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Visitando el lugar habitado: perspectiva sobre el habitar y el ritmo del caminar en la ciudad
Visiting the inhabited place: perspective on the rhythm of walking and inhabiting the city
Visitando el lugar habitado: perspectiva sobre el habitar y el ritmo del caminar en la ciudad
Wimb Lu. Revista de estudiantes de la Esc. de Psicología de la Universidad de Costa Rica, vol. 18, núm. 2, pp. 0-21, 2023
Universidad de Costa Rica

Recepción: 06 Febrero 2023
Aprobación: 13 Junio 2023
Resumen: El presente artículo aborda el tema del caminar. Se profundiza en los elementos del habitar la ciudad y el ritmo en ella, esto último se dirige en dos vías: el ritmo de la música y el paso que tienen los sujetos al caminar. Para el desarrollo de la propuesta, se recurrió a la observación in situ de lo que ocurre en la Avenida Central de San José y se contrastó lo observado con teoría psicoanalítica, así como con aportes de autores como Le Breton (2022) acerca del caminar, quienes se consideraron relevantes para realizar este análisis. Se encontró que, en el acto de emprender caminatas, participan distintas emociones y el deseo de la persona que camina. Resultó evidente que cada sujeto marcha de forma diferente, ya que posee experiencias diversas que inciden en su paso/ritmo, es decir, en la manera de transitar y habitar por los lugares.
Palabras clave: habitar, cuerpo, deseo, ritmo del caminar y musical.
Abstract: This article addresses the issue of walking. It delves into the elements of inhabiting the city and the rhythm in it, the latter is directed in two ways: the rhythm of the music and the pace that the subjects have when walking. For the development of the proposal, in situ observation of what happens on Avenida Central de San José was used and what was observed was contrasted with psychoanalytic theory, as well as with contributions from authors such as Le Breton (2022) about walking, who were considered relevant for this analysis. It was found that, in the act of taking walks, different emotions and the desire of the person who walks participate. It was evident that each subject walks differently, since he has different experiences that affect his pace/rhythm, that is, the way he moves and inhabits places.
Keywords: inhabit, body, desire, rhythm of walking and music.
Introducción
El marchar o la caminata se entiende como un proceso de movilización en el cual el cuerpo humano, en posición erecta, se mueve. Esta es una de las principales habilidades aprendidas por nuestra especie. El término marchar implica una actividad o funcionamiento de algo o alguien en particular, en los que se puede reconocer o identificar a un sujeto por el sonido de sus pasos. En cuanto a la noción caminar, conlleva realizar un acto racional, personal y físico en el que se involucra el cuerpo del individuo, quien efectuará el recorrido de un trayecto, de forma recurrente o no, por diversión, por relajación, por voluntad o por otros elementos involucrados en el proceso, por ejemplo, factores psicofisiológicos como las emociones2.
Importar_Imgen5265c64616En esta línea, según Le Breton3, el “caminar es una apertura al mundo”. Este mismo autor expresa que la especie humana y su facultad para darle sentido al mundo comenzó por los pies, los cuales están hechos para moverse. En el cual, el cuerpo comprende una vinculación estrecha con el caminar, por lo que no es una anomalía que haya que eliminar, sino que la corporalidad se compone de sensorialidades que se nutren al realizar caminatas al aire libre, porque esta acción invita al pensamiento, el disfrute, la libertad, el encuentro, la conversación, así como a un reencantamiento del tiempo y el espacio: dar un primer paso es sinónimo de un cambio de la existencia, por un lapso que puede ser más o menos largo.
Además, en relación con la temática del caminar, diversos autores desarrollan algunas ideas sobre este tema. Por ejemplo, Maestre hace mención de algunas personas como Tosquelles quien concibe el caminar como una actividad terapéutica debido a que aporta beneficios para la salud. También se propone como una acción placentera, un impulso o deseo, una exigencia vital que puede conducir a la memoria a un recuerdo en particular que, luego, podrá dar paso al olvido. Asimismo, cuando se camina, se puede experimentar una pulsión epistemofílica, es decir, el deseo de saber y conocer tanto del mundo externo como interno4.
Teniendo en cuenta lo anterior, se recurrió a la perspectiva de lecturas psicoanalíticas entre otras de diversa índole, por ejemplo, se recurrió a Fraisse, quien se abordará en siguientes apartados ya que hace referencia al tema del ritmo, siendo relevantes para esta investigación, en la que, en su parte práctica, se caminó por la Avenida Central y sus alrededores donde se observó aspectos de interés para la investigadora de este trabajo, por ejemplo, la musicalidad que hay a nuestro alrededor, la forma en la que las personas caminamos y quienes habitan ciertos lugares de la ciudad, debido a que estos espacios se presentan como arterias preponderantes del corazón josefino. Dicha experiencia es relevante de señalar porque permitió darle sentido al contenido teórico de este artículo.
