Resumen:
El siguiente artículo da cuenta del proyecto de extensión «Mapeando Saberes» de la Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de Entre Ríos, (Argentina). El mismo pretende, por una parte, conceptualizar la cartografía social, la comunicación pública de la ciencia y la extensión universitaria, conjugando sus perspectivas teóricas y metodológicas con una experiencia concreta. En segundo lugar, se procura analizar un trabajo de mapeo colectivo realizado en los barrios Arroyo Los Berros y La Cantera de la ciudad de Paraná (Entre Ríos), el cual consistió en describir y contar los territorios —no solo desde la perspectiva geográfica— sino también desde lo simbólico, a través de distintos métodos y técnicas para exponer las significaciones que los propios habitantes le otorgan a la historia y realidad de los barrios. De esta manera buscamos profundizar en tres hitos observados en el transcurrir del proyecto que dan cuenta de cambios entre los y las participantes: 1) reflexión y acción sobre el territorio; 2) reconocimiento y apropiación de la facultad y universidad pública; 3) superación de la dicotomía universidad/sociedad. Los mismos se describen a partir de los registros de los distintos talleres, encuentros y capacitaciones, realizados de forma conjunta entre los miembros del equipo de extensión y los habitantes del barrio. El proyecto buscó generar un espacio de encuentro e intercambio, promoviendo la participación de los diferentes agentes, trabajando desde la horizontalidad y el diálogo para lograr una transformación social.
Palabras clave: comunicación pública de las ciencias, cartografía social, extensión universitaria.
Abstract:
The following article reports on the extension project "Mapping Knowledge" of the Faculty of Education Sciences-National University of Entre Ríos (Argentina). On the one hand, it aims at conceptualizing Social Mapping, Public Communication of Science and University Extension, combining their theoretical and methodological perspectives with a concrete experience. Secondly, it seeks to analyze a collective mapping work carried out in the city disticts Arroyo Los Berros and La Cantera (Paraná, Entre Ríos), which consisted in describing and narrating the territories —not only from the geographical perspective— but also from the symbolic dimension, through different methods and techniques to expose the meanings that the inhabitants themselves give to the history and reality of the neighborhoods. In this way, we seek to deepen in three milestones observed in the course of the project which show changes among the participants: 1) reflection and action on the territory; 2) recognition and appropriation of the Faculty and the Public University; 3) overcoming the dichotomy university/society. These are described on the basis of the records of the different workshops, meetings and trainings, carried out jointly by the members of the extension team and the inhabitants of the neighborhood. The project aimed at generating a space for meeting and exchange, promoting the participation of the different agents, working horizontally and through dialogue to achieve social transformation.
Keywords: public communication of sciences, social cartography, college extension.
Mapear saberes, compartir conocimientos
Mapping knowledge, sharing knowledge
Recepción: 22 Agosto 2023
Aprobación: 26 Octubre 2023
Publicación: 30 Noviembre 2023
En el límite suroeste de la ciudad de Paraná (Entre Ríos) se encuentran los barrios Arroyo Los Berros y La Cantera. Ambos presentan características demográficas similares: condiciones ambientales desfavorables, escasa salubridad, urbanización precaria, zonas de anegamiento; falta de acceso a los servicios básicos —tales como agua potable, electricidad, gas natural—; población en situación de pobreza y marginalidad; vulnerabilidad política, económica y cultural; discriminación, estigmatización y exclusión social. Debido a ello, estos territorios y sus habitantes poseen una historia de lucha en común por paliar las adversidades y generar mejores condiciones de vida para su comunidad. Actualmente, la organización vecinal junto a agrupaciones políticas territoriales sostienen cinco comedores que se encargan de distribuir el almuerzo y merienda a las y los niños y adolescentes. También gestionan el Predio Cultural y Deportivo Los Berros, un espacio en común donde se desarrollan diferentes prácticas deportivas y talleres educativos, artísticos, de oficio, entre otros. Asimismo, existen diversos emprendimientos colectivos —bloquera, ladrillera, panadería, textil— que forman parte del movimiento de la economía popular.
