Sección Monográfica

EL ROL DEL BIENESTAR SUBJETIVO PARA MEDIR EL PROGRESO DE LAS NACIONES Y ORIENTAR LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

Wenceslao Unanue
Escuela de Negocios Universidad Adolfo Ibáñez., Chile
Instituto del Bienestar, Chile
Daniel Martínez
Instituto del Bienestar, Chile
Mónica López
Instituto del Bienestar, Chile
Lorena Zamora
Instituto del Bienestar, Chile

EL ROL DEL BIENESTAR SUBJETIVO PARA MEDIR EL PROGRESO DE LAS NACIONES Y ORIENTAR LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

Papeles del Psicólogo, vol. 38, núm. 1, pp. 26-33, 2017

Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos

Resumen: Los países miden su progreso basándose fundamentalmente en indicadores económicos y materiales objetivos (Producto Interno Bruto, Consumo, etc.). Sin embargo, estas medidas presentan importantes limitaciones. Adicionalmente, el excesivo foco en aspectos materiales está llevando al mundo a crisis económicas, sociales y medioambientales que están poniendo en riesgo el futuro de la humanidad. Basados en diversos trabajos previos, este artículo tiene tres objetivos. Primero, mostrar cómo las medidas subjetivas (psicológicas) de bienestar pueden complementar medidas tradicionales de progreso económico. Segundo, discutir evidencia reciente que muestra que el bienestar subjetivo puede ayudar a construir un mundo mejor. Tercero, dar a conocer ejemplos concretos de cómo el bienestar subjetivo puede ayudar la toma de decisiones en la asignación de recursos escasos, complementando las metodologías económicas tradicionales.

Palabras clave: Bienestar, Progreso económico, Recursos.

Abstract: aspectos materiales está llevando al mundo a crisis económicas, sociales y medioambientales que están poniendo en riesgo el futuro de la humanidad. Basados en diversos trabajos previos, este artículo tiene tres objetivos. Primero, mostrar cómo las medidas subjetivas (psicológicas) de bienestar pueden complementar medidas tradicionales de progreso económico. Segundo, discutir evidencia reciente que muestra que el bienestar subjetivo puede ayudar a construir un mundo mejor. Tercero, dar a conocer ejemplos concretos de cómo el bienestar subjetivo puede ayudar la toma de decisiones en la asignación de recursos escasos, complementando las metodologías económicas tradicionales.

Keywords: Well-being, Material progress, Resources.

Uno de los principales objetivos de los gobiernos es medir el bienestar de sus habitantes (OECD, 2011a; Weimann, Knabe, y Schöb, 2015). Sin embargo, el primer desafío es definir este constructo. La ciencia económica plantea que el Producto Interno Bruto (PIB) y el ingreso son un proxy adecuado, dado el link que existiría entre ingreso, consumo y utilidad (Abel y Bernanke, 1995; Weimann et al., 2015Easterlin et al., 2010). A pesar de estos argumentos, dicho link ha sido cuestionado recientemente pues asimilar bienestar a ingreso sería erróneo (Easterlin et al., 2010; Sachs, 2012: Stiglitz, Sen, y Fitousi, 2010). Más aún, el excesivo foco en el PIB y en lo material como principales determinantes de progreso estaría llevando a la humanidad a una crisis económica, social y medioambiental que estaría poniendo en jaque el futuro del planeta (SNDP, 2013Diener, Lucas, Schimmack, y Helliwell, 2009Helliwell, Layard, y Sachs, 2012). Por lo tanto, hoy en día hay un creciente acuerdo en la urgente necesidad de contar con nuevos indicadores que vayan más allá de lo material. En esta línea, diversas organizaciones internacionales han propuesto utilizar indicadores de bienestar subjetivo (psicológico) para complementar la métrica tradicional, buscando entregar una figura más acabada del desarrollo de las naciones (Diener, Lucas, Schimmack, y Helliwell, 2009; Helliwell, Layard, y Sachs, 2012; Layard, 2011; OECD 2011a; Stiglitz et al., 2010; UN 2011a, 2011b).

