Articulos

El proceso de conversión del dolor en la celebración en la fiesta fundacional de la ciudad de Quito

Raúl Eduardo Suquillo Rojas

El proceso de conversión del dolor en la celebración en la fiesta fundacional de la ciudad de Quito

Revista Chicomoztoc, vol. 7, núm. 13, pp. 61-77, 2025

Universidad Autónoma de Zacatecas

Resumen: Este texto tiene como objetivo analizar la causa y efecto del discurso histórico de la Fiesta Fundacional de la Ciudad de Quito (en lo sucesivo F.F.C.Q) en el proceso de conversión en la construcción de la identidad ciudadana en un territorio determinado. El discurso histórico de la F.F.C.Q ha presentado cambios en la construcción del proceso de conversión del dolor en celebración para lo cual se ubican tres momentos en una línea de tiempo: la historia de la F.F.C.Q y su relación en la construcción de la identidad ciudadan; el análisis de la conversión dolor / celebración, y los registros del discurso en la celebración de la F.F.C.Q. Esto con la finalidad de relacionarse con las fronteras entre lo visible e invisible en el empoderamiento de los espacios públicos de la ciudad y la correspondencia que existe entre el discurso histórico y discurso actual para conmemorar las fiestas fundacionales de Quito.

Palabras clave: fundación, discurso, conmemoración, identidad, conversión.

Abstract: This text aims to analyze the cause and effect of the historical discourse of the F.F.C.Q in the conversion process in the construction of citizen identity in a given territory. The historical discourse of the F.F.C.Q has presented changes in the construction of the process of converting pain into celebration for which three moments are located on a timeline: the history of the F.F.C.Q and its relationship in the construction of citizen identity; the analysis of the pain/celebration conversion, and the records of the speech at the celebration of the F.F.C.Q. This with the purpose of relating to the borders between the visible and invisible in the empowerment of the city's public spaces and the correspondence that exists between historical discourse and current discourse to commemorate the founding festivities of Quito.

Keywords: foundation, speech, commemoration, identity, conversion.

Introducción

San Francisco de Quito o Distrito Metropolitano de Quito es la capital de Ecuador y de la provincia de Pichincha. Se encuentra localizada en las faldas del volcán Pichincha, es la segunda ciudad más poblada del país. Ésta se encuentra dividida en 32 parroquias. En la memoria colectiva la fundación de Quito se remonta a los tiempos legendarios de Quitumbe y sus primeros habitantes: los quitus, que más tarde se fusionaron con los caras. La historia de Quito no empieza ni termina con la llegada de los conquistadores españoles, cuya presencia no constituye un importante hito en el curso de la milenaria trayectoria vivida por este pueblo.

Una de las ciudades que conmemora su creación es Quito en el sentido de fundación española, o eso es el discurso que siempre se emite por parte de las autoridades del cabildo quiteño. Pero a través de éste mismo es que se ha perdido el valor de sentido histórico y de pertenencia a un territorio, puesto que la primera fundación española de Quito no es en el lugar que hoy se sitúa sino en la ciudad de Riobamba. En los libros de actas sobre la fundación de San Francisco de Quito no es específicamente el 6 de diciembre de 1534 que funda Sebastián de Benalcázar, sino unos meses antes y en una ciudad no tan alejada, en Colta cerca de Riobamba, el 28 de agosto de 1534 y por Diego de Almagro. Se conmemora el 6 de diciembre por razón de que Sebastián de Benalcázar trajo el acta de fundación hasta el lugar donde hoy se sitúa el centro de Quito. Entonces, la verdadera fundación de esta ciudad se dio en las cercanías de la laguna de Colta en la provincia de Chimborazo el 28 de agosto de 1534. Pero no es hasta el 6 de diciembre en las faldas del volcán Pichincha cuando se inscribieron civiles y soldados el momento en que se da el asentamiento de una nueva villa. Días antes el general Rumiñahui destruyó y quemó la ciudad incaica; al llegar Benalcázar no encontró nada. Se dice también que el lugar donde actualmente se sitúa Quito responde a una estrategia. En los primeros años se empezaron a construir los primeros monumentos de la villa, donde se destaca la iglesia icónica de San Francisco en 1536 (GoRaymi, s. f).

Discurso

Para analizar el discurso histórico en la fiesta fundacional de la ciudad de Quito empezaremos definiendo qué es el discurso y qué es discurso histórico: “El Discurso: viene del latín discusus es un término que es usado para definir la elaboración, construcción y desarrollo de un mensaje usando recursos expresivos y estrategias (Haupold Caballero, 2017: 109)”. Para Vicente Manzano:

Un discurso puede ser desde eso, un texto breve escrito, hasta una amplia colección de películas, libros y leyes, por ejemplo. Es como si alguien que piensa de un modo definido creara muchas películas, muchos libros y muchas leyes desde su visión particular del mundo, su propia ideología, su forma de entender las cosas, sus objetivos, su versión de lo bueno y lo malo, etc. No es una persona concreta quien se encuentra tras esos discursos, sino muchos agentes que comparten esos mismos elementos y que trabajan, muchas veces, sin ser conscientes del discurso que elaboran, mantienen y propagan (Manzano, 2005:1).

