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Cuidado colectivo y defensa de lo común: el cuidado como estrategia de resistencia entre mujeres rurales del Valle Central de Chile

Collective Care and Defense of the Common: Care as a Strategy of Resistance Among Rural Women in the Central Valley of Chile

Francisca Rodó Donoso
Investigadora Asociada Centro de investigación CIELO, Universidad Santo Tomás, Colombia, Chile
Rosario Undurraga
Escuela de Ciencias de la Familia, Universidad Finis Terrae, Chile

Cuidado colectivo y defensa de lo común: el cuidado como estrategia de resistencia entre mujeres rurales del Valle Central de Chile

Mundo Agrario, vol. 26, núm. 61, e266, 2025

Universidad Nacional de La Plata

Recepción: 24 Septiembre 2024

Aprobación: 06 Febrero 2025

Publicación: 01 Abril 2025

Resumen: Este artículo explora el cuidado como estrategia de resistencia entre mujeres rurales del Valle Central de Chile frente al modelo agroextractivista y la privatización del agua. Sustentado en una etnografía encarnada y colaborativa, analiza la experiencia de 12 mujeres de dos agrupaciones: Mujeres del Agua y Manos de Mujer. Se utilizaron técnicas como historias de vida, cartografías corporales y representaciones estéticas para vincular la relación entre cuidado, sistema sexo/género y territorio. Los hallazgos dan cuenta del cuidado como una práctica que trasciende lo humano, mediante vínculos con el territorio, los bienes comunes y los seres no humanos. Se concluye que en la ruralidad el cuidado implica redes de apoyo y prácticas de cuidado colectivo, que desde una noción de la interdependencia colectiva desafían las estructuras del patriarcado, capitalismo y colonialismo. Se observa la indivisibilidad del trabajo productivo/reproductivo, relevando el trabajo no remunerado para la sostenibilidad de la vida.

Palabras clave: Cuidados, Territorio rural, Feminismos descoloniales, Género, Interdependencia colectiva.

Abstract: This article elaborates on care as a strategy of resistance among rural women in the Central Valley of Chile against the agro-extractivist model and the privatization of water. Supported by an embodied and collaborative ethnography, it analyzes the experience of 12 women from two groups: Mujeres del Agua and Manos de Mujer. Techniques such as life stories, body cartographies and aesthetic representations were used to analyze the relationship between care, sex/gender system and territory. The findings show care as a practice that transcends the human, through links with the territory, common goods and non-human beings. It is concluded that in rural areas, care involves support networks and collective care practices, which from a notion of collective interdependence challenge the structures of patriarchy, capitalism and colonialism. The indivisibility of productive/reproductive work is observed, highlighting unpaid work for the sustainability of life.

Keywords: Care, Rural Territory, Descolonial Feminisms, Gender, Collective Interdependency.

Introducción

La reproducción sostenida por la división sexual del trabajo y asociada a las jerarquizaciones en base a la diferencia sexual, supone la organización del trabajo según el sistema sexo-género. Esto ha implicado que las mujeres sean las encargadas principales del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, bajo condiciones de desigualdad. En América Latina, las políticas públicas y los mercados laborales no han logrado generar una redistribución social de los cuidados, incluso considerando que desde los hogares se producen alimentos, servicios y bienes, así como el resguardo emocional y físico que recae desproporcionadamente en las mujeres como encargadas de la reproducción social (CEPAL, 2018; CLACSO y ONU, 2022).

El trabajo de cuidados es un trabajo feminizado que identifica todas las actividades fundamentales para la reproducción de la vida (Federici, 2018). Como señala Carrasco (2013), tanto el trabajo doméstico como el trabajo de cuidados, al no considerarse productivo bajo las lógicas del mercado, ha fortalecido la explotación de las mujeres y la invisibilización de sus prácticas y experiencias en torno a los cuidados.

En el contexto de la ruralidad en América Latina, esta invisibilización es más profunda aún si se consideran las dinámicas asociadas al cuidado y al trabajo doméstico de las mujeres rurales, las que identifican el tiempo como variable destinada al cuidado de la tierra, las movilizaciones de combustibles y agua, el cuidado de animales y la huerta. Esto implica pensar las estrategias de seguridad alimentaria, la salud emocional y material de las familias. En particular, en hogares campesinos con baja tecnología doméstica, el tiempo y esfuerzo destinado al trabajo de cuidados representa una elevada transferencia de valor al capital (Olivera y Arellano, 2015). A esto se suma el desgaste y daños en la salud de trabajadoras agrícolas en Latinoamérica (Linardelli, 2024).

Respecto al cuidado en Chile, se ha investigado sobre la crisis de los cuidados (Arriagada, 2021), la economía del cuidado y las desigualdades de género (CEPAL, 2020), el aporte del trabajo doméstico y de cuidados al PIB nacional (Comunidad Mujer, 2019), el impacto del cuidado en las trayectorias laborales de mujeres chilenas (Undurraga y López-Hornickel, 2021), las distintas dimensiones del cuidado, particularmente, en el contexto de pandemia (Mora, Undurraga y Simbürger, 2023), entre otros aspectos, siendo los cuidados en la ruralidad un campo menos explorado.

Este artículo se basa en los resultados de la investigación doctoral Experiencias de cuerpos en resistencia: prácticas organizativas de mujeres rurales en el Valle del Aconcagua, Chile y las discusiones posteriores que se enmarcan dentro de la investigación postdoctoral sobre resistencias de mujeres rurales y habitabilidad, que plantea ampliar las noción de cuidado considerando la territorialidad como un factor fundamental de la interseccionalidad entre género y territorio.

En este sentido, este artículo considera la relevancia de las redes de contención y solidaridad que las mujeres rurales crean con la finalidad de mantener las relaciones de interdependencia colectiva entre lo humano y lo no humano. Esto alude a la vida humana y no humana que considera en la ruralidad una perspectiva ecológica multiespecie, que releva la cosmología compartida (Bolados y Babidge, 2017) tanto de los ríos, el agua como de los animales y las plantas. Se dialoga teóricamente con las relaciones de poder que emanan de la imbricación patriarcado-capitalismo-colonialismo, ya que estas reproducen la división sexual del trabajo y, por tanto, la precarización de las mujeres rurales al tensar la vida en la ruralidad mediante prácticas asociadas a la disminución del suelo agrícola, el incremento de monocultivos, el aumento del agroextractivismo, los conflictos socioambientales y la desarticulación de la unidad familiar campesina tradicional.

