Resumen: Nos preguntamos por la lógica detrás de las trayectorias residenciales de las personas migrantes y por el efecto de estas en la composición de sus vínculos sociales. Presentamos el caso de Lima, ciudad con el mayor número de migrantes venezolanos en el continente, en donde recogimos un total de 37 entrevistas (27 a personas venezolanas, 10 a personas peruanas con fines de comparación). Encontramos que las trayectorias residenciales de las personas migrantes tienen una alta relación con los lugares de empleo. Sin embargo, dado que cambian de empleo constantemente, cambian también sus lugares de residencia. Estos cambios residenciales, sumados a las rutinas intensas de trabajo, llevan a que sus vínculos sociales sean temporales, teniendo que rehacerlos con cada cambio residencial. En consecuencia, la segregación de personas migrantes no es solo espacial, sino que supone vidas encapsuladas, con pocos vínculos permanentes y varios vínculos desechables a lo largo de sus trayectorias.
Palabras clave: migración, vivienda, capital social.
Abstract: We ask about the logic behind the residential trajectories of migrant population and their effect in the composition of their social bonds. We introduce the case of Lima, the city with the largest number of Venezuelan migrants in the continent, where we collected a total of 37 interviews (27 to Venezuelans, 10 to Peruvians for the aim of comparison). We found that the residential trajectories of migrants are strongly linked to the locations of their jobs. However, since they change jobs often, they also change their places of residence. These residential changes and their intense job schedules, make their social bonds to be temporary, having to re-make them with each residential change. As a consequence, immigrant population’s segregation is not only spatial, but supposes encapsulated lives, with few permanent ties and several disposable ties along their trajectories.
Keywords: migration, housing, social capital.
Resumo: Interrogamo-nos sobre a lógica das trajetórias residenciais dos migrantes e o efeito destas na composição dos seus laços sociais. Apresentamos o caso de Lima, a cidade com maior número de migrantes venezuelanos no continente, onde coletamos um total de 37 entrevistas (27 com venezuelanos, 10 com peruanos para fins de comparação). Descobrimos que as trajetórias residenciais dos migrantes têm alta relação com os locais de trabalho. No entanto, como mudam constantemente de emprego, também mudam de local de residência. Essas mudanças residenciais, somadas às intensas rotinas de trabalho, fazem com que seus vínculos sociais sejam temporários, tendo que refazê-los a cada mudança residencial. Consequentemente, a segregação dos migrantes não é apenas espacial, mas também envolve vidas encapsuladas, com poucos laços permanentes e vários laços descartáveis ao longo de suas trajetórias.
Palavras-chave: migração, habitação, capital social.
Résumé: Nous nous interrogeons sur la logique des trajectoires résidentielles des migrants et l’effet de celles-ci sur la composition de leurs liens sociaux. Nous présentons le cas de Lima, la ville qui compte le plus grand nombre de migrants vénézuéliens sur le continent, où nous avons recueilli un total de 37 entretiens (27 avec des Vénézuéliens, 10 avec des Péruviens à des fins de comparaison). Nous avons constaté que les trajectoires résidentielles des migrants sont étroitement liées aux lieux d’emploi. Cependant, comme ils changent constamment d’emploi, ils changent également de lieu de résidence. Ces changements de résidence, ajoutés aux intenses routines de travail, font que leurs liens sociaux sont temporaires, devant les refaire à chaque changement de résidence. Par conséquent, la ségrégation des migrants n’est pas seulement spatiale, mais implique également des vies encapsulées, avec peu de liens permanents et plusieurs liens jetables le long de leurs trajectoires.
Mots clés: migration, logement, capital social.