Desde la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos (fcedu-uner) desarrollamos el proyecto de extensión «Mapeando saberes»1. El propósito fue la realización de un mapeo de los barrios referidos con el fin de identificar los territorios, sus agentes y relaciones para dar cuenta de la situación local, sus potencialidades y necesidades. Para ello conformamos un equipo de trabajo integrado por estudiantes y especialistas en diferentes disciplinas —geografía, comunicación, trabajo social, economía— que junto con la comunidad barrial llevamos a cabo diversas instancias de reflexión y producción colectivas para problematizar la realidad territorial, darle visibilidad y generar acciones en base a las necesidades y deseos de las y los vecinos. En el plano teórico, la propuesta integró la comunicación pública de las ciencias (cpc) y la cartografía social (cs), como campos de conocimientos específicos que permitieron abordar la relación entre la realidad social y las ciencias como respuesta a las problemáticas comunitarias. Asimismo, estos aportes se complementaron con los estudios latinoamericanos sobre extensión universitaria (eu) que, en líneas generales, analiza e interviene el espacio simbólico de encuentro e intercambio entre la academia y la comunidad extra-académica.
La comunicación pública de las ciencias se ocupa de los procesos que pretenden compartir conocimientos científicos y tecnológicos a un público lego (Burns et al., 2003). Ello contempla prácticas que posibilitan el acceso, la comunicación y apropiación social de las ciencias (Wursten, 2022;Legaria, 2022) a aquellas personas que no son expertas en determinadas áreas disciplinares, comprendiendo que se trata de temas de interés y relevancia social (Castelfranchi y Fazio, 2021).
El proyecto en cuestión estuvo orientado por el modelo etnográfico-contextual de la cpc y los aportes sucesivos, que proponen un enfoque complejo y situado de la relación entre ciencia y sociedad. Desde esta perspectiva, la ciencia no es un cuerpo de conocimiento objetivo y universal sino una práctica social que se construye y negocia. Este modelo permite superar la visión reduccionista del público como receptor pasivo, y abre la posibilidad de una comunicación dialógica y participativa.
Entre las y los especialistas del campo frecuentemente se debate sobre la asimetría epistémica y social que se genera entre las comunidades intervinientes. La asimetría epistémica refiere a la desigualdad existente entre los grupos de expertos y los públicos en cierta área de conocimientos que condiciona el diálogo entre agentes pero, lejos de ser un problema, es un punto de partida ineludible para cualquier investigación y práctica en cpc(Cortassa, 2012). Por su parte, la noción de asimetría social permite comprender que la situación socio-económica de las personas actúa sobre el grado de interés, conocimientos y participación de la población en los temas científico-tecnológicos (Polino, 2019). En líneas generales, Polino (2019) demuestra que una situación económica precaria, un nivel educativo bajo y el hecho de vivir lejos de los centros urbanos y ciudades capitales van en detrimento del acercamiento, la intervención y curiosidad de las personas sobre las ciencias.
En este sentido, el proyecto propuso un trabajo colectivo entre —al menos— dos grupos epistémicos y sociales diferentes. Por un lado, el equipo universitario con un capital simbólico específico en las áreas de abordaje de la propuesta y una intervención relevante en la esfera pública. Por otro lado, la comunidad barrial con bajos niveles educativos y marginada de las discusiones ciudadanas. Reconocer estas desigualdades es una posición realista «tan exenta de prejuicios descalificadores como de pretensiones reivindicativas» (Cortassa, 2012, p. 46) que permite encarar una propuesta superadora de la realidad social. De hecho, como se analizará, las propios vecinas y vecinos de los barrios marcaron estas diferencias continuamente en los encuentros.
La cartografía social (cs) estudia la construcción de narrativas colectivas sobre el espacio compartido. En contraposición a la definición de mapa como representación objetiva del territorio, enfatiza el papel de agentes, prácticas sociales y vivencias que habitan el espacio-tiempo. De este modo, se puede comprender que los barrios se construyen socialmente siendo constantemente reinterpretados y resignificados por sus habitantes (de Certeau, 2000). En palabras de Carballeda (2015, p. 2) «el territorio, a diferencia del espacio físico, se transforma permanentemente en una serie de significaciones culturales con implicancias históricas y sociales».
Particularmente, la cs toma como eje las desigualdades sociales producto del capitalismo y sus acciones, que se dirigen a aquellas poblaciones y espacios marginados por el sistema. De modo que estos territorios no sean narrados por terceros sino que la ciudadanía asuma un rol político activo sobre la realidad social y sea partícipe de sus mapeos (Offen, 2009).
