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<publisher-name>Universidad Autónoma de Zacatecas</publisher-name>
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<subject>Artículos</subject>
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<article-title xml:lang="es">Eulalia Guzmán Barrón entre los avatares arqueológicos y la necesidad de reinvidicaciónhistoriográfica</article-title>
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<surname>Rivas Hernández[1]</surname>
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<season>July-December</season>
<year>2023</year>
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<issue>10</issue>
<fpage>98</fpage>
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<title>Resumen</title>
<p>El objetivo de este escrito es traer al presente otra vez, las discusiones arqueológicas a través de la Historia regional y la Historia oral para entretejer algunos planteamientos explicativos que me ayuden a poner en la escena, por medio de un revisionismo historiográfico, a Eulalia Guzmán Barrón, como una mujer poco historiada desde lo local y desde la arqueología zacatecana. Se toma como base las tesis y los artículos de diversos enfoques sobre la profesora que ya son bastante conocidos. Además, se concluye la disertación con una breve reflexión en relación a Ixcateopan y Cuauhtémoc.</p>
</abstract>
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<title>Abstract</title>
<p>The objective of this writing is to bring back to the present, the archaeological discussions through regional history and oral history to interweave some explanatory approaches that help me put Eulalia Guzmán Barrón on the scene through a historiographical revisionism, as a woman with little history from the local and from Zacatecan archeology. By taking as a basis the theses and articles from various approaches about the teacher that are already well known. In addition, the dissertation concludes with a brief reflection in relation to Ixcateopan and Cuauhtémoc.</p>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>Eulalia Guzmán</kwd>
<kwd>Historia oral</kwd>
<kwd>Historiografía</kwd>
<kwd>feminismo</kwd>
<kwd>Arqueología</kwd>
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<title>Keywords</title>
<kwd>Eulalia Guzmán</kwd>
<kwd>oral history</kwd>
<kwd>historiography</kwd>
<kwd>feminism</kwd>
<kwd>archaeology</kwd>
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<title>
<bold>Introducción</bold>
</title>
<p>No soy arqueóloga, mi vocación no reside en ese ámbito de las humanidades, aunque desde una perspectiva, el tema señalado se entrecruza y se hermana con la historia. En efecto, me gusta la historia y desde allí con sus metodologías se puede interpretar y repensar a una figura que fue y sigue siendo golpeteada por sostener sus planteamientos empíricos en relación a Cuauhtémoc: Eulalia Guzmán Barrón.</p>
<p>En otras ocasiones que he analizado a la maestra Eulalia Guzmán Barrón siempre me resultan ciertas incógnitas imposibles de resolver a estas alturas a menos que tuviera el dial de Arquímedes<underline>
<sup>[2]</sup>
</underline>, al que se hace alusión en propuestas cinematográficas. Como, por ejemplo, ¿de dónde vino la curiosidad de Eulalia por seguir la pista que había dejado Motolinía en relación a la muerte de Cuauhtémoc? ¿Por qué tanto odio o desprecio a la figura de una mujer en relación a la arqueología? ¿Fue porque Eulalia tenía rasgos indígenas que la caracterizaban proveniente de una familia humilde de mi terruño?<underline>
<sup>[3]</sup>
</underline> ¿En Zacatecas cómo se le ha historiado? En efecto, según la Historia oral que deviene de la familia Gaytán Hernández y la familia Guzmán, los rasgos comunes son mujeres altas, fuertes, morenas y con una nariz bastante pronunciada. Las fotografías dan cuenta de ello.</p>
<p>            En el ámbito académico formal eso no importa dirán algunos. De todos modos, no intento convencer a nadie, si se logra o no la reivindicación sólo la Historia patria lo dirá o la Nueva historia o una desde la perspectiva de género. Los problemas explicativos desde la teoría histórica ya están anunciados: se le puede estudiar desde la biografía como ya lo hice, desde la perspectiva de género como ya se le ha estudiado (Ruiz Martínez, 2008). Las tesis sobre Eulalia siguen empolvadas en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, en el IPN, en la Metropolitana. Lo que me resulta más engorroso es que no encuentro historiografía zacatecana a profundidad en relación a una oriunda del estado. Más adelante hablaré de ello. En la primera parte de este artículo se hace un breve revisionismo historiográfico sobre la figura de Eulalia, luego se tratará de abordar desde la perspectiva de género y la región. Finalmente se hará un breve recorrido descriptivo de la coyuntura 1949 e Ixcateopan.</p>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>Breve recuento historiográfico</bold>
