PREVALENCIA DE LA VIOLENCIA EN EL NOVIAZGO: UNA REVISIÓN SISTEMÁTICA
PREVALENCIA DE LA VIOLENCIA EN EL NOVIAZGO: UNA REVISIÓN SISTEMÁTICA
Papeles del Psicólogo, vol. 38, núm. 2, pp. 135-147, 2017
Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos
Resumen: Se presenta una revisión sistemática de estudios sobre prevalencia de la violencia en el noviazgo (física, psicológica y sexual) cometida y sufrida en adolescentes y jóvenes. De 1221 referencias iniciales, 113 cumplían con los criterios de calidad preestablecidos (evaluación de la violencia con instrumentos fiables y válidos, muestras superiores a 500 participantes u obtenidas mediante muestreo probabilístico). Se encontró una gran variabilidad en los datos de prevalencia, con rangos de variación entre el 3.8% y el 41.9% en violencia física cometida; entre el 0.4% y el 57.3% en violencia física sufrida; entre el 4.2% y el 97% en violencia psicológica cometida; entre el 8.5% y el 95.5% en violencia psicológica sufrida; entre el 1.2% y el 58.8% en violencia sexual cometida; y entre el 0.1% y el 64.6% en violencia sexual sufrida. Los resultados sugieren una mayor prevalencia en la perpetración de agresiones psicológicas por mujeres y sexuales por los hombres; una mayor victimización psicológica y sexual en mujeres; así como tasas ligeramente superiores de agresiones en los adolescentes que en los adultos jóvenes. Asimismo, en muchos de los trabajos revisados las agresiones tenían una naturaleza bidireccional.
Palabras clave: Violencia en el noviazgo, Adolescentes, Prevalencia, Revisión sistemática.
Abstract: This article conducts a systematic review on the prevalence of dating violence in adolescents and young people. Primary studies about physical, psychological and sexual dating violence (perpetration and victimization) were analyzed. A total of 1,221 references were found and, out of those, 113 met the pre-established quality criteria (studies had to have used assessment tools with evidence of reliability and validity in samples of over 500 participants or obtained through probabilistic sampling). The results showed great variability in the figures on the prevalence of dating violence. Specifically, the percentages range from 3.8% to 41.9% for perpetrated physical violence; from 0.4% to 57.3% for victimized physical violence; from 4.2% to 97% for perpetrated psychological violence; from 8.5% to 95.5% for victimized psychological violence; from 1.2% to 58.8% for perpetrated sexual violence; and finally, from 0.1% to 64.6% for victimized sexual violence. The results suggest a higher prevalence in the perpetration of psychological aggression by women and sexual violence by men; greater psychological and sexual victimization in women; and slightly higher rates of aggression in adolescents than in young adults. Also, in many of the papers the aggression had a bidirectional nature.
Keywords: Dating violence, Adolescents, Prevalence, Systematic review.
Se considera violencia en las relaciones de noviazgo de los adolescentes y jóvenes (VRN) a cualquier tipo de agresión intencionada de un miembro de la pareja contra el otro durante el noviazgo. Las agresiones en el noviazgo suelen encuadrarse en tres grandes categorías (i.e., violencia física, psicológica y sexual) y, tal y como se puede ver en la Figura 1 se manifiestan de diferentes formas (Cornelius y Resseguie, 2007; Foshee, 1996Foshee, Bauman, Linder, Rice y Wilcher, 2007 Leen et al., 2013; Shorey, Cornelius y Bell, 2008). Así y todo, la diferenciación entre las diversas formas de violencia es útil para facilitar su estudio, pero hay que tener presente que los diferentes tipos de agresión están interrelacionados y muy frecuentemente, tienen lugar de manera conjunta (Pozueco, Moreno, Blázquez y García-Baamonde, 2013; Stets y Henderson, 1991).
Desde que James Makepeace (1981) ya alertara sobre la necesidad de prestar atención a la violencia que se producía durante el noviazgo, se ha ido generando un importante corpus de investigación empírica sobre diversos aspectos en esta materia (e.g., modelos teóricos, prevalencia, factores de riesgo asociados o programas de intervención). La gravedad de este fenómeno violento y su impacto en la sociedad actual, hacen necesaria la identificación de su prevalencia real y de los factores de riesgo asociados más relevantes. De esta forma, se podría incrementar la eficacia de los programas preventivos de la violencia contra la pareja implementados específicamente en los entornos educativos, ya que con frecuencia las primeras relaciones de noviazgo entre los adolescentes se inician en los centros de educación secundaria.