Cada persona, escritor o discursista puede crear sus obras a partir de un contexto, del mensaje que quiere transmitir, de las emociones, de las situaciones, de la coyuntura, del momento, de la fiesta, etc. Siempre debemos tener en cuenta el tipo de mensaje que se divulga a través del contenido y forma, este siempre tendrá su significado y contexto dependiendo de la zona, la cultura, la ciudad, el país donde se lo elabora y emite.

Un discurso puede tener la extensión que se quiera darle, tomando en cuenta todos los matices necesarios para que éste pueda ser traspasado y que el mensaje cumpla con su cometido al receptor o receptores cuya interpretación determinará la validez del mismo. Varios han sido las personas y autores que han tratado de estudiar al discurso, el análisis hecho por Ernesto Laclau engloba a varios autores, en varios contextos y etapas:

Desde un punto de vista saussuriano, el discurso es cualquier secuencia lingüística más extensa que la oración. Ahora, según esta perspectiva, una lingüística de discurso es imposible pues una sucesión de oraciones está solamente regida por el capricho del hablante y no presenta ninguna regularidad estructural aprehensible por una teoría general (Laclau, s. f.: 12).

Para De Saussure en la lengua pueden distinguirse entre los elementos conceptuales y fónicos, esto con el fin de unir estrechamente el análisis de la estructura del signo lingüístico. Pero también debemos tomar en cuenta que existe el enunciado que habla sobre la posibilidad de la semiología como ciencia que estudia de los signos en sociedad; la dependencia que ésta tiene con otros elementos y con la Lingüística dificulta la expansión con los demás principios estructurales.

Para Foucault “es un segundo nivel fenomenológico que trata de aislar las totalidades dentro de las cuales tiene lugar cualquier producción de sentido. La fenomenología clásica se había centrado en el significado de enunciados, dejando en suspenso sus referencias a cualquier realidad externa”. Foucault llama a una segunda suspensión y demuestra que el significado es el que supone condiciones que producen y no son reducibles a la significación. Es decir, el significado en todo contexto siempre está por delante del significante en cualquier ambiente que éste se desenvuelva. “A este momento casi trascendente es el que lleva la separación de todos los fenómenos que Foucault llamaría Discurso (Laclau, s. f.: 12)”.

El análisis que Foucault ofrece “qué constituye la unidad y principio de coherencia de una formación discursiva (Laclau, s. f.: 13)”. La unidad mínima en un discurso, según Foucault, es un “enunciado”; éste puede ser considerado como la proposición ya que cualquier proposición involucra a dos diferentes enunciados. Por ejemplo, el alcalde de Quito u otro ciudadano puede decir que la ciudad es demasiado hermosa o la movilidad de las personas mejorará con el metro de Quito; sólo la proposición última puede ser considerada si la enuncia el alcalde.

Discurso histórico

El discurso histórico tiene como rol fundamental dar a conocer acontecimientos ocurridos a lo largo del tiempo, éste puede ser pasado o recientes, por lo general se expone a un personaje para ilustrar el momento determinado. Para poder elaborar un modelo de este tipo, debemos centrarnos en un período específico de la historia, a la vez que investigar los acontecimientos o puntos claves de esa época para poder exponer el contexto donde tuvo lugar. Hegel recuerda que la palabra “historia” significa tanto historiam rerum gestarum como la res gestas mismas; tanto narración histórica como hechos y acontecimientos. Añade el filósofo: “debemos considerar esta unión de ambas acepciones como algo más que una casualidad externa; significa que la narración histórica aparece simultáneamente con los hechos y acontecimientos (Lorca, 2002: 16)”. A través del discurso histórico podemos construir el pasado y otorgar al receptor la capacidad de hacer lo mismo. Existe el predominio con vehemencia del discurso, éste debe ser formal, institucional (muchos establecimientos lo usan: gobierno, municipios, gobiernos autónomos, escuelas, colegios, universidades), muchas veces el acceso a éstos es por los relatos de otras personas, mas no por un acto “rememorativo” de las experiencias personales.

Todo este tipo de situaciones ha ayudado de múltiples maneras al desarrollo de las varias historias de sitios a través de la homogeneidad imaginaria que se genera en cada sociedad dependiendo el contexto, e incluso esto hace que se marquen diferencias de un pasado. Un ejemplo de ello son las historias de Quito que han pasado de generación en generación, éstas enriquecen el discurso cultural, histórico de la ciudad, y también permiten acceder a todo lo descrito anteriormente, a la imaginación, a la interpretación de cada persona y, obedeciendo al contexto, a un diferente análisis.