Un segundo gran objetivo de los estados es mejorar la calidad de vida de sus habitantes a través de la provisión de bienes públicos (Kaul, Conceicao, Le Goulven, y Mendoza, 2003). Sin embargo, los recursos son limitados y deben ser asignados de forma eficiente. Para ello se utilizan metodologías estándar de análisis costo-beneficio o costo-efectividad (Cullis, Jones, y Jones, 2009). Lamentablemente, estas metodologías no están exentas de importantes limitaciones. Por ejemplo, son útiles solo cuando los costos y beneficios pueden ser claramente estimados en términos monetarios, lo que no siempre es posible. Tal es el caso de los sectores salud y medioambiente. Por lo tanto, nuevos métodos de asignación de recursos necesitan ser desarrollados para orientar las políticas públicas (Helliwell et al., 2012). Es por esto que recientemente se ha propuesto utilizar indicadores de bienestar subjetivo para complementar las metodologías tradicionales de análisis costo-beneficio (Diener et al., 2009; OECD, 2011a; Stiglitz et al., 2010; UN, 2011a).

Adler y Seligman, 2016Diener et al., 2009 Basados en diversos trabajos previos (Adler y Seligman, 2016; Diener et al., 2009; Dolan, 2008; etc.), este artículo tiene tres grandes objetivos. Primero, mostrar cómo las medidas subjetivas (psicológicas) de bienestar pueden complementar medidas tradicionales de progreso. Segundo, discutir cómo el bienestar subjetivo puede ayudar a solucionar parte de los problemas que aquejan a la humanidad, siendo un aporte a la construcción de un mundo mejor. Tercero, y finalmente, se darán a conocer ejemplos de políticas públicas que utilizan el bienestar subjetivo para ayudar la toma de decisiones en la asignación de recursos escasos.

INDICADORES CONVENCIONALES DE PROGRESO

Para monitorear el bienestar de las naciones existen una serie de indicadores materiales – considerados objetivos – que abordan diferentes aspectos de la calidad de vida de una nación. En este apartado revisaremos los indicadores sociales y económicos más utilizados.

Indicadores sociales

Indicadores de alfabetización, participación laboral, criminalidad, violencia, contaminación (entre otros), son ejemplos de indicadores sociales orientados a evaluar el bienestar de una sociedad. Sin embargo, a pesar de entregar valiosa información, poseen importantes limitaciones. Diener et al. (2009) menciona las siguientes. Primero, la inevitable participación de terceros en los criterios de evaluación del bienestar. Por ejemplo ¿quién decide cuáles son las dimensiones a monitorear y cuáles son las más importantes? ¿Quién es la persona/institución mejor capacitada para evaluarlas asignándoles puntajes? ¿Cómo asignarle ponderadores a cada dimensión1? Diversos métodos se han propuesto para solucionar estos dilemas, pero sin lograr acuerdos definitivos. Hasta ahora la decisión la sigue tomando un tercero(a) que no es el sujeto directo de evaluación2. Segundo, contar con una lista objetiva de indicadores implica asumir que existe un set finito de variables a incluir. Sin embargo, cabe preguntarse ¿cuál es ese set finito? ¿Quién lo decide? ¿Cuánta información se debiese recolectar por cada variable? Estos cuestionamientos abren nuevamente la discusión sobre la subjetividad de los indicadores objetivos. Tercero, los problemas culturales e ideológicos llevan a concluir que sí existen diferencias substanciales entre las personas y entre los estados. Por lo tanto, las cuentas nacionales pueden estar sesgadas y no reflejar apropiadamente el bienestar de la población al basarse en promedios y asumir patrones culturales homogéneos. Cuarto, diferentes problemas de medición pueden estar presentes. Por ejemplo, a pesar de que una serie de variables pueden parecer claras conceptualmente (corrupción, economía ilegal, etc.), a la hora de medirlas aparecen las complejidades.

La mayoría de las limitaciones mencionadas anteriormente se deben a que los supuestos indicadores objetivos representan valores y preferencias de aquellos involucrados en el proceso de medición y decisión, y que para nada son objetivas. Por ende, hasta ahora no ha sido posible llegar al set perfecto de variables, surgiendo la urgente necesidad de complementar estos indicadores tradicionales con un diferente tipo de métrica. En este sentido, medidas de bienestar subjetivo – las cuales representan de una manera más profunda el cómo las personas evalúan sus vidas y la sociedad en que viven – serían clave. Tales medidas entregarían información directa desde la perspectiva del individuo/sujeto de evaluación (y no del “tercero”), evitando opiniones externas sesgadas. Poder utilizar estos indicadores permitiría comprender lo que los individuos realmente valoran de la vida, y no lo que ese “tercero” piensa que deberían valorar. Este tema es crucial para las políticas públicas (Diener et al., 2009; Helliwell et al., 2012).