</title>
<p>Las biografías como método de acercamiento a Eulalia Guzmán Barrón han sido bastante populares sobre todo en la historiografía local. En este sentido podemos destacar a Mari Carmen Serra Puche y Manuel de la Torre Mendoza (2004), pues realizaron un texto de corte más académico con fuentes primarias y secundarias. En su aportación podremos reconocer que por lo menos Zacatecas y lo local saltan a la vista pero, como ya lo he señalado antes (Rivas, 2021), con imprecisiones. Los autores focalizan a Eulalia Guzmán como parte de una generación de hombres y mujeres que crecieron con las vicisitudes de la Revolución mexicana. De ahí que el planteamiento más importante es que se sitúa su objeto de estudio en una necesaria contextualización histórica: el siglo XX, el más difícil de abordar por ser el más próximo al historiador. Sin embargo, los autores no se meten en líos, exponen el suceso de Ixcateopan, de acuerdo a lo ya conocido, sin citas ni referencias de cómo es que la maestra Eulalia Guzmán había sido engañada, de su distanciamiento con Alfonso Caso; quizá lo que más llama la atención sea la efímera y vaga enunciación de los aportes magisteriales y pedagógicos de Eulalia Guzmán. Otro asunto a resaltar es que concluyen con una perspectiva de lo interesante que fue su trayectoria.</p>
<p>            Entre otros aspectos a poner en el debate, la mayoría de la información que podemos obtener de Eulalia Guzmán Barrón es a través de la red y las páginas o blogs que el buscador coloca o presenta al lector. Generalmente estos blogs retoman con copia y pega planteamientos académicos ya publicados. Un ejemplo de ello es el blog “La crítica”  ─ojo, no necesariamente se cortó y pegó─, en donde se puede leer una disertación de Angélica Jocelyn Soto (2021) titulada: “Una arqueóloga pionera, pero desacreditada”. El título ya de por sí dice todo, precisamente por ello es que la cito. El argumento central como siempre se retoma y cita de los autores ya señalados con anterioridad para insertar elementos en relación al feminismo y concluir que Eulalia Guzmán era una feminista con actividad política en relación a las “mujeres anti-nazis de Rusia”<underline>
<sup>[4]</sup>
</underline>.</p>
<p>            Entre el recuento historiográfico también podemos acercarnos al <italic>Diccionario biográfico magisterial</italic> (1994), publicado en la gaceta electrónica de la UNAM como fuente secundaria. En donde encontraremos una crónica de la trayectoria de la maestra Eulalia Guzmán, así como sus más destacadas obras históricas. Por ejemplo, se da cuenta de que:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Por petición del gobierno de Guerrero y a partir de sus estudios sobre arqueología, llegó a rebatir la tesis de Alfonso Caso que pretendía acabar con la veracidad de la tradición de Ixcateopan, dado una fundamentación sobre la autenticidad de la tumba de Cuauhtémoc que se encontraba bajo el altar mayor del templo católico de esa localidad (1951), que a partir de entonces fue declarado, altar de la patria (<italic>Diccionario biográfico magisterial,</italic> 1994).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Como se puede observar, en relación a Eulalia Guzmán se encuentran datos fragmentados muy interesantes en la web, dado que no conozco un libro impreso que retome todo lo ya antes mencionado. En el fondo, ese es el deber del historiador, reconstruir a través de fragmentos, del antropólogo igual. Sólo que, en este caso, la reconstrucción no es tan mala ya que la suerte de desacreditación deviene como siempre de ese mundillo académico; ni siquiera del público en general o desde una postura popular.</p>
<p>            Entre tanto, una tesis que destaca sobre Eulalia Guzmán Barrón es aquella realizada por Rebeca Silva Roa (2008) que, desde el IPN, analizó, explicó e interpretó un planteamiento arqueológico de la obra de Guzmán Barrón: “las perspectivas no eurocéntricas para entender el mundo prehispánico”. Para quienes gusten de la arqueología quizá éste sea el planteamiento que están buscando para entender a la arqueóloga Guzmán. La crítica y los planteamientos, así como las limitaciones interpretativas de Eulalia son analizadas en el capítulo 3 de este trabajo. Pero como ya les señalé no soy arqueóloga, me limitaré a mencionar que el capítulo 2 es más interesante pues rescata elementos igualmente fragmentarios en relación a la vida de Eulalia. Es un planteamiento rico en correspondencia a las fuentes y las imágenes proporcionadas por la autora. Desde mi perspectiva, es un texto que debería ya de publicarse, pero en el mundo nada es como uno quiere que sea, ni siquiera este vago ensayo.</p>