Para contextualizar, esta Avenida es el centro comercial más amplio y dinámico del país. Se caracteriza por ser un boulevard peatonal formado por doce cuadras que conectan las avenidas de la ciudad y posibilitan el surgimiento de encuentros, en donde, los espacios de nuestras ciudades como la capital costarricense pueden fungir como un hábitat para el desarrollo humano integral5. El gobierno local de San José ha buscado la forma de restaurar los parques y zonas verdes que se encuentran en este sitio o en sus alrededores, así como de humanizar los espacios urbanos, con el propósito de que las personas tengan prioridad sobre los automóviles6.
Lo referido resulta ser relevante, ya que la modernidad atomiza al individuo en las relaciones entre el cuerpo e individuación del sujeto, la velocidad y la espacialidad. Por ejemplo, un automóvil cierra al individuo sobre sí mismo y lo segrega de las demás personas, lo que genera un cierre corporal y una consolidación cultural del individualismo. Esto se evidencia con mayor precisión en la siguiente frase: “las derivas que estas formas de socialización corpórea adquieren en las postrimerías de la Modernidad: el choque y la colisión sustituyen al encuentro, acaso como formas desesperadas de contacto” (Retana, 2018, p. 67, citado en Mora 2019, p. 245)7.
Desde la psicología se menciona que el pertenecer a un grupo o comunidad conlleva que las personas presenten menos riesgos de padecer enfermedades asociadas a la salud mental, por consiguiente, es vital fomentar el contacto entre las especies, así como procurar contar con espacios que posibiliten el desarrollo de relaciones humanas solidarias que permitan que nuestra estancia sea mucho más satisfactoria, promoviendo así el bienestar integral y también formas de autocuidado8.
Vinculado al punto previo, es evidente la necesidad de repensar el propósito social de la arquitectura, por ejemplo, el desarrollar modelos de ciudades más equitativas con la población. Esto quiere decir que en el hábitat construido se priorice a los seres humanos o que se construyan espacios accesibles, seguros y sustentables con el medioambiente. Como menciona Gehl9, las planificaciones deben centrarse en crear ciudades vitales, sanas y para las personas.
En ese sentido, un aspecto importante de contemplar para este artículo es el tema de la corporalidad. Según Foucault10, el cuerpo es un pequeño fragmento en el espacio, por lo que puede ser arrancado de su propio espacio y ser proyectado en otra parte; es decir, se alude a que hay lugares mucho más profundos que otros y lugares sin lugar. Entonces, puede que existan lugares que no queramos habitar, como puede ser un cuerpo o una ciudad. En esta misma línea, un elemento interesante es expuesto por Araya Monge11, quien indica que la democratización de la ciudad permite reforzar los nexos afectivos entre las personas y la capital, incidiendo en la inclusión social e interacción entre las personas. Conviene recordar que, en el pasado, San José fue una ciudad de calidades humanas y urbanísticas envidiables, por lo que el desarrollar una acupuntura urbana es un paso relevante: posibilita darle un nuevo rostro al centro de la ciudad.
Con relación al término de acupuntura urbana, Lerner12 menciona que es posible generar propuestas para solventar las necesidades en una ciudad, es decir, los problemas del urbanismo y la sociedad en temas ambientales o de discontinuidad de la actividad urbana, entre otros. Por lo tanto, al igual que un paciente requiere de un médico, la ciudad necesita que se implementen estrategias de forma rápida como el pinchazo de una aguja, ya que estas permiten curar, mejorar y propiciar reacciones positivas y en cadena en torno a un lugar en particular, debido a que la ciudad es la solución y no el problema. Por ejemplo, se pueden introducir obras, costumbres o hábitos para transformar un lugar. Obsérvese el caso de la generosidad urbana en la que un grupo de vecinos provenientes de Brasil restauraron la estatua destrozada de una vaca o el llegar a unirse para preservar el riachuelo de una ciudad. Además, este mismo autor expresa que las ciudades pueden transformarse y mejorar, pero depende del individuo el conocerlas, sentirlas y ser capaz de captar momentos que pueden ser especiales en la ciudad en la que se encuentra.