El proyecto objeto de este artículo propuso un trabajo con las y los vecinos que pretendió fortalecer el ejercicio de la ciudadanía para bregar por los derechos colectivos y reivindicar su participación en la esfera social y política local. Siguiendo a Diez Tetamanti (2014), los mapas generados a partir del método de cartografía social representan un diálogo profundo sobre el territorio. Estos son resultantes de una trialéctica «tanto lo material (de la práctica espacial), lo mental (de la representación del espacio) y la experiencia (del espacio de representación) son plasmados en esa cartografía de la realidad, en tanto obra-mapa-texto colectivo» (Diez Tetamanti 2014, pp. 29-30). Consecuentemente, nuestra propuesta de realizar un mapeo colectivo posibilitó la generación de un espacio de encuentro e intercambio que permitió complejizar el territorio y trabajar más allá de lo físico-geográfico, incorporando elementos del orden personal, representacional, emotivo y proyectivo para pensar los barrios.
Desde sus comienzos a principios del siglo xx, la extensión en América Latina se asoció a las actividades científicas y culturales de las universidades destinadas a los sectores sociales que no accedían a la educación superior como la clase obrera, la población rural o urbana periférica, entre otras. Estas propuestas poseían un sesgo paternalista, otorgando incuestionablemente a la universidad un rol clave en el desarrollo de la comunidad en su conjunto (Cano Menoni, 2017;Tünnermann Bernheim, 2000). A partir de la segunda mitad de siglo, aportes como los de Freire (1971) nutrieron los debates hacia la comprensión de la extensión como proceso dialógico en donde la universidad «asume y cumple su compromiso de participación en el proceso social de creación de la cultura y de liberación y transformación radical de la comunidad nacional» (udual, 1972). En la actualidad, bajo la denominación de extensión crítica se la considera como:
Un proceso de diálogo de saberes, crítico, horizontal que vincula educadores de variado tipo (universitarios, técnicos, dirigentes de movimientos y organizaciones sociales, etcétera) con sectores populares, en la búsqueda y construcción de una sociedad más justa, solidaria e igual, en donde desaparezcan los procesos de opresión-dominación y en donde se generen y fortalezcan propuestas anti-capitalistas, anti-patriarcales y de-coloniales (Grupo clacso y uleu, 2020. Como se cita en Tommasino, 2022).
La extensión, entonces, es la función universitaria que se ocupa específicamente de la relación entre la academia y su entorno, propiciando el diálogo entre agentes y colocando los recursos institucionales —humanos, técnicos, simbólicos— al servicio del desarrollo cultural y científico social (Wursten, 2022). Desde esta perspectiva, se sostuvo la viabilidad de la propuesta como proyecto de extensión a partir del cual se pretendió acercar dos grupos sociales disímiles para que compartan saberes y experiencias e intervengan en la realidad social.
El modelo crítico del que partimos comprende la extensión como instancias dialógicas y de trabajo colectivo entre universitarios y grupos sociales (Tommasino y Cano, 2016). Asimismo, desde la cpc se ensayan iniciativas que implican una apertura de los conocimientos y las instituciones hacia la comunidad y fomentan la participación de personas legas, tales como la ciencia ciudadana (Hecker y Taddicken, 2022) y otros modelos de participación (García-Guerrero y Lewenstein, 2022). Mientras que la cartografía social entiende el mapa, de acuerdo a Risler y Ares (2013), como un medio —no un fin— de un proceso reflexivo, creativo y colectivo sobre la realidad social.
Desde la complementación de estas perspectivas teóricas, la propuesta apuntó a trabajar desde la horizontalidad, el diálogo y hacia una transformación social posible. Por un lado, pretendió generar una apertura sobre las ciencias, el territorio y la universidad realizando un trabajo colectivo entre diferentes sectores, particularmente, expertos —comunidad científica, especialistas en cartografía y grupos universitarios— y legos —ciudadanía extra académica. Por otro, se enfocó en la intervención de las comunidades respecto de sus condiciones de vida marginadas de los procesos sociales y políticos contemporáneos.
De acuerdo a lo anterior, el proyecto de extensión propuso dos objetivos principales: 1) realizar un mapeo colectivo de territorio, actores y relaciones sobre los barrios Arroyo Los Berros y La Cantera que identificara la situación local, sus potencialidades y necesidades para contribuir al trabajo que se realiza en la comunidad y generar propuestas de acción a futuro; 2) consolidar un equipo de extensión formado en las temáticas de: extensión universitaria, comunicación pública de las ciencias y cartografía social. De antemano la propuesta distinguía dos grupos: uno universitario y otro barrial. Conforme se fue ejecutando la propuesta, estos tendieron a unirse en un trabajo colectivo sobre lo cual se profundiza en el apartado siguiente.
