Artículo de Investigación

Circulaciones interrumpidas Marx entre Baudelaire y Borges1

Circulations interrupted Marx between Baudelaire and Borges

Alexis Palomino Navarrete
Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Chile

Circulaciones interrumpidas Marx entre Baudelaire y Borges1

Cuestiones de Filosofía, vol. 9, núm. 32, pp. 79-103, 2023

Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC)

Recepción: 13 Enero 2022

Recibido del documento revisado: 29 Marzo 2022

Aprobación: 29 Abril 2022

Resumen: Propongo en las siguientes páginas dar cuenta de las posibles conexiones que existen entre lenguaje y economía, para poder desanudar los entramados que operan en el encuentro entre ambas disciplinas, de manera que nos sea posible esclarecer por qué existiría una relación tan significativa entre el modo de funcionamiento de la economía y el papel que juega el lenguaje en ella, especialmente desde el problema del intercambio como punto de encuentro entre ambas. Comenzando por un análisis del problema del valor de Marx iremos desanudando el encuentro, las similitudes y diferencias que es posible establecer entre lenguaje y economía, tratando de dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Funciona la teoría del valor al modo en que la concibió Marx de manera similar al intercambio lingüístico? ¿Pensó Marx en su Crítica de la economía política la relación lenguaje-economía? ¿Qué papel ocupa la traducción en todo esto? Como segundo momento analizamos el problema de la circulación y el intercambio como momentos fundamentales del encuentro entre lenguaje y economía, a partir de dos narraciones que tienen a la figura de la moneda como eje central. Por un lado, el caso de "La moneda falsa" de Baudelaire y, por el otro, "El Zahir" de Borges. En ambos escritos es posible problematizar la relación 'lengua-economía' allí donde se encuentra en entredicho la circulación como proceso de intercambio que es posible interrumpir. ¿Nos presentan Borges y Baudelaire una posibilidad de pensar una interrupción de los procesos de circulación del capital, tal y como Marx los concibió?

Palabras clave: Circulación, traducción, lenguaje, economía, interrupción.

Abstract: In the following pages, I propose to give an insight into the possible connections that exist between language and economics, in order to unravel the entanglements that operate in the encounter between both disciplines, so that it will be possible to clarify why there is such a significant relationship between the way the economy functions and the role that language plays in it, especially from the problem of exchange as a meeting point between both of them. Beginning with an analysis of Marx's problem of value, we will unravel the encounter, the similarities and differences that it is possible to establish between language and economics, trying to answer the following questions:

Does the theory of value work in the way Marx conceived it in a similar way to linguistic exchange? Did Marx, in his Critique of Political Economy, think about the language-economy relation? What role does translation play in all of this? As a second moment, we analyze the problem of circulation and exchange as fundamental moments in the encounter between language and economy, based on two narratives that have the figure of the coin as their central axis. On the one hand, the case of "Counterfeit Money" by Baudelaire and, on the other hand, "The Zahir" by Borges. In both writings it is possible to problematize the 'language-economy' relationship, where circulation as a process of exchange that can be interrupted is questioned. Do Borges and Baudelaire present to us a possibility of thinking about an interruption of the processes of circulation of capital, as Marx conceived it?

Keywords: Circulation, translation, language, economy, interruption.

Primeras aproximaciones

En 1916, en un temprano texto de juventud, Walter Benjamin logra dar con una relación enigmática para la época, que marcará un lugar obligatorio de detención en los futuros análisis de la teoría marxiana del valor. La invitación que se nos presenta en Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres abre un vínculo indisociable entre el lenguaje y la economía. Especialmente en la influencia que Benjamin rastrea respecto de cómo hasta ahora las teorías que han pensado el lenguaje no han podido desmarcarse de una concepción instrumentalista, que tiene su núcleo neurálgico en el modo en que el capitalismo configura las relaciones sociales. En este sentido, Benjamin comprende el lenguaje como mero instrumento de comunicación, es decir, como medio que transporta, o traslada, incluso que transcribe, el significado de una palabra a otra, y que replica homólogamente al intercambio monetario, donde el signo se refleja con el valor que cada palabra llevaría a cuestas en el proceso de intercambio, entendido a su vez como proceso de comunicación. Benjamin denominó esto como la comprensión burguesa de la lengua (die bürgerliche Auffassung der Sprache)2, y con esto hace referencia al modo en que el lenguaje queda capturado por la lógica capitalista del intercambio, en el cual las palabras simulan monedas que transportan un determinado sentido que se debe intercambiar por medio del habla, o la escritura, en el intento de comunicar algo a alguien.

Algunos años antes de la redacción del texto de Benjamin entre 1906 y 1911, Ferdinand de Saussure dicta su famoso curso de lingüística general en la Universidad de Ginebra, hito fundamental que da inicio a la corriente estructuralista francesa, y con el cual se inaugura a su vez la ciencia de la lingüística. En el texto que surgió de estos cursos, publicado póstumamente en 1916, Saussure también da cuenta de la posible relación entre economía y lenguaje, especialmente referido nuevamente al problema de la teoría del valor, ya que para él la ciencia de la lingüística se encuentra frente al mismo problema que la ciencia económica, el cual no es otro que tratar de habérselas con un "sistema de equivalencias entre cosas de órdenes diferentes"3. En la economía es la relación trabajo y salario, y en la lingüística un significado y un significante. Preso de la "comprensión burguesa de la lengua", Saussure también desliza la secreta relación que existe entre el modo en que funciona la lógica de la economía -la equivalencia de intercambio-, y la manera en la cual el lenguaje de alguna manera ha adoptado y reproducido esa lógica, al instrumentalizar las palabras como monedas que se transfieren en el proceso de comunicación.

Tanto Saussure como Benjamin, en los albores del siglo XX, en contextos más que distintos y distanciados físicamente, abordando incluso los problemas de manera disímiles, dieron con un lugar de encuentro común. Estudiando el lenguaje dieron cuenta de una inherente relación para con el modo en que se comprende la ciencia económica, que marcará el porvenir del pensamiento contemporáneo respecto del modo en que se abordan ambas ramas de conocimiento.

En este sentido, y siguiendo los pasos de ambos pensadores, propongo en las siguientes páginas dar cuenta de las posibles conexiones que existen entre lenguaje y economía, para poder desanudar los entramados que operan en el encuentro entre ambas disciplinas, de manera que nos sea posible esclarecer por qué existiría una relación tan significativa entre el modo de funcionamiento de la economía y el papel que juega el lenguaje en ella. Al mismo tiempo, buscaré adentrarme en los modos en que la economía coarta el lenguaje, produciendo incluso una forma determinada de funcionamiento de la lengua. Comenzando por un análisis de la teoría del valor de Marx iremos desanudando el encuentro, las similitudes y diferencias que es posible establecer entre lenguaje y economía, especialmente respecto de lo que Benjamin y Saussure sostienen que es un modo de funcionamiento común entre ambas ramas, es decir, la cuestión del intercambio. Bajo estas premisas trataremos de responder las siguientes preguntas: ¿Funciona la teoría del valor -al modo en que la concibió Marx- de manera similar al intercambio lingüístico? ¿Pensó Marx en su Crítica de la economía política la relación 'lenguaje-economía'? ¿Qué papel juega la traducción en todo esto?