Analizamos el cuidado en la ruralidad bajo el supuesto de que, primero, el trabajo de cuidado de las mujeres rurales involucra considerar el territorio rural, sus transformaciones y conflictos que llevan a las mujeres a generar estrategias para la sostenibilidad de la vida humana y no humana en los territorios para la reproducción de la vida. Estas vivencias implican las amenazas del actual sistema político y económico que fortalece la agroindustria en perjuicio de la habitabilidad de las familias que viven de la agricultura. Específicamente, en el Valle del Aconcagua de Chile precisa cuestionarse, ¿cómo las mujeres rurales hacen la vida familiar y su trabajo sin agua?, ¿cómo se sostiene la vida en los territorios? Destacamos la vinculación territorio-cuerpo-tierra (Cabnal, 2010) para demostrar que el cuidado merece una relevancia especial cuando su apuesta es lo común (Navarro y Gutiérrez, 2018).

Segundo, la noción de cuidado en la ruralidad cuestiona la división entre trabajo productivo y reproductivo, situando el foco en la importancia de visibilizar el trabajo no remunerado de las mujeres que subyace tanto al trabajo productivo como reproductivo, ya que son ellas quienes se encargan de la producción agrícola en el hogar, las que movilizan la provisión de madera o agua (CLASO y ONU, 2022), las que participan de los cultivos de las chacras, de los intercambios de hortalizas, semillas y quienes se desempeñan como recolectoras (Peña y Uribe, 2013), enfatizando el resguardo de la vida en el reparto de las actividades económicas y de cuidados (Giménez, 2017).

Nuevas ruralidades

En Chile, desde la década de 1980, la expansión financiera del sistema capitalista en los territorios rurales ha incidido en el desarrollo y consolidación de un modelo de producción que fortalece el agronegocio en función del capital (Catrileo, 2022). La privatización de la tierra (Deere, 2019) y las transformaciones por la globalización neoliberal (Kay, 2009) han generado nuevas características del trabajo en el campo denominadas como nueva ruralidad, entre ellas: el incremento de la flexibilización en el trabajo rural, la feminización del trabajo rural, el aumento de las vinculaciones entre las áreas rurales y urbanas, la incorporación de la migración internacional con los aportes de las remesas como fuente de ingreso y, finalmente, la disminución del trabajo agropecuario, lo que pone en evidencia la disminución de recursos económicos derivados del trabajo de las familias en el sector agropecuario (Carton de Grammont, 2009).

Estos cambios que caracterizan una nueva ruralidad visibilizan las diversas participaciones que las mujeres desarrollan actualmente en los territorios rurales, quienes no solo son parte del mercado laboral en el sector agropecuario, sino que, a partir de sus experiencias y prácticas en la ruralidad, desarrollan la agricultura familiar campesina, el cuidado del territorio y los animales, considerando las transformaciones en la unidad familiar campesina (Ascorra, 2012). Tal proceso está acompañado de las desventajas asociadas a la imbricación patriarcado-capitalismo (Quiroga, 2010; Rodríguez, 2015), desde una visión que reproduce la precarización laboral y las jerarquizaciones de la diferencia sexual, al reforzar los estereotipos y roles asociados al cuidado en los territorios rurales. De esta manera, se profundiza la invisibilización histórica del trabajo de cuidados y el trabajo no remunerado – históricamente ausentes, pero presentes– (Kirkwood, 1986; Rodríguez y Muñoz, 2015), a pesar de que las mujeres rurales son las protagonistas en la producción de bienes y servicios desde sus hogares (Esquivel, 2011).

La invisibilización histórica pone en evidencia “la estratificación social que se sustenta en la imbricación de capitalismo y patriarcado, en la cual las mujeres mediante la división sexual del trabajo continúan precarizadas en las lógicas que reproduce el mercado” (Rodó, 2024, pp. 5-6). Se genera un patriarcado del valor (De Moraes, 2020) que refleja relaciones de explotación y dominación en la vida cotidiana de las mujeres rurales, al invisibilizar factores asociados a la pobreza del tiempo, la administración del trabajo comunal, el desarrollo de procesos de autogestión para la seguridad alimentaria, el desarrollo de estrategias para la disminución de los conflictos socioambientales y el cuidado intergeneracional (Caro, 2017a; D’Alessandro, 2018; Olivera y Arellano, 2015; Quiroga, 2019).

Invisibilización del trabajo y el cuidado en la ruralidad

En América Latina, el ingreso de la mujer rural al mercado laboral a finales del siglo XX y la primera mitad del siglo XXI fue funcional a la operatividad del sistema agroexportador (Catrileo, 2022; Glaser, 2017; Rodríguez, Krapovickas, Migliario, Cardeillac y Carámbula, 2020; Valdés, 2020). Desde diversas aristas se ha propuesto el concepto de la feminización del campo, que reconoce el aumento de las mujeres en el trabajo agropecuario (G. Espinosa, 2014), instalando el énfasis en la exposición a la descalificación y la precarización, lo cual permite observar la conjunción entre patriarcado-género-capitalismo que, como señala Macaroff (2020), refleja la subordinación de las mujeres en la estructura social.

Las mujeres rurales en Chile enfrentan inequidades en el acceso y control de los bienes naturales como la tenencia de la tierra (Deere, 2012) y desigualdades en el cuidado familiar, las violencias de género, el trabajo remunerado, acceso educativo, la toma de decisiones y la participación a nivel predial (Caro, 2017b; López, 2016; Peredo y Barrera, 2019; Rodríguez, Padilla y Valenzuela, 2019). La baja autonomía económica que viven las mujeres rurales se ha incorporado en la agenda nacional del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, la cual, desde el convenio con la Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer (PRODEMU) y el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), busca fortalecer la autonomía y el empoderamiento económico de las mujeres rurales mediante el desarrollo de emprendimientos tales como las artesanías y productos agrícolas menores.

Sin embargo, estas políticas tienden a invisibilizar y reproducir las sobrecargas corporales de las mujeres rurales al no considerar el cuidado (Caro, 2013; Fawaz, Soto y Vallejos, 2015) que las mujeres desarrollan para la sostenibilidad de la vida. Las sobrecargas asociadas al cuidado y el trabajo no remunerado generan efectos físicos y emocionales en el cuerpo de dichas mujeres (Rodó, 2023).

El ingreso a la agroindustria y el trabajo agropecuario extienden la jornada de las mujeres rurales, pues se adiciona a las demandas dedicadas al cuidado de lo común, que involucran prácticas de intercambio, recolección, el cuidado de animales y el territorio, las huertas y chacras, el cultivo para el autoconsumo y la venta, la elaboración de productos para el consumo familiar. Esto exige relevar la amplitud de formas de cuidado que se insertan dentro del trabajo no remunerado e invisibilizado de las mujeres rurales (Giménez, 2017; Peña y Uribe, 2013; Soto, Mancilla y Valenzuela, 2014). Parte de esta invisibilización también considera que el territorio y el tiempo, personal y productivo, se desarrollan como unidades indivisibles, lo que dificulta separar y contabilizar lo que pertenece al espacio productivo y al reproductivo, al remunerado y al no remunerado.

