Reseñas
EN LA CUERDA FLOJA. CRÓNICA DE UNA LUCHA POR LA PAZ Y EL DESARME, DE VIRGINIA GAMBA

| Gamba Virginia. 2025. Buenos Aires. Edhasa. 166pp. |
|---|
Recepción: 09 Diciembre 2025
Aprobación: 14 Enero 2026
Su vida se desarrolló en su mayor parte fuera del país, aunque exhibe una acendrada argentinidad que se remonta a varias generaciones. Posiblemente sea la argentina más relevante en materia de relaciones internacionales de la actualidad. Sin embargo Virginia Gamba Stonehouse es, con excepción de los círculos especializados en la materia, relativamente poco conocida en los ambientes políticos, sociales y culturales de su propia patria.
Fuera de los circuitos académicos, diplomáticos y profesionales, esta alta personalidad suele pasar casi desapercibida en el gran escenario de la opinión pública, siendo mucho menos advertida de lo que debería serlo en mérito a una legítima identidad que ha ido configurando a lo largo y a lo ancho de toda su dilatada y fructuosa existencia en el escenario global. Es una de las razones por las se le debe prestar atención a este libro, pero hay muchas más.
Como culminación de ese proceso existencial, se comprende entonces que esta obra conclusiva que recoge un rico contenido humano resulte para la autora pero también para un ámbito mucho más amplio, un significante muy especial, al proponerse una serena mirada sin nostalgia a una fructuosa vida cuajada de ricas experiencias.
Hay además en el relato una cuidada y fluida redacción que el lector agradece. En esta revista de su vida, al menos en muchos aspectos dignos de ser examinados, se percibe una reflexión retrospectiva que revela la madurez de la autora. Tengo la íntima convicción de que este libro es una rendición de cuentas, en primer lugar ante sí misma pero también a la Argentina y por extensión a un ámbito global, porque sin dejar de ser argentina, Virginia Gamba es una ciudadana del mundo.
Al producir el alumbramiento de este libro, podemos concluir que la escritora parece haber querido compartir esa propia sabiduría existencial como un mensaje que puede ser de interés para futuras generaciones de argentinos pero también de otras geografías. Esta herencia se comprende mejor a la luz del espíritu de servicio de la autora, que se pone de relieve con nitidez y asoma entre los múltiples entresijos de su propia historia personal.
Virginia Gamba no es de las que se limitan a estudiar en los libros, también los escribe. La diversidad de escenarios que registra por distintos motivos su vida fue brindando el tono propio de una dimensión universal a su itinerario formativo. Fue una precursora, estudió dos carreras, abrió caminos. Después de vivir sus primeros años en Bolivia y Perú, la autora continuó su educación superior en Suiza, España y el Reino Unido. La sola mención de estos lugares ya nos está indicando la pluralidad cultural que ha enriquecido su patrimonio existencial.
El estudio científico, la reflexión del conocimiento brindada por el cultivo de la inteligencia ha sido siempre en esta experta en seguridad y desarme una de sus prioridades, pero no como un fin sino como un instrumento. A la manera de una muestra, puede advertirse que entre otros programas de carácter especializado, ella obtuvo una maestría en Estudios Estratégicos en la University College of Wales y otro posgrado en Estudios españoles y americanos en la Universidad de Newcastle Upon Tyne.
Su formación académica ha sido entonces rigurosa, pero no fue ciertamente menor su talento y su solvencia en el ejercicio de delicadas misiones de resolución de conflictos de máxima complejidad como funcionaria de agencias internacionales de la Organización de las Naciones Unidas. Es en la realidad donde se juega la verdad de una hipótesis.
Allí se define la prueba de la calidad de una previsión teórica, por muy erudita que ella sea. De este modo, dicha experiencia terminó de completar y perfeccionar sus originarias capacidades personales. Las páginas de este libro exhiben el resultado de esa historia.
Su vocación profesional requiere una serie de virtudes y cualidades muy difíciles de reunir: en primer lugar una cabeza muy bien puesta y ordenada, pero también ciencia, experiencia, valentía, perseverancia, paciencia, audacia y prudencia, fortaleza y templanza. Mediante su ejercicio, la propia vida fue forjando en ella una personalidad hoy en la plenitud de su madurez.
