Dossier
La Ciudad Universitaria de Nuevo León en 1958, sus primeros habitantes
Nuevo León's Ciudad Universitaria in 1958 its first inhabitants
La Ciudad Universitaria de Nuevo León en 1958, sus primeros habitantes
Academia XXII, vol. 13, no. 26, pp. 7-33, 2022
Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Arquitectura
Received: 20 August 2022
Accepted: 28 August 2022
Resumen: La idea de una Ciudad Universitaria en Nuevo León se contempló desde el origen de la propia Universidad Autónoma de Nuevo León en 1933, sin llegar a resultado alguno. Entre 1941 y 1943 el ideal se retomó, sin embargo no se comenzó a planear sino hasta 1950, para inaugurarse finalmente en 1958. Los años de retraso obligaron a sus escuelas y facultades a peregrinar entre viejas casonas en el centro de la ciudad de Monterrey, espacios que resultaban inadecuados para una formación profesional moderna, pero que no obstante abonaron a la construcción de una comunidad universitaria. El presente artículo explora la planificación de la que fue considerada en su tiempo la segunda Ciudad Universitaria de México, con especial enfoque en la construcción e inauguración de los dos primeros edificios para facultades y lo que ello significó para sus respectivas comunidades estudiantiles, así como los procesos de apropiación durante el primer año de actividad del campus.
Palabras clave: Ciudad Universitaria, Universidad Autónoma de Nuevo León, Vida cotidiana, Vida estudiantil, Siglo XX.
Abstract: The idea of a Ciudad Universitaria in Nuevo León was considered since the 1933 founding of the Universidad Autónoma de Nuevo León, without it ever coming to anything. The idea emerged again between 1941 and 1943, but planning did not begin until 1950; the site was finally inaugurated in 1958. These years of delay forced university departments to wander among the aging mansions in downtown Monterrey, spaces that were inadequate for modern professional training, but that nevertheless contributed to the construction of a university community. This article explores the planning done at the time for the second Ciudad Universitaria in Mexico, with a special focus on the construction and inauguration of the first two buildings for academic departments and their impact on their respective student communities, as well as the appropriation processes during the first year of activities on this campus.
Keywords: Ciudad Universitaria, Universidad Autónoma de Nuevo León, Everyday life, Student life, Twentieth century.
La Ciudad Universitaria de Nuevo León (CUNL), inaugurada en su primera etapa el 20 de noviembre de 1958, fue el primer espacio planeado y construido para uso exclusivo de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) (institución surgida en 1933) en regla, y también la segunda de su género, es decir, la segunda ciudad universitaria de México.1 Durante veinticinco años diferentes dependencias universitarias peregrinaron entre viejas casonas del centro de la ciudad de Monterrey, mientras la Universidad hizo uso particular como su sede oficial del antiguo Colegio Civil del Estado, inmueble que data de finales del siglo XVIII y que antes de su declaración como recinto universitario fue asiento de múltiples escuelas, cuartel militar y hospital, entre otros usos de cotidianidad citadina.
Como se ve, el origen de la CUNL es similar al de cualquier otra ciudad universitaria latinoamericana de la primera mitad del siglo XX, un nuevo espacio para una institución de educación superior de tradición nacional o regional, construido a exigencia de las necesidades espaciales de dicha institución y acorde a su tiempo, con todas las comodidades que ningún otro inmueble ocupado con anterioridad otorgó.2 Pero además de lo funcional, la CUNL también vino a representar lo que otras ciudades universitarias representaron: el tránsito a la modernidad o, en nuestro caso más particular, la transición de un “rancho” a una ciudad.3
El presente artículo se centra en la inauguración de los primeros dos edificios de la CUNL proyectados para facultades y el traslado de sus respectivas comunidades estudiantiles, así como en el proceso de apropiación del nuevo espacio durante el primer año de actividades del campus en 1958. Para esto, se recurre a las herramientas metodológicas que propone el estudio de la vida cotidiana y en particular a la propuesta de Pilar Gonzalbo de “leer con otros ojos las fuentes ya conocidas”.4Vida Universitaria, nuestra fuente principal, es un periódico creado en 1951 y que desde su primera publicación ha dado cuenta de la vida académica y estudiantil de la UANL, lo que le coloca como una fuente “conocida”; al verle “con otros ojos”, no es difícil observar su importancia como fuente de historia social, cultural y de la vida cotidiana al registrar entre sus páginas una gran variedad de eventos de la vida universitaria diaria, que tal vez en la medida de los grandes hechos carezcan de mucha importancia, pero sí la tienen para los objetivos de este trabajo.