Dossier central
Trayectorias segregadas, vidas en aislamiento: Migrantes venezolanos en Lima metropolitana[1]
Segregated Trajectories, Isolated Lives: Venezuelan Migrants in Metropolitan Lima
Trajetórias segregadas, vidas isoladas: imigrantes venezuelanos na área metropolitana de Lima
Trajectoires ségréguées, vies isolées: les immigrés vénézuéliens dans la métropole de Lima
Recepción: 13 Junio 2023
Aprobación: 19 Agosto 2023
La migración internacional (sur-sur) es uno de los fenómenos más importantes para las ciudades latinoamericanas en el presente siglo. Entre estas, es la migración venezolana la que se presenta como la más masiva y significativa de los últimos años. Lima es la ciudad que ha recibido el mayor número de inmigrantes venezolanos, con alrededor de un millón de personas (UNHCR-ACNUR, 2022). Las personas migrantes se incorporaron principalmente al sector informal de su economía, principalmente en servicios (54.82%), comercio (25.02%) y manufactura (13.04%)[2]. En Lima, donde prácticamente no existe vivienda de interés social o pública, las personas migrantes consiguieron alojamiento principalmente a través del mercado informal de alquiler (el 93.5% de estos alquilan vivienda), específicamente en zonas del centro de la ciudad, pero también en zonas periféricas ya consolidadas (más no las súper-periferias urbanas o zonas de reciente ocupación). El ingreso de esta población ha significado un crecimiento explosivo en el mercado de viviendas de alquiler, el cual hasta antes de la migración era un sector de menores dimensiones, incluso en comparación a los otros países de la región[3]. En un contexto donde existen pocas regulaciones sobre el mercado de alquiler, la migración impulsó el crecimiento de un parque viviendas o habitaciones construidas con materiales prefabricados en los pisos superiores o azoteas de viviendas en el centro de la ciudad y en distritos populares periféricos, muchas con conexiones empíricas de agua o electricidad, y con niveles altos de allegamiento y hacinamiento. Llama también la atención el alto nivel de circulación en la vivienda de la población inmigrante: la ENPOVE del 2022 señala que solo en los últimos 6 meses, el 22.6% de las personas migrantes habían cambiado de lugar de residencia. Considerando el tipo de empleos a los que accede esta población, el dato sugiere un problema serio de vulnerabilidad y de dificultad de mantenerse en la vivienda.
Nos enfocamos en las trayectorias residenciales de las personas migrantes en Lima Metropolitana. Más específicamente nos preguntamos por sus lógicas de ubicación en la ciudad y por el efecto de estas trayectorias residenciales en la composición de sus vínculos sociales. El entender su lógica de localización nos da pistas para comprender mejor el proceso por el cual acaban ubicándose en zonas segregadas de la ciudad. El entender sus vínculos nos permite, acercarnos a una dimensión más vivencial de la segregación y de la vulnerabilidad. Nuestra tesis es que las trayectorias migrantes no solo tienden hacia la segregación residencial o espacial, sino a un encapsulamiento o aislamiento social. La combinación de estos elementos es relevante pues significa una forma nueva y preocupante de vulnerabilidad.
El concepto de trayectoria residencial se refiere en términos gruesos a los cambios residenciales de las personas u hogares a lo largo del tiempo. Debe entenderse que en estas trayectorias residenciales se entrecruzan, por un lado las necesidades, preferencias, expectativas o estrategias de los actores que realizan estos cambios, y, por otro, las limitaciones estructurales que se expresan tanto a nivel individual (como en su posición en la estructura social o los recursos con los que cuentan) como a nivel metropolitano (como la estructura del parque de viviendas existente y disponible, el funcionamiento del mercado inmobiliario, o las políticas de acceso a la vivienda para grupos específicos) (Di Virgilio, 2011). Junto a otros factores de tipo estructural (como la economía-política de la ciudad o los procesos de reestructuración urbana), las trayectorias residenciales contribuyen a la generación de formas particulares de segregación residencial
Respecto al tema del cambio residencial, Simmons (1968) postula que, a pesar de la divergencia de motivos para cambiar de residencia, el factor más importante es el ciclo de vida. Estos cambios (formar un hogar, tener hijos, la salida de los hijos, el envejecimiento) alteran las preferencias y necesidades de los hogares, llevándolos a iniciar búsquedas y cambios de residencia. Este modelo ha sido criticado desde la investigación en América Latina. En primer lugar, Gilbert y Ward (1982) señalan que, para el caso de migrantes internos, la ubicación y el cambio residencial obedece más a constreñimientos de los mercados de suelo y de vivienda; si bien estos grupos preferirían vivir en zonas centrales, cerca de oportunidades de trabajo y en mejores condiciones de vivienda, sus opciones se restringen al mercado informal que se desarrolla en las periferias. Delaunay y Dureau (2004), por su parte, criticaron el énfasis de lo ‘temporal’ (la centralidad del ciclo de vida) en el análisis de Simmons, restando importancia a la dimensión ‘locacional’: los cambios en el tipo, posesión y ubicación de la vivienda. De modo similar, Cosacov y otros (2018) encuentran que los sectores medios y populares hacen cambios residenciales en ‘corredores distintos’ o ‘geografías diferenciadas’. De este modo, los sectores medios cambian de lugar de residencia muchas veces motivados por los cambios en el curso de vida (formar familia, tener hijos, o por envejecimiento), mientras que los sectores populares cambian de residencia más frecuentemente por distintas crisis (pérdida de empleo, problemas de salud, entre otros) o decisiones políticas (reubicaciones, desalojos, entre otros), lo cual les lleva a veces a reagruparse con la familia nuclear o extensa (Dureau y otros, 2015; Cosacov y otros, 2018). Si bien el estudio de las trayectorias residenciales en América Latina ha abarcado a distintos sectores sociales, el fenómeno de la migración internacional abre nuevas preguntas, tanto por las opciones de vivienda que se les abren o cierran, en comparación a los sectores populares nacionales, como por sus condiciones particulares de vulnerabilidad.
