ARTIGOS
Recomendaciones metodológicas para el estudio del envejecimiento: encuestas presenciales a personas mayores
Methodological recommendations for the study of aging: face-to-face surveys of older people
Recomendações metodológicas para o estudo do envelhecimento: pesquisas face a face com pessoas mais velhas
Recomendaciones metodológicas para el estudio del envejecimiento: encuestas presenciales a personas mayores
Civitas - Revista de Ciências Sociais, vol. 25, e44482, 2025
Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul
Recepção: 6 Março 2023
Aprovação: 22 Abril 2024
Publicado: 28 Janeiro 2025
Resumen: El estudio del envejecimiento requiere entrar en contacto con población de edades avanzadas y cuando se afronta un estudio con encuesta surgen problemas derivados del instrumento de medida. En este trabajo, a partir de las actividades realizadas en el marco del Proyecto piloto Elder, presentamos las particularidades de encuestar a personas entre 65 y 100 años. El objetivo de este artículo es proponer, a partir de la experiencia del trabajo de campo, una serie de pautas para la realización de encuestas a personas mayores. El análisis desarrollado muestra las dificultades de aplicación de un cuestionario en este colectivo heterogéneo, caracterizado por sus específicas condiciones de salud y sus diferentes grados de autonomía personal. Los resultados ayudan a adaptar la encuesta a personas con dificultades físicas sin diferenciarlas de aquellas sin estas limitaciones que pertenecen al mismo colectivo. Las recomendaciones aportadas permiten recabar datos sociológicos de manera más efectiva y éticamente más ajustada a los sujetos de estudio.
Palabras clave: Envejecimiento, Metodología, Encuesta piloto, Trabajo de campo, Mayores de 65 años.
Abstract: The study of aging requires coming into contact with the elderly population and when facing a survey-based study, problems may arise from the measurement instrument. In this paper, based on the activities carried out within the framework of the Elder pilot project, we present the particularities of surveying people between 65 and 100 years of age. The aim of this article is to propose, based on fieldwork experience, a set of guidelines for conducting surveys with older adults. The analysis carried out highlights the difficulties of applying a questionnaire to this heterogeneous group and characterized by their specific health conditions and their degree of personal autonomy. The results assist in adapting the survey to people with physical difficulties without having to differentiate them from those without such limitations who belong to the same group. The recommendations provided make it possible to collect sociological data more effectively and ethically more adjusted to the study subjects.
Keywords: Aging, Methodology, Pilot survey, Field work, Over 65 years.
Resumo: O estudo do envelhecimento requer contato com a população idosa e, quando essas populações são submetidas a estudos com questionários, surgem problemas relacionados a esses instrumentos de medição. Neste artigo, com base nas atividades realizadas no âmbito do projeto-piloto Elder, apresentamos as particularidades de entrevistar pessoas entre os 65 e os 100 anos. O objetivo deste artigo é propor, com base na experiência do trabalho de campo, um conjunto de diretrizes para a realização de pesquisas com idosos. A análise desenvolvida evidencia as dificuldades de aplicação de um questionário em este grupo heterogéneo e caracterizado por específicas condições de saúde e grau de autonomia pessoal. Os resultados ajudam a adaptar a pesquisa para pessoas com dificuldades físicas sem diferenciá-las daquelas sem tais limitações que pertencem ao mesmo grupo. As recomendações fornecidas permitem coletar dados sociológicos de forma mais eficaz e eticamente mais adequada aos sujeitos do estudo.
Palavras-chave: Envelhecimento, Metodologia, Pesqusia piloto, Trabalho de campo, Idosos a partir de 65 anos.
