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Comentarios y reseñas

Meza Holguin Adrián
El Colegio de México, México

Comentarios y reseñas

Población de Buenos Aires, vol. 15, núm. 27, pp. 51-54, 2018

Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

Coubès Marie-Laure, Solís Patricio, Zavala de Cosío María Eugenia. 2016. México. El Colegio de México. 406pp.. 978-607-479-242-3

La perspectiva de análisis biográfico longitudinal permite explorar las trayectorias de vida de personas pertenecientes a cohortes específicas, lo cual es de gran utilidad para comparar los cambios sociodemográficos e intergeneracionales a través del tiempo, así como para estudiar las desigualdades entre grupos de personas pertenecientes a una misma cohorte.

La realización de esta aproximación solo es posible con datos de tipo retrospectivo longitudinal, datos que captan información a lo largo de la vida de las personas entrevistadas.

El libro Generaciones, cursos de vida y desigualdad social en México realiza precisamente este tipo de análisis sobre la base de datos de la Encuesta Demográfica Retrospectiva (EDER) 2011,1 cuya población objetivo está constituida por las cohortes nacidas en los años 1951-1953, 1966-1968 y 1978-80.

De manera transversal, los capítulos permiten visibilizar las transformaciones familiares en el México urbano reciente, a la vez que se pone énfasis en las desigualdades sociales profundas que se siguen reflejando en los diferentes patrones reproductivos, familiares, escolares, conyugales, laborales, entre otros.

Quizás uno de los aportes más significativos en el análisis de la desigualdad intergeneracional es la inclusión del “Índice de Orígenes Sociales (IOS)”, el cual se utiliza en la mayor parte de los capítulos y permite estratificar a través de tres dimensiones que hacen alusión a datos del padre y la madre de las personas entrevistadas (ocupación, escolaridad y bienes y servicios de la vivienda). Sin duda, se apreciaría contar adicionalmente con un apartado específico que permita ahondar más en la descripción de la construcción de este índice.

El libro se estructura en tres grandes apartados: 1) Primera parte: Fecundidad y comportamientos reproductivos; 2) Segunda parte: Dinámicas familiares; 3) Tercera parte: Escolaridad y trabajo.

La primera parte contiene cinco capítulos, en los cuales se plasman hallazgos inéditos en el estudio de la fecundidad y los comportamientos reproductivos.

En el capítulo “Tendencias y determinantes de la fecundidad en México: las desigualdades sociales”, Páez y Zavala analizan los patrones reproductivos de las tres generaciones de estudio. Si bien el descenso de la fecundidad ya se ha documentado ampliamente en México, el aporte desde la perspectiva longitudinal permite confirmar no solo la menor fecundidad de las cohortes más recientes con respecto a las más antiguas, sino también diferencias entre las mismas cohortes dependiendo del sexo, la escolaridad y el origen social. Estas brechas “se ven reflejadas en los distintos patrones de fecundidad que coexisten en un mismo grupo de generaciones, ya que son distintas las trayectorias de vida de individuos de orígenes sociales extremos o con diferentes niveles de estudio” (p. 57).

En el capítulo “Poblaciones indígenas urbanas en México y su comportamiento reproductivo”, Germán Vázquez analiza los patrones de fecundidad de las poblaciones indígenas en comparación con los de las no indígenas. Su hipótesis sugiere que la pertenencia a un pueblo indígena no tiene un efecto en las tasas de fecundidad cuando se controla por la escolaridad y el índice de orígenes sociales. En efecto, el estudio revela que “el bajo nivel del origen social, es decir, la pobreza heredada de los padres, está profundamente imbricada con ‘ser’ indígena en este México urbano, por lo que se comprueba que ningún otro factor consustancial al ser indígena, como pudiera ser la cultura, prevalece una vez que se iguala el nivel del origen social para todos los individuos” (p. 89). Esto sugiere que la identificación indígena por cualquiera de sus variantes no tiene significancia estadística para explicar la fecundidad.

“De maternidades y paternidades en la adolescencia. Cambios y continuidades en el tiempo” es el capítulo de Sánchez Bringas y Pérez Baléon, en el cual se analizan las diferencias en la fecundidad adolescente por género y cohorte. Las mujeres presentan en mayor medida que los varones el evento del nacimiento del primer hijo antes de cumplir 20 años, lo cual se puede atribuir, en parte, a las prácticas socioculturales. En este sentido, “la maternidad/paternidad adolescente es un fenómeno directamente asociado a la vulnerabilidad social, que ocurre en poblaciones con escasos recursos socioeconómicos, baja escolaridad, escasas oportunidades de trabajo bien remunerado y en las que la vida familiar se inicia a edades más tempranas en relación con otros grupos socioeconómicos” (p. 106).