Para llevar a cabo dichos objetivos, se establecieron encuentros periódicos entre los agentes participantes. Estos se realizaron bajo la modalidad de taller, a través de herramientas ligadas a lo que el grupo Iconoclasistas define como dispositivos múltiples: una dinámica para diversos encuentros que combina el abordaje de temáticas específicas a partir del mapeo con otros recursos gráficos, incorporando dimensiones temporales, corporales y subjetivas (Risler y Ares, 2013). A partir de esta modalidad se propusieron jornadas de trabajo colectivas, participativas, horizontales y creativas en torno al espacio compartido. A lo largo de un año se concretaron alrededor de veinte encuentros cuyos contenidos versaron sobre: la desigualdad y estigmatización social; la universidad como institución educativa y científica; la percepción sensible del territorio; la historia de los barrios y sus habitantes; las necesidades, potencialidades y deseos de la comunidad barrial; la cartografía social y el mapeo colectivo; el ejercicio de la ciudadanía y la participación en la esfera pública; comunicación y medios. Estos encuentros se fueron alternando entre las instalaciones de los barrios —polideportivo, comedores— y de la Facultad —aulas, laboratorio de audio, gabinete informático.
Paralelamente, el equipo extensionista llevó a cabo un número de reuniones similares para planificar los talleres. Asimismo, se realizaron dos instancias de formación para el grupo dictadas por profesionales externos: la primera sobre extensión universitaria y formulación de proyectos, la segunda en cartografía social y mapeo colectivo. Esta última, contó con la participación de vecinas y vecinos de los barrios, lo cual se desarrolla más adelante en los Resultados.
Los métodos utilizados para dar cuenta de la labor realizada fueron, principalmente, los registros escritos producidos por el equipo de trabajo, entendiendo esto como herramienta de investigación y, sobre todo, como un nivel de análisis, «como el primer paso a la objetivación —cuando comenzamos a transformar la información en dato— y como el modo de controlar los filtros que permanentemente actúan sobre lo que vemos y oímos» (Rosato, 1999, p. 22). Del mismo modo, esta estrategia se complementó con entrevistas a las y los referentes barriales, registros fotográficos y audiovisuales de las experiencias y los mapas confeccionados en la recta final del proyecto (ver imágenes).
El mapeo se utilizó como metodología para reflexionar, generar diferentes narraciones sobre los barrios y poder socializarlas (Risler y Ares, 2013). Los productos finales, fueron expuestos a toda la comunidad en la actividad de cierre del taller, además, se distribuyeron por las redes sociales del barrio y un canal específico —fanpage de Facebook— creado para tal fin. Actualmente, se encuentra en desarrollo un sitio web con información del taller, el trabajo barrial, los mapas e información producida.
En este apartado se reflexiona sobre la experiencia y cómo esta contribuyó a un proceso de transformación en el pensamiento y acciones de las y los agentes involucrados. Para ello, apoyándonos en el material de registro, exponemos tres hitos que dan cuenta de ciertos cambios observados entre las y los participantes. A saber: 1) reflexión y acción sobre el territorio; 2) reconocimiento y apropiación de la Facultad y universidad pública; 3) superación de la dicotomía universidad/sociedad.
Con el objetivo propuesto de identificar los territorios, sus agentes y relaciones para dar cuenta de la situación local, sus potencialidades y necesidades, realizamos un trabajo de reflexión sobre el territorio, donde las y los participantes del proyecto pudimos ir reconociendo aspectos de la configuración de los barrios.
A raíz de los encuentros con modalidad taller trabajamos con consignas que nos iban permitiendo visibilizar las potencialidades, necesidades y relaciones que estaban presentes en los barrios. Reconocimos, en principio, que las personas que allí habitan solo hacían énfasis en lo que falta, es decir, bienes materiales y de existencia de los cuales carecían. Por ejemplo: calles asfaltadas, agua, cloaca, luz, seguridad, etcétera.
A medida que pasaba el tiempo y los encuentros, intentamos dirigir el encuadre de los talleres a reconocer los aspectos favorables de los barrios y sus comunidades, distinguiendo potencialidades, experiencias significativas que las personas habían vivido, luchas históricas que consiguieron derechos, entre otros. En este sentido, fuimos recuperando relatos, narraciones, intervenciones que fueron generando transformaciones en las concepciones que posibilitaron valorar, reconocer y legitimar dichos aspectos positivos, que se materializan en situaciones concretas.
