Artículos
Las Capas de la Cebolla. Dinámicas de las redes socio técnicas a partir de la reorientación de la calidad
The Onion´s Layers. Dynamics of socio-technical networks from the reorientation of quality
Las Capas de la Cebolla. Dinámicas de las redes socio técnicas a partir de la reorientación de la calidad
Mundo Agrario, vol. 26, núm. 62, e288, 2025
Universidad Nacional de La Plata

Recepción: 23 Febrero 2024
Aprobación: 19 Diciembre 2024
Publicación: 01 Agosto 2025
Resumen: El estudio expone la incidencia que la reconfiguración de la calidad tiene no solo en los procesos productivos, sino también cómo moldea los entramados sociales y su correlato con las políticas públicas. El enfoque sociotécnico elegido y su triangulación teórica con los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad y de Aprendizaje, aporta un poder analítico que pone de relieve un nuevo ámbito “calidad – tecnología”. La parte empírica se centró en la actividad cebollera del Valle Bonaerense del Río Colorado, al sur de la provincia de Buenos Aires (Argentina). La perspectiva permitió explorar los procesos de negociación entre prácticas, tecnologías y calidad, en una trayectoria desde los años 80 hasta la actualidad, que fue modelando espacios de aprendizaje e instituciones y generando una dinámica que se reforzó continuamente; reveló, además, elementos para entender cómo las redes pueden alterar aspectos del sistema productivo y constituirse en un insumo para pensar políticas públicas.
Palabras clave: Calidad, Trayectoria sociotécnica, Redes, Aprendizajes, Buenas prácticas agrícolas.
Abstract: The study reveals the impact that the reconfiguration of quality has not only on production processes, but also, on how it shapes social frameworks which, in turn, persuade public policies. The socio-technical approach and its theoretical triangulation with the studies of Science, Technology and Society and Learning, provides an analytical power that highlights a new “quality – technology” area. The empirical part, focused on the onion production activity of the Colorado River’s Valley, located south of the province of Buenos Aires (Argentina). The perspective allowed us to explore the negotiation processes between practices, technologies and quality, in a trajectory that spreads from the 80s to the present, which modeled learning spaces and institutions and generated a dynamic that was continually reinforced; it also revealed elements to understand how networks can alter aspects of the productive system and become a factor towards the development of public policies.
Keywords: Quality, Socio-technical trajectory, Networks, Learning, Good agricultural practices.
Introducción
El sistema agroalimentario argentino ha sobrevenido, en las últimas décadas, presurosas e innovadoras transformaciones. Una mayor conciencia de los consumidores, a nivel mundial, ha forzado cambios en los procesos productivos que exigen reenfocar la atención, entre otros, en la preservación del medio ambiente y en el bienestar de los trabajadores. Estos conceptos, que hasta no hace mucho se limitaban a consignas declamatorias, hoy se materializan en complejos atributos, normas y estándares de calidad que son rigurosamente auditados de manera conjunta tanto por la industria privada como por los Estados.
Existen, no obstante, aspectos clave de estas transformaciones a los que todavía no se les ha prestado la debida atención. La creación de nuevos estándares de calidad, tanto en el ámbito privado como público, requiere de mayor profundización a efectos de comprender cómo cambian las tecnologías y las prácticas en un contexto dinámico.
Este trabajo propone “pelar una a una las capas de esa cebolla”, ahondando en sus consecuencias más profundas y quizás menos evidentes como, por ejemplo: ¿cuáles son las redes sociales que se construyen a partir de las distintas demandas de calidad?; ¿cuáles son los efectos sobre la sustentabilidad de la actividad en su conjunto?; ¿cómo los procesos productivos y de comercialización reconfiguran los entramados sociales y generan corrientes migratorias que moldean regiones enteras?
Diferentes autores (Busch, 2000; Reardon et al., 2001; Zylbersztajn y Scare, 2003; Loconto, Poisot y Santacoloma, 2016) advierten y analizan la evolución del concepto de calidad destacando que ya excede al contralor de los atributos tradicionales de sanidad y calidad comercial, para caracterizar hoy estándares más exigentes y abstractos, cuya identificación y medición resulta más compleja. En particular, la irrupción de nuevos mandatos que requieren preservar la sustentabilidad ambiental y el bienestar social modificaron los requisitos mínimos a ser cumplidos en el proceso de producción. Las normativas denominadas Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) buscaron poner luz sobre estos atributos integrando los ámbitos técnico, social y ambiental.
La adaptación a estas nuevas nociones de calidad, sin embargo, no resulta sencilla y trasciende a la mera definición y reglamentación de parámetros ya que exige articular complicados procesos que involucran a la tecnología, a las prácticas, a los actores, los aprendizajes, las instituciones y los estándares de calidad; complejidades todas que este estudio se propone explorar.
Enfoques teóricos como los Estudios de Cadena de Valor Global (CVG) permitieron comprender las adaptaciones de los sistemas de comercialización tradicional ante los nuevos estándares de calidad. El surgimiento de la normativa GlobalGap1 como caso emblemático de estas transformaciones, e impulsadas por las grandes cadenas de supermercados europeos, marcó una profundización en la complejidad de los intercambios comerciales (Humphrey, 2008). Estos análisis, no obstante, tendieron a centrarse en las transacciones, en los mercados o en las firmas globales, con una mirada de alguna manera restringida a la economía, soslayando así otras dimensiones relevantes como las sociales, técnicas, políticas y cognitivas que necesariamente debían ser integradas. Este artículo busca analizar los procesos que permiten promover los aprendizajes necesarios para lograr la adopción de estas nuevas nociones de calidad y atender, de manera más acabada, a los mercados.
El acercamiento de los estudios de CVG con la literatura de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) en sus variadas ramificaciones y terminologías, aporta una visión de los estándares que ofrece “un punto de entrada útil para analizar y comprender el mundo social y material” (Bain, Ransom & Higgins, 2013; Loconto, 2010; Borgen, 2021).
A partir del “análisis sociotécnico”, el presente trabajo pondrá de relieve el ámbito de la calidad y de la tecnología que tradicionalmente se abordaba por separado. La noción de redes sociotécnicas, en particular, será el instrumental “sociotécnico” desde una triangulación teórica con conceptos provenientes de los estudios de CTS y algunas perspectivas de aprendizaje.
La línea argumental busca exponer la incidencia que la reconfiguración de la calidad en los ámbitos nacional e internacional tiene, no solo en los procesos productivos y de comercialización, sino también cómo moldea los entramados sociales y su correlato con las políticas y regulaciones públicas.
