escritor fue autor teatral, poeta, historiador y novelista. Y su actividad lo llevó a ser parte de la Junta de Historia y Numismática Americana, de la Real Academia de la Historia de Madrid, del Instituto Geográfico e Histórico del Uruguay, de la Sociedad Chilena de Historia e Instituto Histórico de Lima. Vecino de La Matanza, falleció en González Catán el 26 de marzo de 1935. Fue un exponente del nacionalismo literario y se distinguió por la exaltación del regionalismo abundando en la descripción de la vida de campo. Impulsor del teatro argentino, entre su creación encontramos obras como Calandria, Recuerdos de la tierra (1896), Montaraz (1900), Alma Nativa (1906), De cepa criolla (1908) y Fiesta en la estancia (1917). Tampoco pueden olvidarse sus estudios históricos, pudiéndose citar: Urquiza, La casa del Acuerdo, La cinta colorada, La casa natal de San Martín, La Restauración del Himno Argentino, entre otros. Escribió además un libro de capital importancia como lo es Páginas argentinas. Crítica literaria e histórica, en la que aparecen reflejadas ambas vertientes del autor, la literaria y la histórica.
Fue un visitante asiduo del partido de La Matanza donde compró un solar en el que erigió una casa veraniega que bautizó en honor a su hija “La Morita”. Allí escribió hasta sus últimos días. Poco después de su muerte, el 26 de noviembre de 1939, se inauguró en el Club Social y Deportivo “González Catán”, la Biblioteca Popular “Martiniano Leguizamón”.
Su finca “La Morita” se convirtió en un referente a lo largo de los más de cien años de vida de González Catán y esto se materializó en la declaración de este lugar como sitio histórico por Ley n°12896 de la provincia de Buenos Aires.[4]
Por su parte, Gregorio de Laferrere[5] fue gran autor teatral, pero también una figura política que actuó en Morón, partido colindante con La Matanza donde fue concejal y presidente del Concejo Deliberante, nunca Intendente y menos en 1891, como suele afirmarse.[6] Muere a los 46 años, el 30 de noviembre de 1913. Compuso obras teatrales que se caracterizan por ser urbanas y satíricas y que reflejan la vida y las costumbres de Buenos Aires en esa época. Entre ellas se hallan títulos tales como ¡Jettatore! (1904), Locos de Verano (1905), Bajo la Garra (1906), y otras. A nuestro criterio, su obra consagratoria fue Las de Barranco (1908).
Sin embargo, su vinculación con La Matanza tiene que ver sobre todo con su actividad como empresario, ya que fue impulsor de la creación del pueblo que hoy lleva su nombre.[7]
En síntesis, los tres literatos son referentes de nuestra cultura matancera y su principal aporte a la identidad está dado por el vínculo con la tierra, que no se produce en el caso de “Almafuerte” que, si bien fue nativo de La Matanza, su presencia e influencia se evidencian más en la ciudad capital de la provincia de Buenos Aires. Todos interactuaron con la sociedad local en su edad adulta y es por esta razón que se los puede considerar fuertemente ligados a sitios históricos del municipio: La Chacra de Los Tapiales, La Morita y La Elvira, o aún más, al nacimiento de una localidad como es el caso de Gregorio de Laferrere.
Para completar este apartado destinado a la literatura debe mencionarse a Elías Cárpena (1897-1988) que es una de las voces que sirven de referencia ineludible para la poesía de La Matanza y de la provincia de Buenos Aires. En su obra aparecen viejos paisajes humanos del municipio, que el investigador y escritor supo conocer en detalle y convertir en literatura.
Su obra que fue muy extensa incluye Matinales (1922), Rumbo (1926), El romance de Federico y otros poemas de verso breve (1935), Romancero de don Pedro Echagüe (1936), El doradillo (1949), El cuatrero Montenegro (1955), Floridas márgenes (1960), Barrios vírgenes (1961), Las soledades de los poetas líricos (1953), Ese negro es un hombre (1967), La creación literaria, entre muchos otros.
En Romances del pago de La Matanza (1958) se observa que el autor fue un caminante curioso de los caminos y recovecos del partido. Recorrió desde la avenida Campana (Crovara) hacia ambos lados del camino de cintura (ruta provincial n°4), otrora poblado de pulperías y visitado entonces por hombres a caballo.
En su obra se observan referencias expresas al partido. Aparecen el río Matanza y el espacio geográfico del partido visto como suburbano y rural al mismo tiempo, donde se señalan los espacios de sociabilidad y también se indica la presencia de caudillos que marcan, en ciertas épocas, el clima electoral y político de su sociedad.
Lo desarrollado es una parte mínima del riquísimo caudal cultural que encierra La Matanza, que no excluye a ningún tipo de manifestación artística. Para completar este panorama permítasenos hacer una alusión, que nos incluye pero que se nos presenta como necesaria.
Con 36 años de trayectoria se halla en el municipio, la Universidad Nacional de La Matanza, desde donde surge esta publicación. Nuestra universidad se ha convertido en un polo cultural, además de educativo, de innegable importancia en el ámbito local, provincial y nacional. En la actualidad funciona en su predio el teatro con mayor capacidad, del distrito, que en forma continua ofrece manifestaciones artísticas variadas y de gran nivel y está abierto a toda la comunidad, al igual que siempre lo estuvo su Biblioteca “Leopoldo Marechal” que contiene un espacio dedicado a la memoria de Malvinas desde el año 2015 denominado “Espacio Malvinas UNLaM”.
Cabe destacar que quienes visitan el predio universitario (antes una fábrica de automóviles), se asombran de sus instalaciones, de sus dependencias deportivas, de sus laboratorios, de sus estudios de radio y televisión, de sus aulas, de su oferta académica y de su producción de todo tipo que, por su calidad, honra a toda la comunidad educativa.
La Matanza es y siempre fue, una tierra que se caracterizó por su gente sencilla y de trabajo, y que ahora puede mostrar orgullosa muchísimas concreciones y a muchos hombres y mujeres exitosos en muy diversos campos, insertos en el ámbito local e internacional, que dan muestra cabal del camino recorrido y además de un gran deseo de vivir en democracia y en paz, pero también de ser respetados. El desconocimiento es siempre un terreno fértil para la descalificación y la simplificación; por ello, consideramos fundamental seguir apostando por investigaciones que permitan comprender la complejidad y la riqueza cultural de nuestro partido. Desde este compromiso, reafirmamos la importancia de valorar la diversidad de trayectorias que conforman nuestra historia y de sostener, colectivamente, un diálogo respetuoso que fortalezca la convivencia democrática.
Referencias
Artola, A. Y. (Dir.). (2019). Los espacios museográficos situados en La Matanza, Buenos Aires. Universidad Nacional de La Matanza, Secretaría de Ciencia y Tecnología.
Agostino, H. N. (Dir.). (2011). Los primeros cien años de Gregorio de Laferrere (1911-2011). CLM Editorial.
Agostino, H. N. (Dir.). (2012). Aproximación inicial a las manifestaciones culturales de La Matanza. Teatro, Literatura, artes plásticas, historiografía. Compañía Editora de La Matanza.
Costa, J. (1929). Hojas de mi diario. Daguerrotipos. Cabaut y Cía.
Notas
Notas de autor
Información adicional
Cómo citar este artículo:: Agostino, H. N. (diciembre de 2025 – junio de 2026). El partido de La Matanza y sus manifestaciones culturales. Antigua Matanza. Revista de Historia Regional, 9(2), 1-11. https://doi.org/10.54789/am.v9i2.1
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redalyc-journal-id: 7239
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