Indicadores económicos

Los países monitorean diferentes variables económicas (PIB, inflación, empleo, pobreza, etc.) para medir su bienestar (Abel y Bernanke, 1995). Dentro de ellas, el PIB (Kuznets, 1934) se ha convertido el indicador más utilizado. Esto, dado que la ciencia económica asume un estrecho link entre ingreso y bienestar (Sachs, 2012). La idea central de este supuesto radica en asumir que los individuos son racionales y derivan su utilidad del consumo de bienes y servicios. Por lo tanto, en la medida que las personas posean más recursos económicos (a través de mayor PIB per cápita), podrán destinarlos a aumentar su consumo, con lo que debieran registrarse aumentos en sus niveles de utilidad, y por tanto, de bienestar (Abel y Bernanke, 1995; Sachs, 2012; Weimann et al., 2015).

Recientemente, el link ingreso-bienestar ha sido cuestionado fuertemente (Easterlin, 2013; Easterlin et al., 2010; Helliwell et al., 2012; Stiglitz et al., 2010). Sachs (2012), por ejemplo, enumera algunas limitaciones del PIB como medida de bienestar. Primero, los seres humanos no siempre seríamos racionales. En ellos co-existiría una complicada mezcla de emociones y racionalidad (Kahnemann, Kahnemann, y Tversky, 2003). Segundo, mayores ingresos no siempre llevarían a mayores niveles de bienestar (Easterlin, 2013; Easterlin et al., 2010). Por ejemplo, a pesar de que el PIB per cápita en USA es aproximadamente 3 veces mayor que en los ’60, la satisfacción con la vida promedio ha permanecido casi constante durante los últimos 50 años (Sachs, 2012). Tercero, el incremento de la producción habría destruido gran parte de nuestro medioambiente natural, afectando nuestra sustentabilidad futura (International Energy Agency, 2012). Cuarto, colocar el énfasis del desarrollo en lo material ha traído serias consecuencias para los seres humanos. De hecho, nuestros altos niveles de materialismo y consumo estarían afectando no solo la salud mental y psicológica de la población, sino que también estarían poniendo en jaque el futuro del planeta (Dittmar, Bond, Kasser, y Hurst, 2014Unanue, Vignoles, Dittmar, y Vansteenkiste, 2016; Unanue, Vignoles, Dittmar, y Vansteenkiste, 2016). Por lo tanto, nuestro actual modelo de desarrollo no solo sería sinónimo de progreso económico, sino que también causante de diversas aflicciones de la humanidad (Sachs, 2012).

Fuera de los cuestionamientos anteriores, el PIB posee diversas limitaciones metodológicas como medida de bienestar (Stiglitz et al., 2010; Diener et al., 2009). Primero, cuando las sociedades presentan grandes inequidades de ingresos, el PIB no entrega necesariamente información precisa. Podría darse una situación en la que un aumento del PIB global sea consecuencia de una disminución en el bienestar de la mayoría de los ciudadanos y una mejora solo de los más ricos. Esto es conocido como la tiranía de los promedios. Segundo, los indicadores económicos objetivos pueden no capturar elementos específicos que afectan la calidad de vida real de las personas. Por ejemplo, la contabilización de las perforaciones mineras o la captura de recursos acuíferos – lo que aumenta el PIB – ignora las externalidades negativas al medioambiente (contaminación, pérdida de recursos naturales no renovables, etc.). Tercero, el PIB solo contabiliza las actividades de mercado. Lamentablemente, no permite capturar actividades que sí pueden afectar positiva (trabajo dueñas/os de casa, hobbies, trabajo voluntario, etc.) o negativamente (la economía ilegal y el mercado negro) a la sociedad. Por lo tanto, el bienestar de los ciudadanos puede estar sub o sobre valorado. Cuarto, el PIB solo cuantifica las actividades que tienen precios de mercado. Sin embargo, existen elementos subjetivos que afectan positivamente el bienestar de la sociedad pero que no son contabilizados (amor, capital social, vínculos, etc.) al no tener un valor monetario que asignárseles. Quinto, el PIB contabiliza los incrementos en producción de las actividades de mercado, pero no diferencia en términos de sus causas o consecuencias. Por ejemplo, la delincuencia podría llevar a incrementar el PIB dado el aumento de las cárceles. ¿Significa esto que la sociedad esta mejor? No. Por el contrario, reflejaría el incremento en diversos problemas sociales que pueden afectar negativamente nuestro bienestar. Esto va en línea con lo que el mismo creador del PIB declaró décadas atrás, en términos de que el PIB no fue creado para medir prosperidad. Es más, la riqueza de una nación difícilmente podría ser inferida de su ingreso (Adler y Seligman, 2016; Kuznets, 1934).

