Resumen: Recientemente emergen en Argentina un conjunto de agroproducciones alternativas al modelo convencional. Este artículo propone una tipología de experiencias de producción extensiva alternativa en el partido de General Pueyrredon, provincia de Buenos Aires, con el fin de aportar información diagnóstica. A partir del relevamiento de entrevistas semiestructuradas a ocho productores que se reconocen como alternativos o agroecológicos, se proponen tres tipos/grupos de experiencias, de acuerdo a sus motivaciones para producir de esta manera: un primer conjunto que busca ajustarse a la normativa municipal que regula el uso de agroquímicos; otro grupo que define a la agroecología como su estilo de vida, integrando motivaciones productivas, sociales y ambientales; el tercer grupo nuclea a productores en una situación intermedia, quienes exponen la concepción de la agroecología como filosofía, pero aún no se asocia a su modo de vida. Visibilizar la tipología de experiencias contribuiría a la toma de decisiones de políticas públicas.
Palabras clave: Agroecología, Productores Agropecuarios, Sustentabilidad.
Abstract: Recently, a set of alternative agroproductions to the conventional model have emerged in Argentina. This article proposes a typology of alternative extensive production experiences in the General Pueyrredon County, province of Buenos Aires, in order to provide diagnostic information. From the survey of semi-structured interviews that involved eight farmers who are recognized as alternative or agroecological, three types/groups of experiences are proposed, according to their motivations to produce in this way: a first group that seeks to adjust to the municipal regulations that regulates the use of agrochemicals; a second group that defines agroecology as their lifestyle, integrating productive, social and environmental motivations; the third group brings together farmers in an intermediate situation, who expose the conception of agroecology as philosophy, but is not yet associated with their way of life. Making visible the typology of experiences built would contribute to public policy decision making.
Keywords: Agroecology, Agricultural Farmers, Sustainability.
Artículos
Experiencias agroecológicas extensivas en el partido de General Pueyrredon. Aportes a la definición y caracterización de tipologías
Extensive agroecological experiences of the General Pueyrredon County. Contributions to the definition and characterization of typologies

Recepción: 12 Junio 2024
Aprobación: 29 Mayo 2025
Publicación: 01 Diciembre 2025
Existe una tensión creciente en el espacio periurbano y rural derivada de la prevalencia de un modelo de intensificación y expansión agropecuaria sostenido en el uso de maquinaria e insumos químicos, y el aumento de la demanda social por el cuidado del ambiente y la salud humana. Desde diferentes instituciones académicas y del sector privado y público, se hace referencia a la necesidad de un cambio de paradigma frente al modelo convencional, el cual pone en riesgo la sustentabilidad del agroecosistema al centrarse en la dimensión económica y productiva, en detrimento de la ambiental y social (Sarandón y Flores, 2014; Teubal, 2009). Entre los modelos alternativos, se puede mencionar la agroecología, que propone transformar los sistemas agropecuarios y alimentarios para afrontar los desafíos ambientales y sociales, y la agricultura orgánica, que reemplaza los insumos sintéticos por productos naturales, y se adapta al modelo económico convencional (Sabourin et al., 2018). Asimismo, existen otras producciones alternativas como la biodinámica, la permacultura, la agricultura regenerativa o la biointensiva.
