Dossier
Etnografía con los movimientos de lucha por el derecho a la vivienda en el sur de Europa: retos metodológicos en la investigación colaborativa para la acción social1
Ethnography of housing movements struggling in Southern Europe: methodological challenges in collaborative research for social action
Etnografia com os movimentos de luta pelo direito à moradia no sul da Europa: desafios metodológicos na pesquisa colaborativa para a ação social
Etnografía con los movimientos de lucha por el derecho a la vivienda en el sur de Europa: retos metodológicos en la investigación colaborativa para la acción social1
Universitas Humanística, núm. 86, pp. 139-166, 2018
Pontificia Universidad Javeriana
Recepción: 20 Julio 2017
Aprobación: 18 Junio 2018
Resumen: Stop Desahucios 15M Granada (Andalucía-Estado Español) es un movimiento que nace en 2011 en el Sur de Europa ante la ausencia de alternativas habitacionales para un gran número de personas que hipotecaron sus vidas y ante la incapacidad del Estado de ofrecer soluciones prácticas a dicho problema. A partir de este ecosistema de acción social, compartiremos los pasos que estamos dando para sumergirnos en nuevas formas de hacer-habitar una investigación etnográfica desde “el común”, lo colaborativo y la producción colectiva del conocimiento junto al movimiento de lucha por el derecho a la vivienda Stop Desahucios 15-M Granada. Comenzaremos con unas breves coordenadas sobre los lugares desde donde vivimos-investigamos, para después compartir los procesos activados que denominamos dispositivos de escucha (grupos de debate, proyecto transmedia) junto al grupo. Un proceso de coinvestigación atravesado por la voluntad de descolonizar la práctica etnográfica recurriendo al pluriversalismo metodológico y a la centralidad del proceso de subjetivación política.
Palabras clave: etnografía colaborativa, pluriverso metodológico, subjetivación política.
Abstract: Stop Evictions 15M Granada (Andalusia-Spanish State-Southern Europe) is a movement born in 2011 that is facing the lack of housing availability for a large number of people, whose mortgaged homes are growingly being evicted. Therefore, this movement is confronting the State unwillingness to offer practical solutions to the housing problem. Focusing on Stop Evictions's ecosystem of social action, we will share the steps we are taking to immerse ourselves in new ways of doinginhabiting an ethnographic research based on “the common(s)”, on collaborative research and on collective knowledge production together with the housing movement. First we will begin by contextualizing the places in which we live and research, then we will discuss the “listening apparatuses” (focusing on “debate forums” and on a transmedia project) that we have set up inside the group. We conceive these experiences as part of our co-research process, in which we are attempting to decolonize the ethnographic practice mostly by: i) adopting a methodological pluriversalism, ii) placing political subjectivation processes at the heart of engaged research.
Keywords: collaborative ethnography, methodological pluriverse, political subjectivation.
Resumo: Stop Desahucios 15M Granada (Parar Despejos 15M Granada - Andaluzia-Espanha) é um movimento que nasceu em 2011, no sul da Europa, em um contexto marcado pela ausência de alternativas habitacionais para grande número de pessoas que hipotecaram as suas vidas e perante a inaptidão do Estado na oferta de soluções práticas para esse problema. A partir deste ecossistema de ação social é que vamos compartilhar os passos que temos dado para imergir- nos em novas formas de fazer-habitar uma pesquisa etnográfica que parte de “o comum”, do colaborativo e da produção coletiva do conhecimento junto ao movimento de luta pelo direito à moradia Stop Desahucios 15-M Granada. Começaremos dando umas breves coordenadas sobre os locais onde moramos-pesquisamos, para compartilhar em seguida os processos ativados que nomeamos de dispositivos de escuta (grupos de debate, projeto trans-mídia) com o grupo. Um processo de co-pesquisa atravessado pelo desejo de descolonizar a prática etnográfica recorrendo ao pluri-versalismo metodológico e à centralidade do processo de subjetivação política.
Palavras-chave: etnografia colaborativa, pluriverso metodológico, subjetivação política.
Cómo citar este artículo
Olmos Alcaraz, A., Cota, A. S., Álvarez Veinguer, A. y Sebastiani, L. (2018). Etnografía con los movimientos de lucha por el derecho a la vivienda en el sur de Europa: retos metodológicos en la investigación colaborativa para la acción social. Universitas Humanística, 86, 139-166. https://doi.org/10.11144/Javeriana.uh86.emld
Introducción
La crisis económica comenzada en 2007, con el estallido de la burbuja inmobiliaria, desató una enorme tragedia en el Estado español, poniendo en evidencia la ausencia de alternativas habitacionales para un número creciente de personas que habían hipotecado sus vidas y sueños. Una década después, los desahucios no han cesado. En este contexto, en los últimos años han surgido movimientos que luchan por el derecho a una vivienda digna, como es el caso de “Stop Desahucios-15M Granada”6 (de ahora en adelante: Stop Desahucios), junto al que estamos investigando desde finales de 2015.7 El propósito de estas páginas es el de compartir nuestro proceso de construcción de una etnografía colaborativa con este movimiento, y se concibe como una tentativa para repensar algunas de las prácticas metodológicas8 más instauradas en el canon etnográfico, con el objetivo de contribuir desde nuestros saberes encarnados a descolonizar la investigación en ciencias sociales.
