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Grooming y acoso sexual en línea: El significado y proceso de las vivencias de acoso sexual por medio de ambientes virtuales en adolescentes entre 13 y 15 años que viven en La Gran Área Metropolitana de Costa Rica

Grooming and online sexual harassment: The meaning and process of sexual harassment experiences through technological spaces in adolescents between 13 and 15 years living in La Gran área Metropolitana, Costa Rica

Ana Lucía Calderón Chinchilla
Instituto NOS, Costa Rica
Esteban Navarro Díaz
Universidad de Costa Rica, Costa Rica

Grooming y acoso sexual en línea: El significado y proceso de las vivencias de acoso sexual por medio de ambientes virtuales en adolescentes entre 13 y 15 años que viven en La Gran Área Metropolitana de Costa Rica

Wimb Lu. Revista de estudiantes de la Esc. de Psicología de la Universidad de Costa Rica, vol. 18, núm. 1, pp. 26-51, 2023

Universidad de Costa Rica

Derechos morales de autoría. Autorización de publicación a Universidad de Costa Rica, revista Wimb lu

Recepción: 06 Julio 2022

Aprobación: 03 Febrero 2023

Resumen: El acoso sexual en línea es un poder que ejerce alguien de cualquier edad sobre una víctima en el entorno virtual con contenido sexual; en el grooming, el victimario es una persona adulta que dice ser menor de edad y se acerca gradualmente a las víctimas hasta ganar su confianza (Rey 2017). Así, hay necesidad de explorar el significado y proceso de las vivencias de acoso sexual en ambientes virtuales en adolescentes entre 13 y 15 años en la Gran Área Metropolitana de Costa Rica, describiendo la experiencia cotidiana en los ambientes virtuales antes de sufrir acoso sexual y, los posibles cambios al momento de su aparición, conociendo el impacto subjetivo y las consecuencias que han generado las vivencias e identificando las posibles estrategias de afrontamiento generadas. Para ello, se realizó una codificación temática en el programa ATLAS.ti de tres grupos focales y siete entrevistas semi-estructuradas episódicas. Sí hay vivencias por el inicio del uso de redes sociales y por la desinformación que disminuye por un aprendizaje vicario entre pares; esto genera un uso limitado y desconfiado en espacios virtuales. La estrategia de afrontamiento más importante es buscar ayuda de familia y pares, con poca confianza en instituciones educativas.

Palabras clave: Acoso sexual en línea (ASeL), Grooming, Sexting, Adolescencia, Género.

Abstract: The online sexual harassment is form of power exercised by someone of any age over a victim in the virtual environment with sexual content, contrary to the grooming where the victimary is an adult who say to be a teenager and there is a gradual approach to the victim to get their trust (Rey 2017). There is a need to explore the meaning and process of online sexual harasment experiences through technological spaces in adolescents, describing the regular experience on virtual spaces before the experience and, possible changes when it appear; knowing the subjective impact and consequences made by the experience and identifying the posible generated coping strategies. Because of that, this study made a temathic codification on the ATLAS.ti program about three focal groups and seven episodic semi-structured interviews. There are experiences due to the beginning of the use of social media and misinformation, which decreases with vicarious learning among peers. These experiences generate a limited and untrusted use of virtual spaces. The most important coping strategy is seeking help from family and peers; there is untrust in educational institutions.

Keywords: Online sexual harassment, Grooming, Sexting, Adolescent, Gender.

Introducción

El acoso sexual en línea es una forma de poder que se ejerce sobre una víctima en el entorno virtual usando contenido sexual, donde la persona no puede disfrutar de manera libre el uso de sus redes sociales (Rey 2017). Es un proceso en el que un agresor, sin distinción de edad, utiliza formas agresivas, de amenaza o similares para realizar el acoso (Montiel 2019)). Por otra parte, el grooming consiste en la búsqueda de una víctima para satisfacer sexualmente al victimario con una relación por medios virtuales, donde se acercan gradualmente hasta ganar su confianza (Rey, 2017); Panizo (2011) indica que podría terminar en encuentros y agresiones físicas. La característica principal del grooming señala a una persona adulta buscando a una persona menor de edad para los fines sexuales; por lo general, los victimarios se hacen pasar por una persona menor de edad (Rey 2017).

A nivel internacional se ha indagado sobre la prevalencia del acoso sexual en línea (Montiel, Carbonell y Salom 2014) mediante opiniones, perspectivas y creencias de la población adolescente (Montiel 2019) y han incorporado opiniones de víctimas masculinas. Entre los principales hallazgos se encuentra una mayor prevalencia en las mujeres como víctimas que en el caso de los hombres. Así, las vivencias inician desde los doce años aproximadamente y son más frecuentes alrededor de quince y diecisiete años (Martínez 2017); Montiel 2019.;Villacampa y Gómez 2016). Además, se encontró que hay más estudios en países europeos y/o Estados Unidos, lo que evidencia un vacío investigativo en contextos latinoamericanos. En cuanto al ámbito nacional, se encontraron pocos estudios con población adolescente (Pérez 2019) lo que evidencia abordajes cortos y poca investigación sobre estas vivencias en etapa adolescente. De la misma forma, hay otros estudios que abordan el acoso sexual; pero como ciberbullying o violencia entre pares (Acuña 2015; Tiffer 201 7 y Chaves, Morales y Villalobos 2020).

El ASeL y el Groming pueden ir acompañados de un mayor riesgo si hay práctica del sexting (Alonso 2017) y “pornografía de venganza” donde el contenido se comparte sin consentimiento (Jane 2020) y con extorsión (Rey 2017). Además, todas estas vivencias de acoso sexual virtual generan consecuencias que pueden afectar mucho a la población adolescente, ya que desarrollan deseos de borrar sus perfiles, miedo, agobio, inseguridad y sensación de falta de privacidad (Rey 2017), cambios en el uso y actitud al momento de utilizar las redes sociales, en la asistencia o rendimiento escolar, cambios en la realización de actividades u ocio, hábitos alimenticios, concentración, en los estados de ánimo, en sus relaciones interpersonales e incluso a nivel físico y psicosomático (Palmer y García 2017).