Rodríguez y Muñoz (2015) especifican que dentro de los factores inhibidores del acceso laboral de las mujeres rurales en Chile se encuentra el tener hijos/as en edad preescolar, lo cual visibiliza problemáticas asociadas a la falta de redes de cuidados en los territorios rurales; existen desigualdades territoriales en el acceso a servicios básicos y educacionales respecto a sectores urbanos.

En los contextos rurales, las redes de cuidado se observan en espacios formales como el jardín, colegio y sala cuna (aunque hay baja oferta); y cuidados informales, que considera el apoyo intergeneracional de mujeres mayores en la crianza de nietos/as debido a la tendencia a la vejez de la población que habita en el campo (Caro, 2017a; CLASO y ONU, 2022).

Es relevante señalar que la división sexual del trabajo y los roles asociados al trabajo doméstico y de cuidados en Chile, evidencian una baja participación de los hombres en aquellas labores, lo que provoca que las mujeres en territorios rurales reproduzcan generacionalmente estas diferencias. Sin embargo, existen algunas mujeres mayores que despliegan transgresiones y apelan al derecho de no cuidar, considerando que las generaciones de mujeres más jóvenes ingresan al trabajo en el agro (Caro, 2017a).

La sobrecarga de trabajo de cuidados y trabajo no remunerado en las mujeres rurales de América Latina se ampara en que en el mismo lugar sucede el trabajo relativo a las unidades domésticas y el espacio de las unidades productivas, con lo cual es complejo diferenciar las actividades de las mujeres, sobre todo si se consideran prácticas como la elaboración de alimentos para el autoconsumo familiar y para su comercialización (Logiovine, 2017). La sobrecarga considera que la exigencia emocional, psicológica y física se fundamentan en las variadas y múltiples actividades que desarrollan las mujeres en contextos de ruralidad, con lo cual el trabajo de cuidado y el trabajo reproductivo continúan invisibles en los análisis económicos, pero como establece Cubillos (2015) presente/ausente para la ganancia del capital.

Esta investigación analiza la dimensión de cuidado que moviliza afectos y emociones, ya que dentro de las aportaciones de los feminismos comunitarios implica la noción de territorio cuerpo-tierra (Cabnal, 2010; Paredes y Guzmán, 2014). Este proceso considera que existe en las mujeres que habitan territorios rurales, indígenas o periféricos del contexto urbano, una noción que reconoce que la vida no puede ser sin el territorio que se habita. La noción de cuerpo-territorio identifica el cuerpo de las mujeres como el primer espacio que vive las violencias, así como la capacidad que tiene el cuerpo para recuperar su dignidad (Cabnal, 2010).

Por otro lado, la dimensión de la tierra visibiliza los procesos de defensa del territorio que se enmarcan en las tensiones que generan las políticas desarrollistas-extractivistas que tensan la sostenibilidad de la vida. Si bien estas políticas desarrollistas se instalan en 1944 a partir de la doctrina Truman en América Latina, con una visión de desarrollo que involucra la extracción y el control de los bienes comunes, para el caso de Chile se profundizan con las privatizaciones durante la dictadura de Pinochet (1973-1989) y la transición a la democracia, debido al incremento de la agroindustria y la privatización del agua. Esto se debe a que el modelo capitalista en su imbricación patriarcal se caracteriza por la explotación y la dominación de los cuerpos feminizados y el territorio. En el caso chileno, una serie de investigaciones (Bolados y Sánchez, 2017; Giménez, 2017; Soto, Mancilla y Valenzuela, 2014) dan cuenta de los procesos de cuidado y resistencia que las mujeres rurales generan desde la acción organizativa considerando las amenazas de la violencia extractivista, lo cual nos permite considerar esta arista en la discusión sobre el cuidado.

Metodología

La metodología de esta investigación considera las aportaciones de los feminismos descoloniales (Y. Espinosa, 2014; Lugones, 2011; Marcos, 2021) como acercamiento epistémico, ya que reconoce la importancia de producir otras formas de conocimiento que no contengan elementos de violencia epistémica (Arreola, 2022), la cual ha sido sostenida por el pensamiento androcéntrico y eurocentrado blanco y burgués. Ello se debe principalmente a la reproducción del sistema moderno-colonial de género (Lugones, 2011), que en la ciencia solapa las experiencias de quienes denomina subalternas.

Debido a ello, la metodología se configuró desde un acercamiento etnográfico encarnado y colaborativo (Rodó, 2023), que sitúa la corporalidad como el eje principal del análisis sobre el cuidado en las mujeres rurales. La etnografía colaborativa aboga por identificar la pluriversidad de experiencias y de construcción colectiva para el conocimiento (Álvarez, Arribas y Dietz, 2020; Millán, 2014), situando prácticas igualitarias y dialogadas con las protagonistas sociales. En este proceso conjunto de desarrollo metodológico la investigadora sitúa su posición encarnada (Haraway, 1988; Harding, 2010) al reconocer los privilegios y la posición desde donde se vive la experiencia material y subjetiva. Tal proceso deviene en el diálogo y la escucha compartida, ya que como señala Haraway (1988), se conoce el mundo y la realidad desde los procesos y dinámicas que intersectan la vida, aquellas bifurcaciones que hablan del lugar del ser y donde la ciencia se construye produciendo conocimientos situados (Haraway, 1988). A las participantes las hemos llamado protagonistas sociales tanto para visibilizar sus aportes en las familias, el trabajo productivo y los cuidados, como para destacar el lugar que merecen en el proceso de investigación y en los resultados a presentar.

Para ahondar en las experiencias y prácticas de cuidado desde la corporalidad se complementó la técnica de historias de vida (Jelin, 2020) con tres aproximaciones relativas a los estudios del cuerpo, para construir luego con los colectivos de mujeres las técnicas de investigación (Tabla 1). La primera corresponde a las aportaciones de Esteban (2004) sobre los itinerarios corporales, en la cual se identifica la narración de la experiencia del cuerpo como lugar de ruptura cultural y de resistencia. En este sentido, el cuerpo permite comprender las tensiones y conflictos de las estructuras sociales y, al mismo tiempo, caminar de manera íntima en su materialidad. La segunda, corresponde a las contribuciones de Pons y Guerrero (2018) respecto de la corposubjetivación como una forma de aproximarse al mundo tejido de afectos, a la materialidad del cuerpo, a sus emociones y sensaciones que se conjugan con la razón. Este acercamiento destaca los saberes locales mediante técnicas como encuentros afectivos para comprender procesos vitales, collages, observación participante y escritura como una forma de acercarse a la construcción de la identidad. Finalmente, las corpobiografías (Rodríguez y Da Costa, 2019; Rodríguez, Da Costa y Pasero,2021) como construcciones senti-corpo-pensantes que relevan la construcción subjetiva y material de las experiencias vitales.