¿Por qué sentimos esta necesidad? En gran medida porque entendemos que las maneras de escribir, narrar y representar el mundo que nos rodea, se han basado en una continuada denostación y no reconocimiento de los grupos y colectivos con los que trabajamos, una invisibilización que no nos ha permitido pensar desde otras cosmogonías y cosmovisiones. Desde el siglo XVIII, la herencia positivista sustentada en una epistemología cartesiana, ha ido consolidando escenarios de dualismos múltiples, que han jugado un papel central en los modos de investigar y en las formas de construir significados e interpretaciones sobre la realidad social (véanse Lander, 2000; Castro-Gómez, 2005). Las pretensiones de objetividad y universalidad que han caracterizado a la ciencia nunca dejaron de ser polémicas: más aun, han sido sometidas a numerosos cuestionamientos por rechazar sistemáticamente la validez de los saberes del otro, de todos los otros (Lander, 2008, p. 249), especialmente de las otras. De esta manera, las ciencias sociales han quedado atrapadas en un “provincialismo eurocentrado” (Chakrabarty, 2000), un reduccionismo epistémico y metódico que limita los generadores y portadores de otros saberes no académicos a objetos de estudio o a lo sumo a meros/as “informantes”. Este reduccionismo no solo es frecuente en metodologías monológicas y academicistas, sino que también se reproduce en investigaciones militantes que tienden a instrumentalizar al “otro” como nueva “vanguardia” de un proceso de transformación social unidireccional y exógena (Dietz, 2012). En este artículo queremos aportar la experiencia de una investigación que, aun elaborándose desde un posicionamiento activista y una vocación transformadora, se aleja de todo tipo de vanguardismo y trata de cuestionar la autoridad epistemológica tradicionalmente asignada al saber académico.
El texto procede de la siguiente manera: primero contextualizaremos las coordenadas desde las que habitamos esta etnografía,9 haciendo referencia a sus territorios -Granada, Andalucía (Estado español)-, entendidos como Sur global, y a las personas junto a las que estamos luchando/investigando; hablaremos por tanto del grupo Stop Desahucios. A continuación, recorreremos algunas experiencias (no todas) de nuestro proceso colaborativo, para cuestionar la dicotomía entre “saberes expertos” y “saberes no expertos” y los procederes “disciplinados” de las metodologías hegemónicas. Luego, resaltaremos la centralidad acordada en nuestra etnografía colaborativa al “pluriversalismo metodológico” y a la subjetivación política. Finalmente, concluiremos recapitulando cuáles han sido nuestros principales aprendizajes hasta la fecha y formulando algunas inquietudes sobre cómo continuar el proceso.
La luchas por la vivienda en Granada, Andalucía: procesos de subjetivación política desde el Sur global
El acceso a una vivienda digna es un problema estructural en todo el Estado español, y está relacionado con el enfoque propietario y especulativo que las administraciones públicas han venido asumiendo desde muy temprano en este ámbito. Ya en 1959, el ministro franquista de Vivienda José Luis de Arrese afirmaba: “No queremos una España de proletarios sino de propietarios”. Desde entonces, ha habido una sustancial continuidad en las medidas tomadas, que han beneficiado la especulación y han favorecido una estrecha relación entre la administración pública y el capital privado (Aricó, Mansilla y Stanchieri, 2016). De este modo, riqueza y suelo se han desplazado de lo público a lo privado por medio de prácticas de desvalorización/revalorización, perjudicando a la población en el acceso tanto a la vivienda como a la ciudad. Dentro de este contexto, Andalucía vive una situación aún peor, siendo una de las regiones más empobrecidas de Europa. Según el Informe 2016 de la Red Europea contra la Pobreza, es la comunidad española con la tasa de riesgo de pobreza más alta y con la segunda tasa más alta de pobreza extrema; sus hogares viven una grave situación de privación y más del 10% de la población acumula retrasos en el pago de los gastos de su vivienda habitual (EAPN, 2016). Solo en el primer trimestre de 2017, se produjeron 3000 desahucios (EFE, 2017).
Ubicada en la parte oriental de Andalucía, la ciudad de Granada en las últimas dos décadas se ha visto afectada en todos los pilares que definen al modelo de ciudad capitalista: habitabilidad, movilidad y espacio público (GEA La Corrala, 2016, p. 20). En 1994, solo dos años después de megaeventos celebrados en Sevilla (capital andaluza) como el “Quinto Centenario del [llamado] Descubrimiento de América” y la “Exposición Universal”,10 el barrio histórico del Albaicín de Granada adquirió por parte de la UNESCO la nomenclatura de Patrimonio de la Humanidad, anteriormente poseída solamente por el conjunto monumental de la Alhambra, que ocupaba un espacio más reducido, ubicándose en los términos externos del barrio. Cada vez más, capitales externos y fondos privados determinaron la transformación urbana de la ciudad, dando lugar a procesos de gentrificación que afectaron varias zonas céntricas, expulsando a los/las vecinas/os que no podían asumir los costes de los barrios “revitalizados” y empujándolos hacia las nuevas conurbaciones edificadas en el área metropolitana (GEA La Corrala, 2016, p. 262). Todos estos procesos han generado, entre otras cosas, un relevante aumento en los precios del alquiler, que están inflacionados por el incremento de los apartamentos turísticos y de la población universitaria.11 Dicho problema ha sido empeorado por las distintas reformas estatales de las leyes de arrendamiento de alquiler, que han favorecido cada vez más la propiedad privada, caso de la reciente “Ley del desahucio express” (2009).
