Resumen: Este artículo tiene como finalidad señalar la propuesta educativa de Martha Nussbaum en torno a la formación del ciudadano al interior de una sociedad liberal. Para lo cual se tienen como referentes sus obras: El cultivo de la humanidad y Sin fines de lucro. Pare ello se hará inicialmente una breve alusión al significado de educación humanista en otros autores, ello, tendiente a enmarcar las tres (3) habilidades que para Nussbaum corresponde desarrollar en una educación humanista y liberal: el examen de uno mismo; el ciudadano del mundo y el cultivo de la imaginación narrativa, sobre las cuales se presentarán algunos elementos que podrán ubicar al lector en el pensamiento de la filósofa norteamericana como propuesta paralela de lo que ella denomina como una «educación para la renta». Finalmente, se presentarán unas breves reflexiones en torno a su propuesta que contribuyan a repensar la formación de ciudadanos comprometidos activamente en la construcción de una sociedad liberal.
Palabras clave: Martha Nussbaum, educación humanista, examen de uno mismo, ciudadano del mundo, cultivo de la imaginación narrativa.
Abstract: The purpose of this article is to point out Martha Nussbaum's educational proposal regarding the formation of citizens within a liberal society. For which his works are taken as references: The Cultivation of Humanity and Non-Profit. To do this, initially a brief allusion will be made to the meaning of "humanistic education" in other authors, this tending to frame the three (3) skills that for Nussbaum correspond to developing in a humanistic and liberal education: self-examination; the citizen of the world and the cultivation of the narrative imagination, on which some elements will be presented that can place the reader in the thought of the North American philosopher as a parallel proposal of what she calls an "education for income." Finally, some brief reflections will be presented on his proposal that contribute to rethinking the training of citizens actively committed to the construction of a liberal society.
Keywords: Martha Nussbaum, humanistic education, self-examination, world citizen, cultivation of narrative imagination.
Artículos
La propuesta de Martha Nussbaum: una educación humanista para la formación del ciudadano en el marco de una sociedad liberal
Martha Nussbaum's proposal: A Humanist Education for the Formation of Citizens Within the Framework of a Liberal Society
Received: 24 September 2023
Accepted: 11 November 2023
Las sociedades actuales, particularmente las occidentales, han enfocado sus esfuerzos en una educación que se centra fundamentalmente en los conocimientos técnicos y científicos, con un grado de especialización nunca antes visto, tendiente a la inserción de los individuos en el «mercado laboral», que comienza casi siempre desde los primeros espacios de formación de los más pequeños; niños que se ven inmersos en enseñanzas hacia la innovación permanente, lo recién descubierto y el uso intensificado de las tecnologías (Savater, 2015), que la gran de las veces apuntan a una futura aplicación para el trabajo.
Partiendo de lo anterior, cabría preguntarse: ¿qué papel juega hoy el cultivo de las humanidades -distantes de algunas de las necesidades del «mercado laboral»- en la formación de los futuros ciudadanos que hacen y harán parte de las diferentes comunidades globales? Para empezar a dar respuesta a estas cuestiones, lo primero que habría que poner de presente es el paulatino, y en muchos casos, imperceptible declive de la educación humanista, entendida como la formación integral de un individuo que no solamente comprende su preparación para desempeñar una determinada labor en busca de utilidades intrínsecas a los intereses del mercado.
Ahora bien, el calificativo de humanista encuentra su origen durante el Renacimiento y se le denominó así "para distinguirse de los estudios teológicos o los comentarios de las escrituras. Las humanidades, (...), se concentraban sobre textos cuyo origen era declaradamente humano (incluso aún más: pagano) y no supuestamente divino" (Savater, 2015, p. 120), lo cual significó que los contenidos de este tipo de conocimientos no tenían su origen en una revelación, sino que provenían del desarrollo del individuo.
No obstante, para Fernando Savater (2015), si bien los antiguos griegos y romanos creían en sus dioses, los cuales en cierta medida, pensaban estos, sí podrían incidir en la vida de los humanos, por tanto, en lo que podrían o no conocer, deja claro que el origen de sus conocimientos eran decididamente humanos y en consecuencia se hacían refutables y falibles soportados en componentes humanos tales como la razón o las pasiones. De allí, que el punto de partida de las humanidades se configura como una formación de origen humano que atiende a las diferentes capacidades del individuo.
Para Passmore (1983) tal conocimiento hace que el individuo se respete a sí mismo y al otro, así como a los poderes de su propia mente, que amplíe la capacidad de pensar acerca de la condición humana, de la relación muchas veces conflictiva entre los hombres, con quienes comparte la misma capacidad de pensar; en esa medida el reconocimiento de sí, le permite al individuo analizar el mundo en el que vive y las condiciones en las cuales se encuentra. Tales capacidades comprenden, entre otras cosas, la posibilidad de los seres humanos de preguntarse y preguntar, de escucharse y de escuchar, a fin de de aprender a discutir, a refutar y a justificar lo que se piensa, rasgos distintivos del espíritu crítico propio de la educación humanista.
Por su parte, Rorty (1993) en su famosa conferencia Derechos Humanos, racionalidad y sentimentalismo, cuestiona qué es el hombre y qué lo diferencia de los demás animales, dado que, para muy buena parte de los individuos, lo que nos hace hombres y nos diferencia es el razonamiento que nos permite saber y conocer. Pese a ello, el norteamericano invita a cambiar esta concepción: "(...) nosotros podemos saber mientras que aquellos meramente sienten. En cambio, deberíamos decir: «Podemos sentir mucho más los unos por los otros que ellos»" (p. 11). Esta formulación comporta entonces entender otra capacidad del humano: la del sentir, sentir amor por sí mismo y por el otro; sentir compasión y confianza, elementos que son constitutivos del ser humano, los cuales deben ser apreciados por parte de los individuos, pero en especial por las instituciones sociales y educativas en los procesos de formación y enseñanza para así fomentar una educación que no solamente se preocupe de lo que hoy resulta útil y provechoso.
En este sentido de educación se enmarca la propuesta de Martha Nussbaum, quien busca reflexionar en favor de una educación que apunte a una convivencia responsable entre los individuos, pese a la presencia de diferentes proyectos de vida y concepciones del bien que convergen al interior de las sociedades, en particular, de las sociedades liberales.
Nussbaum es enfática en poner de presente la importancia de una humanidad compartida y para ello apunta al término Kosmou polités que, en su criterio, parece ser de origen cínico, en tanto Diógenes al ser preguntado por su lugar de procedencia contestó: «soy kosmopolités», indicando que sus afiliaciones locales eran menos trascendentes que su pertenencia a lo que hoy se denomina como: una comunidad global (Gil, 2014).
Para la filósofa, la afirmación de Diógenes es una definición de sí mismo en términos de aspiraciones y preocupaciones universales en los que aspectos relacionados con el origen nacional, cultural y social, el sexo y las preferencias sexuales, o la raza, no serían relevantes si lo que se busca es un respeto común en razón a la humanidad (Nussbaum, 1997), un respeto que para Gil (2014b) resulta muy exigente con los seres humanos dado que reclama:
una benevolencia generalizada y un alto grado de formación y compromiso moral por parte de los ciudadanos, ya que requiere de ellos ser atentos a las necesidades de los demás (...) y hacer los mayores esfuerzos por que la dignidad humana sea respetada (p. 380).
De esta suerte es como, la filósofa de Chicago orienta parte de sus reflexiones en torno a una educación que busque un individuo que se convierta en un ciudadano democrático, orientado en una visión política de justicia social desde una perspectiva liberal que respete la libertad, la igual dignidad de los seres humanos y sus propósitos, que responda a las necesidades de vida de los individuos y que busque generar a partir de la compasión y el amor -como emociones morales a incentivar-, una cohesión social en torno a marcos de justicia más incluyentes, un desafío interesante para tratar de superar las injusticias aún pendientes de resolver por parte de los modelos tradicionales de justicia, cultivando comportamientos sociales humanizantes de cooperación entre los ciudadanos, que dicho sea de paso, se complejizan, por las diferentes valoraciones de eventos y situaciones que escapan, la gran de las veces, al control directo de los individuos.