De hecho, en uno de los talleres donde se creó un guion radiofónico para generar una cuña de presentación de los barrios, a uno de los participantes se le ocurrió arrancar diciendo «Nos falta todo, pero (…)» y allí empezaron a nombrar las potencialidades que reconocieron. El audio fue construido a partir de la participación de las y los vecinos y vecinas. Aquí exponemos un fragmento:
Somos Barrios del Sur. Somos tres partes de un mismo barrio: La Cantera, Los Berros y la Cortada 832. Nos encontramos al sur de la ciudad de Paraná, en la zona del arroyo Los Berros, el arroyo Tuyucuá y las Canteras. Nos falta de todo, pero (...): la Organización Popular se organiza por un barrio mejor, creamos merenderos, creamos trabajo mediante talleres y cooperativas, recuperamos nuestro Predio Deportivo y Cultural Los Berros luego de ser centro clandestino de detención, entre tantas otras cosas. Somos quienes construimos el futuro. Somos quienes le damos vida al barrio. Somos quienes imaginamos un barrio mejor.
El reconocimiento de la lucha vecinal, de la historia y frases como «Somos quienes le damos vida al barrio», dan cuenta de la comprensión de las y los participantes sobre la construcción social de los territorios.
En esta misma línea, intentamos plasmar en mapas las potencialidades y necesidades que fuimos recuperando y que creamos entre todos, con mayor participación y decisión de las personas del barrio, porque el objetivo principal era que los propios habitantes reconozcan los diferentes aspectos que configuran sus espacios para así valorar y potenciar acciones futuras. Parafraseando a Offen (2009) que se mapean para no ser mapeados, valorando justamente esas potencialidades que muchas veces quedan ocultas bajo las necesidades, la falta, etcétera.
Los mapas creados representan el espacio geográfico de los barrios, puntos de referencias, las instalaciones y servicios comunes para las y los vecinos, la historia de lucha, las actividades que se llevan a cabo cotidianamente, las emociones que sienten en cada persona de los lugares, y lo que falta como reclamo, reivindicación y proyección.

Mapa integrado de barrios Arroyo Los Berros y La Cantera
Fuente: Elaboración propiaEste mapa recorre el espacio geográfico que une a ambos barrios y describe los puntos de referencias que se ubican en el territorio. Dichos puntos de referencias, con sus respectivos iconos, fueron pensados y creados desde la comunidad barrial en conjunto con el equipo, tomando decisiones con el objetivo de representar cada lugar significativo del barrio, para luego unificarlos y poder sistematizarlos en el mapa. Por ejemplo, las decisiones en torno a los colores y las formas de los íconos fueron un tema de debate y construcción colectiva. En este sentido, el logo que representa al predio fue construido a partir de la idea de que la llama de fuego significa lucha y los troncos que se ubican debajo de la llama representan tres partes del barrio: La Cortada 832, los Berros y la Cantera.
Por otro lado, se tomó la decisión de representar a los merenderos con una olla grande, ya que simboliza uno de los elementos significativos que son parte de esos espacios. También, se representa mediante emojis qué siente la comunidad barrial cuando transita por estos lugares, como la alegría, nostalgia, amor, entre otros.

Mapa barrio Arroyo Los Berros
Fuente: Elaboración propiaEn este mapa, las referencias corresponden al barrio Arroyo Los Berros, desde elementos concretos a más abstractos. Aquí aparecen representados, a través de diferentes íconos, los lugares que ellos y ellas consideran representativos (cancha de fútbol, fábrica, huertas, merenderos, cementerio, cooperativas de albañilería, bloquera y ladrillera). También recursos naturales (cañaveral, monte), actividades y trabajos (taller de arte, cuadrilla de limpieza) y necesidades (transporte público, centro de salud).

Mapa Cortada 832 – barrio Arroyo Los Berros
Fuente: Elaboración propiaEn este mapa de la Cortada 832 se agregan a los íconos mencionados previamente, la referencia a una de las escuelas a la que concurren niñas, niños y adolescentes de la zona. Además, actividades como el taller de costura, el taller de panificación y la planificación. Asimismo, a través del trazado de dos líneas rojas se da cuenta de los intentos de mantener al margen a la comunidad. La propia institución educativa levantó un mural sobre su patio para evitar que las y los niños del barrio jueguen en horario extraescolar. Además, finalizando la Cortada se erigió una pared para separar el barrio de una zona residencial, dejando a las y los vecinos sin salida a una de las avenidas más importantes de la ciudad.