En los últimos años se han realizado algunas revisiones sistemáticas sobre prevalencia de la violencia contra la pareja (e.g., Desmarais, Reeves, Nicholls, Telford y Fiebert, 2012a, 2012b y también algunas revisiones críticas de tipo narrativo sobre agresiones en el noviazgo (González-Ortega, Echeburúa y Corral, 2008; Jackson, 1999Lewis y Fremouw, 2001Rey, 2008Rojas-Solís, 2013Shorey, Cornelius y Bell, 2008Shorey, Stuart y Cornelius, 2011 . En el ámbito concreto de la VRN, aunque se tiene conocimiento de una reciente revisión sistemática que ha analizado, entre otros aspectos, la prevalencia de este tipo de violencia (Leen et al., 2013), los criterios de inclusión son muy restrictivos en cuanto a la edad de los participantes (12-18 años) y al período de análisis (años 2000-2011); además, solo revisa la prevalencia de la violencia sufrida (victimización) dejando al margen la violencia cometida (perpetración).
Con estos antecedentes, el objetivo fundamental de este trabajo es la revisión sistemática de los estudios primarios sobre prevalencia de la VRN (física, psicológica y sexual) cometida y sufrida. Los resultados se analizan y discuten prestando especial atención a variables sociodemográficas de los participantes como el sexo (varones vs. mujeres), la edad (adolescentes vs. adultos jóvenes) y la relación de pareja (en curso vs. finalizada), así como a otras variables como el año de publicación del estudio, país de procedencia de la muestra de estudio e instrumentos de evaluación empleados, todo ello con el fin de obtener una visión más certera de la prevalencia real de estas dinámicas violentas.
Método
Procedimiento de búsqueda
Los términos de búsqueda, el periodo de análisis y las fuentes consultadas siguen la metodología empleada en estudios previos (Montesano, López-González, Saúl y Feixas, 2015; Saúl et al., 2012 . Para seleccionar los documentos originales primarios se empleó la siguiente ecuación de búsqueda en los campos título (TI), resumen (AB) o palabras clave (KW): [(“date violence” OR “date abuse” OR “date aggression” OR “dating violence” OR “dating abuse” OR “dating aggression” OR “courtship violence” OR “courtship abuse” OR “premarital abuse” OR “premarital violence” OR “premarital aggression”) AND (“prevalence” OR “incidence” OR “frequency”)]. Las bases de datos utilizadas fueron PsycINFO y Medline (temáticas); y E-Journals, Academic Search Premier, Scopus y Web of Science (multidisciplinares).
La búsqueda documental se llevó a cabo sin restricciones idiomáticas y se fijó diciembre de 2013 como límite superior del período de análisis.
En cuanto a las fuentes consultadas, se tuvieron en cuenta las recomendaciones de Sánchez-Meca, Marín-Martínez y López-López (2011) combinándose estrategias de búsqueda formales e informales (ver Figura 2).


Criterios de inclusión y exclusión de los estudios
Los criterios de inclusión de los estudios se establecieron siguiendo el formato PICOS1 (véase Perestelo-Pérez, 2013):
Tipo de participantes: adolescentes y jóvenes adultos de ambos sexos, rango de edad (12-35 años), sin patología psiquiátrica conocida, procedentes de la población general y con una relación de noviazgo en la fecha de la realización del estudio o en un momento anterior.
Tipo de estudios: trabajos primarios sobre prevalencia de la violencia física, psicológica o sexual cometida (perpetración) y/o sufrida (victimización) en las relaciones de noviazgo.
Tipo de medidas de resultado: instrumentos de evaluación validados y con evidencias de fiabilidad.
Tipo de diseños: estudios empíricos con grandes muestras (mayores de 500 sujetos). También se incluyeron trabajos con menos de 500 participantes si la muestra se había obtenido mediante técnicas de muestreo probabilístico.
En cuanto a los criterios de exclusión, quedaron fuera aquellos trabajos que omitían información metodológica fundamental en el abstract, como el número de participantes o la edad, y los que no aportaban datos diferenciados por tipo de violencia (física, psicológica y/o sexual). También se excluyeron los estudios de revisión, ensayos, estudios de caso y cualquier otro trabajo de tipo cualitativo.