<p>            Por su parte, Fabiola Bailón Vázquez (2018) retoma a Eulalia como una mujer de su tiempo, el siglo XX. En esta publicación encontraremos el principal juicio de valor, la autora sostiene enérgicamente que “1949, una mujer de 59 años, Eulalia Guzmán Barrón, creyó haber descubierto la tumba de Cuauhtémoc (Bailón, 2018: 247)”. El enunciado se retoma como pretexto para después mencionar la otra cara de la moneda, colocar a Eulalia como la gran feminista, activista y promotora cultural que fue, además de desacreditada por el hecho de la tumba. Así es la forma metafórica o recursos literarios con gvque los autores nos validamos para vender nuestras interpretaciones. Al partir de esta alusión, el objetivo que Bailón se traza es presentar a la Eulalia de “carne y hueso” ─aunque primero dijo que los otros huesos no eran de Cuauhtémoc─, efectivamente lo logra.</p>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>La historiografía desde la Historia de las mujeres, género y feminismo en relación a Eulalia Guzmán Barrón </bold>
</title>
<p>No es tan difícil en nuestros tiempos encontrar ciertas referencias en relación a la ruta metodológica que se constituye a través del género y feminismo. Existe un planteamiento que resaltaré en este subapartado. Y se considera relevante ya que parte desde la propia arqueología vinculada con el género y el feminismo. El trabajo ya citado de Apen Carmen Ruiz Martínez (2008) rompe esquemas en las rutas metodológicas de abordaje en relación a las nuevas formas de hacer biografía o historias de vida desde Mílada Bazant (2013) y Aguirre Lora (1998) que toman en cuenta las trayectorias vitales de los personajes históricos vinculados a su contexto. En particular me gustaría resaltar que no soy historiadora de las mujeres y que por azares de la vida estudio forzadamente el género porque mi trabajo docente me obliga a ello. Siguiendo la moda pues, Ruiz Martínez ─y otras historiadoras locales que no cito porque me da flojera leer los resúmenes biográficos que hacen de Eulalia─ se detiene a llevar su planteamiento en una metáfora de Guzmán Barrón interesante:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>La historia de la arqueología nos cuenta que Eulalia Guzmán se equivocó en la interpretación de los huesos de Cuauhtémoc. Pronunciarse sobre la veracidad de los huesos no es lo que me mueve a escribir este artículo. Lo que me interesa es situar en el centro del debate algo obvio que se escapa de los estudios sobre Ichcateopan: Eulalia era una mujer, y es su cuerpo, con un cargado simbolismo nacional, el que excavaba restos materiales. Existen algunas publicaciones analizando este hallazgo, y en la mayoría de ellas se habla de cómo los hechos de Ichcateopan están relacionados con la discusión política e ideológica sobre símbolos nacionales que venía dándose en México desde la Independencia, pero nadie se ha acercado a este acontecimiento para analizar la presencia o ausencia de mujeres en la disciplina arqueológica o para pensar sobre la relación entre nacionalismo, género y arqueología (Ruiz Martínez, 2008).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Precisamente lo que hace interesante tal planteamiento es el andamiaje conceptual y retórico del cual parte: Ni siquiera importa si eran o no los huesos del Tlatoani “Temoc” ─así le digo en mis soliloquios─, lo que se nos olvidó fue que Eulalia era una de las pocas arqueólogas en México a quien le echaron el aparato institucional para demeritar su trabajo como mujer; de ahí que el marco referencial de Ruiz Martínez (2008) la lleve a generar un punto de partida notorio: la arqueología feminista representada en Eulalia Guzmán Barrón en relación a la construcción de la ciencia arqueológica en México contemporáneo. No sólo eso, además problematiza el hecho todavía más, agregando las palabras “la imposibilidad de excavar en el suelo nacional (Ruiz Martínez, 2008)”. La autora ya señalada abre un abanico grande en los procesos de investigación historiográficos del género y el feminismo; por ejemplo, cuando relaciona los procesos obvios de invisibilización sobre las mujeres mexicanas en la construcción de la ciencia. De ahí que cuando menciona el hecho de las entrevistas realizadas en relación a Eulalia dentro del estrecho gremiecillo<underline>
<sup>[5]</sup>
</underline> arqueológico mexicano, le resulte imposible de creer que le digan que Eulalia Guzmán era una loquilla engañada por el pueblo de Ixcateopan (Ruiz Martínez, 2008). El asunto es que la autora nunca manifiesta los nombres de quienes le profirieron tales adjetivos: si el género era masculino, el asunto se torna machista y, si el género fue femenino, todavía más machista. En el fondo, las sedimentaciones ideológicas patriarcales siguen siendo un problema de corte prejuicioso más que de corte científico. Por eso, los chismes destruyen trayectorias y quedan enraizados en el imaginario social, académico y cultural. Y que, para efectos de contraste con las fuentes, eso ya quedó como algo anecdótico o algo que raya en la especulación. Sin