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Un estudio comparativo de conocimientos ecológicos locales en comunidades rurales en México e Italia
Jorge Maldonado García
Jorge Maldonado García
Un estudio comparativo de conocimientos ecológicos locales en comunidades rurales en México e Italia
A Comparative Study of Local Ecological Knowledge in Rural Communities in Mexico and Italy
Avances en Investigación Agropecuaria, vol. 24, núm. 1, pp. 61-80, 2020
Universidad de Colima
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Resumen: Este artículo tiene como objetivo analizar y comparar procesos bióticos, cognitivos y culturales relacionados con agroecosistemas locales de las comunidades rurales de Ayoxuxtla de Zapata, Puebla (en México), con tierras en laderas del monte donde se cultiva maíz, frijol y calabaza, y en Castel del Piano, región la Toscana (en Italia), en terrazas con huertas de verduras y árboles frutales. La investigación dio como resultado la transversalidad en saberes, la representación de patrimonios bióticos y cognitivos que se trasmiten de generación en generación. Se utilizó la observación participante en el trabajo de campo, y mediante la etnografía se pudieron identificar flujos de fertilidad biótica y cognitiva de un modo de vida local, con historias ecológicas en prácticas agropecuarias de las comunidades de estudio. Se estableció como conclusión la definición del modo de vida campirano, entendido como una capacidad generativa, que abarca las relaciones entre ecosistemas donde el ser humano se encuentra inmerso, formas que surgen y son mantenidas en un lugar.

Palabras clave:procesos cognitivos-culturalesprocesos cognitivos-culturales,biodiversidadbiodiversidad,etnoecologíaetnoecología,saber localsaber local,patrimonios colectivospatrimonios colectivos.

Abstract: This article aims to analyze and compare biotic, cognitive and cultural processes related to local agroecosystems in the rural communities of Ayoxuxtla de Zapata, Puebla (in Mexico), with hillside land where corn, beans, and pumpkin are grown, and in Castel del Piano, region of Tuscany (in Italy), with terraced vegetable gardens and fruit trees. The research resulted in the cross-cutting of knowledge, the representation of biotic and cognitive heritage that is transmitted from generation to generation. The participatory observation was used in the fieldwork, through ethnography it was possible to identify flows of biotic and cognitive fertility of a local way of life with an ecological history in agricultural practices of the study communities. As a conclusion, the definition of the rural way of life was established, understood as a generative capacity that includes the relationships between ecosystems where human beings are immersed, forms that arise and are maintained in a place.

Keywords: cognitive-cultural processes, biodiversity, ethnoecology, local knowledge, collective heritage.

Carátula del artículo

Artículos científicos

Un estudio comparativo de conocimientos ecológicos locales en comunidades rurales en México e Italia

A Comparative Study of Local Ecological Knowledge in Rural Communities in Mexico and Italy

Jorge Maldonado García
Universidad de Guanajuato, México
Avances en Investigación Agropecuaria, vol. 24, núm. 1, pp. 61-80, 2020
Universidad de Colima

Recepción: 07 Enero 2020

Aprobación: 27 Abril 2020

Introducción

Este artículo pretende dar a conocer la realidad de dos regiones del mundo, distantes entre sí, desde sus espacios locales, son las comunidades de Ayoxuxtla de Zapata, en la Mixteca sur poblana, y Castel del Piano, dentro de la Toscana. Espacios con diferente ubicación geográfica de los que se analizaron actividades como la agricultura, donde los saberes, prácticas y creencias son el desarrollo de un modo de vida, del campo y ecosistemas con elementos humanos y no humanos. Las características analizadas forman parte del saber, saber hacer y saber ser del mundo rural, pasando por el medio geográfico de las comunidades de estudio. Ayoxuxtla se localiza sobre un sistema volcánico transversal de selva baja caducifolia con ecosistemas de tierras poco fértiles; Castel del Piano se ubica sobre un volcán apagado de sistema de montaña con bosque de abetos y cipreses, y vegetación de clima semi- húmedo. Se encontraron actividades productivas como la agricultura de temporal, para la comunidad de México con siembras de maíz nativo que sirven para el autoconsumo; así como el sistema de terrazas de Castel del Piano con sus hortalizas.

El estudio comparativo tiene como objetivo presentar la lectura transversal de un conjunto de maneras de apropiarse, relacionarse y concebir los ecosistemas de los cuales se participa. Saberes y prácticas que son vistos desde procesos cognitivos y culturales, que están relacionados con la conciencia y sentido de pertenencia al ecosistema. La investigación demuestra los vínculos entre los saberes técnicos y los relacionales, como estructura del razonamiento agroecológico de las comunidades de estudio, en la integración de experiencias individuales y colectivas. Los datos obtenidos de la práctica etnográfica demuestran diferencias y similitudes.

De saberes especializados sobre tierras difíciles de trabajar en contextos como el Ayoxuxtla con tierras de temporal, dentro de un ecosistema de selva baja caducifolia que, de acuerdo con Miranda (1942), se conforma de un tipo de suelo llamado fegosol, junto con rendzina y regosol, tierras poco productivas de fácil erosión con rocas volcánicas, metamórficas y sedimentarias. Por su parte, Castel del Piano con rotación de cultivos en un sistema de terrazas con huertos, dentro del Monte Amiata con un ecosistema de bosques altos, pastos verdes en la parte más plana y arbustos en laderas; de suelo con basamentos de rocas volcánicas y arenosas, en cualquier caso, como lo expone Suarez (2012), con un componente de silicio preponderante o abundante.