Es así, como los individuos desde sus emociones pueden contribuir a hacer realidad nuevas oportunidades de vida, producto de una educación cívica como educación moral, en el que el ciudadano virtuoso sea capaz de sentir interés por los demás, sea consciente de la fragilidad de sí mismo y de su entorno, que requiere de la ayuda de los otros, incluyendo en sus preocupaciones cotidianas las condiciones de vida y el florecimiento humano del otro para alcanzar una verdadera estabilidad política que avive el deseo de estar justos más allá de compartir algunos aspectos o integrar una comunidad particular.
Para ello, se requiere enfocar los esfuerzos educativos hasta ahora centrados mayoritariamente en la producción, el conocimiento técnico y científico, por modelos que tengan como piedra angular a las humanidades, tal como lo propone la filósofa en sus textos El cultivo de la humanidad y Sin Fines de lucro, a fin de lograr una humanidad compartida, respetuosa de la dignidad para el buen vivir y que se extienda más allá de las fronteras territoriales, los lazos familiares y las afinidades más cercanas.
Nussbaum (2010), inspirada en Tagore, Dewey, Winicott y Ellison, propone una educación para el «desarrollo humano» que considera es "indispensable para la democracia y para el cultivo del civismo de orientación mundial" (p. 12), y que resulta complementario al «viejo modelo», centrado en la idea de una educación aplicada para el crecimiento económico, y en el que argumenta, que este último no conlleva necesariamente a mejorar el buen vivir de los individuos.
Este «viejo modelo», dice Nussbaum (2010), no permite el desarrollo del alma, un alma que es crucial para la democracia y que es entendida como la facultad del pensamiento y la imaginación que nos hace humanos y sobre los que se fundan las relaciones para crear vínculos distintos a la manipulación y la utilización
Cuando nos encontramos en una sociedad, si no hemos aprendido a concebir nuestra persona y la de los otros de ese modo, imaginando mutuamente las facultades internas del pensamiento y la emoción, la democracia estará destinada al fracaso, pues ésta se basa en el respeto y el interés por el otro, que a su vez se funda en la capacidad de ver a los demás como seres humanos, no como meros objetos (p. 25).
De allí que proponga, a las humanidades, la literatura y las artes como herramientas fundamentales en su apuesta educativa, tanto en los primeros procesos de formación de los niños como en los sistemas de educación superior, y en la que indica, se extiende a la cultura, las normas sociales y las instituciones políticas, sin que lo anterior signifique un desmedro de las ciencias exactas, las ciencias sociales, como la economía y las finanzas. Su invitación apunta a fortalecer el espíritu de las humanidades en busca de un pensamiento crítico, que desafíe la imaginación, así como el fortalecimiento de emociones como la compasión, que anime la empatía y la cooperación entre individuos con diferentes experiencias, condiciones y estilos de vida.
el interés nacional de las democracias modernas requiere de una economía sólida y de un sector empresarial próspero (...) ese interés económico también se nutre de las artes y las humanidades para fomentar un clima de creatividad innovadora y de administración responsable y cuidadosa de recursos. Así, no nos vemos obligados a elegir entre una forma de educación que promueve la rentabilidad y una forma de educación que promueve el civismo (...) la solidez económica no es un fin en sí mismo, sino el medio para conseguir un fin más humano (Nussbaum, 2010, p. 30).
Por consiguiente, la filósofa norteamericana, invita a reflexionar sobre qué se considera progreso y desarrollo y qué es una nación democrática. Para ello, pone de presente algunos ejemplos de naciones modernas prósperas económicamente, pero que no tuvieron, ni tienen un fuerte compromiso con una cultura democrática, tal es el caso de Sudáfrica que durante el apartheid se ubicó en los primeros puestos de desarrollo o de la República Popular China (Nussbaum, 2010), la segunda economía más grande del mundo, en la que se restringen las libertades políticas de sus habitantes y en la que su modelo educativo rinde culto a sus viejos y nuevos líderes, así como a su régimen de partido único, lo cual desincentiva el pensamiento crítico, «habilidad» central para Nussbaum como se verá más adelante.
Estos dos países ejemplifican que la educación no es un proceso de asimilación pasiva de contenidos culturales y tradiciones, sino que esta debe apuntar a proponer desafíos para el intelecto, que forme ciudadanos activos e incluyentes, partícipes de un mundo global, en el que la libertad de pensamiento no resulte peligrosa.
A este propósito es que apunta el paradigma del «desarrollo humano» en el que lo que "importa son las oportunidades o "capacidades" que posee cada persona (...) las que abarcan desde la vida, la salud, y la integridad física hasta la libertad política, la participación y la educación" (Nussbaum, 2010, p. 47).
Para ello, Nussbaum (2010) enuncia un listado de aptitudes que se deben fomentar:
- La aptitud para reflexionar sobre las cuestiones políticas que afectan a la nación, analizarlas, examinarlas, argumentarlas, y debatirlas sin diferencia alguna ante la autoridad o la tradición.
- La aptitud para reconocer a los otros ciudadanos como personas con los mismos derechos que uno, aunque sean de distinta raza, religión, género u otra orientación sexual, y de contemplarlos con respeto, como fines en sí mismos y no como medios para obtener beneficios propios mediante su manipulación.
- La aptitud para interesarse por la vida de los otros, de entender las consecuencias que cada política implica para las oportunidades y las experiencias de los demás ciudadanos y de las personas que viven en otras naciones.
- La aptitud para imaginar una variedad de cuestiones complejas que afectan la trama de una vida humana en su desarrollo y de reflexionar sobre la infancia, la adolescencia, las relaciones familiares, la enfermedad, la muerte y muchos otros temas, fundándose en el conocimiento de todo un abanico de historias concebidas como más de un simple conjunto de datos.
- La aptitud para emitir un juicio crítico sobre los dirigentes políticos, pero con una idea realista y fundada de las posibilidades concretas que éstos tienen a su alcance.
- La aptitud para pensar en el bien común de la nación como un todo, no como un grupo reducido a los propios vínculos locales.
- La aptitud para concebir a la propia nación como parte de un orden mundial complejo en el que distintos tipos de cuestiones requieren de una deliberación transnacional inteligente para su solución (p. 48 y 49).
Este catálogo de aptitudes tiene la intención de funcionar como un llamado a la acción que mantenga viva la democracia desde una educación humanista que no solo se encuentra amenazada «desde afuera», por la presión de los gobiernos y empresas centrados en el incremento de la utilidad y la renta, sino también «desde adentro», por la posición adoptada por algunos centros educativos y algunos profesores.
Anota como ejemplo Nussbaum (2010) que algunas universidades en los Estados Unidos de América, grupos numerosos de profesores, no promueven la participación crítica de los alumnos, practicando exámenes que apuntan a una suerte de regurgitación de los conocimientos impartidos, enfocados en fines inmediatos que sirven a modelos y a estructuras laborales útiles y rentables económicamente en el que las artes y las humanidades no salen bien libradas cediendo espacios a perspectivas y necesidades que giran en torno al trabajo y el acceso a este.
Ahora bien, tales prácticas no se dan solo en la sociedad en que ella habitualmente habita. Apunta que como respuesta a estas prácticas en la India -institutos tecnológicos orientados en la renta-, han llevado a algunos profesores a proponer la necesidad de incorporar cursos de artes y humanidades a fin de contrarrestar el crecimiento de los conflictos entre las castas y las diferentes religiones que convergen en este país; cursos que han permitido ampliar la «mirada interior», como lo diría Ellison, llevando a los alumnos a conocer varios tipos de personas que residen al interior y fuera de sus fronteras y cómo estos solucionan y afrontan las diferentes facetas de la vida (Nussbaum, 2010).