A partir de lo expuesto, es claro que la zona de la Avenida Central, y áreas colindantes, son de gran relevancia para el país porque: acogen una diversidad de culturas y de personas que se están transformando conforme pasa el tiempo. Se realizó una investigación teórico-práctica, la cual es la base que posibilitó el desarrollo de este documento; por este motivo, resulta importante mencionar algunos elementos temáticos que surgieron en el proceso de la investigación, por ejemplo: el caminar, en el sentido del desplazamiento de una zona a otra; el mudar como un significante y la mudanza como un proceso de cambio, ya sea al vivir en otro lugar o la percepción sobre algo; el sentimiento de concebirse como alguien extranjera en su propio país, como en el caso de que una persona (estudiante foráneo/a) no sienta conexión estando en un lugar en particular o no tenga el interés de querer formar parte de este a pesar de vivir años allí, por lo que el sitio al que reside le es ajeno.
Otro aspecto corresponde al tema del habitar en el mundo, en el sentido de pensar si realmente estamos habitando los espacios en los que nos encontramos. El ritmo, por su parte, resulta ser diverso. Esto puede ser entendido en cuanto a la música o el trote de las personas, de ahí que la noción “re-corro” adquiere para la persona que redactó este escrito un nuevo significado por diferentes motivos que responden a una tónica de carácter personal y por consiguiente no tendrán lugar más allá de esta pequeña acotación: este artículo se encuentra configurado a un ámbito más academicista por lo cual hay que ajustarse a ciertas normas y también porque dentro de lo público se conservan elementos que se sostienen como privados, aunque este comentario no se puede afirmar con total severidad.
Por otra parte, en el siguiente apartado, se abordan dos ejes teóricos que son importantes para la elaboración de este artículo. El primero consiste en el habitar, entendiéndose como vivir o morar, por ejemplo, los espacios en los que nos encontramos13. En este primer eje interesa el proceso de cambio que se puede producir en el sujeto al recorrer ciertos lugares. Tal como menciona Maestre14, a lo largo del texto se desprende la idea de que cuando se camina, existe una disposición a la variación en al menos uno de los pasos que se repiten, y esto puede ocasionar un cambio en la percepción que tiene la persona acerca del entorno en el cual le es dado vivir.
El segundo eje teórico es el ritmo, esto es, un orden acompasado en la sucesión de cosas15. De acuerdo con Fraisse, precisar una definición lexicológica del ritmo es un proceso complejo porque existen diversas interpretaciones. A modo de ejemplo, en el texto Psicología del ritmo, este se describe como una organización ordenada del movimiento humano a través del tiempo; asimismo, se señala que en el campo psicológico se han llevado a cabo distintos estudios sobre el ritmo, en los que se han efectuado análisis de las actividades del ser humano. Personas profesionales en psicología, tales como Wundt, Meumann y Ruckmick han realizado investigaciones en torno a esta temática y han abordado aspectos fisiológicos, así como elementos de carácter más introspectivo16. Por último, es importante indicar que, para este trabajo, el ritmo se dirige en dos vías: en primera instancia, el de la música, como la que se escucha en la ciudad; en segunda instancia, interesa el ritmo/paso que muestran los sujetos al caminar por estos lugares.
Habitar
Murillo17, plantea el advenimiento de lo humano como un cuerpo que nace, ocupa un lugar, existe, muere y junto a esto, también es un articulador de lo social y de lo subjetivo. En la propuesta de dicha autora, se enfatiza el aspecto del lugar, el cual puede concebirse de distintas maneras, tales como los roles que el sujeto puede ocupar en determinados ámbitos o el/los espacio/os donde habita. Por su parte, Pallasmaa18 menciona que el acto de habitar es el medio en el cual una persona se relaciona con el mundo, lo que produce una serie de intercambios en los que el habitante se sitúa en el espacio y el espacio se incorpora en la conciencia del habitante; de esta forma, ese lugar, por ejemplo, el hogar, se convierte en una extensión y exteriorización de su ser, tanto a nivel físico como mental. En este lugar se desarrollan una serie de escenarios materiales y funcionales, así como diversos acontecimientos y experiencias.
En esta línea, es necesario señalar que etiológicamente la palabra habitar proviene de hábito, que en latín tiene el significado de tener que ser o estar de manera reiterada; es decir, si la persona está en un lugar de forma constante, es, está y vive en el hábitat con el que se relaciona, el cual le aporta cuidados para preservar su esencia. Por ende, es notorio que el ser humano es un ser en el mundo y que el acto de construirse se basa en su propósito de habitar19.
En relación con lo anterior, un elemento por destacar sobre el uso de los espacios es que, cuando se recorre una ciudad o parte de esta, como puede ser la Avenida Central de San José Costa Rica, existe una diversidad de individuos, tales como personas indigentes o vendedores ambulantes, quienes forman parte del paisaje o la arquitectura urbana. Al grupo de vendedores ambulantes lo pueden caracterizar algunos elementos como el vender ropa o música con el propósito de obtener ingresos económicos, siendo uno, de los distintos trabajos informales actuales, debido a que el desempleo afecta nuestro país.