Se estudiaron procesos bióticos, cognitivos y culturales que refieren un modo de vida común: el de estrecho vínculo con la naturaleza, basado en un sentido de pertenencia. El modo de vida campirano como una capacidad generativa, que abarca las relaciones entre ecosistemas y el ser humano donde este se encuentra inmerso, formas que surgen y son mantenidas en un lugar. Mediante el diario de campo se levantó información en cuanto a prácticas cotidianas en agricultura, ganadería y aprovechamiento de bosques. La observación participante y entrevistas a profundidad sirvieron para el registro y recolección de evidencias sobre los sistemas agroecológicos de las comunidades de estudio.

Materiales y métodos

La presente investigación se realizó mediante la etnografía haciendo uso de los principios de la investigación cualitativa. La etnografía sirve para el registro de formas de socialización, mediante notas metodológicas sobre prácticas en la apropiación del entorno, ciclos agrícolas y aspectos culturales. Se elaboraron tablas de sistematización y análisis. Mediante entrevistas semiestructuradas se recogieron datos en cuanto al conocimiento de tipo tierras de cultivo y producción de animales. Para el caso en la elaboración de productos, se realizó un registro audiovisual sobre las formas, procesos y representaciones simbólicas, partiendo de la descripción de nuestros informantes. Fue de la elaboración propia de plantillas sobre normas y valores de convivencia en familia y comunidad que se pudieron identificar rasgos socioculturales por grupos.

Las entrevistas cara a cara con nuestros informantes se desarrollaron en siguientes etapas bajo mecanismos de la historia oral, con relatorías acerca de formas de trabajar en el campo, cambios en el medioambiente y relación con el cosmos. La información se sistematizó por cuadros conceptuales de saberes, prácticas y creencias, situándonos de esta manera en contextos particulares y ejes transversales de análisis. Dando cuenta de una matriz comparativa sobre actitudes, hábitos y valores, así como de saberes, prácticas y creencias. El trabajo de campo se efectuó durante los años 2017 y 2018, se incluyeron estancias prolongadas en ambos lugares y la participación de las comunidades, con entrevistas grabadas en lugares de trabajo y áreas de espaciamiento dentro de ranchos, comunidades y casas particulares, logrando el registro de aproximadamente cincuenta entrevistas por población de estudio.

Resultados

El contenido presenta la esencia de los agroecosistemas y de la organización social que dan sentido a las comunidades rurales de Ayoxuxtla de Zapata en la mixteca poblana y Castel del Piano dentro del Monte Amiata en la Toscana. Formas de vida que descansan en ciclos agrícolas y prácticas locales de entendimiento de un cosmos integral.

La propuesta de transversalidad del modo de vida campirano permitió identificar procesos y mecanismos de interiorización de saberes ecológicos locales. El conocimiento experiencial, como dice la palabra, se deriva de la praxis cotidiana, de las reflexiones sobre información integrada y relacionada, de los significados que están en percibir a la naturaleza como interlocutor, en una interacción simbólica mediada por códigos culturales. Nos referimos a los códigos que nacen de una fase empírica y con relación directa tanto con el medio natural como con los otros; a los saberes referidos del contacto directo, libre de evaluación científica y transgeneracional.

Los conocimientos se integran de la materialización de las experiencias, de las prácticas o tareas que tienen que ver con la gestión de la biodiversidad en las comunidades; en nuestro caso, las prácticas agrícolas consideradas por los propios informantes, como la representación y preservación de la fertilidad, donde la biodiversidad está en la circulación de genes y saberes en las semillas, productos del campo con competencias o aptitudes frente a los cambios. Se habla del compartir semillas, así como experiencias; por ejemplo, don Marcelino Aragón[1] (habitante de Ayoxuxtla de Zapata) dice: “El rejón con el que sembramos pasa al nieto; lo mismo que las semillas, de parcela en parcela; son consejos, y la riqueza de la semilla”. Los hijos siembran, lo mismo que fabrican chiquihuites[2] con ramas del monte; la familia y en comunidad trasmiten símbolos de fertilidad, en los patrimonios bióticos y cognitivos, en la producción del campo y reproducción de saberes.

Lo expresado en la misma entrevista por don Marcelino, sobre el empeño de aprender en las tareas del campo, menciona que cuando falleció su padre: “Me hice necio de aprender sobre el sembrar y hacer chiquigüites”, es una evidencia del saber ser, relación de tramas bióticas y cognitivas, momentos y pautas de interacción en prácticas como la siembra del maíz nativo de tierras tlacololeras.[3] En el cuadro 1, se presentan aspectos de la relación con el ecosistema, donde los habitantes de Ayoxuxtla tienen como base de la conciencia el sentido de pertenencia, las actitudes, los hábitos positivos y los valores frente a circunstancias específicas.

Cuadro 1
Saber ser en el campo de Ayoxuxtla de Zapata, Puebla, en México

Elaboración propia, 2018.

El modo de vida campirano se compone de saberes locales, es el factor clave en la socialización del ser humano y con el ecosistema; es decir, cultivos donde los habitantes de Ayoxuxlta tienden a movilizar sus capacidades de observación y análisis, sobre las características de granos y animales que se producen. Así pues, la construcción de los saberes es a partir de la articulación de mecanismos cognitivo-culturales; de la integración, interacción e interiorización, cuyos aspectos tienen que ver con la forma en cómo materializamos las experiencias. Ingold (2000) sostiene que el desarrollo de conocimientos no sólo ocurre dentro de la mente, sino que al proyectarse en el exterior a través de representaciones culturales, se vuelven algo social: “Los saberes tradicionales tratan pues, de una relación permanente y mutuamente constitutiva entre la gente y su medio ambiente, no sólo de funciones de la mente humana”.

