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Hugo Contreras Cruces, Soldados, soldadesca e indios amigos en la frontera: Chile, siglo XVII
Autoctonía (Santiago), vol. 7, núm. 2, pp. 1290-1294, 2023
Universidad Bernardo O'Higgins, Centro de Estudios Históricos

Reseñas

Contreras Cruces Hugo. Soldados, soldadesca e indios amigos en la frontera: Chile, siglo XVII. 2022. Santiago. Ediciones del Despoblado. 190pp.

DOI: https://doi.org/10.23854/autoc.v7i2.376

La historia del territorio más austral del imperio colonial español estuvo marcada por la intensidad y complejidad de su entramado bélico. El alzamiento de las parcialidades indígenas en 1598 determinará una sucesión de hechos históricos de calado mayor. El retroceso de la dominación hispana relegada a la parte norte del río Biobío, consecuencia de esto se reemplazará a las tropas vecinales por la conformación en 1602 del Real Ejército, lo que supone la continuidad de la guerra bajo nuevas y cambiantes circunstancias que marcarán el siglo XVII. Este es el marco estructural en que se desarrolla la reciente publicación Soldados, soldadesca e indios amigos en la frontera: Chile, siglo XVII, del investigador Hugo Contreras Cruces; resultado de una recopilación, revisión y ampliación exhaustiva de una serie de artículos publicados en diversas revistas académicas de heterogéneas latitudes y presentado por el Dr. Jaime Valenzuela Márquez. El autor nos presenta un análisis pormenorizado de una amalgama de sujetos como oficiales, soldados e indios amigos que desplegaron complejas estrategias de supervivencia en medio del teatro de las acciones bélicas.

Hugo Contreras Cruces nos propone, en el prólogo de su obra, una revisión sistemática de la producción historiográfica enfocada en el Real Ejército de Chile, para luego presentarnos el entramado teórico que sostiene su trabajo. A mediados del siglo pasado, estas comenzaron con la investigación de Roberto Oñat y Carlos Roa, quienes se centraron en las disposiciones militares de la Corona hispana, entre ellas, la creación del Real Ejército de Chile, la conformación de sus levas y el financiamiento. Estudios más actuales centrarán su mirada en la vida cotidiana, el poblamiento del territorio, los sistemas de defensa y la atención religiosa de los soldados. Destaca la centralidad que ha tenido el Real Ejército como institución social, pero subraya el déficit de posiciones historiográficas que lo comprendan en vinculación con el espacio sociocultural que conformó la sociedad fronteriza. Con este objetivo, el autor vincula corrientes teóricas ligadas a la nueva historia militar y la historia social, analizando los conflictos bélicos en relación con las dinámicas sociales, económicas, culturales y geográficas, lo que permitiría pensar al Real Ejército de Chile no sólo desde una mirada burocrático-legal, sino que acceda a las unidades castrenses coloniales como actores de una construcción cultural común posible de historiar.

En el primer capítulo del libro Fortificaciones, logística y vida de cuartel se presenta una perspectiva de análisis interesante, ya que se posiciona a los fuertes fronterizos no sólo como elementos centrales de una táctica bélica que buscaba frenar los ataques de las parcialidades mapuches, ya que las fortalezas hispanas, que estaban construidas en madera, se encontraban pobremente acondicionadas y mal mantenidas. La mayoría de ellas distantes de los centros poblacionales se constituyeron en los contenedores materiales de la sociedad fronteriza. Los soldados que contenían esta espacialidad se caracterizaban por cumplir funciones de protección y defensa entre noviembre y abril de cada año, en un contexto de arraigada pobreza material, hibridez en su conformación social, ya que la tropa se constituía de levas cuyos soldados eran españoles, mestizos, mulatos y hasta indígenas. Incluso los fuertes más importantes de Yumbel y Arauco contaron con amplías poblaciones que llegaron a constituir rancheríos, con indios de servicio dispuestos al cultivo de la tierra, mujeres concubinas que indignaban a las autoridades y que, en las temporadas de invierno, se convertían en focos de circulación de personas, comercialización de productos y puntos de colonización fronteriza.

El segundo capítulo La deserción: una enfermedad vieja y sin remedio, analiza el problema de la deserción entre la tropa del Real Ejército de Chile, debido principalmente a la precariedad material que generaba el deficiente financiamiento del Real Situado. La huida se expresó en fugas masivas que buscaban volver a sus lugares de origen en diversas zonas del continente americano, ya que las levas los destinaron a luchar a la frontera del reino. Otra causa que se presentó con regularidad estará ligada al temor constante de castigos de los superiores, ya que los delitos de motines y las acusaciones de sodomía eran causales de muerte. Avanzado el siglo XVII, las relaciones fronterizas se complejizaron a tal modo que la circulación de sujetos como los soldados, indios amigos y de tierra adentro permitió la expansión de sus redes sociales y consigo el amancebamiento de mílites con mujeres indígenas, generando una de las principales causas de defección. Las rutas que recorrieron los desertores del Real Ejército de Chile respondieron a sus intereses particulares, ya que mientras algunos se internaban en las parcialidades rebeldes a consumar sus matrimonios, otros se embarcaban para intentar regresar a donde habían sido tomados y puestos en funciones militares, como era el Perú.

