Nacimientos legítimos e ilegítimos a través de los libros de bautismos. El Socorro, Buenos Aires: 1830, 1835 y 1850, 1855
Nacimientos legítimos e ilegítimos a través de los libros de bautismos. El Socorro, Buenos Aires: 1830, 1835 y 1850, 1855
Población de Buenos Aires, vol. 13, núm. 24, pp. 7-25, 2016
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
Recepción: 29 Julio 2015
Aprobación: 28 Junio 2016
Resumen: El contexto de la Ciudad de Buenos Aires durante la primera parte del siglo XIX se muestra a todas luces complejo. La conflictividad permanente origina: un escenario de hombres residentes que son captados por las levas militares, o incluso emigran para escaparse; complicaciones para establecer una familia; una importante cantidad de mujeres jefas de hogar; y un porcentaje elevado de nacimientos ilegítimos, especialmente entre los “no blancos” y los sectores sociales más bajos. No obstante, la situación cambia hacia mediados de siglo; el crecimiento económico y la llegada de inmigrantes europeos −particularmente hombres solos− que provienen de países en los que el casamiento “legal” es una práctica quasi universal terminan por influir no solo en la estructura por edad y sexo de la población sino también en sus pautas matrimoniales
Palabras clave: Historia siglo XIX, legitimidad filial, migraciones.
Abstract: The context of the City of Buenos Aires during the early nineteenth century shows to be extremely complicated. The permanent conflict causes an scenario of: migration or men who evade from enlistment; complications to establish a family; a significant number of female-headed households; and a high percentage of illegitimate births, especially among the "non-white" and lower social sectors. However, the situation changes by mid-century: economic growth and the arrival of European immigrants, particularly men alone from countries where the "legal" marriage is a universal practice, not only impact on the population structure by age and sex but also on marriage patterns.
Keywords: History XIX Century, Legitimity Birth, Migrations.
Introducción
El impulso de los estudios sobre familia en el contexto latinoamericano en los últimos veinticinco años dio como resultado un número importantísimo de trabajos ricos en emergentes críticos sobre la idea del matrimonio como único eje. La imposición de la institución matrimonial, bajo la tutela de la iglesia católica después de la conquista de España y Portugal de los territorios americanos, chocó contra distintos modos de organización familiar de los pueblos originarios. La Inquisición y la justicia española se encargaron de disciplinar esas poblaciones, cuyas culturas ya llevaban siglos de asentamiento en la región. A pesar de todo, no siempre tuvieron éxito.
Las uniones de hecho agregan un dato desafiante al concepto de la familia ideal. La historiografía de la familia en Iberoamérica se ha enriquecido con decenas de aportes notables, desde México hasta Chile, Brasil y Argentina, que hoy componen un cuadro global lleno de características singulares. El modelo de familia impuesta por los imperios de España y Portugal se fue enriqueciendo con otros modos de organización familiar que los pueblos originarios ostentaron hasta la Conquista (Celton, Ghirardi y Carbonetti, 2010). Sería necesario también acentuar al menos otro fenómeno importante, además de las uniones de hecho: la mezcla etnocultural de las parejas y los matrimonios ya durante el imperio español, un verdadero desafío al poder español y eclesiástico, que explica, en parte, el aumento de la ilegitimidad de los nacimientos en todo el territorio iberoameri- cano y en las regiones del Virreinato del Río de la Plata y después de la independencia en las regiones rurales, como en la campaña de Buenos Aires (Moreno, 2004 y 2012).
Se ha observado una fuerte presencia de uniones de hecho desde el período colonial y post colonial, así como la de jefas mujeres de hogares y de un multifacético cuadro de mezclas étnicas de parejas y matrimonios en todo el mapa del Virreinato del Río de la Plata. Lo mismo ocurrió en el complejo panorama territorial después de las guerras de la independencia (Moreno, 1998; Bjerg, 2005 y 2006).
Los estudios con mirada de género completaron un panorama todavía más enriquecedor. La idea de “jefas de hogares” y mujeres con ocupaciones como chacareras, peonas o estancieras −además de las clásicas cocineras, lavanderas o plancha- doras, entre otras profesiones “femeninas”− sobrevuela siglos de historia latinoamericana y sudamericana, un lugar en la historiografía tradicional reservado solo para los hombres en la organización de la familia patriarcal (Mezquita Samara, 1992; Cacopardo y Moreno, 1997;Moreno y Díaz, 1999).