Es en este contexto de empobrecimiento y pérdida del derecho fundamental a la vivienda que estamos realizando una etnografía colaborativa junto al colectivo Stop Desahucios, un movimiento conformado principalmente por personas y familias que luchan de manera conjunta para enfrentar los desahucios y la pérdida del hogar habitual por impago de hipotecas -pero también lucha por asuntos relacionados con el alquiler o con otros tipos de problemáticas-. En el Estado español existen centenares de grupos parecidos, muchos de los cuales forman parte de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), movimiento fundado en 2009 que representa un actor central dentro de esta lucha. El colectivo granadino junto al que luchamos/investigamos no forma parte oficialmente de la PAH, si bien su forma organizativa, reivindicaciones y prácticas de acción colectiva son muy parecidas. Su origen se remonta al Movimiento del “15M”12 granadino, cuando la Asamblea General que acampaba en la céntrica Plaza del Carmen vio la necesidad de constituir un grupo de trabajo específicamente dedicado a tratar la cuestión de los desahucios. Posteriormente, cuando la asamblea del 15M decidió abandonar la plaza y radicarse en el territorio, empezaron a constituirse asambleas en los barrios y pueblos aledaños. En el término municipal de Granada existen actualmente dos asambleas de Stop Desahucios, que son aquellas con las que estamos llevando a cabo la etnografía colaborativa: la de la zona Centro (la más antigua) y la del barrio Zaidín (la más numerosa, reúne hasta 50 personas). En la provincia de Granada, existen actualmente más de una decena de asambleas, que se reúnen semanalmente para abordar cuestiones diversas, como el seguimiento de la situación de las personas afectadas (los llamados “casos”) o la organización de acciones reivindicativas semanales ante entidades bancarias. Puede verse una de estas acciones en la figura 1.

La composición de cada asamblea es variada, pues la lucha por el derecho a la vivienda ha afectado tanto a clases populares ─trabajadores de la construcción y el sector servicios, principalmente─ como clase media ─pequeños empresarios, profesionales liberales─ y población en riesgo de exclusión social ─población gitana, migrante y empobrecida─. Su diversidad y pluralidad se reflejan también en la falta de un programa político preconcebido y de un horizonte ideológico concreto; de alguna manera, el grupo es:
la reinvención de sus modos de ser en el mundo [lo que] inevitablemente se da en un contexto de hibridación cultural y de diálogo de saberes: en un encuentro de lógicas y de modos de ser como estrategias confrontadas de apropiación y de reapropiación de territorios en una ecosfera finita, como controversias y conflictos, alianzas y sinergias. (Rivera et al., 2016, p. 18)
Es importante subrayar otra característica que diferencia a Stop Desahucios, y en general a los actuales movimientos españoles por el derecho a la vivienda, de experiencias anteriores de lucha, como el llamado movimiento “altermundialista” o “anti-globalización” de finales de los años noventa/principios de dos mil: la mayoría de las personas que lo conforman no son definibles como “activistas” políticos, sino que se trata de personas o familias “afectadas” por un problema de vivienda que se unen al grupo para tratar de solucionarlo.13 Esto, por lo menos, es lo que suele acontecer en un principio, cuando las personas afectadas llegan a una de las asambleas del movimiento, a menudo invadidas por sentimientos de soledad, tristeza y fracaso personal (por no haber podido llevar a cabo su propio proyecto vital, por haber perdido el trabajo, por no haber sido capaces de pagar la hipoteca, etc.). Véase como lo expresaba un compañero al hablar de sus recuerdos sobre el movimiento:
Mi primer recuerdo es como si vas a alcohólicos anónimos, una cosa así, porque eso de levantarte y decir “hola, me llamo. fue así, que tienes un problemón, y lo expones. Y bueno, cuando me aconsejaron que no pagara, mucho miedo, como eso no lo tenía yo en mente, el no pagar, me ha abierto un poco la mente, y es verdad que he estado pagando montones de años de mi vida al banco, y al final, y estoy igual o peor cuando empecé, y trabajo para el banco. Y entonces ahora lo veo distinto, me alegro de haberlo hecho, aunque todavía no he solucionado el problema. (Compañero participante del grupo de debate del 18/10/2016)
Sin embargo, a través de las prácticas de asesoría, escucha y cuidado colectivo, así como a través de las distintas acciones reivindicativas, poco a poco se van empoderando, retoman confianza en sí mismas y recuperan las riendas de su vida, para convertir su drama personal en un asunto público, que merece ser dado a conocer, y que termina siendo interpretado como la consecuencia de una injusticia social a la que cabe oponerse de manera solidaria y colectiva. La siguiente narración hecha por una compañera es un ejemplo de experiencia de empoderamiento:
¿Qué es lo que he encontrado en Stop Desahucios? En Stop Desahucios Granada 15M, es decir, la posibilidad de decir, aquí me crezco, es decir, yo habré tocado suelo, pero desde aquí me crezco, es decir, no vais a poder conmigo. Yo recuerdo que todos esos miedos, es decir, no quiero llamarlo miedo, quiero enfrentarme a todo esto y quiero pelearlo, salir adelante, y todavía me cuesta mucho, me emociono... pero para mí ha representado un lugar en el que la gente puede volver a recuperar su dignidad como persona. Eso es lo que a mí, a veces, me hace ver que la asamblea es muy importante, donde la gente recupere eso, es decir, puedes venir muy destrozado, pero eres una persona, volver a recuperar toda tu fuerza, y tienes cosas qué hacer y tienes cosas qué decir. (Compañera participante del grupo de debate del 1/03/2016)
Las personas afectadas van conociendo a otras que comparten los mismos problemas, se reconocen como actores políticos, empiezan a desidentificarse de la sensación de “fracaso” y de la estigmatización social a la que han sido sometidas. Dentro del grupo tienen lugar: “práctica[s] de ocuparse de sí, de cuidar de sí, en la medida en que ocuparse de sí mismo es estar dispuesto a la posibilidad inmanente de transformarme radicalmente en otro […]. Pero ese cuidado de sí implica de cierto modo el cuidado de los otros” (Cortés, 2012, p. 224).