Para analizar este problema, nos enfocamos en la actividad cebollera en el Valle Bonaerense del Río Colorado (VBRC), ubicado en el extremo sur de la provincia de Buenos Aires (Argentina), y que forma parte de la Región Protegida Patagónica. La sencillez del producto, un órgano vegetativo comercial, contrasta con la complejidad de los entramados técnicos, sociales, ambientales y regulatorios que su producción y comercialización exige. Como muchos otros productos frescos, la producción de cebolla se encuentra tensionada por una dicotomía calidad-cantidad que adquiere mayor sensibilidad por los riesgos a la seguridad alimentaria. La zona del VBRC posee condiciones agroecológicas privilegiadas para la producción de cebollas, con una potencialidad que supera en mucho la demanda del mercado interno. El superávit comercial generado hacia fines de la década del 80 incentivó la inserción del producto en los mercados globales y, con ello, la adaptación del valle a los nuevos, y más complejos, requerimientos de calidad. Aun así, esta inserción enfrentó dificultades a través de los años que revelaron vulnerabilidades de la actividad.
El artículo ofrece una reflexión sobre esa trayectoria reconstruyendo el proceso histórico que transformó a la cebolla en un cultivo referente, que posicionó al VBRC como la principal zona productora y exportadora de cebolla fresca del país, pero que finalmente reflejó una cierta incapacidad de adaptación a la inestabilidad de los mercados externos que la arrastraron a una pérdida de calidad específica. Busca profundizar en este sentido, sobre cómo se articularon las nociones de calidad con las redes sociotécnicas construidas por los productores, qué papel tuvo la política de promoción del sector y cómo sus marchas y contramarchas nos ayudan a repensar nuevas políticas. Desde un punto de vista analítico, el artículo busca contribuir a la comprensión de fenómenos complejos de desarrollo agrícola tecnológico en el que intervienen distintas instituciones, actores y capacidades.
La presentación está organizada en cuatro secciones. En la primera se expone la mirada teórica-metodológica del estudio. La segunda describe la trayectoria de la actividad cebollera en el VBRC que permitirá, ya en la tercera, ahondar sobre la controversia “cantidad – calidad”, los aprendizajes que se sucedieron y el efecto de la intervención del Estado bajo un contexto de tensión y reconfiguración de las redes sociotécnicas. En la cuarta sección se examinarán estas redes como espacio de producción, de intervención estatal y de aprendizaje para analizar cómo las políticas se configuraron en relación con las redes y qué efectos tuvieron. Como cierre, las reflexiones finales expondrán los elementos de las reconfiguraciones de las redes identificados como más críticos, sus vulnerabilidades y los aprendizajes en relación con los objetivos del estudio, dejando planteados nuevos interrogantes.
1. Más allá de la gobernanza
En los estudios de CVG, la coordinación entre actores y sus formas de organización resulta clave para la comprensión de los cambios que enfrenta una cadena y, en particular, de los desafíos de incorporar nuevas preocupaciones, como las cuestiones sociales y ambientales. La noción de gobernanza es la categoría principal de este enfoque para explicar cómo se puede mantener el control y poder económico en un contexto de “desintegración de la cadena global” dado por actividades dispersas internacionalmente (Gereffi, 2001). Numerosos trabajos analizaron la fuerte influencia de la normativa GlobalGap en las cadenas productivas (Dolan & Humphrey, 2002; Humphrey, 2008; Bain, 2010; Ghezán, Cendón y Castro, 2010). Este tipo de análisis se centra en las relaciones entre compradores y proveedores que trascienden las fronteras nacionales y el movimiento de un bien desde el productor al consumidor, poniendo de relieve los flujos de recursos materiales, financieros, de conocimiento e información que existen entre ellos.
Gereffi & Korzeniewicz (1994), al analizar las estructuras de gobernanza, proponen una distinción entre las cadenas “impulsadas por el proveedor” y aquellas “impulsadas por el comprador”. En línea con estos autores, numerosas investigaciones comparten sus conclusiones y destacan la influencia de estas últimas en los actuales cambios de la economía global. Mientras que, en las primeras, los productores controlan procesos de producción intensivos en capital y tecnológicamente complejos (por ejemplo, el sector de electrónica, automóviles y de aviones); las “impulsadas por el comprador” se caracterizan por pocas barreras de entrada a la producción, aunque subordinadas a las “empresas líderes” quienes controlan el diseño y comercialización (Dolan & Humphrey, 2002; Ponte & Gibbon, 2005).
Los estándares de calidad son tratados desde este enfoque como elementos de gobernanza que definen patrones comerciales para reducir costos, riesgos y variabilidad de los flujos de intercambio y atender las crecientes presiones para que se cumplan con las normas laborales, medioambientales y de seguridad y calidad de los productos.
La noción de gobernanza, en consecuencia, puede ser expresada en términos de “cómo algunas empresas de la cadena establecen y/o aplican los parámetros bajo los cuales otras operan en esa cadena” (Humphrey & Schmitz, 2002). Por su parte, Ponte & Gibbon (2005) formulan esta noción como “…un proceso de organización de actividades con el fin de lograr una cierta división funcional del trabajo a lo largo de la cadena, lo que da como resultado asignaciones específicas de recursos y distribuciones de ganancias”. Y agregan que “las reglas y condiciones de participación [en una cadena] son los mecanismos operativos clave de la gobernanza” (p. 3). Es decir que para estos autores la gobernanza define, de alguna manera, los términos que exige la membresía específica para cada eslabón de la cadena y, en base a ello, incorpora o excluye actores a los que se le asignan aquellas actividades que, aun aportando valor agregado, las empresas líderes no desean asumir.
Dolan & Humphrey (2002) aplican este concepto a la comercialización de hortalizas frescas entre países de África y el Reino Unido, y en particular bajo la exigencia de la normativa GlobalGap. En su reconocido estudio, exponen el cambio en el sistema tradicional de comercialización hacia una cadena más integrada con nuevas relaciones de poder y liderazgo.
Aun cuando las grandes cadenas de supermercados europeas, como empresas líderes de la CVG, han impuesto la normativa GlobalGap a la actividad cebollera del VBRC, estos estudios no abordan el enorme impacto que la reorientación de la calidad tiene en los pliegues más sensibles del entramado social, que superan el ámbito de la comercialización de la cebolla para finalmente incidir tanto en la sustentabilidad del medio ambiente como así también en toda la actividad del valle.
Este trabajo pretende contestar algunas preguntas que estos enfoques mantienen sin responder y que fundamentalmente interrogan sobre cómo las diferentes configuraciones de actores, objetos y prácticas fueron modificando la relación entre calidad y cultivo, tecnología y cultivo, instituciones y sus regulaciones; y cómo la dimensión de aprendizaje influye en la propia noción de calidad y competitividad.
Los numerosos casos empíricos del enfoque de CVG han aportado un mayor conocimiento de las estructuras de gobernanza y su rol como integradoras de ciertas producciones en los mercados de exportación, institucionalizando patrones y normas que induzcan una reducción de los costos y riesgos, como así también las posibles inconsistencias de los flujos comerciales, potenciando con ello la obtención de ventajas competitivas. Sin embargo, existen todavía aspectos sociales, tecnológicos y cognitivos que han sido insuficientemente analizados y que juegan un papel relevante en los procesos de transformación de la calidad en el ámbito local.