Por el lado de las estructuras culturales, en especial la familia, lo que observa no resulta muy alentador, dado que las familias en muchos casos son las que subvierten los avances que se logran en ese sentido por los centros de educación o por parte de las instituciones políticas, cuando no son estas las que desincentivan la educación en humanidades, en su afán de una formación técnica que ubique a sus familiares en puestos de trabajo que sean rentables y que retribuyan la inversión de recursos, tiempo, dinero y esfuerzos como objetivo principal de la educación (Nussbaum, 2010).
Pero a pesar de este panorama, insiste en una formación de buenos ciudadanos en un mundo caracterizado por la diversidad
en la importancia fundamental de las artes y las humanidades (…) para formar un mundo en el que valga la pena vivir, con personas capaces de ver a los otros seres humanos como entidades en sí mismas, merecedoras de respeto y empatía, que tienen sus propios pensamientos y sentimientos, y también con naciones capaces de superar el miedo y la desconfianza en pro de un debate signado por la razón y la compasión (Nussbaum, 2010, p. 189).
Llegados a este punto, la propuesta de Nussbaum de una educación para el «desarrollo humano» significa que no se debe adoptar un modelo únicamente centrado en la renta, sino que este debe ser paralelo a una educación que incentive el cultivo de las humanidades. Es por ello, que propone «tres (3) habilidades» para que el ciudadano se relacione bien con el mundo y cuya meta es crear una comunidad de buenos ciudadanos que desarrollen su pensamiento, que busquen y se interesen por asuntos y personas más allá de sus entornos cercanos, que puedan maravillarse y sientan curiosidad al imaginar las diferencias cualitativas de las diversas formas de vida, capacidades que en su criterio son primordiales en una educación liberal.
La norteamericana crítica algunas concepciones teorías clásicas liberales inspiradas en la idea de un contrato social, en lo que refiere a la omisión de una educación afectiva, cognitiva y comportamental de los individuos
"La solución de nuestros tres problemas no resueltos pasa necesariamente porque las personas hagan gala de una solidaridad y una benevolencia muy grandes y mantengan esos sentimientos a lo largo del tiempo (...) las instituciones no se crean si las personas no las quieren y pueden cesar de existir si ya no le interesan a la gente" (Nussbaum, 2018, p. 402)1 Esto para poner de presente la necesidad de una educación que lleve a los individuos a interesarse por el otro, las injusticias, las privaciones y la exclusión, que integre las humanidades para el florecimiento humano, con el diseño y el desarrollo institucional.
Estas consideraciones apuntan a presentar las reflexiones, para efectos de lo que acá se pretende, en torno a los sistemas educativos, así como a enunciar las aportaciones más relevantes de autores que han sido referentes en su propuesta educativa 2; así como el fruto de sus experiencias; de las clases impartidas alrededor del mundo; de sus conversaciones; y de la comparación de lo vivido con lo leído y contrastado en textos sobre educación con el fin de "no hacer propuestas tan abstractas que resulten inútiles" (Nussbaum, 2017, p. 11).
La filósofa acude a la comedia Las Nubes de Aristófanes, en la que un joven, ávido de nuevos aprendizajes, se encamina hacia la Academia del Pensamiento dirigida por un personaje extraño y de mala reputación: Sócrates. Allí ponen en escena ante él un debate en que se contrastan los méritos de la educación tradicional con los de la nueva disciplina del diálogo socrático (Nussbaum, 2017, p. 19).
Ello para significar hoy un cambio en la educación liberal, en la que se profundice y apunte a pensar de manera crítica sobre el origen de las instituciones sociales, de las normas morales, y se despierte un pensamiento reflexivo en los ciudadanos, quienes pese a sus diferencias estén llamados a tomar decisiones y actuar con conocimientos, que comprendan a grupos raciales, étnicos, religiosos y minorías desde el punto de vista de su identidad sexual, así como a quienes se encuentran en polos sociales opuestos en razón a sus ingresos económicos; extendiendo los vínculos a todos los individuos en un mundo complejo e interconectado en el que la gran de las veces resulta difícil amar a alguien a quien no se conoce o es distinto de nosotros (Nussbaum, 2017).
De aquí, es que Nussbaum (2017) llega a formular la pregunta: ¿cómo debe ser un buen ciudadano de hoy y qué debe saber?; sugiriendo, como una posible respuesta, la necesidad de contar con una formación de un individuo que se interese por el mundo, con una «educación liberal» que define como "una educación superior que cultiva el ser humano en su totalidad para ejercer funciones de ciudadanía y de la vida en general" (p.28). Dejando presente que la educación liberal no es solamente, o está subordinada, a conocimientos técnicos o especializados, como muchos han pretendido hacer creer, sino que busca un cultivo integral del individuo, pero sobre todo que apunta por un ciudadano universal.
Para ello, se debe educar un ciudadano con estas tres (3) habilidades: i. que tenga la capacidad de examinarse a sí mismo; ii. que sea un ciudadano del mundo; y iii. que sea capaz de imaginar. Su impronta deviene del concepto de la vida en examen de Sócrates; las ideas de Aristóteles en torno a una ciudadanía reflexiva; de los estoicos griegos y romanos en lo que refiere a una educación liberal3; y a la noción de un individuo educado como ciudadano del mundo por la influencia formativa de Hume y Smith, así como de Kant y Thomas Paine (Nussbaum, 2010, 201 7).
Si os dijera que el mayor bien para un hombre resulta ser el hecho de pasar todo el día razonando acerca de la virtud y de los otros argumentos de los que me habéis oído hablar cuando me examino yo mismo y examino a los demás; y si os dijera que una vida sin examen no es digna de ser vivida por un hombre, creeréis aún menos lo que digo. Sin embargo, es así, como os lo digo, aunque no es fácil persuadiros de ello. PLATÓN, Apología a Sócrates (Nussbaum, 2017, p. 35).
Con esta cita comienza Nussbaum a desarrollar en El Cultivo de la Humanidad la primera habilidad que propone para una educación liberal. Para ella, el cuestionamiento no es solo útil, es un componente indispensable de una vida con sentido para cualquier persona y cualquier ciudadano.
A diferencia de la «Educación Antigua» en la que se inculcaba una asimilación cultural de los valores tradicionales entre los jóvenes ciudadanos y en la que se desalentaba su cuestionamiento, Sócrates invitaba a cuestionar y a reflexionar los valores, las tradiciones y las enseñanzas de la época4 (Nussbaum, 2017).
Para la filósofa de Chicago, particularmente en algunas sociedades y centros educativos occidentales y occidentalizados, nuevamente se está defendiendo una noción de educación que promueve la asimilación cultural de las tradiciones en contraposición de la educación socrática que busca enseñar a los estudiantes y ciudadanos a que piensen por sí mismos, que encuentren su propio sentido; que activen la independencia mental, y que produzcan argumentos bien esgrimidos, coherentes, con rigor y firmeza, aguijoneando como un tábano persistente, que lleve a reconocer puntos de vista contradictorios al propio (Mendívil, 2013).
Dice que el cuestionamiento filosófico, en un sentido socrático, es inherente a las personas, proporciona "un control activo o comprensión de las preguntas, la capacidad de hacer distinciones, un estilo de interacción que no descansa en la sola aserción" (Nussbaum, 2017, p. 38), saca a las personas de la pasividad, y las lleva a pensar críticamente sobre los diferentes puntos de vista éticos, políticos y religiosos para producir ciudadanos con la capacidad socrática de razonar sobre sus creencias y las de los otros, habilidad que robustece la democracia, "una democracia deliberativa situada en un entorno cosmopolita, tal como el que los filósofos estoicos comenzaron a pensar" (Mendivil, 2013, p. 89), y que se relaciona con la segunda habilidad que propone Nussbaum como se verá en el acápite posterior.