Mapa barrio La Cantera
Fuente: Elaboración propiaEn el mapa de La Cantera se incorpora el ícono para representar la cantera lindante al barrio, en la que trabajan empresas que extraen broza, tierra negra y relleno. También los que refieren a ideas abstractas como el peligro de barranca y la falta de corriente eléctrica y agua corriente.

Mapa Historia de lucha – barrios Arroyo Los Berros y La Cantera
Fuente: Elaboración propiaEste mapa es una sistematización de los testimonios brindados por vecinas y vecinos durante uno de los talleres, en los que narran la historia del barrio desde ciertos acontecimientos de la subjetividad y de la memoria colectiva, que trascienden el registro documental al apelar a la oralidad y la vivencia del territorio. Se sistematizó a partir de los años que se vinculan con los acontecimientos, los cuales se situaron según el diseño de los mapas previos.
A través de estos mapas, construidos colectivamente con la comunidad barrial, se reconocen numerosos merenderos distribuidos en el territorio, lo cual habla de la organización comunitaria con el objetivo de dar respuesta a las necesidades básicas insatisfechas. Este trabajo también se materializa en los diversos talleres que continuamente se desarrollan y se ofrecen a la comunidad barrial. Asimismo, se visibilizan los emprendimientos de albañilería, ladrillera y huertas, como también aspectos que identifican al territorio geográfico y cultural de manera singular.
Todas estas características, que en su mayoría no eran visibles en los mapas preexistentes, reflejan la realidad, necesidades, potencialidades y deseos que poseen quienes habitan los barrios.
Este hito fue uno de los más importantes debido a las distancias materiales y simbólicas que están latentes entre los barrios, las personas que allí habitan, y la Facultad y universidad pública. En primer lugar, porque la Facultad se encuentra en el centro urbano, mientras que los barrios están ubicados en los límites de la ciudad a varios kilómetros de distancia, con escaso acceso al transporte público, además de ser este un servicio defectuoso. En segundo lugar, operaron las asimetrías epistémicas y sociales entre la comunidad académica y barrial. Consideramos necesario reconocer y reivindicar el acceso gratuito y de calidad a la universidad pública, pero también es fundamental no pasar por alto que para acceder a dicha institución tienen que existir condiciones de vida reales (acceso a la alimentación, vestimenta, transporte, tecnología, etcétera) que permitan responder a las exigencias que la academia impone. En este sentido, desde los barrios no se reconoció el espacio de la universidad como propio, como habitable, sino como un espacio privilegiado y respetable, porque «ustedes son los que saben y tienen el conocimiento»2, y al que no pueden llegar. En esta línea, una de las jóvenes referentes también advirtió esta distancia en el transcurrir de los talleres: «Yo les insisto para que vengan porque nosotros nunca vamos a llegar ahí» —haciendo referencia a la universidad— «ustedes tienen otras herramientas y saben, un poco más que nosotros».
A lo largo de un año transcurrido y de nuestro recorrido con la comunidad barrial hemos intentado contribuir a superar estas distancias y desigualdades existentes —y persistentes. Fuimos realizando encuentros en diversos espacios de la Facultad —aulas, sala de grabación, recorrido por todas las instalaciones— en donde hicimos hincapié en que la universidad le pertenece a todas y todos, y en cómo podemos hacer uso de ella.
Durante el primer encuentro dentro de la fcedu, se trabajó con los y las participantes del proyecto sobre el reconocimiento de los espacios: las aulas, las áreas de producción, las secretarías, el Departamento de la Mediana y Tercera Edad, entre otros. A raíz de esto, un hombre que concurría con frecuencia a los encuentros se acercó a uno de los integrantes del equipo extensionista para manifestar su interés de participar del curso de fotografía que se realiza en la Facultad. En su relato se expresa un deseo que pudo ser identificado a partir de las actividades que la institución brinda, que hasta el momento no había tenido la posibilidad de transitar. Otra experiencia de apropiación se dio en el hall de la Facultad: durante uno de los talleres, una de las mujeres que participó dijo «me siento como en mi lugar», manifestando comodidad de un espacio que apenas estaba comenzando a transitar.
En noviembre del 2022 —transcurrido varios meses de trabajo en el proyecto— un grupo de jóvenes del barrio participantes de los talleres, se acercaron a los pasillos de la Facultad con el objetivo de pegar un cartel que publicitaba la Marcha de la Gorra3. Este hecho posiblemente no hubiera ocurrido en un contexto previo, ya que el diseño del edificio no predispone su reconocimiento y apropiación por parte de la comunidad. Ello marca un indicio de identificación de la Facultad —y la Universidad— como un lugar que se puede pensar e intervenir en relación a cuestiones sociales y políticas que atañen a los barrios.
