Sección general
Recepção: 15 Março 2024
Aprovação: 11 Outubro 2024
DOI: https://doi.org/10.22380/20274688.2801
Resumen: El artículo analiza las características de la producción de azúcar en el norte de los Andes y su impacto económico y social al final del periodo colonial. Las fuentes utilizadas fueron los protocolos notariales elaborados entre 1765 y 1802 en la villa de Guaduas, una población cercana a la capital virreinal, Santafé. La información posibilitó abordar las características de la estructura productiva de la región y su relación con los ciclos de la oferta y la demanda en el Atlántico. El texto muestra, en primer lugar, las razones por las cuales es pertinente estudiar un caso de producción regional como el de Guaduas. Luego, describe la estructura de la producción y circulación de azúcar en esta zona. Finalmente, se presentan los eslabonamientos de la producción en, al menos, dos sectores de la economía regional: la cría y venta de mulas y la minería de cobre. En conclusión, se encontró una producción de azúcar con una estructura de costos que permitió competir con los precios del Caribe.
Palabras clave: Producción, circulación, eslabonamientos, especialización regional, azúcar.
Abstract: This article analyzes the characteristics of sugar production in the Northern Andes and its economic and social impact at the end of the colonial period. The main sources are notarial records produced between 1765 and 1802 in the town of Guaduas, located near the viceregal capital, Santafé. These documents provide insights into the productive structure of the region and its connection to Atlantic supply and demand cycles. The paper first explains the relevance of studying a regional production case such as Guaduas. It then describes the organization of sugar production and distribution in the area. Finally, it explores the linkages between sugar production and at least two other sectors of the regional economy: mule breeding and sales, and copper mining. In conclusion, the study finds that sugar production in Guaduas had a cost structure that allowed it to compete with Caribbean prices.
Keywords: Production, circulation, linkages, regional specialization, sugar.
Resumo: O artigo analisa as características da produção de açúcar no norte dos Andes e seu impacto econômico e social no final do período colonial. As fontes utilizadas foram os protocolos notariais elaborados entre 1765 e 1802 na vila de Guaduas, cidade próxima da capital do vice-reinado, Santafé. As informações permitiram abordar as características da estrutura produtiva da região e sua relação com os ciclos de oferta e demanda no Atlântico. O texto mostra, em primeiro lugar, as razões pelas quais é pertinente estudar um caso de produção regional como o de Guaduas. Em seguida, descreve a estrutura da produção e circulação de açúcar nessa área. Por fim, são apresentados os elos da produção em pelo menos dois setores da economia regional: a criação e comercialização de muares e a mineração de cobre. Em conclusão, encontrou-se uma produção de açúcar com uma estrutura de custos que lhe permitiu competir com os preços do Caribe.
Palavras-chave: Produção, circulação, elos, especialização regional, açúcar.
Introducción
El azúcar ha sido un bien fundamental en el desarrollo de la historia del mundo moderno. Con origen en Nueva Guinea, se diseminó hacia Occidente y llegó al Mediterráneo con los persas y árabes durante la Edad Media3. Desde ese momento su producción estuvo relacionada con la mano de obra esclava, pero fue en el Caribe y en Brasil, entre los siglos XVI y XVIII, donde se consolidaron enormes unidades de producción basadas en la economía de plantación. La historiografía se ha concentrado en el funcionamiento de los grandes complejos4, pero de ella se concluye que el mercado del azúcar pasaba, a finales del siglo XVIII y en la primera mitad del XIX, por profundas turbulencias y transformaciones. Desde el punto de vista de la producción, los grandes cambios fueron el fin de la esclavitud, la mecanización del trapiche, la inclusión de la técnica del centrifugado y la nueva forma de producción del azúcar en Europa usando remolacha. Este panorama modificó sustancialmente el mercado del edulcorante, lo que promovió la salida del Caribe como el gran productor mundial5 y complejizó la competencia, una vez se industrializó el proceso fabril.
En el Caribe, entre 1760 y 1792, las coyunturas bélicas coincidieron con el estancamiento de la producción antillana. La independencia de las colonias inglesas en Norteamérica, que abrió un mercado de consumo a productores no ingleses, y la desaparición súbita del principal productor, Haití, que resultó en un vacío en la oferta y una demanda en ascenso6, provocaron un aumento de los precios del azúcar. Este periodo fue aprovechado por la monarquía hispana para consolidar las producciones en La Habana y Puerto Rico, a partir de 1792 y sobre todo a inicios del siglo XIX7. Se trataba de posesiones en el Caribe español que explotaron, por su proximidad geográfica, las posibilidades de producción y comercio de azúcar para el mercado atlántico.
El papel del azúcar en el desempeño económico de la Nueva Granada en el siglo XVIII se ha examinado en función del consumo interno y la imposibilidad de competir con los precios externos. La visión de productores desconectados de los mercados ultramarinos, con pocas posibilidades de competencia frente a la producción del Caribe, se sostiene con una fuente y no aporta evidencias, como los precios, la estructura de costos y las causas de esta incapacidad para rivalizar con la cambiante oferta caribeña8. Desde el punto de vista de la hacienda colonial, la unidad agrícola dedicada al cultivo de caña y su procesamiento tenía como base de capital a los esclavos y contaba con una dimensión que se extendía entre las 1500 y las 3000 hectáreas, con una orientación hacia el consumo interno de mieles9. Pese a su tamaño, la hacienda no logró llevar excedentes más allá de las fronteras regionales. Por su parte, el debate sobre la ausencia de la plantación en el Caribe neogranadino, aunque aporta sus conclusiones sobre el rol de la geografía y el clima10, no avanza en el conocimiento de otras unidades de producción, diferentes de la plantación en el Caribe, que hayan destinado excedentes hacia el exterior.