Con respecto al tipo de publicaciones, se incluyeron artículos de revista, tesis doctorales, libros y capítulos de libros, y se descartaron periódicos divulgativos, informes breves, conferencias, actas de congresos, cartas y ensayos.
Codificación de los estudios
Se generó una base de datos con las siguientes categorías: (a) datos bibliográficos: autoría y año de publicación; (b) variables relativas a los participantes: número, sexo, tipo de muestra (adolescentes vs. adultos jóvenes) y estado de la relación de pareja (en curso vs. finalizada); (c) variables contextuales: país donde se realizó el estudio; (d) variables metodológicas: instrumentos empleados para evaluar la violencia; y (e) variables extrínsecas: presencia de conflicto de intereses.
Resultados
En total, se recuperaron 1.221 referencias; se desestimaron el 90.8% tras el análisis del título y del resumen de cada una de ellas, obteniéndose un total de 113 estudios con control de calidad. En la Figura 2 puede verse la secuencia del procedimiento de búsqueda y selección de estudios, con la especificación de las bases de datos consultadas y los registros encontrados en cada una de ellas, así como el número de trabajos descartados y las causas de eliminación.
Los datos de los 113 estudios seleccionados pusieron de manifiesto el amplio rango de variación en la prevalencia de las tres modalidades de violencia cometida y sufrida. En violencia física cometida, el rango de variación osciló entre el 7.7% y el 40.3% en el caso de los hombres, y entre el 3.8% y el 41.9% en mujeres. La variabilidad en violencia física sufrida osciló del 0.4% al 53.7% en hombres, y del 1.2% al 41.2% en mujeres que, sin embargo, se elevó hasta el 77.8% en datos combinados de hombres y mujeres (Smith, White y Holland, 2003). El rango de variación en violencia psicológica cometida se situó entre el 4.3% y el 95.3% en hombres, y entre el 4.2% y el 97% en mujeres. En violencia psicológica sufrida los datos de prevalencia variaron entre el 8.5% y el 94.5% en hombres, y entre el 9.3% y el 95.5% en mujeres. Por último, la prevalencia de la violencia sexual cometida por los hombres osciló entre el 2.6% y el 58.8%, y por las mujeres entre el 1.2% y el 40.1%; y la prevalencia de la violencia sexual sufrida por los hombres estuvo entre el 0.1% y el 54.2%, y por las mujeres entre el 1.2% y el 64.6%. El porcentaje de violencia sexual se elevó al 79.2% cuando no se hizo distinción entre sexos.
En las Tablas 12 y 3 figuran algunos de los 113 estudios seleccionados sobre prevalencia de la violencia física, psicológica y sexual en el noviazgo. Por razones de espacio, solo se muestran en las tablas los trabajos que se estimaron más representativos en base en los siguientes criterios: (a) relevancia, estudios con más de 50 citas en las bases de datos Scopus o Web of Science; (b) representatividad, trabajos con muestras muy grandes (n > 5000 sujetos); y (c) transnacionalidad y diversidad cultural, investigaciones con muestras provenientes de diferentes países y trabajos realizados en entornos no anglosajones. Las tablas se han organizado en función de la edad de los participantes (adolescentes y jóvenes adultos) y de los instrumentos de evaluación empleados para poder apreciar, en su caso, la presencia de patrones en los datos.
Prevalencia de la violencia en el noviazgo en función de variables sociodemográficas
Los datos de prevalencia que aportan los diversos trabajos seleccionados son dispares en función del sexo. Sin embargo, en un numeroso grupo de estudios se aprecian mayores tasas de prevalencia en la comisión de agresiones psicológicas y de victimización en las mujeres. Asimismo, gran parte de los trabajos recuperados indican una mayor perpetración de agresiones sexuales por parte de los varones y una mayor victimización en las mujeres. Además, los resultados sugieren que en muchos de los trabajos revisados las agresiones revisten un carácter recíproco o bidireccional, esto es, que ambos miembros de la pareja son tanto víctimas como victimarios. El análisis de los diferentes trabajos parece evidenciar que la bidireccionalidad es más frecuente en las agresiones de tipo psicológico.
En lo que respecta a la edad, la gran mayoría de los estudios muestran tasas ligeramente superiores de comportamientos agresivos en los adolescentes que en los adultos jóvenes, tanto en perpetración como en victimización, con porcentajes muy elevados ( > 90%) en agresiones de tipo psicológico (véanse Fernández-Fuertes y Fuertes, 2010; Muñoz-Rivas et al., 2007a).
