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Revisita a dos libros necesarios y homenaje a sus autores: Estructura social de la Argentina. Análisis estadístico de Gino Germani y Estructura social de la Argentina: 1945-1983 de Susana Torrado

Mabel Ariño

Revisita a dos libros necesarios y homenaje a sus autores: Estructura social de la Argentina. Análisis estadístico de Gino Germani y Estructura social de la Argentina: 1945-1983 de Susana Torrado

Población de Buenos Aires, vol. 17, núm. 29, pp. 39-42, 2020

Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

Germani Gino. 1955. Buenos Aires. Raigal. 273pp.

Revisita a dos libros necesarios y homenaje a sus autores: Estructura social de la Argentina. Análisis estadístico de Gino Germani y Estructura social de la Argentina: 1945-1983 de Susana Torrado

La gente va muy bien como dato estadístico, anónimos comparsas de este culebrón… la gente va muy bien para vencer obstáculos, para darnos sorpresas, recobrar la memoria y emplear la cabeza para cambiar la historia… Joan Manuel Serrat. “La gente va muy bien”.

Mabel Ariño1

Esta reseña es invitación a la lectura de dos libros del siglo pasado que cuentan sobre la vida en la Argentina, mostrando la estructura de clases y los comportamientos que igualan y diferencian a las personas según al sector social de pertenencia. Tal vez los tiempos de pandemia hayan colaborado para renovar la necesidad de su lectura.

Asimismo, la invitación supone homenajear a los autores y entonces el convite suma intensidad emocional; quien esto escribe reconoce a ambos como sus maestros. Gino Germani, con presencia intelectual que no física, y Susana Torrado con presencia contundente, sabia y entrañable a lo largo de décadas.

Para iniciar el recorrido, algunos datos biográficos de Germani. Un inmigrante italiano, veinteañero, con estudios de Economía cursados en su Roma, que había llegado al 1 Licenciada en Sociología (UBA), Especialista en Gestión de Políticas Sociales. Profesora adjunta regular de la Catedra de Demografía Social, FSOC-UBA (jubilada). Consultora en el Observatorio del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat del Gobierno de la CABA. puerto de Buenos Aires en 1934. Lo guiaba el propósito de reencontrar a sus hermanas mayores que vivían en Buenos Aires y de calmar el temor de su madre a verlo encarcelado por su actividad política si permanecía en Roma. La ciudad porteña le resultó deslumbrante y lo atrapó en una actividad incesante, curiosa, asombrada.

Las dos décadas siguientes lo encontraron haciendo las actividades más diversas. Desde escribir cartas en el consultorio sentimental de la revista Idilio, acercando el psicoanálisis a las mujeres de clase media y trabajadora, interpretando sueños y amores –cartas ilustradas con exquisitas fotografías de Grette Stern, una joven alemana que, como él, había elegido Buenos Aires para vivir–, hasta integrar grupos de investigación en “Filo” de la UBA. Comenzó investigando en el instituto que hoy se conoce como el “Gino Germani”, y llegó a fundar la Carrera de Sociología en la UBA. Todavía hay deuda de gratitud solo por esta creación.

En el ámbito académico fue encontrando los asistentes que lo iban a acompañar en la aventura de construir el “primer estudio empírico y analítico, rigurosamente cuantificado con método científico, que abarcaba al conjunto de la estructura social argentina” en palabras de Jorge Graciarena, utilizando los cuatro primeros censos nacionales, con provocativa creatividad. El estudio se publica en 1955, por la editorial Reigal, bajo el título Estructura Social de la Argentina. Análisis Estadístico con la inconfundible tapa con colores de bandera argentina y la xilografía de Nicolás Bujidis, títulada “Sin Sombras”.

Por aquellos años, estudiar los fenómenos demográficos no despertaba mayor interés en la Argentina. Como muestra de ese desinterés “basta un botón”: en el Estado argentino no se consideró imprescindible hacer un censo entre 1914 y 1947. Treinta y tres años en los que la población pasó de 8 a 16 millones de almas, y se había trasladado, europeizado, urbanizado, educado, politizado. Gino Germani hace germinar la semilla de utilizar censos de población en el ámbito académico para hacer estudios de población.