Estudios regionales sobre el Alto Magdalena ubican en la banda oriental la zona en que operaban los trapiches11. Se ha indagado por el cultivo de la caña y la producción de miel utilizadas como materia prima para la fabricación de aguardiente12. Asimismo, se han analizado las haciendas de la provincia de Santa Marta y de la Capitanía General de Venezuela, en las que se dieron experiencias de mayor envergadura13. Por último, estimaciones recientes muestran un crecimiento en el comercio del edulcorante en Santafé14 y otras provincias sobre el río Magdalena, lo que plantea la necesidad de profundizar en el conocimiento de las entidades andinas, pues falta comprender la capacidad de los trapiches para producir azúcar destinada a mercados del Bajo Magdalena y del Caribe15.
Luego de este breve balance, surgen una serie de interrogantes que pueden contribuir al conocimiento de la sociedad neogranadina. ¿Cuáles fueron las características de la producción de azúcar en los Andes neogranadinos? ¿Cuál fue el volumen y cuál el destino de la producción? ¿Qué eslabonamientos económicos estaban en los intersticios de la especialización regional en algunas jurisdicciones norandinas? ¿Cuáles fueron las consecuencias de la producción de azúcar para la dinámica del espacio económico? ¿Cómo influyeron los precios del Caribe sobre las decisiones de producción de los trapiches de la jurisdicción de Guaduas? Y, a escala general, ¿cuál fue el rol de la producción norandina de azúcar en la economía de la Nueva Granada? ¿Cómo afectó el flujo de mercancías y moneda, desde y hacia la capital, y otros sectores del Imperio español?
Este artículo analiza las características de la fabricación de azúcar en la jurisdicción de Guaduas y sus efectos sobre la economía virreinal. Si bien el documento no pretende formular generalizaciones sobre la Nueva Granada, sí presenta la estructura de la producción en una zona andina ubicada a 1000 kilómetros del Caribe que consiguió enviar excedentes al mercado atlántico. Además, el documento presenta los eslabonamientos productivos que se construyeron alrededor de la elaboración del edulcorante y el modo como estos propiciaron una estructura de costos capaz de competir con los precios de las producciones de plantación caribeñas al final del siglo XVIII. El periodo histórico corresponde, como ya se mencionó, a una fase de transformaciones y este caso hace nuevas contribuciones al estudio del mercado atlántico del azúcar.
El estudio de las pequeñas unidades de producción azucarera bajo dominio español es pertinente porque ellas proporcionaron flujos a un gran mercado en el Atlántico, el cual se alimentó con aportes provenientes de regiones consideradas periféricas para la fabricación de este bien16. Este tipo de trabajos permite reconocer el impacto del comercio en espacios económicos no pertenecientes al Caribe, pero conectados con él gracias a la navegación fluvial17. Este fue el caso de Guaduas, una jurisdicción ubicada en los Andes, que consolidó unidades productivas y participó, con reducidas cantidades, en los circuitos globales de estimulantes, aprovechando su posibilidad de intervenir en los intercambios interregionales de moneda, producción doméstica y bienes importados promovidos desde la capital18.
El interés en Guaduas surge por dos razones: primero, tiene que ver con el paso de Humboldt por la villa, cuando expuso las capacidades del valle interandino y la existencia de una estructura de unidades productivas en las que no era necesaria la mano de obra esclava19. La segunda razón se halla en trabajos recientes que muestran la fuerte relación de esta zona de producción con los puertos del río Magdalena. Se calcula que en el centro portuario de Honda circulaban más de 200 toneladas20 en la década de 179021. En el Bajo Magdalena, el puerto de Mompox, reexportando durante la década de 1790 unas 48 toneladas de azúcar en promedio, se convirtió en un mercado redistribuidor con precios relativos favorables para el comercio río abajo22. Es por esto que Guaduas aparece como una posibilidad de entender cómo unidades productivas no caribeñas lograron aportar sus cuotas al mercado atlántico. Aquí se sostiene que, sin importar el tamaño de estas unidades y sus contribuciones a los circuitos comerciales, estaban estimuladas, a través de los intermediarios, por los precios del Atlántico y que, bajo esta lógica, sus decisiones de producción se enmarcaban en la premisa de alcanzar estructuras de costos bajos y competitivos. Este es un ejemplo de que los efectos del mercado atlántico del azúcar no se restringieron al Caribe y es una de las discusiones en las que interviene este artículo23.