Introducción 2
El envejecimiento es uno de los mayores retos a los que se enfrentarán las sociedades desarrolladas en las próximas décadas por sus implicaciones económicas, sociales y sanitarias. Las cifras preocupan a nivel mundial, pero particularmente en algunas regiones de la Unión Europea con bajas tasas de natalidad y altos porcentajes de población envejecida. Es el caso de Asturias, una pequeña región del norte de España que, no solo tiene las cifras más altas del país, sino que además se encuentran por encima de la media europea. Los asturianos y las asturianas mayores de 65 años representaban en 2021 el 26,6% de la población, frente al 19,6% en el caso español, el 20,9% en el europeo o el 9,6% en el caso brasileño. 3 Las previsiones apuntan a que el problema, lejos de disminuir, irá en aumento a nivel global. En Europa se espera que en 2050 un 25% de la población tenga más de 65 años y en América Latina y el Caribe las previsiones indican que se está envejeciendo en un menor tiempo del que demoró Europa. 4
Además de las evidentes repercusiones sobre el mercado de trabajo con una disminución de personas en edad de trabajar y la presión sobre los sistemas de salud, preocupa la calidad con la que estas personas vayan a envejecer ( Piña et al. 2022). Ello ha propiciado que en los últimos años haya cogido fuerza el concepto de Envejecimiento Activo. Identificando una serie de factores, más allá de los físicos, que se consideran relevantes a la hora de envejecer activamente. Entre ellos pueden destacarse el mantenimiento de la actividad social mediante la participación en distintas actividades a nivel social y comunitario. La meta es que siga ejerciendo un papel activo en la sociedad viviendo una vida lo más saludable y satisfactoria posible, con participación en cuestiones sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas más allá de su estado físico o su participación en el mercado de trabajo.
Dada su magnitud y repercusiones en distintas esferas tanto públicas como privadas, el envejecimiento ha copado la agenda política en Europa y ha dado lugar a la elaboración de distintas directrices encaminadas a su abordaje. En España se han creado comisionados para afrontar el reto demográfico y sus aristas, en consonancia con las directrices europeas y también de otros organismos internacionales como la Comisión Económica de la ONU para Europa (Unece). Con ello se persigue, no solo garantizar un envejecimiento activo y saludable de la población, sino también potenciar una mayor producción científica y analítica sobre las cuestiones relacionadas con la edad. 5
Esto es lo que ha propiciado la creación de distintas convocatorias en el ámbito científico que establecen como línea prioritaria de estudio el envejecimiento saludable. Ejemplo de ello es El Consorcio Elder que, financiado por las Misiones Científicas del Principado de Asturias y compuesto por un equipo procedente de distintas disciplinas, ha desarrollado un proyecto para conocer las características socioeconómicas de esta población, así como sus condiciones de salud y bienestar. El fin último de la investigación es identificar los factores, tanto sociales como fisiológicos, que influyen en la fragilidad para afrontar los retos a los que se enfrenta este colectivo. Siendo Asturias un excelente caso de estudio por sus cifras de envejecimiento.
Para dar respuesta a este propósito y centrándonos en los factores sociales, se ha diseñado una encuesta piloto para caracterizar a la población mayor de 65 años en el Principado de Asturias. Se trata de una técnica de investigación social
realizada sobre una muestra de sujetos representativa de un colectivo más amplio, que se lleva a cabo en el contexto de la vida cotidiana, utilizando procedimientos estandarizados de interrogación, con el fin de obtener mediciones cuantitativas de una gran variedad de características objetivas y subjetivas de la población.
Fonte: (
García-Ferrando 2000, 169).
Ello le confiere gran potencial por la cantidad de datos que se pueden obtener, pero requiere también una exhaustiva reflexión sobre el procedimiento para su implementación.
El diseño de una investigación con encuesta debe contemplar la formulación de las preguntas, la organización de las temáticas y la extensión o el lenguaje, la forma de administración (presencial o virtual) o la participación. Todos estos aspectos han sido ampliamente abordados en la literatura sobre metodología de la investigación social, sin embargo, se ha prestado menos atención a las cuestiones prácticas del trabajo de campo y a cómo estas interaccionan con aspectos intrínsecos del colectivo. ¿Qué ocurre cuándo el cuestionario debe ser aplicado a personas con capacidades físicas limitadas? ¿Cómo influye el entorno en la aplicación de la encuesta? Estas limitaciones no impiden la capacidad de raciocinio, por lo que no son sustituidos por otros interlocutores que hablen en su nombre, pero el instrumento de medida, la encuesta, se enfrenta a sujetos con limitaciones social y de salud. Con el propósito de aportar una serie de pautas para la realización de encuestas a personas mayores, este artículo tiene por objetivo analizar y proponer, a partir de la experiencia del trabajo de campo con este colectivo, algunas cuestiones que deben ser tenidas en cuenta a la hora de llevarlas a cabo.