Las jefaturas femeninas en la región del Virreinato del Río de la Plata aparecen como consecuencia de la ausencia de la pareja masculina, o de un jefe masculino, fundamental en la organización del grupo doméstico según las pautas religiosas y culturales de entonces (padre, esposo, hermano, hijo). Las causas de esas ausencias, registradas en los padrones y en los libros de bautismos, son desconocidas, salvo en el caso de los indios que eran afectados por la mita u otras formas serviles fuera del ámbito familiar. Para explicar este fenómeno en la etapa post colonial, se pueden aplicar ciertas inferencias o hipótesis, tales como las que surgen a partir de las variadas fuentes existentes (Farberman, 1992 y 1995; Dmitruk, 2014): las levas, las muertes en las guerras de la independencia o en las guerras civiles −que afectaron a los varones jóvenes y relativamente jóvenes−, o bien las migraciones masculinas en la búsqueda de oportunidades en la frontera.
Habida cuenta del contexto sociohistórico de la Ciudad de Buenos Aires a inicios de la etapa política independiente, el objetivo central de este trabajo es analizar los nacimientos registrados en ella, estudiados a través de las fuentes parroquiales de la primera mitad del siglo XIX, con el fin de detectar el fenómeno de la ilegitimidad y su relación con las uniones de hecho en dicho ámbito urbano. Las fuentes utilizadas son los Libros de Bautismos de la Parroquia Nuestra Señora del Socorro de la Ciudad de Buenos Aires, correspondientes a los años 1835, 1840 y 1850, 1855 y que se encuentran transcriptos en el sitio web del Instituto de Historia Familiar.1 No todos los sacerdotes utilizaban los mismos métodos al asentar los bautismos. En nuestro caso, conside- ramos oportuno apuntar toda la información vertida en cada nacimiento: nombres y apellido de los padres y de las madrinas y padrinos y la condición de legitimidad/ilegitimidad del bautizado. En razón de que no estaban compren- didos todos los integrantes de cada hogar, el tratamiento metodológico es diferente al de un padrón, donde claramente están todos ellos, así como aparece relevado el estado civil, la edad y −con menos frecuencia− el origen y la condición étnica.
La historiografía disponible muestra la importancia del fenómeno de la ilegitimidad filial, que creció durante la mayor parte del siglo XIX en el área rural de Buenos Aires y en vastas regiones del interior hasta la renovación social provocada por la inmigración masiva, en particular en el litoral rioplatense. Son muchos los trabajos realizados sobre la base de los libros eclesiásticos y, en ciertas regiones o pagos, combinados con algunos padrones. Hacia mediados del siglo XVIII, la realidad de algunos pagos de la campaña nos revela una incidencia reducida de la ilegitimidad: en el pago de la Magdalena (García Belsunce, 2002), los archivos parroquiales muestran un porcentaje de ilegiti- midad relativamente bajo (13%) y, a su vez, en La Matanza (Salas, 2006) el padrón de 1744 registra apenas tres casos de mujeres solteras con hijos. No obstante, la historiografía de la primera parte del siglo XIX permite entrever una incidencia mayor de la ilegitimidad. En la campaña de Buenos Aires (García Belsunce, 1976) parece haber una gran cantidad de mujeres solteras con hijos, lo que indicaría un número importante de hijos ilegítimos. A la vez, se observa un reducido número de parejas entre blancos y negros y, simultáneamente, una elevada cantidad de pardos menores de 15 años, lo cual lleva a preguntarse si es que esos niños y adolescentes son producto de uniones ilegítimas. Estudios del pago de Luján (Tartaglia y Tuis, 1991) hallaron también un crecimiento de la ilegitimidad desde el período colonial hasta bien entrado el siglo XIX. Otros pagos estudiados −como Lobos y San Vicente (Mateo, 1996 y 2001; Moreno, 1998)− alumbran una perspectiva semejante: durante toda la primera mitad del siglo XIX la ilegitimidad de los bautizados aumentó considerablemente. En Quilmes, una localidad cercana a Buenos Aires, entre 1787 y 1830 se registró el mismo fenómeno, destacándose, además, que muchos matrimonios se celebraban el mismo año del nacimiento de un hijo o después de haberlos tenido (Santilli, 2012). Ya, anticipándose a los estudios apuntados, se había advertido la presencia de “amistades ilícitas” en la campaña que provocaban nacimientos ilegítimos (Mayo, 1985). Asimismo, las dificultades de los esclavos para contraer matrimonio y las mezclas interétnicas también aumentaban el caudal de la ilegitimidad filial (Goldberg, 2000 y 2012).
No se han realizado estudios sobre la ilegitimidad filial en la Ciudad de Buenos Aires. Por esa razón, se eligió la Parroquia del Socorro, cuyo radio de influencia era importante dado que incluía más de un cuartel de la Ciudad, en una zona de rápida ocupación (Mazzeo y Lago, 2009). Respecto del análisis de las primeras décadas del siglo XIX, la idea que deseamos ilustrar es muy sencilla: que las uniones de hecho y los nacimientos ilegítimos fueron un fenómeno originado en las clases populares que se fue transfiriendo parcialmente a los sectores medios, caracterizados por una mayoría de población blanca, según las fuentes, y que, hacia el final del período, habrían de disminuir debido a los cambios sociales.