Las fuentes utilizadas son los protocolos notariales de Guaduas elaborados entre 1765 y 1802. Estos fueron sistematizados y filtrados según los tipos de registro de la compraventa, el testamento, el crédito y el poder24. Estos documentos muestran a los vecinos exponiendo sus ingenios de trapiche, trapiches, cañaverales y fondos como bienes heredables y garantías de pago por los préstamos. La circulación se estudia a partir de las fuentes del Archivo General de la Nación (AGN) ubicadas en las secciones Archivo Anexo I (SAA-I), Archivo Anexo II (SAA-II) y Archivo Anexo III (SAA-III). Adicionalmente se revisaron documentos de la sección Colonia (C), consultados en los fondos Aguardientes, Aduanas-Cartas y Milicias y Marina. Describiendo las unidades productivas, el tipo de mano de obra y el capital fijo utilizado para el proceso agrario-fabril, así como la función del crédito, el texto establece las características de la producción del azúcar en la jurisdicción. A continuación, se muestran el volumen y la dirección de esta para entender el papel de la red en la que se comerciaba este bien transable. Finalmente, se presentan los eslabonamientos favorecidos por su fabricación y circulación en la economía de la villa y en la región del norte de los Andes.
El ingenio de trapiche norandino
La jurisdicción de Guaduas contaba con una población de alrededor de 8800 habitantes para el censo de 1788-178025 y, como se observa en la figura 1, estaba compuesta mayoritariamente por libres de todos los colores, lo que fue determinante para la estructura de la producción26. El área de producción azucarera incluía a las parroquias de Chaguaní, Villeta, Sasaima, Nocaima y los partidos de Nimaima, La Vega y Quebrada Negra, representados en la figura 2. La posición geográfica estratégica de la villa respecto a Honda, Santafé y el Caribe, tal como se puede ver en la figura 3, resultó importante para los intereses locales, beneficiados por los intercambios y la integración del espacio económico promovidos desde Santafé, que, en buena medida, transitaban por el camino real que pasaba por Guaduas. Otro elemento para destacar es la distancia entre el valle norandino y el Caribe, bastante significativa y, en su mayor parte, recorrida por el río Magdalena, que la cruza en sentido sur-norte.
La primera aproximación consiste en analizar la frecuencia con que se registraron protocolos en la villa a lo largo del periodo estudiado. La figura 4 presenta los resultados. Los 689 protocolos sistematizados contienen en su mayoría alusiones a trapiches con su ramada e ingenios de trapiche27. La serie muestra dos ciclos, el primero de 1765 a 1786 y el segundo de 1789 a 1802, que coinciden, a nivel local, con los aumentos de la circulación del edulcorante por Honda28, y, en el ámbito caribeño, con el estancamiento de la producción antillana, la Revolución haitiana y la consolidación de la producción de azúcar en islas españolas29. Dada la alta frecuencia de estas unidades en los protocolos, se puede considerar que la economía estaba construida sobre la actividad que se realizaba en ellas. La figura 4 es una referencia, aunque indirecta, de la dinámica de los actores económicos que acudieron a registrar sus negocios relacionados con los trapiches.
La unidad productiva era el ingenio de trapiche, compuesto por los cultivos de caña y la ramada, los fondos de cobre, los aperos, los aderezos y el molino, llamado trapiche y que daba el nombre al conjunto. Los fondos de cobre eran las pailas enterradas en el suelo en las que se hervía el jugo. En Guaduas, cada fondo contaba con un fogón individual, pues no se halló evidencia del uso del tren antillano30. En consecuencia, el uso de leña debió ser alto y, en el mediano plazo, una limitación para el crecimiento de la producción. Siguiendo estas características, el proceso de fabricación de la sacarosa, desde la siembra de la caña hasta su corte, requería una sola coordinación y una cuidadosa división del trabajo para dar como resultado el azúcar31.




El trapiche podía funcionar con una reducida cantidad de mano de obra. El maestro del azúcar, quien coordinaba el proceso, era indispensable para el éxito de la operación. Se requerían personas para las siguientes actividades: el corte de la caña, el transporte al trapiche, la extracción del jugo, la cocción precisa en los diferentes fondos hasta obtener la concentración deseada, el vaciado en tableros cóncavos para que la sustancia se enfriara y el batido con palas de madera hasta lograr su cristalización. Esta masa era vertida en las hormas de barro para separar por gravedad las mieles residuales del azúcar refinado, proceso que tardaba más de treinta días32. Los derivados eran usados en la fábrica de aguardientes ubicada en Honda, de la cual Guaduas era dependiente.
La primera información sobre la cantidad de trapiches se registró en 1802, cuando se estimaron 15633; en contraste, usando los protocolos, se pudieron contabilizar más de 25134. Los documentos manifiestan la existencia de propiedades con “su ramada y todos sus aderezos”35, que servían como bienes hipotecables para garantizar operaciones de crédito y compra de tierra o que eran inventariados en testamentos. Los materiales utilizados para su construcción eran maderas de guayacán y chicalá, y palma para la cubierta36. El comercio de trapiches dejó huella en los protocolos y en las alcabalas, de acuerdo con los cuales alcanzaban precios que oscilaban entre los 400 y los 600 pesos cuando tenían todos sus adherentes, incluyendo fondos de más de 4 arrobas de cobre, molino, canoas y hormas.