En Argentina, en las últimas décadas se avanzó en la difusión de manuales de buenas prácticas agrícolas (SENASA, 2010), en la expansión e implementación del modelo agroecológico (Altieri, 1999; Sarandón y Flores, 2014; Tittonell, 2013), y en algunos municipios, en la promulgación de ordenanzas que restringen el uso de agroquímicos en zonas sensibles, como por ejemplo, la ordenanza 18.740/08 o 21.296/13 de General Pueyrredon; 1.166/06 de Leandro N. Alem; 3.919/14 de San Antonio de Areco; 2.786/16 de Arrecifes; 7.077/17 de Chacabuco; 8.126/14 de Pergamino (Bustos y Ferreyra, 2019; Palmisano, 2018); ordenanza 304/2014 de Villa San José (Departamento Castellanos, Provincia de Santa Fe) (Giordano, Pérez y Pérez, 2017), entre otras. Estas acciones dan cuenta del debate instalado a diferentes escalas respecto de la toma de decisiones en la búsqueda de soluciones que disminuyan la tensión existente en los territorios rurales. Aun así, el nivel de adopción se considera bajo. Según el último Censo Nacional Agropecuario (CNA) relevado en 2018 por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), a nivel país existen 5.253 explotaciones agropecuarias (EAPs) con prácticas alternativas, lo que representa un 2% respecto del total de EAPs, siendo 2.536 de agricultura orgánica, 2.309 agroecológicas y 408 biodinámicas (INDEC, 2021).
El objetivo del trabajo es caracterizar a los productores agroecológicos extensivos del partido de General Pueyrredon con el fin de aportar información diagnóstica sobre estos actores y visibilizar sus decisiones1. Dada la naturaleza propia de la problemática en análisis, se opta por aplicar una metodología cualitativa que emplea técnicas como la observación directa de los predios y el relevamiento de entrevistas aplicadas a productores extensivos que se consideran agroecológicos o alternativos. A partir de la información primaria recabada ha sido posible construir de manera analítica una tipología de experiencias agroecológicas.
La identificación y caracterización de los distintos tipos de experiencias productivas agroecológicas presentes en el partido de General Pueyrredon, construida desde las voces de los protagonistas, resulta fundamental para el diseño e implementación de políticas públicas situadas. Comprender la diversidad de modelos dentro del conjunto analizado permite no solo visibilizar las estrategias adoptadas por los productores, sino también evaluar su viabilidad, desempeño, impactos socioambientales y su contribución a la producción local. En este sentido, el análisis de estas experiencias aporta insumos para la construcción de regulaciones y para la toma de decisiones a nivel sectorial.
El modelo de producción agrícola hegemónico desde finales del siglo XX, conocido por su denominación como industrial, de agricultura científica (Altieri, 1999; Pengue, 2017; Reboratti, 2008; Santos, 2003), o convencional, se relaciona con el proceso de expansión e intensificación de la agricultura. Estos procesos se vinculan con el paquete tecnológico derivado de la Revolución Verde y de las lógicas de un sistema global más conectado en el cual los países asumen diversos roles sin que haya mediado un debate social amplio, generando nuevos desafíos ambientales y sociales, desigualdades en la distribución de los beneficios y mayor dependencia externa (Gras y Hernández, 2016). Dichos roles, profundizan tareas históricas en la división internacional del trabajo que, en el caso de la Argentina, se caracteriza por el aporte de materias primas. En este marco se pone en marcha el denominado “proceso de agriculturización” tanto en Argentina como en otros lugares de Latinoamérica, el cual se caracteriza por la intensificación agrícola, producciones orientadas al monocultivo, expansión de la frontera agropecuaria y estabulación ganadera (Manuel-Navarrete y Gallopín, 2007; Reboratti, 2008). Marasas (2012) define a este tipo de agricultura como aquella que produce aplicando agroquímicos y cuyos productos son comercializados a través de intermediarios. Este tipo de producción, se organiza para maximizar las ganancias, empleando una visión reduccionista y de corto plazo del sistema, con alta dependencia de insumos externos y utilizando pautas de manejo que priorizan productos con atributos visuales de calidad.