El discurso en este caso hace pensar o al menos cuestionarnos sobre el pasado ahí relatado; pero sobre todo, quien asume un papel fundamental es quien lo escribe, porque esa persona o grupo de personas ejerce poder para dejarnos el legado histórico. "La historia no es todo el pasado, sino que es solo una parte que interesa a quien la escribe (Halbwalchs, 1968: 1)”. Es de esta manera que nacen las incógnitas al momento de descubrir las diferentes formas de contar la historia y sus características. Dando seguimiento a lo planteado por Ricoeur se puede indicar que el primer problema con el que se topa el discurso histórico es que la forma de la historia radica en la representación. En su artículo “Historia y memoria. La escritura de la historia y la representación del pasado”, publicado en el año 2000, éste indica que la historia tiene el inconveniente en quien la sustenta, sus construcciones y sus reconstrucciones, debido a que se vinculan a cumplir a lo que los escritores llaman “pacto entre el autor y receptor”.

Ricoeur comenta que la representación es usada para designar "la relación de la memoria con el pasado bajo las especies de la imagen-recuerdo en un extremo de nuestro recorrido, y en el otro, hacia el cual nos dirigimos, la relación de la historia con el pasado, o sea, la intencionalidad misma del discurso histórico” (Lara, 2015: 142)

Por esta razón, esto nos acerca al lugar de la residencia o al lugar donde se origina la dificultad de las diferentes formas de la historia. Todo viene a ser una respuesta de la representación “situando a su vez el origen de esta no en la Historia sino en la memoria (Lara, 2015: 142)”.

En otro contexto, si partimos de la manera como la plantea Ricoeur en la memoria, estaríamos estudiando un lugar asentado en el origen de la “contrahistoria”, esto en referencia a un recuerdo o una historia que ha sobrevivido a la transmisión que se lo materializó, como respuesta a la resistencia a todo lo impuesto por occidente, mediante todos los canales de comunicación como: la escritura, enseñanzas, relatos en sus discursos históricos, la finalidad de este terminó siendo política, ideológica y disciplinaria (Lara, 2015: 142-143).

Causa y efecto del discurso histórico

Mucho se habla de lo que históricamente está escrito ya sean leyendas, cuentos, discursos y demás rastros del pasado que nos facilitan el análisis e interpretación de los vestigios como es el discurso histórico, hace que se altere el sentido de pertenencia, relación con el espacio y la construcción de identidad con un territorio. La hermenéutica como el arte de interpretar es una ciencia que observa datos, hechos o acontecimientos con el fin de dar un punto de vista objetivo, en esto resulta inseparable la observación y la elucidación, a su vez que da a la sistematización un rol importante al momento de otorgar la actitud y actividad crítica que la acompañe. El filósofo y hermeneuta Martin Heidegger menciona que la hermenéutica no es muy útil para diseñar, enseñar y aplicar por los investigadores, pues éste mantiene que:

El ser humano es ser interpretativo, porque la verdadera naturaleza de la realidad humana es interpretativa; por tanto, la interpretación no es un instrumento para adquirir conocimientos, es el modo natural de ser de los seres humanos. Todos los intentos cognitivos para desarrollar conocimientos no son sino expresiones de la interpretación, e incluso, la experiencia se forma a través de interpretaciones sucesivas del mundo (Martínez Miguélez, 2002: 4).

Por esta razón Heidegger menciona, por una parte, que no existe una verdad pura en relación con el mundo, todo lo que se haga por encontrar una verdad no afecta o distorsiona las perspectivas de los humanos, pero no es partícipe de la abstracción como intento para separar al sujeto del objeto, del significado y significante, de los estudios para un conocimiento mejor; señala además que los seres humanos conocemos más a través de la interacción y del compromiso. Por otra parte, Hans-Georg Gadamer plasma su pensamiento en que:

No podremos nunca tener un conocimiento objetivo del significado de un texto o de cualquier otra expresión de la vida psíquica, ya que siempre estaremos influidos por nuestra condición de seres históricos: con nuestro modo de ver, con nuestras actitudes y conceptos ligados a la lengua, con valores, normas culturales y estilos de pensamiento y de vida (Martínez Miguélez, 2002: 5).

Con esto se deduce que todo ser humano está condenado a ver la realidad desde lo que ya está plasmado, o de acuerdo con los conocimientos pasados de generación en generación, acatando las enseñanzas transmitidas y, en el caso del discurso histórico, estamos ligados aún más a repetir lo ya dicho y escrito. Para Gadamer:

no existe algo que podamos llamar la correcta interpretación. Sin embargo, él no pretende sustituir, y menos aún eliminar, los procedimientos metodológicos (hermenéutica) utilizados en la investigación, sino explorar las dimensiones subyacentes en que se da la interpretación y la comprensión de las realidades estudiadas (Martínez Miguélez, 2002: 5).

El llamado modelo del texto fue realizado para poder entender el significado de la acción humana, como si fuera un texto o escrito literario para comprender lo que el autor quiere decir, para poder analizar y captar lo que se puso en él. También ha unificado varios aportes dependiendo de los requerimientos de las ciencias humanas.

Utilizar el procedimiento dialéctico que va del significado global al de las partes y viceversa, es decir, el llamado círculo hermenéutico. Este procedimiento produce una ampliación del significado, al estilo de círculos concéntricos que amplían la unidad de significado captada con anterioridad (Martínez Miguélez, 2002: 6).