Este artículo se propone explicar las particulares configuraciones como resultado de una compleja dinámica entre un gran número de actores, objetos y prácticas; además de aportar una visión de realidades inseparables que constantemente se construyen y reconstruyen mutuamente y se expresan en términos de “co-construcción”.
Para ello, utilizamos un enfoque sociotécnico. En particular, nos basamos en la noción de redes sociotécnicas propuesto originalmente por Callon (1992; véase también Thomas et al. —2008— para una adaptación del concepto). Las redes sociotécnicas son articulaciones de actores sociales, tecnologías e incluso elementos naturales como semillas, el suelo, etc. Esta articulación depende de procesos de traducción de intereses y movilización de aliados y recursos. Las redes sociotécnicas son contingentes, y por lo tanto, los actores, instituciones, materiales y tecnologías que forman parte de esta en cada fase de nuestra investigación varían en respuesta a los diferentes desafíos de la construcción de la calidad. El abordaje de los procesos de aprendizaje a partir de la perspectiva económica (especialmente de Lundvall, 1988) y del enfoque social (Wenger, 1998) añade una capa más al análisis, buscando contribuir a una mayor comprensión de la coconstrucción de las redes. La primera, la perspectiva económica, pone el foco en la interacción entre los diferentes actores y los nuevos vínculos; por su lado, y tratando de complementar las limitaciones de los conceptos tradicionales de aprendizaje (learning by doing, by using y by interacting), el enfoque social de Wenger incorpora una visión de los procesos de subjetivación y construcción de comunidades de práctica que articulan el aprendizaje.
Para esta aproximación sociotécnica se diseñó un modelo de investigación que se sustentó, por un lado, en cuatro ejes temáticos necesarios para caracterizar el caso de estudio y que actuaron, a su vez, como elementos sociotécnicos para abordar los procesos de configuración de la calidad. Estos son: i) la gestión del agua por desarrollarse la cebolla en un valle irrigado y ser el cultivo de mayor demanda de agua; ii) los aspectos de este cultivo intensivo y la postcosecha; iii) la estructura socioproductiva de la actividad cebollera; iv) la dinámica del mercado. Por otro lado, se reconstruyó la trayectoria productivo-comercial de la actividad cebollera en el valle en tres etapas distintivas (desde 1980 hasta la actualidad) que permitieron interpretar los cambios sociotécnicos a partir de la reorientación de la calidad.
En este artículo, el análisis de las redes consideró a un grupo de actores (productores agropecuarios, cebolleros, empacadores, exportadores, técnicos, hacedores de política y técnicos de instituciones involucradas), objetos, prácticas y regulaciones comerciales involucrados en la actividad cebollera del VBRC y que se irán presentando durante el desarrollo de la trayectoria.
La noción de calidad es central para nuestro análisis. Sin embargo, más que partir de una noción cristalizada, este trabajo busca analizar su proceso de coconstrucción de la calidad a lo largo de las diferentes etapas de la actividad cebollera que analizamos. Autores como Busch (2000); Reardon et al. (2001); Zylbersztajn & Scare (2003); Loconto et al. (2016); entre otros, permiten concluir a través de aproximaciones distintas, que el concepto de calidad ha mutado desde los atributos que hacen a la sanidad y calidad comercial del producto, hacia uno más abarcativo y complejo que incorpora atributos del ámbito ambiental y social en la esfera de la transacción. El estudio adoptará los términos calidad tradicional o calidad intrínseca para referirse a atributos propios del producto que hacen a su sanidad y calidad comercial y que son controlados bajo inspecciones visuales (limpieza, tamaño, color, entre otros). Los nuevos conceptos de calidad, por otro lado, incluyen además a los requerimientos para preservar la sustentabilidad ambiental y el bienestar social cuya identificación y medición resulta más compleja.
Por su parte, la alusión al mercado externo refiere, fundamentalmente, a Brasil y Europa, por ser nuestros principales compradores de cebolla.
Finalmente, este trabajo formó parte de una tesis doctoral y sus datos históricos fueron recabados entre los años 2011 al 2022 a través de entrevistas en profundidad y la observación participante (Chimeno, 2022).
2. Trayectoria de la actividad cebollera del VBRC
En esta sección se presenta la historia del proceso de reorientación de la calidad que transitó la actividad cebollera del VBRC. El estudio de esta trayectoria permite comprender cómo la introducción de nuevas exigencias de calidad requirió el establecimiento de nuevos vínculos entre actores, la adaptación de nuevas prácticas y mejoras tecnológicas y cómo impactó, a su vez, en las relaciones organizacionales e institucionales. Finalmente, el análisis permite identificar las causas por las cuales ciertas redes sociotécnicas no lograron adaptarse a la fluctuación de las demandas de calidad tornándose insustentables.
La primera etapa (1980-1989). “El Inicio”
Como parte de una gran cuenca estructurada por el Río Colorado, el VBRC nació como área de riego bajo el impulso de la iniciativa privada en los primeros años del siglo XX. La creación de la Corporación de Fomento del Valle Bonaerense del Río Colorado (Corfo), en 1960, marca el comienzo de una dinámica institucional encaminada al desarrollo regional integral en base a la utilización del recurso agua. A partir de la década de 1980, la cebolla se vislumbra como un componente estratégico en una rotación de cultivos que comprende actividades extensivas e intensivas para generar un mejor aprovechamiento del agua y giro del capital, y que se consideraba capaz de articular un programa agroindustrial. Sin embargo, las favorables condiciones naturales para este cultivo y las posibilidades de incorporar y sistematizar nuevas tierras bajo riego encontraron su techo debido a las limitaciones del mercado interno. Esta restricción promueve en los actores la necesidad de abrir el VBRC a los mercados externos y la consecuente adaptación del cultivo, a distintos requerimientos de calidad. Es así como un grupo de cinco productores-empacadores se colocó en la posición de expresar el problema y definir la solución. Contaban con la capacidad para canalizar la oferta exigida por los nuevos mercados y responder a los distintos desafíos y exigencias: tenían el galpón, la visión y la voluntad de conquistarlos y la idoneidad para interpretar y responder a los requerimientos del exportador. Junto a los productores sin galpón, se los llamará corrientemente como “productores criollos” para diferenciarlos luego de aquellos provenientes de la corriente migratoria que se instalará en el valle. Estos lazos promovieron, en esta etapa, la creación de la Asociación de Productores de Cebolla (APROC), exclusiva para la actividad cebollera.