Dichas situaciones planteadas, si bien pueden parecer aisladas, son de gran relevancia ya que permiten comprender las transformaciones, movilizaciones y cuestionamientos a las afirmaciones que ellas y ellos realizaban respecto a la distancia presente con la Universidad. En el transcurso de los encuentros se pudo observar, en la actitud de las y los participantes, un mayor acercamiento y sentimiento de comunidad en la Facultad y sus instalaciones. También fue cambiando la relación con el equipo universitario, derribando aquella posición de superioridad en la cual se les colocaba, por un diálogo y trabajo colectivo a la par, más cercano a la propuesta de la perspectiva etnográfica y contextual de la cpc. De esta forma, reconocimos transformaciones al interior de las y los extensionistas porque los encuentros permitieron conocer las experiencias, vivencias, percepciones e iniciativas de los vecinos, posibilitando una problematización y cuestionamiento en cada participante que alimentó el debate en las reuniones semanales. Estas cuestiones se detallan en el punto siguiente.
A medida que se realizaban los encuentros, la relación entre las y los participantes fue desvaneciendo la distinción tajante expuesta en el proyecto entre comunidad universitaria y barrial. Los vínculos se fortalecieron en el devenir de la práctica y se generó un trabajo colectivo, no olvidando las diferencias, sino reconociéndolas como punto de partida (Cortassa, 2012). Cabe destacar, sobre todo, la superación de la brecha epistémica y social en tanto que se hizo partícipe a la comunidad barrial de instancias que a priori están destinadas a la academia. En primer lugar, la comunidad barrial participó de la capacitación en cartografía social y mapeo colectivo —una actividad pensada como formación interna al equipo extensionista— que se realizó en las instalaciones de la Facultad.
A través de los encuentros se pusieron en tensión las concepciones de mapa que tenemos y cómo todas las personas nos apropiamos subjetivamente del territorio, lo cual permite disputar el sentido del mismo y pensar en formas de representarlo para visibilizar lo que se considera importante. Esto apunta, como propone Offen (2009), a que la ciudadanía asuma un rol político activo sobre la realidad social y sea partícipe de sus mapeos. En este sentido, el trabajo con las y los vecinos pretendió fortalecer el ejercicio de la ciudadanía para bregar por los derechos colectivos y reivindicar su participación en la esfera social y política local.
En segundo lugar, se presentó un nuevo proyecto de extensión para el año 20234 de cuyo equipo participan vecinas y vecinos de los barrios. Esto representa una transformación de fondo, generalmente se suele colocar a la comunidad territorial como destinataria de las propuestas, un rol que la deja en una posición subordinada y excluyente en relación a la academia. ¿Por qué ellos no pueden formar parte de la construcción y ejecución de estas propuestas? ¿Qué otros saberes pueden aportar para poner en diálogo con los académicos? Cuán necesario es que reivindiquemos la comunidad barrial y los saberes populares que nos permiten pensar proyectos de extensión que acercan derechos a la educación, al conocimiento, a la ciencia y a la tecnología.
La nueva propuesta es el resultado de un trabajo mancomunado con la comunidad. Pretende trabajar en diversas temáticas que se identificaron en el mapeo, contando para ello con la contribución de los grupos de expertos, universidad y otras instituciones de ciencia y tecnología. Algunos de los ejes pensados en conjunto son: el acceso a una adecuada alimentación y su abordaje nutricional —composición y calidad de la comida— y bromatológico —cuidado y tratamiento de alimentos; la formalización de emprendimientos en asociaciones cooperativas; el fortalecimiento del trabajo en cuestiones sanitarias, principalmente sobre la escasa presencia del Centro de Salud de la comunidad; las problemáticas socioambientales ligadas sobre todo al desmonte, desborde de arroyos e inundaciones; la participación de la comunidad en las decisiones políticas y la reivindicación del derecho al acceso de bienes y servicios básicos.
El objetivo de estos ejes es la transformación de diversas situaciones en pos de mejorar la calidad de vida de las personas que viven en estos barrios, de acercar derechos y dentro de ellos reivindicar el acceso a la educación, ciencia, tecnología y comunicación.