En las ciudades del norte, la antigua Escuela de Chicago proponía que los movimientos residenciales de distintos grupos migrantes mostraban trayectorias de asimilación. Sin embargo, la investigación posterior fue mostrando que, si bien había una tendencia hacia la asimilación espacial de algunos grupos, para otros existen también barreras raciales que los llevan a una trayectoria con tendencia hacia la segregación espacial (Massey, 1984). Asimismo, existen barreras institucionales (políticas de acogida o de rechazo a algunos grupos) que hacen que los distintos grupos migrantes tengan trayectorias de ‘asimilación segmentada’ (Portes y Zhou, 1993).
Al igual que en ciudades del norte, en Buenos Aires (ciudad con una historia larga de migración internacional) se encuentra que tanto el tiempo de permanencia en la ciudad, como las políticas de vivienda existentes en momentos determinados, marcan tasas diferenciadas de propiedad de la vivienda, así como distintos patrones de localización (Mera y Marcos, 2022). De este modo, mientras que los grupos migrantes más antiguos han logrado el acceso a vivienda, para grupos migrantes nuevos es más difícil y sus trayectorias residenciales parecen ser más proclives hacia la segmentación y segregación espacial. Precisamente para el periodo más reciente, las personas migrantes han tendido a ubicarse en lugares centrales, tanto por tener proximidad a las oportunidades de trabajo como por mantenerse cerca de redes de soporte (Marcos y Mera, 2018; Margarit y otros, 2020). Asimismo, el tipo de vivienda al que han accedido ha sido principalmente la de alquiler en el mercado informal, la cual suele ser de malas condiciones, hacinada, y con riesgo alto de abusos y desalojos. Por estas características, más que de un proceso de asimilación, algunos autores señalan un proceso de ‘ingreso segmentado’ (Marcos y Mera, 2018), a los que se agregan ‘procesos de racialización’ que estigmatizan y restringen las oportunidades de las personas migrantes en las sociedades de acogida (Bonhomme, 2021).
Si bien es sabido que existe un vínculo fuerte entre las trayectorias residenciales y los procesos de segregación espacial, un tema menos explorado es el de la relación de las mismas con la formación de redes o vínculos sociales. La importancia del capital social, bajo la forma de redes familiares, vecinales o amicales, es ampliamente reconocida en la literatura, sobre todo en el caso de los sectores populares, tanto para enfrentar problemas cotidianos como para resolver problemas de sobrevivencia (Lomnitz, 1975; González de la Rocha, 1994; Deckard y Auyero, 2022). De modo similar, los estudios sobre grupos migrantes señalan la importancia de los vínculos o el capital social, ya sea para facilitar el proceso de llegada a la sociedad receptora o para conseguir empleos o generar enclaves urbanos (Walldinger y Lichter, 2003). En línea con estos hallazgos, la literatura también señala que elementos explicativos importantes para las decisiones residenciales de personas migrantes son la búsqueda no solo de cercanía a lugares de empleo, sino también a las redes sociales de connacionales. Incluso, se encuentra que el allegamiento y hacinamiento son estrategias migrantes, tanto para compartir costos de alquiler como para mantener vínculos sociales (Marcos y Mera, 2018).