Tan meritoria tarea ha estado consagrada a una intensa dedicación en una concreta y difícil área de las relaciones entre los protagonistas de un mundo global: el desarme y el tratamiento de conflictos bélicos en todo el mundo, pero no se agota en ellos. En particular su interés primordial estuvo referido al cuidado y la protección de los niños, que son las víctimas más indefensas de las confrontaciones armadas. Como bien se comprende, esta especificidad le otorga a todo ese arduo quehacer un valor muy singular.
Después de haber publicado una copiosa literatura sobre asuntos específicos que la autora cultiva en materia de relaciones internacionales (ha escrito decenas de volúmenes), tales como estrategia, desarme y seguridad, incluyendo centenares de artículos en revistas científicas en diversos idiomas y en la prensa periódica, Gamba nos regala ahora unas interesantes, entretenidas y reveladoras memorias escritas con un fresco y ágil estilo, que no se agotan en el formato típico del género, sino que su sentido va mucho más allá y transita múltiples registros humanos.
El libro compendia un relato de síntesis de toda una vida consagrada a la solución de cuestiones que por su espesor pueden considerarse del más alto interés individual y social, y que
como tal debería formar parte de las escuelas de diplomacia por su valor formativo para la personalidad de quienes en un futuro cada vez más necesitado de una mirada exigente nos van a representar ante el mundo.
No se trata por lo tanto este libro de la descripción de unas técnicas de negociación o del informe de un embajador a su cancillería, ni de la mera exposición de un pensamiento abstracto y menos de una mera enumeración de sucesos, sino de la crónica de una lucha inspirada en valores que se vislumbran y que aparecen una y otra vez entremezclados en la relación pormenorizada del texto.
Es en dicha trama donde se puede encontrar quizás la mayor hondura de estas páginas. Los hechos están engarzados en el relato con oportunas reflexiones que permiten considerarlos en su exacta dimensión. El resultado es una composición que permite advertir al lector los pliegues de una rica personalidad integradora en la autora. Todo ello le confiere a la obra un vivo interés humano.
Una década y media atrás Gamba escribió una narración similar y más amplia que tituló Chocolate chino en Budapest que conforma con la presente una síntesis de vida. Este dato acredita que recorriendo las reflexiones que va desgranando a lo largo de su trabajo se descubren algunos contenidos que nos ayudan a reconocer rasgos de su personalidad, porque son fuentes inspiradoras de toda una cosmovisión del mundo que ella encarna.
Uno de ellos son los autores clásicos que constituyeron los fundamentos de nuestra cultura y que se encuentran en la mitología griega. No fue ajena a ello su relación con el escritor Robert Graves, autor de piezas literarias tan icónicas como “los mitos griegos” o “La diosa blanca” y otras que lo califican como uno de los expertos más reconocidos en esta temática, y que supo guiarla en su juventud. Para Gamba la mitología griega no es un mundo fantástico solamente donde seres imaginarios enfrentan situaciones trágicas, sino que como es propio de su naturaleza ella refleja una sabiduría perenne que ayuda a comprender la realidad.
Los mitos griegos son los que proporcionan a la autora un sentido a la existencia humana en cada una de sus pequeñas y grandes expresiones. “La mitología a mí me sirve todos los días, nos dice Virginia Gamba, porque los clásicos son los que siendo siempre iguales nos dicen cosas nuevas”, en los grandes asuntos de nuestras vidas y en las pequeñas decisiones cotidianas.
El libro está precedido por un prólogo y dividido en seis partes: El vacío, El caos, La luz, La fama, La esperanza y La verdad, y termina con un epílogo. En ellas desfilan gran parte de los sucesos de toda una vida. Son una muestra de su entrega a una vocación y a una misión.
En el primero, van sucediendo los años de su infancia, sus primeros pasos en distintos escenarios, el premio Nobel como miembro de las Conferencias Pugwash, su rol de mentora de la mujer, su especialización y capacitación de militares pos Malvinas, y una pormenorizada descripción de su trabajo por la paz en Pretoria.
En el segundo se historia su regreso a la Argentina “Pese a mis largas ausencias -reconoce desde lo más profundo de su identidad- mi corazón siempre late junto a los avatares de mi patria”. También nos anoticia sobre su cargo de directora de desarme en las Naciones Unidas, en New York, incluyendo su trabajo con el directorio del secretario general y una misión en Siria por el uso de armas químicas, su amor por el mutualismo y su participación en una reunión del G20.