Tabla 1
Técnicas de investigación
TécnicaDescripciónSesión
Historias de vidaVisibilizando historias de vida: a) Presentación de las mujeres, b) Trabajo sobre fortalezas colectivas, c) Realización árbol de oportunidades.Sesión 1Duración: 4 horas Sector: Olmué y Pullalli
CorpobiografíasLas cartografías corporales permiten vincular la emoción y la sensorialidad como elementos de registro de la memoria en las corporalidades.Sesión 2 Duración: 4 horas Sector: Olmué y Pullalli
Experiencias sensorialesExperiencias sensoriales a partir de las visitas y caminatas en el territorio, respiración consciente y las vinculaciones entre las corporalidades de las mujeres.Sesión 3 Duración: 4 horas Sector: Olmué y Pullalli
Representaciones estéticasLas representaciones estéticas del cuerpo son un mirar hacia adentro y a las relaciones materiales/ subjetivas (Rodríguez & Da Costa, 2019), sobre la cual deviene la memoria en vinculación con la experiencia, lo que genera expresar y dar forma a aquello que se percibe y se siente.Sesión 4 Duración: 4 horas Sector: Olmué y Pullalli
Fuente: Elaboración propia a partir del trabajo de campo realizado el año 2021-2022.

El trabajo de campo etnográfico se desarrolló en el Valle Central de Chile, particularmente, en dos zonas del Valle del Aconcagua, Pullalli y Olmué, durante los años 2021 y 2022. Durante el 2021, se realizaron aproximaciones etnográficas para el reconocimiento territorial y el registro de diversas agrupaciones no formales de mujeres rurales. Ello involucró la técnica de observación participante, visitas al territorio, acompañamiento de las agrupaciones de mujeres en marchas y venta de productos. Durante marzo a julio de 2022 se desarrollaron cuatro sesiones colaborativas de cuatro horas cada una en cada localidad (ocho en total). En cada sesión se utilizó una técnica de investigación distinta y complementaria entre sí (Tabla 1).

La etnografía se concentró en acompañar a dos agrupaciones de mujeres rurales: Mujeres del Agua en Pullalli, quienes se reunieron a partir del despojo del agua y Manos de Mujer en Olmué, organizadas para el desarrollo de su autonomía económica.

El territorio de Pullalli se ubica en la provincia de Petorca y se encuentra caracterizado por la escasez hídrica desde el año 2008. En lo cotidiano, esto significa que hay familias que hacen la vida con 20 litros de agua al día, algunas familias reciben agua a través de camiones aljibes para consumo personal, doméstico, agrícola, etc. En comparación al nivel nacional, el consumo promedio de agua en el año 2016 era de 170 litros diarios por familia (Fragkou, Monsalve, Pereira y Bolados, 2022). Además, el Movimiento de Mujeres de Defensa por el Acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medio Ambiente (MODATIMA) registró el 2014 y el 2018 que las aguas transportadas por los camiones aljibes estaban contaminadas por nitritos.

El segundo eje zonal, Olmué, se caracteriza por el desarrollo de rubros agrícolas para exportación, mercado nacional y agricultura familiar campesina. A partir del Programa de Desarrollo Local (Prodesal) se han incentivados los rubros de frutas, hortalizas, ganado y aves, específicamente, las agrupaciones de mujeres son apoyadas en el desarrollo de rubros artesanales para fortalecer la autonomía económica.

Las participantes de este estudio conforman una muestra de 12 mujeres rurales entre 28 y 68 años, con y sin pareja, con y sin hijos/as. En Pullalli participaron seis mujeres de la agrupación Mujeres del Agua, organizadas colectivamente para evidenciar las tensiones de la escasez hídrica a partir del teatro como forma de denuncia. De la zona de Olmué participaron seis mujeres de la agrupación Manos de Mujer, quienes desarrollan emprendimientos personales apoyadas por Prodesal, cuyo objetivo es generar autonomía económica en las mujeres rurales (Tabla 2).

Las participantes firmaron un Consentimiento Informado antes de decidir participar en esta investigación. Los nombres de las mujeres de la agrupación Manos de Mujer son ficticios para resguardar el anonimato. Las integrantes de Mujeres del Agua decidieron usar sus nombres reales.

Tabla 2
NombreSectorAgrupaciónOficio/trabajoEdadN° y edad hijos/asSituación de pareja
TaniaPullalliMujeres del AguaMonitora recreativa Municipalidad de La Ligua271 (2 años)Conviviente
RaquelPullalliMujeres del AguaDocente básica escuela rural572 (27, 29)Soltera
GabrielaPullalliMujeres del AguaDocente básica escuela rural452 (12, 21)Soltera
MarcelaPullalliMujeres del AguaAgricultura familiar campesina582 (12, 15)Casada
PriscillaPullalliMujeres del AguaAgricultura familiar campesina421 (13 años)Soltera
AlejandraPullalliMujeres del AguaTrabajadora de casa particular423 (2, 5, 19)Conviviente
ManuelaOlmuéManos de MujerElaboración de Café de higos, té, sales y utensilios reciclables532 (22, 25)Divorciada
LorenaOlmuéManos de MujerMedicina cannábica573 (29, 37, 42 años)Conviviente
CelestinaOlmuéManos de MujerRepostería vegana603 (26, 27, 29 años)Separada
JavieraOlmuéManos de MujerVivero (reproducción de plantas)700Soltera
RosarioOlmuéManos de MujerCosmética natural372 (gemelos 17 años)Soltera
JosefaOlmuéManos de MujerArtesanía en madera673 (37, 40, 43 años)Casada
Fuente: Elaboración propia a partir del trabajo de campo realizado el año 2021-2022.

El análisis realizado es de tipo etnográfico, lo que considera en el proceso de investigación el registro de las sesiones y actividades en el diario de campo, la descripción del territorio y las prácticas rurales, la interpretación y análisis con las protagonistas sociales, quienes a partir de sus relatos construyeron sus prácticas y experiencias de la vida cotidiana. Este proceso se sistematizó con apoyo del software Atlas.ti 22. El análisis involucró tres categorías analíticas: cuerpo, territorio y sistema sexo/género, las que abarcaron 28 subcategorías de análisis para observar desde el registro de la vida cotidiana cómo las mujeres identifican el cuidado, la dedicación al trabajo doméstico y el trabajo. A partir del programa Atlas.ti, también se generaron diagramas de sankey y esquemas que dan visibilidad a las co-ocurrencias e interrelaciones entre categorías dentro de los relatos de las mujeres rurales.

Análisis de resultados

Las agrupaciones de mujeres rurales estudiadas no se definen como feministas y, a pesar de tener conflictos internos, relevan el cuidado como eje prioritario. Este artículo recoge los resultados en torno a la dedicación al trabajo de cuidados, doméstico y el trabajo productivo según las distintas técnicas de investigación, las cuales convergen en la movilización de las sensibilidades, considerando el cuerpo como fundamento de la experiencia material y el relato como acompañamiento subjetivo.