No existe mayor literatura sobre los vínculos de las personas móviles. Al respecto, los sociólogos de Chicago señalaban un vínculo entre movilidad residencial y la pérdida de vínculos y controles sociales. Siguiendo esta perspectiva ecológica, la literatura sobre ‘efectos-barrio’ propone que la mayor movilidad (menor nivel de inquilinato) disminuiría la posibilidad de formación o mantenimiento de vínculos sociales locales y, con ella, la eficacia colectiva del barrio (Sampson y Grooves, 1989). Sin embargo, Desmond (2012) con base en el estudio etnográfico de una población altamente móvil (gente sin casa), no encuentra una desaparición completa de los vínculos sociales, sino la relevancia de un tipo particular de vínculo, al que denomina ‘vínculo desechable’: aquellos que de modo similar a los vínculos fuertes son de alta intensidad y suponen intercambios y soportes importantes; pero a diferencia de estos, son circunstanciales o de corta duración. Precisamente, la información proporcionada de la ENPOVE sugiere que la población migrante venezolana en Lima tiene un nivel alto de movilidad residencial. En ese sentido, nos preguntamos por la lógica de las trayectorias residenciales y el peso del mantenimiento de los vínculos en las mismas, así como por la relación entre las trayectorias residenciales de personas migrantes y la composición de sus vínculos sociales.
Dada la novedad de la migración venezolana en Perú, no existen estudios sobre la dimensión urbana de la migración. Optamos así por un modelo de investigación exploratoria a través de entrevistas. Seguimos un modelo de muestreo teórico, es decir, elegimos a personas y formamos grupos a partir de algunas variables básicas de interés, que permitan comparaciones fundamentadas. Restricciones de financiamiento nos llevaron a hacer elecciones para alcanzar el ‘nivel de saturación’ con un número mediano de entrevistas. Los criterios de selección de personas entrevistadas fueron, primero, que se tratara de personas migrantes, hombres o mujeres, que hayan llegado solas (sin familia) a Lima. Hicimos esta elección pues es conocido que las primeras olas migratorias están compuestas por personas jóvenes o adultas-jóvenes solas, las cuales con el tiempo forman familia o traen a sus familias de sus países de origen. Al respecto, quisimos explorar si existían diferencias en la lógica y trayectoria residencial por género. Sin embargo, en esta búsqueda de personas solas, entrevistamos a cuatro mujeres solas con hijos, dos personas que recientemente habían traído a sus padres y dos personas que habían formado familia estando en Perú. Segundo, que alquilaran vivienda actualmente en cinco de los distritos de Lima con mayor presencia migrante, tanto en distritos centrales (Cercado de Lima, San Martín de Porres o Surquillo), como en periféricos (San Juan de Lurigancho, Villa María del Triunfo o Villa El Salvador) en sus manzanas de nivel socio-económico Bajo y Medio-Bajo [5]. Para la determinación de las zonas de interés utilizamos la información de los planos estratificados de Lima Metropolitana a nivel de manzanas, elaborados por el INEI (2020). Excluimos las manzanas de nivel socio-económico Muy Bajo pues estas se encuentran principalmente en las súper-periferias de Lima, lugares de ocupación muy reciente y precaria, donde no se ha detectado mayor desarrollo de la vivienda de alquiler ni presencia venezolana. Al respecto, quisimos explorar si las experiencias y problemas de la vivencia en la vivienda eran distintas en la zona central y en la zona periférica. Tercero, que las personas hayan llegado a Lima antes de la pandemia. Es decir, las personas entrevistadas llegaron a Lima en el período entre el 2018 e inicios del 2022. Vale recordar que la migración de personas venezolana se hizo masiva desde el 2018. Este periodo de tres años (2018 e inicios del 2022) permite cierta homogeneidad en el grupo a entrevistar, además que permitió observar el impacto de algunos eventos (como robos, desempleo, o la pandemia) en sus trayectorias. Finalmente, incluimos también, con fines de comparación, entrevistas a personas peruanas (hombres y mujeres) que alquilan vivienda en las mismas zonas en los mismos distritos, para asegurarnos así que sean personas lo más similares posible a las personas venezolanas seleccionadas. Intuimos también que la lógica residencial es distinta entre personas venezolanas y peruanas, así como los problemas y forma de resolver los mismos.
Bajo estos criterios, se recogió un total de 37 entrevistas, 27 de las cuales eran personas venezolanas y 10 peruanas. Para lograr mayor empatía y apertura de parte de las personas entrevistadas, las entrevistas a personas venezolanas fueron hechas por personas venezolanas, mientras que las entrevistas a personas peruanas fueron conducidas por personas peruanas[6].