Es importante señalar que muchas personas ponen su mercadería sobre bolsas y están pendientes de su entorno, ya que deben de desplazarse para evitar inconvenientes con la policía, debido a que esta labor se considera como una actividad comercial no autorizada20. Ante esto, tal como señalan Paniagua Arguedas, Brenes Montoya y Sánchez Lovell21, existen luchas por el espacio urbano, porque los vendedores ambulantes se encuentran ubicados en pleno centro del boulevard de la Avenida Central, por lo que surgen críticas como la dirigida a que obstruyen el paso peatonal, especialmente a población adulta mayor y personas con discapacidad visual. En consecuencia, si bien desde años han habitado y formado parte de San José, algunas personas pueden percibirlos y representarlos como elementos negativos para la ciudad.
También en un espacio como el de la Avenida Central habitan personas migrantes, para quienes su folclore, es decir el cuerpo expresivo de las costumbres puede ser distinto, por ejemplo, a la cultura costarricense. Estas personas podrían llegar a experimentar duelos migratorios que implican construcciones nuevas del Yo y del objeto, en los que existe la posibilidad de que surjan luchas entre el campo simbólico, las nuevas identificaciones culturales y las de su lugar natal; también es posible que lleguen a desarrollarse patologías que se manifiestan a través del cuerpo22.
A partir de esto, es importante reflexionar que existen diversas razones e interseccionalidades por las que las personas emprenden nuevos trayectos y habitan ciertos espacios. Es probable que muchos individuos hayan tenido que abandonar el hogar que habitaban, y este puede ser uno de los lugares más preciados para el ser humano debido a que se albergan memorias, imágenes e instantes determinados; sin embargo, si un lugar no es armonioso, no es habitable.
Por lo tanto, es vital cuestionarse cuáles cuerpos importan y quiénes pueden habitar ciertos lugares. Interesa preguntarse por qué a unos cuerpos sí se les está permitido transitar libremente mientras que a otros eso se les rechaza. Asimismo, debemos preguntarnos sobre la forma en que los individuos reaccionamos ante situaciones de este tipo. Según Butler23, el cuerpo implica vulnerabilidad y está expuesto a las miradas, el contacto y la violencia de las demás personas, ya que forma parte de la esfera pública, en la que el cuerpo es ese lugar en que el hacer y el ser hechos son equívocos y, por esa razón, no es del todo nuestro. Además, a partir de esto, es evidente que puede existir un malestar en la cultura, por lo que llegaría a producirse una arquitectura de nuestro mal-estar en esta. En otras palabras, la forma en que está construido el malestar conduce a pensar que las personas son como arquitectos que trabajan, propician y transforman estructuras24.
El autor Clavero Lerena retomó elementos de Freud; en particular, para este trabajo se destaca la obra El malestar en la cultura (1930), debido a que expresa que la cultura puede generar insatisfacción como sufrimiento, por lo que al desarrollarse se produce mayor malestar. Por otra parte, un punto que aborda es el complejo edificio del aparato anímico y la idea de que la forma en la que este se piense definirá nuestra manera de intervención. Participando de este proceso se encuentran las subjetividades, así como las pulsiones del sujeto, en las que pueden presentarse una serie de transformaciones25. Es decir, a través de la cultura se pueden legitimar ciertas prácticas, como discursos de odio o acoso; también pueden producirse transformaciones en las que se cuestione críticamente el lugar que tiene el sujeto en la cultura y la sociedad.
La teoría psicoanalítica puede enriquecer el análisis de lo arquitectónico, dado que el sujeto se enfrenta a un espacio y se produce una relación del “yo” con dicho espacio, en el cual puede proyectar su aparato psíquico, así como interactuar con el medio externo e intentar construir o modificar algo. De esta manera, la interpretación del espacio puede analizarse desde varias vertientes, como la antropológica, la arqueológica o la sociológica, pues cada recinto arquitectónico refleja una ideología, sociedad, lugar y época26.
A partir de lo referido es notorio que la persona puede producir implicaciones sobre un lugar e, incluso, buscar la forma de modificarlo. Por ejemplo, habitar responde a un acto simbólico en el que se organizan nuestras necesidades físicas y corporales, pero también nuestras mentes, sueños, recuerdos y deseos, por lo que el propio acto de habitar y su conceptualización conlleva a diversos puntos de partida (cuerpo, refugio, ciudad, casa, habitación) que han de formar parte de nuestra identidad y del ser; asimismo, se busca domesticar y controlar el espacio que habitamos, así como el tiempo y el transcurso de la duración27.