La articulación de los productores-empacadores con la empresa exportadora “Expofrut” tendrá un rol clave en la apertura al comercio de Europa. Algunos testimonios sobre las primeras exportaciones recogen ciertas acciones, negociaciones y alianzas que movilizaron la construcción de la red:
Junto con el Sr. Oliver llegamos a un acuerdo con el gerente de Expofrut. El compromiso fueron 2.500 cajas y 2.500 bolsas de 20 kg a U$S 5,50 por cajón y teníamos que hacernos cargo de construirlo. Hicimos esa exportación, las bolsas y los cajones fueron en la cubierta del barco sobre un pallet y dos pallets, tipo 'sandwiches', tapados con nylon. Esa cebolla llegó de diez”. Al año siguiente Sensini y Oliver firmaron un nuevo contrato. “El acuerdo fue por 150.000 bolsas, teníamos que hacer 2.000 bolsas por día, pero nuestra máquina hacía 600/700 bolsas. Estuvimos más de dos semanas por Santiago del Estero, Mendoza, INTA La Consulta, al fin encontramos la máquina en Concordia”. “Después exportamos en bodega con jaulines, un esqueleto de madera de 1.20 m. Al tercer año, el jaulín quedó de 0.60 m de alto y se superponían dos jaulines atados. Se hicieron miles de pruebas, porque llegar a Europa no es fácil, hay muchas cosas para tener en cuenta, la humedad, la temperatura y la conservación en general. (Alberto Sensini, productor y empacador de cebolla. III Fiesta Regional de la Cebolla, 2009)
Del testimonio se desprende el rol de las tareas del galpón de empaque para garantizar que la calidad del producto perecedero, seleccionado y acondicionado llegara a destino en las óptimas condiciones necesarias para soportar un transporte de varias semanas. El vínculo de los productores-empacadores con la firma exportadora “Expofrut” permitió traducir el mercado europeo y reorientar la calidad en esta etapa.
Estas primeras experiencias de exportación fueron instancias de adecuación de los procesos a los requerimientos de los mercados y, al mismo tiempo, de desarrollo de nuevas capacidades comerciales. Es la primera que impone un ajuste en la calidad a la que se estaba dando en el valle.
La segunda etapa (1990-1999). “El Despegue”
Durante la segunda etapa se produce un proceso de expansión de la actividad cebollera en el VBRC. Bajo diferentes modalidades, los comercializadores del mercado de Europa y de Brasil se disputaban el producto. Los primeros, por las exigencias que imponía la contraestación, le otorgaban al valle el ansiado impulso agroindustrial, incentivando la fase de empaque para una mejor presentación del producto. Los importadores brasileños, por su parte, irrumpieron como nuevo comprador, con un nivel de importación que se reflejó en el crecimiento de superficie y producción, con tasas anuales en torno al 40 y 50 %, alcanzando picos de más del 60 % (Figura 1).

Este doble flujo comercial externo puso en tensión a todo el valle y las redes hasta entonces construidas. La demanda laboral que emergió a partir de esta expansión movilizó una corriente migratoria, proveniente principalmente de Bolivia, que cambió la estructura socioproductiva y provocó un drástico cambio en la actividad que incluyó a los actores, el cultivo, las prácticas y tecnologías, con nuevos vínculos y modos de financiar el proceso productivo de mayor requerimiento del valle.
Los trabajadores temporarios o golondrinas se alojaban al principio en los establecimientos rurales, luego de un tiempo comenzaron a trasladarse a los pueblos, dando origen a un cambio de asalariados o medieros al surgimiento de la figura del “cebollero” que, aún sin ser dueño de la tierra, será quien siembre una o dos hectáreas, llegando en algunos casos hasta seis, siendo partícipe de las decisiones, haciéndose cargo de la conducción del ciclo productivo y de la incorporación de innovaciones tecnológicas.
La necesidad de rotación de lotes para evitar enfermedades en la cebolla hizo del arrendamiento la modalidad de producción predominante, estableciéndose un vínculo estrecho entre el cebollero y el propietario de la tierra al que se agregarán las empresas de nivelación para la preparación del terreno. La figura del “cuadrillero”, por su parte, surgió para la coordinación de la mano de obra facilitando el reclutamiento, la movilización y el control de la fuerza de trabajo, especialmente para la cosecha y poscosecha a campo. Estos nuevos vínculos y los lazos boliviano-brasileño para la producción y comercialización, constituyeron las principales expresiones de esta nueva dinámica y reconfiguración de las alianzas y redes que impactaron severamente en los entramados sociales del valle.
En esta etapa, el concepto de calidad entró en conflicto con el de cantidad, y la expansión de la actividad cebollera se convirtió en un “espacio de controversia” ante la necesidad de adaptar los sistemas de producción a estos dos conceptos para atender a los diferentes mercados. Por una parte, estaban los productores empacadores que continuaban con la experiencia de exportación al mercado europeo privilegiando alianzas en pos de procesos de construcción de calidad. Por otra parte, las alianzas surgidas a partir de la aparición del comprador brasileño movilizaron grandes volúmenes, saltearon la fase de empaque y adquirieron el producto directamente desde el campo, lo que implicaba un deterioro en la calidad de los atributos básicos de sanidad y comercial. Esto dio inicio a un debate que giró sobre las alternativas de por dónde debía salir la cebolla hacia el mercado externo y, más en general, en el modo de organizar la actividad comercial cebollera que culminó con la creación del Programa de certificación de cebollas para exportación.
La tercera etapa (2000 a la actualidad). “El Programa de certificación de cebolla para exportación”
A partir del año 2000 se produce un reordenamiento de las actividades del valle que culminó con el Programa para conformar un concepto de calidad certificada, confiriéndoles un incipiente carácter institucional. Las exigencias del Programa obligaron a que la cebolla con destino a la exportación pase por un galpón de empaque en un proceso de clasificación y selección que garantizaba parámetros de “calidad tradicional” acordes a las reglamentaciones convenidas con los países destino; se evolucionó, además, mediante la aplicación de cambios en la estructura socioproductiva del valle a través de algunas medidas concretas: i) la instalación de una delegación del Senasa; ii) la entrada de la Fundación Barrera Zoofitosanitaria Patagónica2 (Funbapa) para su coordinación; iii) el aumento del número de galpones que promovió una fuerte presencia de empacadores brasileños cuyo protagonismo en el valle, suscitó una nueva tensión con los actores locales (Tabla 1).

El requerimiento de GlobalGap en esta etapa representó un nuevo concepto de calidad que, por primera vez, introdujo en la comercialización aspectos ambientales y sociales. La realización de proyectos piloto, como iniciativa de las instituciones del valle y con marcado protagonismo del Programa, permitió la adaptación de la normativa exigida por las grandes cadenas de supermercados de Europa.
A partir de esta experiencia, el Estado a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación (SAGPyA), por medio del Programa de Calidad de los Alimentos Argentinos (PROCAL), impulsó un reordenamiento más amplio, que incluyó al mercado interno y ajustó las normas de trabajo y medio ambiente para la actividad cebollera, integrando así los requerimientos de carácter voluntario a los obligatorios, bajo un sistema de trazabilidad.