Nussbaum (2017) pone el ejemplo del voto:
No es bueno para la democracia que la gente vote basándose en los sentimientos que han absorbido de los medios de comunicación y que nunca han cuestionado. Esta falta de pensamiento crítico produce una democracia en la que la gente habla entre sí pero nunca mantiene un diálogo genuino (...) Para desenmascarar el prejuicio y para asegurar la justicia, necesitamos la argumentación, una herramienta de la libertad cívica (p. 40).
De allí, que argumente que la educación democrática y liberal «es y debe ser» socrática, cuya labor se dedique a activar en cada persona una mente independiente y una comunidad que pueda razonar sobre los diferentes problemas que sobrevienen en las diversas comunidades políticas. En ese sentido, "la contribución característica de Sócrates fue hacer que el rigor y la firmeza del argumento filosófico tuviera efecto en los asuntos de interés público" (Nussbaum, 2017, p.41), que pregunte si existen otras maneras de hacer las cosas, que asuma posiciones desde otros puntos de vista y formas de vida, para luego de un examen detenido, se pueda llegar a ser dueños de sí mismo, superar la pereza de pensamiento y la tendencia a ir por la vida sin pensar sobre otras posibilidades y razones.
Sumado a lo anterior, alude que la moralidad requiere reconocer la existencia de conflictos y la necesidad de respuestas razonables, pensadas mucho más allá de reglas y principios, preguntándose si
¿puede ser adecuada esta moralidad a las complejas contingencias de la vida? ¿O deberíamos cultivar, junto con el respeto por los principios, facultades morales de discreción o de discernimiento que puedan ayudarnos cuando nos topemos con un caso que no parezca debidamente cubierto por la norma? (Nussbaum, 2017, p. 45).
Para ello, así como para el progreso democrático, se requiere claridad, conceptos y argumentos que pasen primero por un examen reposado, y que luego hagan parte de la deliberación política y se sitúen por encima de esa pugna de intereses personales en búsqueda del verdadero bien común, sobre todo, en ayudar a desarrollar las capacidades de autonomía democrática (Nussbaum, 2017).
Otro aspecto que particularmente reviste de interés, teniendo en cuenta las actuales condiciones políticas en muchos países de América Latina en el primer lustro de la segunda década del siglo XXI, y que ha amenazado y amenaza las democracias liberales, es el hecho que Nussbaum anotara que en el libro primero de la República de Platón
Un grupo de oligarcas conocidos como los Treinta Tiranos, dirigidos por miembros de la propia familia de Platón, tomará el poder en Atenas. Usando consignas que apelaban al concepto de justicia ( «debemos limpiar la ciudad de la injusticia» ), comenzarán a enriquecerse como sea, levantando cargos políticos, en contra de ciudadanos acaudalados con el fin de apoderarse de sus propiedades. Platón se propone hacer que el lector recuerde un famoso discurso del orador Lisias -un personaje silencioso en la República, hermano del destacado Polemarco- en el que describe el brutal asesinato de su hermano y su propia salvación por un pelo. Fue tan grande la avaricia de los nuevos gobernantes antidemocráticos, exclama, que arrastraron hasta el atrio a la esposa de Polemarco y la arrancaron de un tirón los pendientes de oro. Y todo el tiempo adujeron que su motivo era la justicia (Nussbaum, 2017, pp. 43-44).
Esto para indicar que muchas veces en los discursos cargados de argumentos en favor de lo que se podría considerar de nobles y valiosas intenciones -justicia social; distribución de la riqueza; la solidaridad; o la seguridad-, "los modernos oponentes izquierdistas de Sócrates se parecen a Lisias (...) Nos instan a ver toda esta discusión sobre argumentos y razones como una máscara para las silenciosas operaciones del poder" (Nussbaum, 2017, p. 44), en esa medida el ejercicio socrático resulta también fundamental para ilustrarse frente a los discursos en los que subyacen juegos de poder. Es así que toma sentido «la vida examinada» como el objetivo educacional crucial para la democracia.
En esa medida, dice Nussbaum (2017) la exitosa y estable realización de una democracia depende del trabajo arduo para producir ciudadanos que de verdad revisen la tradición a la manera socrática, que reconozcan y respeten los poderes de deliberación que todos los ciudadanos comparten.
Pese a lo anterior, la filósofa señala que, si bien Sócrates plantea la imperiosa necesidad de una vida en examen, este no dejó indicaciones de cómo materializar este abstracto ideal y fueron los estoicos romanos quienes empezaron a sentar los primeros aportes en este sentido: "la tarea central de la educación, argumentan los estoicos siguiendo a Sócrates, es enfrentar la pasividad del alumno, exigiendo que la mente se haga cargo de sus propios pensamientos" (Nussbaum, 2017, p. 50).
Según los estoicos, la argumentación y el examen crítico conducen al poder intelectual y a la libertad, también a una modificación de las motivaciones y los deseos: "Los estoicos observan que el poder de sentimientos como la rabia, el temor y la envidia frecuentemente tornan irracional la vida pública. Dichos sentimientos, sin embargo, no son simples impulsos biológicos: tienen una estrecha relación con el pensamiento" (Nussbaum, 2017, p. 51).
Dice a su vez que, observaban los estoicos que "las ideas que subyacen en emociones como el miedo y la ira dependen de los hábitos y convencionalismos del entorno social" (Nussbaum, 2017, p. 51), lo cual podría extenderse a las demás emociones que fluctúan en el ser humano como resultado de la interacción consigo mismo, con la familia, los amigos, los grupos de trabajo, y también, con las comunidades más extensas. De allí la importancia que para los estoicos tenía el examen crítico a fin de crear ciudadanos responsables, mejores en sus pensamientos y sus emociones.
Otro asunto que desarrolla Nussbaum (2017), apoyada en planteamientos estoicos, son los «enunciados» acerca de la educación socrática y que podrían servir como derroteros en los procesos aplicados para la formación de ciudadanos libres:
i. «La educación socrática es para todos los seres humanos»: "La educación (...) puede generalizarse porque es el desarrollo de los poderes de razonamiento práctico (...) su generalización no amenaza, sino que promete fortalecer la comunidad política democrática" (p. 54); ii. «La educación debe adaptarse a las circunstancias y al contexto del alumno»: "Debe preocuparse de la situación real del alumno, del estado de sus conocimientos y creencias, de los obstáculos para que ese alumno alcance la instrospección y la libertad intelectual" (pp. 54-55); iii. «La educación socrática debe ser pluralista, es decir, atenta a una diversidad de normas y tradiciones»: "No hay una manera más eficaz de despertar a los alumnos que enfrentarlos a modos diferentes de hacer las cosas en un área donde ellos creían que sus propios procedimientos eran neutrales, necesarios y naturales" (p. 55), esto implica explorar el mundo, las diferentes concepciones de vida buena, así como las diversas ideas de justicia que convergen y se estimulan en las sociedades liberales en las que los individuos pueden adherir aquello que consideren razonable; iv. «La educación socrática requiere garantizar que los libros no se transformen en autoridades»: "los libros, aunque valiosos como recordatorios de la argumentación, puede ser dañinos si se usan como autoridades" (p. 57), es decir, si se usan como objetos de veneración y respeto irrestricto, sin cuestionarlos o contrastarlos5 pueden ocasionar una idea de mera internalización de sus contenidos, como en la «Educación Antigua» de la que justamente busca rebelarse.