Por un lado, es fundamental destacar que el trabajo de cuidados involucra en ellas principalmente el cuidado a sus hijas/os y nietas/os, lo que da cuenta del cuidado intergeneracional que se mantiene y sostiene en espacios rurales. También el cuidado entre mujeres para el desarrollo de rubros productivos, lo que ha permitido subvertir dinámicas de la división sexual del trabajo asociadas a los roles tradicionales de género. Los emprendimientos han generado que las mujeres desarrollen autonomía económica para la sostenibilidad de sus familias y el desarrollo personal, siendo la colectividad un espacio de escucha y ayuda mutua, a pesar de las tensiones que se originan desde la acción colectiva.

De la misma manera, es relevante argumentar que no existe en la ruralidad una definición de espacios que permita reproducir la división que marca la frontera entre lo productivo y reproductivo, al contrario, las labores de las mujeres suceden en una misma dimensión que lleva a observar la elaboración de bienes y servicios desde los hogares. Del mismo modo, el cuidado a lo no humano es un eje central que da a entender la importancia del territorio, los animales, las plantas que se transforman en el sustento de sus vidas cotidianas. De esta manera, el cuidado trasciende la noción de lo humano situando los procesos de interdependencia colectiva para la reproducción de la vida.

Cuidado colectivo y emprendimiento: Manos de Mujer

En el caso de la agrupación Manos de Mujer en el sector de Olmué, el cuidado está asociado a elementos que han llevado a la organización colectiva. Esto significa que, para ellas, el cuidado involucra el apoyo mutuo para el desarrollo de rubros productivos, como artesanías y productos agrícolas. Al respecto, una de las integrantes señala:

Me gusta ayudar a la gente. A la que puedo ayudar, ayudo, me gusta que todas se destaquen, que sea pareja, demostrar que todas puedan salir adelante, eso me gusta, que todas puedan mostrar sus cosas [productos artesanales]. Apoyarlas y estando en una agrupación puedo ayudar más que estando de forma individual (Manuela, Olmué, sesión historias de vida).

El desarrollo de rubros productivos les ha permitido a estas mujeres sortear momentos complejos de sus vidas. La mayoría comenzó a trabajar en emprendimientos luego de separarse, por lo que existe un hito asociado a los roles y estereotipos de género que se vive en relaciones heterosexuales, donde ellas se dedican mayoritariamente al trabajo reproductivo. Como señala Celestina, quien se dedica a la elaboración de repostería y pan vegano, “hacía rato que yo quería trabajar, poner una PYME, algo más individual y personal; en esa época me separé, porque casada no lo podía hacer tanto, y pude desarrollarme como mujer con mi emprendimiento”. La Figura 1 es resultado del análisis cualitativo en el software Atlas.ti, que muestra, mediante un diagrama de sankey, la dedicación de las mujeres de la organización Manos de Mujer al cuidado, el trabajo doméstico y el trabajo productivo.

Figura 1
Diagrama de sankey: dedicación trabajo de cuidados, doméstico y trabajo productivo
Diagrama de sankey: dedicación trabajo de cuidados, doméstico y trabajo productivo
Fuente: Elaboración propia a partir de la codificación de las técnicas de recolección de datos.

El diagrama de sankey retoma las relaciones entre las categorías con mayor densidad relacional dentro del cuidado, el trabajo doméstico y el trabajo productivo, considerando las distintas sesiones, sus objetivos y las técnicas de recolección de datos. Se especifica la importancia del control y la vigilancia sobre el cuerpo entre las integrantes, lo que refleja las heteronormatividades que devienen de las desigualdades del sistema sexo/género en torno a los cuidados, ya que existen impedimentos vinculados al desarrollo de rubros productivos debido al cuidado intergeneracional y al encontrarse en pareja para generar autonomía económica. Javiera relata: “[yo] tenía vivero, lo que pasa es que dejé lo que se llama las matas madres, dejé de producir porque estaba cuidando a mi mamá”. Para Manuela, ser emprendedora significó una forma de romper con las prácticas patriarcales: “yo he vivido como dos etapas, una esclavizada en la casa y otra como emprendedora. Una puede demostrar como emprendedora que puede hacer muchas cosas y ponerse al nivel o incluso superior al hombre”.

Por otro lado, el desarrollo de productos también permite visibilizar una noción del cuidado que se extiende a los seres humanos y no humanos. En el caso de Manuela, la elaboración de té y sales requiere de tiempos y sensorialidades asociadas al cuidado que se observan en el secado de diversas plantas, frutas, flores (Figura 2).

Figura 2
Proceso de cosecha, elaboración y venta
Proceso de cosecha, elaboración y venta
Fuente: Elaboración propia a partir del registro de campo.

Los productos orgánicos agrícolas para la venta requieren del cumplimiento de ciertos requisitos para ser aprobados por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). Para Manuela, como se observa en la Figura 2, el procedimiento implica pensar el cuidado de las huertas para su utilización en sales y variedades de té, lo que considera tiempos de atención y vinculación sensorial y emocional con las hierbas, frutas y frutos.

Son orgánicos porque tanto en la casa de mi mamá, en el cerro y con vecinos recolecto las hierbas; mi papá que tiene plantas, que es agricultor, tiene zanahorias, tomates. Deshidrato todo eso, no tiene insecticida, como vengo de familia de agricultores voy recolectando el tomate, los arándanos, las naranjas. De repente compramos las naranjas, las exprimimos, deshidrato la cáscara y hago el puré que luego queda como una harina. Entonces se puede ocupar todo (Manuela, Olmué, aproximación territorio).

Para la agrupación Manos de Mujer el cuidado colectivo es fortalecido mediante el desarrollo de rubros productivos. Ello considera identificar que el apoyo que se dan las integrantes emana de las experiencias de vida con relación a las violencias que derivan de las jerarquizaciones en base a la diferencia sexual. Las participantes ingresan a la agrupación invitadas por otras integrantes que buscan fortalecer y potenciar su experiencia de vida a través del desarrollo de productos agrícolas y artesanales permitiéndoles generar un ingreso económico, ya que ello les permite un ingreso económico importante para el sostenimiento de sus hogares.

Cuidado de hijos/as y autonomía económica: Manos de Mujer

Para muchas de las integrantes de la agrupación Manos de Mujer de Olmué, tener autonomía económica les ha permitido solventar gastos familiares. Como dice Rosario, lo que la movilizó a ingresar al desarrollo de rubros productivos fue la “economía porque tengo gastos inesperados con mis hijos y necesito un ingreso económico”. La separación y los ingresos económicos han incidido en la división sexual del trabajo dentro de los hogares, autonomía que es tensada por el cuidado de los hijos y la relación que se establece con ellos, ya que existen marcas de procesos emocionales y simbólicos en torno al cuidado. Ante la escasez económica, Lorena dice:

Pasé por un momento muy difícil cuando tuve que entregar a mis hijos en un momento a su papá, para poder sacar adelante al hijo más pequeño mío, me dio mucho dolor, pero los recuperé y siempre están conmigo. En ese momento tuve que sacar fuerzas del estómago, sentía que no tenía fuerzas, sino que me movilizaba la emoción (Lorena, Olmué, sesión representaciones estéticas).