Como segundo momento, abordaré dos experiencias literarias que también problematizan el encuentro entre economía y lenguaje, pero ahora, dando cuenta de cómo es el lenguaje el que nos permitiría pensar una interrupción del núcleo que conecta las lógicas económicas con las lingüísticas, entregándonos incluso modos alternos de comprender las propias lógicas del intercambio económico. Para esto recurro a Charles Baudelaire con su cuento "La moneda falsa", escrito en 1869, y a Jorge Luis Borges con "El Zahir". Dos narraciones de diferentes épocas históricas, pero que exponen un modo alterno -e incluso a contracorriente- de la instrumentalización del lenguaje a partir de la lógica económica del intercambio.

Trataré de sostener la siguiente hipótesis de lectura: hay en Marx un modo de comprensión de la economía a partir de una forma de relación con el lenguaje, que en el despliegue del capitalismo contemporáneo se reproduce y encarna en la lengua burguesa. En este sentido, para romper con esta relación, se hace necesario repensar el proceso que sostiene el fundamento de la economía (intercambio y la circulación), desde experiencias que hacen aparecer aquello que se resiste a subsumirse en esta lógica y que, por ende, interrumpen aquel proceso que en apariencia siempre se presenta como continuo.

El capital: una máquina de abstracción

¿Cómo abrir entonces la relación entre la estructura del lenguaje que Benjamin denomina burgués y la economía?4 Me parece que el lugar fundamental al que debemos recurrir sin duda es la obra de Marx, especialmente la constelación de textos que escribió respecto de la relación entre mercancía y dinero, plasmada en la sección primera de su obra culmen Das Kapital. Nos encontramos aquí con dos versiones preliminares que, con distintos grados de intensidad, abordan problemas similares. Por un lado, la Contribución a la crítica de la economía política, escrita en 1859, y, por el otro, el capítulo sobre el dinero del tomo uno de los Grundrisse, escritos aproximadamente entre 1857 y 1858.

Es sabido que Marx dedicó una especial atención a estos capítulos, especialmente en el proceso de escritura, edición y reedición de Das Kapital, que solo se vio interrumpido tras su muerte, por lo que no estamos en ningún caso ante un escrito consumado, sino más bien ante una obra aún abierta y que encuentra en sus dos textos precedentes complementos que enriquecen su análisis.

Ahora bien, una de las cosas que marcan la distancia entre lo esbozado en la Contribución respecto de Das Kapital y de los Grundrisse, es justamente una cierta preocupación que Marx desarrolla sobre el problema de la relación entre lenguaje y mercancía, especialmente lo que designa como Warensprache o "lenguaje de las mercancías", o la lengua en la que hablan y se expresan las mercancías:

Como vemos, todo lo que antes nos había dicho el análisis del valor mercantil nos lo dice ahora el propio lienzo, no bien entabla relación con otra mercancía, la chaqueta. Sólo que el lienzo revela sus pensamientos en el único idioma que domina, el lenguaje de las mercancías (Warensprache). (...) Obsérvese, incidentalmente, que el lenguaje de las mercancías, aparte del hebreo, dispone de otros muchos dialectos más o menos precisos. La palabra alemana "Wertseih", a modo de ejemplo, expresa con menos vigor que el verbo románico "valere", "valer", "valor", la circunstancia de que la igualación (Gleichsetzung) de la mercancía B con la mercancía A es la propia expresión del valor (Wertausdruck) de A (2017, p. 101).

Esta preocupación respecto de la lengua que hablan las mercancías está directamente relacionada con la forma del valor de cambio de la que Marx va a dar cuenta, y cuya estructura se encarna de manera predilecta en la mercancía-dinero. Se trata entonces para Marx, de exponer cómo el proceso de despliegue del modo de producción capital, en su proceso histórico de formación y desarrollo, está fundamentado a partir de la instauración de un lenguaje común al que se somete todo lo que se produce. El valor, como concepto que signa en Marx el tiempo social medio que se determina como aquello que permite que todo lo que sea producido hable el mismo lenguaje, y por ende pueda interactuar con cualquier otro producto, en cualquier otra parte del mundo, es la clave fundamental del desarrollo del capital. Ahora bien, esto no pudo ser posible sin antes haber determinado el modo en que el valor debe expresarse, y esto ocurre, como bien nos presenta Marx a lo largo de la primera sección, como un proceso de transformación de ciertos objetos y mercancías que han representado el sentido del valor y que han permitido el despliegue del proceso de circulación e intercambio entre los humanos, desde los metales preciosos, pasando por el cobre, la plata y el oro, hasta llegar a la figura del dinero como máximo representante de las relaciones sociales que operan en el concepto de valor. El dinero opera como el signo que representa el valor de cambio, al mismo tiempo que es el elemento fundamental que permite la interacción entre los poseedores de mercancías.

El valor y el dinero se posicionan como el lenguaje universal, y el capital no funciona sino como una máquina que exige que todo sea traducido (übersetzt)5 a su lengua. En este sentido es que Marx sostiene en los Grundrisse:

El dinero, por consiguiente, como valor de cambio de todas las mercancías, está junto y afuera de ellas. Es ante todo la materia general en la que ellas deben ser inmersas, doradas y plateadas, para alcanzar su libre existencia de valores de cambio. Deben ser traducidas a dinero, expresadas en dinero (Sie müssen ins Geld übersetzt, in ihm ausgedrückt werden). El dinero deviene el denominador común de los valores de cambio, de las mercancías en cuanto valores de cambio (2007, p. 121).

El despliegue del dinero y el valor como lenguaje universal son los dos componentes necesarios para el desarrollo planetario del sistema de producción capital. Esto ya que el dinero -en cuanto forma y representación del valor, del tiempo de trabajo y, por consiguiente, de su valor en oro- opera traduciendo a su lenguaje todos los entes que se le presentan como tributo. En el lenguaje de las mercancías todo es posible de medir en relación con la pregunta ¿cuál es su valor? Y esto en la medida en que cuando la máquina capital, como máquina de traducción al lenguaje del valor6, borra todas las cualidades particulares de aquello que traduce, equiparando de esta manera todas las mercancías (tanto objetos, como tiempo de trabajo, como el cuerpo, pero también, la mente, la moral, la conciencia, todo es posible de ser reducido a su condición de valor de cambio) a una condición abstracta en la cual todas hablan el mismo lenguaje, interactúan unas con otras independiente de sus diferencias físicas, estéticas, formales o sensibles, ya que las mercancías, tal y como Marx demostró en el famoso capítulo sobre el fetichismo, son objetos que al circular en el mercado adoptan una forma sensible-suprasensible (Sinnlich-Übersinnliches) que equipara unas mercancías con otras. Esto solo es posible en cuanto exista ese lenguaje universal, en cuanto se establece ya de antemano un tópos común en el que circulan las mercancías; eso que es el mercado de intercambios, cuya condición de posibilidad se expresa en que exista una mercancía que dentro de todo el cúmulo que conforma el modo de producción capital, pueda ser equivalente con otra.