embargo, como la historia se reconstruye con algunos fragmentos de racionalidad y evidencia empírica, podemos señalar que sí se ha edificado una nube negra en relación a la trayectoria académica de Eulalia Guzmán en ese mundillo académico. Por ello, la autora plantea lo siguiente:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Los años finales de la década de 1940 fueron años de gran conservadurismo social y moral. El radicalismo de la post–revolución se había desvanecido, y las mujeres fueron sujeto de discursos que subrayaban la importancia de la familia y la maternidad para la estabilidad de la nación. Eulalia Guzmán, empero, no cumplía con los requisitos de la mujer de su tiempo, ni con los objetivos del feminismo que en esos años proclamaba la necesidad de estudiar para convertirse en mejores esposas y madres. Ella no se casó, y usó su conocimiento apasionadamente para hablar de la nación, asumiendo el rol de lo que hoy se consideraría una "activista cultural". En resumen, la supuesta invisibilidad de Eulalia Guzmán debería replantearse, como debe explicarse por qué una mujer de tal envergadura, con una voz tan especial y que abarcaba tantos ámbitos, ha sido relegada a un espacio de marginalidad. Para ello, hemos de tener en cuenta tanto las condiciones generales de la mujer en la ciencia (dentro y fuera de México) como las cuestiones específicas de la arqueología y de las mujeres en el México de mitad del siglo XX (Ruiz Martínez, 2008).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Aquí me centraré en una aseveración desde la autora para generar otra que me causará problemas: Eulalia Guzmán fue una mujer que no se casó, su feminismo fue diferente según lo ya señalado, con una voz tan especial en sus trabajos (Ruiz Martínez, 2008); pero ¿qué tal si también sufrió del típico racismo que caracterizó su época en otros sucesos diacrónicos y sincrónicos como mujer? Me refiero a que no sólo por ser una mujer feminista arqueóloga singular se le marginó, sino porque sus rasgos indígenas como los de mis bisabuelos, abuelos y tíos<underline>
<sup>[6]</sup>
</underline> en relación a la consanguineidad le valieron también esa marginación. No lo puedo comprobar empíricamente, es tan solo una hipótesis que puede ser factible.</p>
<p>            Para finalizar, me gustaría hacer un comentario en relación a la historiografía local de Eulalia Guzmán: es prácticamente inexistente, lo que hay es más de lo mismo, resúmenes sobre su biografía, trayectoria, una embijada sobre Ixcateopan, San Pedro y Cuauhtémoc. Los trabajos académicos locales son de historiadoras y poco se conocen las reflexiones desde la propia arqueología zacatecana; ¿qué han estado haciendo los arqueólogos y arqueólogas locales? Seguramente en aulas no dejan de mirar, pensar y repensar sobre La Quemada. ¿Para qué hablar sobre Eulalia si ni vale la pena? Es posible que Eulalia Guzmán sólo sea el referente demagógico de algún o alguna politiquilla local. Mientras los revisionismos históricos avanzan desde las nuevas perspectivas: la microhistoria, las trayectorias vitales de vida (Rivas, 2022) y ahora desde el género y el feminismo; yo le agrego mi aporte, ver a Eulalia Guzmán desde el terruño y la Historia regional: San Pedro Piedra Gorda (Rivas, 2021).</p>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>Eulalia Guzmán Barrón y las patas de Cuauhtémoc</bold>
</title>
<p>Comenzaré este apartado con un comentario desafortunado que alguna vez escuché de Eulalia Guzmán que deviene del imaginario magisterial recuperado a través de historia oral: un chiste que para efectos simbólicos dice mucho de la marginación de la práctica arqueológica de la profesora: ¿cómo supo Eulalia Guzmán que la osamenta descubierta era la de Cuauhtémoc? Pues porque ella dijo, ¡Nomás mírenle sus patas! Además, no es la única referencia, en el cine mexicano en la película <italic>Niñas mal</italic> (2007), existe una escena de Martha Higareda con Rafael Sánchez Navarro, en donde ésta le avienta una estatua. Esa estatua era la de Cuauhtémoc y paradójicamente sólo se le rompieron las patas. El actor hace la expresión ¡Ay, Cuauhtémoc, tus patas! Pues por este preciso hecho es que se hacen los mitos en la historia de bronce nacional. Las evidencias fotográficas en contraste nos muestran que la osamenta sí tenía una pata:</p>
<p>
<fig id="gf1">
<label>Figura 1.</label>
<caption>
<title>En <underline>
<italic>https://www.elsoldemexico.com.mx/doble-via/ciencia/eulalia-guzman-y-su-incesante-busqueda-por-cuauhtemoc-el-ultimo-tlatoani-3051560.html</italic>
</underline>
</title>
</caption>
<alt-text>Figura 1. En https://www.elsoldemexico.com.mx/doble-via/ciencia/eulalia-guzman-y-su-incesante-busqueda-por-cuauhtemoc-el-ultimo-tlatoani-3051560.html</alt-text>
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<alt-text>Figura 1. En https://www.elsoldemexico.com.mx/doble-via/ciencia/eulalia-guzman-y-su-incesante-busqueda-por-cuauhtemoc-el-ultimo-tlatoani-3051560.html</alt-text>