En este proceso, lo que antes había sido relegado a la esfera íntima y privada, se vuelve ahora objeto de una lectura política que, sin negar las fragilidades individuales dentro de una abstracta y pretendidamente superior “racionalidad revolucionaria”, más bien las rescata, las pone en juego y las vuelve productivas (Fernández- Savater, 2008, p. 112). Estas prácticas de “manejo de un daño” (Rancière, 2000, p. 149) no están por tanto orientadas a la eliminación del sufrimiento individual, sino más bien a su (re)politización en clave social y colectiva.14 Dicho con otras palabras: a través de las prácticas solidarias que hemos brevemente reseñado, las personas “afectadas” terminan “desidentificándose”, o “desclasificándose” de sus anteriores identificaciones individualistas fomentadas por el neoliberalismo, para formar “un ‘uno' que no es un yo sino la relación de un yo con un otro” (Rancière, 2000, pp. 148-149); desaprenden las formas subjetivas que les han sido impuestas para dar lugar a aprendizajes nuevos e inesperados (González, Aguilera y Torres, 2012, p. 54); se convierten en “seres alterados con respecto a sí mismos, no idénticos a sí, y que sin embargo no dejan de reconocer su compromiso personal con esas situaciones que los desprenden de sí mismos” (Tassin, 2012, pp. 38-39). Vistas desde esta perspectiva, estas dinámicas apuntan a un potente proceso de subjetivación política.
Una vez esbozados los principales elementos del contexto, en el apartado sucesivo abordaremos las andanzas colaborativas experimentadas hasta ahora. Lo haremos sin pretensión de completitud, sino profundizando en algunos momentos específicos, que aprovecharemos para ahondar en la reflexión metodológica alrededor de algunos ejes centrales.
Sobre la construcción del proceso colaborativo
En el presente apartado haremos un recorrido por nuestra experiencia de campo, aunque no abordaremos todas las decisiones tomadas, sino que nos centraremos en algunas prácticas, comentadas por orden cronológico, que tomaremos como ejemplos para articular una reflexión metodológica más amplia. Primero vamos a tratar los comienzos del trabajo de campo, con el objetivo de cuestionar la autoridad etnográfica entendida como saber experto, para posteriormente centrarnos en los “grupos de debate” llevados a cabo en una asamblea y en el recién empezado proyecto transmedia, surgido desde el trabajo sostenido con dichos grupos. Finalmente, a partir de estos ejemplos argumentaremos la importancia de un enfoque “pluriversalista metodológico”, orientado a descolonizar la investigación, y conceptualizaremos nuestra etnografía colaborativa como un proceso de subjetivación política.
No hay saberes expertos: la necesidad de “tener paciencia” y de generar “dispositivos de escucha”
Las coordenadas en las que se sustenta nuestro trabajo no apuntan a la colaboración desde una perspectiva puramente experimental (“colaborar por colaborar”), sino que se arraigan en un posicionamiento militante-activista. Por eso, partimos de una implicación política, epistemológica y metodológica en nuestro quehacer investigativo. Así, aunque al comienzo del proyecto compartiéramos muchos interrogantes, dudas e incógnitas, una cuestión la teníamos muy clara: no queríamos hacer investigación como la estaban haciendo otros grupos ─y nosotras mismas la habíamos hecho en algunos proyectos anteriores─, reproduciendo las jerarquías de poder de la investigación clásica de corte positivista-extractivista,15 que habla en nombre de las personas que estudia. Nuestra intención era la de superar el modelo explicativo cartesiano de dicotomías tales como “saber experto-saber no experto”, “teoría-práctica”, “racionalidad-sentimientos”, “objetividad-subjetividad”, “sujeto-objeto”, “sujeto de estudio-objeto de estudio”, etc. Sin embargo, la vinculación de nuestro proyecto con Stop Desahucios no venía de una petición de su parte, de una demanda que fuese clara y objetivable; sino que más bien surgía de motivaciones, compromisos y experiencias de militancias varias de quienes escribimos estas líneas que ─siendo investigadoras, vecinas, activistas, simpatizantes─ nos planteábamos que, desde nuestros múltiples posicionamientos, podíamos estar de otra manera en nuestros barrios y hacer investigación junto con los movimientos. En otras palabras, no era esta una colaboración entendida en forma de consultoría (Lassiter, 2005) o una investigación “por demanda”, esto es:
una antropología supeditada a la demanda de los que anteriormente habían sido objeto de nuestra observación; una antropología atenta e interpelada por lo que esos sujetos nos solicitan como conocimiento válido que pueda servirles para acceder a un bienestar mayor, a recursos y, sobre todo, a la comprensión de sus propios problemas. (Segato, 2015, p. 13)