Revisión de la literatura
El envejecimiento es un proceso complejo y multidimensional que además de cambios de carácter biológico, comporta un gran número de cambios de carácter social. Desde un punto de vista fisiológico, este proceso está intrínsecamente ligado a la acumulación de daños moleculares y celulares, lo que revierte en una disminución gradual de las capacidades físicas y mentales, y por consiguiente un mayor riesgo de enfermedad y mortalidad ( de González-Calvo et al. 2012). Desde un punto de vista social, se aprecian trayectorias diversas marcadas por hitos vitales, como la jubilación o la pérdida de seres queridos, y desigualdades de acceso a los recursos, tanto personales como públicos, que influyen en la calidad de vida de las personas mayores ( Rojo-Pérez y Fernández-Mayoralas 2018). Ambas cuestiones evidencian que se trata de un proceso que no es uniforme y que requiere de una mirada holística con estudios que integren la perspectiva social junto con la biológica a fin de promover un envejecimiento saludable y activo. 6
El caso de la región de Asturias ejemplifica bien la panoplia de situaciones de los mayores de 65 años en España. Este colectivo representa en la actualidad más de una cuarta parte de la población asturiana (26,6%), siendo la Comunidad Autónoma (CCAA) que se sitúa a la cabeza del envejecimiento de España y también por encima de la media de Europa (20,9%). 7 Las estimaciones indican que este grupo poblacional seguirá aumentando hasta representar más de un tercio de la población española en 2064, 8 una evolución en consonancia con la que se espera en la mayoría de los países del entorno europeo.
En el caso asturiano estamos ante un grupo formado principalmente por personas casadas y con un nivel educativo bajo (estudios primarios). En consonancia con la mayor esperanza de vida de las mujeres, es entre éstas donde se encuentran los porcentajes más altos de población de 65 y más años (29,5% frente a 23,3% de los hombres) (Estadística Continua de Población, INE). Se trata de un colectivo principalmente de personas jubiladas y receptoras de pensiones, que tienen vivienda en propiedad. Por ello, en este colectivo nos encontramos con menos situaciones de inseguridad y pobreza que en el resto de los grupos de edad. Aunque conviven mayoritariamente en pareja o con otras personas, cabe señalar que casi un tercio de los asturianos y asturianas mayores de 65 años viven solos (el 27% frente al 20% de la población total) ( García et al. 2022). Los datos indican que Asturias es la CCAA con un porcentaje de hogares unipersonales de personas de más de 65 años más elevado (48% frente a 43,6% nacional) y que, de nuevo, son más las mujeres que los hombres los que se encuentran detrás de estas cifras. 9
La importancia de profundizar en la situación de este colectivo no es sólo resultado de la relevancia de su tamaño en Asturias, sino también por los efectos sociales que el envejecimiento tiene, tanto en la población en general como específicamente en la de mayor edad. Son numerosas las evidencias que señalan los distintos desafíos que supone para la sociedad un contexto de envejecimiento de su población: desde la presión sobre sus sistemas de salud y su sostenibilidad a largo plazo, pasando por la despoblación de territorios, hasta aspectos vinculados al bienestar social y emocional de las personas mayores ( Nieto y Capote 2024; Recaño 2020; Chulia 2019; Pérez y Abellán 2016).
Las condiciones de salud son un factor reseñable cuando se afronta un estudio que implica ofrecer información personal de manera directa, como sucede en la realización de una encuesta. Si bien hay una variedad de realidades en torno al proceso de envejecimiento, podemos identificar una serie de situaciones que afectan en mayor medida al colectivo de las personas mayores. Una de ellas está vinculada a la mayor prevalencia de la discapacidad en edades más altas, que en muchas ocasiones se traduce en limitaciones en su movilidad que afectan a su autonomía, así como problemas vinculados con su bienestar emocional y social ( Pagan y Malo 2024; Edad 2020; Sánchez 2009). Según los datos de la Encuesta de Salud para Asturias, un tercio de los mayores tiene dificultades para moverse y uno de cada cinco muestra algún tipo de discapacidad visual y/o auditiva ( ESA 2017).