El dinero, que es el objeto que surge de la necesidad de crear un elemento común que exprese las relaciones sociales de producción y de reproducción de valor en las sociedades capitalistas, se transforma con el auge del capitalismo en la mercancía por antonomasia, al ser aquella que permite el despliegue de la circulación de mercancías, al mismo tiempo que se establece como la finalidad del sistema de producción. El dinero es la mercancía capaz de ser intercambiada por cualquier otra mercancía, es el equivalente universal, pero al mismo tiempo es la mercancía singular cuyas condiciones de posibilidad no responden al tiempo del valor de su producción, sino que más bien determina ese valor:

Como objeto tangible particular, el dinero puede ser accidentalmente buscado, encontrado, robado, descubierto, y la riqueza universal puede llegar a ser tangiblemente posesión de un individuo particular. De su figura de siervo en la que se presenta como simple medio de circulación, se vuelve de improvisto soberano y dios en el mundo de las mercancías. Representa la existencia celestial de las mercancías, mientras que éstas representan su existencia terrena (Marx, 2007, p. 156).

Lo que aquí nos interesa de la función del dinero, tal y como Marx lo expone en sus diferentes momentos, es: 1) que el dinero acontece como elemento fundamental que propicia el intercambio y el mercado mundial de las mercancías, al mismo tiempo que surge como consecuencia de estos; 2) que dentro del mundo de las mercancías, el dinero ocupa un lugar privilegiado al ser la condición de posibilidad de la abstracción y, 3) que es en la estructura del dinero donde es posible apreciar la conjunción entre lenguaje y economía, tanto como encarnación del lenguaje de las mercancías, como representando simultáneamente la estructura lingüística del signo:

La presentación autónoma del valor de cambio de la mercancía no es, aquí, más que una aparición fugitiva. De inmediato, otra mercancía sustituye a la primera. De ahí que en un proceso que constantemente lo hace cambiar de unas manos a otras, baste con la existencia meramente simbólica del dinero. Su existencia funcional, por así decirlo, absorbe su existencia material. Reflejo evanescentemente objetivado de los precios mercantiles, el dinero sólo funciona como signo de sí mismo y, por lo tanto, también puede ser sustituido por signos. El signo del dinero no requiere más que su propia vigencia socialmente objetiva, y el papel moneda obtiene esa vigencia mediante el curso forzoso (2017, p. 184).

En el sistema de circulación del capital el dinero opera como el elemento que hace posible la abstracción y, por ende, también la borradura de todas las cualidades particulares de las mercancías7. Esta es la condición de posibilidad de su equivalencia, a saber, que sean traducidas a una lengua común que les permita ser intercambiadas por un elemento común que borra su singularidad y, que por lo tanto, permite una homologación universal bajo el sintagma del dinero. En este sentido es que el dinero trasciende su posición como mercancía para determinar, decidir y establecer las normas y los parámetros de la circulación. Funciona adoptando y reproduciendo las mismas lógicas de la soberanía. Jean-Joseph Goux nos presenta aquí un análisis esclarecedor respecto de la relación entre soberanía y dinero:

El rey cumple en el mundo político, como lo indica una metáfora subrayada de Marx, el papel de equivalente general, administrando las equivalencias frente a un conjunto de individuos que se convierten en sus súbditos. La génesis de la forma dinero es teóricamente homóloga a la génesis de la representación política. Ofrece el principio de la sujeción de muchos bajo la soberanía de uno. La persona jurídica se constituye como supresión de las diferencias individuales, así como para la mercancía, como valor, se borran todas las diferencias. El monarca sólo puede juzgar los diferendos según la regla si borra todas las diferencias y las distinciones (1973, p. 49).

Esta operación soberana de la borradura de la singularidad, en un proceso de abstracción que opera universalizando el dominio del lenguaje del valor, es al que este texto quiere poner en cuestión al preguntarse: ¿Algo se resiste a este proceso? Marx es categórico en señalar que ni siquiera "los huesos de los santos" o las "cosas sacrosantas excluidas del comercio humano" pueden resistir a esta borradura8. Por esta razón creemos que es necesario dar un paso más allá y pensar con la literatura la posibilidad de encontrarnos con figuras que resistan a ese proceso de abstracción y borradura.

Circulación de simulacros: la moneda de Baudelaire

Publicado en 1869 bajo el nombre de Spleen de Paris, Charles Baudelaire reúne una serie de cuentos, historias y narraciones que dan cuenta del hastío, el aburrimiento, la decadencia, la angustia y la náusea que, de la mano del incipiente capitalismo, Baudelaire experimentaba en el París del siglo XIX. Dentro de la constelación de narraciones que conforman el Spleen, encontramos un breve fragmento en el que Baudelaire nos relata la historia de dos amigos que, al volver del estanco de tabaco donde se encontraban, se toparon con un mendigo a quien uno de los personajes dona una moneda de plata equivalente a dos francos de la época. Un gesto a primera vista magnánimo por el valor que representa la moneda, y que impresiona rápidamente a su acompañante, quien además es el narrador de esta historia. Al ser testigo de un gesto tan indulgente, el narrador de Baudelaire no puede más que reflexionar sobre la importancia de lo acabado de presenciar, hasta que rápidamente nos enteramos, por boca del donador, que aquella no era sino una moneda falsa. Es este el gesto que da título a la narración y es también el acontecimiento respecto del cual gira la historia de Baudelaire.

Lo que nos interesa de "La moneda falsa" de Baudelaire, es la posibilidad que la narración brinda para pensar la distinción que se establece entre aquello que sería una moneda verdadera frente a su contraparte, una moneda falsa. ¿Cómo se diferencia una moneda verdadera de una moneda falsa? Y ¿cuáles son las repercusiones que se pueden extraer de este singular encuentro? Trataremos de responder a estos interrogantes.

En los Grundrisse Marx también se detuvo en la posibilidad de concebir las consecuencias que traería en la circulación de mercancías, en el modo de producción capital, algo así como una moneda falsa. La respuesta no deja de sorprendernos, pues Marx sostiene:

Pero si circula una £ st. falsa en lugar de una auténtica, en la totalidad de la circulación ésta prestaría absolutamente los mismos servicios que si fuera auténtica. Si una mercancía a que tiene el precio de 1 £ es cambiada por una libra (st) falsa, y esta última fuera cambiada a su vez por una mercancía b de 1 £ st., la libra falsa ha prestado absolutamente el mismo servicio que si hubiera sido auténtica. Por consiguiente, en este proceso la libra efectiva es en realidad un mero signo, a condición de que se considere no el momento en que ella realiza los precios, sino la totalidad del proceso en el que actúa solamente como medio de circulación y en el cual la realización de los precios es sólo una apariencia, una mediación (2007, p. 146).