Finalmente, en lo que se refiere al estado de la relación de pareja, la mayor parte de los trabajos revisados no informan y no permiten establecer comparaciones en este aspecto. Prevalencia de la violencia en el noviazgo en función de variables bibliográficas, contextuales y metodológicas
No se aprecian diferencias importantes en los datos de prevalencia en función del año de publicación o país de procedencia de los trabajos. Sin embargo, las tasas de prevalencia de la violencia tienden a ser más elevadas cuando los comportamientos agresivos fueron evaluados con la Escala de Tácticas de Conflicto (CTS) y versiones posteriores (MCTS y CTS2), o con el Inventario de Conflicto en las Relaciones de Noviazgo de los Adolescentes (CADRI).





Discusión
En este trabajo se ha realizado una revisión sistemática de la literatura que en las últimas décadas ha investigado la prevalencia de la violencia física, psicológica y sexual cometida y sufrida en las relaciones de noviazgo de adolescentes y jóvenes, combinando estrategias de búsqueda en fuentes formales e informales. La utilización de una ecuación de búsqueda exhaustiva y fácilmente replicable en otras investigaciones, ha permitido maximizar el hallazgo de trabajos primarios sobre prevalencia de la VRN y ha puesto de manifiesto el importante corpus de investigación empírica generado.
El resultado más destacable es la extraordinaria variabilidad existente en los datos de prevalencia de los estudios revisados, en consonancia con lo señalado por otros autores (e.g., Hickman, Jaycox y Aronoff, 2004; Lewis y Fremouw, 2001). El análisis de la prevalencia de la violencia cometida y sufrida en función del sexo muestra resultados contrapuestos de unos estudios a otros entre hombres y mujeres, fundamentalmente en el caso de la violencia física (véanse, por ejemplo, Fernández-Fuertes y Fuertes, 2010; Howard y Wang, 2005Rey-Anacona, 2013White y Koss, 1991 . Así y todo, y siendo muy cautos en este aspecto, se observan algunos patrones en la presentación de los datos. Por ejemplo, una parte significativa de los estudios recuperados muestran una mayor prevalencia de la violencia psicológica cometida y sufrida por mujeres, en la línea de algunos estudios de revisión precedentes (Archer, 2000; Fiebert, 2004; Straus, 2008 . En cuanto a violencia sexual, la mayoría de los trabajos indican tasas superiores en la perpetración de agresiones por parte de los varones y una mayor victimización en las mujeres, también en la línea de lo que viene informando la literatura (e.g., Corral, 2009; Foshee et al., 2009; Jackson, 1999).
Un hallazgo muy relevante es la existencia de violencia bidireccional en una parte significativa de los estudios revisados (e.g., Harned, 2001; Malik, Sorenson y Aneshensel, 1997Palmetto, Davidson, Breitbart y Rickert, 2013; Rubio-Garay, López-González, Saúl y Sánchez-Elvira-Paniagua, 2012; Straus, 2008Straus y Ramírez, 2007 . En este sentido, en una dinámica de pareja violenta, ambos miembros pueden actuar como perpetradores y como víctimas, de tal forma que frente a un comportamiento agresivo se responda con una medida defensiva también de carácter violento (Lewis y Fremouw, 2001). Sin embargo, también es habitual que un miembro de la pareja agreda al otro en un momento determinado y la otra parte responda agresivamente en un tiempo y en un contexto diferente (Palmetto et al., 2013). En la mayoría de los trabajos revisados que muestran la existencia de violencia bidireccional, los participantes informan del comportamiento de sus parejas o ex-parejas y, en muy pocos, la unidad de análisis es la diada (e.g., McLaughlin, Leonard y Senchak, 1992). De esta forma, no es posible determinar si las interacciones recíprocas agresivas suceden con la pareja actual o constituyen un patrón habitual de relación con otras parejas. En cualquier caso, parece ser que independientemente de quien inicie una agresión, los hombres usan formas de violencia física más peligrosas, y las mujeres sufren daños físicos y psicológicos más graves (Archer, 2000, 2004Harned, 2001; Jackson, 1999;Muñoz-Rivas, Graña, O’Leary y González, 2007b).