Sobre la estructura del texto, el primer apartado hace un breve recorrido por los usos sociales de la primera sede universitaria por excelencia, el Colegio Civil, así como de las casonas que sirvieron de cuna para las facultades de Derecho e Ingeniería Mecánica, a modo de comprender mejor el traslado de espacios y lo que ello llegó a significar. Enseguida, nos concentramos en los dos inmuebles inaugurales del campus, pertenecientes a las facultades mencionadas, y que por su uso, apropiación y cotidianidad dieron inicio a la vida estudiantil de la CUNL, la cual continua hasta la actualidad, casi 65 años después, y entre la convivencia de once facultades y sus respectivas comunidades.
Colegio Civil, su plaza y las viejas casonas
El edificio conocido como Colegio Civil, ubicado en pleno centro de la ciudad de Monterrey sobre la avenida Juárez, es un inmueble con más de dos siglos de historia, consolidado en el imaginario del regiomontano como referente obligado para ubicarse en el concurrido centro y actual sede del Centro Cultural Universitario de la UANL. Este edificio es el resultado de una serie de transformaciones que comenzaron a partir de 1794, cuando inició su trazo y construcción como un proyectado hospital para pobres, el cual no se llegó a concluir. Durante el siglo XIX se sometió a otros usos y reformas arquitectónicas, primero como cuartel militar durante los años de la guerra de independencia y después como sede del Colegio Civil del Estado, recinto de educación secundaria. Una vez establecido su uso educativo, el Colegio Civil fue un espacio multigrado que albergó entre sus aulas tanto educación secundaria como diversas carreras superiores, como las escuelas de Jurisprudencia, Medicina y una Normal para Profesores; en 1921 dio espacio temporal a la Escuela de Labores Femeniles “Pablo Livas”, y entre 1907 y 1920 prestó los pasillos de su ala norte para sede del Colegio Juárez, una escuela primaria.5
La función académica, como es natural, impregnó al edificio de una vida estudiantil cotidiana. Sus aulas, corredores y plaza (frontal) fueron escenario de múltiples acontecimientos de gran variedad y relevancia, entre mítines, huelgas, bailes, entrenamientos deportivos y militares, novatadas, noviazgos y días de estudio. Juan Manuel Elizondo, estudiante del Colegio Civil y futuro líder estudiantil durante los años de constitución de la Universidad, describió una imagen de la plaza del Colegio Civil durante los años veinte:
Era costumbre de años que, por las noches un grupo de alumnos se reunieran a conversar en la hermosa plaza que daba frente, a todo lo largo, del Colegio Civil. Ocupaban distintas bancas de las que daban frente a la fachada del Colegio y ahí jugueteaban o discutían sobre cualquier cosa mientras las muchachas del barrio daban vueltas en el corredor interno de la plaza. Algunas veces asistía yo, a la reunión del grupo que ocupaba la banca situada casi en la esquina de la plaza, frente a la puerta principal del Colegio. Quienes se reunían en ese lugar, eran estudiantes que cursaban años superiores […]6
En 1933, el edificio fue definido como primera sede de la naciente Universidad de Nuevo León.7 Constituida legalmente el 31 de mayo mediante la publicación de su primera Ley Orgánica, la Universidad se organizó a partir de las escuelas profesionales existentes en el estado: Jurisprudencia (1824), Medicina (1859), Enfermería (1915), Farmacia (1931) y la Normal Superior (1870), en cuanto a las superiores se refiere, y las escuelas técnicas Femenil “Pablo Livas” (1921) y “Álvaro Obregón” (1930), así como la Escuela de Bachilleres (Figura 1), creada a partir de la reforma educativa del mismo año, que separaba los niveles secundaria y preparatoria, y que se concentraría en el Colegio Civil. En cuanto a escuelas de nueva creación, a la par de la Universidad se creó la Facultad de Ingeniería Civil, que inició actividades precisamente en aulas del Colegio.8

Para ser adaptado a su nuevo uso, el inmueble fue sometido a una serie de cambios físicos, primero con el anexo de un aula magna con capacidad para 720 personas, lo que justificó el cambio morfológico de su frontal mediante la transición de un estilo neoclásico a uno neocolonial (entonces favorito en los edificios escolares), y después, con la construcción en ese mismo estilo de un segundo piso entre 1937 y 1939, lo que terminó de unificar la totalidad de la fachada.
Una vez asentada la Universidad en el Colegio Civil, el inmueble experimentó una renovada vida estudiantil pues adquirió un nuevo significado al ser ahora un recinto universitario que congregaba varias escuelas unidas bajo una misma administración. A pesar de que las escuelas superiores estaban establecidas en casas de renta distribuidas por el centro de la ciudad, el Colegio se consolidó como el punto de reunión para cualquier evento que necesitara de la totalidad o parcialidad del estudiantado, fueran protestas o convivencias pues, además de albergar a la Escuela de Bachilleres y la Facultad de Ingeniería Civil, también alojaba las oficias de Rectoría y reunía mes con mes al Consejo Universitario, figuras de poder indiscutibles. Además, a partir de 1946 fue sede de la reunión anual de la Escuela de Verano, que durante años congregó a centenares de especialistas nacionales de todas las ramas del conocimiento y la cultura.