En este sentido, la institución matrimonial volvió a afianzarse gracias al predominio, después de la primera mitad del siglo XIX , de inmigrantes extranjeros, predominantemente europeos, habituados al casamiento religioso en sus países de origen, única forma de unión marital legal, fueran católicos o protestantes (De Cristóforis, 2004; Massé, 20082).
En cuanto a los datos, se analizará a partir de las fuentes eclesiásticas la evolución de todos los bautismos en 1830, 1835 y 1850, 1855, registrando la información sobre los padres, madrinas y padrinos, además de la pertenencia étnica de los nacidos legítimos e ilegítimos. Durante el período estudiado, la Parroquia del Socorro se encontraba en un proceso de expansión demográfica y contaba con una población mixta, blanca y de “castas”, según la usanza colonial. Elegimos la Ciudad porque, tradicionalmente, el crecimiento de las uniones de hecho respondió más al fenómeno de la expansión de la frontera y a la ocupación del territorio rural −como fue registrado en los trabajos apuntados− que a un fenómeno urbano. Dado que, en el ámbito urbano, el cuadro social de las uniones de hecho ha sido poco o nada estudiado, se espera encontrar en los datos un perfil diferente al de la campaña bonaerense. En otras palabras, la hipótesis sustentada en este trabajo es que, desde el primer período de nuestro trabajo hasta el segundo, es decir, entre 1830 y 1855, se detectará un descenso de los bautismos de niños ilegítimos que se produjo de modo paulatino y con variaciones y que, a su vez, se asocia con una mayor intensidad el fenómeno de la ilegitimidad con la mezcla racial, con lo cual sería esperable que el descenso apuntado se asocie con una mayor presencia de blancos.
En suma, se trata de un análisis microsocial dirigido a proporcionar datos sobre la institución del bautismo y algunas variables que puedan estar asociadas.
La Ciudad de Buenos Aires en las décadas del 30 y del 50 del siglo XIX
Desde mediados del siglo XVIII, Buenos Aires sufrió una fuerte expansión demográfica; su población se acrecentó desde aproximadamente 12.000 habitantes en 1744 (Ravignani, 1919) hasta cerca de 25.000 habitantes en 1778 (Moreno, 1965), 40.000 en 1810 (García Belsunce, 1976) y más de 54.000 en 1822. En 1836 la Ciudad contaba con 62.300 habitantes y en 1838 con alrededor de 66.000 −aunque cabe aclarar que las cifras de ambos padrones no se consideran confiables (Besio Moreno, 1939, pp. 345-348)−. Y se estima que en 1855 la población era de alrededor de 90.000 habitantes o más (Massé, 2006 y 2012).
A pesar de las tantas epidemias mortíferas sufridas periódicamente −sin ir muy lejos, en 1829 hubo una muy aguda de viruela y otra de sarampión−, de las guerras y las depresiones económicas, Buenos Aires constituyó una ciudad relativamente privilegiada. Como ciudad puerto y como cabecera de una rica y extensa área agrícola ganadera, sus actividades se veían multipli- cadas al ritmo del crecimiento poblacional y de un mercado en expansión. Un cinturón verde de quintas y chacras proveía verduras, frutas, animales de corral y leña. Además, algunos productos del interior, como vinos, aguardientes, azúcar, sal y frutas secas, lograban, no sin dificul- tades, eludir los cercos de las guerras civiles.
Desde el período virreinal, las migraciones contri- buyeron al crecimiento demográfico apuntado, tanto desde el profundo interior como −ya en la década de l820 y 1830− desde Europa misma
incluidos, por supuesto, españoles, que son detectados por las fuentes, en particular por los padrones, aunque también por los libros eclesiás- ticos (Massé, 2008).
Buenos Aires fue el epicentro de las desavenen- cias y los conflictos políticos en torno a cómo organizar la nueva nación. Allí los unitarios, como Rivadavia, habían fracasado en ese objetivo. Hechos de violencia, como la ejecución del gobernador federal Manuel Dorrego por orden del General Lavalle, fueron algunos de los sucesos que marcaron a fuego la política local y del resto de las provincias. Las luchas entre caudillos fue el sino de los tiempos que corrían. La anarquía constituyó una amenaza constante para la población, en particular en la campaña de Buenos Aires. Las levas afectaron a los varones jóvenes y adultos que se vieron incorporados a algunos de los grupos irregulares enfren- tados según la bandería del caudillo. Era muy difícil compatibilizar los intereses de la Ciudad y de la campaña de Buenos Aires con los de las provincias del interior. En esas circunstancias, aparece la figura de Juan Manuel de Rosas, de signo federal y aliado de Dorrego, emergente del triunfo sobre los unitarios en la batalla de Puente de Márquez. Rosas se erige en líder de los intereses de Buenos Aires, en particular de los hacendados y campesinos, sedientos de un mínimo orden que garantizara la producción agrícola-ganadera. Desde 1829, hasta su caída en 1852 habría de gobernar, casi todo ese largo período, con mano de hierro la Provincia de Buenos Aires, tratando de controlar del mismo modo las provincias del interior. Tolerante con los sectores bajos y los negros –esclavos o no−, fue implacable con los adversarios. Las guerras de la indepen- dencia y las guerras civiles con sus vaivenes económicos no impidieron el crecimiento de la ciudad puerto que controlaba la aduana, aunque con altibajos económico financieros provocados por los precios y la depreciación del papel moneda (Irigoin, 2004). El ejido de la Ciudad fue ensanchán- dose, y nuevos barrios fueron apareciendo como fruto de la necesidad de un hábitat para los nuevos habitantes.