Los fondos, parte indispensable del proceso de cocción del jugo de la caña, fueron bienes de capital que se registraron como prendas de garantía por separado del trapiche y cuyo peso se especificaba en libras o arrobas. En total se estimaron 315 piezas de estas entre los años 1765 y 1802; en todos los casos se destacó su estado útil y el peso del cobre que contenían. Este último oscilaba entre las 4 y las 7 arrobas, lo que implica que eran de mayor tamaño que los de 3 arrobas descritos en la provincia de Caracas37. Los fondos podían ser alquilados y el precio de uno de 80 libras rondaba los 6 pesos por año38. Además de ser registrados como prendas de garantía, fueron comerciados y, al menos en 1794, se pagó la alcabala por el intercambio de 18 fondos que, sin especificar su peso, se avaluaron entre los 18 y los 56 pesos39. Adelante se vuelve sobre la procedencia del cobre exigido para su fabricación; ahora lo fundamental es saber que la unidad productiva contaba con suficiente material para abastecer sus necesidades con cobre local y con el proveniente de Santafé40.
La cría y tenencia de mulas, burros, caballos y bueyes era deseable para los trapiches más grandes, pues la carga de la caña desde el lugar de siembra y corte al trapiche se facilitaba con el uso de esta fuerza animal41. Igualmente, fue una característica de las unidades productivas en el Caribe42 para moler la caña, pero no se pudo asegurar su presencia en la mayoría de ellas. Más adelante se aborda esta parte del sector azucarero. Por ahora, basta con señalar que los precios oscilaban entre los 40 y los 60 pesos.
La mano de obra aparece en la evidencia notarial de una manera diferente a la descrita por Humboldt. La producción no se hacía exclusivamente a base de trabajo familiar. En Guaduas hubo esclavos en las unidades productivas. Los registros mostraron un total de 178 operaciones de compraventa, la mayoría de las cuales fueron transacciones individuales, tal como sucedió en la primera mitad del siglo XVIII en el mercado santafereño43. En total, 87 hombres, 70 mujeres y 21 infantes hicieron parte del comercio, con precios que oscilaron entre los 100 y los 300 pesos, con solo dos transacciones a crédito, por lo que el común denominador fue el pago de contado en plata marcada44. La mayoría venían desde el Socorro, Vélez, Santafé y Cartagena. En la figura 1 se constata que la población esclava era apenas el 3 %, que, al parecer, se hallaba mayoritariamente en los ingenios de trapiche, aunque había presencia de esta mano de obra en otro tipo de actividades urbanas45. Comparando estas cifras con las de Mompox, el principal puerto del Magdalena, en donde se comerciaron 68 y 110 esclavos en 1790 y 1799, respectivamente46, se puede considerar que este comercio era marginal en Guaduas.
Otro indicio de la existencia de mano de obra esclava fue que aquellos que hipotecaban sus trapiches para la obtención de créditos resultaban siendo, en un número importante, quienes comerciaban con personas47. Un ejemplo de este tipo de mano de obra en la producción de azúcar lo ofrece el alférez de milicias de caballería Francisco Trujillo, quien el 7 de septiembre de 1795 expresó en su testamento tener tres esclavos en el trapiche. Otro, la hacienda Melgar, hasta ahora el ingenio de trapiche más sobresaliente, donde había casas para estos trabajadores48. Un hallazgo adicional lo brinda el registro de trapiches y esclavos en la misma hipoteca, fenómeno que se repitió en varios protocolos49. Posiblemente, la mano de obra esclava se dedicaba al corte y el transporte de la caña, pues la rudeza de estas tareas se reconoció ya en el sistema de plantación50. En Guaduas no se pudo precisar la actividad que este minúsculo grupo desempeñaba en el proceso de producción.
Si bien la evidencia presentada lleva a establecer que hubo mano de obra esclava en el proceso de producción, no se debe considerar como mayoritaria dentro de la estructura, mucho menos como indispensable, pues principalmente se hacía uso de un sistema mixto de trabajo libre con presencia familiar51. El hecho de haber sido una producción basada en la propiedad de trapiches de menor tamaño permite aseverar que solo en oportunidades muy específicas usó mano de obra esclava. Dado que esta última era en sí misma una inversión de capital bastante onerosa52, no fue la base de la producción de azúcar, pero su presencia lleva a pensar que no estuvo exclusivamente asociada a una economía de escala y de plantación.
Si el trabajo esclavo no era el que dotaba los trapiches, ¿cuál fue su origen? A finales del siglo XVIII se dio una sobreoferta de la mano de obra53. La unidad productiva de este espacio económico pudo mantener su estructura de costos bajos al incluir un sistema de asociación familiar junto a mano de obra libre. En este sistema, el trapiche no era solamente utilizado para moler la caña de su dueño; además se dedicaba a moler, en compañía, la que provenía de parcelas de dos o más unidades familiares o de individuos con alguna parcela de caña. La evidencia para sostener esto se halla en que las escrituras mostraron, por un lado, almudes de caña en manos de personas que no tenían trapiches hipotecables y, por el otro, la presencia constante de productores que, en compañía, vendían su azúcar y pagaban la alcabala54. También se corroboró el uso de sistemas de arriendo que permitían a estas unidades y, en últimas, a la mano de obra asociarse para fabricar azúcar55. Un ejemplo de esto data del 26 de marzo de 1781, cuando Fernando González Rubio manifestó tener, junto a su esclavo y dos hijos, un trapiche en el sitio de Peladeros, aclarando que “por lo que respecta a la caña cada uno tiene las suyas con separación”56.