Sobre la vida cotidiana en Colegio Civil alrededor de 1950, acercándonos a la temporalidad de la CUNL, ésta continuaba con ánimo y cualquier situación era pretexto para iniciar o continuar ciertos rituales, como las afamadas novatadas:
El famoso “dios bola” [escultura inaugurada en 1910] situado en la plaza del Colegio Civil, frente a la ahora escuela de Bachilleres, es el lugar a donde los novatos no pueden llegar sin antes “ofrecer” el cabello. Aquí el apenas iniciado tenía que llegar de rodillas desde una distancia de 15 metros, aventando con la punta de la nariz una pequeña moneda que debía dejar colocada abajo del “dios bola”.9
Este relato también da cuenta de los rituales de iniciación en otras escuelas, así como del uso de sus respectivos espacios. Por ejemplo, menciona a la Facultad de Medicina y sus respectivas novatadas en la antigua sede de Cuauhtémoc y Matamoros,10 una vieja casona que antecedió al actual edificio del Área Médica (colonia Mitras Centro, Monterrey) y que también sirvió como sede de la Facultad de Odontología, cuando ésta se fundó en 1939. Sobre Medicina, se menciona:
[…] Ejemplo de ello son el inevitable baño que daban a los estudiantes de nuevo ingreso en aquella pila ubicada en la plaza de Cuauhtémoc contigua al edificio que por muchos años ocupó la Escuela de Medicina, teniendo en esta prueba lugar preferente los estudiantes que asistían a la matricula con “traje dominguero”. A los más precavidos, o sea los que iban preparados para el baño, por el contrario se les quitaba la ropa para pintarles el cuerpo con tatuajes que muchas veces duraban varias semanas por la clase de tinta que usaban. A esto seguía el paseo por las céntricas calles, obligando a las víctimas al ridículo, a caminar de rodillas frente a alguna graciosa jovencita o entrar solo como si nada pasara, a algún café concurrido y de los más céntricos.
El centro de la ciudad de Monterrey fue durante años la gran sede universitaria, aunque nunca se llegó a conformar un barrio universitario con las características del de la UNAM, con su misma sinergia y cohesión.11 En el caso regiomontano las dependencias universitarias estaban desperdigadas por varias casas de renta del centro, entre las avenidas Madero, Juárez, Cuauhtémoc y la colonia Obispado, puntos que en ocasiones eran extremos y dificultaban la comunicación cotidiana entre universitarios de diferentes planteles. No obstante, los usos con estos fines de la ciudad fueron variados y dieron, hasta cierto punto, identidad a cada una de las comunidades estudiantiles, como se vio con el ejemplo de Medicina, además de que el Colegio Civil nunca perdió su estatus de centro de reunión estudiantil cuando el asunto así lo ameritaba.
La Facultad de Derecho, una de las dependencias centrales de este artículo, tenía su asiento desde 1892 en la casa de Diego de Montemayor y Abasolo, en lo que hoy se conoce como Barrio Antiguo, y que actualmente es sede de la Unidad Cultural de la Facultad de Arquitectura de la UANL. En 1891, el Colegio de Abogados había solicitado su disolución ante el gobierno y, como parte del proceso, acordó donar sus fondos, muebles y libros a la Escuela de Jurisprudencia, que entonces funcionaba en un departamento del Palacio Municipal (actual Museo Metropolitano de Monterrey).12 Construido primero de una sola planta, la dirección de la obra corrió a cargo del maestro Mariano Peña, y alrededor de 1941 se le anexó el segundo piso, estampa final que conocieron los alumnos que se mudaron de la vieja casona al nuevo campus (Figura 2).

En su diseño original el edificio contaba con un solo salón de actos, cinco salones de clases, zaguán, corredor interior del lado sur y dos patios.13 La calle Abasolo, por ser entonces la de mayor amplitud, era la calle principal del barrio y fue escenario de fuertes tiroteos durante la Revolución, en consecuentes combates entre 1913 y 1914. En 1933, esta casona fungió como primera sede universitaria al congregar en su salón de actos las primeras reuniones del Comité Organizador de la Universidad, presidido por el doctor Pedro de Alba, comisionado de la Secretaría de Educación Pública.