Los saberes tradicionales tratan de la relación permanente y con cambios entre los campesinos y su ecosistema. Para Víctor Toledo es una especie de metabolismo que ocurre entre el ser humano y su medio ambiente, prácticas e implicaciones del mundo rural como escenarios de la ecología y antropología. “Convivencia expresada en una ética que compromete la acción de observar los procesos naturales para poder diferenciar, seleccionar y usar, y conlleva a un saber cuidar la tierra, memoria e identidad” (Toledo, 2012). Las prácticas locales se interiorizan a través de gestos y discursos, que pasan de ser mecanismos perceptuales a la puesta en marcha de actividades cotidianas, haciendo del espacio un territorio de emociones y entendimientos, sobre formas imaginarias y materiales.

El saber se acumula y construye de manera colectiva, a través de las relaciones que permanecen en las prácticas, tanto en el espacio como en el tiempo. La perspectiva etnoecológica estudia las tramas que ponen en conexión los saberes locales con los ecosistemas. Proponemos que el ser humano es reflejo de lo vivo, de los sistemas alimentarios con las cadenas tróficas.[4] De la importancia de las prácticas cotidianas y los procesos biológicos en la circulación de genes. En conocimientos sobre la circulación de variedades de los tipos de semilla que buscan la adaptabilidad y mejora. El ejemplo del maíz nativo del sur de Puebla y las hortalizas de la Toscana con lechugas y jitomates, muestran el trabajo en la selección de semilla.

Es decir, los patrimonios bióticos y cognitivos en la optimización de los productos del campo, que focalizan las competencias de la fertilidad de la tierra, integran nuevas maneras de adaptabilidad al cambio, la resiliencia en conjunto del ser humano y la naturaleza. Para Altieri (2010), los saberes son estrategias de uso múltiple y producción total de la familia en una finca; es decir, el uso más eficiente de la tierra, el agua y la biodiversidad, la circulación de semillas y saberes como componentes principales del mundo rural. Los saberes locales en la internalización de riesgos, desde las propiedades de cambio, adaptabilidad e interacción, como la esencia de una biodiversidad de los cultivos.

El trabajo de siembra es con el apoyo de los miembros de la familia y comunidad, se realizan tareas como administración de los recursos naturales: qué tanto de la tierra se ocupará y qué semillas son las más resistente a factores como la erosión: “No importa que las familias y comunidad sean pequeñas, sino que la milpa sea trabajada bajo el sistema de creencias y saberes […] el campesino es la productividad, eficiencia y resiliencia, de un modo de vida que se cimienta en lo colectivo y ecológico” (Altieri, 2010). Cuando se siembra, lo biótico está en la naturaleza con flujos de energía en el agua, las plantas y el viento, etcétera.

En cuanto a lo cognitivo, se dice que son los saberes en recursos locales para la realización de actividades agropecuarias: “Operaciones como la selección de semillas donde se integra una misma dinámica, la conservación de los recursos del biotipo y la inventiva para la trasformación del medio, la construcción del maíz nativo con la combinación de variedades locales” (Linck, 2018). No se puede prescindir del banco de semillas en casa y del conocimiento en el tipo de tierra, del material orgánico y saberes en la producción de tlacololes y terrazas; es pues la capacidad de adaptabilidad e integración de sistemas humanos y no humanos.

Referir una base importante de recursos en el campo, lo vivo y el manejo de la conservación de la biodiversidad, es hablar de flujos de energía que estructuran el ecosistema y la fertilidad de la tierra. Es decir, la sustentabilidad del medioambiente y el sentido de pertenencia dentro de un mundo rural, con especies y procesos del ecosistema donde el ser humano se encuentra inmerso. Los lugares se conocen no solamente por los procesos cognitivos como la percepción y la memoria, sino a través del sentido de pertenencia en la construcción de una conciencia ecosistémica. Lo que para Linck (2018) implica interiorizar los recursos naturales en la conciencia de un razonamiento agroecológico, configurando así una historia agrícola con base en prácticas y normas.

Procesos mentales y sociales donde intervienen actos de conciencia y sentido de pertenencia al sistema ecosocial. A partir del concepto de conciencia ecosistémica se puede enlazar el conocimiento experiencial con significados de la racionalidad agroecológica de las comunidades de estudio. De forma detallada se elaboraron cuadros comparativos sobre el sustrato natural, saberes locales y creencias. Características de la vida en el campo, en información proporcionada por nuestros informantes y ejes transversales de análisis.

El mundo rural es natural y social, al mismo tiempo se integran ecosistemas y experiencias; la memoria y el saber ser en un sistema de engranaje de significados y pautas culturales. Así lo refiere Omero Sodi,[5]campesino de Castel del Piano, desde una conciencia por el bienestar de la comunidad y reciprocidad con el medio ambiente. El cuadro 2 presenta los resultados para esta población italiana. El marco de procesos cognitivos y culturales que advierten la praxis de conocimientos en paralelo a las tramas de los ecosistemas.