Para palear las limitaciones del PIB mencionadas anteriormente, se han desarrollado nuevas y modernas herramientas de análisis. Ejemplos de ellas son el método de las preferencias reveladas o de la disposición a pagar (Dolan, 2008). Sin embargo, estos enfoques parten de los mismos supuestos erróneos de la economía tradicional (racionalidad, link utilidad-bienestar-ingresos, etc.), por lo que han mostrado problemas similares en su aplicación (Dolan, 2008; Dolan, Peasgood, y White, 2008). Lo anterior ha llevado a plantear la urgente necesidad de contar con nuevos indicadores de desarrollo, que complementen la información entregada por los indicadores materiales tradicionales. En esta línea, diversas organizaciones internacionales (OECD, 2011a; UN, 2011a,b), junto a prestigiados académicos (Diener et al., 2009; Stiglitz et al., 2010) han hecho un fuerte llamado a utilizar los indicadores de bienestar subjetivo para suplir los vacíos anteriores. Se ha planteado que estos indicadores subjetivos podrían orientar de mejor manera las políticas públicas, ayudando a medir el verdadero progreso de las naciones (Diener et al., 2009; Layard, 2011; Layard et al., 2012). Por ejemplo, en el año 2010, la llamada Comisión Stiglitz (Stiglitz et al., 2010) recomendó a las oficinas de estadísticas del mundo incorporar preguntas que capturen aspectos tales como la satisfacción con la vida y las experiencias hedónicas de los seres humanos. Siguiendo estas recomendaciones, y el llamado del Gobierno de Bután, una resolución de las Naciones Unidas invitó a sus estados miembros a elaborar medidas adicionales de progreso que capturen de mejor forma la importancia de la búsqueda de la felicidad y el bienestar, con el objetivo de guiar de mejor manera sus políticas públicas (UN, 2011a).

Bienestar Subjetivo: Concepto, Dimensiones y su Rol en las Políticas Públicas

La ciencia del bienestar y la felicidad ha evolucionado considerablemente durante de los últimos 30 años. En este período, diversas conceptualizaciones (bienestar hedónico, bienestar eudaimónico, florecimiento, etc.) se han propuesto para el constructo (Adler y Seligman, 2016). En este artículo nos centraremos en el concepto de bienestar hedónico, y en particular en su medida más utilizada: el bienestar subjetivo.

Bienestar subjetivo (subjective well-being en Inglés; Diener, 1984), es un constructo psicológico que refleja hasta qué punto los individuos creen (elemento cognitivo) y sienten (elemento afectivo) que sus vidas son deseables, satisfactorias y gratificantes. Consiste, por ende, de 3 elementos centrales: satisfacción con la vida, experiencias frecuentes de afectos positivos y ausencia de frecuentes afectos negativos (Emmons y Diener, 1985). Por lo tanto, el bienestar subjetivo sería un auto-reporte de las propias evaluaciones de la vida, la que es evaluada positivamente cuando hay coincidencia entre los propios ideales y la calidad de vida percibida (Diener et al., 1999).

Indagar en los estados subjetivos de bienestar del ser humano es de gran relevancia para las políticas públicas (Diener et al., 2009; Helliwell, 2008; Helliwell y Wang, 2012Diener et al., 2009). La principal ventaja de estudiar la subjetividad humana es que refleja las verdaderas percepciones y sentimientos de los individuos respecto a la calidad de vida que están viviendo, sin estar limitada a la evaluación de terceros ni a lo que los gobiernos crean que es lo deseable para una buena vida. Es, por lo tanto, una forma directa y democrática para evaluar los juicios individuales, lo que no es capturado por indicadores tradicionales de las cuentas nacionales tales como el PIB u otros. No necesita, por lo tanto, del establecimiento de criterios de terceros para ponderar los diferentes dominios de la vida. Los indicadores subjetivos reflejan una evaluación general de la vida de cada ser humano, y la calificación que se hace de la propia vida lleva implícitos los ponderadores que cada individuo le de a los diferentes aspectos que valore de su vida. Por lo tanto, no se necesitan juicios externos para obtener una métrica común de comparación entre los diferentes dominios y entre las distintas personas. Esto hace que el constructo bienestar subjetivo sea extremadamente útil para complementar la información entregada por los indicadores económicos tradicionales. Utilizando ambos tipos de indicadores, indicadores objetivos y subjetivos, se podría contar con una figura más acabada del verdadero progreso de las naciones (Diener et al., 2009).