Por su parte, la Facultad de Ingeniería Mecánica (y Eléctrica, a partir de 1956) había experimentado un verdadero peregrinar. Nació en 1947 al seno de la Escuela Industrial “Álvaro Obregón”, con sede en un inmueble art déco entre las avenidas Félix U. Gómez y Madero; en 1953 emigró a una casa sobre la calle Modesto Arreola y, finalmente, antes de su arribo a la CUNL, se estableció en la casa de Matamoros (Figura 3), entre Doctor Coss y Diego de Montemayor, inmueble propiedad del doctor Luis Treviño (padre del ex gobernador Jorge Treviño Martínez, (1985-1991)) y que desde 1955 dio espacio a diferentes dependencias universitarias, entre las preparatorias 2, 8 y 22, y las facultades de Arquitectura, Ciencias Biológicas, Medicina Veterinaria y la mencionada Mecánica.14

La casa era un inmueble modesto, con una sola entrada, dos ventanales en sus esquinas y un portón de cochera. En su interior, originalmente contaba con cuatro habitaciones y un patio central, pero poco después se le agregaron dos cuartos al fondo del patio y dos más arriba. Ingeniería Mecánica llegó a la casa para el año escolar 1956-1957, inmediatamente después que la Preparatoria 2 la abandonara en julio de 1956. Para aquel entonces, Mecánica contaba con 122 alumnos y la casa era espacio suficiente, increíblemente más grande que la antigua casa de Modesto Arreola.
Pero a pesar de la expansión espacial, la casa no dejaba de ser ello, una vivienda que no fue diseñada para la actividad escolar. El primer problema que enfrentaron los estudiantes fue la falta de un salón apropiado para Dibujo y la única solución fue tomar las clases en una habitación dividida por un tapanco usado como bodega, lo que obligaba a los muchachos a estar agachados; por sus características, a ese salón se le conoció como la “cueva”. Otro de los problemas fue la falta de laboratorios o espacio para instalar alguno, y para ello la solución fue solicitar oportunidades de uso en diferentes talleres y empresas de la ciudad.
Una peculiaridad de Mecánica durante su estadía en esta casa fue sin duda la mascota que cuidaban en el patio central: un pequeño oso. No fue el primer osezno que la facultad tuvo, pues en la casa de Modesto Arreola merodeó el primero, que mantenían amarrado a un durazno al centro del patio; según recuerdos vagos de alumnos de aquellas generaciones, el primer oso desapareció un día, aunque se contó la versión de que fue dado al carnicero del barrio porque por su tamaño y peso ya resultaban peligrosos. Sobre el segundo oso, éste llegó por donativo y su destino también es incierto.15 No está de más aclarar que la mascota oficial de la facultad era y sigue siendo un oso.
Cuando la Universidad dio banderazo formal a las obras de construcción de su ciudad universitaria en 1957, Derecho y Mecánica fueron de las primeras facultades contempladas para espacio dentro del nuevo y flamante campus.
Ciudad Universitaria: apropiación de un nuevo espacio
Las ciudades universitarias fueron la expresión máxima de la ciudad ideal de la primera mitad del siglo XX en Latinoamérica, el lienzo en blanco para la aplicación de todas las teorías que entonces postulaban la ciudad perfecta, la ciudad moderna y, además, representaron la acción arquitectónica más destacada de los llamados arquitectos y gobernantes “progresistas”.16 Una ciudad universitaria, como se comentó al introducir este texto, significó para un Estado o nación su transformación hacia una nación moderna.
La universidad nuevoleonesa tenía planes de una ciudad universitaria que congregara a sus escuelas superiores desde el mismo año de su creación, en 1933, cuando el gobernador en turno, Francisco A. Cárdenas (1931-1933), declaró la intención de su gobierno de “hacer el sacrificio que demanda una obra de esa magnitud e importancia”.17 De acuerdo a la investigación hemerográfica y bibliográfica, todo indica que no se volvió a exponer la idea de una CU para la naciente universidad, además de que no se aclaró con qué magnitud se planeaba, aunque se supone que por los estragos de la crisis de 1929 aquella idea se desechó rápidamente para encauzar los recursos disponibles a las reformas físicas del Colegio Civil.
En 1941 y 1943 se insistió en la necesidad de un espacio óptimo, pues ni el Colegio y las pequeñas casas de renta otorgaban la espacialidad y la funcionalidad necesarias para una formación profesional. En aquellos años el impedimento para llevar el proyecto a buen término fue (nuevamente) presupuestal, pero una vez que el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) ―de carácter privado― inició su campus de 40 hectáreas al sur de Monterrey en 1945, a tan sólo dos años de su propia fundación, la Universidad buscó retomar su postergado proyecto. El 5 de junio de 1950 la UNAM también dio banderazo a su urbe estudiantil de 176 hectáreas, y con ello la universidad nuevoleonesa no pudo retrasar más su ansiado campus, urgente ya no sólo por funcionalidad sino también por prestigio e imagen.