Los efectos sobre los mayores de 65 años difieren en función, no sólo de los aspectos relacionados con su salud, sino también de su integración social. Tradicionalmente se ha vinculado la vejez con la exclusión social, pues era vista como un factor de vulnerabilidad por, entre otros, la vinculación entre el hecho de hacerse mayor y una decadencia física que implicaba una reducción de los contactos sociales; lo que a su vez está vinculado con una mayor necesidad de cuidados. Estos cuidados tienen una doble vertiente, por un lado, suponen un incremento en la presión sobre el sistema de salud (al incrementarse la demanda) y, por otro, un aumento de la intensidad de la atención en el ámbito familiar, lo que puede generar tensiones en el entorno ( Elizalde 2020; Gaymu et al. 2008; Flaquer 2004). Estas limitaciones inciden negativamente en la capacidad de participar como miembros plenos de la sociedad y en la posibilidad de interacción con otras personas (especialmente fuera del entorno familiar) generando situaciones de soledad y aislamiento social ( Pinazo y Donío 2018; Victor y Bowling 2012).
También se señalaba su bajo nivel educativo, sus trayectorias laborales con elevada carga física, vinculadas generalmente a bajos salarios lo que implica pensiones más bajas. Estos aspectos cobran mayor importancia en el caso de las mujeres de mayor edad (debemos hacer hincapié en la feminización de la vejez), pues en generaciones anteriores su acceso a la educación se encontraba con más obstáculos, así como su incorporación al mercado de trabajo (sobre todo una vez que se casaban), lo que tiene un efecto directo en las prestaciones que se perciben en la vejez (en 2019 más del 75% de los beneficiarios de pensiones no contributivas de jubilación eran mujeres). En definitiva, estamos ante una población con problemáticas comunes, pero también muy heterogénea.
En este contexto, la realización de estudios que integren una doble perspectiva del envejecimiento, biológica y social, es fundamental para mejorar la calidad de vida de las personas mayores. Resulta de especial interés la reflexión en torno a la aplicación de los instrumentos de recogida de datos, como la encuesta, entre los mayores de 65 años que consideren el contexto del envejecimiento que se acaba de relatar. A diferencia de otras técnicas como la entrevista, donde el entrevistador se puede salir del guion al ser un instrumento flexible, el cuestionario de una encuesta es una herramienta rígida donde nada se debe improvisar y cuya aplicación requiere de “las mismas preguntas, en el mismo orden y en una situación social similar” para todos los encuestados ( Díaz de Rada 2001, 13).
No son pocos los manuales metodológicos y artículos que proporcionan estrategias y técnicas acerca de cómo hacer un buen diseño de investigación cuantitativa y, en particular, de cómo elaborar un buen cuestionario ( García-Ferrando et al. 2000; Díaz de Rada 2001; Alvira 2011). También muchos los autores que recomiendan diferentes diseños para encuestar que se adaptan al ámbito del marketing ( Dávila et al. 2019) o la epidemiología ( Guix 2004). Con frecuencia estos documentos ofrecen instrucciones específicas para la elaboración del cuestionario ( Azofra 1999) y más recientemente para afrontar la novedad de realizar esta tarea por medios virtuales ( Díaz de Rada et al. 2021).
Una de las primeras cuestiones en las que se centran estos manuales es en la elección del procedimiento de administración de la encuesta: ¿se va a tratar de una encuesta presencial, telefónica, por correo postal o por internet? ¿Autoadministrada o administrada por encuestador? Esta decisión es fundamental en el caso del colectivo de mayores de 65 años. Las encuestas por internet suelen ser respondidas más fácilmente por jóvenes con nivel educativo alto y tienen una menor tasa de respuesta entre la población mayor, menos familiarizada con el uso de las nuevas tecnologías ( Díaz de Rada 2012; Arroyo y Finkel 2019).
Las cuestiones sobre el tipo de preguntas también ocupan un gran espacio en estos manuales. ¿Qué preguntas son más adecuadas para lo que queremos conocer? ¿Abiertas o cerradas? Los cuestionarios suelen optar por la segunda opción dado que ayudan a sistematizar la información y permiten su comparabilidad definiendo parámetros claros. No obstante, puede resultar de utilidad el uso de preguntas abiertas para temas concretos. Una vez definido el tipo de pregunta, también será pertinente valorar el tipo de respuesta en función de la información a obtener y el orden en el que se plantean las opciones propuestas: ¿dicotómica o con posibilidad de respuesta múltiple? ¿Comenzar por las opciones desfavorables o favorables? ( Díaz de Rada 2021).
