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El despliegue del espacio urbano en la comprensión de los procesos sociales y económicos. Una mirada desde las revistas especializadas en Chile durante la década de 1970

The placement of the urban space in the social and economic processes. A view from specialised journals in Chile during the 1970s

Macarena Ibarra
Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile
Marco González Martínez
Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Chile

El despliegue del espacio urbano en la comprensión de los procesos sociales y económicos. Una mirada desde las revistas especializadas en Chile durante la década de 1970

Autoctonía (Santiago), vol. 7, núm. 2, pp. 1154-1188, 2023

Universidad Bernardo O'Higgins, Centro de Estudios Históricos

Recepción: 31 Marzo 2023

Aprobación: 26 Mayo 2023

Financiamiento

Fuente: ANID-Fondecyt Regular

Nº de contrato: nº1201861

Resumen: En el contexto de los efectos que había traído consigo el acelerado proceso de urbanización en América Latina, las discusiones académicas y profesionales sobre el espacio urbano tomaron parte importante de la agenda pública de la década de 1970. Este artículo analiza, para el caso de Chile, el desarrollo de los principales tópicos de discusión y cómo se vincularon con la teoría y práctica de la planificación urbana en un contexto de agotamiento del desarrollismo que, por décadas, había marcado la agenda del programa político y económico de la región. Pese a que circularon una serie de publicaciones periódicas durante la década que se hicieron cargo del problema urbano, este artículo selecciona los contenidos de la revista EURE y de Revista CEPAL tanto por su alcance como porque registraron la manera en la que los procesos sociales y económicos se comprendieron en perspectiva del desarrollo de las ciudades.

Palabras claves: Revistas profesionales, procesos de urbanización, urbanismo en Chile y América Latina.

Abstract: In the context of the effects that the rapid urbanization processes in Latin America, academic and professional discussions about the urban space emerged as part of the urban agenda in the 1970 decade. This article analyses, for the Chilean case, the development of the main topics of discussion and how they were related to theory and practice of town planning, in the last phase of developmentalism that, during decades, marked the political and economic agenda of the region. Although several periodicals and journals concentrated in the urban problem circulated during the period, this article concentrates in the contents of EURE and CEPAL journals which, due to its scope of influence registered the way in which social and economic processes were understood in perspective of urban development.

Keywords: Professional journals, process of urbanization, urbanism in Chile and Latin America.

1. Introducción

El acelerado proceso de urbanización que experimentó América Latina desde fines del siglo XIX mostraba sus críticos efectos en la segunda mitad del siglo XX. Dicho proceso, en gran medida, había sido el resultado de una significativa migración del campo a la-ciudad (De Oliveira y Roberts, 1997: 217). De ahí entonces que la urbanización fuera entendida en este periodo, en parte, como una consecuencia del desplazamiento de la población hacia asentamientos considerados urbanos, categoría asignada a localidades que poseían más de 20.000 o 100.000 habitantes, según lo establecía el criterio censal utilizado al promediar el siglo XX (CEPAL, 1959: 4).

Entre las características distintivas del proceso de urbanización latinoamericano destacó su elevado grado de concentración, fenómeno que, a diferencia de la experiencia europea, se había realizado en unas pocas décadas y en desbalance con su aparato productivo (Almandoz, 2008: 74). Así, la información demográfica levantada en la década de 1960 registraba el volumen y las características de las migraciones internas, entregando información relevante a la hora de explicar la intensificación del crecimiento urbano en las principales ciudades de la región (Elizaga, 1965: 28). De ese modo, la tendencia de la población a establecerse en las grandes ciudades, entre las que destacaban por la importancia política de las capitales de cada país, provocó significativos incrementos de población, tal como fue el caso de Caracas que, de 693.900 habitantes en 1950 aumentó a 1.336.500 en 1961, o de Bogotá, que de albergar 664.500 habitantes en 1951, la cifra se incrementó a 1.673.400 en 1964 (Herrera y Pecht, 1976: 31). Para el caso de la ciudad de Santiago, que en 1952 registraba un total de 1.350.400 habitantes, la cifra aumentó a 1.907.378 en 1960 (Censo, 1964: 5).

Este contexto, ineludiblemente, derivó en la emergencia de nuevas problemáticas sociales y económicas que se hicieron críticas frente a la imposibilidad de las ciudades de modernizar y proveer nuevas infraestructuras y posibilidades acorde a las demandas de sus habitantes (Almandoz, 2018a: 310), que estimularon una discusión académica y la revisión de estudios ocupados de la ciudad y en sus procesos de urbanización. Mientras en la experiencia internacional el mismo proceso había repercutido en la reestructuración teórica y práctica de las investigaciones urbanas (Soja, 2008: 151), en América Latina impulsó a un sector novedoso y experimental de las ciencias sociales de la época a interrogar las transformaciones ocurridas en las urbes del continente (Gorelik, 2022: 12). A modo de ejemplo, el fortalecimiento de la historia urbana y del urbanismo durante aquellos años se alejaba de la explicación de la “memoria de un ethos nacional”, trasladando su interés hacia la comprensión de asuntos relacionados con la vivienda, la salud, la segregación y el abastecimiento (Martínez y Mejía, 2021: 14).

Así, entrada la década de 1960, la ciudad y sus procesos de urbanización se consolidaban como un campo de estudio, específico en la región, convirtiéndose en un lugar de encuentro para un grupo de intelectuales y expertos. Estos últimos identificaron algunas de las temáticas propias de la experiencia latinoamericana, entre las que se encontraban las relacionadas con el desarrollo, el subdesarrollo (Mejía, 2013: 234) y la marginalidad (Duhau, 2014: 32), abordándolas desde una perspectiva que posibilitó el diseño de una agenda de investigación urbana.

En tal escenario, el caso chileno cobró especial importancia debido al interés que despertaba entre expertos del continente; en tanto, su capital, Santiago, era considerada simultáneamente un objeto de investigación y un espacio de desarrollo de discusión intelectual (Cáceres, 2016: 386-387; González, 2021: 10). Esta particular condición otorgada a la ciudad era, en parte, posibilitada por los centros de pensamiento que se encontraban radicados en ella, entre los cuales destacaban, por su alcance continental, el Centro Económico para América Latina (CEPAL), el Centro para el Desarrollo Económico y Social de América Latina (DESAL), el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS) y el Centro de Estudios Sociales (CESO). A ello, se agregaba la condición de sede que la capital chilena tuvo de importantes encuentros de discusión intelectual y circulación de ideas relacionadas con el desarrollo económico y social, como fueron la United Nations Conference Trade and Development (UNCTAD), en 1972, y el Foro Tercer Mundo, en 1973 (Devés, 2007: 180).