Lo interesante de la figura de la moneda falsa, tal y como señala Marx, es que en cuanto ella entra en el proceso de circulación, siempre y cuando pueda ser intercambiada -esto quiere decir, que mientras mantenga oculto su estatuto de moneda falsa-, circulará y cumplirá la misma función que una moneda verdadera. Aquello que la moneda falsa nos permite pensar, es la deshabilitación de las categorías de verdadero y falso dentro del sistema de circulación monetario en el capital, de las categorías de verdadero y falso, ya que desde el punto de vista de la totalidad del proceso de circulación, en ámbitos macropolíticos, mientras la moneda falsa cumpla su función de ser representante del valor social determinado para el intercambio, el axioma D-M-D' sigue funcionando.

Ahora bien, como ya mencionamos en el apartado anterior, la figura de la moneda se constituye como un signo que reemplaza, media y sustituye el intercambio directo de mercancías. Es la mercancía por antonomasia, ya que se establece como equivalente común y permite el intercambio a precio de traducir todo a la lengua del valor de cambio. Esto quiere decir que la moneda es una representación de valor, es un sustituto y, si se quiere, una copia en el sentido platónico, del valor. La moneda encarna quizá de manera ejemplar la lógica platónica de las ideas y el mundo de las imágenes (Eídolon), ya que podríamos decir que la moneda se presenta como un calco del valor en su ausencia, como una imitación del valor, un sustituto. Por esta razón podríamos decir que la categoría de verdadero y falso no aplica a la figura de la moneda, ya que de lo que se trataría es de los modos de representación que se encarnan en ella. En este caso la moneda falsa de Baudelaire respondería a un segundo grado de la imagen, a la imagen de una imagen, a la copia de una copia o, en palabras de Platón, a una 'apariencia' (Phántasma) producida por una 'técnica simulativa' (téchne Phantastiké) que no es falsa, pero si es menos auténtica, más alejada de la verdad.

Es bien sabido que Platón tenía fobia por estas imágenes de segundo grado, ya que las consideraba aberrantes y peligrosas, por lo que no sería extraño pensar que la moneda falsa porte consigo un peligro que Marx, en cuanto que sólo pensó la circulación de este fantasma monetario en un grado demasiado abstraído de la circulación, no pudo apreciar, ya que si nos adentramos un poco en la particularidad del intercambio de la moneda falsa, podremos apreciar que ésta porta consigo un peligro para el proceso de abstracción con el que opera la figura de la mercancía, especialmente de su encarnación en el dinero.

Gilles Deleuze en su Lógica del sentido dedica, en los apartados finales, un ya famoso ensayo sobre estas imágenes truncadas o de segundo orden, que Platón llama 'apariencias'. Deleuze las traduce aquí por 'simulacros' y reconoce en éstos un peligro incipiente que hace que Platón deba necesariamente condenarlos y expulsarlos de la Polis:

Partíamos de una primera determinación del motivo platónico: distinguir la esencia y la apariencia, lo inteligible y lo sensible, la Idea y la imagen, el original y la copia, el modelo y el simulacro. Pero ya vemos que estas expresiones no son válidas. La distinción se desplaza entre dos tipos de imágenes. Las copias son poseedoras de segunda, pretendientes bien fundados, garantizados por la semejanza; los simulacros están, como los falsos pretendientes, construidos sobre una disimilitud, y poseen una perversión y una desviación esenciales (2013, p. 257).

En este sentido es que nos parece debe ser leída "La moneda falsa" de Baudelaire, no sólo en su posibilidad de circular igual que una moneda verdadera, sino más bien desde su condición disímil y perversa, como aquello que expone la incapacidad en la circulación capital de la distinción metafísica entre verdadero y falso. La moneda falsa, en cuanto simulacro, circula con una potencia de perversión que aquí nos interesa exponer, ya que como fue mencionado al comienzo, la literatura de Baudelaire nos permitiría concebir la posibilidad de resistir a la máquina de abstracción con la que el capital opera. Baudelaire es consciente de las posibilidades que vienen implícitas en la circulación de la moneda falsa. Esto se manifiesta especialmente cuando el narrador de la historia, quien fue testigo del momento en que el amigo donó la moneda falsa, comienza a cuestionarse respecto de lo que acababa de suceder:

Pero en mi cerebro miserable, siempre ocupado en buscar tres pies al gato (¡qué facultad tan agotadora me ha regalado la naturaleza!), entró de pronto la idea de que semejante conducta, por parte de mi amigo, únicamente era excusable por el deseo de crear un acontecimiento en la vida de aquel pobre diablo, incluso puede ser que por el deseo de conocer las distintas consecuencias, funestas u otras, que puede engendrar una moneda falsa en manos de un mendigo. ¿Acaso no podía multiplicarse en monedas buenas? ¿Acaso no podía asimismo llevarle a la cárcel? Puede ser que un tabernero, un panadero, por ejemplo, lo mandasen detener por falsificador o por propagar moneda falsa. Asimismo puede ser que la moneda falsa pudiera ser, para un pobre especulador insignificante, el germen de una riqueza que durase unos cuantos días. Y, de ese modo, mi fantasía seguía su curso, prestando alas al espíritu de mi amigo y sacando todas las deducciones posibles de todas las hipótesis posibles (1995, p. 168).

Baudelaire nos invita a pensar en la potencia que tiene en sí misma la moneda falsa, como moneda simulacro, en cuanto que al constituirse como una ficción de valor -pero aparentando ser una moneda verdadera-, este pedazo de metal, cuyo símbolo está vacío, se vuelve la puerta de entrada a múltiples posibilidades que son imposibles de prever. Tal y como señala el narrador, al haber sido donada, la moneda falsa porta consigo una chance imprevisible, ya que no podemos saber específicamente que pasará con ella. Puede ser portadora de desgracias o de riquezas, quizá lleve a la cárcel a su poseedor, o quizá sea el punto de partida de una riqueza por venir. Sin poder saber a ciencia cierta qué es lo que le espera a esta moneda, lo único que podemos saber es que se abre con ella una potencia pervertida, expresada en ese quizás imprevisible que Baudelaire describe como el "deseo de crear un acontecimiento".

Jacques Derrida es tal vez uno de los pensadores contemporáneos que más teorizó sobre el encuentro semántico que expresa el término quizás9 y el concepto de acontecimiento. Pero no solo eso, sino que además dedicó extensas páginas a comentar esta narración de Baudelaire, a partir justamente del encuentro entre la moneda falsa y el desencadenamiento de una lógica 'acontecimental' que ésta provoca. En su libro Dar (el) tiempo, publicado por primera vez en 1991, Derrida designa a la moneda falsa de Baudelaire como una "máquina de provocar acontecimientos":

En primer lugar, el acontecimiento del texto que esta ahí, como un relato que se da o se ofrece a la lectura (este acontecimiento ha tenido lugar y sigue teniendo lugar, da [el] tiempo) pero asimismo y, por consiguiente, a partir de ahí, en el orden de lo posible abierto y de lo aleatorio, un acontecimiento que puede provocar otros sin fin asignable, en interminable serie, un acontecimiento rebosante de otros acontecimientos que, no obstante, tienen en común el ser siempre propicios a esta escena de engaño (1995, p. 98).