Puesto que lo último que queríamos hacer era hablar desde una posición de saber experto, cuando nos presentamos a las dos asambleas, Centro y Zaidín, como investigadoras (dado que a algunas de nosotras nos conocían ya como activistas), desde el principio dejamos muy claro que no teníamos unos objetivos definidos, porque esperábamos que surgiesen colectivamente del grupo, para que estuviesen relacionados con sus necesidades y expectativas; pero también con nuestras posibilidades y capacidades en tanto que antropólogas. No obstante, muy poco tiempo después de empezar esta experiencia, nos vimos interpeladas por dos peticiones que nos ponían en un lugar de autoridad, y que nos generaron ciertas incomodidades. En cuanto a la primera demanda, tenía que ver con una petición para asesorar a la Asamblea del Zaidín sobre el funcionamiento de las “titulizaciones” hipotecarias,16 un asunto que desconocíamos por completo y que, aun pudiendo buscar información al respecto, no teníamos intención de abordar, pues responder a este tipo de demandas chocaba frontalmente con nuestros puntos de partida. Más aún, en poco tiempo vimos cómo el propio grupo ─en cuestión de semanas─ activó un proceso de autoformación, se documentó al respecto y consiguió erigirse en experto de estas y otras cuestiones relacionadas. La segunda demanda, procedente de miembros de la Asamblea Centro, fue para que realizásemos “formación política”. A esta petición accedimos en primera instancia, aunque no sin recelos: no estábamos seguras de querer situarnos en esa posición, dado que de nuevo nos interpelaba en tanto que “expertas”; pero es cierto que había algunas cuestiones que creíamos importante trabajar, y que el propio grupo ─parte del grupo─ había detectado desde hace tiempo: la recurrente confusión entre “político” y “partidista”. Siendo así, y habiendo debatido sobre ello a nivel interno entre las compañeras del equipo, decidimos aceptar el reto. Es cierto que en su momento entendimos que el formato que podía tomar dicha formación nos permitiría iniciar procesos de reflexión más profundos sobre el funcionamiento del grupo, pero diversas casuísticas obligaron a que la iniciativa no tuviese excesiva continuidad.17 Después de estas dos experiencias comprendimos que no queríamos dejarnos “instrumentalizar” en tanto que poseedoras de “saberes expertos”, porque principalmente eran saberes que nos eran otorgados y se presuponía que disponíamos de ellos (cuando realmente no era así). Nuestro principal rechazo surgió porque entendíamos que no era cuestión simplemente de hacer aquello que algunos miembros del grupo decidiesen de forma espontánea para “sentirnos útiles para el grupo”. Rechazamos responder a estas demandas porque entendimos que lo más importante era activar procesos colectivos que pudieran construir de forma conjunta la co-investigación. De lo anterior, descienden dos sugestiones que hemos ido asimilando sobre la marcha: en primer lugar, estar en un proceso colaborativo no implica aceptar sin más todas las peticiones formuladas y ponerse al servicio del grupo ─grupo que, además, es diverso y atravesado por relaciones de poder─, menos aún cuando se nos pide hacer algo que no podemos/queremos hacer. Es decir, entendemos la colaboración en la medida de las posibilidades y siempre de forma negociada. La “colaboración es [por lo tanto] selectiva; es acordada (propuesta y demandada)” (Katzer y Samprón, 2012, p. 66). Al considerar las propuestas de las personas involucradas en la investigación es más fácil identificar procesos y preguntas clave (Rappaport, 2010) desde donde situarnos y pensar conjuntamente; pero eso no puede imponerse a nuestras posibilidades y voluntades en tanto que agentes partícipes del grupo. En segundo lugar, aprendimos a reivindicar la lentitud de los procesos: esta coyuntura nos obligó a ser pacientes, sobre todo en los inicios, para que las propias dinámicas de los grupos en los que transitábamos y de los que formábamos parte fuesen transformándose en procesos investigativos susceptibles de revertir reflexiones útiles en el funcionamiento cotidiano del colectivo. Como apunta Smith (2016), para iniciar un proceso de descolonización metodológica es preciso cuestionarse “quién definió el problema de la investigación” y “para quién es relevante y para quién vale la pena” una investigación determinada. En este sentido, para que el proceso se convirtiera en una construcción colectiva, los temas de investigación no podían corresponderse con las exigencias de un grupo reducido de personas, sino que se necesitaba construir “dispositivos de escucha” que permitieran detectar las temáticas más relevantes de una manera colectiva y sin prisas. Sin estas dos condiciones, difícilmente el giro colaborativo podría darse.