El 17 de julio de 1950 el ITESM inauguró la segunda etapa de su campus con la asistencia del presidente Miguel Alemán Valdés (1946-1952) para el corte de listón del estadio y, entre las declaraciones de prensa, el periodista Federico Cantú (El Porvenir) manifestó ante el presidente de la República la postura de la universidad pública ante el suceso que los congregaba, que hasta cierto punto resultaba humillante:
[…] Usted mismo acaba de visitar, ayer tarde, al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, cuya estatura supera con mucho a la de nuestra pobre Universidad, que debiera ser, por su importancia, por su envergadura de acción oficial, para la inteligencia y el espíritu, la dimensión máxima de este tipo de instituciones.18
Por “importancia” y “envergadura”, Gómez hizo referencia a la población foránea que la Universidad recibía año con año, con jóvenes procedentes de Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua y San Luis Potosí, y en menor medida de Durango, Zacatecas, Veracruz y el Distrito Federal. Aquí la razón por la que la CUNL también fue referida constantemente en la prensa como la Ciudad Universitaria del Norte. Aquel 17 de julio, la Universidad estableció su primera relación con la federación para cristalizar el sueño, al otorgarle el Mérito Universitario al presidente Miguel Alemán en reconocimiento a la labor que estaba desarrollando en beneficio de la UNAM y el compromiso declarado a su ciudad universitaria. Alemán era universitario y la Universidad esperaba que un pequeño porcentaje de aquel compromiso con la Nacional se replicara en el proyecto nuevoleonés, pero no resultó del todo así. En la lámina de bronce conmemorativa que se le entregó, se imprimió el siguiente mensaje:
La Universidad de Nuevo León otorga al C. Licenciado Miguel Alemán, testimonio de reconocimiento al Mérito Universitario, en grado eminente por haber impreso a sus actos de gobernante respeto a la Ley, vocación por la justicia y amor a la Patria, identificando así la causa universitaria con el espíritu de la Nación Mexicana.19
El primer paso para materializar el campus fue la formación de un Patronato Universitario, mismo modelo de financiamiento externo que emprendieron tanto el ITESM como la UNAM, sin embargo, entre varios factores externos (ausencia de apoyo de la Federación) e internos, el ansiado sueño se aplazó por siete años más hasta la formalización de la donación de un terreno de 100 hectáreas en la antigua Ciudad Militar, entre los límites de los municipios de Monterrey y San Nicolás de los Garza (Figura 4), mediante el decreto publicado el 6 de marzo de 1957.20 Como nota aclaratoria para comprender esta lentitud en las gestiones, el 29 de octubre de 1952, a días de que Alemán dejara la Presidencia, se había publicado un primer decreto con el “donativo”, exactamente la misma porción de terreno (aunque 26 hectáreas más grande) pero bajo la “condición” de que la Universidad se responsabilizara de la construcción de la nueva Ciudad Militar, tarea imposible de cumplir, y en palabras del entonces rector Raúl Rangel Frías, “de extremos difíciles o embarazosos”.21

Con el segundo decreto, que eximió a la Universidad de aquel “embarazoso” compromiso, se reactivaron los trabajos de planificación, en suspenso desde 1952, y se presentaron a consideración tres anteproyectos: uno producido por Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares (comisionados nacionales desde 1953, en representación de Carlos Lazo, primer asesor designado), otro elaborado por un grupo de alumnos y profesores de las facultades de Arquitectura e Ingeniería Civil de la Universidad, y el realizado por la Oficina Técnica de la CUNL, organismo director del proyecto.22 Tomando como base estos tres anteproyectos la Oficina Técnica diseñó uno nuevo, en una especie de amalgama de ideas, y el 7 de junio de 1957 se presentó ante el Consejo Universitario, siendo aprobado el día 11 del mismo mes. El conjunto definitivo fue estructurado por zonas:
La zonificación por función propuesta y ejecutada en la CUNL respondió a las ideas de urbanización de la época, desarrolladas desde finales del siglo XIX en Europa y que tenían como fin común reorganizar el caótico crecimiento demográfico mediante la división de la metrópoli en zonas de uso, como comercial, industrial y residencial, orden que permitiría, según la propuesta, mejorar la salubridad urbana al separar el lugar de trabajo del residencial.23 Esta teoría urbanística fue ampliamente discutida en los congresos internacionales de Arquitectura de la primera mitad del siglo XX, especialmente en los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM), espacio donde, por ejemplo, Le Corbusier planteó en 1933 que: “Las claves del urbanismo se contienen en las cuatro funciones siguientes: habitar, trabajar, recrearse y circular.”24 Lo discutido en los CIAM (y otros espacios) era distribuido en revistas de arquitectura latinoamericanas, como Arquitectura-México (1938) de Mario Pani.