Todas estas formas de violencia se relacionan con la construcción social del género, ya que se atribuyen roles de género a los seres humanos basándose en la forma en los órganos genitales (Calvo 2014) y así, se define la manera “correcta” de comportamiento del hombre o la mujer (Batres 2001). Estos roles de género regulan la manera en que se piensa, siente y se actúa, “son las tareas, pautas de comportamiento, valores, temores, actividades y expectativas que la cultura asigna en forma diferenciada a hombres y mujeres. En otras palabras, es el modo de ser hombre o de ser mujer en una cultura determinada” (Campos 2007, 32) y están basados en un sistema sociocultural patriarcal que indica que los hombres sobre superiores a las mujeres (Campos 2007). Dicho orden social implica una construcción a partir de estereotipos que se deben seguir, mediante ideas definidas socialmente como “machistas”, que producen cargas en las formas de ser y consecuencias como la misoginia, la cual es “una manera de pensar y de actuar de personas machistas...” (Campos 2007, 27). La definición de estos roles de género se establece en la adolescencia y suele ser categorizada como “problemática” debido al adultocentrismo, el cual es una forma de discriminación que considera a los adolescentes como personas subordinadas a inferiores al compararlos con la población adulta (Vásquez 2013).

Con base en los anterior, es necesario mayor investigación en relación al ASeL y al grooming, en particular, en la adolescencia, ya que es una fase crucial para la definición de roles de género y es el momento en que se experimenta, por primera vez, estas experiencias que desarrollan consecuencias a nivel psicológico, emocional y físico.

Metodología

Diseño metodológico

La investigación que se realizó es de enfoque cualitativo, con alcance exploratorio- descriptivo, que parte de un diseño fenomenológico-hermenéutico. Este diseño permitió trabajar con las experiencias de la población adolescente y la construcción de éstas tanto de manera colectiva como individual para profundizar en sus significados y afrontamientos, ya que se enfoca en la subjetividad de experiencias respondiendo al significado, estructura y esencia de dicha experiencia para el sujeto o grupo (Salgado 2007). Principalmente se busca describir y entender el fenómeno según la perspectiva de cada participante desde una construcción colectiva, la persona investigadora analiza discursos buscando posibles significados y contextualizando dichas experiencias (Creswell 2012). Esta fenomenología es de tipo hermenéutica; (Flick 2007) indica que se usa para poder ahondar en las experiencias, ya que “establece una distinción básica entre el significado subjetivo que una expresión o actividad tiene para uno o más participantes y su significado objetivo” , se debe reconstruir el orden cronológico de la narración y se considera un análisis aproximado secuencial para interpretar las influencias de los contextos.

Equipo de investigación

El equipo de investigación está conformado por dos personas, la primera autora inició el proceso como un proyecto de trabajo final de graduación en modalidad tesis para la obtención de Licenciatura en la carrera de Psicología de la Universidad de Costa Rica; ella cuenta con experiencia investigando temas de género, principalmente Masculinidad en clínica y dispositivos grupales, además en abordaje con víctimas de violencia doméstica mediante talleres. Tanto la recolección como la transcripción de la información fue hecha exclusivamente por dicha autora. El segundo autor, fue el director de tesis de dicho proyecto, participando en el análisis de la información junto a la primera autora; es profesor de la Universidad de Costa Rica y labora en Organizaciones no gubernamentales como el Instituto Wëm y el Instituto NOS, los cuales abordan temas relacionados con la sexualidad, los vínculos de pareja y el género.

El equipo realizó sesiones de análisis de la información de forma periódica, en donde, se revisaba el proceso de codificación, las categorías y otros aspectos relacionados con el manejo ético y metodología. Por último, el material fue revisado por dos profesores, de la escuela de psicología de la Universidad de Costa Rica y una lectora externa quien labora como Psicóloga en la Oficina de la Mujer.

Selección de participantes

Las personas participantes debían tener descargado Teams (aplicación utilizada en la institución para brindar las clases virtuales) y una aplicación para firmar documentos en línea llamada Signply, así como tener algún dispositivo electrónico para utilizar la aplicación. Debían tener entre trece y quince años de edad, vivir en La Gran Área Metropolitana de Costa Rica, no conocer al equipo investigador para evitar sesgos de información y poseer el consentimiento y asentimiento informado firmados. Se conformaron grupos focales y luego se eligieron a algunas personas para participar en entrevistas individuales, las cuales reportaban conocimientos y vivencias sobre el acoso sexual en línea, ya sea en experiencias propias o de forma vicaria, haber realizado varios aportes con capacidad de verbalización y abstracción, así como disposición de brindar números de contacto, consentimiento y asentimiento firmado que demostraran deseos de participar.

Tabla 1
descripción de las personas participantes por grupo focal
Composición deGéneroGradoEdadCantidadpor edadMedioutilizado
Grupo Focal 1Cuatro mujeres Tres hombresNoveno15 añosSieteChat
Grupo Focal 2MasculinoSétimo Octavo13 años 14 añosTres TresChat
Grupo Focal 3FemeninoSétimo Octavo13 años 14 añosCuatro CincoChat
Elaboración propia.

Tabla 2
descripción de las personas participantes entrevistas
GéneroGradoEdadUso de redessocialesMedioutilizado
Participante 1FemeninoSétimo13 añosNoChat
Participante 2MasculinoSétimo13 añosNoLlamada
Participante 3FemeninoSétimo13 añosChat
Participante 4FemeninoOctavo14 añosChat
Participante 5MasculinoOctavo14 añosChat
Participante 6MasculinoNoveno15 añosChat
Participante 7FemeninoNoveno15 añosLlamada
Elaboración propia.

Recolección de datos

Las técnicas utilizadas fueron grupos focales y entrevistas individuales semiestructuradas episódicas conducidas de forma virtual, debido a las limitaciones de reunirse presencialmente por la pandemia del COVID-19. Los grupos focales facilitaron la discusión del tema, ampliaron los datos al compartir y escuchar distintas opiniones de las demás personas y evidenciaron la manera en que se negocian los significados socialmente (Lunt Peter y Sonia Livingstone 1996). Para ambas técnicas de recolección, se realizaron preguntas en cuatro grandes bloques, el primero abordaba el contexto previo a experiencias de ASeL, el segundo indagaba sobre los cambios que generaba dicha experiencia, el tercero profundizaba en las afectaciones psicológicas y el cuarto recuperaba las estrategias de afrontamiento que surgían en las personas participantes.

Se utilizó la plataforma Teams, un servicio para empresas e instituciones educativas donde se forman grupos con el correo electrónico; de modo que se generaron chats con correos escolares o, en caso de así desearlo, con correos anónimos.

Al inicio, se contactó al colegio Liceo Experimental Bilingüe de Grecia, se pidió conocer los grupos de estudiantes entre trece y quince años con los cuales se podía trabajar, se contactó al personal docente a cargo de dichos grupos y se pidió un espacio en su clase para el grupo de discusión. Se hizo una primera reunión virtual para conocer al equipo investigador e información de la investigación. Posteriormente se hizo la selección y se aplicaron consentimientos y asentimientos informados; se realizó un primer grupo focal de tipo mixto con el grupo de noveno año y posteriormente otros dos grupos separados por género uniendo trece y catorce años. Se obtuvo un grupo mixto de siete, un grupo femenino de nueve y un grupo masculino de seis.