No se habrán concebido ciudadanos verdaderamente libres en el sentido socrático, a menos que se fomenten personas capaces de razonar por sí mismas y argumentar correctamente (Nussbaum, 2017); siendo este para la filósofa una de las contribuciones centrales que Sócrates consideró estar haciendo para la democracia, una discusión que trastoque los valores tradicionales, examine los discursos, los puntos de vista y las acciones, los juegos de fuerza, entre otros.
A pesar de ello, y los esfuerzos constantes para alcanzar tal ideal, en Sin fines de lucro manifiesta, que en la actualidad este ideal socrático se encuentra con dificultades derivadas de una sociedad mayoritariamente preocupada por la renta, que desde la educación formal, se impacienta por la asimilación de contenidos y datos derivados inicialmente de la falta de examen crítico, lo cual genera y puede agravar una ausencia de claridad en el debate público respecto a los objetivos a lograr por una comunidad.
Otro problema que observa la autora de Chicago (2010), es que la falta de autoexamen genera individuos demasiado influenciables: "Cuando se pierden de vista los argumentos, las personas se dejan llevar con facilidad por la fama o el prestigio del orador, o por el consenso de la cultura de pares" (p. 79); sumado a esto, identifica que las personas que no reflexionan, muchas veces, se tratan de manera irrespetuosa, no tienen en cuenta que todas las personas son iguales frente a los argumentos (Nussbaum, 2010).
Finalmente, para ella, el pensamiento socrático debería determinar el funcionamiento de una gran variedad de instituciones políticas y sociales que descansen sobre los ideales de los individuos, ideales que pasen antes por un examen riguroso, de manera que se formen ciudadanos activos y creativos, que aporten a los debates y fortalezcan las instituciones con y en las que desarrollan sus diferentes proyectos de vida, que se sometan a la validez y pertinencia del examen crítico, pues una educación democrática debe inspirar en cada estudiante, pero sobre todo en cada individuo, una mente independiente e inquisitiva (Arjona, 2013).
Varias situaciones son las que describe Nussbaum en El Cultivo de la Humanidad para anotar aquello que Diógenes, y luego los estoicos, siguieron para desarrollar la idea de «Kosmopolités». Para estos últimos
cada uno de nosotros habita en dos comunidades: la comunidad local de nuestro nacimiento y la comunidad del razonamiento y las aspiraciones humanas, que «es en verdad grande y en verdad común». Es en esta última comunidad, fundamentalmente, donde se encuentra la fuente de nuestras obligaciones morales y sociales. (Nussbaum, 2017, p. 78).
Para ilustrar de manera práctica lo anterior, pone de presente una nota de prensa en la que una mesera en Ilinois -Estados Unidos de América- manifiesta que ya no se puede reducir su trabajo solo a su país, ahora todo se trata del mundo entero. Por ello, es necesario educar a los individuos para desempeñarse como ciudadanos del mundo, sensibles y comprensivos, con «capacidad imaginativa» que permita enfrentar las vidas, las actitudes, las diferencias culturales de individuos dentro de una misma nación y por su puesto de otras naciones; prudentes a la hora de juzgar los diferentes modos de vida (Nussbaum, 2017); "los problemas económicos, ambientales, religiosos y políticos que debemos resolver tienen alcance mundial. No cabe esperanza alguna de resolverlos si las personas que se encuentran distantes no se unen para cooperar como jamás lo han hecho" (Nusbbaum, 2010, p. 114).
Nussbaum (2010) pone como ejemplos para este trabajo, asuntos como el calentamiento global; la protección del medio ambiente y las demás especies animales no humanas; la energía nuclear en todos sus alcances; los flujos migratorios; la elaboración de normas laborales que dignifiquen el trabajo; la esclavitud -latente aún-; la trata de personas y el comercio internacional, por mencionar algunos que, como ella misma dice «podrían resultar infinitos».
Ahora, podría pensarse que tales esfuerzos son propios de las sociedades contemporáneas, con sus complejidades particulares, pero desde la antigüedad muchas culturas alrededor del mundo ya realizaban reflexiones alusivas a esto. En la Antigua Grecia, por ejemplo, el historiador Heródoto comprendía que al investigar sobre los intercambios culturales salía a la luz que, algo que se concibía como natural y normal, era muchas veces algo provinciano producto de la costumbre, indicando que los debates que girarán en torno a valores morales y políticos se abordaran de forma más detenida para determinar si existían por la naturaleza de las cosas, physis, o por la costumbre, nomos (Nussbaum, 2017). En esa medida, "nuestras normas son humanas e históricas en lugar de inalterables y eternas, de ello no se sigue que la búsqueda de una justificación racional de las normas morales sea vana" (Nusbaum, 2017, pp. 79-80).
De aquí que, esta segunda «habilidad» se relacione con la primera, en tanto que, se busca que los individuos indaguen de manera crítica sus convicciones y observen que la vida se desarrolla con diferentes posibilidades, que presenta una diversidad de formas de abordar las cosas, así como la importancia que se atribuye a determinados valores al interior de una cultura pueden llegar a ser relativos si se comparan de manera global.
Platón, en República, al diseñar su ciudad ideal, se vio influenciado por las observaciones y reflexiones sobre las costumbres de otras culturas; Aristóteles, en Política, antes de exponer sus ideas respecto a la mejor forma de gobierno, examinó críticamente diferentes ejemplos históricos de cómo desarrollaban las diferentes polis el devenir político y bajo cuáles instituciones, aunadas a las diversas propuestas teóricas que las respaldaban.
De allí, que Nussbaum (2017) haga la invitación
a considerarnos ciudadanos del mundo que es también a que nos transformemos, hasta cierto punto, en exiliados filosóficos de nuestras formas de vida, considerándolas desde el punto de vista del forastero y formulándonos el tipo de preguntas que un forastero probablemente haría sobre sus significados y funciones (p. 84).
Para ella, según Diógenes, es este distanciamiento es el que hace filósofos, exhortando a entender las innumerables formas en que los individuos pueden organizar sus vidas, en «la que la única comunidad verdadera es la que abarca el mundo entero» (Nussbaum, 2017).
Sin embargo, los griegos no fueron los únicos en abordar así el tema. En Roma -heredera de gran parte del legado heleno-, Séneca entendía que el sitio de nacimiento era solo eso, un lugar en el que por accidente cualquier individuo pudo haber nacido, y que, por tanto
no deberíamos permitir que diferencias de nacionalidad, clase, o de pertenencia a un grupo étnico, o incluso de género, se constituyan en barreras entre nosotros y nuestros semejantes. Deberíamos reconocer la humanidad -y sus ingredientes fundamentales: razón y capacidad moral- dondequiera que aparezca, y comprometer nuestra lealtad en primer lugar con esa comunidad de humanidad (Nussbaum, 2017, p. 86).
Por su parte, Cicerón argumentaba sobre el deber de relacionarse con humanidad, en particular, con los extranjeros en nuestra tierra, siendo honorables, respetuosos y hospitalarios, evitando al máximo involucrarse en guerras que se basen en el odio entre grupos, colocando siempre la justicia por encima de la conveniencia política, y así entender que se forma parte de una comunidad más grande, una comunidad universal (Nussbaum, 2017).
Para Marco Aurelio la política era saboteada por las lealtades al partido, la búsqueda incansable del honor y el reconocimiento o la fama, así como por la ira, uno de los problemas más profundos de todos los tiempos. La ira, dice el Emperador, a veces se individualiza y otras veces se dirige a grupos; sin embargo, dicha ira se puede aplacar, incluso eliminar, por medio de la empatía, según su ideal de «Kosmou politiés», en la que si se ve al «adversario» no como extraño, sino como individuos con quienes se comparten ciertos fines (Nussbaum, 2017).