En dicho contexto, este artículo pone especial atención en dos revistas que se fundaron en la década de 1970, y que tuvieron gran importancia en la circulación y difusión de ideas. Debido a que hasta ahora las investigaciones históricas dedicadas al estudio de las revistas que circulaban en el periodo se han detenido preferentemente en el debate político que sus contenidos promovían, sean estos asociados a la discusión intelectual sobre la revolución socialista (Lozoya, 2020: 73), el apoyo entregado a la política pública en educación impulsada por el gobierno de la Unidad Popular (Schenone, 2022: 83) o la lucha ideológica e historiográfica (González, 2022: 1284), este trabajo busca profundizar en otros aspectos que integraron la agenda pública de aquellos años.

En ese sentido, más allá del desarrollo de esta historiografía, este artículo se propone reflexionar sobre las alternativas que el estudio del espacio urbano tuvo en la comprensión de los procesos sociales y económicos en el continente, tomando como fuente principal la Revista Latinoamericana de Estudios Urbano Regionales (EURE) -fundada en 1970 al alero del Centro Interdisciplinario de Desarrollo Urbano de la Universidad Católica de Chile (CIDU)-, y complementando su análisis con Revista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), creada en 1976. Mientras la primera registró en sus páginas una de las fases iniciales del debate sobre las especificidades del proceso de urbanización en América Latina, la segunda publicación puso mayor atención en los problemas socioeconómicos de la región, con diversos enfoques desde las ciencias sociales. La pertinencia de revisar ambas publicaciones responde a que, durante el periodo, y en el contexto de una desgastada agenda desarrollista, la atención de lo territorial en general -y de lo urbano en particular- estuvo marcada por la dimensión política y económica.

Resulta necesario señalar que ambas publicaciones son, hasta la fecha, publicaciones académicas que poseen gran impacto en la discusión intelectual de la región. Por una parte, EURE fue una iniciativa de la Comisión de Desarrollo Urbano y Regional de CLACSO,1 organismo que entregó la responsabilidad editorial al Centro Interdisciplinario de Estudios Urbanos de la Universidad Católica de Chile (CIDU). Entre 1970 y 1980, la revista logró coordinar la publicación de 20 ejemplares con un total de 90 estudios dedicados a distintas problemáticas urbanas en sus diferentes escalas, entre las que destacaban los relacionados con el proceso de urbanización y aspectos disciplinares de la planificación urbana, además de abordar tópicos muy del periodo como la pobreza urbana, el acceso a la vivienda y el funcionamiento del transporte urbano, en su gran mayoría, atendiendo el caso de Santiago. Por otra parte, Revista CEPAL inició su circulación durante el primer semestre de 1976 como continuadora del Boletín Económico de América Latina (1956-1975), logrando editar 12 números hasta 1980, con un total de 88 escritos dedicados a comprender el desarrollo social y económico latinoamericano, estudiando temáticas como la industrialización y el empleo, el déficit de los servicios urbanos, el desafío energético y los factores ambientales del crecimiento económico.

En su conjunto, tanto la Revista EURE como la Revista CEPAL, durante la década de 1970, abrieron sus páginas a la reflexión académica de distintos especialistas urbanos, tal como son los sociólogos Manuel Castells y Aníbal Quijano; el planificador John Friedmann; los arquitectos Carlos de Mattos, Oscar Yujnovsky y Patricio Gross; los economistas Gillermo Geisse, Osvaldo Sunkel y Paul Singer; el geógrafo Ricardo Jordán, entre muchos otros. Todos ellos tuvieron una activa participación en la edición de EURE y fuertes vínculos con el resto de la comunidad de investigadores del continente que, por entonces, se ocupó de territorializar los procesos sociales y económicos.

Si bien, durante la temporalidad en estudio circularon otros proyectos editoriales que tuvieron relevancia para el pensamiento urbano internacional, tales como: The Town Planning Review (Inglaterra); Journal of American Institute of planners (Estados Unidos); Travaux. Architecture, construction et travaux publics (Francia) o Ciudad y Territorio. Revista de ciencia urbana (España); mientras, en el plano nacional, destacaron también la revista CA, publicación oficial del colegio de arquitectos (1968-2023); la revista AUCA. Arquitectura, Urbanismo, Construcción y Artes (1965-1986) o la Revista de la Planificación: vivienda, ciudad y región (1964-1973). Tanto EURE como Revista CEPAL destacaban en su contexto por el alcance latinoamericano de su propuesta y la atención preferencial que tuvieron sobre la realidad chilena.

La metodología adoptada para este análisis ha contemplado una revisión histórica de los artículos académicos y estudios expertos contendidos en Revista EURE, entre 1970-1980, y en Revista CEPAL, entre 1976-1980. Con este propósito, se han fichado 32 ejemplares, seleccionando los estudios ocupados del espacio urbano y sus procesos sociales y económicos, para luego identificar las materias dominantes en la discusión, atendiendo sus continuidades y sus cambios a lo largo de la década de 1970.

Al entenderse en este trabajo las revistas como “soportes esenciales del campo intelectual, espacios valiosos para analizar la evolución de las ideas” (Dosse, 2007: 51), examinará a Revista EURE y Revista CEPAL como fuentes históricas para contribuir en la comprensión y desarrollo del pensamiento urbano del continente. Por tanto, la exposición de las ideas escrutadas en el presente trabajo no establece una secuencia cronológica, debido a que los productos de la inteligencia humana y su inherente complejidad no permiten una descripción lineal (Hall, 2014: 5), sino más bien hemos optado por estructurar el artículo en torno a tres apartados que discuten los abordajes desplegados en la época sobre el proceso de urbanización latinoamericano, las temáticas de la discusión urbana presente en las revistas especializadas y el énfasis puesto por los expertos urbanos del periodo en participar de la discusión pública. Así, el análisis propuesto espera aportar al conocimiento que se tiene sobre los primeros años del pensamiento urbano de perspectiva latinoamericana y su reflexión en torno al caso de Santiago de Chile.

2. Abordajes sobre el proceso de urbanización latinoamericano

La emergencia del espacio urbano en la comprensión de los procesos sociales fue fundamental en la región, durante la década de 1970. Esto, debido a la importancia, escala y desafíos que presentaban las ciudades latinoamericanas. El alto grado de concentración que caracterizaba a la población urbana del continente había hecho evidente las problemáticas en la estructura social y física de la urbe. De ese modo, la denominada “ciudad masificada” (Romero, 2011: 346) se consolidaba al ritmo que eran profundizadas una serie de dificultades asociadas a la implementación de servicios y a la escasa dotación de infraestructuras urbanas. Así, el transporte colectivo, el agua potable, el alcantarillado y el acceso a viviendas, hospitales y escuelas, entre otras, emergían como necesidades urgentes de solucionar, toda vez que tensionaban la institucionalidad vigente y agotaban los escasos recursos económicos disponibles en el continente (CEPAL, 1961: 49).