La cartografía corporal (Figura 3), desarrollada en la sesión experiencias sensoriales, permitió que las mujeres pudieran identificar aquellas emociones que surgen a partir de los cuidados. La mayoría de las mujeres de la agrupación Manos de Mujer asoció el cuidado al cuidado entre ellas y al cuidado hacia a sus hijos/as. La siguiente cartografía corporal corresponde a Lorena, quien especificó determinadas emociones en el cuerpo con relación a los cuidados en su experiencia de vida.

Figura 3
Cartografía corporal de Lorena
Cartografía corporal de Lorena
Fuente: Registro sesión experiencias sensoriales.

Por otra parte, los cuidados también generan disputas debido a las sobrecargas emocionales y físicas, ya que, en algunas mujeres mayores, existe un rechazo a la continuidad generacional de seguir cuidando. Al respecto, Josefa dice “he entregado tanto con los gemelos que ya quedé como que no quiero más, déjenme tranquila. Si me visitan mis nietos y mis hijos prefiero que se queden en su casa. Quedé muy cansada” (Josefa, Olmué, sesión sesión representaciones estéticas).

Cuidado de lo común: Mujeres del Agua

La agrupación Mujeres del Agua en Pullalli se ha configurado a partir de las vivencias en torno al despojo del agua. Sus inquietudes con relación a los cuidados no solo llevan a analizar los procesos asociados a las desigualdades de género y el cuidado de otras/os, sino que también demuestran la importancia de las redes de contención y la vinculación del cuerpo con el territorio. La problemática del despojo del agua en Petorca (Figura 4), está marcada por la falencia del Estado para garantizar el acceso al agua a la población, en una zona caracterizada por la incidencia de la industria agroexportadora y la actividad minera. Desde el año 2008, el territorio ha estado catalogado como zona de escasez hídrica, lo que dificulta la sostenibilidad de la vida.

Figura 4
Erosión hídrica Laguna de Pullalli, registro 2022
Erosión hídrica Laguna de Pullalli, registro 2022
Fuente: Registro de la investigadora, acercamiento territorial.

La movilización de las integrantes de Mujeres del Agua se originó a partir de lo que cada una de ellas estaba viviendo en el territorio, comprendiendo el funcionamiento de los afectos en procesos de interdependencia colectica, es decir, el cuidado desde una noción que tensiona la división público/privado y el antropocentrismo, puesto que visibiliza la importancia del resguardo de la vida. Desde una comprensión del cuerpo-territorio que destaca las conexiones porosas entre los seres humanos y no humanos para el bienestar social. Como señala Marcela:

Empecé a ver el asunto del agua en mi casa, en mi vida cotidiana, en la siembra que ya no podíamos sembrar lo mismo de antes, no cosechábamos la cantidad que cosechábamos antes. Entonces empecé a vivir en carne propia lo emocional del río, empecé a ver la carencia del agua, cómo estaba afectando eso no solo en mi vida y en la de mi familia, sino que en la del todo el pueblo y los campesinos y campesinas. Y dije, voy a dar la pelea y voy a dar mi conocimiento de actriz y voy a juntar con el patrimonio y la cultura (Marcela, Pullalli, sesión historias de vida).

La importancia de sostener la vida cotidiana en la ruralidad implica comprender que el agua es un bien común fundamental para la vida. Las amenazas asociadas al despojo del agua y la escasez hídrica han generado una noción de lo común que moviliza acciones y resistencias desde lo que viven los habitantes en sus territorios. Al respecto, Priscilla reflexiona sobre la agrupación: “darme cuenta día a día que va más allá de una, que nosotras somos mujeres que por casualidad se juntaron con una meta en común y todas distintas” (Priscilla, Pullalli, sesión historias de vida).

El ingreso de las mujeres a procesos de acción organizativa involucra identificar las desigualdades de género y las relaciones de poder que se originan desde la heteronormatividad entre hombres y mujeres. Marcela señala que, al casarse, tuvo que transar sus actividades para el cuidado de las/os hijos y el cuidado de las huertas y animales: “Tuve que transformar mi vida. Aprendí a ordeñar vacas, hacer pan amasado, hacer comida, aprendí a ser una mujer del campo, a sembrar porque tenía que ayudarle a mi esposo” (Marcela, Pullalli, sesión historias de vida). Actualmente algunas de las participantes, como Tania, señalan que el acceso a espacios de organización moviliza emociones asociadas a la culpa, debido a que el hombre puede criticarle el tiempo dedicado a la organización: “Lo más expuesto es el sentimiento de culpa, de salir, que una se imagina qué le van a decir, es un peso muy grande. Pero es necesario, vale la pena el esfuerzo y la organización” (Tania, Pullalli, sesión representaciones estéticas).

Figura 5
Cartografía colectiva Mujeres del Agua
Cartografía colectiva Mujeres del Agua
Fuente: Registro sesión representaciones estéticas.

La cartografía grupal (Figura 5) corresponde a una mirada hacia el colectivo, cómo se ven ellas mismas dentro del territorio y en la organización. Al respecto, Raquel especifica que el cuerpo colectivo “lo es todo, unión de diferentes partes, mujeres en este caso, cómo logramos acoplarnos con nuestras individualidades, considerando las diversas experiencias”. Para Tania, quien asistió a las distintas sesiones con su hijo, la caracola o crisálida de la imagen es representación de la contención y del cuidado: “Va a tener que aprender a cuidar su cuerpo también, a cuidar su cabeza, su espíritu, su familia, los animales, las plantas. Y va aprendiendo de a poquito, se nota”.

Los relatos y representaciones de las mujeres dan cuenta de que, un territorio en conflicto socioambiental, moviliza desde la amenaza la acción organizativa desde una noción que amplía el cuidado a lo común. Lo común considera las formas y modos en que las comunidades organizan su gestión de la vida, ante el problema de la escasez hídrica y la privatización del agua. Gabriela explica que organizarse implica “construir cosas, todo lo que yo pueda hacer me gusta compartirlo, no hacerlo sola, es como pensar en el legado” (Gabriela, Pullalli, sesión historias de vida). Al mismo tiempo, la observación y la vivencia que marca la territorialidad, como factor que moviliza nuevas prácticas asociadas a procesos de resistencia en la ruralidad para sostener la vida, da cuenta de la movilización de las emociones, como lo expresa Raquel: “Ver como todo ha ido cambiando, como todo se ha despojado. Como nosotras tenemos la convicción de mantenernos juntas, a pesar de todas las dificultades que hemos tenido. Hacerles clases a los niños ¿qué vamos a dejar?” (Raquel, Pullalli, sesión historias de vida).