Derrida señala, al igual que Deleuze lo hace con el simulacro, que la moneda falsa porta consigo una chance y/o una posibilidad que no puede terminar de ser prevista. Su perversión constitutiva viene de la mano con la imposibilidad de predecir, o calcular, todas las posibles consecuencias que porta consigo. Y es que en este sentido la moneda falsa excede cualquier cálculo administrativo que se quiera hacer respecto de sus usos; porta consigo la característica de una aleatoriedad impredecible que impide hacer de ella cualquier tipo de predicción. En este sentido, la circulación desquiciada de la moneda de Baudelaire no puede sino desgarrar el proceso de circulación de mercancías, lo desestabiliza desde su propia interioridad ya que, recordemos, la moneda falsa también circula, por lo que esta pieza endemoniada en el proceso de circulación de mercancías, interrumpe el axioma básico del capitalismo. Recordemos la famosa fórmula de Marx: D-M-D'; en este contexto la moneda falsa abre las puertas al acontecimiento, haciendo imprevisible la consumación de esta lógica en cuanto que es imposible saber que pasará con la moneda descrita por Baudelaire. Lo que queda suspendido, o en entredicho, con la circulación de la moneda/simulacro es, entonces, lo que describimos en el apartado anterior, es decir, el proceso de traducción que permite que toda mercancía sea transformada en el lenguaje general del valor, ya que al ser una representación de segundo grado, la moneda falsa carece de un sustrato material que le de soporte en la circulación. Por esta razón circulará siempre con un valor negativo; restando valor y no produciendo plusvalor.

Resistir a la borradura: la moneda de Borges

La moneda de Borges se aleja de lo descrito en el capítulo anterior sobre Baudelaire, pues no estamos ante una moneda falsa, sino frente a otro tipo de moneda. Borges escribe la historia acerca de su encuentro accidental con este extraño objeto en 1947, e invita al lector a acompañarlo por un abominable recorrido que cuenta su experiencia con la moneda-Zahir. Habría que decir, antes de adentrarnos de lleno en el problema, que la moneda Zahir parece portar una característica diferente al resto de monedas que circulan en el mundo, ya que una de las características principales que permiten a las monedas constituirse como símbolos que encarnan la representación del valor es, según Marx, que deben ser constituidas a partir de la uniformidad en sus partes, para que permita la indiferenciación de todos sus ejemplares. En este sentido Marx sostiene:

Los atributos físicos necesarios de la mercancía particular en que ha de cristalizarse la existencia dineraria de todas las mercancías, en tanto surgen directamente de la naturaleza del valor de cambio, son su divisibilidad a voluntad, la uniformidad de sus partes y la indiferenciación de todos los ejemplares de esta mercancía. En cuanto materialización del tiempo de trabajo general, debe ser materialización homogénea y susceptible de expresar diferencias meramente cuantitativas (2008, p. 33).

La moneda-Zahir de Borges, incluso antes de entrar en la especificidad del relato mismo, ya nos entrega una clave que no podemos pasar por alto. Es una moneda que se presenta con una particularidad que la diferencia del resto. Podríamos incluso sostener que es esta singularidad la que llama tanto la atención a Borges, ya que el Zahir tiene la "terrible virtud de ser inolvidable". En cuanto moneda que se diferencia de otras, el Zahir tiene un algo que la hace especial y que al mismo tiempo provoca que siempre se esté pensando en él, no así como las monedas tradicionales, que tal como lo señala Marx deben ser indiferenciables, deben no provocar ese deseo de pertenencia y de esta manera puedan fomentar la circulación. La moneda-Zahir tiende a ser objeto de un deseo de posesión que absorta al poseedor y lo condena a no poder desprenderse u olvidarse fácilmente de ella.

En una conferencia en el Collège de France en 1983, Borges relata la historia de cómo surge "El Zahir" como narración. A partir de la pregunta sobre la creación poética, el escritor porteño realiza una magnífica reflexión sobre la relación que su escritura tiene con la memoria y su contracara, el olvido. "La memoria esta echa sobre todo de olvido", dice Borges. Ahora bien ¿qué pasaría si existiese algo que fuese realmente inolvidable?

Pero hay otra manera que yo he empleado para mis modestos fines, esa manera es una reflexión cualquiera. Por ejemplo, la palabra "inolvidable", que yo pensé en inglés, 'un-for-gettable'. Bien... Comencé por esa palabra. Me dije: todos los días empleamos la palabra "inolvidable"... pero si algo fuera inolvidable ¿qué pasaría? Uno no podría pensar en otra cosa. Si alguna cosa fuera continuamente inolvidable, entonces uno se volvería loco. Ese fue mi punto de partida para una historia que yo escribí, puede ser que ustedes la hayan leído... se llama "El Zahir". Es una moneda de veinte centavos que es inolvidable. El hombre que la ha visto se vuelve loco al cabo de algunas páginas (Jaubert, 1983)10.

Al poseer la característica de lo inolvidable, la moneda-Zahir de Borges produce en el portador una extraña obsesión que lo acecha constantemente11. En este sentido, a diferencia de las monedas tradicionales, cuya característica es pasar lo más desapercibidas posibles, el Zahir hace de la moneda que era homogénea, un objeto singular que ahora se distancia y se diferencia del resto de monedas existentes. Recordemos que en el relato de Borges el Zahir aparecido en Buenos Aires tomó la forma de una moneda de veinte centavos de la época, pero tiene una peculiaridad que la distingue de todas las otras monedas de veinte centavos que circulaban por aquel entonces: con una corta pluma, o navaja, ha sido marcada en las letras N T de Argentina y le ha sido escrito además el número 2 acompañado de una fecha en el anverso12. Este gesto que Borges relata al comienzo de la narración expone de antemano la singularidad del Zahir; su materialidad porta consigo marcas que lo hacen diferente de otras monedas; esto es, una representación de la historia que porta el Zahir como objeto de circulación, que de mano en mano está constantemente expuesto a cambios, tensionando así el proceso de homogenización propio de la figura-dinero, ya que en su singularidad inolvidable el Zahir interrumpe el proceso de abstracción que haría del objeto-moneda una mercancía que expone las marcas, huellas y restos que constituye a toda moneda en su particularidad.

Ahora bien, adentrémonos aún más en el problema que está en el centro de esta cuestión y que es descrito en el modo en que Borges experimenta su encuentro con el Zahir, ya que al ser inolvidable, éste genera un sentimiento de desesperación y una constante obsesión que termina por provocar la locura. En este sentido, la moneda de Borges nos abre la posibilidad de pensar la interrupción del proceso de circulación de mercancías, ya que porta consigo una obsesión que dificulta su circulación. El portador del Zahir no desea desprenderse de él, aunque se vea obligado a hacerlo. La pregunta que surge en este momento es ¿qué pasaría si todas las monedas emanaran el mismo deseo obsesivo del Zahir?, es decir, si brota en ellas un deseo de atesoramiento que impidiera que su portador sintiera la necesidad de desprenderse de ella e intercambiarla por otras mercancías. Esta pregunta queda implícitamente sugerida en el final del relato de Borges:

Calificar de terrible ese porvenir es una falacia, ya que ninguna de sus circunstancias obrará para mí. Tanto valdría mantener que es terrible el dolor de un anestesiado a quien le abren el cráneo. Ya no percibiré el universo, percibiré el Zahir. Según la doctrina idealista, los verbos vivir y soñar son rigurosamente sinónimos; de miles de apariencias pasaré a una; de un sueño muy complejo a un sueño muy simple. Otros soñarán que estoy loco y yo con el Zahir. Cuando todos los hombres de la tierra piensen, día y noche, en el Zahir, ¿cuál será un sueño y cuál una realidad, la tierra o el Zahir? (1984, p. 589).