En cuanto al examen del discurso histórico podemos concebir como fundamental en la valoración textual o de contenido: conversación, describir la importancia de un texto hablado o escrito en la comprensión del entorno en que ha sido emitido. Desde comienzos de los años 60 se empezaron a celebrar las fiestas de Quito, se comenzó a conmemorar la fundación española de la ciudad, esto como respuesta de los chullas por sentirse dueños de su espacio e identidad. El término “chulla” es el sobrenombre con que se les conoce a los quiteños, apareció en tiempos de la colonia y se ratificó a finales del siglo XIX con el declive económico, financiero que vivía el Ecuador por la baja del precio del cacao por parte de los aristócratas que fueron perdiendo sus fortunas. Jorge Icaza en su obra El chulla Romero y Flores relata cómo se vivía Quito en aquella época y ese tipo de discurso histórico es el que ha inspirado a más de uno a adoptar aquel nombre como propio.

El chulla de aquellos tiempos era un ser considerado, de buen parecer, aunque hay relatos que lo narran como bohemio, presumido, hablador, con buen sentido del humor. En la década de los 60 este término reafirmó la identidad quiteña con el personaje “don Evaristo”, como respuesta a la gran ola de provincianos que venían a vivir a la capital, a quienes en ese periodo eran conocidos como paisanos o chagras. En la actualidad este término es usado para una construcción de identidad, y los chullas son los nacidos en Quito, pero con descendencia de otras provincias; por ejemplo, si el papá es de la ciudad de Ibarra, pero la mamá es quiteña o de Riobamba, por lo expuesto anteriormente debido a inmigración y concentración de grupos en las grandes ciudades. El vocablo chulla también en la jerga quiteña es usado para referirse a algo único, como: chulla traje, chulla media; aunque más bien es lo irrepetible, lo especial, lo que nos simboliza como quiteños.

Proceso de conversión: Dolor - Celebración

En el proceso de la conversión a la celebración en lo que son las fiestas fundacionales de la ciudad de Quito (F.F.C.Q.) se han obtenido los siguientes resultados de la investigación:

En “nuestra” cultura, por un lado, suele asociarse al duelo con el dolor o responde a algo intrapsíquico y éste es considerado universal. Pero, por otro lado, tenemos al rito colectivo y éste contesta a todo lo determinado por la cultura. Se debe indagar el dolor y la celebración desde un enfoque no tanto etnocéntrico, así pueden ser vistos y pensados con patrones realistas, en los procesos de duelo en las distintas sociedades y en la quiteña. Para estudiar la conversión dolor celebración se investigó desde varias ramas sociales como la Psicología, la Sociología, la Psiquiatría y la cultura; todas éstas coinciden en que el dolor y el duelo tiene que ver con la universalidad de las emociones y de los sentimientos y éstos, a su vez, entran en lo que los cánones culturales ya han impuesto y el mundo de la vida.

Los signos (objetivos) y síntomas (subjetivos) como el dolor, la felicidad, la ira, el dolor, representan fenómenos inherentes al ser humano y estos bien cabrían en el pensamiento como universales. Pero en el campo de las emociones no existen acuerdos o cánones establecidos (Pérez Sales & Lucena, 2000: 259).

El dolor en una conmemoración o fiesta fundacional suele ser una reacción emocional, un acto que corresponde a la esfera de lo intrapsíquico, “intrínseco” y, por lo tanto es universal, aunque también es trabajado como rito colectivo y ahí es algo que determina la cultura o el mundo de la vida.

Contamos con suficientes pruebas de que las respuestas emocionales de los deudos se asemejan en líneas generales, y a menudo también en sus detalles, a las que conocemos en Occidente. Las costumbres humanas presentan enormes diferencias entre sí; la respuesta humana es más o menos la misma (Pérez Sales & Lucena, 2000: 260).

Cuando hablamos o relacionamos el dolor con el discurso es indispensable entrar en un punto en común que es la “Etnolingüistica”, esto para estudiar las relaciones entre el idioma (lengua) y el contexto sociacultural en que se usa. De esta manera, varias expresiones son referidas a un lenguaje, como las referidas a campos semánticos carentes de un equivalente en otros idiomas; en el caso de Quito es a los modismos y al idioma español quichua. Los antropólogos y psicólogos sociales defienden que todo es un constructo social y cultural. En cuanto al pasado y la construcción de la sociedad quiteña todo tipo de historia se ha perdido al respecto de que todo lo que conocemos como celebración fue impuesto, haciendo que lo propio, lo de los aborígenes o los primeros habitantes antes de la conquista española se destruyera: las infraestructuras icónicas como son los templos de ceremonias al sol, a la luna y a lo demás. Y en su lugar se construyeron iglesias.

El componente cognitivo que se maneja en el discurso es de formar o presentar esquemas emocionales que se conceptualizan con el ambiente, su relación con la memoria de las experiencias que causan afectaciones. Es decir, experiencias que se viven, se convierten en pasado y éste en encuentros emocionales colectivos que determinan el repertorio, la relación y las respuestas emotivas futuras. Ejemplo si a una cultura se le inyecta que la conquista es mala, su discurso será transmitido como malo; pero si otra cultura piensa que está bien pues su discurso generacional cambiará.