Se han planteado diversas explicaciones para la violencia bidireccional. Por ejemplo, la teoría de la transmisión intergeneracional de la violencia (Lewis y Fremouw, 2001; Palmetto et al., 2013 plantea que las víctimas podrían observar y aprender que los agresores de pareja (por ejemplo, al ver la violencia entre sus padres) experimentan consecuencias positivas con sus acciones y emplear, de esta forma, estrategias violentas similares en sus relaciones de pareja actuales o futuras. Otros autores proponen que la violencia engendra violencia, de manera que algunos adolescentes y jóvenes estarían inmersos en una cultura de la violencia que propiciaría este tipo de conductas (Jackson, 1999). También se ha postulado el papel de la auto-defensa en las violencia bidireccional (Lewis y Fremouw, 2001), a pesar de que las estrategias de autodefensa sólo explicarían un porcentaje limitado de este tipo de agresiones (Straus, 2008). Finalmente, se han planteado otras posibles explicaciones como la venganza, es decir, “yo te agredo porque tú me agredes”, los celos, el control, la dominación y el propio deterioro de la relación (Fernández-Fuertes y Fuertes, 2010; Follingstad, Wright, Lloyd y Sebastian, 1991 Straus, 2008). En todo caso, parece necesario seguir investigando en las causas de la violencia bidireccional y en el desarrollo de estrategias preventivas.
En lo que se refiere a la influencia de la edad en la prevalencia de la VRN, se aprecian tasas ligeramente superiores de comportamientos agresivos en los adolescentes que en los adultos jóvenes. Esta tendencia a la disminución de los comportamientos agresivos en el noviazgo con el incremento de la edad, ha sido recogido en algún estudio de revisión (e.g., Capaldi, Knoble, Shortt y Kim, 2012); no obstante, las consecuencias de la violencia suelen ser mucho más graves en edades más tardías a pesar de tener una frecuencia menor (González-Ortega et al., 2008). Por otro lado, hay que resaltar que más del 90% de los trabajos revisados se realizaron con estudiantes de enseñanzas medias (adolescentes) y universitarios (adultos jóvenes), posiblemente por su mayor accesibilidad. En los escasos estudios con muestras comunitarias, los datos de prevalencia de la VRN también fueron dispares, por lo que cabe suponer que la procedencia de la muestra empleada no parece ser determinante en la prevalencia de estas dinámicas violentas. En este sentido, sería recomendable que en futuras investigaciones se analice la prevalencia de la VRN en otras poblaciones (e.g., adolescentes y jóvenes con problemáticas específicas) que, explícitamente, se han excluido de este trabajo.
El año de publicación no parece ejercer un papel relevante sobre las tasas de prevalencia de la VRN que aparecen en los estudios. Los datos indican una prevalencia muy variable, tanto en los trabajos publicados en los últimos dos decenios del pasado siglo, como en las investigaciones más recientes, no observándose ninguna tendencia definida (creciente vs. decreciente) en los porcentajes de violencia informada. De igual manera, el país de procedencia de los diversos estudios seleccionados tampoco parece ser importante en las tasas de prevalencia informadas. En este sentido, la mayoría de los trabajos se realizaron en los Estados Unidos y la variabilidad es tan amplia como en otros entornos geográficos.
Finalmente, los trabajos recuperados muestran que la evaluación de la violencia se ha realizado fundamentalmente con medidas de auto-informe, siendo la Escala de Tácticas de Conflicto (CTS; Conflict Tactics Scale; Straus, 1979 y sus versiones posteriores modificadas (Neidig, 1986) y reformuladas (Straus, Hamby, Boney-McCoy y Sugarman, 1996) los instrumentos más empleados. También se emplearon con menor frecuencia, encuestas, entrevistas e instrumentos diseñados ad hoc. Los datos parecen indicar tasas ligeramente superiores de violencia cuando las muestras se evaluaron con la CTS, MCTS, CTS2 o el CADRI, a pesar de la variabilidad encontrada. Así y todo, la CTS y sus diversas versiones como instrumentos de evaluación de la VRN han sufrido diversas críticas, fundamentalmente porque algunos ítems podrían sobreestimar la violencia psicológica y la violencia femenina, y subestimar la masculina; por no estar originalmente diseñadas para la evaluación de relaciones adolescentes; y por la subestimación de algunas agresiones indirectas y no diferenciar bien entre violencia moderada y grave (véanse González y Santana, 2001Jackson, 1999;Muñoz-Rivas, Andreu, Graña, O’Leary y González, 2007; Ryan, Frieze y Sinclair, 1999 citado en Fernández-Fuertes, Fuertes y Pulido, 2006White, Smith, Koss y Figeredo, 2000).