Este es un gesto característico de Borges, que podemos encontrar también en narraciones como "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" o "El jardín de los senderos que se bifurcan", y que da cuenta de una difuminación entre realidad y ficción13, permitiéndonos pensar al Zahir, en cuanto relato, también como una lectura de las características propias de las mercancías-dinero que son puestas en cuestión a partir de la aparición del Zahir, ahora como moneda. Siguiendo esta clave de lectura, hay un momento en la narración de Borges en el que la aparición del Zahir lo incita a reflexionar acerca de las características de las monedas. Es precisamente aquí que el encuentro entre realidad y ficción desata los artificios del Zahir, que develan un demoniaco influjo en la figura-dinero:

En la calle Belgrano tomé un taxímetro. Insomne, poseído, casi feliz, pensé que nada hay menos material que el dinero, ya que cualquier moneda (una moneda de veinte centavos, digamos) es, en rigor, un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto, repetí, el dinero es tiempo futuro. Puede ser una tarde en las afueras, puede ser música de Brahms, puede ser mapas, puede ser ajedrez, puede ser café, puede ser las palabras de Epicteto, que enseñan el desprecio del oro; es un Proteo más versátil que el de la isla de Pharos. Es tiempo imprevisible, tiempo de Bergson, no duro tiempo del Islam o del Pórtico. Los deterministas niegan que haya en el mundo un solo hecho posible, id est un hecho que pudo acontecer; una moneda simboliza nuestro libre albedrío (No sospechaba yo que esos "pensamientos" eran un artificio contra el Zahir y una primera forma de su demoníaco influjo) (p. 591).

Me arriesgo con algunas reflexiones: el Zahir reencarnado como moneda, quiebra la relación entre el objeto-moneda, su representación de valor y, por tanto, su signo. La moneda-Zahir no es ya, para quien la encuentra, la imagen de los veinte centavos argentinos. Incluso podríamos decir que aquello que obsesiona a Borges con el Zahir, es todo menos su forma valor. En este sentido parece que el demoniaco influjo característico del Zahir expone los artificios sobre los que se sostiene la figura del dinero. Esos pensamientos que acechan a Borges en el momento en que toma un taxi en la calle Bel-grano, poseído y obsesionado con el Zahir, lo hacen reflexionar sobre las artimañas y las sutilezas que esconden las monedas, y entre ellas la potencia que representarían éstas como repertorio de futuros posibles. Tal y como fue mencionado en el apartado anterior, esto no es más que la ficción que nos hace creer que el dinero tiene una potencia de ser cambiado por una infinidad de cosas, aunque en la fórmula con la cual Marx describe el capital -recuérdese D-M-D'-, el dinero puede ser exclusivamente cambiado por mercancías. Esto quiere decir que los mundos posibles tratados por Borges como imagen artificial con la que el porteño piensa las características del dinero, no son sino pura potencia limitada y calculada, administrada para solo poder intercambiarse en los límites del capital. Los mundos posibles que representan las monedas, a la luz del Zahir, son solo los mundos posibles dentro del capital. En esta misma clave, el libre albedrío que pareciera a primera vista permitirnos una tarde en el parque transformar el dinero en música o ajedrez, esconde tras de sí las condiciones materiales necesarias para poder hacer efectivo ese intercambio, es decir, poder intercambiar las monedas en esas actividades y no en otra cosa. Alejandra Laera, comentando estos pasajes de Borges, escribe lo siguiente:

En ese punto de equivalencia-sustitución, la ficción ilustra (y resiste) la imposibilidad de la circulación económica y del intercambio de bienes que revela el Zahir. Porque tras la apariencia del dinero (las monedas iguales, infinitas e inofensivas), la naturaleza que adopta en la periferia lo convierte en una obsesión: lo que hace particular, única y peligrosa a la moneda de veinte centavos es que no circula ni se intercambia. Más todavía: si no se puede gastar salvo "a fuerza de pensarla" es porque la circulación de la moneda en la periferia es sólo posible en el orden de la imaginación. En compensación, la ficción sigue las reglas de la circulación y el intercambio (por su tema, por su carácter de versión y por su condición perifrástica). La ficción se resiste, así, a la naturaleza periférica del dinero: se resiste porque ilustra en su contenido, su composición y su funcionamiento todo lo que el dinero ya no puede expresar, desde el momento en que se ha convertido en Zahir (2007, p. 43).

Laera da cuenta que la ficción borgiana se presenta como resistencia al funcionamiento del dinero, ya que éste solo circula en la medida en que presupone un espacio imaginario, el cual hemos denominado el lenguaje de las mercancías, es decir, una lengua a la que todo debe ser traducido. En este sentido la ficción borgiana se resiste a la ficción del dinero, nos presenta una moneda cuya fallida traducción revela el proceso de traducción mismo. El Zahir revela el contenido, la composición y el funcionamiento de la máquina traductiva del capital en el momento en que aparece una moneda que encarna todas las contradicciones propias del proceso traductivo. El Zahir es una moneda que no es símbolo de valor, es única e irrepetible y, por tanto, singular; provoca el deseo de atesoramiento por sobre el del intercambio y, a fin de cuentas, termina causando la locura a quien tenga el (in) fortuna (nio) de toparse con él.

Aproximaciones finales

Sabemos que después de la primera guerra mundial el patrón oro -que representaba la medida que fijaba el valor monetario en su expresión material- entra en crisis con la creciente necesidad de producción monetaria para sustentar la guerra. El concepto de dinero fiduciario expuso la atadura que el dinero tiene para con la fe, o la creencia, de que quien es dueño de billetes o monedas porta consigo un símbolo que tiene un sustento material con la posibilidad de ser cambiado por el valor oro que le corresponde.

Luego del acuerdo de Bretton Woods logrado por las Naciones Unidas en 1944, y la posterior crisis económica vivida en EE. UU en 1971 -conocida con el nombre de Nixon schock-, la relación dinero-oro se fracturó completamente, y se pasó a denominar con el apelativo de ‘fiat’ al dinero respaldado solamente por el reconocimiento legal de un Estado y, por tanto, que no tenía la necesidad de poseer un sustento material con el que pudiera ser intercambiado. Esto quiere decir que después de 1971 el dinero solo tiene sustento en la declaración de autenticidad que un Estado pueda otorgarle. La mercancía 'dinero' ya no representa más que un juego legal y gubernamental en el que el valor se constituye a partir de discursos con fuerza de ley.