Cuadro 2
Saber ser en el campo de Castel del Piano, región Toscana en Italia

Elaboración propia

Los cuadros y análisis de datos presentan la relación con el ecosistema y entre los habitantes de las comunidades de estudio. Con base en la conciencia de sentido de pertenencia, se refieren actitudes, hábitos positivos y valores frente a circunstancias específicas. La propuesta sobre transversalidad de los saberes en las comunidades de estudio es observable en el vínculo de los ciclos agrícolas y rituales de la mixteca y en las cosechas de la Toscana, donde las prácticas y las creencias se relacionan en ambos casos desde la cosmovisión de una luna fértil.

Por su parte Ayoxuxtla de Zapata (cuadro 3) posee conocimientos en la preservación de la fertilidad y biodiversidad, trabajando tierras del monte con periodos de descanso para cada siembra y lugar. El modo de vida de una comunidad con paisaje de lomeríos y sinuosidades, donde se encuentra vegetación con poca flora, en las partes altas nopales y magueyes, y especies del monte que se recolectan para autoconsumo y venta. Medio geográfico de matorrales, huizaches (Acacia farnesiana) y la conocida cubata (Vachellia campechiana), pitayos (Stenocereus queretaroensis) y otate (Guadua amplexifolia) con el que se elaboran productos artesanales.

Cuadro 3
Matriz de componentes bioculturales de la comunidad de Ayoxuxtla de Zapata, Puebla, en México

Elaboración propia.

Se destaca, dentro de los saberes locales de la comunidad, las tareas de siembra de tepetlale o tierras secas, donde se produce el maíz, frijol, calabaza y chile Tlacololero. En Ayoxuxtla existen diferentes términos para reconocer el tipo de suelo; el tepetlale es la tierra teloyotula, es decir, con piedra molida; otro tipo de tierra es el tezontlale que se caracteriza por ser arenosa; también está la tierra negra o fresca de palmera, conocida como zoyatlale, donde es más difícil que crezca la semilla por falta de calor de la tierra.

Los saberes locales en ambas comunidades se integran desde mecanismos como la apropiación, es la materialización de lo abstracto en habilidades, el corpus de experiencia que forman parte de la vida cotidiana. Las prácticas nacen de la interacción, de la organización empírica de las tareas en comunidad, de la praxis como miembros del ecosistema. Es, pues, en seguida que las creencias son la conexión de lo anterior, éstas se interiorizan a la par que los saberes, conforman la cultura local desde los símbolos y las emociones, desde la representación de un kosmos de la fertilidad.

El caso de estudio en Italia (cuadro 4) permite identificar saberes en la rotación de cultivos de hortalizas, sistema de terrazas con guarniciones o barreras de árboles frutales. La comunidad de Castel del Piano se encuentra incrustada en el Monte Amiata, región Toscana, donde la piedra volcánica sirve de muro a secco[6] y contraste con los pastos verdes del paisaje de sembradíos, incluyendo los olivos. La diversidad de la montaña sagrada —como la reconocen sus habitantes— permite ver el bosque de castaños, un ecosistema de las partes altas con bosque de faggete;[7] en la colina aparecen los pastos que abrazan cada uno de los viñedos. “Las comunidades que rodean el Monte Amiata se localizan a una altura de 600 a 800 msnm, donde los huertos y bosques de castaño forman parte de la historia de labor, lo que sirve como identidad y cultura local” (Imberciadori, 2002).

El Monte Amiata tiene una vasta vegetación que predominan los arbustos característicos de las malváceas de usos medicinales y otras de nombre común como erba ruggine (Ceterach officinarum) y asfódelo (Asphodelus spp.), las cuales sirven como alimento de ovejas y fauna silvestre. Las comunidades entorno al monte se caracterizan por una economía de tipo familiar, agricultura de medio monte con los árboles de olivo conocido como olivastra, según sus pobladores el mejor de la región y del mundo.

Cuadro 4
Matriz de componentes bioculturales de la comunidad de Castel del Piano, región Toscana en Italia

Elaboración propia

En el medio geográfico de la Toscana dentro de la Meremma Grossetana, se puede registrar una variedad de climas, de temperaturas cálidas a frías, con algunas lluvias durante el verano y abundantes en el otoño e invierno. Se reconocen subclimas de acuerdo con la altitud, destacando temperaturas húmedas y frías, con grados de humedad elevados de 90%. En las partes planas hay temperaturas adecuadas para la producción de uva; la región cubre desde las altas montañas como el monte Amiata hasta el nivel del mar en Grosseto, lo anterior representa condiciones climáticas idóneas para una vasta biodiversidad y actividades agrícolas. El calor de veranos y las ventiscas de otoño e invierno representan el cambio de estación.

La humedad de la tierra en el monte, da para que los habitantes de esta región pasen gran parte del día en los huertos, ya sea de traspatio o en terrenos cercanos a las zonas habitacionales; cosechan sus propias legumbres y vegetales de características peculiares, como el jitomate alargado que se utiliza en la preparación de salsas para la pasta, así como una variedad de hierbas de olor. Junto a la cría de pollos, granjas de ovejas y de cerdos son características de la producción agropecuaria local.

Las comunidades se encuentran en distintos medios geográficos y con diferentes orígenes étnicos; sin embargo, la idea de un cosmos integral y fertilidad de la tierra está en ambas. Un modo de vida campirano, donde lo mismo existen flujos de energía biótica en el sistema de milpa del Tlacolole, que en las hortalizas con muro a secco en sistema de terrazas; es decir, elementos imprescindibles y tan importantes como la organización social, con reuniones como la del Giorno de Ferragosto de Castel del Piano, donde las familias y toda la comunidad celebran la fertilidad de la tierra con comidas de productos del huerto; de la misma forma en que Ayoxuxtla festeja la cosecha del maíz de temporal a fines de septiembre, como muestra y símbolos de la fertilidad de la tierra y de los conocimientos locales.