Lo anterior significa que la educación «Kosmou politiés» -resignificación de la idea «Kosmopolités»6-, para Nussbaum también está fuertemente relacionada con la indagación socrática, en donde las diferencias culturales son esenciales para promover el respeto hacia el otro en busca un adecuado entendimiento al reconocer las diferencias sin verlas como amenazas.
De esta suerte es como, una educación liberal hoy implica desde tempranas edades el conocimiento de las comunidades, las tradiciones históricas, culturales, sociales y un poco de sus antecedentes constitucionales, para que los estudiantes e individuos que en el futuro se desempeñarán como legisladores, jueces, administradores, consultores, profesores, y en general, pero antes que todo, ciudadanos, sirvan no solo a sus intereses particulares, sino a los de sus diferentes comunidades desde diversos sectores con aspiraciones y derechos en común.
Otro aspecto que resalta en Tagore es que este en su obra La religión del hombre, hace un extensivo análisis global y afirma que las naciones se encuentran frente a frente y que únicamente podrán afrontar los problemas y evitar la debacle si se aprenden a entender y a forjar el futuro conjunto de la humanidad mediante la cooperación (Nussbaum, 2010).
Aunado a otro elemento que resalta la estadounidense, y que aún no termina de recibir la importancia que requiere por algunos sectores sociales dadas las condiciones actuales de interconexión de todo tipo, es la enseñanza de lenguas extranjeras. Los individuos deberían poner más esfuerzos en aprender varias lenguas, en la que se precisa que si bien ciertas naciones y zonas de la tierra llevan una ventaja dado sus esfuerzos en este sentido, tal es el caso de Europa, parte de Norteamérica y algunos países asiáticos y africanos, otras zonas han descuidado este elemento fundamental (Nussbaum, 2010); por ejemplo, en América Latina donde los nacionalismos culturales en aras de exaltar y reivindicar algunas identidades, jalonados casi siempre por otro tipo de intereses políticos electorales, acaban entorpeciendo la integración con el mundo a través del idioma, al que ven como otro culpable de una cantidad de circunstancias, que si se examinan de forma reposada, terminarían arrojando otro tipo de conclusiones y que podrían propiciar espacios para dar a conocer y visibilizar las injusticias de las que son víctimas cientos de personas, llevando "nuevas" identidades más allá de las fronteras locales permitiendo que el mundo conozca la riqueza cultural que hay en ellas.
De aquí la importancia que las personas conciban a su propia nación como "parte de un mundo complejo e interconectado en relaciones políticas, económicas y culturales con otros pueblos y países" (Nussbaum, 2010, p. 127), que se sirvan de una educación democrática, pluralista y de carácter intercultural, para formar ciudadanos del mundo capaces de evaluar argumentos, datos y pruebas históricas, con pensamiento crítico y perspectiva humanista que les permita ver e imaginar otros mundos posibles. Esto no significa disolver algunos valores tradicionales, tampoco renunciar a las particularidades e inclinaciones nacionales, étnicas, religiosas; este cosmopolitismo no es entonces una doctrina política, ni pretende la homogeneización, lo que busca es el respeto y el reconocimiento de diferentes culturas (Arjona, 2013).
Nussbaum inicia el capítulo tercero de su texto El cultivo de la humanidad, diciendo que los ciudadanos del mundo necesitan estar informados. Sin embargo, esta información, por ejemplo, sobre las distintas formas de vida aparte de la propia, no resulta suficiente para formar ciudadanía. Acude a Heráclito para indicar que el conocimiento que deviene de esta información per se no es comprensión: «Aprender muchas cosas no da lugar al entendimiento», decía el de Éfeso.
El pueblo necesita de las novelas y del teatro, de las pinturas y los poemas «porque será llamado a votar», decía el constitucionalista estadounidense Alexander Meiklejohn, esto para manifestar la importancia vital de las artes en la vida política de los ciudadanos, no siendo esta la única razón de su importancia pero sí una razón significativa. "Las artes cultivan las capacidades de juicio y sensibilidad que pueden y deben expresarse en las opciones de los ciudadanos" (Nussbaum, 2017, p. 118), y que incidirán en la vida política.
Es en este sentido que Nussbaum (2017), atribuye una importancia cardinal a las artes, particularmente a la «literatura realista y social» con su capacidad de "representar las circunstancias y problemas específicos de las personas" (p. 118), y podría decirse también de sus oportunidades, tal como Aristóteles hace siglos lo propuso en Poética.
El estagirita escribió sobre la posibilidad de comprender el mundo, en particular el griego, a partir de la imitación -«mimesis»- de las costumbres y las acciones plasmadas en las creaciones literarias; que luego de un proceso de contemplación y reflexión por parte de quienes las presenciaban, se llegaba a un conocimiento generalizado: "y una causa de este hecho es el hecho de aprender no solo para los filósofos, sino también para el resto de las personas por igual" (Poé, 1448b). Esta «mímesis» implicaba primero para los espectadores la auscultación, entre otras cosas, de sus emociones, que iban surgiendo del argumento durante el desarrollo de la puesta en escena de la creación literaria, suscitando "compasión, temor, ira y otras semejantes" (Poé, 1456b), lo cual permitía introyectar las acciones que allí acontecían para reconocer7 y entender una pluralidad de posibilidades, de valores y prácticas de vida, tal como puede decirse hoy permite, entre otras, la literatura, un recurso que es "especialmente valioso para la vida política" (Nussbaum, 2017, p. 118), que como en su tiempo fue para las polis y sus habitantes quienes se familiarizaban, con las cosas valoradas como buenas o malas que en la vida humana podrían llegar a suceder, derivadas de esa experiencia estética de altísimas repercusiones cívicas y políticas.
De allí, que Nussbaum (2017) note la importancia de las artes en todas sus manifestaciones, especialmente, la de contar historias y lo que esto puede significar para el desarrollo de la imaginación en la formación de los ciudadanos:
El arte de la narrativa tiene el poder de hacernos ver las vidas de quienes son diferentes a nosotros con un interés mayor al de un turista casual, con un compromiso y entendimiento receptivos y con ira ante la forma en que nuestra sociedad rehúsa a algunos la visibilidad (p. 121).
Dice que los niños comienzan a adquirir «capacidades morales» desde el momento en que estos o sus padres les comienzan a contar historias, "el niño aficionado a contar cuentos pronto aprende que a menudo las personas de las historias son más fáciles de conocer que las personas de la vida real" (Nussbaum, 2017, p. 123), de esta manera aprende a trasladar sus diversas experiencias de la imaginación a la vida real y lo prepara poco a poco para la interacción social, más allá de sí mismo y de sus primeros círculos; a medida que los niños comienzan a dominar en la imaginación aspectos más complejos son capaces de empezar a sentir emociones más complejas, como la compasión (Nussbaum, 2017), que son fundamentales para la vida pública; esto implica entonces la capacidad moral de imaginar, de preguntarse, de ver las diferentes vidas y de empezar a comprender vulnerabilidades y circunstancias8. Por consiguiente, la importancia de unas buenas bases para que la imaginación se asiente desde tempranas edades, se familiariza y se explora con estas historias sobre las diferencias y las semejanzas que más adelante tendrán un peso moral para la vida y permitirán una mejor interacción con los diferentes entornos por parte del niño y futuro ciudadano.
Ahora bien, esta capacidad de sentir interés por los demás, dice la filósofa norteamericana apoyada en Rousseau, tiene algunos requisitos previos: i."un niño que sabe hacer cosas por sus propios medios no necesita esclavizar a los demás, y a medida que va creciendo se va liberando de la dependencia" (p. 133); ii. si el niño reconoce que el control absoluto no es posible, ni beneficioso y que, por lo tanto, somos seres frágiles y dependientes, entenderá que se requiere de apoyo y cooperación entre individuos, lo que supone "la capacidad de concebir el mundo como un lugar en el que uno no está solo, un lugar en el que hay otras personas con sus propias vidas y necesidades, y con el derecho de intentar satisfacerlas" (p. 133).