El lenguaje es otro de los aspectos sobre el que existe mayor reflexión. Las preguntas deben ser claras, breves, con una idea y con un marco de referencia común para todos los encuestados. Para ello ha de utilizarse un lenguaje con el que todos estén familiarizados, incluido el encuestador. Se recomienda evitar tecnicismos o acompañarlos de una definición que ayude a comprender lo que se pregunta y también huir de preguntas que resulten confusas y/o ambiguas. Esto se debe hacer sin caer en simplificaciones excesivas que puedan ocasionar, por ejemplo, que los sujetos con mayor nivel educativo muestren desinterés por las preguntas. Se debe prestar atención a que la pregunta sea interpretada por el sujeto como pertinente dentro del contexto de la investigación ( García-Ferrando 2000). Todos ellos son aspectos en los que encontrar el equilibrio es complejo, sobre todo cuando se trabaja con grupos heterogéneos.
Las cuestiones relativas a la organización de las temáticas es otro de los aspectos sobre el que profundizan los manuales. Es conveniente hacer una buena introducción del objetivo de estudio, una transición fácil entre temáticas que vaya guiando al entrevistado, evitar cortes abruptos y concluir agradeciendo la participación. El paso de un tema a otro debe entenderse fácilmente, ayudando a realizar las transiciones con fluidez. En esta tarea se debe pasar de la lógica propia de la investigación, a la lógica del entrevistado. Una vez completado este proceso será el momento de realizar un pre-test para revisarlo todo. Sin embargo, una vez que se da esta fase por cerrada se entiende que todo será igual para toda la muestra.
En definitiva, la encuesta por un lado, pretende colocar a todos los entrevistados en las mismas situaciones psicológica y, por otro lado, mediante un sistema de notaciones simples, facilita el examen y asegura la comparabilidad de las respuestas. Todas las estrategias y técnicas para construir y administrar buenos cuestionarios se dirigen a satisfacer ambas funciones. ( García-Ferrando 2000, 180).
¿Pero todos los sujetos son iguales? ¿Es realmente posible situar psicológicamente en las mismas situaciones a personas con capacidades diversas? ¿Qué puede decirnos el trabajo de campo de estas cuestiones? Si bien es posible controlar el diseño del cuestionario, es complicado controlar el contexto, las situaciones y las reacciones de los encuestados. Como señala Cabrera respecto a la encuesta, “una enumeración de desventajas debería incluir (..) la dificultad que acarrea la aplicación de un mismo cuestionario a una población heterogénea” ( Cabrera 2010, 193).
En definitiva, la mayor parte de los estudios sobre las encuestas prestan mucha atención a las fases previas al trabajo de campo: a la identificación del problema, al diseño de la investigación, a la hipótesis, a la selección de la muestra y al propio diseño del cuestionario. Sin embargo, existe menos información sobre su implementación, es decir, sobre qué ocurre durante el trabajo de campo, qué puede decirnos la fase de ejecución y cómo puede mejorarse ( Camacho et al. 2000; García-Ferrando 2000). Entre otros aspectos porque en la mayoría de los casos, esta fase del trabajo se suele contratar a una empresa siendo lo habitual que sean varios los encuestadores dedicados a esta fase de la investigación. Tal es así que algunos de los referentes sobre encuestas, como García-Ferrando (2000), llegan a afirmar en el apartado dedicado al trabajo de campo que
por tratarse aspectos que tienen que ver más con la organización del trabajo en el seno de una empresa que con los problemas intrínsecos de la investigación social, dejamos aquí este tema que se encuentran mejor tratado en textos más especializados […] y que en todo caso se aprende finalmente en la propia práctica de la investigación social empírica.
Fonte: (
García-Ferrando 2000, 195).
El Consorcio Elder y el cuestionario implementado han ofrecido un excelente marco de análisis para explorar un aspecto poco abordado y novedoso: ¿qué ocurre cuando hay que llevar el cuestionario a la práctica con un grupo tan heterogéneo como el de las personas mayores de 65 años? ¿Cómo afecta esto a su participación en la encuesta? ¿Cómo influye en los resultados? La forma de realizar el cuestionario piloto se ha tenido que adaptar a la heterogeneidad y particularidades del grupo de estudio respecto a sus condiciones de salud y autonomía personal, lo que ha proporcionado una serie de reflexiones y propuestas de mejora en las que se centra este trabajo.