Ahora bien, la pregunta implícita aquí es: ¿no ha sido siempre así? Me parece que lo que queda en evidencia en 1971 no es sino el resabio de una crisis de la representación monetaria que ya Baudelaire y Borges habían atisbado en su época: la relación intrínseca que existe entre un determinado discurso y la imagen que representa la mercancía 'dinero', pues ¿quién determina que la moneda falsa de Baudelaire es efectivamente falsa, sino más que el mismo escritor? O ¿qué hace de la moneda de 20 céntimos argentinos un Zahir, sino más que la propia percepción de Borges? En este sentido, la utilización de las monedas como figura monetaria, con una cuestionable representación material, es una estrategia escritural que Borges y Baudelaire utilizan en este constante vaivén de narrativas que difuminan ficción y realidad. La moneda es justamente eso, un elemento material constitutivo de nuestra vida, y no opera sino a partir de ocultar la ficción con la que circula cotidianamente. Una relación que expone la frágil y cada vez más difuminada línea entre aquello que llamamos 'la realidad', y lo que siempre aparece tan difícil de creer, la 'ficción'.

En este artículo he tratado de sostener que tanto Borges como Baudelaire realizan un singular análisis de los funcionamientos de la circulación de la mercancía-dinero. En este sentido, ambas narraciones tienen la particularidad de llevar al lector por un recorrido que presentándose ficticio, devela ciertas lógicas de funcionamiento del modo de producción capitalista, que son puestas en cuestión a partir de los diferentes mundos posibles que se construyen con la escritura. Es por esto que no considero casual que ambos escritores se detengan en las complicadas amalgamas funcionales que esconde la figura de la moneda, ya que aquello que sostiene el sistema de intercambio de mercancías mediado por la figura del dinero, comparte con los relatos de Borges y Baudelaire una cierta disposición a la ficción, que requiere que todos aquellos que participan de ésta, guarden siempre esa sospecha que se puede expresar en la pregunta ¿y esto realmente sucedió? Lo más importante en este mismo sentido es cómo desde la ficción narrativa se logra dar cuenta del funcionamiento propiamente ficcional de la figura del dinero, que incluso provoca el hecho de que la pregunta por lo que representa el dinero realmente ya no tenga cabida, porque la pregunta misma presupone que existe una materialidad que sustenta la forma monetaria. En este sentido es que Borges y Baudelaire permiten la aparición de un sustrato inabarcable que se escapa a la pragmática traductiva, propia de la constitución del problema del valor en la mercancía que hemos analizado con Marx. Se manifiesta un exceso que no logra quedar capturado bajo el sintagma capital de que todo debe ser traducido a la lengua del valor, por lo que atestiguamos en ambas narraciones la interrupción del proceso de intercambio monetario, que al mismo tiempo expone los funcionamientos que ya Marx esboza en su Crítica de la economía política. Los simulacros introducidos en el proceso de circulación interrumpen la administración y la ficción, no solo del modo en que se produce el valor, sino que también del orden al que el capital somete la producción del dinero, abriendo espacios de interrupción que nos permitirían concebir la circulación de otro modo.

Referencias

Almeida, I. (2002). La moneda de Borges: de la degradación al desgaste -rudimentos de semiótica Borgesiana. Revista Variaciones Borges, 13, pp. 57-77. https://www.borges.pitt.edu/sites/default/files/1304.pdf

Baudelaire, C. (1995). La moneda Falsa. Spleen de París. Madrid: Catedra.

Benjamin, W. (2010). Sobre el lenguaje en general y el lenguaje de los hombres. Ensayos escogidos (pp. 127-148). Buenos Aires: Cuenco de Plata.

Borges, J. (1984). Obras completas. Buenos Aires: Emecé.

Brunhoff, S. (1974). La concepción monetaria de Marx. Buenos Aires: Ediciones del siglo.

Deleuze, G. (2013). Lógica del sentido. Barcelona: Paidós.

Derrida, J. (1995). Dar (el) tiempo. Barcelona: Paidós .

Derrida, J. (1998). Políticas de la amistad. Madrid: Trotta.

Goux, J. (1973). Los equivalentes generales en el marxismo y el psicoanálisis. Buenos Aires: Calden.

Goux, J. (1994). The coiners of language. Norman: University of Oklahoma press.

Hamacher, W. (2012). Lingua Amissa. Buenos Aires: Miño y Dávila.

Jaubert, A. et Luxereau, F. (1983). Jorge Luis Borges au Collège de France [Interview]. CNRS IMAGES. https://images.cnrs.fr/video/619

Laera, A. (2007). De la periferia al Imperio: Inflexiones de la relación entre ficción y dinero en "El zahir" y "El otro". Revista Variaciones Borges , 23, pp. 37-49. https://www.jstor.org/stable/i24880449?refreqid=excelsior%3A661f1b7d79d7d23d78023b6f2ebb5964

Lezra, J. (2017). Untranslating Machines: A genealogy for the ends of global thought. London / New York: Rowman & Littlefield.

Lezra, J. (2018). On the nature of Marx'st hings: Translation as necrophilology. New York: Fordham University Press.

Lezra, J. (2019). El tipo español: Borges, Derrida, intraducibilidad. Revista online Mimesis. https://edicionesmimesis.cl/index.php/2019/08/21/el-tipo-espanol-borges-derrida-intraducibilidad-por-jacques-lezra/

Marx, C. (2007). Elementos fundamentales para la crítica de la economía política. Madrid: Siglo XXI.

Marx, C. (2008). Contribución a la crítica de la economía política. Madrid: Siglo XXI .

Marx, C. (2017). El capital: Crítica de la economía política. Madrid: Siglo XXI .

Oyarzún, P. (2016). Borges: ensayo y ficción. Revista de Teoría del Arte, 1920, pp. 11-37. https://revistateoriadelarte.uchile.cl/index.php/RTA/arti-cle/view/38637

Saussure, F. (1945). Curso de lingüística general. Buenos Aires: Losada.