Afortunadamente, investigación reciente ha demostrado, consistentemente, que el bienestar subjetivo puede ser medido de forma válida y confiable (Diener, 2009Helliwell y Wang, 2012Helliwell y Wang, 2012; Diener et al., 2009 Dolan, 2008Helliwell et al., 2012). Además, el constructo correlacionaría significativa y fuertemente con diversos indicadores deseables de progreso y bienestar social. Todo ello ha llevado a insistir en su utilidad como herramienta de política pública (Helliwell y Wang, 2012) al proveer información única y valiosa para monitorear el desarrollo de las naciones (Diener et al., 2009; Dolan, 2008; Helliwell et al., 2012).

HACIA UN NUEVO MODELO DE DESARROLLO BASADO EN BIENESTAR: EL PAPEL DEL BIENESTAR SUBJETIVO

Especialmente durante las ultimas décadas, el mundo ha logrado progresos insospechados en su calidad de vida (Sachs, 2012; SNDP, 2013). Sin embargo, y a pesar de esta prosperidad, estamos viviendo tiempos de grandes contradicciones y desafíos. En este sentido, nuestro actual modelo de desarrollo, basado principalmente en el PIB y en lo material, es en gran parte responsable de la crisis social, económica y medioambiental que estamos viviendo (Sachs, 2012; SNDP, 2013Unanue, 2014aUnanue, 2014a). Solo a modo de ejemplo, actualmente enfrentamos 4 grandes desafíos que están poniendo en jaque el futuro de la humanidad (Unanue, 2014a, 2014b). Primero, el número actual de personas viviendo en pobreza – con menos de US $2 al día – alcanza a casi a un tercio de la población mundial (World Bank, 2012). Segundo, la desigualdad en el planeta ha llegado límites inimaginados. Medido a través del Coeficiente de Gini – el indicador más utilizado para medir desigualdad – por primera vez en la historia el 1 % más rico del mundo poseerá más ingreso que el 50% más pobre de toda la población (BBC, 2015). Lamentablemente la desigualdad de ingresos se asocia a una serie de problemas sociales (homicidios, confianza, enfermedades mentales, bienestar infantil, aprendizaje, etc.) con graves efectos en el bienestar de las naciones (Wilkinson y Pickett, 2011) y que la economía tradicional no ha sido capaz de ver. Tercero, el progreso económico ha creado su propio set de aflicciones, incrementando la prevalencia de enfermedades mentales tales como la depresión y ansiedad (OCDE, 2011b; Sachs, 2012; Wickramaratne, Weissman, Leaf, y Holford, 1989World Bank, 2013). Cuarto, el cambio climático y el calentamiento global se han convertido en el desafío más grande de nuestro presente siglo (World Bank, 2013). El sobre consumo y la sobre producción han jugado un rol clave en este proceso, causando un masivo daño medioambiental que ha reducido la potencialidad de bienestar para las futuras generaciones (Sachs, 2012; Unanue et al., 2016). Estos 4 dilemas (entre otros) han llevado a requerir con urgencia no solo un nuevo modelo de progreso, sino que también nuevos indicadores de desarrollo que midan el verdadero bienestar de las naciones. Hoy necesitamos urgentemente movernos hacia un modelo de desarrollo sustentable (Ki-moon, 2012; Sachs, 2012).

Investigación reciente ha demostrado que el desarrollo sustentable esta íntimamente ligado al bienestar subjetivo (Layard, 2011; Layard, Clark, y Senik, 2012; Sachs, 2012; UN, 2011a, 2011b). De hecho, el bienestar subjetivo correlaciona significativamente con diversos indicadores deseables de bienestar individual, comunitario, social y de país (Diener y Tay, 2012). Por ejemplo, individuos con mayores niveles de bienestar subjetivo tienden a mostrar mejores indicadores de salud mental y física, a construir relaciones más duraderas y significativas, a ser más cooperadores, a tener menos prejuicios, a ser más caritativos y a mostrar mayores niveles de comportamiento pro-social y de preocupación por otros/as (Adler y Seligman, 2016; Diener y Tay, 2012). Por otro lado, también se ha encontrado que el bienestar subjetivo predice la protección del medioambiente, lo que ayudaría a la sostenibilidad planetaria (Brown y Kasser, 2005; Unanue et al., 2014).