El procedimiento para recoger información en las entrevistas fue el siguiente: Primero, se graficó, junto a las personas entrevistadas, una línea de tiempo y un mapa en donde se señalaron los lugares donde han residido desde su llegada a Lima hasta la actualidad. Segundo, Pedimos que nos explicaran los elementos que tomaron en cuenta para elegir un lugar nuevo y los motivos que las llevaron a dejar cada lugar de residencia. Tercero, Para cada lugar de residencia, indagamos sobre los factores o hitos importantes que afectaron su vida y por su forma de resolverlos. Cuarto, Para cuantificar el tamaño, los cambios y la composición en los vínculos sociales pedimos, para el momento de llegada a Lima[7] y para el momento actual (2022), que nos enumeraran de forma libre las personas con quienes formaban su hogar además de las personas a quienes pedirían un favor o ayuda[8]. Es posible que las personas entrevistadas, ante la pregunta señalada, omitan u olviden algunas personas en sus vínculos. Por ello, esta información se cotejó con la información sobre los momentos o hitos que afectaron su vida. En el caso de que apareciera alguna persona a la que se pidió ayuda o ayudó en estas circunstancias, se preguntó por su relación con ella y se incluyó en la lista de vínculos, salvo cuando esta persona no formaba un vínculo significativo sino completamente eventual (i.e., una persona que trabajaba en una tienda al lado, alguien que vendía algo en la zona, etc.). Con esta información se podría reconstruir la composición de sus vínculos en estos dos momentos, detectando qué personas permanecen (vínculo estable) en esta red de contactos desde la llegada a Lima, y quienes desaparecieron a lo largo de sus trayectorias (vínculo desechable).
Las trayectorias residenciales de las personas entrevistadas son muy diversas, incluyendo pocos o varios movimientos[8] o incluso periodos fuera de Lima. Sin embargo, lo que es común a ellas es que se mantienen en zonas segregadas de sectores populares, en viviendas en el mercado de alquiler informal, sea en el centro, en las periferias o alternando entre ambas.
A diferencia de las trayectorias residenciales de las personas peruanas entrevistadas, más concentradas en una zona de la ciudad y buscando cercanía a familiares, las decisiones residenciales de migrantes se hacen principalmente buscando lugares próximos a los empleos. Es decir, las personas migrantes suelen estar abiertas a buscar empleos por distintos lugares de la ciudad y, al encontrar alguno que promete ser relativamente estable, se mudan, en la medida de sus posibilidades, a un lugar cercano al mismo. En este sentido, existen personas que acaban teniendo trayectorias dispersas por toda la ciudad (12 de 27 personas) o dentro del área central de la ciudad (13 de 27 personas)[9].
Para ejemplificar estas trayectorias, presentamos el caso de Walter Otero[10] (ver Mapa 1), de 23 años, quien en Venezuela era estudiante de ingeniería. Su historia empieza en la zona de José Carlos Mariátegui (Momento 1 en el Mapa) donde lo recibió una prima que le ofreció el piso de un ambiente que alquilaba, para ayudarlo mientras se establecía en Lima. Luego de tener varios empleos eventuales, se mudó a un departamento, también en José Carlos Mariátegui, junto a unos amigos que conoció en la zona (Momento 2). Sin embargo, pronto tuvieron problemas con el pago de los servicios pues el costo aumentaba constantemente, así como problemas de convivencia por la distribución de tareas. A la par que estos problemas afloraban, Walter encontró un empleo en una tienda de zapatos en el centro de Lima. Al poco tiempo, Walter juntó sus ahorros y se mudó a un cuarto en una azotea para así estar más cerca de su nuevo empleo (Momento 3). Como sus ingresos eran bajos, de modo paralelo ejerció la venta ambulante de café, chocolate caliente y empanadas. Luego empezó a salir con una chica venezolana, y buscando un lugar mejor para poder salir con su pareja, se mudó al distrito de clase media de San Miguel (Momento 4). Claro está, el alquiler era más alto. Luego, en una de las galerías donde vendía café, conoció a un ingeniero quien lo contrató para supervisar instalaciones telefónicas en distintos lugares de Lima. Sin embargo, el ingeniero migró a España, con lo que Walter quedó sin empleo y volvió a la venta de café en la calle. Al poco tiempo empezó la pandemia, por lo que la venta callejera fue prohibida durante varios meses. Felizmente, su casero fue comprensivo, permitiéndole que se quede ahí hasta que pueda volver a generar ingresos.