Al final de los grupos focales, se eligieron cuatro mujeres y tres hombres que contaban con los criterios de inclusión para las entrevistas individuales semiestructuradas episódicas; (Flick 2007, 119) indica que “. . . facilita la presentación de las experiencias en una forma general, comparativa, y al mismo tiempo asegura que esas situaciones y episodios se cuentan en su especificidad”. Las entrevistas fueron realizadas en la plataforma Teams y se basaron en una guía de preguntas sobre el acoso sexual en línea y grooming. Las transcripciones de los audios se realizaron mediante una adaptación de la transcripción del análisis conversacional, en donde tomaron aspectos como la entonación, turnos para hablar y expresiones emocionales (Silverman 2015).

Se analizaron las preguntas poco comprendidas o que limitaban la información luego de las primeras entrevistas, ya que esto “. . . puede incrementar formando a los entrevistadores en esta técnica y comprobando las guías de entrevista o las preguntas generadoras en situaciones de prueba o después de la primera entrevista” (Flick 2007, 238). Así mismo para los criterios de validez se realizó validez comunicativa, donde se presentó a los informantes una infografía con la interpretación de los datos obtenidos a partir de ellos para analizar el acuerdo que tuvieran respecto a dichas interpretaciones (Flick 2007). Otra técnica utilizada fue la revisión de pares (Creswell y Poth 2018). donde se hicieron sesiones de revisión con el director de tesis para un análisis externo. Finalmente, varias formas de triangulación, lo cual “se puede utilizar como un enfoque para fundamentar más el conocimiento obtenido con los métodos cualitativos. Fundamentar aquí no significa evaluar los resultados sino extender sistemáticamente y completar las posibilidades de producción de conocimiento” (Flick 2007, 244).

El primer tipo de triangulación fue entre métodos donde se aplica la combinación de técnicas (Flick 2007), en este estudio, se combinó el grupo focal y entrevistas individuales para obtener y comparar la información. El segundo tipo de triangulación fue la de tipo intra método, en donde, se abordaba dimensiones diferentes de un mismo aspecto, a saber, se preguntó por la dimensión semántica que indaga sobre el significado social del fenómeno (ASeL y grooming) y la dimensión narrativa que obtiene historias personales en donde ha ocurrido (Flick 2007); este tipo de triangulación se realizó por medio de la entrevista episódica.

Por otra parte, las personas participantes tenían la posibilidad estar de forma anónima si así lo deseaban y se aplicaron protocolos de Netiqueta en los grupos focales de Teams, los cuales son llamados así por ser las normas de comportamiento que deben aplicarse en espacios virtuales (Cordero de la O 2013)y su incumplimiento, principalmente el irrespeto, se consideran abusos (Rinaldi 1997). Así mismo, se tenía en cuenta aplicar el Protocolo de actuación en situaciones de violencia física, psicológica, sexual, acoso y hostigamiento sexual del Ministerio de Educación Pública de Costa Rica (2016) si se conocía de una situación de acoso sexual, junto a las contenciones correspondientes a través de una intervención en crisis con primeros auxilios psicológicos, los cuales buscan brindar apoyo a una persona que pueda haber vivido alguna situación que le afecte (Figueroa, Repetto, y Bernales 2014)

Análisis de la información

Para las estrategias de análisis de datos, se realizó una codificación temática y se utilizaron modelos de tablas comparativas según Miles, Huberman, y Saldaña (2020). En la primera estrategia, se obtuvieron 34 códigos repartidos en categorías que se basaron en los objetivos específicos, las cuales fueron las siguientes: Inicio del Acoso Sexual en Línea, Vivencia del uso de las redes, Consecuencias revictimizantes de la experiencia, Consecuencias reductoras de riesgos, Casos atípicos, Desinformación del tema, Afrontamiento del Acoso Sexual en Línea. Esto permitió realizar un análisis de la información obtenida en los grupos mixtos y los separados por género, además de las experiencias individuales del fenómeno. Ya que consiste en un procedimiento que busca los temas generados en las narraciones de las personas participantes (Creswell y Poth 2018), este análisis se adecúa “sobre todo para los estudios en donde deben realizarse comparaciones de grupo basadas teóricamente en relación con una cuestión específica” (Flick 2007, 203). Esta estrategia busca codificar y categorizar según los datos para “elaborar correspondencias y diferencias entre los grupos definidos de antemano” (Flick 2007, 207). Por tanto, se realizó la recolección de información de cada grupo o entrevista, para posteriormente contrastar las distintas narraciones obtenidas en cada uno respecto al fenómeno.

Para el análisis de la información se relacionan los conceptos significativos, por lo que se procedió a realizar un análisis de cada entrevista con una pequeña descripción de cada una, la cual fue comprobada continuamente y modificada si era necesario durante la interpretación siguiente (Flick 2007). Aquí se incorporaron datos personales que sean relevantes para el estudio; así como los temas centrales que se hayan mencionado (Flick 2007). Posterior a este primer paso, se utilizó un sistema de categorías basadas en la narración individual con la que se realizó un proceso de codificación llamada abierta y selectiva.

En la codificación abierta, se tomaron los datos y se etiquetaron en conceptos o códigos, esto se realizó línea por línea donde se toman fragmentos de los datos y realizan anotaciones (Charmaz, Kathy 1995). Por otro lado, la codificación selectiva consistió en “elaborar la categoría central en torno a la cual las otras categorías desarrolladas se puedan agrupar y por la cual se integren . . .; en todo caso, el resultado debería ser una categoría central y un fenómeno central”. Este tipo de codificación genera dominios temáticos y categorías en cada una de las narraciones acerca del fenómeno (Flick 2007).

Seguidamente se realizó una comprobación cruzada para obtener una estructura temática que subyace el análisis de la información de cada entrevista para lograr una mayor comparación. Esto permitió mostrar la manera en que cada entrevista se enfrenta al problema de estudio y los temas que se muestran de manera constante en los diferentes dominios, lo que permitió comparar narraciones individuales y grupales para encontrar similitudes y diferencias que dirijan al dominio temático esencial. Cuando este dominio se encuentra, se puede comparar las definiciones y las codificaciones relacionadas a partir de todas las entrevistas. Finalmente, las codificaciones similares en los grupos individuales se resumen y se elaboran los temas específicos de cada grupo que permita resumir la manera en que los entrevistados se ocupan de cada tema (Flick 2007).