Para cumplir con el propósito de su investigación Germani tuvo que cultivar paciencia y enfrentar antiguos temores. La información del Censo de 1947, además de estar afectada por una demora de 8 años en ser publicada, era considerada un problema para la “seguridad nacional” por integrantes con algún grado de poder en distintas dependencias del gobierno nacional. Eran sospechosos de acciones subversivas hasta los que requerían información censal para estudios académicos. Si esto parece nimio ¡aún quedaba remontar la tarea de acceder a los datos

El acceso a la información era artesanal porque estaba guardada en oscuras oficinas, en carpetones con cientos de carillas de tabulados manuscritos. Cada cifra debía copiarse prolijamente para luego hacer los cálculos en forma manual. Los asistentes encargados de la tarea no recibían paga y disponían de muy pocos útiles para hacer cada cosa. Hacían los cálculos en papel, a lápiz negro y goma de borrar; los tabulados en papel cuadriculado, con ayuda de una regla y dibujaban los gráficos en cartulina con plumín, tinta china, letra de caligrafía. Al hojear el libro de Germani, se puede disfrutar esta artesanía.

Todo el esfuerzo de investigación desplegado por Germani con su equipo les permitió obtener “la mejor fotografía” de las condiciones de vida de la población en el país más al sur del mundo. En este artículo, se rescatan algunos hallazgos de esta investigación inaugural para la sociología argentina que parecen seguir resonando, haciendo docencia.

La ética intelectual y la simplicidad con la que miraba, enmarcada teóricamente en la morfología social, que lo llevó a asumir el compromiso de mostrar la “cocina” de sus datos, para que investigadores con enfoques distintos pudieran utilizarlos sin problemas de sesgos ocultos.

El señalamiento de que solo hacía un estudio estadístico para medir las condiciones materiales de vida de la población en las distintas “clases sociales” evidencia su claridad de objetivos y su sagaz inteligencia para evitar perder tiempo en el laberinto teórico de la discusión del concepto “clase social” que tanto subyuga y demora a sociólogos en interminables discusiones sin destino.

Con los pies firmes en estas premisas, una excelente formación científica, capacidad de trabajo y “muñeca” demográfica, Germani cultivó una perla: la exploración cuantitativa de las condiciones de vida de la población del Gran Buenos Aires reveló evidencias certeras del peso que alcanzan las decisiones de los individuos y las políticas públicas en un determinado momento histórico y la inercia inapelable que proyectan al futuro. Hace más de sesenta años hizo evidente que no habría suficientes puestos de trabajo, de viviendas, de calles, de servicios sanitarios, de escuelas, de hospitales para atender a la masa enorme de personas en movimiento hacia el puerto de Buenos Aires, sin plan, apenas con la urgencia de una vida mejor.

Y, como si la foto del Gran Buenos Aires fuera insuficiente, la enmarcó en el país mostrando el comportamiento demográfico, social y económico del interior: la improductividad, el analfabetismo y el despoblamiento de las provincias del Norte, la soledad de la explotación extensiva en el vacío territorio de la Patagonia y la riqueza fenomenal y poco inclusiva de la pampa argentina. Datos censales, no opinión.

Germani pintó a mitad del siglo XX la Argentina del siglo XXI. Es lo que hace valioso y actual la lectura de este texto al menos una vez, o la relectura si ya se lo conoce.

Promediando la década de los 60, cuando el clima político y social en Buenos Aires y en la Universidad se hizo violento, Germani se fue a Estados Unidos. A Boston, a seguir con su tarea de investigador y docente en la Universidad de Harvard. Más tarde volvería a migrar, esta vez hacia al punto de partida, a su Roma natal. Allí vivió y trabajó hasta el final, murió en 1979. Algunos de los libros y artículos que Germani escribió luego de abandonar Buenos Aires, muestran que hubo interrogantes sobre la sociedad argentina que lo acompañaron por el resto de la vida.