Figura 6
El lagarto
El lagarto
Fuente: Registro sesión representaciones estéticas.

La representación de Marcela a partir del lagarto (Figura 6) destaca la capacidad de adaptación que ella ha tenido que desarrollar en un contexto de habitabilidad marcado por la escasez hídrica. El proceso de organización a partir del teatro le ha entregado la posibilidad de mirar lo común y no pensar de manera individual. “[Ellos] están pensando en lo que le conviene a uno y cómo me salvo yo; con nosotras es todo lo contrario, es como, a pesar de todo, somos capaces de crear algo en comunidad y por la comunidad”.

Discusión

Cuidado colectivo: las redes de contención de mujeres rurales

El análisis de los resultados permite dar cuenta de que la movilización del cuidado colectivo entre las mujeres de las distintas agrupaciones, es una forma de sobreponerse a los conflictos y tensiones que devienen de las jerarquizaciones en base a la diferencia sexual en los territorios de Pullalli y Olmué. La baja autonomía económica de las mujeres en la ruralidad (INDAP y PRODEMU, 2017), las desigualdades comparativas a los hombres con relación a la tenencia de la tierra y acceso a bienes comunes (Deere, 2012, 2019; Tinsman, 2009) y la reproducción de los roles y estereotipos de género, no favorecen la redistribución social del cuidado (CEPAL, 2018) en las unidades familiares de territorios rurales.

El fortalecimiento de la colectividad y el apoyo mutuo entre mujeres en la agrupación Manos de Mujer se enmarca en el desarrollo de emprendimientos agrícolas como artesanías, productos orgánicos y manejo de animales menores. Las mujeres rurales accedieron a la organización luego de hitos asociados a la separación y el divorcio, movilizadas por la amenaza de la precarización económica, ya que dependían financieramente de su pareja, lo que muestra el control que ejerce el hombre a través del dinero en la ruralidad. Estos espacios de encuentro en sus casas –Mujeres del Agua– o en la plaza principal para la venta de sus productos –Manos de Mujer– fortalecen las interacciones permitiendo a través de la escucha e intercambio el reconocimiento de sus experiencias de la vida cotidiana.

El cuidado colectivo considera las tensiones que se generan por el cuidado intergeneracional y el cuidado de los hijos/as y nietos/as (Caro, 2017a; Fawaz, Soto y Vallejos, 2015). Existe una sobrecarga emocional y física que es compartida, la cual moviliza desde el apoyo y el acompañamiento la creación de redes de contención. Estas redes de contención permiten redistribuir el cuidado dentro de los hogares, ya que se buscan formas colectivas de ampliar las redes de cuidado sobre todo pensando en los/as hijos/as, se genera un apoyo compartido para la venta y el desarrollo de rubros productivos para generar autonomía económica. Autonomía que en el marco de la ruralidad rompe con el control y la vigilancia sobre el cuerpo de las mujeres.

La agrupación Mujeres del Agua con relación al cuidado colectivo da cuenta de cómo se movilizan los afectos y las emociones cuando se entiende la porosidad de las interrelaciones para la sostenibilidad de la vida en territorios rurales y desde la amenaza de los conflictos socioambientales. Las rupturas que profundizan el despojo son base del patriarcado-capitalismo-colonialismo que sustenta el dominio y el control sobre la naturaleza, proceso que hoy fundamenta un modelo económico en la ruralidad que se teje de violencia extractivista (Bolados y Sánchez, 2017; Giménez, 2017; Soto, Mancilla y Valenzuela, 2014).

El cuidado de lo común en las agrupaciones de Pullalli y Olmué

El cuidado de lo común se moviliza particularmente debido a las características de la territorialidad en Pullalli y Olmué. En el caso de Pullalli, habitar contextos de escasez hídrica amenaza la sostenibilidad de la vida en todas sus formas, lo que afecta el trabajo productivo y reproductivo particularmente de las mujeres. Esto considera las actividades personales vitales y las asociadas al trabajo doméstico como cocinar, hacer el aseo, mantener el baño y la limpieza del hogar. Pero en territorios rurales involucra también el cuidado de animales mayores y pequeños, siembra, cultivo y cosecha que son necesarios para la venta, el intercambio y la seguridad alimentaria de la unidad familiar (Giménez, 2017). Debido a ello, la amenaza ante la carencia de la vida moviliza la resistencia, ya que la privatización de bienes comunes, el despojo y la privatización del agua sitúan lo común en el ámbito del mercado, lo que coacciona el desarrollo de la vida en el territorio. El valor de lo común es otorgado por las mismas comunidades, porque considera lo necesario para el abastecimiento de las familias (Merlinsky, 2017) y, en el marco de Mujeres del Agua, reconoce las dinámicas de despojo que emergen de la imbricación patriarcado-colonialismo-capitalismo.

La vinculación territorial en Petorca y en Olmué dan cuenta de un modelo agroextractivista que ha precarizado los cuerpos feminizados. El control, la apropiación de los bienes comunes provenientes del agua, los bosques y la tierra evidencian la plusvalía que se genera desde los territorios en la imbricación patriarcado-capitalismo. Esto considerando que son las mujeres quienes, por un lado, sostienen el cuidado desde el trabajo reproductivo y no remunerado y, por otro lado, se sostiene una visión liberal de homo economicus (Carrasco, 2013) que tensiona las relaciones de interdependencia colectiva, mirada fundamental del colonialismo. La colonialidad de género permite identificar aquellos aspectos del colonialismo en la ruralidad que han hecho “visible la disolución forzada y crucial de los vínculos de solidaridad práctica entre las víctimas de la dominación y de la explotación” (Lugones, 2021, p. 22).

La defensa de lo común comprende que la noción de interdependencia colectiva considera el funcionamiento de los afectos y las emociones como formas de afectar y verse afectadas (Pons y Guerrero, 2018), proceso que es propio del situar la exposición-vulnerabilidad de la materialidad del cuerpo. Esta experiencia material cuestiona, ¿cómo se hace la vida cotidiana sin agua, elemento central para la vida misma? Los aportes de Cabnal (2010) en torno a la vinculación cuerpo-territorio-tierra y la movilización de la acción son relevantes para entender el tejido que sostiene la vida en la ruralidad. El agua, la madera o el cuidado y crianza de los animales sostienen la materialidad de los cuerpos y visibilizan que, en la ruralidad, el modelo colonial-patriarcal-capitalista de control y dominio sobre el territorio organiza también la naturaleza y la vida de estas mujeres (Navarro y Gutiérrez, 2018). Tal como señala Merlinsky (2017), lo común es finalmente lo que se protege y lo que se valora fuera de las relaciones mercantiles.