La rápida urbanización aparecía, de ese modo, como un componente de gran importancia a la hora de identificar el origen de las principales problemáticas sociales en la ciudad. Conflictos asociados a la urbanización que ya se habían hecho presente en el periodo más ágil de cambios, entre 1870 y 1930, momento en el cual surgían los antecedentes -o “vísperas”- del urbanismo en Latinoamérica (Almandoz y Ibarra, 2018: 11). Desde entonces, las ciudades, con su ambivalente carácter de lugar de oportunidades, encuentros y especialización, aparecían también con sus evidentes elementos negativos, conformándose en escenarios claves al momento de enfrentar los cambios políticos, sociales y económicos, mientras el poder se centraba cada vez más en sus capitales donde surgían las principales preguntas por la calidad de vida (Baer y Pineo, 2000: 8).

Así, los efectos de la urbanización y las respuestas que el urbanismo debía dar como actividad profesional y pública fueron materia de debate al promediar el siglo XX. Por dicho motivo, resulta compresible que la producción internacional sobre la disciplina y sus desafíos fuera tan fértil en la década de 1960. Estudios, ahora clásicos, sobre la teoría y práctica del urbanismo fueron publicados durante aquellos años, entre los que destacaban: The Image of the City (1960), de Kevin Lynch; The City in the History (1961), de Lewis Mumford; The Death and Life of Great American Cities (1961), de Jane Jacobs; L’Urbanisme. Utopies et Realités (1965), de Françoise Choay; Le detroit à la ville (1968), de Henri Lefebvre; todos, textos que permearon y animaron, de alguna manera, la discusión sobre los alcances y el rumbo de la planificación urbana del periodo.

En consideración de lo antes escrito se hace comprensible el contexto intelectual bajo el cual fueron elaborados algunos estudios para identificar los factores que se encontraban tras los procesos de cambios urbanos en el continente. Por esa razón, desde organismos internacionales tales como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), comenzaban a ser debatidas las concepciones de urbanización utilizadas en el periodo, ello debido a que se sostenía estaban centradas casi exclusivamente en aspectos “demográficos y ecológicos” (1968: 164). Con sede en Santiago de Chile, CEPAL elaboraba un diagnóstico sobre el estado de las investigaciones sociales, reconociendo el extendido uso de instrumentos científicos ajenos a la “inaprensible” realidad histórica de Latinoamérica. Según señalaba el organismo internacional, una comprensión del proceso de urbanización que integrara la totalidad del cambio social se encontraba trabada “por el carácter mismo del modo de razonamiento que subyace a los enfoques prevalecientes” (CEPAL, 1968: 211). Por lo tanto, las tradicionales concepciones que vinculaban la urbanización con una alteración de las relaciones demográficas urbano-rurales y el desarrollo de un “modo de vida” urbano, eran criticadas por su incapacidad de conformar un cuerpo teórico coherente que superara el nivel analítico de la investigación (CEPAL, 1968: 211).

Dibujo del edificio de las Naciones Unidas en Santiago de Chile
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Dibujo del edificio de las Naciones Unidas en Santiago de Chile
Fuente: CEPAL, 1966

La búsqueda de una perspectiva que permitiera abordar en mejores términos el proceso de urbanización comenzaba a ser una preocupación para algunos de los intelectuales más destacados del continente. Por ejemplo, en el prólogo de un texto que reunía las conferencias pronunciadas durante los Cursos Internacionales de Temporada realizados en la Universidad de Buenos Aires durante 1966, Jorge Enrique Hardoy y Carlos Tobar, destacaban la importancia que políticos, técnicos y científicos tenían para dirigir correctamente dicho proceso (1969: 19). Ante tal desafío, era el mismo Hardoy quien en su escrito presentaba los objetivos del libro, resumiéndolos en la creación de una mirada que permitiera analizar teóricamente el fenómeno de la urbanización en el continente, recurriendo para ello a distintos enfoques especializados y variadas disciplinas (1969: 64). Precisamente a ello se dedicaron los expertos urbanos reunidos en la instancia, quienes, a través de una reflexión sobre los aspectos físicos, económicos, sociales, demográficos, institucionales y jurídicos de la realidad latinoamericana, discutieron problemáticas vinculadas con el desarrollo y sus repercusiones en el espacio urbano.

De manera similar, Ricardo Jordán, en el texto derivado del seminario “La urbanización como campo de investigación de las ciencias sociales” -torneo realizado en Santiago de Chile durante el mes abril de 1967- presentaba los objetivos que la actividad perseguía, y animaron la discusión de los especialistas congregados. El intelectual chileno, quien también formó parte del debate realizado en Buenos Aires, incorporaba en su argumento consideraciones sobre las repercusiones espaciales en los cambios sociales, enfoque que le permitía relacionar el desarrollo urbano-regional con el desarrollo económico del continente. A razón de lo señalado, su diagnóstico sobre el estado de las investigaciones en Latinoamérica era presentado en los siguientes términos:

“las ciencias sociales tanto en la investigación sistemática como en la programación de alternativas para la acción, se encuentran en el umbral de un amplísimo y desconocido campo del cual aún ni siquiera imaginamos su naturaleza. Algunas disciplinas han comenzado a prepararse para las tareas; otras se han adelantado de frente y a veces, un tanto inseguramente, en el esclarecimiento de los innumerables interrogantes que se plantean; otras, más sobrecargadas de un pasado y tradicional instrumental analítico y puntos de vista anacrónicos, no han descubierto todavía el potencial de esta nueva frontera que se abre al mundo de la investigación” (Jordán, 1967: 4).

La variedad y amplitud de los desafíos que, al finalizar la década de 1960 las ciencias sociales en América Latina debían enfrentar, estimulaba un contexto intelectual de crítica y renovación sobre el presente y futuro de los estudios urbanos. Por entonces, entre la comunidad de expertos del continente era extendida la idea que tanto la investigación científica como las técnicas de conceptualización eran un reflejo de las prácticas de los países avanzados, por tanto, la “tarea de superar la imitación formal, para darle sentido y espíritu propio a esas actividades había de implicar necesariamente una profunda modificación de esos modelos” (Ratinoff, 1967: 7). Es decir, se esperaba que la discusión académica renovara en clave latinoamericana el enfoque teórico y el aparataje procedimental utilizado para explicar los problemas sociales y económicos que aquejaban a las ciudades de la región.