Por su parte, respecto del área geográfica en estudio, la jurisdicción de la Iglesia del Socorro se extendía hacia el norte de la Ciudad (Mapa 1) y comprendía partes de los cuarteles 1, 14, 15 y 16, trazando una franja irregular entre las calles Juncal, Paraguay, Esmeralda y Uruguay. El templo se erigía donde se encuentra hoy, en la esquina de las calles Arenales y Suipacha. Desde la esquina de Paraguay y Esmeralda, solo separaban menos de 15 cuadras la distancia a la Plaza de Mayo. No obstante, se trataba de un barrio relativamente marginal. Hacia el norte, en 1836, comenzaron las obras de saneamiento de algunos arroyos (el Manso y el Maldonado), rellenando los terrenos bajos y emparejando los desniveles con el objeto de crear un paseo, que hoy constituye el Parque de Palermo (Figueira, 1983, p. 287). La jurisdic- ción correspondiente a la Iglesia del Socorro comprende un ámbito urbano, no muy alejado del cinturón de quintas que rodeaban la Ciudad. Las más pequeñas de dichas quintas eran empujadas por el avance urbano. Este es, entonces, el ámbito elegido para analizar la evolución de los bautismos de niños ilegítimos como indicador de uniones de hecho provisorias o definitivas, en 1830, 1835, 1850 y 1855. En 1838 la jurisdicción de la parroquia contaba con cerca de 5.000 habitantes y en 1855 su población era de alrededor de 6.000 (Besio Moreno, 1939, pp. 345-348; Massé, 1992).
Por último, cabe mencionar que la utilización del concepto de casta por parte de la Iglesia, es, sin duda, una rémora del período colonial, aunque, de algún modo, pretendía, en la sociedad independiente, marcar las diferencias sociales que todavía operaban en su interior. A falta de datos sociales, el tratamiento distintivo hacia los blancos, como “don” o “doña”, establecía de algún modo un señalador de acercamiento a una condición media o medio alta (Mansilla, 1967 y Contente, 2015)3. Por esta razón, en algunos cuadros se analizan los datos tomando en cuenta el estatus de “don” o “doña” como variable en ausencia de otra información.

Población según sexo y edad
La existencia de padrones en el período nos permitirá realizar algunas comparaciones necesarias. A partir de los datos de toda la Ciudad en el padrón de 1827 −momento histórico particular pues remite al momento de la guerra con el Brasil− podemos apreciar la distribución según sexo (Cuadro 1): las mujeres prevalecen por sobre los hombres, especialmente en las edades previas a los 40 años. Más allá de que la relación caso creemos que las levas militares, producto de la mencionada guerra con el Brasil, terminan generando que una cantidad importante de los varones en edad activa no sean relevados por el empadronamiento.5
Al momento de analizar la estructura según sexo y edad (Gráfico 1), observamos un número reducido de efectivos en el primer grupo decenal. Creemos que la falta de niños se debe al subregistro infantil, que se manifiesta especialmente entre las mujeres nativas, lo que es deducible a partir de que el grupo de edad 10 a 19 es superior al grupo inicial. Suponemos que ese fenómeno también se da entre los varones.6 El subregistro infantil es una cuestión a considerar en todos los censos en general, pero particularmente en los que se desarrollaron durante la etapa protoestadística. Contamos con antecedentes de otros autores que han encontrado un faltante de efectivos aparentemente inexplicable en el primer grupo decenal (Farberman, 1995;Massé, 2006; Dmitruk, 2014); y en este caso debemos descartar que la falta de niños se deba a una sobremortalidad infantil debido a epidemias, dado que no se registran brotes epidémicos importantes hasta 1829 (Besio Moreno, 1939, p. 140).