En ese sentido, Pallasmaa indica que los edificios y las ciudades antiguas pueden resultar tan acogedores como estimulantes, ya que registran el continuum del tiempo. Para ejemplificar, los museos pueden proyectar épocas pasadas las cuales podrían ser más lentas en sus ritmos diarios, por lo que se presentan como un elemento contrario a la modernidad, que muchas veces resulta ser nerviosa y apresurada, tal como indica Bauman28, las sociedades actuales se han transformado, olvidando la esencia de la convivencia humana del pasado, hoy en día, se utiliza el tiempo como un medio para conquistar el espacio, es decir, las relaciones sociales modernas que se desarrollan en espacios públicos han perdido el sentido de las relaciones sociales, ya que se percibe al sujeto como un extraño al cual se teme y se debe de evitar. Esto puede conllevar a que se generen cada vez menos conductas prosociales y más espacios vacíos que se encuentran carentes de su función social, a pesar de que las y los ciudadanos transitan por ellos y a su paso, los recorren de una manera veloz, casi inconsciente.
Por lo tanto, se podría argumentar, tal como lo señaló Heidegger (s.f.), citado en Pallasmaa29, que quizá los seres humanos hemos llegado a perder la capacidad de habitar, lo anterior en un sentido simbólico profundo; por ejemplo, habríamos perdido la capacidad de habitar los espacios que son habitables por las personas, así como el lugar que ocupamos y los lugares que ocupan las personas en nuestras vidas (es decir, nuestra propia existencia en el planeta).
El ritmo de la ciudad
Respecto a este eje, es importante mencionar que el ritmo es la base de las manifestaciones vitales y de la expresión individual30. En torno al ritmo de la ciudad, en el sentido musical, según Fajardo Trujillo31, la música en vivo (ya sea en un concierto musical o la que está en los espacios públicos como las calles) puede unir a las personas de distintas partes de la ciudad, país y del mundo. Por esta razón, la música, como su expresión y la traducción del lenguaje de sus letras (es decir la interpretación de su significado), nos posibilita estar en un lugar y en otro, el mudar o el trocar. También facilita la unión y las conductas sociales. Además, mejora el estado de ánimo e, incluso, al oírla y sentirla, se generan distintos movimientos corporales que nos permiten soportar, liberar y ser.
En cuanto al ámbito costarricense, se plantea la interrogante ¿a qué suena San José? Particularmente, esta pregunta se enfoca en los sonidos de la Avenida Central, en la que se puede observar y escuchar un sinfín de ritmos musicales de la ciudad, como: personas que cantan y quienes se detienen a escucharlas; el uso de instrumentos como guitarras, bombos y marimbas; el sonido de los carros y de los animales; la música que se produce en las tiendas y restaurantes; el sonido de las personas al hablar en distintos idiomas; el reír, caminar, escuchar su propia música; la voz de quienes la usan para vender sus productos (la cual, de alguna manera en el proceso, se escucha como si estuvieran cantando). Por consiguiente, este es un espacio que tiene puntos de encuentro para la diversidad cultural y musical, en el que hay música en todas partes; no obstante, puede que no todas las personas la escuchen, ya que la forma en la que se transita por un espacio podría influir en la percepción que se tiene sobre algo o alguien.
Por otra parte, tal como plantean Tironi y Mora32, cuando se camina por la ciudad las experiencias son variadas según el lugar: puede producirse o experimentarse bullicio, trajines y afanes que pueden influir en el ritmo de la persona que camina. De acuerdo con estos autores, en el transcurso de esta acción es importante tener presente algunas interrogantes, por ejemplo: ¿cómo se camina? (puede que caminemos de forma veloz o, por el contrario, con cierta demora; incluso, se puede generar una serie de tropiezos); ¿quién es la persona que camina? (puede tratarse de individuos o colectivos, grupos de familia, población adulta mayor, jóvenes, personas que trabajan); ¿caminamos con nuestros pies, cuerpos o, quizá, con las miradas? (el ser humano puede utilizar diferentes partes de su cuerpo en este proceso e, incluso, su imaginación, que le permite moverse de un sitio a otro); ¿qué narrativas se configuran según el peatón? (las historias que hacen que cada persona decida caminar, por ejemplo, ver a alguien en particular, el tener que ir a estudiar o trabajar).
En ese sentido, caminar lleva su tiempo, lo cual resulta ser contrario a los ritmos sociales acelerados de la actualidad. Al caminar, el sujeto puede sumergirse en una duración interior, por lo que debe de haber un deseo que movilice. Cada persona tiene su propio ritmo; por ejemplo, hay quienes se desplazan de forma rápida y quienes lo hacen de manera más pausada para apreciar el paisaje o para conversar. Por lo tanto, el ritmo de cada individuo es la musicalidad interna que anima su paso, es una decisión que la persona toma, en la que importa el camino y, eventualmente, la meta o el destino en particular, si es que se tiene, por lo que caminar es una experiencia de tiempo y espacio, en la que se viaja con el recurso del cuerpo33.