A ello contribuía también Oscar Yujnovsky, quien luego de comentar las definiciones existentes para explicar el fenómeno de la urbanización del continente, promovía en su argumento un encuentro entre la investigación teórica y la práctica de la planificación. A través de una intervención presentada en el mencionado seminario realizado en Chile durante 1967, argumentaba que las ciencias sociales debían volcarse hacia la determinación de los factores estructurales que trababan el desarrollo. Asimismo, se daba a la tarea de proponer una agenda de investigación, todo con el objetivo de generar un saber independiente y diseñar teorías aplicables a nuestra realidad, abandonando el traslado inmediato y acrítico de conclusiones obtenidas para otras:

“áreas geográficas y sobre todo eludir el esquematismo de las formulaciones abstractas cuando no contemplan adecuadamente la realidad de nuestros países. Sólo así los investigadores estarán al servicio del desarrollo y podrá la ciencia social avanzar en América Latina” (1967: 31).

El debate urbano desarrollado en Chile parecía entonces estar en línea con el ánimo de la comunidad de intelectuales latinoamericanos, reforzando los planteamientos teóricos establecidos y agregando otras instancias académicas para reflexionar sus alternativas de implementación. Era el caso del documento elaborado por el Centro Interdisciplinario de Desarrollo Urbano Regional (CIDU)2 -creado en 1965 tras el acuerdo de colaboración entre la Fundación Ford y la Universidad Católica de Chile, como centro interdisciplinario de formación, investigación y asistencia técnica liderado por John Friedmann-, artículo donde se trazaba en líneas generales un programa de trabajo para realizar docencia e investigación en el campo del urbanismo. Dicho informe exploraba una nueva manera de formar a los profesionales y técnicos que intervenían en la ciudad, sosteniendo que su práctica debía “llevarse a cabo a través de modelos resultantes de una constante confrontación con la realidad cultural de área” (CIDU, 1968: 15). En otras palabras, se postulaba prestar mayor atención a las particularidades del espacio urbano latinoamericano para interpretar a través de una “teoría propia” los problemas comunes relacionados con el desarrollo y el cambio social.

En definitiva, la manera en que eran abordados los problemas urbanos comenzaba a ser cuestionada en su base teórica y práctica, evidenciando el acuerdo existente sobre la falta de una mirada o perspectiva latinoamericana que explicara las particularidades de las transformaciones ocurridas en las ciudades del continente. Los cambios manifestados entre lo social y lo espacial empezaban a ser así el ámbito preferente sobre el cual las nuevas generaciones de intelectuales comenzarían a concentrar su trabajo académico. Esto era significativo en tanto sus reflexiones, a partir de entonces, buscarían otras formas de comunicación y circulación, situación que al despuntar la década de 1970 decantó, por ejemplo, en la creación de la revista EURE, en Santiago de Chile.

3. La discusión urbana latinoamericana en las revistas especializadas

Al iniciar la década de 1970, el círculo de intelectuales que cuestionaron los abordajes tradicionales y que buscaron una perspectiva que explicara el particular proceso de urbanización latinoamericano adoptaron nuevos espacios para difundir sus planteamientos. En concreto, con la edición de revistas era incorporado otro soporte de circulación académica, el cual estimuló un mayor grado de discusión en torno a los temas propuestos por la agenda especializada debido a su formato de publicación. Es decir, la edición de revistas favoreció el intercambio intelectual en la medida que entregaba voz a una pluralidad de figuras y posibilitaba una periodicidad al debate de ideas.

Desde su creación, la revista EURE había sido considerada por sus patrocinadores como un espacio para discutir teorías críticas sobre las ciudades del continente y sus conflictivos procesos de urbanización. Como hemos mencionado, editada inicialmente por el CIDU de la PUC, el proyecto reunía a un grupo de destacados expertos del periodo ocupados de lo que se comenzaba a denominar “fenómeno urbano” (Lefebvre, 1972: 53). Así mismo, vale la pena consignar que CIDU fue el primer editor de EURE debido a que la Comisión de Desarrollo Urbano y Regional de CLACSO lo designó así por tres años (Comité directivo, 1970: 6). Esta última organización, fundada en 1967, entregaba la responsabilidad editorial al centro chileno, lo cual se hacía sin perjuicio de la colaboración que el resto de los integrantes de la comisión prestará en la producción científica de sus contenidos y distribución. Con respecto a la publicación del primer ejemplar de EURE, en octubre de 1970, se puede señalar que el proyecto editorial desde un comienzo entendió el rol que su propuesta tenía en la ampliación de la discusión urbana en el continente, haciéndose parte del diagnóstico intelectual de la época al reconocer la existencia de:

“una cierta dependencia de teorías construidas sobre realidades sociales muy ajenas a la de los países latinoamericanos, un interés persistente por estudiar los problemas de la urbanización en la medida que son comparables con los de EE.UU. o Europa; el uso indiscriminado de técnicas y métodos que depende no sólo de realidades históricas diferentes sino también de disponibilidad y confiabilidad de información y equipos de niveles muy diferentes. El resultado ha sido que se han perdido muchas oportunidades de integrar los esfuerzos regionales con miras a una mayor eficiencia de los escasos recursos de investigación y docencia, y de establecer comparaciones entre países que pudiesen conducir a una perspectiva latinoamericana del desarrollo urbano y regional realizadas por latinoamericanos” (Comité directivo, 1970: 5).

La búsqueda de un abordaje latinoamericano en el estudio de las problemáticas derivadas del proceso de urbanización del continente motivó a la revista a diseñar estrategias para resguardar sus contenidos. De ese modo, una de las alternativas implementadas fue la realización de seminarios para revisar los temas claves en el campo de los estudios urbanos y territoriales. A través de dichas actividades, se desarrolló una discusión que permitiría integrar el trabajo de los centros que conformaban la Comisión de Desarrollo Urbano y Regional de CLACSO, para luego publicar sus resultados en formato de artículos.

Ese fue precisamente el origen del trabajo “Desarrollo, subdesarrollo, dependencia, marginación y desigualdades espaciales: Hacia un enfoque totalizante”, de Osvaldo Sunkel. La contribución elaborada en el marco de un seminario sobre la Macrozona Central de Chile formaba parte de la primera edición de EURE en 1970. En ella, el autor reflexionaba teóricamente, entendiendo el desarrollo y el subdesarrollo como “dos caras de un mismo proceso universal [...] estructuras parciales, pero interdependientes, que conforman un sistema único” (Sunkel, 1970: 16). Más adelante, Sunkel trasladaba su atención hacia los procesos denominados “polarizantes” del plano internacional y nacional, siendo este último, según su criterio, el cual había extendido la segregación urbana latinoamericana. Al respecto, reconocía en la conformación de la estructura productiva y de transferencias el establecimiento de una heterogeneidad de modelos de producción, mecanismos administrativos y desigualdades de ingresos, los cuales repercutían en la distribución espacial de la actividad económica y tendían “en general a una fuerte concentración urbana, pero a la vez a una segregación intraurbana” (Sunkel, 1970: 31).