Ahora el segundo libro y su autora, Susana Torrado, quien fuera asistente de investigación de Gino Germani mientras hacía su formación de grado. Treinta años después persiste en la tarea de caracterizar en forma cuantitativa la “Estructura Social de la Argentina” al tomar la posta del mentor. Tiene clara conciencia de que dispone de recursos con los que ni siquiera soñaban en el equipo de Germani y confía en su propia maestría. Escribir un libro que ameritara el título homónimo al de su maestro fue un acicate que le funcionó muy bien.

Susana Torrado, nacida en Buenos Aires, de padres españoles, va a hacer un recorrido geográfico de sentido inverso al de Gino Germani. Completados sus estudios de grado en Sociología en Buenos Aires, partió a París, ese sueño tan acariciado por los argentinos. Instalada en Francia, obtuvo con honores un Doctorado en Demografía por la Universidad de París. En esa larga estadía, además de caminar las calles parisinas, se contactó con intelectuales, estudiantes y artistas argentinos y latinoamericanos que se reunían en cafés, bibliotecas, plazas, centros de investigación de la capital francesa. Desde Cortázar a Fernando Henrique Cardoso, innumerables personajes desfilaron frente a los ojos de la muchacha porteña que había partido a conocer el mundo y a aprender con pasión.

Ya doctorada, inicia una prometedora trayectoria profesional: conduce proyectos de investigación en distintos organismos internacionales y hace docencia en universidades prestigiosas. Su recorrido la aleja de Francia, reside por años en Canadá y luego en Chile, con viajes de trabajo y dictado de seminarios y conferencias en Latinoamérica, Europa y Asia. Hasta 1983, cuando se recupera la democracia en la Argentina y Alfonsín asume la presidencia. Estima el momento como propicio para su retorno a Buenos Aires. La doctora Torrado llegó a la UBA y trajo con ella su expertise en Demografía Social, una disciplina tan necesaria como ausente en la cursada de Sociología. Con el tiempo creará la cátedra de Demografía Social en la Facultad de Ciencias Sociales, un semillero de sociólogos interesados en estudios de población. En paralelo, fue designada directora de la carrera de Sociología, durante la gestión de Francisco Delich al frente de la UBA. Un momento luminoso de reorganización y actualización de la carrera.

Susana Torrado ha hecho docencia con generosidad y rigurosidad, ha sido tejedora de encajes de paciencia infinita con las fuentes de datos estadísticos hasta dar con el indicador más pertinente, ha explorado la actuación teatral –hay testigos de su interpretación elegante y conmovida de La voz humana en un pequeño teatro vocacional– y ha dado muestras de ser una contendiente formidable, firme y precisa como un karateca, si entiende que debe defender su trabajo de críticas que juzga maliciosas. Inolvidable su enfrentamiento en los medios con el Ministro de Economía Domingo Cavallo, el ministro más poderoso de la Argentina en la década de los 90. Susana Torrado consiguió una carambola a tres bandas: el Ministro se “sacó” y con un exabrupto de fuerte sesgo sexista la mando a “lavar los platos” cuando no pudo rebatir sus argumentos, ese maltrato público la transformó en una demógrafa con popularidad, casi un oximoron, y fue despedida por el mismo ministro del Instituto Nacional de Estadística y Censos, donde dirigía el Censo Nacional de Población y Viviendas de 1991. Nada mal.

Su despido, además de una injusticia, fue una pérdida para ella y para quienes trabajaban en el censo. De todos modos ya había logrado un avance sustantivo: armar el equipo de diseño conceptual del Cen 91 en el que participaban todos los directores de Estadística Provinciales con el asesoramiento de un grupo de especialistas en estadística y en ciencias sociales con mayor mérito en el país, desde demógrafos a economistas, sociólogos, expertos en educación. Una orquesta bien ensamblada, que logró documentar la historia de los censos argentinos desde el de 1869 a 1991, y hacer un diseño conceptual de avanzada para el Cen 91, plasmado en un formulario y un plan de tabulados creativo, preciso y riguroso.