Metodología
En consonancia con el objetivo de estudio, se optó por una metodología cuantitativa a través de la técnica de encuesta personal administrada por encuestador. Se consideró la forma de aplicación más adecuada debido al menor uso de internet de las poblaciones de mayor edad, así como por su escasa familiarización y mayor desconfianza de los mayores con esta herramienta ( Bech y Bo Kristensen 2009; Díaz de Rada 2012).
Se realizó un pre-test, a partir del que se eliminaron preguntas, se reestructuraron otras y se modificó la formulación de algunas de las respuestas. Posteriormente, se volvió a presentar el cuestionario al equipo de investigadores del Consorcio para su cierre definitivo. El cuestionario contó finalmente con 5 áreas: condiciones materiales, hábitos de vida cotidianos, autonomía personal, relaciones personales y participación social.
Para la selección de la muestra se tuvieron en cuenta cuatro características sociodemográficas básicas buscando implementar el cuestionario en una variedad de situaciones similares a las que se podrían dar con una muestra representativa: sexo, edad, tipo de hogar (diferenciando entre quienes viven solos, quienes lo hacen acompañados o quienes viven en una residencia) y ámbito territorial (en función del tamaño de la población de residencia).
Se realizaron un total de 18 encuestas piloto que acompañaron a las pruebas fisiológicas (sangre y heces) realizadas en citas previas con los sujetos de estudio. A este respecto, conviene recordar que se trata de un estudio multidisciplinar, es decir, además de la parte social que es objeto de este artículo, también se realizó un estudio de salud que no se analiza aquí, pero que ha influido en el desarrollo del trabajo de campo.
La encuesta se cumplimentó mediante el uso de una Tablet. El trabajo de campo se llevó a cabo por un miembro del equipo que colaboró también en la elaboración del cuestionario (una encuestadora) entre el 25 de octubre y el 20 de diciembre de 2021.
Resultados de encuestar presencialmente a personas mayores de 65 años
Las personas mayores de 65 años del estudio Elder, por su idiosincrasia y heterogeneidad han dado lugar a singularidades en la aplicación del cuestionario. La interacción entre el sujeto de estudio y la encuestadora dio lugar a la constatación de la distancia entre el rol de investigador y de encuestador, del que participaba la encuestadora encargada de la tarea. Según se ha podido corroborar, esta distancia no se minimiza con el aprendizaje del protocolo de la encuesta, sino que va en aumento a medida que avanza el proceso de ejecución de la encuesta presencial. El trabajo de campo ha permitido observar hasta qué punto las previsiones difieren de la realidad y se han detectado varios problemas prácticos asociados a la ejecución de la encuesta presencial frente a las personas mayores seleccionadas para el estudio.
La aplicación del cuestionario con personas con capacidades físicas mermadas
El proceso ha mostrado que existen realidades muy diversas que afectan a este colectivo y que es preciso tener en cuenta en la aplicación del cuestionario. Entre los encuestados se encuentran personas sin ningún tipo de problemática física, pero también personas con discapacidad, demencia leve, pérdida de memoria, de audición, etc. ( Sánchez 2009). En definitiva, personas con diferentes peculiaridades a los que el cuestionario y el encuestador/a deben adaptarse. Una heterogeneidad inherente a este colectivo y que resulta de gran importancia para la obtención de datos. Y que puede obligar a reorientar la forma de realizar la encuesta para adaptarse a estas situaciones, como ha sucedido en otros casos ( Cabrera 2010).
En la ejecución del cuestionario nos hemos encontrado con tres situaciones que requieren estrategias distintas: la de personas que no pueden responder a la encuesta por sí mismas debido a un deterioro cognitivo severo, la de aquellas que sí puede responder por sí mismas, pero necesitan algún apoyo para ello (este es el caso de alguna persona con deterioro de las capacidades de audición o compresión) y la de las personas sin dificultades para responder.
Para posibilitar la participación de las primeras, sería de utilidad incorporar entre las herramientas un cuestionario equivalente al utilizado para el resto de casos, pero orientado a los cuidadores o familiares principales. Mientras que en el caso de los segundos (los que tienen alguna limitación) la encuesta puede seguir dirigiéndose prioritariamente a los propios encuestados, aunque el encuestador podría servirse de distintas estrategias en caso de dificultades.
Entre estas estrategias se encuentra, como se ha puesto en práctica durante el trabajo de campo, la reformulación de las preguntas convirtiéndolas a un lenguaje menos técnico o simplificando su contenido ( García-Ferrando 2000). Un ejemplo que se ha repetido durante el proceso de encuestar tiene que ver con aquellas preguntas en las que utiliza una escala del 0 al 100. Se ha observado que resulta más asequible de responder si se simplifica con escala del 0 al 10, sobre todo en el caso de personas con discapacidad o de avanzada edad.