Este conjunto de iniciativas pretendió ordenar, regular y canalizar los nuevos requerimientos para conformar un concepto de calidad nacional que se adapte a las realidades y exigencias de los mercados. Sin embargo, la conflictividad generada por estos ajustes repercutió en la reconfiguración de las redes sociotécnicas.
En resumen, las tres etapas que se analizaron muestran las idas y venidas de la actividad cebollera del VBRC en su relación con la calidad. La primera etapa (1980-1990) describió el inicio de esta actividad en el valle, orientada al mercado interno donde el concepto de calidad no era particularmente relevante, ya que las exigencias eran mínimas y la preocupación se centraba en la realización de pruebas piloto de un producto perecedero que permitiera ajustar las condiciones de embarque para que la cebolla llegara en las mejores condiciones al exterior. La segunda etapa de análisis (1990-1999) caracterizó el despliegue de la actividad con el protagonismo del mercado de Brasil poniendo en tensión al valle a través del conflicto “calidad - cantidad”. La tercera etapa (a partir del 2000) describió la creación del Programa de certificación de cebolla fresca para la exportación como solución a la controversia y los nuevos desafíos que enfrentó el valle en materia de calidad. Este recorrido puso en evidencia que, por influencia de la dinámica de la calidad, se desarrollaron temáticas, nuevos vínculos, aprendizajes y relaciones con el Estado. Estas temáticas plantean interrogantes que servirán de referencia para desarrollar la próxima sección: ¿cómo la incorporación de nuevas tecnologías y nuevos actores incidieron en la conformación de las alianzas sociotécnicas?; ¿cómo se fue modificando la relación calidad - cantidad en la medida que se adaptaban esas alianzas?; ¿qué aprendizajes surgieron y cómo influyeron en las capacidades de los actores?
3. Dinámica de las redes sociotécnicas
A partir de la descripción de la trayectoria de la actividad cebollera del VBRC realizada en la sección anterior, se destacó a la calidad como principal eje e incentivo de los cambios que definió cada etapa. Desde 1980 a la actualidad, los productores y las instituciones del valle fueron modificando la relación entre calidad y cultivo, tecnología y cultivo, e instituciones y sus regulaciones. Una de las dinámicas más importantes que dieron forma a la producción del valle fueron las tensiones entre cantidad y calidad.
Esta sección profundiza estas tensiones procurando comprender el fenómeno de la dinámica de las redes sociotécnicas como articuladoras de los cambios en la calidad. En primer lugar, se busca explicar cómo el concepto de calidad entró en conflicto con el de cantidad y por qué la expansión de la actividad cebollera se convirtió en un “espacio de controversia” ante la necesidad de adaptar los sistemas de producción a estos dos conceptos para atender a los diferentes mercados. En segundo lugar, se analiza la definición de una “calidad certificada” como resultante al conflicto cantidad-calidad suscitado y la adopción de la normativa GlobalGap exigida por el mercado europeo. Este ordenamiento pondrá nuevamente en tensión al valle a partir de la brecha de calidad generada y forzará al Estado a instrumentar normativas que mejoren los estándares de calidad del mercado interno, siendo ámbitos sensibles a la seguridad alimentaria. Bajo esta óptica se examina la actividad cebollera como un espacio de producción, de intervención estatal y de aprendizaje.
“La calidad”
La articulación de actores en la primera etapa se orientó principalmente hacia la mejora de la “calidad tradicional” de la cebolla, imprescindible para lograr la exportación a Europa y con ello la posibilidad de desarrollar la potencialidad que ofrecía el valle. Los aproximadamente 30 días de duración del embarque en contraestación, para llegar a ese destino, colocaron al proceso de clasificación y selección de la cebolla entre las principales “nuevas prácticas” a adoptar para garantizar parámetros de calidad que tuvieran en cuenta aspectos de humedad, tamaño y presentación del producto. Estas actividades remarcaban la importancia del empaque para el destino europeo. La figura del empacador y el vínculo estrecho con el exportador reemplazaba a la del intermediario tradicional del mercado interno que compraba “en la pila” a campo haciéndose cargo de las tareas de poscosecha y del manejo de la mano de obra que acarrea.
El galpón, con su maquinaria adaptada, el personal capacitado y rutinas y prácticas incorporadas, se constituyó en un “centro de traducción”, donde se produce la traducción de la calidad que es exigida por el exportador quien, a su vez, traduce los requerimientos del mercado europeo y lo transmite tanto al grupo de productores-empacadores como al resto de los productores sin empaque.
Los vínculos establecidos permitieron configurar una red sociotécnica que, a través de la movilización de un sistema de alianzas entre actores y entidades, alcanzó la primera reorientación de la calidad tradicional del valle para lograr la exportación a Europa y que influyó en el proceso de cambio de las prácticas agrícolas.
“La cantidad”
La irrupción del comprador brasileño en el valle, en la segunda etapa, se caracterizó por la necesidad de cubrir un desfasaje en la demanda de un nuevo mercado que se empezaba a imponer marcadamente y que puso en tensión la alianza de calidad establecida. Dos aspectos de la modalidad comercial hacia este mercado desplazaron al galpón de empaque como “centro de traducción” para colocar al “lote a campo” en su lugar: i) la compra desde el campo con camiones propios, y ii) su gran volumen.
La incidencia de este comprador se tradujo en nuevos vínculos, que reestructuraron las alianzas y establecieron una relación fluida con el productor, en su mayoría boliviano. Estos vínculos fueron diversos y variaron en la modalidad de ayuda por parte del brasileño forjando los lazos en esta alianza: el productor recibía por parte del brasileño insumos (fertilizantes, herbicidas) o dinero durante el período de producción y a cambio el comprador se aseguraba la cebolla.
Esta alianza posibilitó el crecimiento de la producción en el valle a tasas anuales del 40/60 %, desde el campo y sin pasar por galpón; y básicamente dominada por “la lógica de la cantidad”. Bajo esta dinámica la estructura socio productiva de la actividad y del valle cambió, principalmente, a partir de una movilización de la demanda de mano de obra para el cultivo, que atrajo un flujo de inmigración proveniente principalmente de Bolivia.
Dada la creciente demanda de Brasil, el comprador brasileño se constituyó en el “apalancador” de la producción del valle a través de ayudas para la financiación. El flujo comercial promovió un polo industrial de procesamiento de la cebolla fresca en la frontera brasileña para, a partir de allí, distribuirla al resto del país. Estos actores incidieron sobre varios elementos que alterarían el proceso sociotécnico de coconstrucción de la calidad iniciado en el valle, surgiendo dilemas, tensiones y desafíos sobre las redes originales que forzaron una reorganización.
Estos cambios, por su lado, expusieron una serie de dificultades sociales, productivas y económicas que obligaron al Estado a encarar las primeras iniciativas de ayuda al pequeño productor.