En el Cuadro 1 y el Gráfico 1 podemos observar, a la vez, cómo en los grupos de edad de 10 a 19 y de 20 a 29 los varones se reducen en comparación con las mujeres. Suponemos que esto es producto de las levas generadas durante la guerra con el Brasil. En estos grupos de edad encontramos relaciones de masculinidad llamativamente bajas: 65 y 55 hombres cada 100 mujeres, respectivamente. Podemos apreciar, también, la importancia de la población inmigrante, especialmente en las edades activas y en los efectivos masculinos, entre los cuales observamos que, a partir del grupo de 30 a 39 años, los inmigrantes son más numerosos que los nativos. Los datos de los padrones muestran que los inmigrantes reemplazan a la población nativa afectada por la guerra, dado que los extranjeros llegados recientemente no eran pasibles de la leva. Finalmente, observamos que, a partir de los 30 años, la población, sobre todo la población nativa, se reduce de manera significativa, fenómeno que atribuimos a la alta mortalidad de las sociedades pretransicionales.7

Nota: Total: 41.528 casos. Sin datos: 1.026 casos.
Dmitruk, 2015a.Hacia 1855, la estructura de sexos (Cuadro 2) presenta una relación de masculinidad reducida entre los nacidos en la Ciudad a partir del grupo de edad de 10 a 14 años. Entre los inmigrantes, la relación de masculinidad favorece a los varones, particularmente en las edades activas. La población según sexo y edad (Gráfico 2) nos permite observar una estructura progresiva, con altos niveles de natalidad y de mortalidad. También vislumbramos la posibilidad de que exista un porcentaje de subregistro infantil, dado que entre las mujeres nativas el grupo de edad de 15 a 19 es superior a los grupos de 5 a 9 y de 10 a 14 años, obteniendo una porcentaje similar al grupo inicial (0-4 años) (Massé, 2006).
El papel de la inmigración parece tener una gran relevancia, particularmente entre los varones en edad activa. A su vez, es notoria la falta de efectivos masculinos nativos a partir del grupo de edad de 15 a 19 años. Y, así como atribuimos esa falta en 1827 a la guerra con el Brasil, esta escasez de hombres nativos puede explicarse por las levas militares producto del conflicto desatado entre Buenos Aires y la Confederación luego de la caída de Rosas, a partir de 1853, y por la necesidad de cuidar la frontera con el indio.

Tanto en 1827 como en 1855 observamos tendencias que se repiten: el subregistro infantil, la escasez de varones nativos producto de contextos bélicos y la importancia de los inmigrantes. No obstante, la inmigración es ciertamente más relevante en 1855 que en 1827.
Análisis de los registros de la Parroquia del Socorro 1830, 1835 y 1850, 1855
Legitimidad
En el Cuadro 3 podemos observar una disminución importante de la legitimidad en los bautismos registrados en la parroquia en el primer período considerado. El aumento consecuente de la ilegitimidad debe encuadrarse en el complejo contexto de la primera mitad del siglo XIX: conflictividad política y militar, conflictos bélicos de manera casi permanente. Las posibilidades de la ausencia del varón son importantes, ya sea por huir de las levas, por el reclutamiento o, simplemente, para buscar mejores horizontes.


En 1850 y 1855 podemos apreciar que el porcentaje de ilegitimidad es inferior al registrado en el período anterior (Cuadro 4), seguramente producto de la mayor afluencia inmigratoria de los países del sur de Europa. Por otra parte, el nivel de conflictividad disminuye sensiblemente en la etapa de la pax rosista, lo que permitiría mayores posibilidades para asentarse en un nuevo núcleo familiar.
En el Gráfico 3 podemos observar el porcentaje de padres y madres según origen. La variable “origen” cuenta con una omisión8 importante, por lo que debemos tomar con cuidado nuestras conclusiones. Ahora bien, si observamos en conjunto el Gráfico 3 y los Cuadros 3 y 4, podemos apreciar que, a medida que el porcentaje de bautismos legítimos es mayor, también es mayor la cantidad de padres y madres europeos. Por lo demás, logramos constatar que la legitimidad de los hijos de padre o madre de origen europeo es de casi un 100%. De modo que, en principio, existiría una relación directa entre el crecimiento de la legitimidad y el mayor número de padres o madres europeos.

Nota: Totales: Para 1830: padres 123 casos, madres 144 casos; para 1835: padres 106 casos, madres 138 casos; para 1850: padres 127 casos, madres 132 casos; para 1855: padres 170 casos, madres 168 casos. Sin datos: Para 1830: padres 71 casos; madres 50 casos; para 1835: padres 89 casos, madres 57 casos; para 1850: padres 66 casos, madres 61 casos; para 1855: padres 60 casos, madres 62 casos.
1830 y 1835: Libro de Bautismos de la Parroquia del Socorro, 1826- 1840; 1850 y 1855: Libro de Bautismos de la Parroquia del Socorro, 1826- 1851, y 1851-1860.“Color” y legitimidad
Como hemos señalado, el tratamiento que dio el imperio español a los distintos grupos étnicos y etnoculturales no blancos fue el de “castas”.