Otra de las estrategias que puede resultar de utilidad es acompañar la realización de las preguntas con fichas. Estas pueden ser presentadas en la Tablet donde se recoge la información de cara a permitir la ampliación de la letra. Además, deberían ser de lectura fácil para ayudar a la comprensión de aquellas preguntas con enunciados u opciones de respuestas más largas, es decir, en aquellas que puedan dar lugar a dificultades para la retención de las opciones de respuesta. No se trata de únicamente de cambiar las preguntas o su orden, sino de tener una especial sensibilidad que permita adaptarse a las circunstancias y garantizar la obtención de datos ( Díaz de Rada 2001).
Finalmente, respecto a las personas sin dificultades para responder, el trabajo de campo ha mostrado que no se ha dado ninguna particularidad reseñable, más allá de la necesidad compartida para todos los investigadores de eliminar o mejorar la redacción de algunas preguntas y respuestas del cuestionario cuando han resultado fallidas.
El condicionante físico y espacial al encuestar
Las situaciones particulares del colectivo también han reforzado la necesidad de realizar muchas de las encuestas piloto en los domicilios particulares de las personas, especialmente debido a los problemas de movilidad y, por tanto, a las dificultades para desplazarse de algunos de los encuestados facilitando de este modo su participación en el estudio. Sin embargo, también se han detectado tres limitaciones asociadas a esto.
Por un lado, al tratarse de un proyecto multidisciplinar con recogida de datos fisiológicos y sociales lo ideal sería realizar un único proceso de citación para garantizar que se cuenta con todos los datos de cada encuestado. No es inusual que las personas mayores de 65 años sufran dolencias que les imposibiliten su participación entre una citación y otra (un caso que se dio en 3 ocasiones de 18 encuestas). Pero llevar a cabo determinadas pruebas fisiológicas en los domicilios pueden dar lugar a problemas respecto a su garantía de conservación y transporte ( Sánchez 2019).
Por otro lado, aumenta la duración total del trabajo de campo, pues incluye desplazamiento de ida y vuelta de la persona encuestadora elevando el tiempo dedicado por encuesta hasta las 3 o 4 horas (dependiendo de la localización). Ello no supone per se ningún inconveniente, pero es necesario tenerlo en cuenta de cara a una futura planificación del trabajo de campo y sus costes.
Y, finalmente, hay que tener en cuenta que ello ha dificultado en algunos casos la realización de las preguntas del cuestionario en la intimidad necesaria para favorecer la respuesta libre. En este sentido, cabe señalar la relevancia del papel del cuidado en la realización de las encuestas; el papel de los mayores como receptores de cuidados, pero también en muchas ocasiones como proveedores de estos (principalmente en el caso de las mujeres), hace que resulte muy complicada la realización del cuestionario sin interrupciones y en la intimidad necesaria para que la respuesta a las preguntas de este sea completamente libre. Particularmente esta situación ha afectado a aquellas preguntas sobre el grado de satisfacción de las personas con sus relaciones personales (hijos, nietos, familia…), así como aquellas que tienen que ver con las emociones o satisfacción general con distintos aspectos vitales ( Elizalde 2020; Gaymu et al. 2008; Flacquer 2004).
En definitiva, las entrevistas realizadas en el hogar parten con la dificultad de garantizar la intimidad necesaria y la sincronización con las pruebas fisiológicas y, al mismo tiempo, con la ventaja de adaptarse mejor a la diversidad de situaciones de las personas favoreciendo así su participación.
El tiempo de dedicación al encuestado(a)
Otro de los aspectos clave del trabajo de campo tiene que ver con la duración de la encuesta. Antes de su implementación se realizó un pre-test que permitió constatar una duración media de 45 minutos. Sin embargo, en el trabajo de campo se han encontrado distintas casuísticas que han ampliado esta duración. Entre el grupo de 65 a 79 años el tiempo medio de respuesta se mantuvo en los 45 minutos estimados por el pre-test. Sin embargo, en las encuestas piloto realizadas a personas mayores de 80 años y, particularmente de 90, esta duración llegó a alcanzar los 80 minutos. Esto se debió fundamentalmente a tres cuestiones. Primero a la adaptación a su situación particular en la que la encuestadora leyó las preguntas y opciones de respuesta de forma más lenta. Segundo, debido a que las respuestas por parte de estas personas suelen ser más extensas y acompañadas de explicaciones para matizarlas o contextualizarlas. Y, tercero, a la necesidad de asentar un clima de confianza que dilata el inicio de la encuesta, dado que las personas precisan de un entorno más confiable y del tiempo previo para crear un entorno de dialogo confortable.