En ambas agrupaciones de mujeres rurales se registra, desde el relato, que la noción liberal de homo economicus, autosuficiente y racional, tensa el trabajo reproductivo de las mujeres (Carrasco, 2013). No permite visibilizar y garantizar la reproducción material de la vida, emocional, afectiva y simbólica (Navarro y Gutiérrez, 2018). La interdependencia colectiva da cuenta de las lógicas de despojo y de cómo se entrelazan las hebras que permiten desarrollar la vida común. Por ejemplo, la agrupación Manos de Mujer utiliza para el desarrollo de sus productos orgánicos terrenos y lugares que no son solo los propios, también se acude al cerro y a la casa de familiares para recolectar. Mujeres del Agua denuncia a partir del teatro la escasez hídrica que destaca la preocupación por las generaciones futuras y el territorio.

Trabajo reproductivo: factor tiempo y emoción

Las discusiones en torno al trabajo reproductivo y productivo de las mujeres rurales sitúan una problemática importante: gran parte de las labores y actividades que realizan las mujeres en el campo no se ajustan a la división tradicional doméstico/privado versus productivo/público (CLASCO y ONU, 2022). En ambas agrupaciones de mujeres que habitan territorios rurales se identifica, como especifican de Pablo, Capobianco y Uribe (2017) en el estudio realizado en América Latina, que la mujer rural es “productora por cuenta propia (agri-cultura, alimentos, producción no agrícola), como trabajadora agrícola (mayoritariamente temporal) y rural no agrícola (comercio y servicios), y en tareas domésticas y productivas (cuidado de la huerta, del ganado, etc.) no remuneradas” (p.141).

En el caso de las mujeres rurales, la separación de ámbitos productivo y reproductivo refuerza su invisibilidad histórica, pues la dicotomía presencia-ausencia (Cubillos, 2015; Kirkwood, 1986; Rodríguez y Muñoz, 2015) no permite visibilizar la producción de bienes y servicios que generan las mujeres en la ruralidad. Como especifica Comerci (2013), existen dos espacios comprendidos socialmente como femeninos en la ruralidad: la casa y el área que la rodea. Por tanto, el trabajo reproductivo y productivo de las mujeres rurales es indivisible, la recolección de combustibles como madera y el traslado del agua está asociada a prácticas de cuidados concretas, la crianza de animales menores y mayores, el tiempo dedicado a la siembra, el cultivo y la cosecha para el desarrollo de rubros productivos y el consumo de alimentos en el hogar, la elaboración de matas madres, el resguardo de las semillas, el deshidratado y secado de plantas, involucran una atención y cuidado respecto de lo humano y lo no humano para la sostenibilidad de la vida.

Conclusiones

A partir de lo analizado en este artículo, las agrupaciones de mujeres rurales en Pullalli y Olmué, en el Valle del Aconcagua, Valle Central de Chile, visibilizan el trabajo de cuidado histórico que las mujeres continúan realizando en territorios rurales. En este sentido, el cuidado considera la relación indivisible entre las esferas productivas y reproductivas, donde existe una noción del cuerpo-territorio que da cuenta de las porosas relaciones entre lo humano y lo no humano. Ello genera que las mujeres otorguen tiempos y dedicaciones sensoriales y emocionales que no solo están asociadas al cuidado de los hijos/hijas o al cuidado intergeneracional, sino también a la atención y cuidados que requieren desde una noción de la interdependencia colectiva el sostenimiento de huertas, la crianza de animales menores y mayores, el cuidado del agua y la tierra que se transforman en el sustento de la vida cotidiana.

Desde allí es fundamental constatar que las laborales agrarias implican cuidados de los bienes comunes y los activos que permiten la reproducción de la vida y el desarrollo de rubros productivos para la autonomía económica. Debido a ello, la amenaza de lo común bajo la lógica de la apropiación y el despojo observada desde la imbricación capitalismo-colonialismo-patriarcado, permite analizar que las mujeres generan redes de contención para el cuidado colectivo y el cuidado de lo común. A pesar de las diferencias y conflictos que puedan tener, los factores asociados al despojo y la privatización del agua, la pérdida de la autonomía económica y la coacción ante el desarrollo de la vida en territorios rurales, movilizan la acción de estas mujeres.

Resulta relevante situar la importancia de un desplazamiento teórico que invita a comprender el cuidado como una apuesta que observa la vida y no el capital (Carrasco, 2013), que se centra en lo común y no en lo individual. Existe en el cuidado una dimensión de resistencia que dialoga y es tensada por el cuidado colectivo como una forma de supervivencia. En el contexto de escasez hídrica y de agricultura familiar campesina, el cuidado que realizan las mujeres rurales involucra, por un lado, la gestión y la sostenibilidad de la vida, lo que destaca el espacio material de la corporalidad y, por otro, aspectos intangibles que hablan del funcionamiento de las emociones y los afectos (Pérez, 2015). Debido a ello, el desarrollo de rubros productivos y su apoyo entre mujeres permiten dar cuenta de las tensiones de la división sexual del trabajo sustentada en roles de género, permitiendo la autonomía económica como una forma de tensar el control y la vigilancia sobre el cuerpo de las mujeres en las relaciones heterosexuales. Para la agrupación Manos de Mujer, la construcción de colectividad ha permitido una redistribución del cuidado dentro de los hogares a partir de sus desarrollos personales.

Finalmente, este artículo ha presentado una propuesta teórico-metodológica que permite visibilizar las distintas actividades de la vida diaria que realizan las mujeres rurales desde sus prácticas y experiencias. Ante las falencias para medir acuciosamente tiempo y trabajo, esta data es valiosa para visibilizar la contribución de las mujeres rurales y sus estrategias para sostener la vida, las cuales se encuentran mediadas por la noción de lo común. Ante la ausencia del registro del trabajo de las mujeres rurales en la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT, 2015, 2024) y otras métricas a nivel nacional, instamos a visibilizar el trabajo no remunerado y remunerado de las mujeres rurales, ya que su ausencia refleja la reproducción de relaciones de poder interseccionales y la marginación de los aportes de estas mujeres a la economía.

Agradecimientos

Agradecemos a las protagonistas sociales por compartir sus prácticas y experiencias, permitiendo esta investigación. Este artículo fue financiado por ANID/ANILLO/ATE220051 y ANID Fondecyt Postdoctoral N°3240160.

Roles de Colaboración

Administración del proyectoFrancisca Rodó
Análisis formalFrancisca Rodó Rosario Undurraga
ConceptualizaciónFrancisca Rodó
Curaduría de datosFrancisca Rodó
Escritura - revisión y ediciónFrancisca Rodó Rosario Undurraga
InvestigaciónFrancisca Rodó
MetodologíaFrancisca Rodó Rosario Undurraga
Redacción - borrador originalFrancisca Rodó Rosario Undurraga
SoftwareFrancisca Rodó
SupervisiónRosario Undurraga
VisualizaciónFrancisca Rodó Rosario Undurraga
RevisionesRosario Undurraga Francisca Rodó

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