Indisciplinando el método: de los grupos de debate al proyecto transmedia
Después del sentimiento de fracaso al no prosperar el grupo de “formación política”, dejamos pasar algunas semanas. Era necesario darnos tiempo, tanto para reflexionar sobre lo acontecido como para que las redes de afectos y alianzas que íbamos tejiendo pudieran afianzarse. Después de una reunión del equipo, en la que habíamos debatido sobre cómo salir del impasse, decidimos impulsar un proceso de escucha: en el caso concreto de la Asamblea del Zaidín, propusimos que la herramienta a utilizar para llevarlo a cabo podrían ser unos “grupos de debate”, compuestos por una cantidad reducida de personas de la asamblea.18 La idea era que, a partir de las temáticas de interés emergidas en los grupos, en un segundo momento pudieran definirse colectivamente los principales rasgos de la investigación: en este sentido, los grupos de debate tendrían también una función de legitimación del conocimiento producido dentro del propio colectivo. Como ya hemos mencionado, el cuestionamiento de la autoridad etnográfica formaba parte de nuestro bagaje previo; sin embargo, otra ─y más difícil─ cosa sería incorporar dicho cuestionamiento en los hábitos investigativos diarios. Así, en la práctica de los grupos nos empeñamos a fondo en dar el mismo valor a todas las enunciaciones, tratamos de deslegitimar nuestros saberes como académicas y optamos por visibilizar la diversidad epistémica existente. Conforme íbamos dinamizando sesiones,19 emergieron cuestiones que, en primera instancia, fueron entendidas de manera diferente al propósito de las mismas, o generaron diversos entendimientos según la interpretación de cada compañero, lo que nos llevó a matizar, reelaborar, redefinir las cuestiones desde el propio grupo, en sesiones posteriores, hasta que se recogiesen todas las interpretaciones o puntos de vista presentes sobre el tema en cuestión ─se estaba construyendo lo que Santos llama una “traducción epistémica” (Santos, 2009)─.20 Finalmente, de los grupos de debate fueron surgiendo muchas y muy diversas propuestas y saberes: desde temas relacionados con los “cuidados”; problemáticas que tienen que ver con procesos de empoderamiento ─o inexistencia de los mismos─ entre personas del grupo; hasta conseguir que la experiencia en Stop Desahucios sea algo más que la presencia en una plataforma para solucionar problemas relacionados con la vivienda (“pasarlo bien” en las acciones de protesta, que las mismas no supongan una experiencia traumática para las personas, que a través de la acción, además de reivindicar derechos habitacionales, se logre desestigmatizar a las personas afectadas por problemas de hipoteca, etc.). A continuación (figura 2), puede verse un mapa de ideas surgido en uno de esos encuentros.

En el momento en que escribimos, la producción de conocimiento crítico y autorreflexivo llevada a cabo en los grupos está incidiendo directamente en el movimiento, tanto porque se ha vislumbrado la hipótesis de nuestra “retirada” del papel de “moderadoras” de los mismos, para que en dicha actividad nos den el relevo otros/as compañeras/os de la asamblea, como porque en más de una ocasión, durante las asambleas, hemos escuchado intervenciones de compañeras/os hechas a partir de propuestas y observaciones emergidas en los grupos de debate. Se genera así una “fluidez” y una dinámica de “intercambio” entre los temas de los grupos de debate y las cuestiones abordadas en la asamblea, en las que las propias fronteras entre “investigación” y “activismo” a veces se desdibujan. Este proceso de “desautorización” del equipo académico, o cuando menos de relativización de su papel, nos parece muy importante, puesto que queremos romper con el axioma por el cual “la investigación es una parte importante del proceso de colonización, ya que se ocupa de definir el conocimiento legítimo” (Smith, 2016, p. 233). Otra de las cuestiones actuales más sentidas, emergida en los grupos de debate, ha sido la dificultad relativa a la comunicación social, esto es, la manera en que Stop Desahucios (se) comunica con la sociedad y cómo esta lo percibe y actúa con respecto al movimiento. De ahí, se ha resaltado la importancia de generar lenguajes, narrativas e historias que puedan “enganchar” a más personas y asentar la proyección pública y mediática del propio colectivo en el contexto granadino. De esta forma era sugerida por un compañero la necesidad de comunicar de otra manera:
Una forma de atraer, y hacer que esto sea atractivo es hacer una mega campaña de marketing [...] aquí lo que hay que hacer es utilizar redes sociales, para que las personas hablen bien o no hablen bien, cuenten su problema, cómo lo han solucionado, los pasos que han dado, con videos, en plan reportaje documental, en las redes vean que la gente ha solucionado sus problemas, y que la gente escuche muchos casos, la gente eso lo ve porque las redes sociales están a la orden del día. (Compañero participante del grupo de debate del 25/10/2016)
A partir de esta enunciación, hemos empezado a trabajar sobre la propuesta de un proyecto transmedia: con esta expresión nos referimos a aquellos “cuentos”, “narraciones” y “relatos” que se desarrollan utilizando distintas plataformas. Pueden estar formados por documentos sonoros, archivos visuales, intervenciones en el espacio público, una plataforma de Internet, etc., pero cada uno de estos documentos guarda una relación con los demás, y todos juntos, contribuyen a “contar una historia”. Una historia hecha de varias historias, dado que se trata de materiales creativos, abiertos y colaborativos, donde cada cual puede contribuir a través de lo que tiene y de lo que sabe/quiere/puede hacer/aprender a hacer. Pensamos que crear/divulgar saberes a partir de otros formatos, sin limitarnos al texto escrito de procedencia académica (especialmente bajo forma de artículo científico), es otra manera de descolonizar la investigación e impulsar la subjetivación política.