El modelo se orienta a la simplificación y estandarización de procesos productivos y canales de comercialización a partir del uso de innovaciones tecnológicas y gerenciales que promueven la producción a gran escala. Así, se transforma el mercado laboral rural con predominio de empleos especializados, asesoramiento de empresas de venta de insumos y en muchos casos la actividad rural deja de ser el medio de vida de los productores, especialmente familiares (Manuel-Navarrete y Gallopín, 2007; Teubal, 2009). En la región pampeana, los cambios ocurridos se evidencian desde lo biofísico, como, por ejemplo, con la homogeneización del paisaje o la disminución de la rotación agrícola-ganadera. Por otra parte, desde lo socio-económico, se refleja a través de la disminución de la cantidad de establecimientos agropecuarios especialmente de menor tamaño, el aumento de formas de tenencia de la tierra asociadas a los contratos accidentales y el arrendamiento, y la tercerización de las labores (Auer, Maceira y Mikkelsen, 2019; Gras y Hernández, 2016; Reboratti, 2006; Segrelles, 2001).
Si bien dichas transformaciones tuvieron un impacto positivo en algunas prácticas y generación de productos, en las estrategias empleadas por los productores y consecuentemente, en el posicionamiento de ciertas regiones, también manifestaron efectos negativos en la dimensión social y ambiental, poniendo en riesgo la sustentabilidad de los agroecosistemas (Manuel-Navarrete y Gallopín, 2007; Paruelo et al. 2006). Como ejemplo de esta última afirmación, podemos mencionar la reducción de la capacidad productiva de los suelos (Aizen, Garibaldi y Dondo, 2009) y de la biodiversidad (Sabatino, Maceira y Aizen, 2010), la degradación de la calidad del agua (Quirós, Rennella, Boveri, Rosso, y Sosnovsky, 2002), la contaminación ambiental por agroquímicos (Aparicio et al., 2015) y la pérdida en la provisión de servicios ecosistémicos (Auer, Maceira y Nahuelhual, 2017; Barral y Maceira, 2012).
La visibilización de las consecuencias no deseables del modelo agroproductivo industrial y el incremento en las demandas sociales están poniendo en evidencia los límites de esa forma de producir. En tal sentido, cobran fuerza los debates desde el ámbito académico, técnico-productivo, asociativo y gubernamental plasmado en trabajos transdisciplinarios que incluyan la mirada de los actores y saberes locales, innovaciones tecnológicas sustentables y de optimización de insumos, conformación de redes y gobernanza participativa, y políticas públicas que fomenten la transición hacia una agricultura sustentable o de acceso a la tierra, y regulaciones como las ordenanzas antes mencionadas; debates referidos a la necesidad de generar cambios que orienten el modelo hacia producciones sostenibles que promuevan el cuidado ambiental, social y la salud humana.
Algunos de los principales debates respecto de la manera de transitar hacia formas de producción sustentables en los territorios periurbanos y rurales, giran en torno a conceptos y acciones relacionadas a la implementación de buenas prácticas agrícolas (BPA) y las producciones alternativas. Las BPA se definen como el:
conjunto de principios, normas y recomendaciones técnicas aplicables a la producción, procesamiento y transporte de alimentos, orientadas a asegurar la protección de la higiene, la salud humana y el medio ambiente, mediante métodos ecológicamente seguros y económicamente factibles traducidos en la obtención de productos alimenticios y no alimenticios más inocuos y saludables para el autoconsumo y el consumidor (FAO, 2006, p. 9).
Las recomendaciones técnicas asociadas a las BPA avalan el modelo de producción convencional, pero introducen ajustes a las prácticas de manejo vinculadas al uso y aplicación de agroquímicos, como dosificación, control de equipos de aplicación, etc. (Molpeceres, 2016).
Sobre la base de estas prácticas sugeridas internacionalmente, desde fines del siglo pasado, diferentes instituciones, públicas y privadas a nivel nacional, como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), han comenzado a instrumentar programas sobre BPA y desarrollado protocolos y manuales. De manera concomitante, también se propone el Manejo Integrado de Plagas (MIP), que, si bien no descarta el uso de agroquímicos como última alternativa, plantea la recomendación de que el cultivo conviva con un nivel aceptable de plagas, implementando prácticas de manejo como control manual o fomento de enemigos naturales (Molpeceres, 2016).