Primera edición de la Revista Latinoamericana de Estudios Urbano Regionales
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Primera edición de la Revista Latinoamericana de Estudios Urbano Regionales
Fuente: EURE, 1970

Asimismo, entre los resultados del seminario se encontraba el trabajo “Áreas metropolitanas y desarrollo nacional”, de Guillermo Geisse y José Luis Coraggio. Al igual que la propuesta de Sunkel, la reflexión implementada por el director del CIDU y el investigador del Centro de Estudios Urbano Regionales (CEUR) poseía una escala latinoamericana que posibilitaba la integración de las distintas temáticas urbanas estudiadas por los centros CLACSO. En la siguiente edición, correspondiente a junio de 1971, nuevamente, la revista comunicaba al círculo de especialistas urbanos parte de los artículos elaborados para el seminario sobre la Macrozona Central de Chile. Específicamente, en el escrito de Sergio Boisier “Algunas hipótesis sobre un modelo de desarrollo de la zona central metropolitana”, el economista abordaba, en un marcado tono técnico, el patrón de crecimiento de la principal zona metropolitana chilena y sus implicancias políticas. El balance realizado por el experto permitía identificar las “rigideces” del proceso de urbanización santiaguino, al mismo tiempo que establecía como desafío la definición de objetivos e instrumentos de intervención en el área. Es decir, el diagnóstico construido por Boisier era un saber especializado concebido para la práctica, conectando así sus reflexiones académicas con las problemáticas que ocupaban la agenda urbana del periodo.

Los trabajos derivados de la actividad y gran parte de los contenidos presentes en EURE analizaban la realidad urbana del continente a la luz de un conocimiento especializado de fuerte raigambre económica. El desarrollo y subdesarrollo en tanto expresión espacial, tal como demostraban los textos contenidos en la revista, era una problemática manifestada en la distribución desigual de los habitantes en el territorio, pero posible de ser mejorada -según se sostenía en la época-, en la medida que se diseñaran estrategias que incorporaran los adelantos teóricos y procedimentales de los estudios urbanos y regionales; o sea, a través de la elaboración de planes que estimularan los sectores involucrados en el desarrollo urbano de las ciudades y sus áreas metropolitanas.

Conectado con la discusión anterior irrumpía la Revista de la CEPAL, editada también en Santiago de Chile, a partir de 1976. Su propuesta especializada apuntaba a identificar los problemas comunes del continente, revisando críticamente los estilos de crecimiento y desarrollo implementados hasta ese momento en la región. Heredera del Boletín Económico de América Latina (1956-1975), el nuevo proyecto editorial iniciaba su trabajo discutiendo los grandes temas de la década y aceptando los desafíos que ellos planteaban y las posibilidades que al mismo tiempo brindaban, lo que exigía a sus intelectuales un “esfuerzo de análisis sistemático, libre e imaginativo” (Iglesias, 1976: 5).

Entre las temáticas presentes en la revista volvía a aparecer la discusión sobre los problemas del desarrollo y subdesarrollo, destacando la búsqueda de nuevas alternativas que permitieran superar o a lo menos corregir las dificultades del modelo económico seguido con anticipación por los países del continente. Así lo consignaba el artículo “Enfoques del desarrollo: ¿De quién y para quién?”, de Marshall Wolfe, quien criticaba las estrategias de desarrollo utilizadas a lo largo de la década de 1970, debido a que bajo su criterio se habían convertido en una “industria en la cual la oferta crea su propia demanda de expertos, que se diversifica continuamente; en la cual las conferencias engendran conferencias y las declaraciones engendran declaraciones” (1976: 170).

A partir de dicho cuestionamiento, tiempo más tarde, EURE anunciaba el inicio de un proceso de diversificación de las concepciones de desarrollo, relacionándolo cada vez más con asuntos vinculados a la estrategia energética y al aprovechamiento del medio ambiente, aspectos que ampliaban la discusión teórica y práctica sobre el espacio urbano. En otras palabras, paulatinamente, la preponderancia del desarrollo urbano como ámbito específico para obtener el desarrollo más general del país parecía expandirse, posibilitando el posicionamiento en la agenda especializada de nuevas temáticas y actores al finalizar la década de 1970.

Otro de los grandes tópicos discutidos por las revistas especializadas durante los años en estudio fue la ciudad informal en Chile y en América Latina. Cabe recordar que por entonces los pobladores aparecían como “objeto de estudio” de la mano de las propuestas de la teoría de la marginalidad y los debates entorno al desarrollo, ideas que tiempo más tarde fueron complementadas con algunos elementos de la teoría de la dependencia, estableciendo un debate que no permaneció atrapado en la academia (Garcés, 2002: 259). El tema de los movimientos sociales y campamentos, se asociaron en la época a la teoría marxista de la lucha de clases, contextualizada con la llegada al poder de la Unidad Popular, a través del Gobierno de Salvador Allende (1970-1973). De ese modo, la dependencia económica de Latinoamérica se suponía como causa de la marginación de vastos sectores de población urbana, en el sentido que ellos no eran incorporados al mercado formal de trabajo.

Al respecto, el sociólogo Manuel Castells, en su artículo “El mito de la sociedad urbana”,3 discutía en la edición de EURE correspondiente a octubre de 1971 la “ideología urbana” existente en los estudios ocupados de los grupos sociales urbanos. Lo anterior, era complementado en 1973 con su trabajo “Movimientos de pobladores y lucha de clases en Chile”, en el cual criticaba las ideas asentadas en el campo académico y político sobre el llamado “mundo poblacional”. En detalle, revisaba en su escrito la historia reciente de la urbanización chilena y su persistente crisis de vivienda, para luego explicar la conformación de algunas “poblaciones” en el país y su relación con la coyuntura política del momento. A razón de lo señalado, en el argumento de Castells, la ideología y práctica social de los grupos urbanos cobraba especial importancia, afirmando que el “movimiento de pobladores” era en tanto entidad orgánica y frente específico de la lucha de clases un fenómeno reciente (1973: 21). Para él, lo fundamental era entender que el movimiento de pobladores había generado una dinámica específica a partir de su articulación en el conjunto de la lucha de clases y en el proceso político desplegado durante aquellos años en Chile.

Por su parte, Aníbal Quijano, en el ejemplar correspondiente a julio de 1972, analizaba de manera similar la constitución del “mundo” de la marginalidad urbana, la cual a diferencia de la teoría clásica que había considerado al “lumpenproletario” como un submundo anómico producido por motivaciones psicológicas individuales o por procesos de reducción del mercado de trabajo urbano. En tal sentido, los mecanismos de marginalización operaban para Quijano en todos los sectores de la actividad económica de las sociedades latinoamericanas, proponiendo que la población marginada estaba formando un nuevo estrato de la sociedad, cuya población no era solamente en términos numéricos grande, sino que era posicionada ocupando un nivel marginal a lo largo de todo el sistema, dejando “de ser, así, un grupo dentro de un sector, para constituirse en un conjunto de grupos en cada sector y, de este modo, en todo un estrato nuevo que atraviesa el cuerpo entero de la sociedad” (1972: 90).