Sin embargo, es importante señalar que el caminar y el ritmo que se tenga son distintos según el cuerpo de la persona caminante. Calleja Duque34 menciona que las prácticas cotidianas y los recurrentes itinerarios que se configuran marcan los ritmos de las ciudades, por lo que puede llegar a desarrollarse un urbanismo inadaptado a las necesidades de hombres y mujeres. Esta última población, con el transcurso de los años, se ha incorporado al ámbito productivo y, por consiguiente, ha necesitado realizar una gran cantidad de desplazamientos de un lugar a otro en los cuales pueden existir puntos negros en la arquitectura de un espacio, generando a su paso miedos e inseguridades en la vida de las mujeres.
En relación a esto, como señalan Vallejo y Rivarola35, caminar en los espacios públicos, según el género de la persona, puede conllevar acoso sexual callejero. En muchos casos, la mujer, específicamente el cuerpo feminizado, debe cambiar de ruta, de ropa o salir en compañía, debido a que puede ser objeto de un conjunto de prácticas en la cotidianidad por parte de hombres que muchas veces son desconocidos, por ejemplo: silbidos, gestos o frases soeces, exhibicionismo, seguimiento en automóvil o a pie, que se han normalizado en las sociedades. En vista de lo anterior, es evidente que existe una estratificación y segregación de la ciudad, en donde los espacios no son iguales para las personas que hacen uso de ellos. En esta línea, conviene hacer referencia a la estatua de La Chola ubicada en la Avenida Central: si se observa su cuerpo, se percibe que las áreas del busto y las nalgas son las partes más desgastadas.
De esta manera, es notorio que diversos cuerpos transitan por un mismo lugar, pero con ritmos distintos, debido a que se encuentran influenciados por las razones personales por las cuales caminan, por los ritmos biológicos/circadianos, por limitaciones de acceso, por la sociedad y los años de edad del individuo (durante la infancia se puede andar distinto que cuando se es una persona adulta mayor). Por lo tanto, la forma en la que nos movemos es diferente. Cada sujeto sigue una cadencia, es decir, una secuencia que le es propia, o puede que se acompasen los movimientos personales con el ritmo de otro tiempo y del entorno, que es ajeno al de sí mismo. Nótense los semáforos peatonales, que ocasionan que pausemos nuestro ritmo por unos instantes y, cuando se activa su sonido, este es una indicación para proseguir nuevamente en la marcha; o puede que no se hayan respetado en ningún momento). Por otra parte, otro aspecto interesante por observar es cómo el reloj de la Avenida Central, el cual está posado sobre una fuente de agua se ha detenido dejando de indicar el tiempo; no obstante, el ritmo de las personas a su alrededor parece cada vez ir en aumento.
Método
Para este trabajo, se recurrió al método de la observación no participante. Se recorrieron distintos lugares de la Avenida Central, así como zonas alrededor de esta. Se observaron algunos aspectos que resultaron de interés para la persona que elaboró este estudio, por ejemplo: las personas, los sonidos, el caminar, los edificios y las estatuas. Se procuró ir en diversos días de la semana, lo que incluyó fines de semana, durante el transcurso de la mañana, la tarde y la noche, tanto en compañía como de forma individual, con la meta de tener distintas experiencias en el transcurso de la elaboración de esta investigación.
Es necesario indicar que, según Adler y Adler, citados en Flick, Kardorff y Steinke36, la observación no participante permite seguir el flujo de los acontecimientos sin llegar a ser interrumpidos por la intromisión de la persona que investiga. Además, en las observaciones no participantes, se tomaron fotografías y algunos videos, con el propósito de contar con material audiovisual que sirviera como un insumo de análisis.
Al mismo tiempo, se utilizaron bitácoras que permitieron llevar un registro del proceso efectuado. En estas, se realizó un proceso reflexivo y crítico sobre la experiencia de la persona investigadora en torno al tema del caminar por la Avenida Central. Posteriormente, se contrastó lo recolectado, a partir del uso de teoría de diversas lecturas consultadas, con lo cual se logró dar un énfasis a la perspectiva psicoanalítica. Por último, durante una clase de la carrera de Psicología, específicamente en el Módulo de Clínica de lo Psicosomático de la Universidad de Costa Rica, se efectuó una exposición del presente trabajo titulada “Años habitándote y recorriéndote, si tan solo nos conociéramos. Demos ese primer paso para otra oportunidad”.