Luego de dos meses de cuarentena estricta, Walter salió nuevamente a vender café. Sin embargo, sus ganancias no le permitían cubrir el alquiler, por lo que se vio forzado a mudarse a una casa donde alquilaban cuartos, en el distrito popular de Breña (Momento 5). Luego de algunos meses, Walter consiguió trabajo en la lavandería de una clínica al sureste de Lima. Sin embargo, esta vez la zona de la clínica y los distritos aledaños eran muy caros para pagar un alquiler, por lo que se mantuvo en Breña soportando el viaje largo y el tráfico de Lima. No obstante, lo que más le preocupaba de vivir en Breña era la criminalidad, por lo que tenía que caminar con cuidado. Luego de un tiempo, terminó su contrato en la clínica. Se mantuvo por un tiempo en Breña con sus ahorros y la venta de café, hasta que consiguió un empleo en la ciudad de Chiclayo (norte del Perú) a donde se mudó y tuvo varios empleos eventuales que no le permitieron establecerse (Momento 6). Luego de un tiempo, volvió a Lima, pero esta vez al distrito de San Martín de Porres (Momento 7), donde actualmente alquila una habitación a la par que trabaja en una tienda de venta de ropa en el centro de Lima y vende café y empanadas.
El caso de Walter es atípico en el sentido que tiene muchos más cambios de residencia que otras personas entrevistadas, pero señala con claridad cómo la vulnerabilidad de los empleos lleva a cambios residenciales y, en este caso, la apertura a buscarlos por varios lugares de Lima y luego mudarse cerca de ellos. Muestra también que, a pesar de los intentos de mudarse a lugares de sectores medios (San Miguel) y medios-altos (cerca de la clínica), la vulnerabilidad en el empleo o los ingresos bajos le empujan a permanecer en lugares de menores ingresos, teniendo que cuidarse de la criminalidad o soportar la distancia y el tráfico en sus recorridos diarios.
El caso de Walter muestra un nivel alto de movilidad, pero muestra también, y de modo sucesivo, cómo los problemas principales que tiene que enfrentar en su trayectoria son resueltos por él mismo o con la ayuda de vínculos circunstanciales o de personas que conoce en el camino pero que luego desaparecen. Así, por ejemplo, a su llegada, la persona que le da la mano es su prima, pero esta no vuelve a aparecer; comparte su primera vivienda de alquiler con amigos, quienes no vuelven a aparecer después de que tienen problemas. El problema de la búsqueda de empleo y de vivienda, por lo general es resuelto por su propia cuenta (caminando o por avisos) o con la ayuda de personas que conoce de forma circunstancial y que no vuelve a ver (un ingeniero que conoció); frente a la pérdida de empleo y la posibilidad de generar ingresos por la pandemia, resiste un tiempo con sus ahorros y con la ayuda de su casero y, luego, nuevamente, vuelve a depender de sí mismo. Pero, ¿por qué, a pesar de la importancia del capital social para enfrentar situaciones de vulnerabilidad, los vínculos estables tienen a ser pocos y a veces a desaparecer?
Al respecto, la comparación con personas peruanas nos ayuda a caracterizar mejor el aislamiento de las personas migrantes. El Cuadro 1 muestra que, si bien el tamaño de las redes de las personas venezolanas creció desde su llegada a Lima, siempre son redes más pequeñas que las redes de las personas peruanas (aproximadamente la mitad del tamaño) [12]. Asimismo, las redes de las personas peruanas son más locales (concentradas en el distrito) que las de las personas venezolanas (cuyas redes están distribuidas en el barrio, el distrito y la ciudad). Asimismo, las personas peruanas tenían familia nuclear y extensa establecida en las zonas donde vivían, entonces, al cambiar de residencia tendían a mantenerse en dichas áreas, precisamente para mantener el contacto con sus familiares y amistades. En efecto, ante distintos problemas, contaban más con la ayuda de sus redes sociales locales, fuera para conseguir empleo, para el cuidado de los niños o, incluso, para mudarse nuevamente con sus padres en situaciones de desempleo o para cuidarlos durante la pandemia. Las personas venezolanas no solo tienen redes pequeñas, sino que estas están más dispersas por la ciudad (en consecuencia, poco disponibles para ayudar a enfrentar problemas cotidianos) y son principalmente endogámicas (en consecuencia, con poco acceso a recursos u oportunidades que el contacto con personas peruanas les podría ofrecer). Asimismo, si bien las personas migrantes cuentan con pocos ‘vínculos estables’ durante sus trayectorias, los cambios de residencia influyen en que estos tengan un número alto de ‘vínculos desechables’. Precisamente, como vimos, las personas migrantes que entrevistamos no tienen mucho arraigo en sus lugares de residencia. Aun así, con cada cambio residencial y laboral les toca abandonar los vínculos armados y armar otros nuevos en el nuevo lugar de residencia o empleo.