Las “castas” estaban compuestas por: negros africanos, originalmente todos esclavos; negros nativos, descendientes de los esclavos africanos; indios, que incluían a todos los pueblos origina- rios, cuya raíz y tronco étnico era diferente y cuyas culturas también eran muy distintas; mestizos y pardos. El mestizaje comenzó con la Conquista misma; originalmente, la falta de mujeres blancas facilitó a los colonizadores la unión con mujeres indígenas. La mezcla racial constituyó un hecho no deseado por la corona española, pero la realidad se impuso (Moreno, 2012). Ayudó también la movilidad territorial que, en el período tardoco- lonial, sucedió a la crisis de las reducciones indígenas. En general, los distintos actores cuya mezcla racial no siempre era evidente –nos referimos a los mulatos, mestizos y otros cruces raciales− fueron conceptualmente agrupados en una categoría denominada de “color” (no blancos), dada la dificultad de poder identificarlos correctamente a través de las fuentes −salvo, claro está, en el caso de la identificación de esclavos o descendientes de esclavos (negros y mulatos).
Con respecto al “color”, en el Cuadro 5 podemos verificar que en 1835 el porcentaje de bautismos de niños blancos fue mayor al de 1830, lo cual va de la mano con el paulatino “blanqueamiento” de la población ya estudiado por diferentes autores (Goldberg, 1976, p. 99, y 2011;Andrews, 1989, p. 104). A su vez, el porcentaje del resto de los grupos étnicos no blancos es inferior en 1835 respecto de 1830. El hecho del fracaso del régimen de castas y la importante mixtura racial que tuvo lugar en Buenos Aires desde la etapa colonial, como se ha observado hace que sea algo complicado poder hablar a ciencia cierta de castas, “color” o grupo étnico; no obstante, sospechamos que el registro podría ocultar los propios prejuicios del sacerdote escribiente.
Lamentablemente la comparación con los datos de “color” de 1855 resulta complicada, dado que existen solo dos casos de pardos y que el resto figura registrado como blancos o sin datos. De alguna manera, la extinción práctica del registro de “color” nos indica en qué medida pudo haber avanzado el proceso de blanqueamiento, siendo una manera de “uniformar” y eliminar diferen- cias en la nueva etapa que se transitaba.
Cuando pasamos a analizar la ilegitimidad según “color” (Cuadro 6), observamos que, tomando en cuenta los años 1830 y 1835, la ilegitimidad asciende entre los blancos, mientras que disminuye entre los negros y pardos de manera bastante marcada.
No obstante, nos encontramos con que los blancos, siendo algo más del 60% de los bautismos en 1830 y las tres cuartas partes en 1835, solo representan el 46% y el 57% de los ilegítimos, de modo que se encuentran claramente subrepresentados. Los bautismos no blancos, por el contrario, se encuentran sobrerrepresentados en todas sus categorías si comparamos los bautismos totales según “color” en el Cuadro 5 con los bautismos ilegítimos según “color”. De alguna manera y a pesar de que la ilegitimidad aumenta en 1835 comparada con 1830, son los blancos quienes están en mejores condiciones de legitimar su matrimonio y su descendencia.


El estatus de “don” y “doña”
Con respecto al apelativo de “don” y “doña”, en el Cuadro 7 podemos vislumbrar que los padres registran un mayor número relativo que las madres, especialmente en 1830, año en el cual los padres “don” son más de la mitad del total. No obstante, apreciamos que tanto el valor absoluto como el relativo de padres “don” disminuyen en 1835 con respecto a 1830. Otro tanto sucede con las madres “doñas”, aunque, en este caso, la disminución relativa es de menor magnitud.
En el Cuadro 8 podemos observar que en 1850 y 1855 se mantiene la tendencia de un mayor número de padres “don” que de madres “doñas”, aunque podemos advertir que el apelativo se generaliza a la gran mayoría de los padres y madres relevados, dado que en ambos casos superan el 90% del total. En principio, pensamos que opera en la sociedad una mayor generalización del término que tiende a “igualar” los distintos sectores socioeconómicos de pertenencia. De todas maneras, debemos matizar algo esta aseveración dado que en 1850 y 1855 la madre no es registrada en los bautismos ilegítimos, por lo que consideramos que una parte importante del componente sin datos (56 en 1850 y 59 en 1855) podría haber sido registrada como “no doñas”. De igual manera, sumando los padres y madres desconocidos a los no don/no doñas, vemos que el número de don/doñas supera el 50%, de modo que nuestra idea de una generalización del uso del “don” (aunque matizada) puede ser aceptada.



Para buscar una relación entre las variables “don” y legitimidad, decidimos cruzarlas, aunque solo podemos hacerlo para 1830 y 1835, dado que, como vimos, en 1850 y 1855 en los nacimientos ilegítimos no se registra la madre, y mucho menos el padre, claro está. En el Cuadro 9 podemos observar que existe una relación directa entre la ilegitimidad y el estatus “no doña” de la madre.