El campo con suelos que proveen de alimentos y una conciencia prolífica en saberes locales, la organización social en anclaje a un sistema de reciprocidad de días prestados. Así como en Ayoxuxtla, también en Castel del Piano un día se trabaja en la tierra propia y otro en la del vecino, amigo o familiar; se limpia el Tlacolole y se cosecha el olivo, no hay más que recordar el caso de don Marcelino, aprendiendo de sus vecinos de las actividades del campo, y lo dicho por el señor Omero Sodi, quien describe la jornada de trabajo en Castel del Piano: “Todos somos una red de apoyo prestados, cuando un amigo lo necesita se le ayuda, después se devuelven los días trabajados ya en la tierra propia”.

Tanto en México como en Italia hay procesos cognitivos y culturales: en el campo se huele, se toca y se siembra, desde los mismos sentidos; mediante la conciencia de un razonamiento agroecológico se entreteje un cuerpo de conocimientos. Prácticas locales que se construyen de procesos cognitivos, bióticos y culturales, formas de relacionar y relacionarse con el entorno. Se registraron saberes locales que emergen de la apropiación de los ecosistemas y del sistema de reciprocidad, funciones individuales (orgánicas); experiencias que se desarrollan frente y junto al otro dentro de un contexto particular. “Para que estos procesos sean correctamente comprendidos, deben analizarse las relaciones sociales, las actividades locales y los sistemas cognitivos de las personas del grupo cultural al que pertenecen” (Toledo, 2012).

De acuerdo con lo anterior, se plantea la interacción permanente y constitutiva entre las personas y su medioambiente. La educación de la atención como eslabón del aprendizaje en el campo dentro de los mecanismos de convivencia en los ámbitos de la familia y la comunidad. Consolidación y manifestaciones del conocimiento, donde se incluyen, entre otras cosas, normas y valores familiares de convivencia: saberes relacionales, como los nombra Linck (2013).

Lo visto en Castel del Piano y Ayoxuxtla de Zapata, resultados del trabajo en conjunto: del vecino de parcela ayudando en las tareas, así como la amplitud de los saberes enraizados en las tramas abiertas de los procesos biológicos y de aprendizaje, se define la transversalidad de los conocimientos en las sociedades rurales como el modo de vida campirano con espacios físicos y simbólicos. De flujos de energía biótica y un entendimiento holístico que define Toledo (2005) como el integrado, del complejo sistema de conocimientos (corpus), el conjunto de prácticas productivas (praxis) y el sistema de creencias (kosmos). La vida rural bajo el estudio multidisciplinario, con registro sobre del medio geográfico, actividades compartidas y el campo como un medio de socialización de experiencias y conocimientos, donde lo humano y no humano forman parte del ecosistema.

Discusión

La vida en el campo atraviesa por motivaciones e intereses donde el ser individual se vuelve colectividad y las prácticas se interiorizan. Saberes locales que se afianzan en experiencias sobre el medioambiente, relaciones directas del campesino con el ecosistema en el cual habitan, métodos y procesos del trabajo del día con día. De acuerdo con Gálvez (2015), la interiorización de los saberes es un proceso dialógico donde, al habitar un medio geográfico, el ser humano se ubica, entiende y pertenece; son percepciones y mecanismos activos de socialización en la exploración del medio natural, donde el campesino adquiere destrezas.

Los saberes locales son conocimientos que no responden a una intencionalidad epistémica de hacer ciencia objetiva y formal. En referencia a Alarcón-Cháires (2017), es posible distinguirlos como el aprendizaje basado en una experiencia directa, práctica, sagrada y emotiva con la naturaleza. Dentro del modo de vida campirano existen dos pilares fundamentales: los conocimientos tradicionales y el sentido de pertenencia; este último definido por Tajfel (1981), como el vínculo psicosocial que permite la unión de la persona con su grupo, las experiencias, la conciencia y valor emocional como significados de fuente de identificación. Para Barth (1978), son los rasgos culturales de filiación a un grupo local o grupo étnico, que tiene un individuo con determinado grupo social; es decir, la unidad de manifestación y formas culturales.

Se debe decir que en el campo se aprende observando y acompañando cada una de las acciones, bajo una instrucción guiada o lo que Gibson (1979) llamaría la educación de la atención. Cuando los campesinos trabajan las tierras están en sincronía con los ciclos de la naturaleza y agrícolas. La educación de la atención va más allá de la percepción, es una operación del sistema total de relaciones, constituido por la apropiación y cercanía con otros organismos del ecosistema, las personas y el ambiente en conjunto. “Los trabajos de la mente han de encontrarse en las relaciones desplegadas entre las personas-organismos y sus ambientes” (Gibson, 1979).

El modo de vida campirano es un medio de socialización y de reproducción de conocimientos, factor clave en la conciencia de sentido de pertenencia al ecosistema —en la interacción y transformación del medio natural—, saberes que determinan la circulación de los genes en las semillas y la contención ante los riesgos de pérdida en productos y de la biodiversidad. Las prácticas tanto de Ayoxuxtla como las de Castel del Piano, tienden a buscar la diversidad genética, una condición de apertura al cambio en los agroecosistemas. En ello existen saberes técnicos y relacionales que se entretejen, la sinergia de normas y valores con los conocimientos especializados.