De otro lado, Winnicott habla de la importancia del juego en el desarrollo infantil, reflexiones de las que se vale Nussbaum (2010) para afirmar:
A medida que la confianza en sí mismo y en los demás va creciendo mediante el juego interpersonal con los padres o con otros niños, se baja el umbral de control y el niño logra experimentar la propia vulnerabilidad y la sorpresa de maneras que podrían resultar angustiosas fuera del espacio del juego, pero que allí resultan gozosas (...) Mientras el juego va avanzando el niño va desarrollando también la capacidad de asombro e imaginación (...) La presencia del otro, que a veces puede verse como una gran amenaza, mediante el juego se transforma en una fuente de placer y curiosidad, lo que a su vez contribuye con el desarrollo de actitudes sanas en la amistad, en el amor y, más adelante, en la vida política (p. 136).
Por estas razones, es que el juego es importante para la formación de un ciudadano democrático. El juego enseña a ser capaces de vivir con el otro, a conectar experiencias y a alimentar la capacidad de empatía y cooperación mediada por la imaginación.
Es así como, la «imaginación narrativa», es decir, "la capacidad de pensar cómo sería estar en el lugar de otra persona, de interpretar con inteligencia el relato de esa persona y de entender los sentimientos, los deseos y las expectativas que podría tener esa persona" (Nussbaum, 2010, p. 132), se afianza desde los primeros años del niño.
Otro elemento que destaca la pensadora de Chicago es el rol que desempeña la literatura en la formación de ciudadanos. Para algunos pensadores democráticos, la literatura se transforma en un vehículo de construcción de ciudadanía9. Walt Whitman vio al artista literario como "un valioso e irremplazable educador de ciudadanos democráticos" (Nussbaum, 2017, p. 130).
Nussbaum (2017), dice que Whitman observó en el poeta la capacidad para «ver la eternidad» que es especialmente importante "cuando tratamos con grupos cuya humanidad no siempre ha sido respetada en nuestra sociedad: mujeres y minorías raciales, homosexuales, pobres y desamparados" (p. 130), este tipo de capacidad fomenta el respeto por los demás, sus derechos y sus libertades, nos recuerda que el prójimo en un sujeto «agente»10 y complejo, y no un objeto o medio pasivo de beneficios y satisfacciones (Nussbaum, 2017).
Otra función de la literatura es desafiar la sabiduría y los valores convencionales, aspecto que guarda relación con la primera «habilidad» que propone Nussbaum, en tanto que, las obras permiten enfrentarse a quienes muchas veces no se quiere conocer o a quienes habitualmente cuesta trabajo llegar (Nussbaum, 2017), para poder así cuestionar las ideas que sobre estos se tienen, llegar a comprender sus puntos de vista y tratar de encontrar puntos de comunión, que en todo caso de no lograrse, traería ya de por sí el beneficio de acercarse a los otros a través de una historia, de experimentar ciertas emociones, y de formular preguntas críticas sobre esas experiencias.
Por ejemplo, Wayne Booth, propone una metáfora en torno a la interacción de un lector con una obra literaria; durante el tiempo que una persona lee es como si se tuviera una conversación con un amigo, con un otro; de este diálogo pueden surgir preguntas: "¿qué efecto tiene sobre mi mente esta amistad? Este nuevo amigo, ¿qué me pide que observe, desee o en qué quiere que me interese? ¿de qué manera me invita a ver a mi prójimo?" (Nussbaum, 2017, p. 135). A este proceso, Booth lo llama «co-coducción» para enfatizar su naturaleza comunitaria y comparativa, que será fundamental para la vida cívica.
Esta aproximación a la lectura con un enfoque cívico y evaluativo es moral y política. Plantea interrogantes sobre el modo en que la interacción entre el lector y el texto construye una amistad o comunidad, y nos invita a analizar los textos mediante evaluaciones morales y sociales de los tipos de comunidades que ellos crean. La versión de este enfoque que hace Wayne Booth, como la que aquí se defiende - y como la de Lionel Trilling de la generación anterior- es liberal y democrática, nutrida por la convicción de que todos los ciudadanos son dignos de respeto (Nussbaum, 2017, p. 136).
Se puede ver entonces la importancia que Nussbaum da a la literatura para la construcción de ciudadanos deliberantes, que a través de la imaginación reflexionen, que reconozcan y se comprendan a sí mismos, sus ideas y convicciones individuales, pero especialmente las de los otros a partir de la «aventura de leer», tal como Trilling escribió en La imaginación liberal en el que argumenta que "la novela como género está completamente comprometida con el liberalismo por su misma forma, por la manera en que muestra respeto por la individualidad y la intimidad de cada mente humana" (Nussbaum, 2017, p. 140), aprendiendo a interactuar con puntos de vista opuestos, en el que el ciudadano del mundo entienda las diferencias con las que se debe convivir.
En este sentido, una de las contribuciones de la literatura es como un medio de expansión de afinidades que la vida real no puede cultivar de modo suficiente. La promesa política de la literatura es que nos puede transportar, mientras seguimos siendo nosotros mismos, a la vida de otro, revelando las similitudes, pero también las profundas diferencias entre él y yo, y haciéndolas comprensibles o, al menos, acercándose a ellos (Nussbaum, 2017, p. 147).
En Sin fines de lucro presenta el rol protagónico que las artes y las humanidades deben tener en las instituciones, acude de nuevo a Tagore para decir que las artes estimulan
el cultivo del propio mundo interior, pero también la sensibilidad ante los otros, dos rasgos que por lo general se desarrollan en tándem, ya que difícilmente se puede apreciar en el otro lo que no hemos explorado en nuestro propio interior (Nussbaum, 2010, p. 141).
Nussbaum dice que la formación artística y literaria puede cultivar la comprensión mediante la comparación de diferentes obras literarias, teatrales, musicales, plásticas y coreográficas y en las que la escuela y la universidad son el escenario ideal.
Por otro lado, aunque por esa misma línea de argumentación, Aguirre y Villamizar (2016), presentan al cómic como narración escrita, que no se diferencia en lo esencial del texto literario, en tanto que estos sustituyen
"descripciones que en lo literario quedarían a la imaginación y discreción del lector, por imágenes gráficas particulares que se muestran bajo el prisma del dibujante o artista. Esto se hace a partir de la capacidad de narrar diversos tipos de historias, con diversos niveles de profundidad" (p. 165).
De los que surgen interrogantes tales como, "¿qué es lo bueno?, ¿qué constituye una buena vida? ¿qué es una buena forma de gobierno? ¿qué es una buena sociedad? (...)" (Aguirre y Villamizar, 2016, p. 168)11, y a las que se podría agregar preguntas como ¿quién es un buen ciudadano? ¿qué implica el ejercicio ciudadano para una democracia?, preguntas que se articulan con verdaderas preocupaciones filosóficas y que pueden ofrecer a los individuos espacios de reflexión y en consecuencia elementos para la elección y la acción moral.
Finalmente, Nussbaum comprometida también con el crecimiento económico liberal, a pasar de sus reparos, resalta lo importante que es la imaginación en la cultura empresarial:
Los principales educadores dedicados a las ciencias empresariales entienden que la capacidad de imaginación constituye un pilar de la cultura empresarial. Para la innovación hace falta contar con una mente flexible, abierta y creativa, capacidades que pueden inculcarse mediante la literatura y las artes (...) Así, incluso si nuestro único interés fuera el crecimiento económico nacional, también deberíamos proteger la educación artística y humanística (Nussbaum, 2010, p. 152).