La discusión especializada difundida por EURE experimentó algunas modificaciones luego del Golpe de Estado de 1973. Si bien manifestó continuidades relacionadas con la discusión de las temáticas asociadas al desarrollo y al subdesarrollo, su punto de ruptura estuvo en la restricción que los artículos con contenido sociopolítico tuvieron en su publicación, los cuales eran identificados en la editorial de diciembre de 1973 como una “desviación necesaria de corregir” (Garcés, 1973: 5). A partir de entonces, según ha expuesto Patricio Gross, se implementaron cambios sustantivos en la estructura sociopolítica del país, repercutiendo en una disminución del papel del Estado en los asuntos urbanos, entregando con ello mayor protagonismo al sector privado en la crecimiento y gestión del territorio de las ciudades (1991: 50).

A pesar de lo señalado, la Revista CEPAL continuaba discutiendo -entrada la década de 1970- el déficit de los servicios urbanos, además de prestar atención a las desigualdades en el mercado del trabajo, el análisis de la pobreza, los problemas del transporte urbano, los factores de evolución demográfica, el crecimiento de la población y migraciones rural-urbana, entre muchas otras temáticas estructurales de la realidad latinoamericana. Ejemplo de ello, es el trabajo de Francisco Barreto y Roy Gilbert “El déficit de los servicios urbanos: ¿una limitación estructural?”, publicado en 1977, donde se exploraba la etapa de urbanización explosiva y el aumento de la población en las ciudades del continente, evidenciando las persistencias en la región de la falta de equipamiento e infraestructura adecuada para atender las necesidades básicas de los nuevos habitantes urbanos.

No obstante, a diferencia de las temáticas de la primera mitad de la década de 1970, en las cuales la pobreza urbana era debatida como una cuestión de marginalidad socioeconómica y establecía vínculos entre el movimiento popular y la cuestión del poder político, estas se comenzaban a vislumbrar, cada vez más, como una cuestión de conflicto ambiental. Resulta ilustrativo el artículo publicado en EURE por Patricio Gross, Jaime Matas, Francisco Otava y Patricio de la Puente, en 1978, titulado “La calidad del medio ambiente físico en el área metropolitana de Santiago de Chile”, en el que se estudiaba la experiencia urbana chilena desde una perspectiva que enfatizaba las problemáticas ambientales en el crecimiento y gestión del área metropolitana de la capital chilena. En dicho trabajo, los autores sostenían que el medio ambiente se perfilaba como un tópico de relevancia, toda vez que la realidad de las ciudades requería de mecanismos de gestión eficaces para hacer posible un desarrollo más pleno en la calidad de vida del habitante urbano (Gross et al., 1978: 86).

Las temáticas ambientales eran, de este modo, anunciadas por EURE y anticipaban una discusión que al iniciar la década de 1980 se posicionaban con fuerza al interior de las revistas especializadas. A modo de ejemplo, el tema de la marginalidad y los campamentos eran entremezclados con la calidad ambiental, integrándose en el análisis como una preocupación auxiliar del problema de la pobreza urbana y como consecuencia de las graves crisis económicas que afectarían tiempo después al continente. Una síntesis explicativa de las teorías de la marginalidad y los estudios de la pobreza en las grandes ciudades latinoamericanas fue realizada por Francisco Sabatini. En 1981, el experto revisaba las teorías de marginalidad para superarlas, indicando en su reflexión que la pobreza urbana no era sólo una problemática económica o social y cultural, sino también era un asunto:

“ambiental: viviendas precarias sobrepobladas, equipamientos vecinales y servicio de redes insuficientes o inexistentes, lejanía a los centros urbanos de empleo y servicios. El olvido de la dimensión ambiental pone en evidencia cierto simplismo al abordar el estudio de la pobreza urbana” (Sabatini, 1981: 54).

Con todo, era posible reconocer en EURE, a largo de la década de 1970, el despliegue de temáticas relacionadas principalmente con el desarrollo, el cual, en clave latinoamericana, era estudiado a través de sus variadas expresiones negativas en el espacio urbano. Esto último cobraba relevancia a la hora de comprender la marginalidad en la ciudad, haciendo del caso chileno un ámbito preferente para discutir y explorar desde un punto de vista especializado debido a la importancia que tuvo el movimiento de pobladores santiaguino.

4. Entre el diagnóstico especializado y la práctica urbana

El grupo de intelectuales que se esmeró en buscar una perspectiva latinoamericana para comprender las particularidades del proceso de urbanización experimentado en las ciudades de América Latina avanzó de la mera discusión intelectual, en tanto tomó un rol protagonismo a la hora de participar en el ámbito público. En su conjunto, elaboraron al interior de las páginas de EURE las alternativas de un diagnóstico especializado que contribuyera a diseñar planes y proyectos que respondieran a las urgentes problemáticas urbanas al iniciar la década de 1970.

El tránsito entre los espacios académicos y la política, relación tan presente en el mundo intelectual urbano de la época (Ascher, 2018: 27), promovió el vínculo entre los cambios sociales y el territorio de las ciudades. Destacaba así, en dicho contexto, el proyecto editorial de EURE, cuyo interés también estaba situado en servir de “vinculación entre el campo académico y las estructuras institucionales responsables de las decisiones sobre políticas públicas” (Comité directivo, 1970: 6). Según el criterio declarado por sus editores, esa relación era débil en el continente y, si bien era “cierto que muchas veces se debe atribuir a circunstancias políticas insuperables, otras veces lo es por falta de medios de vinculación periódicos al alcance de quien se espera vincular” (Comité directivo, 1970: 6). De ahí entonces que parte de los artículos publicados por la revista asumieran el desafío de estrechar la distancia existente entre el saber experto y los organismos ocupados de gestionar la ciudad y sus procesos de urbanización.

Tal como se ha señalado, el diagnóstico especializado difundido por EURE insistía en el papel que el desarrollo de las ciudades y de los territorios tenía en los países del continente, incorporando a la discusión la idea de planificación, examinando así sus alcances como herramienta científica y técnica de alto valor para la toma de decisiones. A modo de ejemplo, John Friedmann, director del Departamento de Planificación Urbana y Regional de la Universidad de California, y Andrés Necochea, investigador ayudante CIDU, sostenían en 1970 que la urbanización se había transformado por “derecho propio en objeto de política pública” (Friedman y Necochea, 1970: 63). Acto seguido, afirmaban que al “controlar los procesos relevantes, la política trata de producir la organización espacial que mejor contribuya a alcanzar los objetivos sociales vitales, tal como empleo, ingreso y bienestar general” (Friedmann y Necochea, 1970: 63). Con ello presente, los expertos cuestionaban la planificación espacial tradicionalmente utilizada y proponían un método que influyera en el comportamiento de dichos procesos, recomendando la realización de “cambios permanentes en la configuración institucional que será responsable, en último término, de la generación de los procesos deseados” (Friedmann y Necochea, 1970: 77).