Por lo tanto, medir y potenciar el bienestar subjetivo debiese ser un objetivo central de política pública (UN, 2011a). Por un lado, las políticas públicas debieran monitorear constantemente esta variable para capturar la información que no recoge las cuentas nacionales tradicionales. Pero además, dado que solo “lo que se mide tiene una incidencia en lo que se hace” (Stiglitz, Sen, y Fitousi, 2008, p. 4), la medición del bienestar subjetivo debiese ser un paso crucial en políticas públicas. Solo así se podrá lograr que los estados decidan invertir recursos para mejorar este indicador, y con ello la calidad de vida real de los seres humanos. Esto, bajo el convencimiento de que mayores niveles de bienestar subjetivo en la sociedad pueden no sólo ayudar a combatir los 4 grandes desafíos que estarían poniendo en jaque el futuro de la humanidad, sino que además permita construir un mundo mejor.

NUEVAS MÉTRICAS PARA LA ASIGNACIÓN EFICIENTE DE RECURSOS: EJEMPLOS DE POLÍTICA

Tal como se ha mencionado anteriormente, un importante objetivo de los gobiernos es mejorar la calidad de vida de sus habitantes a través de la provisión de bienes públicos. Para lograrlo, generalmente se utilizan metodologías económicas estándar de análisis costo-beneficio o costo-efectividad para asignar los recursos eficientemente (Kaul et al., 2003). Sin embargo, estas metodologías tradicionales presentan importantes limitaciones. A continuación se darán a conocer 4 ejemplos concretos de cómo las medidas de bienestar subjetivo pueden ayudar a complementar estas medidas tradicionales.

Debates morales

La forma más simple de comprender la utilidad del bienestar subjetivo como orientador de política es pensar en los debates morales. Por ejemplo, ¿cómo debe decidir una sociedad acerca de la legalización de las drogas, la prostitución o el aborto? Las decisiones normalmente son tomadas por pequeños grupos que ostentan el poder. Por lo tanto, los valores y preferencias de estos grupos siempre están involucrados, lo que hace cuestionable lo apropiado de estas metodologías. En estos casos, el bienestar subjetivo puede ser un método recomendado para subsanar dichos vacíos (Adler y Seligman, 2016). Por ejemplo, al preguntar a las personas directamente por cómo las diferentes alternativas podrían afectar su bienestar subjetivo, no se necesitarían juicios de terceros. Esto sería una forma democrática y justa de obtener información valiosa, deseable y poderosa para los gobiernos (Diener et al., 2009).

Capital social y confianza

El progreso económico puede acarrear grandes beneficios a los habitantes de un país (Helliwell et al., 2012). Sin embargo, cuando los incrementos del PIB no son acompañados por las políticas correctas, los efectos pueden ser devastadores para las naciones. Una sociedad puede estar creciendo positivamente en forma económica, pero perdiendo – sin darse cuenta – los cimientos que le dan sustento a la sociedad, tales como la confianza, el capital social y los vínculos de la sociedad.

Uno de los determinantes más importantes del bienestar de los individuos y naciones es el capital social, entendido éste como la cantidad y calidad de las relaciones sociales que existen en una comunidad (Layard et al., 2012). La confianza (entre ciudadanos; con los lugares de trabajo; con las instituciones; etc.) afecta significativamente la construcción del capital social, y por lo tanto el bienestar (Meier y Stutzer, 2008; Powdthavee, 2008). La confianza, en este sentido, es clave para entender por qué la satisfacción con la vida (el elemento cognitivo del bienestar subjetivo) ha disminuido en USA y Reino Unido, mientras que ha mejorado considerablemente en Dinamarca e Italia (Layard, 2011). Mientras los niveles de confianza han caído dramáticamente en los primeros, han subido en los segundos, con los consiguientes efectos en bienestar (Layard, 2011; Layard et al., 2012Adler y Seligman, 2016Layard et al., 2012Stiglitz et al., 2010). Mientras que los indicadores económicos tradicionales no pueden capturar estos elementos, los indicadores de bienestar subjetivo sí. Por lo tanto, el bienestar aparece de gran ayuda al entregarnos una fotografía más compleja de la situación país (Adler y Seligman, 2016; Layard et al., 2012; Stiglitz et al., 2010). De esta manera los gobiernos pueden tomar mejores decisiones para compatibilizar crecimiento económico con cohesión social.