La controversia calidad - cantidad
La expansión de la actividad cebollera del valle impulsada por la enorme demanda del mercado brasileño exigió grandes aumentos en la producción —que, como se señaló, representaban tasas anuales del 40/60 %— y generó un severo desequilibrio entre cantidad y calidad. Esta demanda alteró el ritmo existente en el crecimiento de la producción local, más progresivo y estable, e introdujo además bruscas variaciones en la compra interanual generando inestabilidad en la actividad y en el valle. La expresión más crítica de este comportamiento se ilustra a continuación con los acontecimientos del año 1995, que marcaron una ruptura de la alianza comercial a Europa y que puso en tensión a los participantes.
En este año se sumó a la enorme demanda, un precio récord que lo llevó a ser recordado como el año “del cebollazo”. El impacto brasileño provocó una conmoción en la red establecida que se materializó por el rompimiento de muchos contratos asumidos con la empresa Expofrut. El precio pactado de 4.5 dólares la bolsa contrastó con un excepcional ofrecimiento de 25 dólares al contado, que impulsaría, en el siguiente ciclo, un aumento de la superficie sembrada, que alcanzó, un máximo 16 mil hectáreas y que finalmente empujaría una caída de precios, que llegó al más bajo con un valor bolsa de 50 centavos de dólar. (Fuente: entrevistas a productores-empacadores de cebolla)
El grupo de productores-empacadores que se había constituido como un actor estratégico en el desarrollo de la red para exportar al mercado europeo quedó desarticulado, y en su lugar aparecieron los compradores brasileños como nuevos negociadores comerciales. Estos enrolaron a todo un nuevo grupo de productores cebolleros que provino principalmente del flujo inmigratorio y al que se aliaron además productores criollos. Como consecuencia del incumplimiento de contratos, la red sociotécnica que abastecía el mercado europeo se reduce al grupo de productores empacadores de más confianza de Expofrut.
El crecimiento desordenado de la actividad, la irrupción de nuevos actores y el desmembramiento de las alianzas iniciales con una pérdida de coordinación en la comercialización, provocó un ambiente de desconfianza y de preocupación creciente basada, entre otras cosas, por un insuficiente control de calidad de la cebolla destinada a los mercados externos y que incrementaba el riesgo de que los envíos al exterior fuesen rechazados y/o demorados en la frontera.
Esto impulsó un fuerte debate entre los actores que giró sobre las alternativas de por dónde debía salir la cebolla con destino al mercado externo, y que dio como resultado la decisión institucional de una “calidad certificada” a partir de la creación del “Programa de certificación de cebolla fresca para la exportación” (Resolución 42/98, SAGPyA). El programa estableció el paso obligatorio por el galpón de empaque para la cebolla que se exporta. Esto suscitó el reposicionamiento de actores en condiciones de responder al traslado de las tareas de poscosecha que se realizaban, en su gran mayoría, desde el campo para llevarlas a cabo en el ámbito del galpón, incorporando nuevas prácticas, tecnologías y rutinas. De esta manera, la articulación productor–comprador pasó a ser mediada por el galponero, asumiendo este operador un rol central en la movilización de las alianzas para la comercialización al mercado externo. El empacador, bajo este nuevo posicionamiento, surgió de la reconversión de antiguos intermediarios de la comercialización, transportistas, como así también, de tradicionales productores con interés de avanzar en la integración de la cadena. La normativa empujó al comprador brasileño a instalarse en la zona con galpones de empaque convirtiéndolo, por su escala comercial, en un actor central de la comercialización.
Nuevas tensiones a partir de una “calidad Global”
Bajo la nueva configuración impartida por el programa, las redes sociotécnicas debieron enfrentarse, a efectos de acceder al mercado europeo, a una inédita y precisa redefinición del concepto de calidad, que incluyó: la inocuidad del cultivo, el cuidado del medio ambiente y la seguridad y bienestar de los trabajadores. El nuevo concepto, en definitiva, trascendió la calidad intrínseca del producto para centrarse más en el contexto bajo el cual se realiza el cultivo. Esta nueva aproximación requirió de la implementación de procedimientos normalizados y reconocidos para garantizar la seguridad alimentaria, que se encuentran englobados por la normativa GlobalGap. Para su instrumentación, se desarrollaron proyectos piloto en el valle que permitieran la adaptación de la normativa exigida por las grandes cadenas de supermercados de Europa. La puesta en marcha de esta experiencia impulsó un sistema de alianzas que fue preciso reajustar para responder al cambio de exigencias del mercado. Los participantes estaban integrados por los actores tradicionales de la producción y comercio que mantenían relaciones comerciales con el mercado europeo, conformado por productores – empacadores, los productores sin empaque y exportadores y los técnicos de la SAGPyA que formaban parte del PROCAL y de Funbapa.
La experiencia había identificado numerosas y variadas acciones correctivas a incorporar, solicitadas por la reglamentación, y puso en evidencia que la principal limitante no era económica. La elaboración de planillas de registros, de procedimientos y evaluaciones de riesgos surgía como una novedad para documentar las rutinas del proceso agroproductivo en una actividad que se caracterizaba por su informalidad y falta de trazabilidad. Asimismo, la realización de análisis de residuos de agroquímicos de los productos comercializables, de suelo y de agua para riego aparecían como nuevos requerimientos de información a suministrar.
En esta nueva alianza el exportador siguió siendo el actor clave en comunicar los requerimientos del comprador. Sin embargo, la naturaleza de estas exigencias que comprenden aspectos propios del proceso productivo del campo, su novedad y nuevo lenguaje sin antecedentes en un ámbito tan ajeno a esas acciones, hizo que el galpón de empaque no sea el único centro de traducción. Así, se hizo evidente la necesidad de una presencia institucional que ayude a resolver estos requerimientos.
Las redes reconfiguradas para atender el mercado externo y en particular a partir de la normativa GlobalGap contrastaron con la situación del mercado interno, en la que la cebolla continuaba saliendo directamente del “lote a campo”, con débiles y ausentes controles de calidad, siendo la figura del intermediario la que movilizaba las alianzas entre la producción y este mercado. La brecha de calidad generada dio paso a nuevas tensiones en la actividad cebollera que pueden ser expresadas en términos de “lo certificado” y lo “no certificado” y que impulsó al Estado a instrumentar normativas que mejoren los estándares de calidad del mercado.
4. Las políticas públicas y la dinámica de las redes
En la sección anterior se analizaron las tensiones que surgen de la calidad y las nuevas nociones aportando una mirada sobre los procesos que se despliegan y que, asociados a esas nociones, se relacionan con la tecnología, las prácticas, los aprendizajes y los estándares de calidad. Estas tensiones marcaron un movimiento de las redes sociotécnicas que puso en escena el papel de las instituciones y de las políticas en la problemática de la reconfiguración de la calidad y del desarrollo de la actividad. En este sentido, la discusión sobre la forma de entender la calidad se traslada en esta sección a la forma de entender las políticas. Para orientar esta discusión es posible partir de la siguiente pregunta: ¿qué significa pensar los cambios vinculados a la calidad y a la innovación desde la perspectiva de las instituciones públicas? ¿cómo se piensa la política pública de la calidad, cómo estas se configuraron en relación con las redes y qué efectos finales tuvieron?