Alejada del proyecto del censo, Susana Torrado retorna al ámbito universitario y a la investigación académica, volviendo sobre la temática de la estructura social. Le llevaría algunos años de laboriosa dedicación, con apoyo de unos pocos asistentes, completar el proyecto. El insumo crucial del que disponía era el estudio “Estructura Social de la Argentina” del Consejo Federal de Inversiones y la CEPAL, elaborado con la información del Censo de Población de 1980. Allí la estaban esperando los indicadores de condiciones de vida de la población, diferenciados por sector social, ámbito geográfico y tipo de hogar. Este sistema de indicadores era el producto final de un trabajo largo y de excelencia que habían hecho doce profesionales con trayectoria reconocida en el sector público, a quienes Susana Torrado había coordinado desde el inicio. Parecía llegado el momento de la síntesis y estaba lista para alcanzarla. Plasmó el resultado en el libro Estructura social de la Argentina: 1945-1983, publicado por Ediciones de La Flor, en Buenos Aires, en 1992. Es el segundo libro a cuya lectura convoca esta invitación.

Vale insistir en la importancia del legado de los autores por haber enseñado a usar las estadísticas censales para medir la distancia que separa la vida de pobres, ricos y no tan ricos. Así, Torrado ha podido mostrar que la vida de la población que vive bajo la línea de pobreza varía extraordinariamente en función del nivel de desarrollo del ámbito geográfico en el que se asienta. Que asimilar la clase obrera asalariada de Capital Federal o las grandes ciudades del interior con el mismo estrato social de Jujuy o Chaco es algo que puede inducir a graves riesgos de interpretación.

Además, sus trabajos han permitido saber que la educación primaria incorporaba al 90% de los niños argentinos por los años ochenta. Pero que detrás de los avances de inclusión asomaba otro déficit, el 20% de los niños de clase media cursaban con sobreedad la educación primaria. Y la cifra se elevaba diez puntos, si se observaba a los hijos de los obreros calificados y llegaba al 45% si los niños venían de hogares de obreros no calificados o marginales.

Entre otras cosas, sus análisis también dieron cuenta de que bajo el rótulo de clase obrera se diferencian dos grupos con condiciones de vidas muy disímiles. La capa de obreros calificados de las grandes empresas, sindicalizados, protegidos, con ingresos que les permiten, en el largo plazo, ser propietarios de la vivienda que habitaban y que sus hijos accedan a educación terciaria o universitaria. Y la de los obreros calificados empleados en microempresas, con contratos precarios, salarios deprimidos y malas condiciones de trabajo. Solo había que “hacer hablar” a los censos y volcar lo que Susana Torrado descifraba en títulos despiadados como el de uno de sus artículos más divulgados, “Los pobres viven apurados para morirse jóvenes”.

La trayectoria de Susana Torrado como investigadora ha sido tan prolongada como exitosa, con resultados brillantes como su obra Historia de la familia en la Argentina moderna (1870-2000), publicada en 2005.

Ahora, ya como profesora emérita, es tiempo para disfrutar los homenajes. Y vaya este, que ha sido escrito con amor y agradecimiento por los momentos y los ámbitos compartidos, algunos por azar y otros por su convocatoria generosa: la docencia universitaria, la investigación en la academia, en el sector público, en los organismos internacionales. En ellos el aprendizaje y el trabajo se volvían una experiencia gratificante, con graciosas conversaciones sobre los temas más impensados. Siempre y cuando se cumplieran a rajatabla plazos y horarios. También la disciplina era un recurso en la investigación.

La invitación ha sido cursada, el tiempo dirá si ha sido oportuna; entretanto los dos libros siguen mostrando una ventana abierta a la realidad en la que transcurren nuestros días.

Mi gratitud a María Lago y, en su persona, a toda la Dirección de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, por llamarme a reseñar estos dos libros. La tarea ha sido un placentero viaje de descubrimiento. Y un volver a ser aprendiz

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