Los saberes relacionales tienen que ver con las actitudes y costumbres con relación al medioambiente. Dice Linck (2018) que los hábitos son normas locales y representaciones que estructuran el vínculo social, los cuales se ponen en sincronía con los saberes técnicos (especializados): “Los que movilizan recursos, aptitudes y capacidades en la transformación de la naturaleza y de sus productos, en relación directa a la preservación de la biodiversidad”. Ambos tipos de saberes son fundamentales en el interactuar de las comunidades de estudio con sus ecosistemas, el intercalar en el mismo espacio cultivos de maíz, calabaza y frijol en la mixteca, o el sembrar jitomate y calabaza junto a los árboles frutales de la Toscana; se rige por el entendimiento de normas y valores, y del compartir conocimientos sobre una madre tierra.

La lectura de un cosmos rico en fertilidad y saberes, ocurre desde los flujos de energía biótica y simbólica, y del sentido de pertenencia al ecosistema. La conciencia ecosistémica de los habitantes de Ayoxuxtla y Castel del Piano contribuyen a la fertilidad de los recursos naturales, siendo el puente entre patrimonios bióticos y cognitivos, como los llama Link (2013). Lo que produce la tierra y los saberes de la comunidad son la definición de fertilidad, así como la conciencia al sentido de pertenencia del ecosistema. Se habla de la supervivencia y transmisión de saberes locales de generación en generación que caracteriza a las comunidades campesinas de estudio.

Las prácticas cotidianas del modo de vida campirano son de tramas abiertas y procesos dinámicos, con múltiples mecanismos antrópicos y bióticos que tienen lugar en el sustrato natural. Uno de los componentes principales para la gestión racional y sostenible del ecosistema está en las creencias: “La amalgama entre el conocimiento y la práctica, es la razón del conocer y hacer y el fundamento epistémico de una cultura” (Toledo y Barrera-Bassols, 2009). Es decir, la transmisión de conocimientos está anclada con relación al cosmos, en la observación de los astros y de los otros, en el compartir experiencias que con él tenemos a un lado. El cumulo de significados sobre la relación directa con el ecosistema, en la historia oral con aplicación en los lugares.

La cosmovisión en el modo de vida campirano es primordial y atiende un propósito: el de entender aspectos naturales y sobrenaturales. De enfoque holístico y aproximación a la conexión de los ritos humanos con los ciclos naturales, Toledo (2005) afirma: “La concatenación entre el calendario ritual (fiestas y celebraciones), y el calendario cognitivo (que testimonio por ejemplo cambios en la floración, los ciclos de vida de los animales, los movimientos de la luna, etcétera)”. Desde el punto de vista empírico se refieren prácticas como las de Ayoxuxtla, donde los flujos de energía de la luna determinan un buen temporal con lluvias abundantes; noches de luna “maciza” —como ellos le llaman a la luna llena—, que sirven en el crecimiento también del maíz.

Los mismos flujos de energía sobre las terrazas de Castel del Piano, donde se remueve la tierra y donde el solsticio de verano significa fertilidad cósmica, aspectos bióticos y simbólicos en la gestión de la biodiversidad. Los saberes locales ocurren a través de prácticas en familia y en comunidad, sistemas de socialización y de un pasado con acciones en el presente. Los vínculos de filiación y sentido de reciprocidad se reconocen como transversalidad, el trabajo en familia en Castel del Piano y la organización comunal en Ayoxuxtla. Es así como en la Mixteca Poblana y en la Toscana se aprende por la instrucción de los mayores, en la educación de la atención. De la tierra del maíz nativo en el Tlacolole y del hongo Porcino en el Monte Amiata, respectivamente.

El significado de familia y comunidad contempla los patrimonios bioculturales, formas de trabajar las tierras en laderas respetando ciclos de recuperación en el sustrato natural; huertos de árboles de olivo que hacen de éstos un trabajo —por tradición— de llevar a la mesa el producto local y de herencia de los antepasados. Los habitantes de las comunidades de estudio y su ecosistema, forman parte de la historia económica del mundo rural. De la simbiosis del ser humano con la naturaleza y de la identidad de los lugares, de la representación de la vida en el campo y la forma de concebirse a partir de poseer un conocimiento local.

Se puede decir que los procesos cognitivos como la memoria, el pensamiento y el aprendizaje son fundamentales en la interiorización de experiencias y creencias. Formas de apropiarnos del entorno y el desarrollo de prácticas en solidaridad con el medioambiente, evitando desmontes y deforestación de una tierra que simboliza la fertilidad y equilibrio de mundos materiales e inmateriales. Se presenta la idea de que las semillas son el vehículo de circulación de genes resistentes al cambio, y de los saberes impregnados de un razonamiento agroecológico que se moviliza en favor de todos los elementos que integran el ecosistema, incluyendo lo humano y no humano.

Los saberes, prácticas y creencias que se inscriben en un mundo amplio de corte holístico, remitiéndonos así a las actitudes, hábitos y valores de los protagonistas del modo de vida campirano. El saber hacer y saber ser, en cada proceso de selección de semilla y reproducción de animal, interacción social y con el biotopo,[9] dentro de una dinámica de conservación de los recursos naturales. El sistema complejo de corpus, praxis y kosmos, sugerido por Toledo (2005), trata de la sistematización de experiencias adquiridas a través de la apropiación y el tejido social. Dicho enfoque permite desarrollar la idea de una fertilidad dual como representación de los procesos cognitivos-culturales, entiéndase la comprensión acerca de una tierra dadora de alimentos necesarios para vivir y el sistema de transmisión de conocimientos en pro de un bienestar compartido.