Si bien contamos con una cantidad importante de casos sin datos, entre los que tenemos registro obtenemos que un 100% de los bautismos ilegítimos corresponden a madres “no doñas”. Según lo observado tanto en el Cuadro 6 –bautismos ilegítimos según “color”– como en el Cuadro 9, nuestra idea es que habría una correspondencia entre madres “no doñas” con una baja situación socioeconómica y su pertenencia a alguna categoría etnocultural (“color”).
Los padres esclavos
Existen unos pocos casos de bautismos de niños con padres esclavos en 1830 y 1835. En 1850 y 1855 ya no existe la esclavitud, abolida por la Constitución de 1853. Si tomamos como conjunto 1830 y 1835, podemos apreciar que algo más de la mitad (8 de 15) de los bautismos de hijos de esclavos eran ilegítimos. También podemos observar que la presencia de madres esclavas es mayor que la de padres esclavos, que solo cuentan con un caso, y también superior a los bautismos en los que ambos padres son esclavos (Cuadro 10).
El total de casos nos resulta demasiado bajo como para tomarlo en cuenta, pero la alta tasa de ilegitimidad de los hijos de esclavos nos aporta un panorama sobre la dificultad de este sector para lograr una pareja estable o para unirse legalmente.
Asimismo, el bajo porcentaje de hijos de esclavos con respecto al total nos permite vislumbrar la baja natalidad que tienen los esclavos, así como el hecho de que la esclavitud se va convirtiendo en una condición cada vez más marginal en la sociedad porteña (Goldberg, 1976 y 2012).

Madrinas y padrinos
Se había anticipado que en los libros de bautismos aparecían los nombres de padres y madres, salvo los desconocidos, y también, en varios casos, los de las madrinas y padrinos. Si revisamos la participación de madrinas y padrinos en los bautismos del Socorro, en el Cuadro 11 podemos apreciar una preponderancia femenina bastante marcada en la institución del padrinazgo. Esa mayor cantidad de madrinas por sobre los padrinos se observa en los cuatro años analizados.
No obstante, debemos tener en cuenta que, a medida que pasan los años, la preponderancia femenina tiende a ser cada vez menor, al punto que en 1855 apenas sobrepasa la mitad de los casos. El paulatino crecimiento de los padrinos puede analizarse tomando en cuenta la situación socioeconómica hacia fines de los años ’40 y principios de los años ’50: en ese período se pasa de un contexto conflictivo de guerras y problemas económicos −en el que los hombres se ausentan sea por escapar de la leva, sea para buscar mejores oportunidades− a otro contexto en el que, si bien la guerra continúa, la situación económica mejora claramente, en especial después de que la Provincia de Buenos Aires se separa de la Confederación y puede disponer de los recursos aduaneros, al menos durante los casi diez años en los que estuvo escindida.

Por su parte, en el Cuadro 12 podemos ver la participación de madrinas y padrinos en los bautismos ilegítimos. En principio, notamos que la tendencia observada en el Cuadro 11 se mantiene: una preponderancia femenina en la institución del madrinazgo/padrinazgo y, a la vez, un paulatino aumento de los padrinos a medida que pasan los años y la situación socioeconómica mejora. La diferencia que podemos destacar es que la preponderancia femenina es más marcada en el caso de los bautismos ilegítimos. De alguna manera es posible esperar que sean estas madrinas quienes se ocupen de los niños de “padres no conocidos” o, por lo menos, que sirvan de apoyo para las madres solteras, “víctimas”, en alguna forma, de la constante movilidad masculina del período.
En síntesis, se ha detectado un fuerte abandono o de orfandad de niños blancos en obvia situación de ilegitimidad, recogidos por otras personas que devienen madrinas y padrinos, quienes, probablemente, los han adoptado. También se registra abandono de niños pardos, negros e indios, pero en menor proporción respecto de los blancos. Esto es, alrededor del 25% de los hijos “naturales blancos” eran de padres y madres desconocidos en 1830, proporción que aumenta al 39% en 1835.
Algunos estudios han analizado el rol del padrinazgo y del madrinazgo −no solo en el Río de la Plata sino también en otras comarcas de Iberoamérica−, es decir, su particular función en las redes sociales, más allá de las características religiosas implícitas, como parte de las estructuras familiares, de poder, de intercambio, de protección, de vecindad y de prestigio (Mateo, 2001; Bassanezi, 2010; Santilli, 2010).