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</fig>
</p>
<p>Figura 1. En <underline>
<italic>https://www.elsoldemexico.com.mx/doble-via/ciencia/eulalia-guzman-y-su-incesante-busqueda-por-cuauhtemoc-el-ultimo-tlatoani-3051560.html</italic>
</underline>
</p>
<p>De sus exploraciones arqueológicas, tengo obligadamente que destacar aquellas como las que realizó entre 1930 y su difícil descubrimiento en 1949. Estuvo participando en la exploración de Monte Albán, la Mixteca Alta, Nochistlán, Chachoapan, Yanhuitlán, Teposcolula, Tamazulapan, etcétera (<italic>Mujeres expresión femenina</italic>, 1975: 23).</p>
<p>            Un elemento a destacar que tiene que ver con su difícil trayectoria académica obvio fue el año de 1949, hay numerosos relatos que polemizan cómo obtuvo siquiera el permiso dentro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para realizar la famosa excavación en Ixcateopan, Guerrero, en donde la osamenta encontrada supuestamente pertenecía al último emperador Cuauhtémoc. No es del interés describir aquí esa polémica, sobre todo porque existieron rumores y acusaciones periodísticos de que les tocaba a otros arqueólogos hacer el descubrimiento y que Guzmán se abalanzó primero de manera alevosa; en la historia profesional, académica y con rigor, interesa sólo el hecho en sí. El registro ya fue determinado: Eulalia Guzmán Barrón fue quien lideró la excavación y descubrió la osamenta; otras discusiones académicas quedan en eso, sólo en la academia, en la construcción ideológica de la identidad, a través de los personajes que hicieron historia queda escrita en otra idea que desarrollaré más adelante. Por ejemplo, en la academia se expresan así de tal hecho:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Para 1949 el Instituto de Antropología e Historia, le confía la azarosa misión de investigar la validez de los documentos que revelaba (sic) la existencia de restos óseos y la tumba de Cuauhtémoc, cavada en 1529 en el pueblo de Ixcateopan, Guerrero, sobre la cual se construyó una iglesia cristiana hecho que culminó el 26 de septiembre del primer año, este dictamen generó controversia nacional y académica, pues sus colegas dudaron de su lucidez mental (Albarrán y Nava, 2004: 9).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>En este contexto, como lo mencionaba, la polémica fue muy vasta, tuvo que llegar un arqueólogo de alcurnia a ser juez y arbitro de tal pleito para posteriormente terminar nuevamente descalificando a la profesora Eulalia Guzmán, a pesar de ser un colega cercano a ella ─incluso se escribe que era su amigo cercano─, su nombre era Alfonso Caso (Bailón Vázquez, 2008: 267). Sin embargo, una nota de <italic>El País</italic> del 4 de enero de 1985 todavía  mencionaba que, a 35 años del pleito, se buscaría nombrar “una nueva comisión científica para verificar la autenticidad de su hallazgo” sobre los restos de Cuauhtémoc (<italic>El País</italic>, 1985). Por otro lado, según sostiene Rosalba Quintana Bustamante, la comisión de 1976 fue la que le puso final a la polémica pues el dictamen es inapelable.</p>
<p>Desde mi punto de vista, si las cosas cambiaran por decreto posiblemente el mundo fuera diferente, pero ese decreto-dictamen “inapelable” justificó según Quintana Bustamante lo siguiente: “No hay bases científicas para afirmar que los restos hallados el 26 de septiembre de 1949 en la iglesia de Santa María de la Asunción en Ichcateopan, Guerrero, sean los de Cuauhtémoc, último señor de los mexicas y heroico defensor de México-Tenochtitlan (Quintana, 2016)”, ¿y cómo entonces sabrán los arqueólogos que otros restos sí son los de Cuauhtémoc? ¿Acaso tenían una fotografía de los huesos dentro de Cuauhtémoc o siquiera, registro dental o ADN? El dictamen por supuesto que hasta 2023 puede ser cuestionado, sí puede ser apelable puesto que la historia se reescribe una y otra vez, es tarea de los arqueólogos e historiadores hacer los revisionismos necesarios para tumbar los mitos o reforzar las verdades.</p>
<p>            Un arqueólogo de nombre Eduardo Matos Moctezuma (2006) sostiene que Eulalia Guzmán no descubrió los restos de Cuauhtémoc, a través de los dictámenes que hizo la comisión revisora y una posterior en la que él mismo participó, llama la atención que su planteamiento en la revista más importante de arqueología y según lo que la red me permitió leer, su trabajo está basado en su propio informe de 1980. Según él fue un uso maniqueo de la figura de Eulalia Guzmán y de los políticos del estado de Guerrero que, sin tener conocimientos, declararon tal hecho en 1949. El autor señala lo siguiente:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>En 1949 se dio a conocer, a nivel nacional, la noticia de que en el pueblo de Ichcateopan, Guerrero, se habían encontrado los