En el tercer capítulo Como una guerra contra Santiago. Las licencias invernales, se analiza la constante circulación de la tropa del Real Ejército por el reino y las problemáticas consecuencias que tenía para diferentes distritos. La carencia de una estructura que hiciera funcionar correctamente el Real Situado, que se graficaba en carencias materiales para los mílites de menor graduación, determinó que una parte de ellos tuviera un horizonte posible en la deserción; para otros, la precariedad material que brindaba la vida en los fuertes debía ser saldada por vía de las licencias invernales. Terminadas las campañas contra las parcialidades indígenas de guerra, que tenían por objetivo la tala de los campos de cultivo, la captura de animales y la esclavización de sus componentes, una fracción de los soldados solicitaban a las autoridades licencia; otros, en tanto, se movilizaban sin permiso alguno a la jurisdicción de Santiago. Los soldados levados en territorios distantes del continente y que no poseían redes socioparentales vieron la única posibilidad de sustento el desplazarse para abastecerse por diversos medios, como la venta de indígenas esclavizados, los que fueron intercambiados por caballos, nuevas armas y provisiones. Estos mílites eran vistos por las autoridades de la Real Audiencia de Santiago como una amenaza, ya que fueron relacionados con el consumo de alcohol, pendencias callejeras, desacato de los alguaciles y abusos que se graficaban en el robo de ganado y personas, para de vuelta en la frontera ser vendidos u ocupados como sirvientes.

En el capítulo Los indios amigos: reciprocidades, intereses y conflictos se escudriña una de las dimensiones más complejas del conflicto bélico en la frontera. Se plantea el desafío intelectual de intentar romper con la lógica dual de comprensión del problema en que aparecen los conquistadores hispanos y los conquistados. El tercer sujeto que nos presenta el autor serán los indios amigos, los que se visualizan no sólo como aliados de los colonizadores, sino siendo actores de su propia guerra. A fines del siglo XVI, diversos grupos indígenas habían alcanzado acuerdos de paz con las huestes ibéricas. Esto significó que los indios amigos debían entregar servicio personal y apoyo castrense contra las parcialidades mapuches rebeldes. Estos pactos de paz se vieron fracturados con el alzamiento militar de 1598 que replegó a los conquistadores del lado norte del río Biobío y llevó a poner en tensión a todo el territorio, lo que determinó la fundación del Real Ejército de Chile en 1602. Con este panorama, los hispanos perdieron la iniciativa bélica, además de tener en contra a los que fueron en otro momento sus principales aliados, lo que no es menor, teniendo en consideración que esas parcialidades eran quienes mejor conocían sus asentamientos y distribución, tácticas y número de tropas.

Con este panorama, la estrategia española para retomar treguas y alianzas de paz con las parcialidades indígenas se configuraba con ataques a los asentamientos rebeldes, la quema y captura de niños, mujeres y ancianos los cuales buscaban ser cambiados por acuerdos de paz. Estas alianzas serán complejos procesos de negociación marcados por la desconfianza mutua y por profundas inestabilidades que eran aceptadas por los españoles debido al pragmatismo bélico, mientras que para los nativos las mismas significaron el crecimiento del prestigio social, la ampliación de su parentela, la acumulación de bienes y la solución de problemas interétnicos con la ayuda de sus nuevos aliados. Además que las formas de vida de los indígenas no cambiaban con la aceptación del vasallaje al rey, sino que, por el contrario, se mantenían prácticas como poligamia y una cosmovisión pagana a ojos cristianos.

Como bien se puede apreciar, el trabajo de Hugo Contreras Cruces es una aportación significativa al conocimiento y funcionamiento del Real Ejército de Chile y a la historiografía colonial de fines del siglo XVI y principios del siglo XVII. Este libro significa la consolidación de los intereses investigativos del autor, que más allá de los temas estructurales que plantea, ya sean las milicias de afros en la segunda mitad del siglo XVIII, el trabajo indígena del siglo XVI o el Real Ejército del siglo XVII. En el fondo, son sólo la excusa para sumergirse y sumergirnos en las vidas y los proyectos de los sujetos populares que movilizan las instituciones sociales; en este caso, los soldados, la soldadesca y los indios amigos del siglo XVII, que puestos en un entorno bélico en la frontera austral del imperio hispano, movilizaron sus proyectos colectivos e individuales más allá de las intenciones de las autoridades monárquicas que los llevaron en algunos casos a la deserción del ejército; en otros, a la búsqueda de oportunidades a través de la circulación de esclavos y mercancías; o gracias a las licencias invernales, y particularmente, en la compleja relación que llevaron a cabo los indios amigos que libraban sus propias guerras, posicionándose como un tercer actor de relevancia en un conflicto que marcó la historia del Reino de Chile. Este libro es, sin duda alguna, una invitación a que los lectores se sumerjan en la historia militar a partir de nuevas perspectivas marcadas por una historia social con rostro humano



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