Es importante mencionar que la codificación se realizó en el programa ATLAS.ti. Según Weitzman (2000) este programa es considerado como un constructor de redes conceptuales y de teorías según códigos. Este software forma una unidad hermenéutica que hace referencia a una pantalla donde se muestra el texto a interpretar y las codificaciones de dicho texto. Así mismo, Creswell y Poth (2018), indican que es un software que permite generar códigos, anotaciones y demás en un proyecto con datos que pueden ser transportados a otros programas como SPSS, además mencionan que es un programa cualitativo que ayuda al análisis.

También, se creó una tabla de descripción del formulario de resumen de contacto, la cual permite que se haga una descripción y resumen de cada una de las personas participantes (Miles et al. 2014); aquí se incluyen los principales temas y reflexiones de la persona, así como las realizadas por el equipo investigador máximo un día después de la entrevista para un resumen menos sesgado (Miles et al. 2014). Así mismo, se utilizó una Tabla de construcción que permite comparar las perspectivas de las personas participantes sobre un fenómeno; por ello es utilizada principalmente en estudios fenomenológicos y Teoría Fundamentada (Miles et al. 2014)

Finalmente, se hicieron comparaciones por género, edad, vivencias de acoso y casos atípicos mediante tablas (Miles et al. 2014), en donde se incluían las citas correspondientes a cada condición. Por ejemplo, en el caso del género, se incluían citas y códigos del género masculino en una columna y los mismo con el género femenino en la columna contigua. De esta manera, el equipo de investigación pudo observar las diferencias y similitudes de los códigos y citas en cada condición.

Resultados

1. Comienzo de la victimización

Inicio de acoso sexual en línea (ASeL)

Las personas participantes indicaron que el ASeL inicia alrededor de los doce y trece años debido a la introducción a las redes sociales y uso de aparatos tecnológicos, donde su uso más frecuente significa mayor riesgo. Las redes sociales que utilizan de forma más recurrente son de carácter social, tales como instagram, facebook, snapchat y whatsapp principalmente, sin embargo, hay otras aplicaciones mencionadas en menor medida como tik-tok y youtube, cuyo uso es para entretenimiento, visualizar los conocidos “memes” y para socializar con personas nuevas o comunicarse con amistades preestablecidas.

Dependiendo de la red social utilizada, se tiene más contacto con grupos de pares que con familiares: “Instagram--Lo utilizo como medio de comunicación con mis amigos más cercano para mandarnos memes o reels y también lo utilizo como entrenamiento WhatsApp--Medio de comunicación con amigos y familiares Tik tok- Entretenimiento". Por esto, es muy común que vean contenido de los grupos de pares y compartan contenido propio, principalmente fotografías o historias que reflejen las actividades cotidianas que se realizan y reflejen un poco de su vida y personalidad.

Vivencia del uso de las redes

Al sufrir acoso sexual en línea por primera vez, pasan de un uso sereno y tranquilo a tener desconfianza y miedo. Aunado a esto, estos cambios se extienden a lo presencial: “inseguridad de usar redes sociales, inseguridad de relacionarse con otras personas físicamente y puede desarrollar traumas que sean mucho más serios” (participante de 15 años). Por este motivo, hay personas que han tenido experiencias positivas con las redes sociales y que han socializado de forma satisfactoria y otras que han sido víctimas. El proceso de socialización se ve trastocado y termina en aislamiento, autoculpabilización, entre otros.

Al comenzar las vivencias, las personas participantes identifican casos cercanos de ASeL y reconocen las estrategias de victimarios. Lo anterior, ayuda a que pares no víctimas creen conciencia de aplicar medidas de precaución por un aprendizaje vicario. La fuente de conocimiento surge de los grupos de pares o experiencias propias; pero no proviene de fuentes formales, por lo que su conocimiento en el tema es nulo o muy limitado y no les ayuda a reconocer una situación de peligro y qué hacer ante ella.

2. Impacto subjetivo y consecuencias

Consecuencias revictimizantes de la experiencia

Las víctimas desarrollan miedo, problemas emocionales, autoculpa, desconfianza social y en las redes sociales, y aunque no hubo casos directos que reportaran el deseo de suicidio como consecuencia propia, sí consideraban que podría presentarse (el miedo y la desconfianza se pueden desarrollar por experiencias cercanas). Las personas víctimas evitan utilizar algunas páginas y redes sociales específicas para que no se repita la situación. Así mismo, estas consecuencias pueden ser de carácter revictimizante o reductoras de riesgo: Las primeras limitan la socialización y el uso de espacios virtuales:

En el ámbito social y psicológico, ya que el/la adolescente pudo haber sido amenazada con "si le dices a alguien, mataré a tus padres" etc, etc.. Eso podría hacer que el/la adolescente se vuelva más callad@ y deje de hablar con las personas como lo solía hacer antes. También, la salud mental del/la adolescente podría afectarse bastante y podría haber como la falta de motivación, la perdida de confianza de él/ella mism@ y la confianza en personas. (Mujer, 13 años)

Consecuencias reductoras de riesgos

Ayudan a tener un mejor manejo de los espacios virtuales; no obstante, son resultado de una experiencia de acoso. Son aspectos que permiten reducir el riesgo al tener una mayor privacidad en las cuentas; pero son aplicados hasta luego de la vivencia por miedo y desconfianza. Cuando una persona no ha sufrido de acoso, pero ha observado que a otro par le sucede, desarrolla estrategias similares por miedo a vivir lo mismo. Indican que esperan que no les pase o que saben lo difícil que es y no quieren pasar por esa situación (Hombres y Mujeres, 13 años).

Casos atípicos

Hubo casos donde desvalorizaron la experiencia porque la consideraban como poco importante, pero las consecuencias que reportaron fueron iguales a las de las otras víctimas. Esta devaluación se puede analizar desde un discurso racional por estereotipos de género, donde los hombres buscan no verse “débiles” y las mujeres lo comparaban con otras historias muy impactantes para ellas.

En otros casos se autoculparon por no evitar la situación, mencionando que “. . . después empecé a tener más cuidado con lo que veía o con lo que buscaba en redes sociales para no caer en el mismo error” (Mujer, 15 años). Esto se asocia al poco o nulo conocimiento del tema y los estigmas que rodean a las víctimas que evitan espacios formales para compartir experiencias.

