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Andrés Baeza Ruiz, El otro imperio. Chilenos y británicos en la revolución de independencia, 1806-1831
Autoctonía (Santiago), vol. 7, núm. 2, pp. 1268-1272, 2023
Universidad Bernardo O'Higgins, Centro de Estudios Históricos

Reseñas

Baeza Ruiz Andrés. El otro imperio. Chilenos y británicos en la revolución de independencia, 1806-1831. 2021. Santiago. Ediciones Universidad Adolfo Ibáñez, Ril editores. 358 páginaspp.

DOI: https://doi.org/10.23854/autoc.v7i2.373

Este libro es una versión adaptada de su tesis doctoral, realizada en el programa de doctorado en historia en la Universidad de Bristol, Inglaterra. Se trata de un aporte original sobre las interacciones entre actores chilenos y británicos. Explora en planes militares, modelos culturales, diarios de viaje, expedientes de cortes marciales, intercambios epistolares y diplomáticos, con el fin de explicar cómo y por qué en los albores de su historia republicana los chilenos tradujeron y adaptaron a su contexto local ideas y prácticas originadas en el mundo británico, que estuvieron en la base del proceso de construcción del Estado-nación.

Como expresa en su libro el autor, se organizaron los capítulos de una forma temática. Sin embargo, los capítulos 1 y 5 también siguen un patrón cronológico, ya que se conciben como los puntos de inicio y finalización del arco temporal de la investigación1.

El libro está organizado en cinco capítulos, cada uno de los cuales trata un aspecto diferente imbricado con el principal problema de esta investigación2. El primer capítulo titulado Invasiones, negociaciones y conspiraciones: relaciones chileno-británicas en una era de cambio, 1806 - 1807, presenta aspectos muy interesantes; el Plan Maitland diseñado por los británicos buscaba invadir Buenos Aires. El autor recurre a citar al historiador Rodolfo Terragno, quien propone que hay similitudes entre la campaña del Ejército Libertador de José de San Martín y la invasión británica. Aunque también sostiene que la Independencia de la América española fue un plan concebido y diseñado por Gran Bretaña y, particularmente, por la masonería. En efecto, el propio Andrés Baeza Ruiz critica esta tesis ya que a su juicio no presenta evidencia suficiente como para sostener algo así3. Pero el historiador no solo centra su atención en eso, también investiga el lugar que ocupaba Chile en el proyecto imperial británico. A partir de la carta del brigadier general del ejército británico, Robert Craufurd, investiga el ámbito militar de estos, presenta argumentos como el deseo de establecer y mantener una fuerte posición militar en la costa oeste de Sudamérica, de la cual se podrían llevar a cabo futuras operaciones4. Por ende, llega a la conclusión sólida que la carta fue una expresión reveladora de la representación sobre el lugar que ocupaba Chile en el proyecto imperial británico.

Sin embargo, no solo hay un análisis en cuanto a estos tópicos, también centra su interés en aspectos muy atractivos. Al referirse a la conspiración de los ingleses en el ejército, usa el concepto “zona de contacto”, acuñada por Mary L. Pratt, proponiendo que hubo intercambios culturales entre soldados británicos y chilenos. Además, dentro de este mismo analizó las experiencias de algunos británicos las cuales fueron determinadas no solo por sus orígenes, sino que también por su estatus social. Sorprende que la “conspiración” de un grupo de soldados británicos del ejército patriota contra el propio gobierno se llevó a cabo por sus malas condiciones de vida y no por una determinada causa, cuando dentro de las propias milicias patriotas no se han encontrado ejemplos de estos casos, solo los referidos a las deserciones.

El capítulo número dos está dedicado a narrar la organización definitiva de la armada, el cual considero también trascendental. Como comenta el autor, a pesar de la falta de recursos económicos y a la escasez de hombres experimentados y capacitados. El Lautaro se convirtió en el primer cimiento de una armada que tenía una pequeña flota compuesta por cinco buques. Aparte de esto, se centra en identificar quiénes serían los comandantes británicos aptos para poder dirigirlos, siendo definitivamente escogido William Wilkinson, comandante que viajó para unirse a la Armada.

La figura de Lord Cochrane no pasó desapercibida en este apartado. Andrés Baeza explica que fue designado por el gobierno de Bernardo O´Higgins para cumplir una tarea específica: liderar la recién creada Armada de Chile. Además, resulta interesante conocer aspectos, creo yo desconocidos: la oportunidad de lograr estar dentro para limpiar su nombre y reiniciar su carrera como marino después de que en 1814 fue destituido de la Royal Navy como del Parlamento británico. Por ende, el historiador reconoce que no sólo era una opción para comandar la armada en calidad de Vicealmirante, sino que reorganizarla de acuerdo con el modelo británico, el que conocía a la perfección.