Por otro lado, en “Factores asociados a la utilización de cesárea: una exploración a través del tiempo”, capítulo a cargo de Cárdenas y Novak, se pone de relieve el aumento sistemático e injustificado en el uso de cesáreas en el tiempo, visto a través de las tres cohortes de estudio. Los factores explicativos más relevantes en el uso de las cesáreas fueron la edad y el tipo de atención privada. A pesar de que no existe necesariamente una asociación directa entre la edad y el aumento de complicaciones durante esta etapa, los resultados del estudio sugieren que se sigue considerando a la edad como un criterio en la toma de la decisión de realizar cesáreas. El hecho de que las cesáreas ocurran aún más en la atención privada se podría relacionar con factores meramente económicos.

Por último, Brugeilles y Rojas aportan el capítulo “Inicio de la práctica anticonceptiva y formación de las familias. Experiencia de tres cohortes mexicanas”, en donde se abordan los principales cambios de las tres generaciones en el uso de anticonceptivos. A pesar de que se han mantenido patrones tradicionales en la sociedad mexicana que sugieren el uso de métodos anticonceptivos hasta después de la unión y de los primeros nacimientos, existe un cambio generacional a favor de un uso más precoz de esos métodos en las cohortes más jóvenes. El patrón descrito “pone de manifiesto que todavía no alcanzan a modificarse de manera generalizada los vínculos entre el ejercicio de la sexualidad, la entrada en unión y la procreación, puesto que se mantiene como norma estar en unión y tener al menos un hijo antes de comenzar la planificación familiar” (p. 148).

La segunda parte del libro está dedicada a explorar las dinámicas familiares y su efecto en las trayectorias de vida. Se analizan la emancipación familiar, la disolución conyugal, la migración y la corresidencia con los padres.

Patricio Solís empieza esta sección con el capítulo “De joven a adulto en familia: trayectorias de emancipación familiar en México”. Dejar el hogar familiar se ha hecho cada vez más difícil en un entorno económico poco favorable para las/os jóvenes mexicanos, lo cual ha impactado en una salida del hogar familiar cada vez más tardía y en nuevas formas de corresidencia de parejas con los suegros. Ante un contexto estructural complejo, el estudio demuestra que “las relaciones familiares siguen jugando un papel importante en los procesos de emancipación y transición a la vida adulta” (p. 176).

En seguida, en el capítulo “Una nueva mirada a los factores predictivos de la disolución conyugal voluntaria en México”, a cargo de Pérez Amador y Ojeda de la Peña, se hace un análisis de riesgo sobre los determinantes de las separaciones o divorcio de las primeras uniones conyugales para las tres cohortes en estudio. Los resultados permiten confirmar un aumento de las disoluciones a lo largo del tiempo; particularmente, el riesgo de separación se incrementa sustancialmente si se trata de uniones libres en comparación con los matrimonios. También se aprecian menores duraciones de las uniones de la cohorte más reciente que presentó disoluciones, con respecto a las cohortes anteriores. Un hallazgo interesante es la relación curvilínea del riesgo de disolución, la cual reza que son “las edades extremas las que conllevan a una mayor probabilidad de divorcio o separación” (p. 200), es decir las personas menores a 18 años y aquellas mayores a 24 años. Otros factores, como la condición de ocupación, implican un mayor riesgo de disolución, mientras que el número de hijos muestra una fuerte relación inversa.

“La migración en México ¿una historia de familia? Un asunto de género”, de Pascal Sebille, analiza las trayectorias individuales, residenciales y familiares de las cohortes de estudio. A través de un análisis detallado, encuentra una gran diversidad en las trayectorias migratorias que, en su conjunto, muestran que estos eventos no son solo decisiones individuales, sino “con” la familia y “en función de la familia”, aunque con patrones diferenciados por género. Por ejemplo, se observa que las mujeres tienen una mayor propensión a migrar en familia que los varones.

Por último, el capítulo “Corresidencia con los padres y bienestar en la infancia y la adolescencia”, de Rabell y Murillo, se centra en estudiar cómo los cambios en la corresidencia de los hijos con los padres pueden tener efectos negativos asociados al abandono escolar y a un inicio prematuro en el mercado de trabajo. Se aprecian patrones diferenciados por cohortes y por género. Para la cohorte más antigua,dejar de corresidir con los padres no tiene un efecto sobre el abandono escolar y el ingreso al mercado laboral. Sin embargo, para las cohortes intermedia y más joven, sí hay un efecto de mayor riesgo de deserción escolar.

La tercera parte aborda los temas de escolaridad y trabajo. Se divide en cuatro capítulos que nos permiten reflexionar sobre los cuestiones del abandono escolar, de las trayectorias migratorias en los procesos educativos, así como de las transiciones laborales y su relación intergeneracional.