La construcción cultural del duelo o del dolor trasciende a la parte más cognitiva del ser. Al tratarse de un constructo social complejo que asocia a los sentimientos y emociones. Pues no sólo se basa en el dolor por el fallecimiento, sino a la pérdida de algo de pertenencia, sea material, simbólico, cultural, tradicional. En este caso la cultura no colorea a la emoción, sino que la antecede y determina. “La cultura incide en la interpretación del dolor de la pérdida y en los modos de confrontación (cognitiva-conductual social), más que en el dolor mismo (Pérez Sales & Lucena, 2000: 253)”. En este punto se piensa que una respuesta afectiva como el dolor es socialmente aceptada cuando se trata de conmemorar la pérdida de algo o alguien, en sentido de que por la fuerza y por los cánones se quiere a algo o alguien, evaluación que siempre es acomodada y utilizada en un discurso de ética. Aunque no todo está destinado a tener dolor desde un punto cultural moderno, cuando muere un famoso: actor, deportista, político, cantante, la sociedad presenta dolor, pero más no duelo.

En conclusión podemos comprender al dolor como un efecto ante emociones que son determinadas por la experiencia, la cultura, la sociedad o el mundo de la vida, bajo los esquemas socio cognitivos. Existe un momento cuando la conversión dolor/celebración aparece en las fiestas fundacionales. Este análisis ha permitido delimitar dos momentos que se han estudiado desde de la realidad psicosocial y, la otra, desde el discurso histórico. La primera, como ya lo hemos descrito, el ser humano acepta la situación sobre sus seres queridos, cada una de las personas sufre un tipo de luto, éste puede estar representado de diferentes formas, pero luego de sufrir por un tiempo definido, según sea la cultura, los cánones sociales o simplemente lo que cada uno considere, esta circunstancia se acepta y de cierta manera deja de doler; entonces esa fecha se vuelve conmemorativa y a ésta se la representa de diferentes formas, nuevamente tomando en cuenta la realidad social y cultural, pero no se reflexiona la muerte sino todas las cosas que nos ocasionan dolor, ligado, la mayoría de las veces, al sentimiento de pérdida. Ya sea a un espacio, tiempo, territorio, sentimientos. Resaltando lo dicho anteriormente, este sentimiento, pasado un tiempo o condiciones culturales y sociales, deja de ser representativo y se conmemora.

Celebración o conmemoración de la fiesta de Quito

En muchas narraciones y discursos históricos los conceptos celebración y conmemoración al referirse a las fiestas fundacionales de la ciudad de Quito están presentes, pero su significado cambia de acuerdo con el contexto:

Celebración: este es un término que abarca a la acción de celebrar o festejar, conmemorar, alabar, reverenciar, realizar una reunión o acto. Una celebración es considerada muchas veces como la fiesta, o acto que contenga un evento festivo. El objetivo principal de esta es recordar, conmemorar un acontecimiento, u homenajear a algo o alguien.

Conmemoración: esta hace referencia al acto o el resultado de celebrar un aniversario, recordar a alguien o algo de manera un tanto más solemne, estas suelen llevarse a cabo para preservar la memoria histórica sobre varios acontecimientos. Pero se debe tener en aviso o en cuenta que una conmemoración no es una celebración, esta es bien usada para rememorar algo ocurrido (Masse, 2018

Conociendo esto estamos claros que en la fiesta fundacional de la ciudad de Quito empleamos tanto a la celebración como a la conmemoración. En la primera, por una parte, festejamos con varios actos característicos de la cultura quiteña: música, baile, diversión, comida típica y demás. Por otra parte, conmemoramos la fundación franciscana, a todos quienes fueron parte de la construcción de esta ciudad y también a los próceres. Los quiteños celebran las fiestas desde inicios de los 60, se tomó el 6 de diciembre para festejar la fundación de la ciudad; hay muchos que se manifiestan en contra de ésta, el factor esencial de este rechazo es por la historicidad y por el discurso mismo que se maneja de “conquista”, si lo investigamos esto fue traumático y doloroso, suprimirlo generaría polémica. De esta festividad ha surgido un tejido social, étnico, cultural, político y religioso que da muestras del linaje mestizo que gran cantidad de habitantes quiteños, ecuatorianos y latinos acepta.

Mucha de la riqueza cultural, arquitectónica le ha valido a la capital ecuatoriana para ser galardonada como primera ciudad, patrimonio cultural de la humanidad decretada por la UNESCO. Urbe orgullosa de su historia, admirada en el presente y con mucha mirada al futuro. Es por esto que no sólo se debe festejar las fiestas fundacionales sino también conmemorar una fundación española, y como justo accionar a la raíz y al ancestro cultural que se ha descuidado y que, por no tomar en cuenta a los discursos históricos, se ha perdido y no se hace ninguna cosa por revitalizar.