Por otra parte, se promueven también formas alternativas de producción. Como enfoque más amplio, Sabourin et al. (2018) proponen la definición de producciones alternativas, como aquellas que entre sus principios tienden a la reducción de utilización de insumos químicos. De manera más específica, la agricultura alternativa refiere a los “sistemas o prácticas que intentan proporcionar un medio ambiente balanceado, rendimiento y fertilidad del suelo sostenidos y control natural de plagas, mediante el diseño de agroecosistemas diversificados y el empleo de tecnologías de bajos insumos” (Altieri, 2009, p. 70).
Uno de los enfoques más antiguos es el de la agricultura biodinámica -iniciada por el filósofo Steiner en la década de 1920-, que considera la unidad productiva como organismo vivo, con capacidad de autorregulación, crecimiento, desarrollo y reproducción, donde el ser humano, el suelo y el cosmos son importantes y donde se utilizan preparados específicos en pequeñas dosis para los problemas en el cultivo (Palmisano, 2018). Por su parte, la permacultura -originada a partir de las ideas de los australianos Mollison y Holmgren a mediados de la década de 1970-, que abarca otros aspectos no productivos, surgió como respuesta a la mayor dependencia alimentaria de las ciudades con respecto al campo y como una posibilidad de volver a la vida rural, organizados en grupos de diferente tamaño y producciones diversificadas orientadas al autoconsumo o comercio local, priorizando la planificación de los sistemas ecológicos como herramienta para recomponer la degradación de los bienes comunes (Palmisano, 2018).
Por otro lado, otro de los enfoques más conocidos e implementados en Argentina es la agricultura orgánica, la cual sustituye ciertos insumos químicos sintéticos por orgánicos o biológicos y se basa en certificaciones que permiten el ingreso a ciertos mercados diferenciados, generalmente de altos ingresos y/o mundial (Sabourin et al., 2018). Más allá de los beneficios agronómicos, este modelo suele ser criticado por asimilarse al modelo económico convencional, no abordar los problemas de sostenibilidad a nivel de agroecosistema ni del sistema agroalimentario en su conjunto (Palmisano, 2018).
En los últimos años, en el contexto latinoamericano en general y argentino en particular, tuvo mayor atención la agroecología, la cual propone una mirada integral, holística y sostenible de la producción agropecuaria que busca el balance entre las variables edafológicas, energéticas, biológicas, económicas, sociales y culturales (Palmisano, 2018). La agroecología se define como un “campo de conocimientos que reúne, sintetiza y aplica conocimientos de la agronomía, la ecología, la sociología, la etnobotánica y otras ciencias afines, con una óptica holística y sistémica, para generar, validar y aplicar estrategias adecuadas para el diseño, el manejo y la evaluación de sistemas agroalimentarios sustentables” (Sarandón y Flores, 2020, p. 59). Se basa en la dependencia mínima de insumos químicos y subsidios de energía, a partir de la aplicación de principios ecológicos en el diseño y gestión de agroecosistemas sostenibles y el apoyo en la agrobiodiversidad para su funcionamiento (Altieri, 1999; Palmisano., 2018; Tittonell y De Grazia, 2011).
En línea con lo anterior, Wezel et al. (2020) sostienen que la agroecología se asume como un concepto dinámico que ha ganado prominencia en el discurso científico, agrícola y político en los últimos años. Se trata de un enfoque transdisciplinario, participativo y orientado a la acción en las ciencias ecológicas, agropecuarias, alimentarias, nutricionales y sociales, que posee tres manifestaciones constitutivas, interrelacionadas y holísticas: una ciencia, un conjunto de prácticas y un movimiento social.