El capítulo tres, dedicado a la cultura misionera británica en los inicios de la construcción republicana en Chile, resulta también interesante de conocer. Recorre la presencia de las sociedades protestantes en territorio chileno, desde la realidad a la que se enfrentaron estos misioneros, como también la connotación negativa asociada al ser británico y protestante. Esta misma fue la que ocasionó que varios clérigos se opusieran abiertamente a las actividades de las sociedades en la América española. Eso incluye también demostrar que Gran Bretaña adquirió un significado para los chilenos e hispanoamericanos, pasando a ser una sociedad desde donde se planteaban ideas, prácticas y experiencias que podían ser de utilidad en la construcción del nuevo Estado. Pero esto se explica al saber que Chile estaba gobernado por Bernardo O´Higgins, quien había sido educado en Londres y profesaba una gran admiración hacia la cultura británica5.

El capítulo 4 se adentra en la presencia de comerciantes y mercaderes británicos en Chile. Es una introducción excelente. En ella se explica que el comercio hecho por los ingleses fue considerado ilegal por las autoridades nacionales, ya que España había adoptado la política del monopolio comercial tras la conquista de América, prohibiendo el comercio con otras naciones en las colonias americanas. De allí el autor explica que, a partir de 1811, las políticas adoptadas por las autoridades chilenas fueron “legalizando” el estatus de estos “contrabandistas”. Concluye que las actividades de los comerciantes británicos en Chile dejaron de estar prohibidas y su antigua condición de comerciantes o contrabandistas dio paso a una nueva: la de comerciantes que podían llevar a cabo sus actividades con plena propiedad.

Otro antecedente interesante es el empleo del concepto “imperio informal” y el comercio. A partir de esto se puede comprender la propia presencia de comerciantes y mercaderes británicos en Chile, sostenido con argumentos citados de John Mayo y Gabriel Salazar. Como afirma el autor, ambos han llegado a la conclusión de que la economía chilena estuvo sometida a los intereses británicos, incluso durante el periodo de la independencia.

Aparte de esos tópicos, considero que abordar el tema de la vida cotidiana de los comerciantes también resultó trascendental. La opinión que tuvieron los viajeros británicos como John Myers, comerciante y empresario en Chile, y María Graham, una viajera británica que llegó a Chile en 1822, dieron su opinión sobre el comportamiento de sus compatriotas. Son interesantes las descripciones de las estaturas de sus compatriotas, sus matrimonios con las chilenas, su vida conyugal o aquellos que traían a sus esposas a vivir aquí.

El último apartado, llamado Más allá de la diplomacia: El significado cultural del reconocimiento británico en la independencia de Chile, 1811-1831 aborda la reanudación de las negociaciones diplomáticas entre Chile y Gran Bretaña. El análisis está centrado en los encuentros culturales que se dieron entre estos y las repercusiones que se originaron. Por ejemplo, la identidad nacional, la definición del lugar de Chile en el mundo, la conformación del nuevo ciudadano, la estructura educativa, entre otras.

Resulta interesante, también, la investigación que hace sobre el interés de Chile por ser reconocido ante Gran Bretaña, en parte es la pregunta que se realiza Andrés Baeza dentro de su capítulo. Propone que eso favorecería la imagen de Chile; de pasar a ser conocido como una nación pobre y aislado lo reconocerían ahora como próspero y tendría mucho que ofrecer a las migrantes británicos y europeos. Finalmente, se alude a que el propio acto de reconocimiento tenía también un significado simbólico, la cual fue la manifestación propiamente de relaciones “interestelares” en las que ambos Estados eran, al menos nominalmente, “iguales”6.

A modo de conclusión, el texto califica como una obra de gran factura material respecto a la calidad del papel, fotografía, un buen corpus documental provenientes de archivos chilenos y británicos que me ha parecido demasiado interesante y digno también de destacar por considerarse parte de lo que fue su tesis doctoral. En efecto, es un libro que debe ser bien recibido, analizado y referenciado por aquellos que valoran la historia militar y cultural y deseen contribuir a la investigación. Además, lo merece, porque la escritura es de tono templado y transmite al lector su interés por el conocimiento y por dar comprender esta relación entre Chile y Gran Bretaña durante la independencia.

Notas

1 Baeza Ruz, Andrés. El otro imperio. Chilenos y británicos en la revolución de independencia, 1806 - 1807. Santiago, Ediciones Universidad Adolfo Ibáñez y Ril Editores,2021, p. 49.
2 Id, p.49.
3 Ibíd., p. 63.
4 Ibíd., p. 75.
5 Ibíd., p. 78.
6 Ibíd., p. 330.


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