De igual forma, hay quienes aún no lo han vivido porque tienen muy pocas redes sociales o no tienen ninguna. Así, tener poco acceso a las redes sociales sirve como factor de protector

3. Estrategias de afrontamiento

Desinformación del tema

La desinformación podría influir en el afrontamiento adecuado del ASeL, ya que genera pasividad al no reconocer que se está siendo víctima y las acciones que se pueden tomar. Además, no conocer los tipos de acoso sexual o las precauciones al realizar el sexting generan muy pocos cuidados en el uso de las redes sociales.

Además, en el grupo focal masculino discutieron si los hombres reciben acoso sexual virtual y qué tanto lo sufren en comparación con las mujeres. Los hombres reportaron que cuando tienen información es porque personalmente les gusta informarse por sí mismos, pero que tienden a

presentar vergüenza o miedo de hablar sobre ello, mientras que la población femenina mencionaba que era necesario estar informadas. Lo anterior refleja que los hombres han sido socializados como un género poco victimizado y esto los mantiene más al margen del tema, lo cual los podría poner en peligro porque consideran que es un riesgo del “otro” género solamente. Por este motivo tuvieron un menor interés, rechazando la participación o respondiendo casi de forma nula por considerar que “no tenían nada que aportar” o tomaban el tema menos personal a la hora de hablar de experiencias de acoso.

Por otro lado, consideraron que se podría tener una mayor conciencia sobre el tema si en el hogar se hablara del ASeL y resaltaron que la información y psicoeducación que se da en las instituciones educativas y espacios familiares se basa sólo en brindar recomendaciones que anulan el uso de los espacios virtuales y no en dar herramientas preventivas: “ como estábamos en

nuestro último año de escuela esperaron a que terminara y nos fuéramos de la escuela” (Mujer 14 años); o hay revictimización, como por ejemplo romantizar el acoso: ”. . . y según dice ella la orientadora llego a preguntarle incluso que si a ella no le atraía él en un ´intento por calmarla´ una de las primeras veces” (Hombre 13 años).

Afrontamiento del Acoso Sexual en Línea (ASeL)

Las estrategias de afrontamiento son acciones que toman ante la situación de acoso vivida para que ésta se acabe y evitar que se repita, entre las más recurrentes están: a) Pedir ayuda a las redes de apoyo: contar lo que está pasando a amistades o personas allegadas en el entorno familiar o educativo para recibir acompañamiento; b) Evitando el sitio: dejar de ingresar a la red social donde ocurrió o reducir el uso de los espacios virtuales en general; c) Ejerciendo defensa legal o detener al acosador: intentan hablar con el acosador para que se detenga, lo bloquean de sus redes sociales y lo reportan a la página, en ocasiones acuden a denuncias legales.

Algunos de estos mecanismos aumentan el riesgo, porque se aíslan socialmente y generan mayores daños a largo plazo en su etapa del desarrollo por la falta de socialización y confianza. Así mismo, el buscar ayuda les puede permitir un mejor manejo de la situación debido al acompañamiento y resguardo, pero no se conoce si realmente ayuda a la recuperación y resiliencia de las personas en cuanto a su autoimagen, culpabilización, vergüenza, entre otros; factores que podrían ser trabajados desde el abordaje psicológico. Muy poca cantidad de participantes mencionaron este tipo de ayuda.

De igual forma, la reacción de los grupos de apoyo buscados puede causar más ataques y afectaciones emocionales/psicológicas si no tienen la psicoeducación adecuada. Existe mucha confianza en los grupos de pares por la atención brindada, conocen lo que sucede luego de la vivencia y los cambios que tuvieron, por lo que permiten que las víctimas se sientan escuchadas y comprendidas.

Las personas víctimas suelen acudir a la institución educativa por ayuda, no obstante, no se les brindó contención y apoyo. De esta manera, las víctimas optaban por no comunicar las situaciones de ASeL: ”. . . y según dice ella la orientadora llego a preguntarle incluso que si a ella no le atraía el en un "intento por calmarla" una de las primeras veces” (Hombre, 13 años).

Estas reacciones del personal institucional pueden repercutir en una culpabilización de la víctima al considerar que hubo una señal que desencadenó el ataque del victimario e incluso a desarrollar una idea errónea del amor y relaciones de pareja, así como un aprendizaje vicario que evite buscar ayuda en personal institucional, limitando una fuente de información que podría ser muy importante con la capacitación adecuada. Tanto los estudiantes como el equipo docente desconocen del fenómeno del ASeL, lo cual empeora el manejo de las situaciones.

4. Vivencia del acoso según construcción social del género

Diferencias según el género

Los hombres usan más las redes tanto para entretenimiento como para socialización, a diferencia de las mujeres que reportan un poco más de desconfianza en las redes sociales. Esto se debe a las advertencias sobre el uso de espacios sociales que rodean al género femenino por ser abiertos a cualquier persona con intención de acoso y se presta más atención a sus riesgos. Esto genera una alerta constante en las mujeres que no permite un disfrute libre de los espacios virtuales. En el caso de los hombres, se refuerza el desinterés, por lo que tuvieron una tendencia a menor información que las mujeres, aunque en ambos casos hay gran desinformación del grooming.

Los hombres tienen un poco más de conocimiento del tema del sexting que las mujeres, ya que, según lo mencionado en el apartado de introducción, es más común que los hombres pidan tener sexting y sientan mayor libertad al tratar el tema. No obstante, a partir de los resultados se encuentra que esto no significa que tengan mayores conocimientos sobre el consentimiento y aspectos legales si se comparten las fotografías.

El grupo masculino se cuestionó si el ASeL lo experimentan los hombres, lo cual se asocia con el rol tradicional y el estereotipo donde los varones sólo pueden ser victimarios; tienden a bromear y a desvalorizar la situación. Así, es más difícil hablar de vivencias de ASeL en hombres. Cuando ya se reconocen los hombres como víctimas, si se reporta mayores afectaciones como “problemas emocionales e ideación suicida”; por eso, acuden a buscar asesoría legal y apoyo.

El género masculino reportó una menor vivencia de acoso sexual en línea en relación con las mujeres, pero se debe plantear la duda de si en realidad no han tenido experiencias de este tipo o si es resultado de la desinformación y desvalorización que hacen de las experiencias por el “machismo” que les rodea. Acorde a la construcción social de género los hombres deberían manejar la situación por sí solos, lo que genera más miedo a estar solos y sin apoyo.

En cuanto a las mujeres, frecuentemente reportan una vida con “socialización más amena y tranquila” antes del acoso y luego una “desconfianza social” tras sufrirlo. Ésto se debe a que son más victimizadas y perciben más sus experiencias como una vivencia más impactante. Además, se les educa con rol de víctima para mantenerse alerta e identificar más fácilmente el acoso y las consecuencias que les está generando.