Las políticas instrumentadas en el VBRC para la cebolla, en general, se han concebido en torno a programas, iniciativas y normativas/regulaciones que frecuentemente han atendido problemáticas puntuales mediante soluciones específicas y predefinidas, muchas veces pensadas desde ámbitos ajenos a los actores locales y a la realidad del valle. Además de responder a las urgencias que exige la resolución, usualmente, la raíz conceptual de este modo de acción se asienta en la visión del proceso productivo y de innovación desde las instituciones del sector y los formadores de políticas.
Tres iniciativas de intervención tuvieron incidencia en la actividad. La primera, “El Programa de certificación de cebolla fresca para exportación”, surgió como solución a la controversia “calidad-cantidad” generada por la entrada de Brasil como comprador.
A pesar de tener como premisa brindar un ordenamiento a la actividad y garantizar los mínimos requerimientos para preservar la calidad representativa de la zona, en términos de resultados la situación actual dista de satisfacer las expectativas originales. Si bien el certificado se constituyó en un eficiente instrumento de aval de los parámetros mínimos, aún en las circunstancias más críticas, como por ejemplo la aparición de la bacteroriosis;el cambio en la noción de la calidad a partir de esta normativa provocó un desajuste en las redes que se estaban conformando. Una de las consecuencias inesperadas fue la instalación de compradores brasileños en la zona, ya que, al forzar el pasaje de la cebolla de exportación por el galpón de empaque, se favoreció a los compradores con más infraestructura y escala comercial. Estos se convirtieron en un actor central de la comercialización, lo que modificó sustancialmente el entramado social del valle. Temas de cultura, idioma y aspectos técnicos propios de un cultivo intensivo sumado a las distintas adaptaciones que tuvieron que transitar los pequeños productores con las tecnologías de riego, alteraron la dinámica productiva del valle. Estos cambios implicaron la necesidad de adaptar el manejo productivo —riego, fertilizantes, entre otros— para homogeneizar el tamaño de la cebolla a los parámetros que requiere el mercado y reducir el descarte para minimizar pérdidas económicas exigiendo, además, la capacitación y adaptación del personal a las nuevas competencias que demanda este nuevo circuito.
Las secuelas más relevantes de toda esta transformación se reflejaron en el campo social, a partir de la irrupción de dos flujos distintivos de inmigración al tejido social, que exigió construir una trabajosa convivencia con el productor y el empacador criollo.
La segunda iniciativa de intervención en la actividad cebollera surgió a partir de la exigencia de la normativa GlobalGap por parte del mercado europeo que impulsó al Estado a participar activamente en la resolución de problemas para su instrumentación. A diferencia del formato “programa”, la forma de construcción de las redes sociotécnicas consistió en la realización de pruebas piloto, que involucró a profesionales de distintas instituciones, con un rol destacado de los técnicos del Programa, junto a productores, productores-empacadores, encargados de campo y personal de cultivo y poscosecha, creando así un nuevo espacio de interacción. En este espacio, se identificaron los problemas más las restricciones y se evaluaron soluciones para la adopción de la normativa, emergiendo de este proceso “nuevas prácticas”, nuevos técnicos “implementadores” y una serie de iniciativas colectivas que dieron soporte a la nueva noción de calidad. Unos de los aspectos más destacados de la instrumentación de la nueva normativa fueron los vínculos establecidos entre productor/trabajador/técnico y el consecuente proceso de aprendizaje que dio lugar a espacios de producción de conocimientos efectivos.
Estos procesos de aprendizaje y de coconstrucción de la calidad permitieron mostrar un panorama distinto al que proponen las intervenciones de naturaleza más lineal. A pesar de ello, la convocatoria a esta experiencia se limitó a un grupo reducido de participantes, en general de perfil más transformador, y si bien la exportación a Europa se mantuvo durante 10 años, el innovador formato colaborativo construido en la experiencia piloto se diluyó a partir del segundo año.
La exigencia de GlobalGap impulsó al Estado a actualizar las normativas nacionales para que sean adoptadas en toda la actividad. La transferencia de esta experiencia al resto del ámbito productivo, sin embargo, no se plasmó en un diseño e implementación de políticas del estilo de las que en su momento se adoptaron para introducir GlobalGap en el valle. En su lugar, se instrumentaron un cúmulo de normativas de carácter universal (para todos los cultivos, regiones y tipo de productores). Estas medidas además fueron aplicadas de manera perentoria e inconsulta, sin contemplar los tiempos biológicos de los procesos ni considerar a los productores. Así, se ignoraron sus capacidades, restricciones y posibilidades de aprendizaje mutuo. Esto dio lugar a una gran conflictividad en el sector cebollero del valle y al alejamiento de productores que contaban con otras posibilidades productivas, marginando con ello al pequeño productor.
Por último, el “cluster cebollero del VBRC” supuso otro modo de intervención que el Estado provincial y nacional estableció para enfrentar una serie de dificultades que atravesó el sector, y que desembocaron finalmente en la crisis que aún hoy lo afecta.
Estas dificultades se dieron a partir de una sucesión de elementos de naturaleza y lógica diferentes que se conjugaron para dar origen a esta crisis: el predominio de un único mercado exterior, como resultado de la desarticulación de las redes iniciales que no lograron resistir el impacto que generó la enorme demanda de Brasil; la inestabilidad que provocan los vaivenes de la demanda generada por un único comprador externo; la conflictiva adopción de numerosas normativas por parte del productor y trabajador; y las incidencias naturales como la bacteriosis y condiciones hídricas adversas.
Esta intervención se diferencia de las anteriores en sus modos, al adoptar un proceso participativo para el diseño e implementación de un plan de mejora competitiva, bajo la modalidad de “mesa sectorial”,3 que posteriormente dio paso al armado de un “cluster cebollero” institucional,4 que convocó a todos los actores de la actividad. Las premisas tomaron como fundamentos conceptuales la reconocida y bien documentada noción de clusters (Porter, 1990; Schmitz y Nadvi, 1999), que buscó atender cuestiones que los actores no lograban resolver de manera individual. A pesar de desarrollar un modo participativo para la búsqueda de soluciones, en lugar de ofrecerlas de forma predefinida, la instrumentación operativa de la noción de cluster no alcanzó un grado de efectividad al no atraer en su convocatoria a los actores claves de la actividad, asistiendo solamente algunos y en determinadas reuniones, siendo los técnicos de las instituciones del sector (INTA, CORFO, FUNBAPA, INASE, UNS, entre otros) los principales participantes activos y regulares de todos los encuentros.