Estas estrategias asociativas aportaron al objetivo de una estructura de costos más baja. De este modo, quienes no tenían cómo acceder a esclavos por su alto costo, pudieron participar de la bonanza del azúcar. Las unidades productivas de mayor capacidad consiguieron incentivos directos para el transporte río abajo y los trapiches de menor extensión, vender a los intermediarios cubriendo sus costos de producción. En síntesis, el sistema de plantación era intensivo en capital representado en esclavos y en trabajo hecho por esclavos, y los trapiches eran intensivos en capital representado en las herramientas e implementos utilizados, pues el costo de los ingenios de trapiche, sus aperos, aderezos y fondos constituían la mayor proporción de la inversión. La mano de obra, en su mayoría familiar, era necesaria en menor proporción que los bienes de capital, de aquí la consideración sostenida de que las unidades productivas eran pequeñas.
La producción total del conjunto de los trapiches no se puede estimar con precisión, pero las descripciones de Humboldt y la evidencia de los libros de alcabalas dan algunos indicios. Para el sabio prusiano, en 1780 se produjeron unas 75 toneladas y, en 1800, unas 1000 toneladas en 156 trapiches57. Los libros de alcabala ofrecen una referencia del enlace de comerciantes y productores, y muestran que, en 1794, se comerciaron 4190 panes en total, aproximadamente unas 112 toneladas58. Pese a estas cifras, las fuentes fiscales solo registran lo legalmente comerciado, que es un mínimo, por lo que queda la duda sobre si hubo comercio no documentado y, con ello, producción no contabilizada, en cantidades menores o transadas por canales clandestinos59. Además, siempre estuvo abierta la posibilidad de que la producción de azúcar estuviese exenta de gravámenes fiscales y, por ello, no se contabilizara en los libros de alcabala.
¿Cuál era la magnitud de la producción en Guaduas? Las cifras muestran una baja participación en los circuitos internacionales frente a las plantaciones del Caribe. Sin embargo, es necesario hacer tres comentarios al respecto. Primero, a pesar de su magnitud, esta experiencia local se guio por los precios de mercado en el Atlántico -al menos, los poderosos intermediarios los tenían en cuenta- y, aunque no existen fuentes seriadas para hacer análisis estadísticos, ese hecho constituye una evidencia que permite relacionar las producciones de los Andes con los precios del Caribe. Segundo, esta producción generó un impacto no solo en Guaduas, sino en Santafé, las provincias del altiplano y el río Magdalena, desde Honda y Mompox hasta Cartagena, como se verá en adelante en relación con el crédito, el comercio y los eslabonamientos producidos. Finalmente, el caso de Puerto Rico, que empezó exportando en 1812 apenas 833 toneladas antes de convertirse en un gran exportador60, debe tenerse en cuenta para destacar que la experiencia andina pudo fracasar en términos de su participación en el mercado, pero esto no debe llevar a relegar su estudio. Es pertinente analizar sus características, entender sus efectos sobre la economía y conocer cuáles fueron las causas de dicho fracaso61.
El crédito fue importante para dinamizar esta actividad económica y, probablemente, una ayuda para mantener los costos bajos en momentos de falta de liquidez, tal como lo era en las plantaciones del Caribe62. En total se registraron 155 protocolos que solicitaban algún crédito; de estos, 81 hipotecaron trapiches, mulas y cultivos de caña. Los trapiches contrajeron créditos por 71 000 pesos durante el periodo analizado, de los cuales dos terceras partes eran de origen privado. Un ejemplo de la asociación del crédito particular con la producción de azúcar se dio el 1.º de junio de 1789, cuando Simón Quevedo escrituró a favor de José Acosta 104 arrobas de azúcar, 1,2 toneladas, “de calidad corriente que llaman”, comprometiéndose a pagar en 18 meses la mitad y en 24 meses el resto63. Es clave destacar que el 78 % eran montos inferiores a los 1000 pesos, dos terceras partes, respaldados por trapiches y fondos. El bajo monto de los créditos contraídos por los trapiches es otro de los indicios que hace suponer que fueron unidades económicas pequeñas y de carácter familiar por la ya mencionada composición de su mano de obra. Esta característica del crédito fue similar a la descrita con respecto a Santafé, en la segunda mitad del siglo XVIII64, y a Pamplona, en la primera mitad del mismo siglo, en donde la mayoría de los montos prestados eran menores a los 1000 pesos65.
La figura 5 permite observar cómo funcionó el crédito entre 1765 y 1802. Lo primero que se destaca es que existieron dos picos a lo largo del periodo. El primero coincide con una subida de los precios en Mompox66, principal nodo reexportador de azúcar en el Bajo Magdalena, presumiblemente como consecuencia del estancamiento de la producción antillana. El segundo ciclo converge con el proceso de la Revolución haitiana, que llevaría a que las unidades productivas demandaran una mayor cantidad de capitales para ajustar sus estructuras a estas excepcionales circunstancias del mercado atlántico67. Los impactos de estos eventos se trasladaron más allá de las costas del Caribe y llegaron a los Andes en la forma de un aumento de la producción de los trapiches y, con ello, de un estímulo a las actividades económicas asociadas al sector. El declive del crédito se debió posiblemente a las guerras atlánticas68, que alteraron los mercados y, especialmente, repercutieron sobre este tipo de producciones, marginales geográficamente y que, además de la tarea de lograr una estructura de costos competitiva, debían asumir unas fuertes cargas fiscales.