restos óseos del emperador Cuauhtémoc. Los trabajos de excavación estuvieron a cargo de la historiadora Eulalia Guzmán, quien se precipitó a realizar las excavaciones sin contar con la técnica suficiente, pues quien había sido comisionado para tal fin por el arquitecto Ignacio Marquina, por entonces director del INAH, era el arqueólogo Carlos Margáin, quien no llegó a tiempo al lugar. En 1949, doña Eulalia realizó diversos sondeos tanto en la iglesia dedicada a San José como en la de Nuestra Señora de la Asunción, lugar en que ocurrió el hallazgo. En 1951, doña Eulalia volvió a excavar el montículo arqueológico ya mencionado y, conforme a las fotos del periodista Eliseo Salmerón que pudimos reunir, la falta de técnica es evidente en todas sus intervenciones. Se nombró una comisión que finalmente presentó sus resultados y dio pie a la controversia, pues unos aseguraban que no había duda de que se trataba de los restos del último emperador azteca, en tanto que otros tenían severas dudas acerca de esto (Matos Moctezuma, 2006).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>l autor dice: Eulalia se precipitó, “la historiadora”, ni si quiera le reconoce su calidad de arqueóloga cuando ella ya había realizado otras excavaciones una década antes 1930, en otras partes del país como por ejemplo Monte Albán ¿cómo alguien que se jacta de ser arqueólogo dice que Eulalia Guzmán no tenía técnica?, ¿técnica de qué?, ¿por qué no las enuncia y nos aclara a los mortales cuáles eran esas técnicas? Después dice que el verdadero arqueólogo era un tal Carlos Margáin, ¿acaso las mujeres arqueólogas no saben excavar?  Vuelve a reiterar el argumento de la técnica y después se contradice a sí mismo: “doña Eulalia volvió a excavar el montículo arqueológico y conforme a fotos del periodista […] la falta de técnica es evidente”. Volvemos con los prejuicios, ¿dónde están las fotos?, no menciona las fuentes para hacer crítica de ellas; ¿si él no estuvo allí, cómo sabe en realidad que hubo falta de técnica? La contradicción radica en, qué si Eulalia no tenía técnica, ¿por qué el mote de doña? ¿Acaso un elemento arqueológico deja de ser importante e histórico porque no se usó bien la brocha?, ¿ya no cuenta como histórico una figura que por accidente sale a la luz?, ¿si se seca un río y devela una cabeza olmeca y por la falta de técnica en su excavación y traslado deja de ser cabeza olmeca? De nuevo, todo es subjetivo. La subjetividad y prejuicios que permearon en todas las comisiones “eruditas” tanto de historiadores, químicos, arqueólogos solicitados por la SEP quedan en eso: en decires empolvados. En órdenes de Luis Echeverría ─ya sabemos de su participación en 1968─ y posiblemente de dictámenes de arqueólogos orgánicos al servicio del estatus ideológico corporativo del Estado mexicano. La postura machista y patriarcal en relación a la ciencia y la arqueología la evidencia él mismo, citándose a sí mismo, por supuesto:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Por mi parte, dejé claro los principios que me animaban a participar en la nueva comisión, y no dudo que mis colegas también pensaron de manera similar. Una vez más acudo al informe: Es una gran responsabilidad revisar los estudios y dictámenes emitidos en el pasado por investigadores que nos precedieron en anteriores comisiones. Nuestra disciplina, la arqueología, tiene por objeto el estudio de los procesos de transformación social ocurridos en el pasado, es decir, estudia sociedades y no individuos aislados. No puede pretender ir más allá de donde el dato estrictamente científico lo permita. A pesar de algunas presiones a que la investigación estuvo sometida […] podemos decir que, como hombres de ciencia, como investigadores, nos concretamos a la búsqueda de la verdad y no aceptamos presiones de ningún tipo, ni políticas ni emotivas, que pretendieran cambiar en lo más mínimo el resultado de nuestras investigaciones (Matos Moctezuma, 2006).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Si la arqueología estudia sociedades ¿por qué tanta obsesión con Eulalia? Entonces que explique cuál es la transformación social del grupo humano que supuestamente se estudió en relación a su dictamen. La postura científica netamente positivista salió a la luz: “no puede pretender ir más allá donde el dato estrictamente científico lo permita”, o sea, que las interpretaciones no existen, se invisibilizan otros datos que no son científicos en aras del dato duro. Ah, la miseria de la ciencia, parece que Thomás Kuhn (2011) no fue entendido. El paradigma científico de la arqueología no había cambiado en 1980, el autor se reivindicaba falocéntricamente: “podemos decir que como hombres de ciencia […] no aceptamos presiones de ningún tipo”. Interprétese esta sentencia como se quiera. Allí esta la postura política implícita, ni siquiera toma en cuenta a las mujeres que también participaron en esa comisión en donde su postura es más neutral que nada, como por ejemplo Alejandra Moreno Toscano. </p>