Para revisar los discursos históricos de las principales autoridades de la ciudad se ha dividido en cuatro momentos en el tiempo que son: década de los sesenta; los setenta; los noventas y dos mil; 2014 a la fecha. En la década de los sesenta se empezaron a festejar las fiestas de Quito; en 1978 la ciudad es declarada patrimonio cultural de humanidad; en el 2000 por la serie de cambios primordiales que sufría el país coyuntural y económicamente, y, desde 2014 hasta el 2018, por el último periodo del alcalde Mauricio Rodas. En los años entre 1959 y 1960 se comenzó a homenajear la fundación de Quito, pero esto nace a raíz que existía el interés de hacer algo en la cual estuviera involucrada toda la sociedad, ya que en los años anteriores sólo se daba una sesión del concejo metropolitano que, según los vestigios investigados, era para dar un informe de las gestiones mantenidas en el mes de noviembre. Esto de cierta manera impulsó, exponen varios cronistas, a muchos personajes de la ciudad como César Larrea, Jaime Del Castillo, el diario Últimas noticias y una empresa licorera a auspiciar el evento, este primer festejo por la fundación de Quito se dio en la calle la Ronda.

En los años siguientes, debido al éxito y al decir de la población, la fiesta de Quito inició a desarrollarse el día 5 de diciembre, tomando como nombre “Serenata quiteña”; con el paso del tiempo, a éstos se incluyeron más sectores, al igual que cada barrio festejaba a su manera e incluía actividades diferentes como es el caso de los coches de madera, festival de orquestas, comida típica y demás. El discurso manejado actualmente por las fiestas de Quito no estaba relacionado con recordar la fundación española de la urbe, sino la con conmemorar a la ciudad. Se hablaba de la exaltación de la quiteñidad, el espacio y también a la unidad nacional, pues al ser la capital del Ecuador siempre ha acogido a personas de todas partes del país, los conocidos paisanos y del mundo entero. Pero desde esa década ya en el discurso se hablaba del cultivo de la quiteñidad y generar un sentido de identidad y pertenencia a la ciudad que siempre ha acogido a propios y extraños. La verdadera finalidad por las que se dieron las fiestas fue como la forma y la oportunidad perfecta para que los quiteños se olviden de penas y levantar la alegría, la algarabía y los ánimos. Las fiestas de Quito siempre se plasmaron para ser motivo de felicidad, salir a conversar, divertirse con los vecinos, salir a las calles del barrio, bailar los mejores pasacalles (ritmo musical propio de Quito) y beber el canelazo (bebido tradicional). A raíz de esta gestión se promovió a dar énfasis para que existan otras acciones que hoy son muy cotidianas e infaltables en las reuniones, pero que surgieron en la década de los 60 como son las canciones en homenaje a la ciudad, a su personaje insignia, el chullita, el desfile de la confraternidad, la elección de la reina de Quito y campeonatos de 40. En el año de 1964 se crea el comité de fiestas en el municipio.

A finales de la década de los 70, Quito en 1978 fue declarada como primer ciudad patrimonio cultural de la humanidad, en ese año se produjo un quiebre, pues se cumplían además casi 20 años de realizar conmemoraciones por las fiestas fundacionales de la ciudad, así lo que prevaleció en el discurso fue, por obvias razones, que Quito mantiene el mejor centro histórico mejor conservado, más extenso de América: alrededor de 3200 hectáreas con 16 conventos y monasterios, 40 iglesias y un promedio de 5000 inmuebles patrimoniales. El legado en las edificaciones republicanas son la prueba de la arquitectura y las enseñanzas de la escuela barroca presentes en varios lugares y se mantienen casi intactas, como es el caso de la iglesia de la Compañía de Jesús. Empero, aparte de que a la ciudad le antecede unos hermosos paisajes y el horizonte que hace que todos reflexionemos cómo los primeros habitantes y fundadores supieron aprovechar la topografía, Quito tiene muchas subidas, bajadas y el entorno que está rodeado por montañas y volcanes. En el discurso de conmemoración por la fundación de Quito se menciona que preserva cultura, tradiciones prehispánicas con un legado lleno de éstas. En la sesión solemne asimismo se dio por homenajear y condecorar a personajes ilustres o que, de alguna manera, se destacaron en año en la ciudad.

A finales de los años 90 e inicios de los 2000, Quito se proyectaba como una ciudad que captaba el enfoque mundial, se caracterizó porque sus habitantes “botaban presidentes” y los discurso de la época así como conmemorar otros años de fundación de la ciudad era para referirse al tema, muy brevemente, en esos años con el personaje “don Evaristo”, se trató de dar énfasis en el rescate de la quiteñidad, la prioridad para iniciar las festividades en el año de 1959, pero del mismo modo se daba las primeras campañas de llevar la fiesta sin problemas y del cuidado a la ciudad, se rescata que en los discursos históricos ya se daba el mensaje que se festeja la re -fundación española sin olvidarse de los grandes personajes indígenas y el legado ancestral que Quito posee. Incluso se incluye que primero fue indígena, luego española y ahora mestiza.