Finalmente, la unidad productiva andina poseía cierta autosuficiencia. Los comentaristas resaltaron la presencia de platanales, cacahuales, cafetales, naranjales y maiceras junto a los trapiches y cultivos de caña69. Los protocolos mencionan con mayor frecuencia el plátano y el cacao como productos cultivados en los predios de los ingenios de trapiche. El plátano tenía un doble propósito, pues era usado como fuente de alimento y sus hojas, para envolver los tapones que sellaban las hormas en las que se separaba el azúcar cristalizado de las mieles70. El cacao, al ser un bien transable, se sembró en cantidades significativas: en los protocolos, fueron documentados más de 7800 árboles, los cuales eran un buen complemento para los ingresos de la producción de azúcar. La demanda en el Caribe, Antioquia y el Bajo Magdalena fue sustancial y estimuló el comercio de estos excedentes río abajo71.
Sintetizando, la producción en Guaduas estaba basada en unidades productivas de reducido tamaño, si se tiene en cuenta que los ingenios de trapiches utilizaban mano de obra familiar, asociada y, marginalmente, esclava. El crédito era necesario en bajas cuantías para acceder a los recursos necesarios para el proceso de producción y el trapiche obtenía su rentabilidad gracias a la alta autosuficiencia, derivada de estrategias de asociación y de la presencia de otros bienes agrícolas. La mayor limitación en la producción de los trapiches debió ser el acceso a leña, lo cual explica su limitada capacidad individual. La producción norandina fue intensiva en capital y solo excepcionalmente en mano de obra.
Río abajo: la circulación del azúcar
El primer acercamiento a la circulación consiste en una mirada a los precios relativos del azúcar y el cacao comparados con los de la carne en el Bajo Magdalena. La figura 6 muestra cómo en Mompox, entre 1770 y 1809, los términos de intercambio favorecieron el comercio río abajo de los excedentes de ambos productos. Esta puede ser una de las razones que estimularon el aumento del envío de azúcar desde el Alto Magdalena. Al menos para los intermediarios más influyentes, con acceso directo a los mercados sobre el río, hubo un incentivo en los precios para transportar el azúcar producido.

Las cifras disponibles sobre las entradas del edulcorante a Honda y Santafé son otro indicador de la circulación interna. En estos términos, Guaduas no fue importante para el suministro de la capital virreinal; en cambio, Santafé se abastecía con la producción del nororiente, traída de Socorro, Vélez y Zipaquirá72, aun cuando una parte de los flujos monetarios que permitían el proceso de producción venían desde el altiplano, ya que una tercera parte del crédito provenía de órdenes religiosas ubicadas en la capital.
La circulación hacia Honda fue valiosa. Allí se presentó un fuerte vínculo entre el ingreso de azúcar y su origen, tal como se observa en la figura 7. De 1771 a 1787, en promedio, cerca del 88 % de la producción que se transaba provenía de Guaduas. Para el periodo del cual se tienen cifras, 1745 a 1787, se estimó un coeficiente de correlación de 0,68 que muestra esa relación entre Guaduas y el puerto. El nexo de la producción de sacarosa y las arterias fluviales, o sectores próximos a estas, fue descrito para el siglo XVIII cubano73 y no resultaría extraño que se hubiera dado también en el norte de los Andes.

Como se pudo constatar, la circulación se daba hacia tierras bajas y el río tenía una función esencial en esta decisión. La confrontación de los registros de alcabala y los protocolos notariales muestra este vínculo de Guaduas y las bodegas de Santafé con el puerto de El Retiro, en Honda. Primero, se destaca el carácter privado de dichas bodegas, que fueron arrendadas en 1786 por 60 pesos al año74. Segundo, sobresale el asiento de envíos a las bodegas ubicadas sobre el río y al puerto de Chaguaní, a donde eran transportados los pilones para luego atravesar el río y ser registrados en la Aduana de Honda, antes de su embarque río abajo desde el puerto de Caracolí75.
El análisis de la circulación se realizó usando los libros de alcabala de Guaduas de los años 1794, 1797, 1800, 1804, 1805 y 1810-181176. La figura 8, que resume el total de pilones comerciado, expone un franco retroceso. Ya sea como producto de los conflictos en el Atlántico, de la consolidación de la oferta cubana en el Caribe o del inicio del interregno en 1810, el comercio muestra una grave disminución. Una evidencia complementaria de las cifras puede percibirse en una petición del 14 de marzo de 1814, en la que el Cabildo de Guaduas le solicitó al supremo cuerpo legislativo que eximiera el azúcar, la miel y el arroz de los impuestos del comercio, argumentando que con estas decisiones “se evitará la ruina” en la jurisdicción77.