Salud

Los recursos son limitados y necesitan ser racionados a través de diferentes mecanismos (Kaul et al., 2003). El sector salud no es ajeno a esta realidad. Una estrategia común es asignar los recursos en base a análisis económicos costo-beneficio (preferencias reveladas, disposición a pagar, etc.). Sin embargo, estos métodos presentan una serie de limitaciones que hasta hoy no han sido solucionadas (Dolan, 2008). Estas limitaciones están normalmente relacionadas con dos factores. Primero, con el cómo decidir quién sería el mejor sujeto de evaluación (público general, practicantes médicos, la persona enferma, etc.). Segundo, por el hecho de que las preferencias de los sujetos a evaluar normalmente no son una buena guía para evaluar experiencias futuras a diferentes errores de predicción (Dolan, 2008; Dolan et al., 2008). Por lo tanto, para solucionar los problemas de los métodos tradicionales – llamados métodos de decisiones hipotéticas – se ha sugerido utilizar medidas más directas de bienestar, tales como el bienestar subjetivo (Dolan, 2008). Un procedimiento simple recomienda preguntar (por ejemplo a la persona enferma) por el estado actual de su salud, para luego estimar los efectos que diferentes enfermedades tendrían en su satisfacción con la vida – elemento cognitivo del bienestar subjetivo. Una vez que se logra estimar la pérdida en satisfacción con la vida por la enfermedad, debiese ser posible calcular cuánto ingreso monetario sería necesario entregarle para devolverlo(a) a los niveles de satisfacción con la vida original sin la enfermedad. Como recomendación, si la enfermedad puede ser tratada por menos que dicha cantidad estimada de dinero, el tratamiento tendría un beneficio neto para la sociedad y el tratamiento debiera realizarse (Groot y van den Brink, 2007). Junto con ello, los métodos que muestren el mayor incremento en bienestar subjetivo – manteniendo los costos constantes – debieran ser los preferidos. Por lo tanto, la utilización de medidas de bienestar subjetivo para evaluar la pertinencia de distintos tratamientos en salud, asoma como una alternativa moderna para asignar eficientemente los recursos.

Externalidades

La producción e intercambio de bienes de mercado puede afectar – positiva o negativamente a las personas que no están directamente involucradas en las transacciones. Este efecto es conocido como externalidades (Ayres y Kneese, 1969). Los economistas han desarrollado diversos métodos para evaluarlas y corregirlas, pero ninguno de ellos ha resultado perfecto (Hunt y d’Arge, 1973). Supongamos, por ejemplo, que un gobierno planea construir un nuevo aeropuerto. ¿Cómo se deberían evaluar los efectos del ruido en la calidad de vida de quienes habitan en sus cercanías para compensarlos? El método económico tradicional plantea comparar los precios de las viviendas en lugares con diferentes niveles de ruido, y asumir que las diferencias de precio reflejan las diferencias en la calidad de vida (bienestar) por la externalidad. Sin embargo, estos enfoques basados en criterios de mercado poseen dos grandes limitaciones. Primero, aunque los precios de mercado de gran parte de los bienes se ajustan rápidamente, el de las viviendas a veces lo hace muy lentamente. Factores como restricciones de mercado, control de precios, u otros, explican esto. Segundo, los compradores pueden sub-estimar el efecto negativo del ruido (errores en las expectativas), por lo que los diferenciales de precios pueden no reflejar el mayor/menor ruido. Las decisiones de compra se basan en el impacto percibido mas que en estándares objetivos – que muchas veces no se conocen (Diener et al., 2009).

Afortunadamente, las medidas de bienestar subjetivo pueden ser empleadas para solucionar estas limitaciones. Van Praag y Baarsma (2004) compararon indicadores auto-reportados de satisfacción con la vida de personas viviendo en lugares con distintos niveles de ruido producto de aeropuertos cercanos. Los autores demostraron que es posible calcular el valor monetario del ruido utilizando los diferenciales en satisfacción con la vida de los involucrados. Este método no solo provee una estimación certera del efecto del daño basado en el método de la utilidad experienciada (Kahneman, Kahneman, y Tversky, 2003), sino que además entrega información clave acerca de diferentes alternativas para compensar el costo de una externalidad. Para determinar la cantidad de dinero a compensar por la externalidad, se sugiere utilizar la conocida asociación entre ingreso y satisfacción con la vida (Dolan, 2008). Siguiendo el mismo razonamiento anterior Helliwell y Huang (2011) desarrollaron el método conocido como de los diferenciales compensatorios. Estos métodos pueden utilizarse además para evaluar diversas externalidades asociadas a la provisión de bienes servicios y públicos (mejores carreteras; centros para el adulto mayor; plazas y parques públicos; etc.) donde los costos y beneficios no son fácilmente capturados por los métodos tradicionales ni por los precios de mercado (Diener et al., 2009).