Al hilo de la experiencia narrada, consideramos que la aportación central de los grupos de debate, en términos metodológicos, es la necesidad de “indisciplinar” la práctica etnográfica. ¿A qué nos referimos? Es cierto que, en la disciplina antropológica, existe un amplio consenso sobre la imposibilidad de hacer “protocolos de actuación” o recetarios concisos sobre cómo hacer una investigación etnográfica. No obstante, se nos ha enseñado que la elección de los métodos y las técnicas estará condicionada por los interrogantes de la investigación, es decir el qué de la investigación. A su vez, el qué ─el objeto teórico de estudio─ habrá de ser plasmado, justificado y fundamentado en un diseño de investigación. Según el tema de investigación, antes de comenzar el trabajo de campo, será necesario señalar qué técnicas se utilizarán para la producción de datos, cuáles son las ventajas de unas técnicas frente a otras, y cuáles son las razones que justifican la selección de unas frente a otras. En cambio, en nuestro proceso de los grupos de debate, ni los qués, ni los cómos los podíamos determinar ni planificar a priori. Más aún, la elección de las denominadas “técnicas” la hemos realizado una vez que conocíamos al grupo, sus preferencias, sus tiempos, sus potencialidades y sus vulnerabilidades, y una vez definidas las técnicas, no las hemos utilizado para dar respuesta a unos interrogantes teóricos-analíticos: más bien, hemos volteado el proceso, y hemos desplegado diferentes procedimientos para construir los qués junto a las/los compañeras/os de Stop Desahucios. Por tanto, en conclusión de este apartado, la idea que queremos recalcar es que hemos aterrizado los dispositivos de escucha con base en las realidades de los grupos, lo que nos ha supuesto indisciplinar los aprendizajes previos que traíamos interiorizados. Aprendimos a escucharnos de forma tranquila y pausada y tratamos de olvidar los ritmos y la premuras habituales de cualquier proceso de investigación, muchas veces ajenos a los biorritmos y necesidades cotidianas (parar desahucios, enfermedades, acciones, cuidados de hijos/ as y personas dependientes, asambleas, imposiciones laborales, etc.) de las personas afectadas. Optamos por salir de los protocolos y estandarizaciones del conocimiento elaborados sin contexto, de manera abstracta y general, para apostar por un conocimiento en mudanza (Haber, 2011). Un conocimiento encarnado y atravesado en prácticas y experiencias durante el camino recorrido. En dicho camino estamos aprendiendo y desaprendiendo, y sin duda, ya no somos las mismas que comenzamos esta aventura hace dos años.
Practicar el pluriversalismo metodológico para descolonizar la investigación: la etnografía colaborativa como subjetivación política
Como ya hemos mencionado, entendemos nuestra etnografía colaborativa como un intento por contribuir a la descolonización de la investigación. Desde nuestra experiencia hemos querido pensar que uno de los posibles pasos para comenzar a hacerlo, es tratar de fugarnos del universalismo metodológico y desplegar en cambio un pluriversalismo metodológico: esto es, practicar formas dialógicas y horizontales de escucha, dispositivos creativos y plurales que se adaptasen siempre al grupo y no a la inversa, como generalmente ha tendido a realizarse en un gran número de investigaciones. Nuestra responsabilidad político-epistémica (Walsh, 2015) significa no anteponer ni proyectar a priori un diseño (plan de trabajo, aunque fuera pensado y representado como una mera “hoja de ruta”) sin conocer y compartir antes qué es más adecuado y responde mejor a cada grupo (el propio grupo debía decidir). Por tanto, solo a posteriori:
podemos presentar un minucioso trabajo de reconstrucción de lo actuado, pero no podemos predeterminarlo [...]. No es ello posible si entendemos que la práctica decolonial, insta, entre otras cosas, a invertir la lógica investigativa, en pos de emparentarnos con las urgencias mundanas y descender del podio de la ciencia tan moderna como colonial. (Borsani, 2014, p. 165)
Debemos acomodarnos a las incertidumbres, a los imprevistos, a las mudanzas (Haber, 2011) que nos despistan y desorientan, porque las investigaciones, para poder ser una apuesta real de co-labor,21 para pensarse y habitarse como prácticas de saberes-haceres, deben dejarse atravesar y encarnar por las vivencias diarias. Esta dinámica de co-labor hemos tratado de habitarla como procesos rizomáticos, sin centros ni reglas predeterminadas, que nos puedan ayudar a indisciplinarnos, a desaprender lo aprendido y apostar por conocimientos inacabados, inconclusos, pero siembre vividos y sentidos. En los términos de Haber, podríamos incluso afirmar que la nuestra es una “Nometodología”:
Investigación es seguir las huellas. Investigación indisciplinada es seguir el negativo de las huellas que persisten aún no estando, es escuchar lo no dicho de las palabras. Metodología disciplinada es seguir la secuencia protocolizada de acciones para alcanzar un conocimiento, trazar el camino que se ha de seguir. Nometodología es seguir todas aquellas posibilidades que el camino olvida, que el protocolo obstruye, que el método reprime. Es conocimiento en mudanza. (Haber, 2011, p. 29)