Las ventas estuvieron a cargo de un crecido número de productores que comerciaban con un reducido grupo de intermediarios. Estos últimos eran Lorenzo Pérez, Julián Merino, José Guerra, Ignacio Mogollón, Rafael Olaya, Soledad Pérez, Manuel Osorio y José Raga. Ellos controlaron la circulación y fueron los voceros de peticiones elevadas ante las autoridades virreinales para liberar al edulcorante de los impuestos:
Siendo el principal objeto aliviar a los agrícolas que trabajan en estas manufacturas, y cultivan sus tierras para que con el goce de este beneficio ensanchen más y más sus laboriosos fines llevando por sí mismos el fruto de sus trabajos donde les acomode para sus adelantamientos, sin el embarazo de desembolsar tan crecidos derechos que han de exhibir por solo transitarlas de su cuenta y riesgo palpable del río de la Magdalena.78
Sorprende que en el grupo de comerciantes no estuviera el capitán José Acosta, pero sí su esposa, Soledad Pérez, que era la única mujer entre los intermediarios y representaba a la poderosa red familiar en el trato con los productores. En contraste, la actividad del capitán evidencia un complejo sistema de intercambios basado en el azúcar y los bienes de Castilla que le generaba mayores excedentes79. Acosta permitía que se instalaran trapiches en sus tierras y estos tenían que venderle la producción a 1 peso la arroba. Mientras tanto, él pagaba con la sacarosa importaciones europeas y asiáticas que luego dejaba a créditos cortos, de entre tres y seis meses, en manos de comerciantes de Sogamoso y Vélez que debían pagar en plata marcada y corriente transportada a Guaduas. En otro circuito prestaba plata en pesos a comerciantes santafereños, exigiendo su pago en doblones, moneda de cordoncillo, con el fin, nuevamente, de acceder al mercado de importación en Cartagena y Mompox. Aquí se aprecia cómo este intermediario generaba mayores beneficios uniendo el mercado del azúcar, el crédito y el comercio de importaciones. El azúcar se convirtió en el medio de inserción de un actor en los circuitos atlánticos consolidados que llegaban a la capital y que integraban el espacio económico norandino. En total, este comerciante puso a circular 28 000 pesos en crédito en bienes de Castilla entre los años de 1789 y 1802, una cifra bastante significativa en una villa del tamaño de Guaduas80. Este es un ejemplo de las capacidades que podía desplegar un individuo que se encontrara en el área geográfica de influencia de los intercambios de Santafé con otras regiones y con el exterior.
El comercio a crédito fue importante. En varias ocasiones se efectuaron préstamos en depósitos de bienes de Castilla que requerían el retorno en harina del altiplano y moneda de plata marcada. La disponibilidad de mercancías, por la condición geográfica de Guaduas en la ruta hacia Santafé, y el acceso al azúcar, que permitía generar un medio de pago por ellas, abrieron la posibilidad de intercambiar las importaciones por las producciones domésticas del altiplano81. El crédito promovió la circulación de valores y moneda, lo que puso a Guaduas y a su producción azucarera en una posición privilegiada.
Eslabonamientos productivos
Esta sección presenta dos actividades que se consideran eslabonamientos de la producción de azúcar: la cría y venta de mulas y la minería de cobre. En este sentido, se atribuye una fuerte conexión de ambos sectores con la actividad de los trapiches, lo que llevaría a considerar que estos se enlazaron a los ritmos de la producción del edulcorante, ayudaron a mantener una estructura de costos bajos y lograron así una participación en el mercado atlántico. La capacidad de la mula como medio de transporte ideal para las condiciones andinas fue probada de manera temprana en el eje de comercio Lima-Potosí82. La posición estratégica de Guaduas le facilitó el acceso al eje norandino, en el tramo Honda-Santafé, y le permitió beneficiarse de la función de la capital en los intercambios interregionales y de su capacidad de integrar el espacio económico. Aunque de menor envergadura, este circuito fue regionalmente relevante83 y Guaduas aportó en la crianza y el arriendo de mulas en el tramo mencionado, lo que fue aprovechado para el transporte hacia los puertos en el río Magdalena.
La cría y venta de mulas fue una actividad bastante frecuente. Según parece, hubo una notable difusión de la crianza entre los propietarios de trapiches, pero se pudo constatar la existencia de especialistas, con animales para cría, que realizaban cobros por fletes que aparecen en testamentos como deudas84. Las hipotecas en las que se mencionan mulas siempre destacaron su condición de nuevas, gechas y mansas como una indicación de su calidad y capacidad para el trabajo. Las yeguas y los burros, indispensables para la cría de estos animales, se hallaron como garantía de pago, lo que llevaría a suponer la especialización del valle en este sector de la economía85. Las alcabalas muestran la existencia de comercio de mulas en el ramo de eventuales, en el que se pudieron corroborar transacciones considerables, como en 1797, cuando se vendieron 48 animales por 868 pesos. En 1811, este seguía siendo un sector valioso del comercio, pues se generaron transacciones por 21 animales que representaron 825 pesos86. El acceso a mulas y bueyes aportó a las actividades de transporte y molienda una mayor eficiencia, así que esto repercutió directamente sobre la producción total de cada unidad.
Finalmente, la minería de cobre, metal indispensable para la fabricación de los fondos en los que se cocinaba el jugo de la caña, fue un sector económico presente en la geografía aledaña y que sigue sin ser examinado en el contexto de la Nueva Granada. Gracias a un expediente que llegó a Santafé en 1790, se pueden conocer algunos detalles de la existencia de una mina en la jurisdicción de Guaduas, más exactamente en el sitio de Vergara, partido de Nimaima87, que, como se señala en la figura 2, se hallaba muy bien situada frente a las unidades productivas de la región.