Las teorías de zonificación influyeron determinantemente en el diseño de las ciudades universitarias en España y Latinoamérica, como los modelos de Madrid, Colombia y la propia Ciudad Universitaria de la UNAM (CU-UNAM), los cuales, en sus propios entornos, destacaron la importancia de los espacios naturales, la circulación peatonal y vehicular por vías independientes, y una arquitectura en armonía con la escala humana, es decir, una arquitectura que ofreciera todas las facilidades para el desempeño y descanso del usuario.25 La CUNL (Figura 5), por su parte, tomó gran inspiración de la CU-UNAM y en su terreno limitado a 100 hectáreas implementó aquellas teorías de zonificación, aunque con recursos limitados.26

Para dar inicio a los trabajos de construcción se seleccionó una facultad por eje, las que en ese momento representaban los casos de mayor urgencia para la adquisición de un nuevo edificio: Derecho, en el eje de Humanidades, e Ingeniería Mecánica y Eléctrica en el eje de Ciencias.27 En cuanto a la arquitectura, aunque ya eran años de “modernidad renovada” o “crítica”, en la construcción de la CUNL se tuvieron muy presentes diversos principios del funcionalismo, relacionados específicamente con los llamados “cinco puntos de la nueva arquitectura” del primer Le Corbusier, como la planta libre, los pilotis y las ventanas horizontales o corridas, sin ornamentación en la mayoría de los edificios y bajo el esquema de construir “más barato y más rápido”. Esta “nueva arquitectura” -como definió Lucio Costa a la arquitectura moderna cuando ésta apenas se manifestaba-28 iba muy acorde al contexto industrial de Monterrey; se trataba de una arquitectura limpia, ligera y rápida de hacer con los materiales en que se especializaba la ciudad: acero, vidrio y cemento. En el transcurso del segundo semestre de 1958, las facultades inaugurales del campus comenzaron a mudar.
Mudanza de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales
La Facultad de Derecho fue el primer inmueble en regla concluido e inaugurado dentro del campus, y también el primero en proyectarse. El 24 de enero de 1958 iniciaron las obras de construcción del edificio, a cargo del recientemente titulado ingeniero civil Mario I. Ledezma, quien ganó el concurso para el contrato de construcción (Figura 6).29 Ledezma era un joven universitario, estudió en la Preparatoria 1 (Escuela Diurna de Bachilleres) y tenía tan sólo un año de egresado cuando se le adjudicó el primero de los contratos de construcción en la CUNL, pues terminó por dirigir la edificación de cinco facultades, la Torre de Rectoría y la Alberca Olímpica.30
![Oficina Técnica de la Ciudad Universitaria de Nuevo León. Plano de la Facultad de Leyes [Derecho], 1958.](../2594-083X-axxii-13-26-7-gf6.png)
Concluido en su forma física el 31 de julio de 1958 (Figura 7), el edificio originalmente se componía de una planta basamento y dos pisos, en los que se distribuían 15 aulas con capacidad de 49 alumnos cada una, 4 seminarios de especialización, 8 cubículos para maestros, sala de conferencias con capacidad para 220 personas, sala de juntas, sala de exámenes profesionales, biblioteca, oficinas administrativas y cafetería; todo lo anterior para atender a 1,500 alumnos.31

La Facultad de Derecho recibió sus primeros alumnos hasta la última semana de septiembre, una vez iniciados los cursos universitarios el día 2 de aquel mes. Como parte de la mudanza se organizó una despedida de la vieja casona de Diego de Montemayor y Abasolo, recinto que les dio espacio por 66 años y que a parir de su retiro pasaría a manos de la Facultad de Economía. La despedida resultó por demás emotiva:
Hasta el último rincón del aula se hacía oír la pausada y serena voz del experimentado maestro. Un heterogéneo auditorio ―profesionales, funcionarios públicos, estudiantes universitarios― lo escuchaban con emocionada atención. Esta no era una clase cualquiera: El licenciado José Juan Vallejo, Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, impartía simbólicamente la última clase que daría el final carpetazo a las actividades en el edificio que por más de sesenta años cobijara a esa dependencia universitaria.32
Al evento asistieron exalumnos, profesores jubilados y exdirectores, así como el entonces gobernador del estado, Raúl Rangel Frías (1955-1961), y el rector interino, Roque González Salazar (Figura 8). Una vez concluida la clase de despedida impartida por el maestro “Vallejito”, como cariñosamente se le conocía, las notas de la popular canción “Las Golondrinas” oficializaron el final de la historia del plantel en la vieja casona para iniciar una nueva etapa, en un nuevo edificio y un nuevo espacio.