<p>
<bold>Comentario final</bold>
</p>
<p>Los mitos son de utilidad pues explican el origen, cumplen una función ideológica. Entonces, aunque ese dictamen diga que Eulalia Guzmán Barrón no encontró en verdad los restos de Cuauhtémoc, lo único que se tiene que hacer es acudir a San Pedro Piedra Gorda, Zacatecas, como coloquialmente se le conoce, y preguntar a algunas personas de allí, quién fue y qué hizo la profesora Eulalia Guzmán Barrón. Las sedimentaciones de sentido con el tiempo se convierten en tradiciones, las discusiones de la academia se quedan empolvadas, lo que persiste en el tiempo es un constructo mental, una idea que se puede convertir en mito, leyenda o tradición.</p>
<p>La construcción de la identidad de un terruño, como dispositivo de la microhistoria, también se interconecta con las personas sobresalientes de tal lugar, así es como opera la sedimentación de las “mentalidades”, como concepto de la nueva historia. La profesora Eulalia Guzmán Barrón fue y es para los habitantes del ahora municipio de Cd. Cuauhtémoc, la que descubrió los restos del último tlatoani azteca. ¿Cómo derrumbas tal creencia? ¿Es necesario deconstruir la identidad y el orgullo de ser coetáneos de Eulalia Guzmán? Dado que gran parte de la historia de tal territorialidad ha sido demarcada por los grandes aportes de esta magnífica y erudita historiadora-arqueóloga. De tal manera, podemos aventurar dos hipótesis como pretexto de provocación para quienes se aventuren a ir más allá: la primera, la profesora Eulalia Guzmán Barrón generó con sus aportes arqueológicos y descubrimientos un sentimiento de pertenencia e identidad del terruño a los habitantes de San Pedro y de México en general. La segunda, la profesora Eulalia Guzmán Barrón, como personaje histórico, fue utilizado para la justificación de la escritura de una historia oficial en la caracterización y construcción social y cultural de la municipalidad.</p>
<p>            Es menester señalar que la segunda hipótesis recopila una serie de elementos de relatos de historias oficialistas y de reproducción de mitos históricos en la construcción que los maestros, políticos, gente de alcurnia y gente común utilizan para ejemplificar un pasado glorioso de tal terruño. Es muy interesante tal argumento puesto que hay que hacer notar que ese pasado glorioso obedece a las cuestiones de la tierra, la Revolución y la fracturación de una de las haciendas más importantes de Zacatecas para el siglo XIX, la hacienda de San Pedro Piedra Gorda. Como sabemos, a dicha hacienda se le elevó a municipalidad el 22 de septiembre de 1959, diez años después de que Eulalia Guzmán Barrón hiciera público su descubrimiento. Sin embargo, según datos del cronista Ernesto Herrera Herrera, por decreto del Congreso del Estado de Zacatecas, en 1949 cuando Eulalia Guzmán era conocida por la osamenta descubierta, se le cambió el nombre al municipio: dejó de ser San Pedro Piedra Gorda y se llamó Cd. Cuauhtémoc en el ese mismo año.</p>
<p>Posteriormente, a la cabecera se le cambió otra vez el nombre en 1954 por Cuauhtémoc y en 1984, el otra vez Congreso del Estado, le regresó el nombre a la cabecera de San Pedro (Herrera Herrera, s.f.). Eso ha generado hasta la fecha alguna confusión entre los oriundos zacatecanos o de otros lugares, porque geográficamente utilizan indistintamente el nombre del municipio con el nombre de la cabecera municipal: Cd. Cuauhtémoc o San Pedro Piedra Gorda.</p>
<p>En relación al género, el feminismo, la historiografía y la arqueología, Eulalia Guzmán Barrón seguirá siendo un ejemplo de cómo una mujer, ajena al estereotipo de la époc, puede ser objeto de desprestigio académico. Podemos concluir que la doña Eulalia como le llaman algunos fue una anomia entre la normalidad, en una sociedad pos revolucionaria que intentaba secularizarse con los cambios modernos e ideológicos del siglo XX. Llama la atención que quienes siguen con esas ideas de locura, falta de técnica, engaño, son los arqueólogos que fungen como intelectuales orgánicos, que con sus ideas sexistas, machistas reivindican que son ellos los hombres de ciencia. Ya no importa si eran o no las patas de Cuauhtémoc, que si el cráneo era femenino, que si tenía los dientes chiquitos y por eso era mujer mestiza. ¿Dónde quedaron los huesos? Qué si hizo o no diario de campo, bla bla bla. La historia de las mujeres ya le tiene su lugar, el feminismo también, San Pedro también, ¿qué importan ya las patas de Témoc?</p>
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<title>Referencias</title>
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<label>Hemerográficas </label>
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<italic>El país</italic>
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<source>El país</source>