En el último periodo comprendido desde el año 2014, en la administración del alcalde Mauricio Rodas, en el discurso histórico se han topado puntos como: modernización de los principales medios de transporte masivos de pasajeros, el metro, el reconocimientos a personajes emblemáticos de la ciudad, la premiación a la ciudad por ser 40 años patrimonio cultural y ser una ciudad ganadora de varios Grammy, la entrega de la llave de la ciudad, el festival Quitonía, ser una ciudad en proceso de rennovación arquitectónica y nuevamente que se festejara sanamente a Quito; lo que en sus discurso no se maneja es el mensaje de construcción de ciudadanía ni de pertenencia al espacio y territorio.

Con el paso del tiempo se puede decir que las fiestas de conmemoración de Quito han ido cambiando, pero mantienen viva su esencia de cálida bienvenida a sus forasteros. Hoy contamos con una ciudad cosmopolita que si bien celebra un acontecimiento que fue español, no ha perdido el discurso e imaginario social de “conquista” como acto de subordinación, violencia y barbarie a sus ancestros aborígenes.

Construcción de identidad a través del discurso histórico

La identidad nace de una construcción social para responder a una pregunta de existencialismo “¿quién soy?”, esto para sentirnos asociados a un espacio, territorio, comunidad, grupo y demás y, básicamente, ser aceptados y tener fundamentos para responder a esta interrogante, aunque quien cuestione pueda ser propio o ajeno a estos espacios. Cuando nos transmiten o creamos un discurso de lo propio, claramente segmentamos a un grupo establecido ya sea este general o específico y, a la vez, se ponen en funcionamiento mecanismos de inclusión y exclusión.

Por este motivo se puede decir que a través de la identidad no sólo respondemos la interrogante de saber ¿quién soy?, sino el intento de responder el ¿quiénes somos? Es decir, encontrar nuestra naturaleza individual y también el de nuestro colectivo. Las identidades sociales son imaginadas ya que muchas veces los que integran los grupos en su mayoría ni se conocen unos a otros. Es por esta razón que los miembros de un conjunto tienen una noción de socialización en un territorio con sus propios significados y significantes, se sitúan por encima de los conceptos individuales. La identidad no sólo es un resultado de la historia, sino también se construye desde los estereotipos culturales que condicionan los modos de ver y percibir las maneras de autodefinirse, en consecuencia, la virtud de formar un criterio, normas, cultura, es una estricta percepción impuesta. Es por tanto que la identidad es considerada cambiante, no es algo a largo plazo, depende de diversos factores puesto que convivimos en un mundo multicultural donde se coexiste con múltiples identidades que se manejan de manera interaccional. Ésto hace que la identidad se modifique de acuerdo a cómo la percibimos. “Existen identidades proyecto estas están basadas en la mezcla de varias identidades creando lo que él define como identidades mixtas. Pero aceptar esto, sería decir que existen identidades puras lo que ocasionaría de conflictos etnoculturales (Martínez Paniagua, s. f.)”.

Muchas veces las permutas se producen de varias maneras, tanto inesperadas o rápidas, como la emigración, migración, disolución, etc. Por estos motivos se da un quiebre o un trauma de identidad. Los sistemas y reconocimientos se pueden transformar de un momento a otro y los nuevos ocasionan sufrimiento y este se encuentre en un limbo al no lograr reconocerse ni a sí mismo ni a su entorno. En varias ocasiones se idealiza de una manera muy marcada la vida o al grupo anterior y se rechaza a la nueva situación ocasionando que se traiga o se comente sobre cómo fue su experiencia de lo novedoso donde las identidades se fragmentan.

Relación espacio y territorio

La modernidad y conjuntamente el territorio tiene un valoración muy detallada, pues la gran cantidad de pueblos y nacionalidades andinas en su mayoría son consideradas tercermundistas, en proceso de modernidad y, en su gran parte, debido a que se niegan a avanzar por sus líderes que siguen tratando o en sus discursos emplean términos como son: raza, etnia, culturas prehispánicas, nativos y más, cuando quieren referirse a las nacionalidades indígenas que no habitan en las ciudades y, por lo general, se dirigen a éstos con un mensaje de barbarie. En la escritura de Quito, y al ser una metrópoli, no han construido imaginariamente hechos de remembranza a un espacio y territorio basados en la historia con algo de sentido de modernización y con mensajes al pasado que hayan hecho que nos desenvolvamos con sentimiento y celebremos a la ciudad con dolor. Aunque ahora y de cierta manera se ha cambiado ese sentido a un proceso real de urbanismo.

En las ciudades de los Andes ecuatorianos y Quito muy en particular aún es ajeno el proceso de modernización, aunque en el imaginario social se nos dice que la separación campo-ciudad que se ha dado en esta ciudad podemos ser testigos que esto no se ha desvanecido y sus vestigios son los que todavía conservamos en ferias indígenas, donde podemos ver a personas con venta de animales o con vestimentas autóctonas de las regiones de donde son descendientes. En este caso los flujos de información que receptamos hacen que tengamos un pensamiento colectivo de cómo era la vida de nuestros antepasados y no del discurso que nos han ido creado.