Finalmente, llamamos la atención sobre otro aspecto central. Anteriormente hemos comentado los importantes procesos de subjetivación política que tienen lugar dentro de Stop Desahucios. Pensamos que la etnografía colaborativa no solamente es un potente instrumento al servicio de los procesos de subjetivación política del grupo;22 es más, tal como la entendemos, es en sí misma un proceso de subjetivación política. Profundicemos la cuestión: existe una fuerte tendencia, en los manuales de investigación, a abordar de forma separada los métodos de las técnicas de investigación, diferenciando entre las dimensiones prácticas y teóricas. Sin embargo, es una separación que resulta cuanto menos paradójica, si tenemos en cuenta que la experiencia investigadora en las ciencias sociales indica que dicha escisión no solo es ficticia, sino que resulta poco favorecedora para el propio proceso de investigación. Más aún, nos resulta poco operativo separar la teoría de la práctica porque como apunta Villasante, “la construcción del conocimiento implica también lo energético-vital de los otros sentidos (tocar, gustar, oler) a través del hacer, del sentirse co-protagonista, y no solo del observar o del conversar sobre ello” (Villasante, 2007, p. 78). En términos parecidos, Piedrahita observa que la noción de “pensamiento” no puede ser reducida a su dimensión estrictamente cognitiva-mental, pues aglutina “corporalidades, localizaciones, perspectivas y contextos” (Piedrahita, 2012, p. 35) y se compone de “la afectividad y el deseo como fuerza creadora impulsora de estas otras formas de pensar” (Piedrahita, 2012, p. 34). De hecho, en lo concreto de nuestra experiencia con Stop Desahucios, nos costaría mucho diferenciar los momentos de “teorización” de aquellos de “trabajo empírico”, o incluso de “acción política”. Estos momentos se encuentran remezclados, al igual que nos encontramos remezcladas nosotras, con nuestras posicionalidades y nuestros quehaceres, en los que el activismo y la investigación se imbrican y a menudo se confunden. Tal como lo plantea Malo:
La coproducción de conocimiento crítico genera cuerpos rebeldes. El pensamiento sobre las prácticas de rebeldía da valor y potencia a esas mismas prácticas. El pensamiento colectivo genera práctica común. Por lo tanto, el proceso de producción de conocimiento no es separable del proceso de producción de subjetividad. (Malo, 2004, p. 35)
Es que cuando los procesos te atraviesan y se habitan de manera encarnada, el/a “investigador/a” deviene necesariamente en uno más del grupo, y cada miembro del grupo deviene en investigador, porque de forma activa todas participamos en la construcción colectiva por medio de una declasificación y de desaprendizajes de los papeles y roles previamente aprendidos e interiorizados en muchas investigaciones. No hay partes individuales que puedan dotarse de sentido fuera del grupo, y en ese sentido, la investigación colaborativa que estamos habitando es también un proceso de subjetivación política.
¿Conclusiones? Más bien aprendizajes, interrogantes, inquietudes...
Con nuestro artículo hemos querido sumarnos a las incipientes contribuciones epistemológicas que se están dando por parte de etnógrafos/as que están pensando desde y sobre escenarios, acontecimientos y colectivos concretos del Sur Global, desde modos de hacer etnografía que pueden “llegar a subvertir la experiencia sensible de quien investiga, los alcances teóricos y empíricos del oficio etnográfico y la relación del etnógrafo con las comunidades” (Jaramillo y Vera, 2013, p. 26). Nos hemos detenido en desmenuzar cómo entendemos esa otra etnografía, que no es convencional ni por demanda, que no parte de un diseño de investigación preestablecido, ni cuenta con técnicas precisas, sino que nace del deseo de activar procesos corales de construcción de saberes y que se vale de instrumentos que sean reconocidos por las personas con las que nos hemos comprometido a participar de los procesos. En este recorrido hemos aprendido a dejar de tener prisa, porque el proceso no nos pertenecía, y los ritmos, así como la agenda, debían de ser marcados colectivamente. Desde el atrevimiento indisciplinario nos hemos dejado seducir por un pluriverso metodológico que nos interrogue sobre los qué y los cómo, entendiéndolo ante todo como una responsabilidad político-epistémica y una necesidad acuciante de descolonizar las prácticas de investigación. Nuestro objetivo ha sido articular un proceso de co-investigación que incorporara todo tipo de saberes (diversidad epistemológica), porque entendíamos que la “insurgencia conceptual epistémica” (Walsh, 2015) significaba en gran medida poner la investigación al servicio de Stop Desahucios, y aterrizar dicha insurgencia escuchando y aprendiendo junto al grupo: en este sentido, la etnografía colaborativa deviene en un proceso de subjetivación política.
Aun con todo, nos preguntamos con Hale: “¿en un mundo saturado de relaciones coloniales, hasta qué punto es posible un método de investigación descolonizado?” (2011, p. 493). Ante la dificultad de responder la pregunta en términos abstractos y tajantes, aportaremos una consideración desde lo concreto de nuestra experiencia.
En este sentido, y al margen de los aprendizajes que hemos enunciado, también tenemos inquietudes con respecto de los escenarios futuros de la investigación. En particular, nos preocupa que tanto el incipiente proyecto transmedia, como el proceso de co-análisis de los materiales generados lleguen a ser profundamente colaborativos: hasta ahora, en efecto, hemos detectado temas de interés y hemos debatido colectivamente sobre ellos, pero otra cosa sería establecer una colaboración más a largo plazo, sostenida en el tiempo, y cuyos ritmos no dependerán únicamente de la voluntad de las personas implicadas, sino también ─entre otras cosas─ de las “urgencias activistas”, de la precariedad ─vivencial, laboral, existencial─ de todas nosotras, así como de los constreñimientos supuestos por una institución tan colonial como es la Universidad ─que subvenciona y patrocina el presente proyecto─. Por tanto, somos conscientes de las posibles limitaciones y también sabemos que esta etnografía colaborativa no reviste un papel prioritario dentro de la ajetreada agenda de Stop Desahucios, tan ocupado (como es lógico) en responder rápida y eficazmente a multitud de prioridades relacionadas con los desahucios y otros problemas de vivienda. Pero estas complicaciones no nos agobian; es más, al no querer asumir ningún papel de “vanguardia”, tampoco las consideramos tales. Sería peligroso si, movidas por nuestra urgencia de descolonizar la investigación, termináramos imponiéndoselas a nuestras/os compañeros/as de lucha, dando lugar a un metadiscurso colaborativo que, aun siendo enunciado desde un planteamiento decolonial, terminaría coaccionando de facto la diversidad epistémica presente en el grupo.
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