Notas

1 Este artículo es fruto de una investigación realizada para el seminario On Economic and Aesthetic Forms: The Commodity, Financialization, and Debt in Latin American Literature and Culture, en la University of California Riverside, a cargo del profesor Alessandro Fornazzari. Los agradecimientos correspondientes a él y al profesor Jacques Lezra por prestar oídos a las inquietudes aquí planteadas.
2 Véase la siguiente afirmación de Benjamin: "Esta concepción es la concepción burguesa de la lengua, cuya vacua inconsistencia resultará enseguida más clara. Tal teoría dice que el medio de la comunicación es la palabra, que su objeto es la cosa y que su destinatario es un hombre. Mientras que la otra teoría no distingue ningún medio, ningún objeto, ningún destinatario de la comunicación" (2010, p. 131).
3 Contrástese con este fragmento de Saussure: "Por el contrario, la dualidad de que venimos hablando se impone ya imperiosamente a las ciencias económicas. Aquí, en oposición a lo que ocurre en los casos precedentes, la economía política y la historia económica constituyen dos disciplinas netamente separadas en el seno de una misma ciencia; las obras aparecidas recientemente sobre estas materias acentúan la distinción. Procediendo así se obedece, sin darse uno cuenta cabal, a una necesidad interior: pues bien, es una necesidad muy semejante la que nos obliga a escindir la lingüística en dos partes, cada una con su principio propio. Y es que aquí, como en economía política, estamos ante la noción de valor, en las dos ciencias se trata de un sistema de equivalencia entre cosas de órdenes diferentes: en una, un trabajo y un salario, en la otra, un significado y un significante" (1945, p. 105).
4 Podemos encontrar esbozadas algunas claves de la relación entre lenguaje y economía en la obra de Jean-Joseph Goux, especialmente en su libro Los equivalentes generales en el marxismo y el psicoanálisis, que apareció traducido al español en 1973. En este escrito Goux señala lo siguiente: "Un procedimiento fundamentalmente isomórfico al que instituye el dinero (pero de una mayor complejidad) podría señalarse en la génesis del lenguaje y del concepto -la génesis del término genérico. Procedimientos simples se superpondrían unos a otros, en varias etapas; procedimientos complejos paralelos se aproximarían unos a otros, y, finalmente, el conjunto se ramificaría formando una organización piramidal compleja, cuya base multiforme estaría constituida por el conjunto de los signos sensibles y concretos del mundo, y cuya cima sólo por los signos y conceptos linguisticos. Se puede puntuar en la historia de la escritura (aunque la progresión aquí no sea simple, a causa de diferentes factores, cuya intrincación es permanente y no desanudable, entre las formas gestuales, gráficas y auditivas) una génesis comparable, al menos globalmente, a la de la forma dinero" (1973, p. 52).
5 Seguimos algunos puntos esbozados por Werner Hamacher en el comentario que realiza acerca de Espectros de Marx de Jacques Derrida. Hamacher realiza un análisis esclarecedor sobre el problema del lenguaje de las mercancías en el trabajo de Marx, y sobre el papel que juega el problema de la traducción en esto: "El lienzo habla. Es Marx quien afirma que el lienzo habla. Al decirlo, él habla el lenguaje del lienzo, y lo habla desde el alma, tal como afirma que lo hacen los economistas burgueses que critica. Pero en el lenguaje de Marx, ese lenguaje del lienzo se traduce al lenguaje analítico -e irónico- de la crítica a esa misma economía política que define las categorías del lenguaje del lienzo" (2012, p. 293).
6 El trabajo de Jacques Lezra aborda, desde otras perspectivas, el encuentro entre capitalismo y traducción, razón por la que en este artículo se vuelve una referencia ineludible guiarnos por algunas de las claves que Lezra desarrolla en textos como On the nature of Marx 's things (2018), This un-translatability which is not one (2015) y Untranslating Machines A Genealogy for the Ends of Global Thought (2017). En español podemos encontrar, además, un interesante análisis en El tipo español: Borges, Derrida, intraducibilidad, donde Lezra sostiene: "El valor de la mercancía se determinará, por consiguiente, de dos maneras. Relativamente, mediante un proceso doble de traducción del valor local de la mercancía hacia un equivalente general, y de allí hacia los valores de otras mercancías cuyo valor local a su vez ha padecido tal traducción, universal; tanto relativamente, decía, como absolutamente, derivando este valor del uso singular de la mercancía. Diremos en este caso que el valor de tal o cual mercancía es el uso de ésta, en un momento concreto, en circunstancias singulares. La traducción, en sus dos formas hiperbólicas, por una parte una forma justificada por el principio del intercambio universal y de la traducibilidad general que ofrecen los géneros o los tipos, y por otra parte una forma movida y limitada por el principio de la universal singularidad del génesis y del uso, nos ofrece el símil de la forma-valor tanto transcendental como relacional de la modernidad europea" (2019, p. 10).
7 Véase el siguiente ejemplo de Marx: "El oro deviene dinero real porque las mercancías, a través de su enajenación generalizada, lo convierten en la figura de uso efectivamente enajenada o transformada de ellas mismas, y por tanto en su figura efectiva de valor. En su figura de valor, la mercancía hace desaparecer todas las huellas de su valor de uso natural y del trabajo útil particular al que debe su origen, para devenir esa crisálida que es sólo concreción material social uniforme de trabajo humano indiferenciado. El aspecto exterior del dinero, pues, no da margen para descubrir de qué tipo era la mercancía convertida en él. En su forma dineraria, la una tiene exactamente la misma apariencia que la otra" (2017, p. 163).
8 Como sostiene Marx en Das Kapital: "Como el dinero no deja traslucir qué es lo que se ha convertido en él, todo, mercancía o no mercancía, se convierte en dinero. Todo se vuelve venal y adquirible. La circulación se transforma en la gran retorta social a la que todo se arroja para que salga de allí convertido en cristal de dinero. No resisten a esta alquimia ni siquiera los huesos de los santos y res sacrosanctae, extra commercium hominum (cosas sacrosantas, excluidas del comercio humano), mucho menos toscas. Así como en el dinero se ha extinguido toda diferencia cualitativa de las mercancías, él a su vez, en su condición de nivelador radical, extingue todas las diferencias" (2017, p. 186).
9 Véase Políticas de la amistad, en el que Derrida aborda y analiza las relaciones intrínsecas entre el quizás y el problema del acontecimiento, haciendo énfasis en esta característica imprevisible que porta consigo la apertura a lo impredecible: "Lo que va a venir, quizá, no es solo esto o aquello, es finalmente el pensamiento del quizá, el quizá mismo. Lo que llega llegara quizá, pues no se debe estar seguro jamás, ya que se trata de un llegar, pero lo que llega seria también el quizá mismo, la experiencia inaudita, completamente nueva, del quizá. Inaudita, completamente nueva, la experiencia misma que ningún metafísico se habría atrevido todavía a pensar" (1998, p. 46).
10 Esta conferencia puede ser consultada en el siguiente enlace: https://images.cnrs.fr/video/619
11 "He dicho que la ejecución de esa fruslería (en cuyo decurso intercalé, seudoeruditamente, algún verso de la Fáfnismál) me permitió olvidar la 'moneda'. Noches hubo en que me creí tan seguro de poder olvidarla que voluntariamente la recordaba. Lo cierto es que abusé de esos ratos; darles principio resultaba más fácil que darles fin. En vano repetí que ese abominable disco de níquel no difería de los otros que pasan de una mano a otra mano, iguales, infinitos e inofensivos. Impulsado por esa reflexión, procuré pensar en otra moneda, pero no pude" (Borges, 1984, p. 592).
12 "En Buenos Aires el Zahir es una moneda común, de veinte centavos; marcas de navaja o de cortaplumas rayan las letras N T y el número dos; 1929 es la fecha grabada en el anverso" (p. 589).
13 Sigo aquí el análisis de Pablo Oyarzun, quien analiza esta compleja contaminación entre realidad y ficción, tan propia de los escritos de Borges. En este sentido es que Oyarzun sostiene: "La intromisión progresiva de elementos fantásticos en el mundo real tiene como contraparte una resaca que desangra a éste de sus propios componentes, los cuales se esfuman hacia el orden de lo imaginario (...) Es que la realidad -lo que nos representamos como la realidad, y estamos condenados a hacerlo- está expropiada desde siempre. Éste es (acaso, y dicho sea marginalmente) el Orbis Tertius" (2016, p. 26).
HTML generado a partir de XML-JATS4R por