La importancia de la contribución realizada por John Friedmann en EURE no sólo radicaba en su calidad como destacado académico internacional y conocedor de la realidad nacional, evidenciada tiempo antes en un artículo publicado en el Journal of American Institute of planners sobre la planificación innovativa en la institucionalidad chilena (Friedmann, 1966: 202), sino también era relevante porque apoyaba intelectualmente la relación que la revista promovía entre el consejo experto y el poder político. Vale la pena recordar que con anticipación el profesor norteamericano se había desempeñado como director del Programa de Asesoría en Desarrollo Urbano y Regional de la Fundación Ford, lugar desde donde asesoró la modernización estatal realizada por el gobierno de Eduardo Frei (1964-1970) y promovió la creación de CIDU (Monti, 2020: 29). Por tanto, su publicación era recibida en el periodo como un aporte al campo especializado de las disciplinas urbanas, al mismo tiempo que era entendida como un insumo técnico para los diseñadores de políticas públicas.

La forma en que eran abordados los problemas derivados del proceso de urbanización, como hemos visto previamente, comenzaba a ser cuestionada en su base teórica y práctica al iniciar la década de 1970, estableciendo relaciones más fluidas entre el campo especializado de los estudios sociales y económicos, y el diseño de planes de intervención. Lo anterior era reconocible sobre el rol que en 1971 Richard Morse entregaba a la sociología en la planificación urbana, tomando como campo de experimentación la ciudad de Santiago y sus necesarias transformaciones en busca de su desarrollo territorial y urbano (Moses, 1971: 51).

El valor estratégico asignado a la planificación era así también distinguido en el trabajo de Enrique Browne “A propósito de un dilema: arquitectos y planificadores”. El estudio, presente en la segunda edición de junio de 1971, indagaba en las diferencias teóricas y procedimentales existentes entre dos de las principales disciplinas ocupadas de lo urbano. Analizando críticamente el papel desempeñado por los arquitectos, el autor dejaba entrever sus simpatías con los planificadores, quienes según su opinión realizaban “planes o estrategias de desarrollo”, pues la “perspectiva de la profesión es justamente esa: el DESARROLLO” (Browne, 1971: 43). Así, en coherencia con los propósitos de la revista, Browne desplegaba en su texto una argumentación que iba desde aspectos epistemológicos hasta técnicos, para trazar una comparativa expresada en los siguientes términos:

“las diferencias entre la implícita perspectiva arquitectónica de RESOLVER PROBLEMAS, y la explícita perspectiva del DESARROLLO de los planificadores, es clara. La unidad de cambio no es micro sino macrosocial; los problemas no están dados ni son los que aparecen en la superficie, sino que hay que descubrir su naturaleza; la intuición es reemplazada para estos efectos por métodos de análisis racional; lo físico-espacial no es la causa de todo, sino uno de los tantos aspectos que están presentes en el desarrollo; la solución de los problemas no es inmediata, sino que requiere de procesos temporales; la intervención sobre todo el proceso no es controlable por un profesional especializado, sino que participan muchos actores disímiles; la economía de medios no baja la calidad, sino que es una de las condiciones que impone el desarrollo para alcanzar los fines deseados; el énfasis en el producto físico final es reemplazado por el énfasis en políticas públicas; la pretensión no es solucionar los problemas inmediatos de los clientes, sino lograr ciertas formas de progreso social con el tiempo” (Browne, 1971: 44).

El estudio crítico realizado por Browne sobre los alcances teóricos y prácticos entre la arquitectura y la planificación urbana evidenciaba la búsqueda realizada por el campo especializado del continente para construir una mirada latinoamericana. La necesidad de utilizar procedimientos que explicaran en mejores términos el aumento de la escala de la ciudad en el continente posicionaba a la planificación urbana como una herramienta científica de mayor capacidad técnica para explicar e incidir en el proceso de transformaciones que experimentaba el territorio de la ciudad.

La discusión anterior tomaba forma durante el gobierno de la Unidad Popular, debido a que su administración utilizó la información elaborada de manera experta para participar del problema de la vivienda, las formas de vida de los santiaguinos, la planificación de la economía nacional, el desarrollo urbano, entre otros aspectos. A ello respondían precisamente artículos como “Pobladores y conciencia social”, de Franz Vanderschueren. El estudio, publicado en 1971 en EURE, contribuía al conocimiento que se tenía sobre las percepciones compartidas por los habitantes en relación con la planificación de iniciativas estatales para la ciudad, en especial, las vinculadas con el uso del territorio y la construcción de viviendas. Con respecto a esto último, se ha sostenido que la imaginación existente en el discurso político de Salvador Allende sobre el problema habitacional en Chile fue construida en parte por la relación que bajo su mandato se estableció entre planificación urbana y desarrollo económico (Ibarra y González, 2022: 142). De ese modo, el conocimiento especializado difundido por la revista servía como fundamento experto para el diseño de las estrategias que el Estado implementó para estimular la edificación de viviendas sociales a lo largo del país.

De manera similar, el escrito de Eduardo San Martín en 1972 discutía la experiencia de participación popular en la fabricación de casas, acción que había sido patrocinada por los organismos ministeriales del gobierno de Allende. La revisión de la política pública de la Unidad Popular en torno a la construcción de viviendas era, de alguna manera, una posibilidad para que la revista explorara las relaciones existentes entre el cambio social y el cambio espacial. En tal sentido, el nuevo rol que durante aquellos años se sostenía poseía el Estado, aproximaba al conocimiento especializado urbano con los organismos institucionales encargados de implementar las estrategias para subvertir las expresiones espaciales del subdesarrollo económico.

El diagnóstico especializado y su relación con la práctica urbana se dejaba ver, asimismo, en el trabajo de Moises Bedrack “Tesis Central de Desarrollo Espacial”, de la Oficina Nacional de Planificación Nacional (ODEPLAN). En este, el experto exploraba las diferencias en la dotación de infraestructura a lo largo del país, reconociendo en su balance la importancia que tenía para el gobierno la incorporación real de los aspectos espaciales a la temática del desarrollo, obligando al “sistema de planificación a integrarlos a los planes de la economía nacional, a fin de lograr, en un tiempo razonable, un justo desarrollo de los distintos espacios económicos del país” (Bedrack, 1972: 156). En la propuesta, la organización y la participación de los trabajadores en el área de la vivienda tenía un papel protagónico, llevando a la práctica una nueva visión que consideraba el análisis y la discusión “permanente de las experiencias e iniciativas en las instituciones de la construcción, para mejorar y ampliar las relaciones y formas de participación, a nivel local, regional y nacional” (Bedrack, 1972: 166).