Finalmente, tanto la Resolución 35/2019 para flexibilizar el Programa de certificación como la creación del Ente Municipal de Producción de la Municipalidad de Villarino (EMPROMUV), iniciativas cuyo propósito fue asegurar un mínimo control de calidad, surgieron de manera inconsulta e inconexa y fueron gestionadas al margen del funcionamiento del Clúster, restándole con ello efectividad y credibilidad.
El análisis de las configuraciones/reconfiguraciones de actores y artefactos mostró un espacio de interacción que integra además a las instituciones, intervenciones y regulaciones en una dinámica que modifica aspectos claves del sistema productivo-comercial. El espacio repercute así en la propia noción de calidad y competitividad, permitiendo repensar nuevos modos de políticas.
5. Reflexiones finales
La historia de la cebolla en el VBRC es la historia de productores, de empacadores, de flujos de inmigración y de instituciones. Un trayecto que involucró nuevas tecnologías, novedosas prácticas y pruebas piloto que crecieron y se desarrollaron bajo la tensión de los mercados. Para la aproximación sociotécnica del estudio, esta historia fue analizada a través de una trayectoria que reveló tres etapas distintivas que permitieron adoptar una nueva mirada sobre la incidencia que la reconfiguración de la calidad tiene sobre los procesos productivos y de comercialización y sus entramados técnicos, sociales, ambientales y regulatorios.
La primera etapa aportó evidencias del surgimiento de la cebolla en el valle, como un componente estratégico dentro de una rotación de cultivos que se consideraba medular para el desarrollo regional integral y que, para ello, necesitaba lograr su inserción en los mercados globales. La calidad del cultivo, en esta etapa, aludía inicialmente a atributos propios del producto —referidos a los rubros tradicionales de sanidad y calidad comercial— controlados bajo inspecciones visuales; la adaptación necesaria para llegar en contraestación al nuevo destino de venta y cumplir con los parámetros exigidos influyó en la adopción de “nuevas prácticas”. La perspectiva sociotécnica expuso de un modo singular las relaciones calidad-tecnología de cultivo y de empaque y los nuevos vínculos y procesos que fueron capturados por el instrumental de las redes. En esta etapa, estas relaciones implicaron el desarrollo de la fase de empaque que requirió la adopción de distintas maquinarias de poscosecha imprescindibles para atender la nueva escala comercial; el establecimiento de vínculos productor-empacador y productores abastecedores; y la formación de una mano de obra con mayor especialización y nuevas competencias, necesaria para operar eficientemente el galpón de empaque.
Estas redes permitieron integrar al análisis al papel proactivo de Corfo y del INTA en el progreso de la actividad en general y acompañando, en particular, las pruebas piloto de exportación.
El enfoque expuso, además, en esta interacción de artefactos y actores, hábitos, rutinas y prácticas de cultivo/poscosecha, un proceso de construcción de identidad. Los productores, por ello, comienzan a identificarse con estas prácticas y a reconocerse como “productores cebolleros y empacadores”. Esta identidad propia se expresó claramente con la formación de la primera (y única) asociación de productores cebolleros (APROC).
La segunda etapa reveló que la reorientación de la calidad conlleva procesos que generan fuertes controversias. Las evidencias mostraron en este sentido la tensión generada entre la “calidad” que trabajosamente se estaba construyendo, con la “cantidad” masivamente demandada por Brasil. Esta tensión forzó un reacomodamiento de las redes, que incluyó cambios de actores y de relaciones entre tecnologías y vínculos y que impactaron severamente en los entramados sociales del valle. Las tensiones que resultaron de este doble flujo comercial se pretendieron resolver a través de la creación del “Programa de certificación de cebolla fresca para exportación” que marcó el inicio de la tercera etapa.
La tercera etapa expuso el reordenamiento que provocó el programa para conformar un concepto de calidad certificada que reacomodó la red reforzando su carácter institucional. Un nuevo impacto ocasionado por nuevas nociones de calidad en los mercados globales reveló, además, el rol del programa como articulador de las distintas iniciativas surgidas para la implementación de GlobalGap que, por primera vez, introducían en la comercialización aspectos ambientales y sociales, que influyeron decididamente en la adopción de las llamadas “buenas prácticas agrícolas”. Estas evidencias no solo contribuyeron a profundizar la introducción de criterios no comerciales en la definición de la calidad, sino que la red se constituyó en precursora de estos procesos de adaptación para otras economías regionales y referente en la instrumentación de las reglamentaciones, de carácter obligatorio, para toda la actividad y para otros mercados. El estudio expuso con particular atención la conflictividad generada de este traspaso que repercutió en la reconfiguración de las redes sociotécnicas.
La perspectiva sociotécnica permitió de este modo unir los ámbitos de la calidad y tecnología y ahondar en los procesos tecnológicos, organizacionales e institucionales que fueron promovidos por las redes y que, en particular a través de la tercera etapa, mostró la participación activa de instituciones y del Estado en esas relaciones para acompañar y orientar el nuevo desafío.
La visión de coconstrucción que atravesó el estudio presentó un campo dinámico de relacionamientos a través de redes establecidas, que se desarmaron y rearmaron sucesivamente, revelando así un ámbito de gobernanza que permitió poner foco en las negociaciones de arreglos que habitualmente se destacan por la heterogeneidad de elementos de naturaleza y lógicas diferentes.
De este modo, la perspectiva analítica-metodológica adoptada permitió abrir “la caja negra de la calidad” y explicar un fenómeno que no se circunscribe a cuestiones meramente técnicas de parámetros y ni siquiera al ámbito propio de la transacción comercial; sino que al articular el análisis de actores, de artefactos, de instituciones, de identidades y de aprendizajes logró un contexto adecuado para comprender cómo todos estos elementos y actores fueron movilizados en el proceso de reorientación de la calidad. El aporte desde las ciencias sociales le ha otorgado un papel fundamental a la calidad en la reconfiguración de las relaciones sociales, y el caso del VBRC posibilitó resaltar el valor de la explicación “sociotécnica” en su conjunción con los aprendizajes como nueva manera de entender este fenómeno.
Finalmente, este estudio revela el enorme poder que hoy representa la “calidad”, donde ignotos consumidores imponen, desde remotas góndolas, exigencias cada vez más severas. Exigencias que ya no son satisfechas por un “buen producto”. Exigencias que priorizan al medio ambiente, a la sustentabilidad y, quizás más importante, las condiciones de bienestar de los trabajadores y productores. Exigencias, en definitiva, que inciden sobre políticas, entramados sociales, corrientes migratorias, flujos de inversiones, avances tecnológicos, distribución de recursos y configuraciones rurales, entre otras áreas. El trabajo identifica, además, y quizás aquí reside su mayor riqueza, poderosas herramientas de análisis que exigen también, de una imprescindible articulación para alinear, técnicos, ingenieros, sociólogos y economistas en una mirada multidisciplinaria que logre, exitosamente, continuar desglosando “las capas de la cebolla”.
Roles de colaboración

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Notas
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