Las capitales del país y Quito, en específico, siguen siendo muy excluyentes, por un lado, en cuanto a la construcción de identidad. En el caso del discurso histórico hace que la relación con el espacio y el territorio definido sea muy carente, puesto que más de un 55% de habitantes que habitan en la ciudad no son quiteños, por tal razón y por brechas que marcan la cultura de sus hogares que es el primer escenario donde nacen los discursos, tienen pertenencia a más de un lugar en concreto. Por otro lado, el urbanismo no siempre va de la mano con el dinamismo de construcción de ciudadanía tanto histórica como moderna, siempre está acorde con la segmentación de la población. Las grandes metrópolis a nivel mundial y en especial en Latinoamérica son débilmente incorporadas al sistema de historicidad y pertenencia. Al respecto de Quito, la modernidad que en los últimos años se ha edificado con ritmos y formas de vida no abarca el esquema preestablecido sobre los procederes mundiales.

En el caso de los grupos de personas no nacidas en Quito pero que lo habitan, la posibilidad de pertenencia y construcción de una modernidad alternativa parece muy carente por la falta de discurso y componentes de identidad y, por esta causa, se crea una nueva con partes de la anterior. En este sentido el grupo etario de jóvenes se preocupa de otras cosas por motivo de la globalización y la falta de alternativas que los guíen, ahora se habla de una identidad imaginaria con figuras de atraso y barbarie del discurso impuesto y con la modernidad globalizada imputada con una perspectiva de ciudad alejada de lo rural, históricamente conectada con la actualidad a través del mundo de la vida y lo que nos han enseñado en cuanto a la cultura, sociedad y política.

Referencias

GoRaymi. (s.f.). GoRaymi. Recuperado el 4 de noviembre de 2018, de Fundación de Quito: https://www.goraymi.com/es-ec/quito/fundacion-de-quito-aa34iuedh

Halbwalchs, M. (1968). Memoria histórica y memoria historia. Reis(69), 209 - 219. Recuperado el 5 de enero de 2019, de http://ih-vm-cisreis.c.mad.interhost.com/REIS/PDF/REIS_069_12.pdf

Haupold Caballero, A. (2017). El poder de los 140 caracteres: la retórica y el impacto de las redes sociales. Obtenido de Universidad Complutense de Madrid: https://eprints.ucm.es/40869/1/T38284.pdf

Laclau, E. (s.f.). Discurso. Obtenido de https://perio.unlp.edu.ar/catedras/system/files/ernestolaclaudiscurso.pdf

Lara, E. (2015). Las formas de la historia, del discurso histórico del poder a las expresiones contrahistóricas en Amérca latina. Universum. Revista de Humanidades y Ciencias Sociales, 30(1), 137 - 151. Recuperado el 20 de diciembre de 2018, de https://www.redalyc.org/pdf/650/65039627009.pdf

Lorca, A. M. (2002). HEGEL Y LA HISTORIOGRAFÍA FILOSÓFICA. Obtenido de http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/bibliuned:Endoxa-2002AA612196-5F14-2FAB-00F0-C49FC6C4340D/hegel_historiografia.pdf

Manzano, V. (2005). Introducción al análisis del discurso. Recuperado el 3 de enero de 2019, de http://personal.us.es/vmanzano/docencia/metodos/discurso.pdf

Martínez Miguélez, M. (junio de 2002). Hermenéutica y Análisis del Discurso como metodo de investigación social. Paradigma, XXIII(1), 1 - 12. Recuperado el 12 de noviembre de 2018, de http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:U4TSdtfYM_MJ:revistas.upel.edu.ve/index.php/paradigma/article/download/3049/1442+&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=ec

Martínez Paniagua, A. C. (s.f.). Construcción de identidad en internet. Obtenido de Identidad en Internet: http://www.anacarolia.com/ub/idnet.html

Masse, F. (8 de marzo de 2018). Milenio. Recuperado el 15 de diciembre de 2018, de ¿Cuál es la diferencia entre celebrar, festejar y conmemorar?: https://www.milenio.com/cultura/cual-es-la-diferencia-entre-celebrar-festejar-y-conmemorar

Pérez Sales, P., & Lucena, R. (2000). Duelo: una persectiva transcultural. Recuperado el 12 de diciembre de 2018, de Más alla del rito: la construcción social del sentido del dolor: http://documentacion.aen.es/pdf/psiquiatra-publica/vol-12-n-3/259-duelo-una-perspectiva-transcultural-mas-alla-del-rito-la-construccion-social-del-sentimiento-del-dolor.pdf

Notas

[1] Licenciado en Comunicación Social, ha hecho colaboraciones como: Periodista, Investigador, Escritor y asesor Político. Actualmente es estudiante de Derecho en la Universidad Universidad Politécnica Salesiana de Quito. Correo de Contacto: raul93hnm@gmail.com

Información adicional

redalyc-journal-id: 8006

HTML generado a partir de XML-JATS por