Esta sección empieza con la aportación de Nicolás Brunet “Dejar la escuela en perspectiva longitudinal micro-macro: marcas biográficas y contextuales”. La hipótesis que se postula es que la salida de la escuela es un evento del curso de vida que está indudablemente condicionado por factores micro y macro sociales. Se exploran múltiples determinantes de dicha salida, tales como la edad, el sexo, la cohorte, el origen social, el tipo de escuela (pública o privada), entre otros. Un hallazgo interesante es que la trayectoria escolar puede estar determinada por otros eventos, como la entrada al primer trabajo y la primera unión conyugal, los cuales tienen efectos en la salida de la escuela más temprana. Por otro lado, la herencia, medida a través del origen social, resultó ser un factor importante que reproduce la desigualdad social. Los efectos de cohorte permiten visibilizar un menor riesgo de salida de la escuela para las cohortes más recientes con respecto a las más antiguas.

El siguiente capítulo, “Trayectorias migratorias y su interacción con los procesos educativos”, a cargo de Giorguli y Angoa, analiza los efectos de las migraciones en la asistencia escolar y en el logro educativo. Esta veta de investigación ha sido poco estudiada, a pesar de que los eventos migratorios (internos y externos) son frecuentes y tienen un fuerte impacto en el curso de vida. Los resultados sugieren efectos que marcan negativamente las migraciones sobre la permanencia en la escuela, particularmente para las niñas, niños y adolescentes de 7 a 15 años. Sin embargo, no se encuentra un efecto para las personas de 16 a 24 años. Esto puede sugerir que, para esta población, la migración tenga otro significado; y es posible que existan dos efectos contrarios que se anulan mutamente, es decir un “contrapeso entre un grupo que migra para seguir estudiando y otro que deja de estudiar y migra en busca de mejores oportunidades laborales” (p.324).

En el capítulo “Debut ocupacional de los hijos varones según la ocupación de sus padres”, Pacheco et al. exploran la relación ocupacional de padres e hijos, con variables individuales y contextuales que pueden determinan el estatus ocupacional de los hijos. Las autoras no encuentran efectos de cohorte en cuanto a la movilidad ocupacional. Sin embargo, el origen social y el nivel educativo tienen un mayor impacto, tal como lo encontrado en otros estudios. Lo anterior sugiere que existe una “transmisión intergeneracional de la desigualdad de oportunidades” (p. 30).

En el último capítulo, “Movilidad individual y cambio social: transiciones laborales en tres generaciones de varones”, Fiorella Mancini estudia las trayectorias laborales de hombres pertenecientes a las tres cohortes de estudio en dos momentos importantes: al inicio del primer empleo y a los 30 años de edad. El análisis longitudinal permite observar cambios entre las cohortes relacionados con distintos momentos históricos en el desarrollo de México. Los resultados apuntan a una gran heterogeneidad en las trayectorias laborales, especialmente para las generaciones más jóvenes, lo cual se puede asociar a las transformaciones del mercado de trabajo en las últimas décadas. A partir de las generaciones intermedias, se aprecia un deterioro en la generación de empleos favorables, producto también del contexto económico. Las condiciones del primer empleo marcan de igual forma las posibilidades laborales futuras.

Conclusiones

Esta compilación de investigaciones se basó en el uso de datos biográficos de tipo longitudinal, las cuales muestran el potencial que las encuestas demográficas retrospectivas aportan a la investigación sociodemográfica. Los temas de estudio analizados son muy diversos, lo que permite conocer más sobre el panorama demográfico del México urbano contemporáneo.

A través del tiempo, es posible visibilizar las transformaciones familiares de las cohortes de estudio, pero también se ratifican patrones diferenciados que coexisten dentro de las mismas generaciones y que se enmarcan en contextos de desigualdades profundas e insuperables a la fecha.

Es imperativo ampliar la investigación refrendando la recolección de datos longitudinales de manera periódica e incorporando nuevas temáticas que abonen a la investigación, ampliando preguntas para fortalecer los temas de salud sexual y reproductiva, trabajo y migración, entre otros, así como para identificar características específicas, tales como la condición de discapacidad, que puedan tener efectos significativos en las trayectorias de vida.

Notas

1 El primer levantamiento de la EDER se realizó en 1998. La EDER 2011 constituye el segundo ejercicio de esta encuesta y mantiene la comparabilidad, a la vez que agrega nuevas variables de temas relevantes para el estudio de las trayectorias de vida. El desarrollo de la encuesta fue un esfuerzo en conjunto entre instituciones académicas y el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). Se obtuvo la cobertura nacional con una muestra de 3.200 viviendas en las 32 áreas metropolitanas de mayor tamaño de México. Más información disponible en: y en: < http://www.beta.inegi.org.mx/proyectos/enchogares/modulos/eder/>.
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