También, la autoculpabilización es muy evidente en el caso de las mujeres por los roles de género del sistema patriarcal; hay mucha culpabilización de la víctima, por lo que reportan varias situaciones revictimizantes. Mencionan que vivir acoso sexual en línea es resultado de una falta de precaución y, cuando lo han vivido o en caso de que les pasara, consideran como solución importante el cambio de contenidos de los perfiles: “No compartir fotos que se puedan prestar para malinterpretaciones, o si las comparto que sea sólo a personas de confianza” (Mujer, 14 años). A causa de esto, buscan más apoyo de pares porque brindan mayor empatía y menor juicio ante las experiencias; mientras que, en la población masculina, los pares podrían perpetuar estigmas y prejuicios que lastimen su virilidad, en suma, un cuestionamiento de su heterosexualidad, lo cual está fuertemente relacionado a la masculinidad hegemónica.

Significado de la vivencia según género

Se realizó la comparación de una víctima masculina que reportaba su vivencia como poco fuerte con otra víctima femenina que consideraba su vivencia como muy fuerte. Con el análisis de los casos se encuentra que ambos conocen las estrategias del acosador por su propia experiencia y reconocen que hay serenidad antes de la vivencia. Luego, se convierte en autoculpa para justificar el por qué han sido víctimas y terminan evitando el sitio para que no les suceda de nuevo. También, ambos casos reconocen a la familia como otro grupo de apoyo importante, demostrando nuevamente que las instituciones no generan la confianza necesaria para que sean espacios formales donde se busque información y apoyo.

Por otro lado, una adolescente reconoció consecuencias como “problemas emocionales y suicidio” debido al impacto de la situación y la “desconfianza social”. Un adolescente varón comentó:

En realidad sí pero de manera distinta y nunca nada que me haya llegado a afectar realmente pero a mis amigos sí les he [sic] contado de otras ocasiones pero casi en broma porque como le digo no es algo que haya pasado a afectarme (Hombre, 14 años).

Lo anterior refleja que recurre al “chiste” para no mostrar la importancia de la vivencia y evitar que le afecte, pero en su discurso se evidencia que sí es una situación que le afectó y generó miedo a pesar de no reconocerlo como tal. Además, el pensar que lo que le sucede no es grave y desvalorizarlo, influye en intentar detener al acosador por considerar que puede manejar la situación sin ayuda, pero luego recurrió a buscar ayuda del administrador de la página. Esto evidencia el riesgo de la población masculina ante una situación de acoso por el papel que les impone el sistema patriarcal.

5. Vivencia del acoso según grupo etario

Comparaciones según grupo etario

La población de quince años reporta ser más victimizada o puede decirse que reconoce más fácilmente una situación de acoso que la población de trece y catorce años. La población más joven indicó menor uso de redes sociales y aparatos electrónicos porque tienen más restricción parental; no obstante, tienen mayor desconfianza en las redes, como por ejemplo un participante de trece años: “En realidad es todo lo que veo (.) en realidad yo no publico absolutamente nada” y esto puede deberse a que esta restricción parental enseña sólo los peligros de la virtualidad que se deben manejar con desconfianza o de forma nula, limitando o prohibiendo su uso. Por esto, las personas menos victimizadas, por su condición, reconocen menos las estrategias del acosador.

De igual forma, reportan frecuentemente que intentarían detener al acosador, ya que no se han enfrentado tanto a la situación de acoso; indican una menor búsqueda de pares y más búsqueda de ayuda legal y profesional, pues no se basan tanto en experiencias propias o cercanas sino en las recomendaciones que se brindan en los espacios formales.

Ambos grupos de edad identifican de forma similar consecuencias como el aislamiento social, problemas emocionales y suicidio, pero el grupo de quince años al tener más experiencias propias y cercanas las reconoce más e identifican más la inacción, el miedo, desconfianza en la socialización y en las redes como parte del proceso. De igual forma, ambos grupos reconocen que la vivencia de ASeL es debido a una falta de precaución, lo cual refleja una falta de información y aprendizaje de discurso de culpabilización sobre las víctimas que podría repercutir en menor apertura sobre experiencias y por ende mayor riesgo. En esta misma línea, la desinformación no les permite tener herramientas de reconocimiento y conocer protocolos y lugares donde acudir en caso de vivirlo o cuando lo vivieron.

En cuanto al manejo de información, ambos grupos etarios tienen desconocimiento del sexting, no obstante, se reporta más en el grupo de quince años. Lo cual podría ser un factor de riesgo al ser una población más victimizada y no saber del tema, además de ser la etapa del desarrollo donde se viven más relaciones de parejas y las prácticas sexuales. Por otro lado, el grupo más joven tiene un gran desconocimiento de grooming que los pone en mucho riesgo al no reconocer el actuar de un groomer y la información sobre cómo manejar este tipo de acoso sexual en línea; no se han interesado en el tema porque no tienen tantas experiencias ni se les ha brindado psicoeducación desde espacios formales.

Experiencias propias y cercanas versus ninguna

Se encuentra que no hay diferencias en cuanto al desconocimiento conceptual, pero sí hay mayor reconocimiento de las características y estrategias del acosador cuando hay experiencias; no obstante, son pocos precisos al indicar cómo se sentirían en una situación de ASeL ante la falta de información y conocimiento del fenómeno.

Cuando no se ha sido víctima, se indica que se puede sentir “miedo” al momento de recibir acoso como una de las principales emociones, pero también se menciona que ese miedo puede darse por la idea de algún día vivirlo y no saber qué puede pasar; se sabe lo que han pasado sus pares y reconocen algunas consecuencias como el aislarse socialmente, tal y como indica un participante de trece años quien menciona que “. . . espero que no me pase Porque me imagino que es una experiencia muy extraña muy traumante precupante digamos". No obstante, cuando se es víctima se suman otras características como la autoculpabilización por factores como el género y además, por buscar u dosna sensación decontrol que puede evitar que se repita al reducir las conductas que lo provocaron. Así mismo, por su experiencia identifica la importancia de acudir a la familia y amistades en búsqueda de empatía y por conocer más casos de revictimización institucional.