Planificación de los centros de construcción de viviendas en Santiago de Chile
Imagen 3
Planificación de los centros de construcción de viviendas en Santiago de Chile
Fuente: EURE, 1972, nº4, p.197

El abrupto fin del gobierno de Salvador Allende en 1973 cambió la relación establecida entre el saber experto y los organismos encargados de ejecutar la política pública debido a la reestructuración experimentada por el Estado. No obstante, la planificación seguía siendo uno de los temas discutidos por EURE, a pesar de que esta vez se establecía su relación con el medioambiente urbano. Así lo consignaba el trabajo “Planificación urbana y medioambiente”, de Alete Ramos y Legey Murillo publicado en 1975, estudio que volvía sobre los aspectos físicos de la ciudad y su ordenamiento, al mismo tiempo que disminuía la importancia de los agentes políticos en la ejecución de los proyectos urbanos (Ramos y Murillo, 1975: 112). Complementaba lo anterior los contenidos discutidos por Revista CEPAL, organismo que durante aquellos años promovía una discusión sobre los nuevos tipos de crecimiento y desarrollo para los países de la región. Al respecto, en el trabajo “Planes versus planificación en la experiencia latinoamericana”, publicado en 1979, establecía:

“Aun cuando en la práctica de la planificación latinoamericana tales fundamentos teóricos generalmente han quedado circunscritos a elementos de teoría económica, lo deseable sería que ellos estuvieran referidos en forma comprensiva y coherente al funcionamiento de la sociedad en su conjunto; dicho de otra manera, que las acciones propuestas se apoyaran en una teoría general de la sociedad toda vez que pudiese disponerse de ella. No es difícil comprobar que este enfoque restrictivo del marco teórico adoptado constituyó una importante limitación de las estrategias propuestas, en tanto ello implicó considerar sólo el comportamiento del sistema económico y, consecuentemente, subvalorar los efectos de la incidencia de las acciones propuestas en términos sociales y políticos” (De Mattos, 1979: 83-84).

Era posible reconocer así, al finalizar la década de 1970, una crítica a la planificación urbana implementada en el continente, la cual se pensaba entregaba una importancia determinante a los aspectos económicos. Aquello que se ha tildado como el “desmantelamiento del desarrollismo” (Almandoz, 2019: 52), advertía un giro hacia otro tipo de temáticas distintas a las planteadas a lo largo del periodo. En definitiva, se anunciaba la culminación de un ciclo para la discusión urbana, en el cual el rol de las revistas especializadas estuvo en su capacidad para difundir y hacer circular las viejas y nuevas ideas.

5. Conclusiones

Durante la década de 1970 ya se explicitaba en las discusiones un cierto acuerdo de lo necesario que era asumir un abordaje latinoamericano para comprender el espacio urbano y el proceso de urbanización del continente. Entre los múltiples espacios posibles donde este espíritu quedó plasmado, se encuentran la Revista EURE y la Revista CEPAL, plataformas fundamentales en las que los temas centrales de la agenda académica fueron discutidos bajo nuevas consideraciones. A ello contribuyó en gran medida el caso chileno, entregando evidencia práctica para respaldar las reflexiones teóricas que explicaban los cambios experimentados por las ciudades de la región.

Los temas informados en el periodo entremezclaron el desarrollo con el subdesarrollo y la marginalidad urbana, asignando una especial importancia a las problemáticas derivadas de la “ciudad masificada” y, hacia el final del periodo, advirtieron la problemática ambiental. Tanto los expertos como los profesionales que publicaron en las revistas emitieron reflexiones para, en una primera instancia, diagnosticar las consecuencias sociales y económicas de los procesos de urbanización, y luego presentar estrategias que enfrentaran las crecientes desigualdades en las ciudades, destacando entre ellos una postura disciplinar centrada más en aspectos relacionados con la intervención urbana. Finalmente, el despliegue del espacio urbano en la comprensión de los procesos sociales y económicos puede también entenderse en el marco de los debates que, al promediar el siglo XX, textos y autores lideraban sobre el urbanismo y las orientaciones en cuanto a los principios y prácticas que tomaba la planificación urbana.

En síntesis, la Revista EURE y la Revista CEPAL promovieron el intercambio de ideas a nivel regional y nacional, fortaleciendo la fase inicial del debate sobre las especificidades del proceso de urbanización en América Latina, siendo ambas soporte de la discusión urbana y parte de los medios que adelantaban el desgaste de la agenda desarrollista en la región.

Agradecimientos:

Esta publicación se enmarca en el proyecto ANID-Fondecyt Regular nº1201861, “Vivienda y Urbanismo. Una revisión crítica de la emergencia y desarrollo de ‘la ciudad planificada’ en Chile (1936-1973)”, a cargo de la investigadora Macarena Ibarra.

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Notas

1 El Centro de Desarrollo Urbano Regional era un organismo creado en 1967 que tenía por objetivo vincular los programas en investigación, docencia y asistencia técnica en América Latina. La comisión contaba, además, con la participación del Centro de Estudios Urbanos Regionales (CEUR) de Buenos Aires; Instituto Brasileño de Administración Municipal (IBAM) de Río de Janeiro; Centro de Investigación para el Desarrollo (CID) de Bogotá; Centro de Estudios Económicos y Demográficos (CEED) del Colegio de México; Instituto de Estudios Peruanos (IPE) de Lima; Instituto de Planeamiento (IPL) de Lima; Instituto de Urbanismo de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela, Caracas; Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES) de Caracas; Centro de Planeamiento Facultad de Ingeniería Universidad de Guatemala; Programa de Graduados de Planificación Universidad de Puerto Rico; Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (CEDE) de la Universidad de los Andes, Bogotá.
2 Hoy Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
3 El trabajo de Castells en la revista posee especial importancia debido a que adelantaba algunos de sus planteamientos posteriormente profundizados en su clásica obra La Question Urbaine de 1972. El texto que recién tuvo su primera edición en español a cargo de Siglo XXI Editores en 1974, ahondaba en el análisis del “mito” y discutía los dos tipos de críticas realizadas durante la época a la “ecología humana” norteamericana (Castells, 2014: 142). Pero, quizás, lo más relevante para el avance de los estudios urbanos de la región, son los antecedentes expuestos en la cuarta parte de la versión hispana del libro, la cual estaba referida a la lucha urbana y política de los pobladores chilenos.
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