En el capítulo “La luz” describe los avatares de la reunión sobre desarme en Río Grande, la donación conjunta de su archivo sobre Malvinas junto al de Juan Archibaldo Lanús a la Universidad Católica Argentina, y sus difíciles misiones en representación del secretario general, incluyendo negociaciones en Damasco con el gobierno sirio donde expuso con grave riesgo su propia vida.
En la cuarta parte la autora describe situaciones como Representante Especial de Niños y Conflicto Armado en las Naciones Unidas que se ocupa por ejemplo del reclutamiento de niños-soldados en diversos lugares del mundo, desde el Congo a Colombia y que incluye a fuerzas estatales y grupos armados clandestinos, por ejemplo en Sudán y Myanmar.
La quinta parte describe una nueva misión en Mali, una región enferma de violencia y surcada de guerras tribales en la que la situación de los niños era dramática. El relato de esta misión no tiene que envidiarle al de cualquier novela de aventuras. Otras naciones africanas también contaron con su activo trabajo para solucionar problemas extremos.
Finalmente, la sexta parte Incluye el relato de un viaje a Etiopía. El método de Gamba siempre es el mismo: la transparencia, decir la verdad, que es la fuente de la credibilidad y la confianza. Para terminar su libro la estratega se refiere a la organización de su oficina durante la pandemia del Covid que no sólo trajo un gran empobrecimiento, sino que tampoco impidió el despliegue de los conflictos armados y el reclutamiento de niños con fines de explotación sexual. Tuvo que volver a empezar, pero sin declinar su espíritu, con la misma fe en sí misma, en la vida, en Dios.
La narración muestra de una manera natural un talante siempre optimista y positivo en la ardua tarea que ella ha debido afrontar a lo largo de toda una vida, también cuando remata sus dichos con esta cita textual: “estoy segura que lo más interesante está por venir para aclarar enseguida- que hay pocas desdichas que no haya experimentado”.
Vivimos y morimos, concluye Virginia Gamba en el epílogo, pero no hay límite al crecimiento interior del ser humano. En la cuerda floja es un libro que invita a honrar la vida, no a declamarla sino a asumirla con actitudes concretas. La obra finaliza con lo que constituye una constante a lo largo y a lo ancho de toda la trama, que son expresiones optimistas plenas de amor hacia su misterio y a la inefable maravilla del existir.
La escritora no sólo representa un caso peculiar por tratarse de una mujer especializada en estrategia, algo absolutamente infrecuente, sino también por su excepcional experiencia de vida que a veces parece acercarse a esos relatos mitológicos que ella admira, para sumergirnos en una aventura más próxima a una serie de Indiana Jones que a un tratado donde se examinen intrincados problemas de un tablero del poder a escala global,
No hay duda, estamos ante una obra singular. Un buen resumen del sentido con que ha sido escrito este libro me parece encontrarlo en un parágrafo de su epilogo, que rubrica la relación intimista de una existencia sin duda fascinante: “Yo sigo creyendo y tengo que devolver a la vida lo que la vida me da, y con creces. El gran privilegio de gozar de este mundo conlleva una enorme responsabilidad: es un deber usar la vida a pleno en forma singular y plural. Si tenemos vida, hay que honrarla y vivirla. Una vida bien vivida es, para mí, dar algo a cambio para apoyar el conjunto”.
Hace unos diez años, el papa Francisco, al día siguiente de visitar el Congreso de los Estados Unidos en Washington, donde pronunció un discurso memorable, habló en New York ante la asamblea general de las Naciones Unidas. Expuso allí en público un reconocimiento para todos los que en ella y relacionados con ella trabajan por una mejor convivencia internacional. Mencionó en esa ocasión la lucha en contra de la explotación sexual de niños y niñas y citó al Martín Fierro, un clásico de la literatura de su tierra natal. Es de imaginar que Virginia Gamba debe haber sentido muy profundamente esas palabras de su paisano.
La madurez de una persona y de una sociedad consiste en asumir la realidad. Por eso es que la autora exhorta a vivir con plenitud cualquiera sea nuestra misión en el mundo. Es por esa misma razón que nos invita, con aires de desafío: “cálcense el gorro de capitán de sus destinos y anímense a navegar por este nuevo mar en este nuevo mundo”. Es una exhortación muy bergogliana que podría haber salido de la boca del propio Francisco. Las herramientas, concluye Virginia Gamba, casi a coro con el papa, son tan potentes como la fe, la esperanza y la caridad.
redalyc-journal-id: 7746