El primer gran acto de convivencia estudiantil que tuvo lugar en el nuevo inmueble fue el Segundo Congreso Nacional de Estudiantes de Derecho, que se celebró entre los días 13 y 17 de octubre (Figura 9). De acuerdo con la prensa universitaria, al congreso acudieron 16 delegaciones estudiantiles, con representaciones de los estados de Coahuila, Tamaulipas, Zacatecas, Guadalajara, San Luis Potosí, Guanajuato, Ciudad de México, Estado de México, Tabasco, Puebla, Querétaro y Oaxaca.33 Los asistentes tuvieron la oportunidad no sólo de atender a las conferencias programadas sino también de asistir a diferentes actos preparados especialmente para ellos, como banquetes, funciones en el Cine Club Universitario (con proyecciones en la Aula Magna del Colegio Civil), visitas guiadas al Museo de Historia Regional (actual Museo del Obispado) y a la emblemática Compañía de Fundidora de Fierro y Acero.

Mudanza de la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
El día 27 de octubre de 1958 fue el turno de la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (FIME) de arribar a su nuevo edificio. Éste, a diferencia del de Derecho, fue financiado en su totalidad por una sola persona: el industrial Luis Elizondo. Dueño de la planta galvanizadora de lámina La Florida, de Tubería Nacional y socio de la empresa de entretenimiento Atracciones Mundiales S.A. (AMSA), Elizondo estaba convencido de que la mecánica y la eléctrica eran la base para el desarrollo industrial del país, por lo que entregó dos millones de pesos para la construcción del edificio de la FIME.
El edificio original de la FIME (actual Aulas II) ocupaba una superficie de 4,000 m2 consistente en un edificio con una planta basamento y dos pisos. También con capacidad para 1,500 alumnos, se diseñaron 12 aulas con capacidad para 35 estudiantes cada una, 3 aulas para 49 alumnos y 3 salones de dibujo, 13 cubículos para profesores, 2 salas de conferencias para 130 personas cada una, sala de juntas, oficinas administrativas, biblioteca y cafetería (Figura 10); si se observa, una distribución de espacios muy similar a la de Derecho.34 A la par de este inmueble, se construyó otro que originalmente estaba planeado para funcionar como Laboratorios Centrales que darían servicio a las facultades de Ingeniería Mecánica, Ingeniería Civil y Arquitectura y que con el tiempo se destinaría a uso exclusivo de la FIME, aunque este espacio se mantuvo prácticamente vacío y en desuso hasta la década de 1970 en que se equipó finalmente mediante una campaña pro laboratorios. Sobre este edificio, se destacó su techumbre, formada por ocho cascarones de concreto ya inexistentes (Figura 11).


El traslado de los alumnos encontró ciertas dificultades, como la ausencia de bancas. Durante una semana entera no hubo más remedio que pasar el tiempo en un campo improvisado de beisbol, futbol y otros deportes, en terrenos donde más adelante se construiría la Facultad de Ingeniería Civil. Cuando el equipamiento, entre bancas metálicas, pizarrones, escritorios y demás enseres arribaron la siguiente semana, las clases por fin dieron inicio formalmente.35
La inauguración formal, una fiesta popular
Como parte de un plan extensivo para dar a conocer las obras de Ciudad Universitaria, no sólo entre los universitarios sino también entre el público general, el Patronato Universitario organizó una fiesta popular que tuvo lugar el domingo 16 de noviembre de 1958. De acuerdo con la crónica de Vida Universitaria, lo primero fue un recorrido a los asistentes por los edificios y obras concluidas en la primera etapa: las facultades de Derecho y Mecánica, los Laboratorios Centrales, monumento central, astabandera y la alberca olímpica. Ésta última registraría un suceso trágico en septiembre de 1965, cuando un alumno de Arquitectura falleció en sus instalaciones víctima de una novatada mal ejecutada, cuando fue lanzado al agua sin precaución alguna.36 Retomando la fiesta popular, después del recorrido por las nuevas instalaciones se ofrecieron una serie de representaciones artísticas en un escenario improvisado sobre terrenos destinados para la explanada y la torre de Rectoría, es decir, en el punto distribuidor de espacios del campus.37
Sobre aquel escenario se presentaron los grupos de la Escuela de Danza Moderna de la Universidad, el Conjunto Musical Universitario y el mariachi “Los charros de Jalisco”, este último cortesía del gobierno del estado. Este evento, que sirvió como preámbulo para la inauguración oficial de la CUNL, fue también una muestra de agradecimiento al público, pues por medio de los sorteos de la Siembra Cultural, efectuados de manera bianual desde 1954, fue posible la recaudación de gran parte del presupuesto inicial para las obras de la CUNL, que contó con una base financiera de ocho millones de pesos.