En definitiva, esta revisión ha puesto de manifiesto importantes diferencias en las tasas de prevalencia de unos estudios a otros en violencia física, psicológica y sexual cometida y sufrida en las relaciones de noviazgo de los adolescentes y jóvenes. Algunos autores (e.g., Lewis y Fremouw, 2001; Offenhauer y Buchalter, 2011Teten, Ball, Valle, Noonan y Rosenbluth, 2009 han apuntado que estas diferencias podrían estar originadas por las diversas definiciones operacionales de la VRN; algunas características específicas de la muestra (e.g., pertenencia a determinadas subpoblaciones que no se han tenido en consideración en el diseño de las investigaciones); o incluso a los distintos marcos temporales de prevalencia elegidos (e.g., prevalencia vital, prevalencia en los últimos 12 meses, etc.). Desde nuestro punto de vista, el uso mayoritario de auto-informes en los trabajos incidiría en la subjetividad de las respuestas y, por tanto, en su sobreestimación o no en función de la percepción del que responde y de sus características de personalidad (e.g., empatía, moralidad…) lo que también pudiera explicar la variabilidad hallada. Ello sugiere la necesidad de explorar la prevalencia de este problema mediante la evaluación de observadores externos y tomando como unidad de análisis la pareja en lugar de las personas a nivel individual. En todo caso, la revisión ha evidenciado que las agresiones en el noviazgo, sobre todo las agresiones de tipo verbal y emocional, tienen una elevada prevalencia, seguidas por las agresiones sexuales y físicas. Se trata, por tanto, de un grave problema social que produce consecuencias negativas en la salud global y en el funcionamiento interpersonal de las víctimas y que, en el contexto escolar, se traduce en mayores dificultades académicas, falta de seguridad, bajo rendimiento académico, menores logros educativos, abandono de los estudios, absentismo, etc. (Banyard y Cross, 2008; Centers for Disease Control and Prevention, 2012; Rubio-Garay, Carrasco, Amor y López-González, 2015Teten et al., 2009 . Todo ello justifica la necesidad de desarrollar e implementar programas de prevención primaria y secundaria de la violencia en los entornos educativos (Cornelius y Resseguie, 2007), dado que la media de las primeras relaciones de noviazgo se sitúa en los 14-15 años (Viejo, 2014) y, a estas edades, casi la totalidad de los adolescentes se encuentran cursando estudios en centros de educación secundaria En este sentido, la experiencia de un programa de prevención primaria de la VRN (Hernando, 2007), llevado a cabo con adolescentes de un centro de educación secundaria de Huelva (España), puso de manifiesto un cambio en las actitudes individuales con respecto a las agresiones en el noviazgo, así como un mayor conocimiento y capacidad para la detección de situaciones de maltrato físico, psicológico y sexual, además de un incremento en las habilidades para enfrentarse a este tipo de situaciones. Los resultados obtenidos por Hernando (2007) se situarían en la línea de otros trabajos que han evaluado la eficacia de programas de prevención de la VRN en el ámbito educativo en entornos culturales distintos al nuestro. Este tipo de programas han mostrado efectos positivos a corto y a largo plazo en el cambio de actitudes y conductas con respecto a la violencia, en la modificación de los roles tradicionales y de los estereotipos de género, en el desarrollo de habilidades de comunicación, de resolución pacífica de conflictos y de solución de problemas, o la mejora de la autoestima (véanse Cornelius y Resseguie, 2007; Leen et al., 2013, para una revisión).
La principal limitación de este trabajo es de tipo metodológico, ya que un número indeterminado de estudios podrían haber quedado excluidos de las búsquedas realizadas en las bases de datos por no incluir en el título, resumen o palabras clave alguno de los términos de la ecuación de búsqueda, por ejemplo, por la elección de otras palabras clave por parte de los autores de los estudios primarios. Una segunda limitación procede de los propios criterios de inclusión y exclusión establecidos, dado que se han podido descartar trabajos pertinentes por omitirse en los resúmenes/abstracts información esencial, bien de datos brutos de violencia física, psicológica o sexual, o bien por no recoger el número de participantes o el tipo de muestreo empleado.
Conflicto de intereses
No existe conflicto de intereses
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