El proyecto partió de articular los campos de extensión universitaria, cartografía social y comunicación pública de las ciencias como sustento teórico y metodológico. En este sentido, la extensión opera como lugar simbólico o interfaz a partir de la cual las comunidades académicas y extra universitarias pueden encontrarse y dialogar. Por su parte, la cartografía social propone la construcción de mapas como estrategia colectiva para reflexionar y transformar el territorio compartido. Finalmente, la comunicación pública de las ciencias permite fijar la mirada específicamente en los intercambios sobre conocimientos científicos y técnicos, los cuales guardan estrecha relación con las problemáticas que atraviesa la comunidad, el empoderamiento ciudadano y la transformación social. Dicha propuesta buscó generar un mapeo de los barrios Arroyo Los Berros y La Cantera ubicados en el límite sur oeste de la ciudad de Paraná para identificar los territorios, sus agentes y relaciones dando cuenta de la situación local, sus potencialidades y necesidades.
La experiencia favoreció la reflexión sobre el territorio y el cuestionamiento a los modos de entenderlo/narrarlo. De esta manera, se pudo salir de la mirada de la carencia y/o de la queja para convertirlos en problemáticas, necesidades y reclamos. También, se pudo reconocer las potencialidades. Aquello que sí tenían los barrios, las características favorables de su gente e historia de lucha. Además, se dio lugar a las emociones identificando los lugares o actividades que se realizan en el territorio y cómo nos hacen sentir.
Por otro lado, lo que en principio eran dos comunidades y mundos diferentes se fundieron en un trabajo en conjunto. Se generó el acercamiento de los grupos expertos y lego para luego trabajar en las asimetrías existentes y su superación. En principio se derribó la imagen hegemónica de la universidad como única y legítima institución de producción de conocimientos. Se la comprendió como institución pública al servicio del bienestar de toda la comunidad y dispuesta para su utilización y articulación con las demandas locales. Por su parte, se derribó la imagen sacralizada de las y los expertos como agentes poseedores del conocimiento para proponer un diálogo de saberes en el que las diferentes personas participantes se apropiaron de los saberes y generaron un trabajo colectivo y mancomunado.
Como resultado concreto de la experiencia, se puede mencionar la realización de una serie de mapas que narran los barrios desde diferentes perspectivas: las referencias geográficas y espaciales, las instalaciones vecinales y las actividades que se realizan allí, los sentimientos con los que se transitan los distintos puntos del territorio, la historia de lucha comunitaria, las problemáticas no resueltas y las demandas colectivas. Para socializar estas narraciones y otras informaciones de la vida comunitaria se creó un perfil en la red social más popular entre las y los vecinos —Facebook— y una página web que se encuentra en elaboración. Todo ello da cuenta de un trabajo dialógico entre la universidad y la comunidad de los barrios, a partir de la generación de un diagnóstico colectivo sobre el barrio y propuestas de intervención, de la apropiación de espacios y conocimientos.
Como continuidad de la labor queda un nuevo proyecto de extensión a partir del cual se pretende articular el trabajo científico y tecnológico local con las necesidades, potencialidades y deseos de los territorios en cuestión. En este caso, la iniciativa surge y se lleva a cabo desde un equipo integrado por personas pertenecientes a la universidad y a los barrios, asimismo, se basa en las problemáticas identificadas a partir del trabajo de mapeo. Por lo tanto, se abren nuevos interrogantes para la reflexión sobre la práctica orientados a comprender la relación entre la actividad científico-tecnológica local y las realidades comunitarias; la factibilidad de los conocimientos expertos para contribuir a la resolución de las problemáticas concretas; la interacción entre comunidad académica y barrial; el diálogo de saberes y la apropiación de los conocimientos generados en el proceso.
Cabe destacar que el análisis realizado, más allá del caso concreto, sugiere la posibilidad y el potencial de la articulación de los campos de estudio de extensión universitaria, cartografía social y comunicación pública de las ciencias para abordar la relación ciencia-sociedad y los vínculos de la universidad y el territorio.
redalyc-journal-id: 7318

Mapa integrado de barrios Arroyo Los Berros y La Cantera
Fuente: Elaboración propia
Mapa barrio Arroyo Los Berros
Fuente: Elaboración propia
Mapa Cortada 832 – barrio Arroyo Los Berros
Fuente: Elaboración propia
Mapa barrio La Cantera
Fuente: Elaboración propia
Mapa Historia de lucha – barrios Arroyo Los Berros y La Cantera
Fuente: Elaboración propia