Con lo dicho hasta acá, se ha señalado en rasgos generales la propuesta de Martha Nussbaum en torno a la educación para la formación del ciudadano en el marco de una sociedad liberal cuyo ethos se centra en el individuo, pero un individuo consciente de su vulnerabilidad y la de los otros, de la complejidad de la vida y sus contextos, que como diría Mendívil (2013) se enmarca dentro de "una concepción humanista más bien que individualista, en el sentido de la educación del hombre de acuerdo con la verdadera forma humana, con su auténtico ser, que se conforma comunitariamente" (p. 88), en el que un examen de las convicciones, la relación con los diferentes entornos y la imaginación, son elementos que servirán para facilitar la convivencia en sociedades complejas e interdependientes, y en las que convergen diferentes concepciones del bien: las flamantes sociedades liberales.
La propuesta teórica de Martha Nussbaum, apuesta por un modelo de educación para el «desarrollo humano» que considera es indispensable para la vida democrática a escala global, paralela a los «viejos modelos» educativos que tienen como derrotero formar individuos centrados en el hacer cosas útiles y rentables económicamente, con un sobredimensionamiento del conocimiento especializado enfocado fundamentalmente en el crecimiento económico. Sin embargo, su propuesta no significa dar al traste con la educación que promueve la rentabilidad, pues es consciente que la solidez económica puede llegar a ser un medio para alcanzar un fin más humano: la formación de un ciudadano que mantenga viva la democracia, que recupere, gane y afiance la dignidad y la libertad, que se interese y preocupe de sí mismo y del otro, y que permita alcanzar índices de desarrollo que no solo se reduzcan al aspecto económico.
No obstante, toda propuesta deja espacios para la reflexión en aras de pensar y repensar argumentos que puedan mejorar y refinar las formulaciones teóricas, así como contribuir en su implementación, en particular, cuando estas propuestas se desarrollan en ámbitos de la ética y la moralidad.
Una de las primeras cuestiones que pueden suscitar las formulaciones de Nussbaum apunta hacia la concepción que se puede tener del individuo-ciudadano, es decir, ¿a qué tipo de individuo es el que apunta? Una de las facetas que dimensiona es la de un individuo que se integre y se reconozca como un ciudadano universal, tal como sugiere en su segunda «habilidad», pero cabría preguntarse ¿qué pasaría con las particularidades de sus identidades locales? ¿No podrían ser desdibujadas por efectos de fenómenos como la globalización o el impacto de Social media? Puesto que si bien, estos fenómenos generan espacios para el acercamiento a otras culturas o formas de vida, lo que se observa es que estos terminan por homogeneizar comportamientos, hábitos y prácticas culturales. Ahora, estos interrogantes no son caprichosos, surgen de planteamientos como los de Bauman (2016) en tanto que, los ciudadanos terminan convirtiéndose en individuos con roles sociales pasivos, que son «desvestidos» de todos los atributos sociales de los que alguna vez gozaron; se les «desnuda» para que asuman un nuevo rol integrándose a una comunidad global o una nueva nación, pero que en últimas resultan en un estado de vacío sociopolítico al ser arrojados a adoptar nuevos patrones de vida producto de esta integración por vía de una aparente propuesta cosmopolita que ha sido desnaturaliza de los planteamientos de «Kosmopolités» y «Kosmou politiés» que sirven a Nussbaum como fundamento de una de las «habilidades» a incentivar en una educación liberal.
Ahora bien, situados un poco más en el ambiente cultural latinoamericano, dado que las reflexiones de Nusbaum se instalan en espacios sociales y universitarios norteamericanos, donde las realidades son bastante opuestas, cabría preguntarse ¿Cómo afrontar su propuesta de educación en escenarios donde el acceso a la educación formal resultan un bien muy costoso, y de allí que para muchos resulte nulo?, ¿o de qué manera desarrollar estas «habilidades» en poblaciones con condiciones especiales, tal es el caso de personas en situación de discapacidad; de personas excluidas desde un punto de vista social, racial o de género? Ni que hablar de niñas y niños que no tienen la posibilidad de contar con entornos familiares que les permitan generar espacios abiertos a la crítica, a un conocimiento cultural que incluso trascienda las barreras de sus barrios, por no hablar de la imposibilidad de extender su imaginación o de permitirse ambientes para el juego, puesto que sus contextos se caracterizan por estar rodeados de escenarios de violencia, exclusión y privación de derechos mucho más básicos; de entrada ¿estas circunstancias no dificultarían sus procesos de formación de ciudadanía en los términos que la norteamericana propone?, ¿o solo tienen la posibilidad a formarse como ciudadanos quienes tienen garantizado el acceso a la educación formal? Estas preguntas resultan interesantes para ser repensadas en aras de que su propuesta resulte efectiva más allá de las sociedades privilegiadas en tanto que sus fines resultan ser loables.
Algunos podrán decir que tales interrogantes desbordan el ámbito filosófico, pero no sobra decir que en la reflexión filosófica las raíces extrafilosóficas juegan un papel fundamental; finalmente los problemas que desarrolla la filosofía -en especial la filosofía moral, la filosofía política y la filosofía de la educación-, giran en torno a problemas que se deben afrontar desde razonamientos contextuales en aras de pensar el presente y sus posibilidades de cambio (Cárdenas y Restrepo, 2011) pues son aspectos relacionados con categorías éticas y morales sobre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto; tales cuestionamientos podrían ser abordados como "débiles señales luminosas que nos permiten salir de la oscuridad" (Cárdenas y Restrepo, 2011, p. 102).
Empero, la propuesta de Nussbaum resulta de una valía inconmensurable, incluso en contextos latinoamericanos. Una forma que se podría pensar para formar ciudadanos comprometidos al interior de una sociedad liberal, es que no solo desde la educación formal sino desde las diferentes estructuras de la sociedad civil y del Estado se incentiven las siete «aptitudes» propuestas por Nussbaum, un poco más factibles desde el punto de vista práctico -y que fueron señaladas en el numeral 3 de este artículo-, las cuales están relacionadas con la reflexión de cuestiones políticas; del cosmopolitismo; del reconocimiento mutuo y la imaginación, como un primer paso hacía la posibilidad de estimular la «tres habilidades» que propone la filósofa de Chicago, posibilitando otras formas de racionalidad y moralidad, que permitan salir la los individuos de una condición de sui iuris y se conviertan en agentes activos que no resulten instrumentalizados por quienes momentáneamente detenten el poder y evitar que se conviertan en individuos influenciables que no cuestionen los argumentos, las tradiciones y al mismo poder; que puedan preguntarse, maravillarse, que sientan curiosidad por aquello que les resulta en un primer momento extraño. De esta manera podría iniciarse un primer acercamiento a la propuesta de Nussbaum más allá de los espacios de formación formal y universitaria, y que, dicho sea de paso, hoy se caracterizan mayoritariamente por formar sujetos unidimensionales en función de una razón instrumental asociada al paradigma laboral economicista de la educación.
En realidad, en la historia del pensamiento filosófico se vislumbra una lucha entre teorías, una vida, un desarrollo, una selección de teorías filosóficas, que se asemeja al desarrollo y selección natural de especies vivientes. Y en esa lucha de pensamientos (...) se buscan argumentos donde sea. Existe, en otras palabras, una selección histórica de las teorías metafísicas, y tal selección es, con frecuencia, una selección racional (Cárdenas y Restrepo, 2011, p. 109).
En suma, uno de los «enunciados» de la educación socrática, consiste en que esta debe ser generalizada y el razonamiento práctico debe poder fortalecer los lazos democráticos y no solo debe centrarse en los espacios tradicionales de educación y formación como se observa en El cultivo de la humanidad y Sin fines de lucro, obras que por demás resultan provechosas y que forman parte del vasto sistema de pensamiento de Martha Nussbaum cuyo propósito es, entre otras cosas, la formación del ciudadano en el marco de un sociedad liberal.