Características de los vínculos de migrantes venezolanos y peruanos
Fuente: Elaboración propia.En los testimonios recogidos de los migrantes se señala de forma constante que las rutinas de trabajo son bastante intensas, pues suelen enviar remesas a sus familiares en Venezuela a la vez que buscan establecerse mejor en Lima para lograr traer a sus familiares cercanos (hijos, parejas, padres). Por ello, los migrantes suelen tener un segundo empleo o aceptar empleos adicionales eventuales. Las rutinas de trabajo intensas y la necesidad de ahorrar les lleva a concentrarse en sus propios proyectos, por lo que el esparcimiento y la socialización ocupan un lugar reducido en sus vidas. Por ejemplo, Willy Cruzado explica cómo su ritmo de trabajo no le permitía hacer amistad con otros migrantes en el edificio donde llegó:
No… es muy complicado. No se hace amistad, hasta quién sabe hasta cuándo… porque las actividades de trabajo no te lo permiten. No hay amistad. La gente todo el tiempo está trabajando. Los intereses son producir porque la situación en Venezuela obliga que produzca para enviar dinero. Entonces la interacción en principio fue nula. (Willy Cruzado. Migrante venezolano)
En segundo lugar, la mudanza del lugar de acogida, muchas veces en lugares lejanos al lugar de llegada, también contribuye a alejar a la persona migrante de los conocidos o familiares que encontró en primer lugar. Más aún, cuando la distancia espacial y la rutina de trabajo se combinan, el contacto o encuentro con dicha persona u otros familiares en Lima, se vuelve excepcional. Por ejemplo, Laura Manrique, quien llegó inicialmente a casa de su prima en un distrito céntrico (Barranco) y vive actualmente más al sur de Lima (San Juan de Miraflores), comenta:
Todo es muy lejos y si nos liberamos los domingos… o sea es mentira. La gente quiere descansar, tiene que hacer sus cosas y no da chance para compartir con la familia. Compartimos en Navidad un solo año, el año que yo llegué, y de ahí la he visto una vez después. (Laura Manrique. Migrante venezolana) Y sobre su relación actual con su prima luego de su mudanza: No, ya no, ya las cosas cambiaron. Cada quien tiene su vida y … no es lo mismo cuando uno llega que tú estás en nada. Ya cada quien tiene su vida hecha, ya todo está… trabajamos. Yo creo que, no sé, no sería capaz de decirle [a su prima] que me prestara, que necesito, porque a veces la misma familia no te ayuda. […]. Bueno, no me quejo, porque ella [prima] me ayudó a llegar aquí. Ella me aportó parte del dinero para llegar aquí, sin cobro, sin decirme “me lo tienes que pagar”. Duré quince días en su casa y siempre estaré agradecida con ella por eso, pero en esos momentos… Claro, sí me ayudo bastante, no me quejo. Pero yo ahorita, yo creo que ya no. (Laura Manrique. Migrante venezolana)
De este modo, rutina intensa de trabajo y alejamiento espacial de familiares se refuerzan mutuamente para encapsular a la persona migrante en su propia trayectoria. Las personas migrantes tampoco arman muchos vínculos en sus zonas de residencia. Nuevamente sus jornadas de trabajo influyen en restringir la socialización a un nivel mínimo. Sin embargo, otros motivos por los que las personas migrantes socializan poco en sus barrios son la discriminación de que son objeto, la cual recorta la predisposición de los vecinos a socializar con ellos, así como los mismos migrantes que prefieren actuar a la defensiva; la criminalidad en sus barrios, ante la cual las personas migrantes se sienten con menos recursos para enfrentarla que otros vecinos, por lo que limitan su uso de los espacios públicos, y sus mismas trayectorias, las cuales hacen que su paso por la vivienda sea temporal, con lo que los vínculos que logran armar durante su estadía en el barrio se vuelven a diluir con cada nueva mudanza.
El que las personas venezolanas tengan trayectorias más dispersas y con vínculos de menor tamaño que sus pares peruanos les genera desventajas y mayores problemas. Aunque estos efectos ocurran en distintas esferas, para esta investigación nos concentramos en las consecuencias en el mercado de vivienda. Por ejemplo, las personas peruanas alquilaron vivienda con mucha más frecuencia que las personas venezolanas a través de referencias directas de sus familiares o amigos en los mismos barrios. Estas referencias les permitieron mejores tratos en sus acuerdos de alquiler, como alquilar sin la necesidad de pagar un depósito o garantía y obtener fácilmente los arreglos de desperfectos en las conexiones eléctricas o de agua o la reparación de paredes o techos. Las personas venezolanas, en cambio, llegaron a estas viviendas con mucha más frecuencia a través de carteles que encontraron en los mercados o en la calle. Siempre tuvieron que pagar depósitos o garantías. Asimismo, las personas venezolanas reportaron con mucha frecuencia el sufrir abusos en el cobro de los servicios (electricidad, agua), llegando a ser incluso uno de los motivos principales por los cuales acababan abandonando la vivienda y buscando otra. Es decir, las personas venezolanas, al alquilar vivienda lo hacen en un contexto de mayor incertidumbre, con mayores costos y posibilidades de sufrir arbitrariedades.