Al analizar el fenómeno de las madrinas y padrinos se observa algo por demás interesante. Del total de 194 bautismos en 1830, en 187 casos aparece la figura de la madrina y solo en 124 emerge la del padrino. Esto cubre a los nacimientos legítimos e ilegítimos. Pero, además, cerca del 50% de las madrinas son consideradas “Doña”, proporción que supera a las de las madres. En este caso, no sabemos si eran de origen blanco porque en ciertos casos son madrinas de niños pardos y en un par de casos de indios. Asoma así la importancia del papel de la mujer como madrina más que del varón como padrino. Más allá de que el derecho canónico no asigna diferenciación sexual alguna en cuanto a los padrinos,9 sabemos por estudios anteriores que la preponderancia femenina en el padrinazgo fue un elemento común en diversos contextos de la sociedad colonial y post colonial (Ferreyra, 1998, p. 430; Ghirardi e Irigoyen, 2014, p. 137). A esta situación se le agrega el contexto de nuestra época, el cual se corresponde con una ausencia relativa de varones en los hogares y una feminización de las familias y los hogares, fenómeno detectado en otro trabajo para un período posterior y para el interior del país (Cacopardo y Moreno, 1997). En realidad, el supuesto de la ausencia de los varones nativos se corresponde con las luchas civiles y las levas constantes de varones militarizados.

Algunas conclusiones
En la consideración de nuestra hipótesis, habíamos supuesto que la movilidad social ascendente de una población en teoría “blanca”, como parte de un proceso de acercamiento a la pauta ideal del matrimonio por casamiento, se iba a corresponder, a diferencia de lo que ocurría en la campaña, es decir, en la región rural, con un descenso de la ilegitimidad. Hemos hallado un aumento de la población blanca o, en todo caso, un blanqueamiento de la población, cuyas originales mezclas serían ignoradas en la fuente −fuente alimentada por los sacerdotes, verdaderos escribientes de una pequeña parcela de la sociedad, más o menos conocida por ellos, aunque no todas las historias personales y familiares que conformaban parte del universo conocido tenían un buen registro.
El juicio sobre la pertenencia étnica de los niños bautizados seguramente debía estar sesgado por las apariencias y por diferencias que la sociedad ansiosamente deseaba borrar. Al respecto, los integrantes de la denominada Generación del 37 consideraban inferiores e indeseables a los negros y a las mezclas con raíces africanas; y, si tenían influencia pública, los individuos debían cuidarse bien de no ser confundidos (Goldberg, 2012). Aunque la esclavitud no fue constitucionalmente cancelada sino hasta 1853, los negros de ese origen, esclavos o no, eran portadores de un estigma racial que denotaba una diferencia sustancial en el colectivo social. Constituía una condición difícil de borrar aunque no imposible: las relaciones sexuales entre los individuos de las distintas castas tuvieron la virtud de igualar, en cierto sentido, el origen o pertenencia. Pero, en una ciudad en cuyo origen la presencia mestiza e indígena estuvo bien presente, los mestizos pudieron ascender socialmente y disimular su origen. El mejor ejemplo en la fuente utilizada por nosotros es el tratamiento de “don” y “doña” en un par de casos de pardos.
A diferencia de lo pensado, en el quinquenio 1830-1835 encontramos un comportamiento parecido al de la campaña, pero con una diferencia: en la Ciudad aparecen más niños abandonados o huérfanos, aunque estamos dispuestos a pensar más en el abandono que en la muerte de padres y madres, a menos que se tratara de hogares incompletos en los cuales muere uno de los dos cónyuges (Moreno, 2000). No estamos en presencia de una aguda escasez de varones adultos, aunque se presume, dada la ausencia de padrones intermedios en el período estudiado, que la tasa de masculinidad de los nativos debía ser ligeramente baja. La relativa escasez de varones en pocos años se compensaría a partir de una fuerte presencia migratoria extranjera, en particular de varones solos, que habría de inclinar favorablemente la balanza de la relación de masculinidad (Massé, 2008, p. 199).
En el período más largo 1830-1855, emerge de los datos un descenso de la ilegitimidad aunque no su desaparición, acompañada de una mayor proporción de “blancos” y de europeos. En la Parroquia del Socorro, en 1855, los italianos significaban el 16% de todos los italianos de Buenos Aires (Devoto, 1989). Estos componentes migratorios, preferentemente de origen europeo, habrían llegado a las orillas del Río de la Plata en las dos décadas anteriores, emparejando así la distribución de la población adulta por sexo. Además, en todos los países europeos, católicos o protestantes, la práctica del casamiento por el ritual religioso fue la norma. Por esta razón, en los registros parroquiales hemos podido establecer una correlación absoluta entre nacimientos legítimos de padres y madres de origen europeo, compensando así las uniones de hecho de los nativos, en descenso.
Con las fuentes utilizadas no se puede demostrar la presencia de redes sociales, aunque surge claramente la institución del madrinazgo y del padrinazgo −menos potente−. No obstante, la presencia de mujeres que se hacen cargo de niños ilegítimos surge como una figura muy fuerte, fenómeno que habría que seguir investigando.
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Notas