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<italic>Mujeres expresión femenina</italic>
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<title>Comunicación </title>
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<source>Entrevista a Efrén Gaytán Hernández. Realizada el 24 de febrero de 2023, San Pedro Piedra Gorda, Zacatecas.</source>
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<underline>Bibliográficas </underline>
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<underline>Cibergráficas </underline>
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</underline> Consultada el 21 de julio de 2023.</mixed-citation>
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<title>Notas</title>
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<underline>
<sup>[1]</sup>
</underline>
</label>
<p>Licenciada en Historia-UAZ (2010), Maestra en Historia-UAZ (2012) y Doctora en Historia-UAZ (2016). Docente-Investigadora de la UPN Zacatecas. Líneas de investigación: Historia de la educación y de la pedagogía en México; Historia social del trabajo. Publicaciones: co-autora, <italic>De los procesos de consolidación y ruptura de las mutualistas a los primeros sindicatos en Zacatecas,1870</italic>–<italic>1926 </italic>(2015), co-autora, <italic>Educación para el trabajo, filantropía y asociacionismo. Zacatecas en el siglo XIX </italic>(2017); autora, <italic>Sindicalismo, trabajo, trabajadores y cultura obrera en Zacatecas, 1879-1941 </italic>(2019); coord. y co-autora: <italic>Industrias, empresarios, trabajadores y educación para el trabajo: México y Colombia, siglos XIX y XX</italic>, México, UAZ (2019); y co-autora: Artículo: “La Escuela Industrial “Trinidad García de la Cadena” de Zacatecas (1926-1943)”, <italic>Signos Históricos</italic>, vol. XXXIII, no. 45, UAM-I, enero-junio, 2020.</p>
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<underline>
<sup>[2]</sup>
</underline>
</label>
<p>En referencia a la reciente película de Indiana Jones (2023).</p>
</fn>
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<label>
<underline>
<sup>[3]</sup>
</underline>
</label>
<p>Como oriunda de Cd. Cuauhtémoc, Zacatecas, en honor a Eulalia Guzmán Barrón, es conocida la historia de cómo se le cambió el nombre del municipio de San Pedro Piedra Gorda a Cd. Cuauhtémoc (Cfr. Rivas: 2021; Rivas: 2022).</p>
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<fn id="fn4" fn-type="other">
<label>
<underline>
<sup>[4]</sup>
</underline>
</label>
<p>Cfr. <underline>
<italic>https://www.la-critica.org/eulalia-guzman-una-arqueologa-pionera-pero-desacreditada/</italic>
</underline> Consultada el 21 de julio de 2023.</p>
</fn>
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<label>
<underline>
<sup>[5]</sup>
</underline>
</label>
<p>La ironía corresponde a que no estoy segura de cuántas mexicanas y mexicanos arqueólogos y arqueólogas forman parte de esos estrechos vínculos académicos, ya que las investigaciones extranjeras en relación a tal ciencia son bastantes frecuentes. ¿Existe una corriente arqueológica de mujeres y hombres mexicanos en relación a lo prehispánico? ¿Eulalia Guzmán tenía razón en criticar esas perspectivas eurocéntricas en la arqueología nacional? Esa fue la herencia hispánica de 300 años. ¿Cuáles fueron las implicaciones ideológicas que los extranjeros arqueólogos sedimentaron en México? No lo sé. Quizá esas preguntas ociosas para los arqueólogos ya fueron contestadas por ellos mismos, pero como los arqueólogos y los historiadores poco nos frecuentamos a pesar de que somos vecinos pues no hay avances en el debate. A fin de cuentas, se desprecian los descubrimientos arqueológicos hechos por mujeres mexicanas como Eulalia.</p>
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<label>
<underline>
<sup>[6]</sup>
</underline>
</label>
<p>La gente que somos originaria de San Pedro Piedra Gorda, Zacatecas, se ha caracterizado por sus rasgos físicos fuertes. En particular la familia Hernández vinculada lejanamente con los Guzmán. Hombres y mujeres altas y altos, con nariz chata, morenos, manos fuertes vinculados a la tierra, trabajo y docencia. Mi tío Nicolás Hernández Carrión (tío de mi abuelo finado Alberto Hernández Román), sobrino docente favorito, “el consentido” de Eulalia Guzmán, así era. Las interacciones se manifestaron así: Nicolás Hernández Carrión como maestro egresado de la Normal Rural Matías Ramos, San Marcos, hijo de Don Juan, el ollero, se trasladaba a la Cd. de México a pasar las vacaciones de verano con su tía Eulalia Guzmán. Existen relatos de que los dos sostenían una comunicación a través de cartas. Una fuente empírica que fue quemada por los familiares ignorantes de la esposa de mi tío Nico hace algunos años (Cfr. Rivas, 2022 y entrevista realizada a Efrén Gaytán Hernández el día 24 de febrero de 2023).</p>
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