Análisis teórico de resultados

1. Comienzo de la victimización

A partir de los resultados, se puede mencionar que las redes sociales más utilizadas por las personas participantes coinciden con las más usadas por la juventud costarricense, con el fin de interactuar y compartir información (Chacón 2016; Herrera 2015). Además, en la adolescencia se preocupan más por la apariencia corporal y conducta propia por creer que las demás personas se fijan mucho en ellos/as (Gaete 2015), por lo que comparten fotografías, historias y aspectos personales en las redes sociales. Por otro lado, buscan un mayor contacto con sus amistades que con sus familiares por la consolidación de la separación simbólica (Grosser 2003; Ortuño 2014). Esta forma de socialización en línea presenta un mayor riesgo, en donde creen que sus experiencias son únicas e inmunes a cualquier situación amenazante (Ortuño 2014) y no se preocupan por el ASeL.

2. Impacto subjetivo y consecuencias

El evitar el sitio donde ocurrió el acoso, refleja la teoría del trauma que implica una memoria corporal que trata de alertar a la persona cuando hay una amenaza que desregula la respuesta de protección, generando aislamiento social y otras estrategias de evitación experiencial, ya que “ahora, la energía del superviviente se centra en eliminar el caos interno . . . Estos intentos por controlar unas reacciones fisiológicas insoportables pueden dar como resultado toda una serie de síntomas físicos . . .” (Van-der-Kolk 2015, 73). En suma, la persona quiere protegerse de una experiencia que se valora como amenazante para la vida y termina evitando la experiencia y empobreciendo su interacción social debido a cambios emocionales fuertes que pueden afectar a la persona víctima.

Además, quienes no han tenido experiencias por no tener redes sociales, tienen limitada la socialización en línea que es muy importante para el desarrollo en la adolescencia: pues la Red Social siempre ha existido, pero actualmente se da de manera digital y pueden ser beneficiosas para mantenerse informado y tener un sentido de pertenencia (Cruz 2017). No obstante, puede haber riesgos de sufrir acoso virtual (Rey 2017) y refuerzan los hallazgos del presente estudio con un paso de lo virtual a lo presencial, ya que puede afectarse la vida escolar, la realización de actividades u ocio, hábitos alimenticios, concentración, en los estados de ánimo, en sus relaciones interpersonales e incluso a nivel físico y psicosomático (Palmer y García 2017)

3. Estrategias de afrontamiento

Según los resultados expuestos, se puede retomar que el acoso sexual en línea “es un problema muy común hacia las mujeres” (Lamas 2018) y genera una falta de interés de los hombres que no permite expresar su victimización y consecuencias experimentadas con la misma facilidad que las mujeres por los roles género, los cuales:

. . . regulan la manera en que se piensa, siente y se actúa, “son las tareas, pautas de comportamiento, valores, temores, actividades y expectativas que la cultura asigna en forma diferenciada a hombres y mujeres. En otras palabras, es el modo de ser hombre o de ser mujer en una cultura determinada”. (Campos 2007, 32).

Además, hay una construcción social de la subjetividad masculina donde se adquieren esquemas de percepción y pensamiento valorados socialmente que implican riesgo en los hombres porque influye en sus procesos de salud y enfermedad versus el de las mujeres; puesto que influye en:

. . . actitudes, conductas y actividades que llevan a riesgos específicos . . . Durante el proceso de socialización se interiorizan expectativas diferenciadas sobre cómo ser y cómo actuar como varones que propician la adopción de conductas de riesgo valoradas culturalmente como expresiones de la masculinidad. (Nuñez citado en Hernández et al. 2010, 27).

También para algunos autores se establece una relación entre la percepción de riesgo y el contexto, como se mencionó en los resultados de esta investigación. Para (Giddens y Luistr 1991) hay aspectos del estilo de vida que cambian la percepción del riesgo, ya que por rasgos propios de la persona y/o el contexto social, se forman una especie de “coraza protectora personal” ante una situación de peligro, minimizando la percepción subjetiva del riesgo. “Así, los elementos de subjetivación del individuo derivados de sus experiencias pasadas, de su concepción del mundo y de su auto imagen, modifican la percepción o no de riesgo de una situación” (Hernández et al. 2010, 29).

Por otro lado, la revictimización y falta de sensibilización del personal institucional hacia este grupo etario, puede explicarse desde el adultocentrismo, que “. . . da importancia a las diferencias intergeneracionales, por lo que subordina a la población joven y la limita . . .” (Vásquez 2013). Por tanto, a la población adolescente se le ha estigmatizado como rebeldes que deben ser ignorados mientras pasan este período y no se visibiliza la importancia que tienen en la formación de la vida adulta, se les despersonifica hasta el punto de pasar por alto una situación de ASeL.

4. Vivencia del acoso según construcción social del género

La teoría encontrada menciona que “la adquisición del género significa el aprendizaje social de normas que nos informan de lo que una persona, hombre o mujer, está obligada a seguir, nos informan también de lo prohibido y lo permitido para cada sexo . . .” (Batres 2001, 3). El género conlleva al establecimiento de roles donde lo masculino se ha relacionado con asertividad, fuerza, logros materiales, valor, virilidad y violencia, mientras que las mujeres tienen un papel más pasivo al relacionarse a la modestia, cariño, cuido, maternidad y preocuparse más por otras personas que por sí mismas, llevando a la feminidad a una posición secundaria en cuanto a la masculinidad.

Estos roles son definidos por el sistema patriarcal, el cual define una superioridad y liderazgo de los hombres ante la mujer que se perpetúa en la actualidad en espacios familiares, sociales y medios de comunicación (Campos 2007). Por lo que ideas “machistas” generan estereotipos, cargas en las formas de ser y la misoginia, considerando a las mujeres como menos capaces y con menos derechos que los hombres (Campos 2007, 27). Sin embargo, como se observó en los resultados, estas atribuciones también afectan a la población masculina cuando se encuentra en una situación de riesgo que no se considera propia de su género, sin dejar de lado las consecuencias hacia las mujeres con una revulnerabilización por el miedo y sumisión asumidos.

5. Vivencia del acoso según grupo etario

El grupo de trece años considera que no han vivido ASeL porque han tenido precaución y quienes lo han sufrido es por falta de ésta; al contrario del grupo de quince años que tiende a tener una mayor preocupación por las emociones de otras personas (Gaete 2015). Además, el no buscar tanto apoyo de los grupos de pares, puede relacionarse a que está iniciando el proceso de desapego familiar (Navarro, Pérez y Perpiñán 2015). Mientras que la población de quince años es principalmente caracterizada porel total desapego familiar y búsqueda de pares (Gaete 2015).

Además, al no surgir el cuestionamiento de victimización masculina en el grupo mixto, se refleja la mayor empatía y confianza con personas del género contrario a los quince años, lo que repercute en más relaciones de pareja (Gaete 2015). Por esta misma razón, hay mayor práctica del sexting que “. . . por lo general se realiza dentro de relaciones de afectividad, por ejemplo, de noviazgo o amistad, pero en muchos casos degenera en situaciones de amenazas o violencia” (República de Costa Rica 2011, 14).