El virrey reclamó a Antonio Balbuena no haber cumplido el contrato de suministro del cobre explotado de la mina, por el que se le habían adelantado 1000 pesos. Esto desembocó en un largo expediente de más de 200 folios que permite conocer que la expectativa de producción era de 500 arrobas anuales, unas 7 toneladas, que serían recibidas por el comandante de artillería Domingo Esquiaqui para los fondos de la Real Fábrica de Aguardientes de Honda y que resultaban suficientes para construir un centenar de fondos. La escritura se efectuó en noviembre de 1788 y el fiador, Pablo Mahecha, vecino de La Palma, hipotecó 5 estancias en las jurisdicciones de Honda y La Palma que contaban con 4000 palos de cacao, frutales y “un entable de caña dulce con su ramada, molino y demás utensilios”88. El documento plantea un descenso de la producción en Moniquirá y señala la baja calidad del cobre89, del que Santafé se abastecía para fabricar y exportar fondos como bienes terminados90.
Gracias a este expediente se comprobó la posibilidad de la provisión de cobre para la construcción de los fondos. La producción de azúcar aumentaba la demanda sobre este metal y la mina de Guaduas, que funcionaba al menos desde mediados del siglo XVIII91, proveyó el insumo para la fabricación de un bien de capital indispensable en el funcionamiento de los trapiches de la región. La figura 2 señala la ubicación de la mina de cobre en la frontera de la jurisdicción. El acceso a este metal implicó una ventaja adicional, habida cuenta de los costos de importación en las plantaciones del Caribe92. Guaduas se abasteció localmente y logró mantener una estructura de costos de producción favorables para el comercio de excedentes río abajo.
Conclusiones
La producción de esta jurisdicción se caracterizó por las pequeñas y medianas unidades basadas en mano de obra familiar, asociada y, en mucha menor proporción, esclava. Pese a la ausencia de plantaciones, los trapiches hicieron uso de trabajadores no libres para desarrollar determinadas actividades, prueba de lo cual fue el comercio de esclavos. En términos generales, estas unidades fueron intensivas en capital, pues los fondos y los trapiches fueron los elementos más valiosos en la función de producción. Se evidenció, además, que fueron altamente dependientes del crédito en cortas magnitudes, principalmente privado y respaldado con trapiches y fondos. La hipótesis de las pequeñas unidades surge de considerar las limitadas cantidades de mano de obra que requerían, en su mayoría familiar, y la dimensión del crédito recibido.
La circulación en la villa estaba compuesta por una gran cantidad de productores y un grupo reducido de compradores. Esta circunstancia les dio ventaja de negociación a los compradores, que mantuvieron a su favor un precio que hiciera competitivo al edulcorante en los mercados río abajo, en la provincia de Antioquia y en los puertos del Caribe. Los flujos hacia Santafé se dieron en cantidades menores, pues su avituallamiento provenía del nororiente. Honda fue el mercado receptor de la producción de Guaduas, para proceder a la reexportación que respondía a los cambios de la oferta internacional generados por el estancamiento de la producción antillana y el colapso francés en Haití. La amplitud del mercado del azúcar se vio marcada por la posibilidad de transportar río abajo los excedentes hasta los centros de consumo. La producción y la circulación se beneficiaron de la integración del espacio económico promovida desde la capital virreinal. La dinámica de Guaduas estuvo vinculada a los intercambios desde y hacia Santafé.
Los principales eslabonamientos que generó la producción de azúcar fueron la cría y el alquiler de mulas y la minería de cobre. Se pudo establecer un vínculo entre la posesión de trapiches y la crianza de mulas, lo que mostraría que la villa consiguió especializarse en esta producción aprovechando su ubicación sobre la ruta Honda-Santafé. La minería de cobre concedió la disponibilidad del principal insumo para la fabricación de fondos, bienes de capital indispensable que las plantaciones del Caribe debían importar. Estos dos eslabonamientos contribuyeron a mantener costos competitivos y a rivalizar con los precios del Atlántico en las circunstancias extraordinarias del periodo estudiado.
El azúcar, como bien transable, facultó a esta zona norandina a insertarse en circuitos más amplios de comercio y gozar de ventajas frente al resto de ciudades de la media montaña. La posición de Guaduas resultó beneficiosa para la macroeconomía virreinal, pues el azúcar se usó para saldar pagos regionales. Esta producción era estimulada por los precios del Caribe y, así no hayan sido colosales las cantidades exportadas, su impacto sobre la economía fue inevitable. Los dos ciclos de producción y circulación, en las décadas de 1770 y 1790, corresponden a factores del mercado internacional. El azúcar no solo cambió al Caribe, también generó efectos tierra adentro, en la media montaña andina. Mientras la coyuntura atlántica era de crisis, esta periferia manifestó un palpable dinamismo.
El estudio de Guaduas muestra que la producción y circulación de azúcar no se restringió geográficamente al Caribe y sus sistemas de plantaciones. El análisis no puede reducirse a la estimación de las cantidades del edulcorante que efectivamente se exportaron. Aquí se planteó que los precios del Caribe tuvieron efectos sobre esta producción; en respuesta a ellos, los trapiches adaptaron sus costos y los intermediarios aceitaron sus redes para competir con excedentes en el mercado atlántico. La influencia de José Acosta evidencia la magnitud y complejidad que pudo tener esta dinámica. Faltan investigaciones que aborden otras regiones andinas y estudien las características de la producción y el comercio para comprender, en una escala más amplia, el papel del azúcar en el espacio económico neogranadino.
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Notas