Conclusión
Finalmente, a partir de lo desarrollado, es importante mencionar algunas reflexiones que se generaron al escribir este artículo. En primer lugar, habitar espacios es un proceso que no es estático, sino dinámico. Como seres humanos, podemos llegar a construir un hogar en un lugar en particular o podemos no hacerlo porque estamos momentáneamente allí, debido a que funge como un sitio de paso. Este puede ser el caso de las ciudades, las cuales son tanto físicas como humanas y tienen objetos que las estructuran. Por lo que son más que un lugar que hospeda una variedad de cuerpos: las ciudades albergan y tienen distintos significados para las personas.
Además, cuando se camina, se puede generar en los sujetos una serie de emociones: angustia, libertad, añoranza, nostalgia, entre otras, por causas tan diversas como el clima que varía de acuerdo a las estaciones del año o las características físicas del lugar transitado (ya sea el campo o la ciudad). Por ejemplo, el aire de la Avenida Central se caracteriza por ser templado, lo que puede influir en la motivación y el desarrollo de las actividades personales.
Por otra parte, si bien esto es un texto breve, debido a conversaciones que he mantenido con algunas personas que se han mudado a la ciudad, quisiera dedicar un espacio para indicar que puede que quienes somos externas/os del Gran Área Metropolitana (GAM) prefiramos pasar la estancia en una zona rural tanto por la conexión con la naturaleza como por los sentimientos que se llegan a generar por el disfrute y la tranquilidad que brinda el vivir en el campo; con todo hay que admitir que la ciudad también posee su encanto. Es evidente que ambos lugares tienen sus ventajas; sin embargo, no pretendo comenzar a enumerar las razones ni entrar en conflicto por elegir un lugar que se considere mejor debido a que no es un tema relevante, no son comparables ni mi opinión sería objetiva. Pese a ello, desde mi perspectiva, pienso que si se tiene la oportunidad es posible disfrutar de los contrastes y lo que nos ofrecen los sitios que se habitan.
No obstante, un aspecto fundamental que he comprendido a partir de este trabajo es que habitar un lugar muchas veces implica tener que dejar de habitar uno anterior, porque, aunque se quiera estar en ambas partes, no es posible. Por consiguiente, en ocasiones las personas requerimos ser capaces de prescindir de ciertos sitios y comenzar a movernos hacia otros destinos puesto que el no decidir nos puede llevar a no pertenecer a nada o a sentirnos fragmentados (aunque puede que nunca se esté completo).
Continuando con esta idea, un aspecto que me pareció muy interesante y me hizo reflexionar fue cuando se me preguntó si la palabra marchar que empleé en la parte de la introducción, tiene la misma connotación que caminar, esto, debido a que una de las personas revisoras de este texto entre sus comentarios expresó que le hizo pensar que su significado podría ser distinto (interpretándola como el acto de irse o el de la marcha militar), como han podido notar decidí conservarla ya que cuando se marcha, independientemente del sentido que se le otorgue, finalmente lo que se está generando es movimiento. Teniendo en cuenta lo expuesto, me surge la siguiente duda: ¿para formar parte de un nuevo lugar se necesita el acto de abandonar y también el de llegar a poseer otro?
Asimismo, considero que es necesario plantearnos otras interrogantes: ¿cuántos de nosotros vivimos en el tiempo presente?, es decir ¿realmente habitamos los espacios en los cuales nos encontramos en la actualidad? ¿Será que por la sociedad de hoy en día pareciera que no tenemos tiempo? Parece existir una paradoja, debido a que se quiere hacer varias cosas a la vez, estar en diversos lugares y abarcar mucho en un breve lapso; sin embargo, en realidad muchas veces puede que no se concluya satisfactoriamente lo planeado.
Aunado a lo anterior, la sociedad señala que los sujetos debemos ser productivos, lo que equivale a aprovechar al máximo el tiempo. No se nos permite sentarnos y entregarnos a la contemplación, ni caminar sin ir de prisa ni sin estar pendientes de nuestros deberes; pero quizá no se desee realizar una actividad laboral: puede que lo que queramos sea algo relacionado exclusivamente con el ocio y el encuentro, aunque sea por unos breves instantes.