Finalmente, es importante agregar que, entre las personas entrevistadas, encontramos el caso de cuatro mujeres solas con hijos, dos personas que habían traído recientemente a sus padres de Venezuela, y dos personas que habían formado familia recientemente. Si bien son pocos casos, estos sugieren, al menos como hipótesis, que el ciclo familiar tiene un impacto en las decisiones residenciales. Una situación es el caso de las mujeres solas con hijos, para quienes sus opciones de trabajo se limitaban a aquellos que les permitían llevar a sus hijos (ventas en local o ambulatoria) o que se encontraban cerca del lugar de residencia para poder volver a casa ante alguna eventualidad. En estos casos, la presencia del niño significaba menos opciones de vivienda, mayores costos en el alquiler y mayor rotación residencial por problemas con los vecinos o los caseros. Se trata de este modo de trayectorias que tienden afirmar un círculo vicioso de vulnerabilidad y marginalización. Otra situación es la de hogares que crecieron: quienes contaron con adultos mayores tendieron a considerar las necesidades de estas personas (como habitar pisos menos altos para evitar las escaleras o contar con áreas caminables en los alrededores de la vivienda). Asimismo, las personas que formaron familia y tuvieron hijos empezaron también a buscar espacios más amplios y seguros. Sus niños todavía no estaban en edad escolar, por lo que cercanía al colegio no era una prioridad. En ambas situaciones, el cambio residencial supuso desplazamientos hacia las periferias, donde los espacios son más amplios y los alquileres más baratos, aunque ello significó desplazamientos más largos a los lugares de trabajo. Más entrevistas a personas con familia son empero necesarias para comprender el impacto del ciclo familiar en las trayectorias migrantes.
Contar con redes sociales amplias y diversas ofrece muchas ventajas, por lo que son un recurso fundamental para los sectores populares y grupos migrantes. Sin embargo, encontramos de modo repetido que las redes sociales de las personas migrantes venezolanas no son solo pequeñas, sino con contactos volátiles. Si bien pueden existir distintas explicaciones para ello, como los altos niveles de confianza interpersonal y criminalidad en barrios populares (Auyero, 2002; Roberts, 2011), o el costo alto de mantener estas relaciones debido a las obligaciones que estas suponen (González de la Rocha, 2020), encontramos que la alta movilidad residencial (junto a las rutinas intensas de trabajo) contribuye sustancialmente a tener redes sociales pequeñas y a que estas sean poco estables.
La preferencia por vivir cerca (o al menos en lugares conectados) a los lugares de empleo, lleva a las personas migrantes a residir en el mercado de vivienda informal en zonas consolidadas de la ciudad, esto es, en lugares segregados junto a los sectores populares locales. Si bien estas ubicaciones podrían facilitar el contacto e integración con estos sectores, no encontramos mayores señales de integración entre peruanos y venezolanos (redes exogámicas). Más aún, las trayectorias residenciales de personas venezolanas muestran no solo una tendencia hacia la segregación residencial, sino además hacia el aislamiento social. Encontramos que las rutinas de trabajo y los movimientos residenciales de las personas migrantes contribuyen de forma palpable a dificultar el establecimiento y mantenimiento de relaciones sociales. Como vimos, este alto aislamiento social tiene consecuencias para este grupo dentro del mercado de vivienda, pues supone desventajas y costos mayores en el mismo. Es probable que este aislamiento o falta de vínculos genere también vulnerabilidad en otras esferas. Precisamente, vimos que las personas migrantes tienden a resolver sus problemas solos, con la ayuda de sus pocos vínculos estables, con la ayuda de sus vínculos desechables o con la ayuda de personas con quienes tienen relaciones circunstanciales. Esta situación supone una forma particular y preocupante de vulnerabilidad social.

Características de los vínculos de migrantes venezolanos y peruanos
Fuente: Elaboración propia.