Discusión

Los resultados indican que hay vivencias de ASeL y Grooming en la población de trece a quince años; previo hay una relación positiva con los espacios virtuales que cambia por la experiencia de ASeL, generando un impacto negativo que afecta su libre uso y repercute en el entorno presencial. Es importante resaltar que nombran sus vivencias sólo como Acoso Sexual en Línea, pero al narrar las experiencias se encuentran casos de Grooming, reconocimiento que se les dificulta por desinformación de este concepto, por lo que a lo largo del documento se menciona más el primer concepto. También, se encuentra que el riesgo de vivirlo aumenta por el inicio del uso de aparatos electrónicos, aunado a la desinformación sobre medidas de seguridad, así como la socialización que se da en estos espacios. Este riesgo se reduce al ver a otros pares sufrir de ASeL y/o grooming, siendo una fuente de información importante para generar conciencia sobre el tema.

Dichas vivencias afectan aspectos sociales, psicológicos y emocionales, también permiten una reducción de riesgo (sin desvalorizar el impacto dañino que cualquier consecuencia puede desarrollar) por los cambios en el manejo de los espacios virtuales luego de la experiencia. Así mismo, la búsqueda de ayuda es la principal estrategia de afrontamiento, con mayor confianza en los grupos de pares. Se evita el sitio donde ocurrió, pero esto limita aún más el uso libre de los espacios virtuales y por lo general se relaciona a la autoculpabilización; cuando el acoso llega a la presencialidad o se considera que la situación se salió de control, buscan ayuda legal pero no psicológica.

Con base en lo anterior, la desinformación es un mayor riesgo porque no permite reconocer el acoso ni afrontarlo; genera una revictimización perpetrada principalmente en los espacios educativos; una desvalorización de la vivencia por negación, principalmente en la población masculina por los roles de género aprendidos y autoculpabilización. A causa de esto, la educación debe abarcar a personal docente y familiar para ayudar a la población adolescente, esto va de la mano a una resignificación de la adolescencia como un período vital para la identidad, autoestima, seguridad, entre otros factores, prestando mucha importancia a sus emociones y preocupaciones para evitar caer en el adultocentrismo.

Hay diferencias en la manera en que se reporta la experiencia de acoso según el género, no obstante, reportan consecuencias y estrategias de afrontamiento similares. Las mujeres tienden a normalizar el ASeL y los hombres a desvalorizarlo. En ambos casos aumenta el riesgo por no buscar ayuda al considerar que es una situación poco relevante. También hay variaciones según edad: a los quince años hay más vivencias y tienen más información; mientras que las poblaciones más jóvenes y menos victimizadas tienen menos conocimientos y por ello, sienten miedo de vivir algún día una situación de acoso sexual en línea o grooming y no saber qué hacer.

A partir de lo anterior, es importante que la educación abarque al personal docente y familiar para ayudar a la población adolescente, esto va de la mano con resignificar a la adolescencia como un período vital para la identidad, autoestima, seguridad, entre otros factores, prestando mucha importancia a sus emociones y preocupaciones para evitar caer en el adultocentrismo. Esta psicoeducación debe ser desde un enfoque de género, aportando conocimientos sobre tipos de acoso y consecuencias, así como capacitarse en contención, escucha activa y empatía. Además, es importante impartirla al estudiantado desde edades tempranas para manejar sus propios casos y ayudar a sus pares.

Como se evidencia en los resultados, la enseñanza de estos temas está rodeada de estigmas y prejuicios patriarcales que rodearon tanto a la persona investigadora como a las personas participantes, los cuales fueron analizados y reflexionados con revisión teórica constante para que no influyeran en los resultados. Debido a estos sesgos, se teme hablar de temas relevantes para la población adolescente y sólo se limitan o anulan, dejando por fuera datos importantes y evitando la vivencia libre de su sexualidad, pues incluso no reconocían el sexting como algo que puede ser positivo si es consensuado, porque no lo diferenciaban del sexting como parte de acoso por la desinformación.

A pesar de haberlo sufrido, algunas personas no identificaban el ASeL debido a que no tenían información. Además, la falta de información generó dificultad para reconocer cuáles casos eran exactamente de grooming. También, al trabajar con una población que no está acostumbrada a que se le escuche, muchas veces las entrevistas duraban mucho tiempo y se debía delimitar el tema.

Finalmente, la virtualidad por la pandemia evitó que la primera reunión fuera presencial, lo que influyó en el desarrollo de confianza y en la facilidad de selección de participantes, pues la investigadora no podía asistir al colegio por protocolos de salud y debía recibir mucha ayuda de terceros, lo que obstaculizaba el proceso y podía generar incomodidades al personal docente o educativo, puesto que debían concentrarse en sus labores y en ayudar con la investigación. Además, al ser más impersonal por la virtualidad, permitía que hubiera menor interés en participar o en entregar documentos a tiempo.

Futuras investigaciones

Antes de la recolección de datos es importante brindar una psicoeducación completa sobre el tema para una identificación más fácil de las vivencias y reducir sesgos que influyan en la recolección de datos. Además, tener grupos de escucha con quienes desvalorizan la situación de acoso y se autoculpan para explicar el rol del victimario y de la víctima. También se debe buscar más herramientas virtuales que se apeguen a la cotidianeidad de la población adolescente para reducir sesgos de la presencialidad, donde se brinden charlas informativas, talleres, infografías y todo tipo de información para el estudiantado y personal administrativo; esta virtualidad debe analizarse si es la manera más adecuada para el método a utilizar.

En estudios posteriores, indagar a profundidad cómo se están manejando las situaciones de acoso hacia el estudiantado por parte del colegio, así como la información con la que cuenta el personal educativo, para comprender los factores que influyen en que las personas adolescentes acudan o no al personal de sus colegios y contrarrestar la desconfianza en estas redes de apoyo, mediante una amplia psicoeducación en los puntos más débiles de conocimiento del personal educativo para que cuenten con herramientas de apoyo, escucha y no revictimicen o ignoren la vivencias.

Finalmente, para estudios que pueden ser influidos por percepciones propias del género del equipo investigador, es importante enfatizar que la triangulación fue clave al finalizar cada método de recolección para reconocer la información relevante y las interpretaciones sesgadas, revisando constantemente la teoría y antecedentes encontrados. Además, la revisión de cada caso de forma aleatoria primero sin señalar el género y al final, enfocarse en las diferencias de hombres y mujeres.

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