Adicionalmente, algunas interrogantes que me surgen son: ¿resulta posible que la ciudad en la que vivimos sea una proyección de la sociedad que somos? Quizás los distintos lugares que habitamos componen quienes somos. Respecto al tema del ritmo, ¿las ciudades pueden tener un ritmo propio o más bien son las personas las compositoras? Junto a esto, me parece importante cuestionarnos ¿qué nos motiva a caminar?, es decir, ¿por qué recorremos ciertos lugares y de qué manera lo hacemos? Puede que nos detenemos porque el sitio nos invita a que nos quedemos más tiempo, puede ser porque nos parece bello (inclusive aquellos lugares que albergan heridas), queremos explorarlo y durante el camino quizás poder llegar a trazar nuevas historias. Tal vez hay motivos externos como las personas o recuerdos que hacen que deseemos seguir un poco más o, por el contrario, que no deseemos estar allí. Incluso, puede que algunas personas nos sintamos extranjeras en nuestra propia tierra (el sentir que no se pertenece a ningún lugar en específico), por lo que comenzamos a cuestionar nuestro lugar, como cuando al inicio de las clases universitarias se nos pregunta ¿de dónde somos?
El contestar esta pregunta, que puede parecer sencilla, conlleva tener que dar un recuento de nuestros orígenes y el habitar en la actualidad. O por el contrario, aún al ser una persona ajena al país en el que se vive, puede que se conozca la historia de este y, por consiguiente, que no nos sea indiferente; por ende, lo apreciamos mucho más que otros lugares, le tomamos el gusto y nos sentimos parte de un sitio.
A partir de esto, es importante retomar lo expuesto por Harvey37, quien menciona que en las ciudades se producen discursos como lenguajes (obsérvese el contenido que se deposita en los grafitis). Es necesario prestar atención a los mensajes que proporcionan los lugares que habitamos, ya que, actualmente existen múltiples distracciones en la vida urbana que entorpecen la comunicación dentro de los espacios con los que se interactúan cotidianamente. Esto puede deberse a que los ritmos espaciales y temporales de la modernidad se caracterizan por la fragmentación, la aceleración y por lo efímero.
También, caminar es diferente para cada persona. Existen quienes caminan porque piensan que esa es una mejor opción que detenerse. Puede que haya personas que desde hace tiempo no se mueven porque se sienten muy extenuadas para tan siquiera dar un paso. Hay quienes solo vagan, llegando a perderse para encontrase; sujetos que disfrutan de los sonidos que ofrece una ciudad. Quizá haya individuos que caminan porque es su trabajo, tal como los guías de turismo, quienes están en la búsqueda de un lugar al cual puedan sentir y pensar que pertenecen y que les aguarda. Existen personas que transitan acompañadas o de manera solitaria. En la marcha, se adquieren tanto experiencias individuales como colectivas; por ejemplo, actualmente muchas personas podemos caminar sobre tiempos de incertidumbre, esto a raíz de la pandemia por COVID-19.
Aunado a lo expuesto, mientras se camina es posible no ser conscientes de los otros cuerpos que forman parte del ambiente, o tan siquiera del propio. Entonces, un aspecto importante de contemplar es la relación de la corporalidad y el caminar. Surgen, de esta forma, preguntas como las siguientes: ¿a cuáles cuerpos se les permite caminar de una forma más libre?, ¿es un tema de género, clase social, salud?; o ¿quiénes tienen el tiempo y el acceso para caminar? En fin, pueden ser muchas las razones involucradas que hacen que un sujeto quiera caminar o, inclusive, que tenga que hacerlo de cierta manera, ya que la sociedad y las personas que forman parte de esta así lo han determinado y establecido.
Mediante lo referido, es evidente que cada persona recorre caminos muy distintos a lo largo del trayecto de su vida y, a su paso, puede que se encuentre con distintos obstáculos, pero también con momentos de goce. Existen diversas rutas, caminos y ciudades que están esperando el trote de nuevos cuerpos, los cuales pueden tener una diversidad de deseos y motivaciones. Tal como se ha enfatizado en este artículo, quizá hay quienes se queden más tiempo y decidan habitar estos lugares, o puede que haya otros que solo los transiten de una forma más apresurada, permitiendo al sujeto que camina el explorar y sentir muchas emociones, como apreciar una ciudad por su estética o poder desprenderse de ciertos lugares: los individuos van y vienen, se movilizan y habitan diversos sitios. De acuerdo a Simmel38, la cultura tiene su propio cuerpo y pueden existir problemas de la vida moderna, como el conservar la autonomía frente a las transformaciones de la sociedad o el sostener la existencia corporal, es decir, las relaciones que tiene el sujeto con el medio del cual forma parte.
Por último, se concluye que el cuerpo de la ciudad, o más bien los cuerpos que la conforman, la hacen ser lo que es, tanto de forma material/física como simbólica; por lo tanto, es un espacio urbano en el cual las representaciones propias de las personas se interrelacionan con otras experiencias compartidas por los seres humanos, quienes nos encontramos aprendiendo a nuestro propio ritmo el arte de vivir y el tener que habitar en un sitio determinado; es decir, aprender a pertenecer a un lugar.
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Notas