La agricultura de Ayoxuxtla y Castel del Piano se desarrolla bajo mecanismos de biodinámica en control de plagas, donde el ser humano participa evaluando riesgos, con el reconocimiento y uso de plantas, así como el estudio de insectos antagonistas en la presencia de nuevas amenazas. El modo de vida campirano se sustenta en el pensamiento lógico, de equilibrio y resiliencia, en la memoria local acerca de los elementos que le dan vida al ecosistema. Las prácticas de rotación de cultivos devuelven riqueza en minerales a la tierra, con ello se procura biodiversidad en productos que se siembran; el descanso de las tierras favorece procesos de reconstitución natural de suelo y la fertilidad de los cultivos, evitando así erosión y desaparición de especies. La selección de semillas se transmite de generación en generación, los abuelos enseñan a reconocer color, tamaño y textura, y con ello el intercambio de semillas de una parcela a otra mejoran genes y garantizan la resistencia a cambios en el medio.

En ambos casos de estudio, los habitantes ordenan los biotopos y procuran optimizar su inserción en el tejido de flujos que estructuran los ecosistemas. Las prácticas de selección y la circulación de las semillas son parte de un proceso de coevolución del ser humano y el medioambiente. El cultivo itinerante del maíz en dicha comunidad de México y la adaptación de nuevas formas de terrazas en el caso de Italia, movilizan saberes y aseguran a la vez la preservación de la fertilidad. Muy importante es la circulación de los genes y de los saberes en prácticas de biodiversidad cultivada, donde se construyen espacios de identidad local, en la expresión de comunidades autosustentables y de potencial genético en la variedad de cultivos.

Los procesos colaborativos de trabajo en comunidad son de significados descentralizados, congruente con la organización social campesina. De acuerdo con D´ Alessandro (2017), el manejo de flujos energéticos está en la fertilidad del suelo y en la construcción de saberes, en un campo donde se integra la artificialización de los ecosistemas —producciones agropecuarias— con modos de socialización. “El análisis de las prácticas productivas y de los procesos de circulación de las semillas (en el espacio, entre los estratos sociales y entre las generaciones), ha permitido evidenciar los vínculos que enlazan la biodiversidad cultivada y estructuras sociales de la comunidad” (D’Alessandro, 2017).

Las actividades agropecuarias forman parte de las redes y flujos de energía, donde existe materia e información; son tramas temporales y espaciales complejas, prácticas que se inclinan por la valoración de las funcionalidades ecosistémicas donde el ser humano está inmerso. El flujo de patrimonios bióticos y cognitivos da estructura a la biodiversidad en cultivos y a la conciencia ecosistémica de las comunidades campesinas, lo que remite a un modo de vida en el cual el agricultor, junto con la comunidad agraria, evalúa riesgos y costos ambientales, entretejiendo y produciendo él mismo la fertilidad.

Conclusiones

Una de las conclusiones es a través de la etnoecología, pudiendo integrar en el estudio las prácticas locales en favor de la valoración de las funcionalidades ecosistémicas. El sistema de flujos de fertilidad biocultural es con tierras prolíficas en cultivos y de conciencia ecosistémica en saberes locales; la asociación de saberes técnicos-relacionales, donde los técnicos son los conocimientos especializados en la transformación de la naturaleza y de sus productos, y los relacionales son las normas, reglas y valores que dan encuadre a las modalidades en la apropiación de los recursos.

El modo de vida campirano —da para el estudio sobre conciencia de sentido de pertenencia al ecosistema— una capacidad generativa que abarca las relaciones entre ecosistemas y el ser humano, las formas que surgen son mantenidas en un lugar como base del razonamiento agroecológico. Hoy, más que nunca, se necesita de una conciencia fértil, sobre el cuidado del medioambiente y preservación de la biodiversidad, de los saberes, las prácticas y las creencias, ejes de la transversalidad del mundo rural.

La vida en el campo se compone de conocimientos y prácticas, circulación de genes en semillas y sentido de reciprocidad. El ecosistema de Ayoxuxtla, como el de las terrazas de Castel del Piano, se sustenta en la biodiversidad, en la búsqueda de la diversidad genética para la mixteca y la fertilidad de la tierra con compostas en la Toscana. Los saberes de Ayoxuxtla, igual que los de Castel del Piano, tienden a una condición de apertura al cambio en los agroecosistemas. La definición sobre fertilidad de nuestros informantes de México e Italia permite construir la representación social de un modo de vida: “el de respeto al medioambiente y el de regresar a la tierra parte de lo que nos da”, así respondieron Marcelino y Omero desde su conciencia de sentido de pertenencia al ecosistema, cuando se les preguntó sobre los saberes locales.

El enfoque etnoecológico propuesto, entrelaza los conocimientos y la estructura de los ecosistemas, plantea que el ser humano es reflejo de lo vivo, de los sistemas alimentarios con las cadenas tróficas, cadenas alimentarias en torno a las cuales se estructuran los ecosistemas. La biodiversidad en cultivos es parte del ser humano, así como los procesos donde se tiende a movilizar las capacidades de observación y análisis sobre las cualidades de granos y animales que se producen; la cooperación entre los campesinos para construir saberes y herramientas les permiten optimizar su integración a los ciclos y a los procesos biológicos propios de lugares como Ayoxuxtla de Zapata y Castel del Piano.