Aplazada la inauguración desde el 16 de septiembre de 1958, con la intención de contar con la presencia del presidente de la República, Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958), la Ciudad Universitaria de Nuevo León finalmente se inauguró el 20 de noviembre. El suceso estuvo presidido por el gobernador Rangel Frías, el rector arquitecto Joaquín A. Mora y los representantes del Patronato Joel Rocha y Manuel L. Barragán, presidente y vicepresidente respectivamente, además de contar con una serie de autoridades locales y universitarias, como el presidente municipal de Monterrey. La primera placa que se develó fue la conmemorativa de la Ciudad Universitaria, colocada en el monumento central de la plaza de Rectoría. El discurso inaugural estuvo a cargo del pasante de Ciencias Químicas, Robin Fermín Hernández Martínez, en representación de todos los estudiantes universitarios, y entre las palabras de agradecimiento y aliento a futuros profesionistas, remató su disertación de la siguiente manera:
[…] Y Monterrey no será ya sólo la ciudad de la fábrica, de los altos hornos, de la cerveza, del vidrio y de la Banca. Hoy se humaniza. Ya no está sola en medio del valle de la amapola. La Universidad de Nuevo León, distinguido centro del saber donde pueden encauzarse veintiséis diferentes vocaciones, con cientos de egresados que llevan a cuestas gran parte del progreso de México, le forma marco a la flor para que Alfonso Reyes, universal y sereno, pueda acercarse a ella y murmurarle en un suspiro: “enamórate de mí”.38
Consideraciones finales
Una vez inaugurada la primera etapa, las obras de construcción se continuaron con las facultades de Ingeniería Civil, Comercio y Administración, la torre de Rectoría y su plaza monumental, Agronomía, Arquitectura y Filosofía y Letras, todos esos inmuebles fueron concluidos para 1962 (Figura 12); y una tercera etapa, fraccionada, entre 1964 y 1969, en la que se terminaron los edificios de Mecánica -segundo conjunto de aulas―, el Estadio Universitario (1967), Ciencias Biológicas, Laboratorios Centrales de Física (actualmente Físico-Matemáticas) y Ciencias Químicas (1969). La inversión total hasta 1969 rondó los 63 millones de pesos.

Con la llegada de nuevas comunidades estudiantiles al campus, se incentivó la vida estudiantil que en un principio se vio limitada, de 1958 a 1962, a sólo dos comunidades, que entre las polvaredas consecuentes de las obras de construcción iniciaron una historia que en 2023 llegará a su 65 aniversario. Actualmente la CUNL da espacio a 11 facultades y sus respectivas comunidades, inmuebles y enseres, albergando un aproximado de 90 edificios en su delimitación original de 100 hectáreas.
Estudiar, investigar y analizar las múltiples historias de una ciudad universitaria nos permitirá entender la dinámica actual de un campus, su conformación física y, sobre todo, su cotidianidad. ¿Cómo conviven las diferentes comunidades estudiantiles en CU? ¿Hay rivalidades de identidad o espacio? ¿Quiénes han transitado por los pasillos del campus y qué acontecimientos han marcado un antes y un después? Tan sólo el movimiento por la autonomía universitaria entre 1969 y 1972 tomó como sedes Ciudad Universitaria y el Colegio Civil, y en la primera los estudiantes superiores hicieron de sus respectivos edificios barricadas de defensa y ataque, edificios tomados, ventanales rotos, paredes con mensajes de lucha y repudio (“El poder nace del fusil”, se leyó en un muro de la Facultad de Derecho, o el rostro del Che Guevara se plasmó por un tiempo en la Facultad de Físico-Matemáticas), y una torre de Rectoría bajo permanente asedio.
Como toda ciudad (a escala en este caso), la CUNL tiene vida propia, tiene sus habitantes que día con día la transitan, usan y disfrutan, y en ello coexiste un patrimonio intangible que convive con el tangible, con los edificios, sus paredes y sus patios. Como futuras líneas de investigación, la vida cotidiana del campus es sin duda un pendiente que puede tomar cualquier rumbo, pues por lo menos se cuentan con once puntos de partida: 11 facultades, 11 comunidades, 11 historias de vida cotidiana que conviven en un mismo lugar.
Referencias
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Archivos
Archivo General del Estado de Nuevo León. Fondo Memorias de Gobierno.
Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria. Fondo Universidad de Nuevo León.
Centro de Documentación y Archivo Histórico de la UANL. Fondo fotográfico.
Hemerografía
Hemeroteca Digital El Porvenir.
Hemeroteca Digital UANL.
Notes
Author notes
Correo para correspondencia: susana.acostabd@uanl.edu.mx