El planteamiento del trabajo de campo (citación, desplazamientos, horarios…) debe realizarse teniendo en cuenta esta particularidad, pues ello dilata el tiempo dedicado a cada encuesta. No obstante, cabe mencionar que esta mayor duración no ha supuesto ningún problema para los encuestados. Fueron preguntados tras finalizar la encuesta piloto sobre su impresión respecto a la duración y facilidad/dificultad de respuesta, manifestando su satisfacción con la participación. En este sentido, son precisamente las personas con las que la encuesta tuvo una duración superior quienes mostraron una mayor satisfacción, un aspecto probablemente ligado al mayor sentimiento de soledad en este colectivo, pero también a las habilidades de la encuestadora para crear un clima de interacción familiar y agradable ( Pagan y Malo 2024; Pinazo y Donía 2018; Victor y Bowling 2012).
Para poder implementar todas estas adaptaciones, el proceso ha reforzado el planteamiento de la propuesta inicial en torno a la importancia de contar con una persona encuestadora. Las dificultades y menor acceso de esta población a internet, la mayor incidencia de problemáticas específicas de compresión asociadas con la edad, así como la posibilidad de dificultades de audición para hacerlas por teléfono muestra que la encuesta presencial realizada por un profesional es la opción más apropiada para adaptarse a la heterogeneidad y singularidad de las personas mayores de 65 años. Como ha corroborado otros investigadores ( Bech y Bo Kristensen 2009; Díaz de Rada 2012).
Conclusiones
¿Cómo hacer un cuestionario asequible y que garantice la compresión para todos? ¿Cómo encuestar a todos por igual si presentan características diferentes? ¿Ha sido un problema la duración de la encuesta con este grupo? ¿Dónde encuestar? ¿Cómo garantizar la intimidad y, al mismo tiempo, la participación? ¿Qué tipo de encuesta es la más apropiada? ¿Cómo ser más eficaces y perturbar menos la vida de los participantes? Todas estas preguntas han estado presentes en el proceso de encuestación y el propósito de este articulo ha sido reflexionar sobre cómo encuestar a personas mayores de 65 años, a partir de la experiencia de la aplicación de cuestionario en 18 participantes con situaciones diversas respecto a sus condiciones de salud y/o autonomía personal. La adaptación de la encuestadora a los distintos contextos ha resultado clave en la obtención de los datos y en el análisis de las dificultades identificadas al llevar el cuestionario a la ejecución. Una unión entre dos partes generalmente desconectadas, quien diseña el proyecto y quien lleva a la práctica el cuestionario, revertirá sin duda en una mejora del proceso de encuestar a poblaciones heterogéneas como la de las personas mayores de 65. A falta de una situación óptima, dado el número de sujetos que requiere un estudio cuantitativo que obligan a utilizar varios encuestadores, cabe recordar a éstos la flexibilidad necesaria para crear un entorno de interacción propicio a la conversación que minimice la rigidez de un cuestionario estandarizado.
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Notas
Autor notes
Sonia Otero Estévez Doctora en Sociología y máster en Políticas Sociales y Bienestar por la Universidad de Oviedo (UniOvi), Asturias, España. Profesora e investigadora del Departamento de Sociología la Universidad de Oviedo (UniOvi), Asturias, España. oterosonia@uniovi.esVanesa Rodríguez Álvarez Doctora en Sociología por la Universidad de Oviedo (UniOvi), Asturias, España. Profesora titular en el Departamento de Sociología de la Universidad de Oviedo (UniOvi), Asturias, España. rodriguezvanesa@uniovi.esCecilia Díaz Méndez Doctora en Sociología por la Universidad de Oviedo (UniOvi), Asturias, España. Catedrática de Sociología en el Departamento de Sociología de la Universidad de Oviedo (UniOvi), Asturias, España. cecilia@uniovi.es