La importancia de las prácticas cotidianas está en los procesos biológicos y la circulación de genes, en el intercambio de conocimientos y en la circulación de variedades, en saberes y semillas que buscan la adaptabilidad y mejora. El ejemplo del cultivo del maíz para autoconsumo en la mixteca poblana, muestra el trabajo en los procesos de selección de la semilla que servirá para sembrar en el próximo temporal; en tales condiciones, por ejemplo, la preparación de la tierra y el aumento de la fertilidad proceden más del sentido de reciprocidad entre el ser humano y el medioambiente. Factores claves en la adaptación del ser humano y el ecosistema.

Los saberes locales son de corte holístico, mecanismos flexibles que le abren al hombre la posibilidad de capitalizar sus experiencias y conocimientos. Saberes ecológico-tradicionales que se conforman de maneras de apropiación, de experiencias significativas que se almacenan en la memoria individual y colectiva; es decir, la construcción local de un mundo rural que se afianza en el principio de coevolución del ecosistema y en la reproducción de la conciencia ecosistémica. La investigación muestra que los saberes técnicos y los relacionales son la estructura del razonamiento agroecológico de las comunidades de estudio, en la integración de experiencias individuales y colectivas.

La propuesta de transversalidad del modo de vida campirano permite identificar procesos y mecanismos de interiorización de saberes ecológico locales. La sabiduría sobre los agroecosistemas se construye a semejanza de los procesos y ciclos biológicos, es horizontal y flexible, a diferencia de la agroindustria que remite a regímenes epistémicos opuestos; saberes producidos en forma centralizada, que son fijos y genéricos. Los conocimientos locales como un bien público de producción descentralizada, contextualiza lo colectivo en enseñanzas de lo cotidiano.

Se plantean sistemas de aprendizaje basados en la observación permanente de características de los ecosistemas, citando como ejemplos prácticos las tierras Tlacololeras de la Mixteca y las terrazas de la Toscana, en la coevolución de los ecosistemas con los habitantes de Ayoxuxtla y Castel del Piano. La transversalidad de saberes y funcionalidades ecosistémicas como aspectos del modo de vida en sociedades rurales. Visto de esta forma, las prácticas de las comunidades referidas en México e Italia son la adaptación constante en las maneras de trabajar. Las actividades productivas implican el ajuste de los conocimientos sobre la marcha. Cada familia y comunidad busca alternativas en los métodos de trabajo, las tramas cognitivas corresponden a modalidades en la forma de trabajar el campo.

La trasmisión de conocimientos está en lo que tenemos a un lado, en la observación del otro y sus tareas; en el campo se platican y transmiten nuevas experiencias. No existe ser individual, el mismo razonamiento agroecológico refiere conocimientos experienciales compartidos. Los fundamentos del modo de vida campirano están en lo que produce la tierra y en la concepción de comunidad. Significados y prácticas en la capacidad de reorganizar sistemas agroecológicos que podrían definirse como la fertilidad de la tierra y la conciencia de sentido de pertenencia al ecosistema. La etnoecología permite ofrecer una base importante de recursos para entender la vida en el campo, de la solución de problemas y manejo de la conservación de la biodiversidad. Acciones inherentes en el manejo de la fertilidad, donde la sustentabilidad conlleva como eje central la cercanía con el medioambiente y el grupo social.

Se abrió una ventana estratégica para la observación y estudio de las sociedades rurales, dimensiones biológicas y vínculos sociales dentro de una conciencia de sentido de pertenencia, integrando espacios geográficos con cosmovisión, trasformación en los entornos naturales, entendidos como flujos de energía biótica y patrimonios cognitivos. La aproximación a un mundo de especies y equilibrio del ecosistema, donde el ser humano no solo habita sino forma parte. Se reconoce como transversalidad de la vida en el campo, el trabajo en familia y la organización social de las comunidades, en el entretejer de dicha conciencia limitada. Así, en México como en Italia, hay procesos cognitivos y culturales que trascienden en un razonamiento agroecológico de estirpe holística, donde la conciencia ecosistémica es la preservación de la fertilidad tanto biótica como de los saberes.

Material suplementario
Apéndices
Apéndice


[1] Don Marcelino Aragón, campesino de sesenta años. Entrevista realizada en tierras de temporal durante la siembra de maíz, 30 de junio de 2017.

[2] También chiquigüite: cesto hecho con varas de otate o mimbre, sin asas.

[3] Término ocupado por los habitantes para referirse a tierras de cultivo en las orillas o faldas de los cerros

[4] Las cadenas alimentarias en torno a las cuales se estructuran los ecosistemas.

[5] Señor Omero Sodi, de setenta años, que dedica su tiempo al cultivo de huertos y árboles de olivo.

[6] Barreras o muros hechos de piedra para contención de las tierras de trabajo.

[7] Árboles caducifolios que con sus hojas durante el otoño cubren la tierra en forma de tapete.

[8] Entrevista al señor Omero Sodi, realizada en el predio de Poggio Castel del Piano el 5 noviembre de 2018.

[9] Especies vegetales, animales y microbianas presentes en el ecosistema.

Literatura citada
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Notas
Cuadro 1
Saber ser en el campo de Ayoxuxtla de Zapata, Puebla, en México

Elaboración propia, 2018.
Cuadro 2
Saber ser en el campo de Castel del Piano, región Toscana en Italia

Elaboración propia
Cuadro 3
Matriz de componentes bioculturales de la comunidad de Ayoxuxtla de Zapata, Puebla, en México

Elaboración propia.
Cuadro 4
Matriz de componentes bioculturales de la comunidad de Castel del Piano, región Toscana en Italia

Elaboración propia
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