LIMITACIONES DE LAS MEDIDAS DE BIENESTAR SUBJETIVO PARA ORIENTAR EL PROGRESO DE LAS NACIONES

Utilizar medidas de bienestar subjetivo presenta importantes ventajas para monitorear y promover el bienestar de los pueblos. Sin embargo, su uso no esta exento de las siguientes limitaciones. Primero, al igual que los indicadores tradicionales, estas medidas serían de poca ayuda por sí solas (Dolan, 2008). Es decir, solo tienen sentido en la medida que complementen indicadores tradicionales (Helliwell y Wang, 2012), pues tal como lo reconoce la OCCE (2011a), tanto los indicadores subjetivos como los objetivos son importantes para monitorear el progreso de las naciones (Stiglitz et al., 2010). Segundo, dado que los indicadores de bienestar subjetivo reflejan valores e ideales de los individuos, una importante limitación es la posibilidad de que las preferencias sean manipuladas (Diener et al., 2009). Por ejemplo, si las personas menos privilegiadas no están al tanto – no tienen preferencias porque no los conocen – de mejores condiciones de vida existentes en la sociedad, no tendrían valoraciones por aquellos estados de bienestar. De este modo, los grupos más privilegiados mostrarían los mismos niveles de bienestar que los menos privilegiados. Lo anterior podría ser un incentivo perverso para que los gobiernos decidan tratar de manipular el acceso a la información de los más pobres, lo que hay que evitar. Tercero, se ha argumentado que las personas pueden tender a responder encuestas estratégicamente – manipular sus propias respuestas – para influenciar las políticas públicas a su favor y atraer la atención de los gobiernos (Diener et al., 2009). Pero esta preocupación no solo es válida para las políticas públicas, sino que además es una preocupación de la investigación en ciencias del comportamiento. Por lo tanto, los investigadores deben estimar/estudiar una muestra relevante de la población para disminuir la probabilidad de que un pequeño número de encuestados afecte significativamente los resultados (Diener et al., 2009). Cuarto, y último, cabe destacar que en este artículo nos hemos centrado solo en aspectos hedónicos del bienestar, y en particular en el constructo llamado bienestar subjetivo. Sin embargo, bienestar es un constructo más amplio que abarca además elementos eudaimónicos y de florecimiento humano (Adler y Seligman, 2016). Por lo tanto, las políticas públicas también debieran considerar el uso de estos indicadores para medir progreso y complementar las medidas económicas tradicionales.

CONCLUSIÓN

Los países miden su progreso económico basándose fundamentalmente en indicadores económicos y materiales objetivos (PIB, consumo, etc.), al mismo tiempo que utilizan metodologías de asignación de recursos escasos basados en criterios costo-beneficio. Sin embargo, esto presentaría importantes limitaciones para medir y potenciar el progreso de las naciones, lo que se ha discutido detalladamente en este artículo. Como se ha visto, indicadores de bienestar subjetivo (psicológico) permitirían complementar las medidas tradicionales al proveer una mejor representación de la verdadera calidad de vida de los individuos. Estos indicadores permitirían contar con una figura más acabada del bienestar social y del progreso de las naciones, ayudando además a asignar más eficientemente los recursos y a la construcción de un mundo mejor (Adler y Seligman, 2016; Diener et al., 2009; Dolan, 2008).

Referencias

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Notas

1 El Índice de Desarrollo Humano (IDH) asigna ponderación de 1/3 a cada una de las 3 variables que mide (Anand, 1994).¿Por que asignar iguales ponderaciones a ingreso, educación y salud?
2 Un notable avance es el modelo de la OECD (2011a), el cual pretende superar este problema dando libertad para que la medición de 11 indicadores reflejen las preferencias individuales de los participantes, sin influencias de terceros.

Notas de autor

Correspondencia: Wenceslao Unanue. Escuela de Negocios Universidad Adolfo Ibáñez. Diagonal Las Torres 2700, Edificio C, Peñalolén. Santiago. Chile. E-mail: wenceslao.unanue@uai.cl

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