El partido de General Pueyrredon (PGP), además de destacarse en el conjunto de los partidos bonaerenses por las prácticas asociadas al turismo, la pesca, la industria y la innovación tecnológica, posee el segundo cinturón frutihortícola más importante del país (Daga, Zulaica y Vázquez, 2020), en términos de superficie cultivada, volumen producido y mano de obra empleada. En cuanto a la producción extensiva, los principales cultivos sembrados en la zona en la última campaña fueron maíz (35%), soja (22%), trigo (16%), girasol (15%) y cebada (12%) (campaña 2022/23, MAGYP, 2024).
Concomitantemente a la diversidad productiva, han surgido distintos conflictos socio-ambientales en el partido, particularmente en las áreas de interfaz urbano-rural (Canestraro y Zulaica, 2020; Di Bona y López, 2022). Como resultado, en 2008 se sancionó una ordenanza (Nº 18.740/08) que establece 1.000 metros de no fumigación entre la zona productiva y el ejido urbano. Luego de su sanción, parte del sector productivo –productores, técnicos y proveedores de insumos– mostró oposición a la norma, lo cual condujo a una etapa de revisión y rediseño de la regulación original, limitando su real implementación. Posteriormente, para incluir las voces de los distintos actores en juego, se realizó una audiencia pública, a partir de la cual se sancionó otra ordenanza (Nº 21.097/12) que contempla una nueva mirada del problema dado que no busca prohibir sino regular el uso de agroquímicos, y genera instrumentos (por ejemplo, se propone la creación de un Programa de Desarrollo Rural Sustentable-PDRS), junto con la promoción de producciones alternativas, como la agroecología (Molpeceres et al., 2020). Al año siguiente, se sancionó la Ordenanza Municipal 21.296/13, a partir de la cual la franja de restricción de 1.000 metros originalmente establecida, devino en tres zonas con distintos niveles de regulación para el uso de agroquímicos. A su vez,en el marco del PDRS se creó un registro de producciones. Luego de reformular los parámetros técnicos de intervención sobre la franja, en 2014 un vecino residente en la zona hortícola presentó una denuncia de inconstitucionalidad de la Ordenanza 21.296/13 ante la Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires, que derivó en la aplicación de una medida cautelar que suspende preventivamente la aplicación de algunos artículos de la Ordenanza 21.296/13 (Molpeceres et al., 2020). Dicha situación rige al presente, acompañada de una resignificación del problema orientada a promover alternativas como la agroecológica a través del ingreso en 2024 a la Red Nacional de Municipios por la Agroecología (RENAMA) o la redacción de un proyecto de ordenanza de fomento de la agroecología. Desde la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP), instituciones públicas como INTA, SENASA, Ministerio de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires (MDA) y el propio Municipio acompañan el proceso de construcción del Sistema Participativo de Garantías (SPG) del Sudeste Bonaerense (Cendón et al., 2022) como valor agregado a la producción agroecológica local.
Según los datos del último Censo Nacional Agropecuario (CNA) de 2018 (INDEC, 2021), la provincia de Buenos Aires cuenta con 550 Establecimientos Agropecuarios (EAPs) con producciones alternativas (312 agroecológicas, 180 orgánicas, 58 biodinámicas), las cuales representan un 1,5% del total de EAPs de la provincia (INDEC, 2021) (Figura 1.a). Una de las experiencias más difundidas de este tipo de producción es el caso del establecimiento “La Aurora”, de 650 hectáreas en el partido de Benito Juárez, que lleva más de quince años de producción extensiva agroecológica (Cerdá, Sarandón y Flores, 2014). Sin embargo, son numerosas las experiencias en la provincia de Buenos Aires que trabajan desde el enfoque de la agricultura alternativa (Palmisano, 2018). Según datos del CNA 2018, el PGP cuenta con nueve (9) producciones alternativas en el período comprendido entre el 1 de julio de 2017 y 30 de junio de 2018, siendo seis (6) orgánicas, dos (2) biodinámicas y una (1) agroecológica, representando un 2,8% del total de EAPs del partido (INDEC, 2021) (Figura 1.b).

Si bien no hay datos de las producciones alternativas en el censo agropecuario anterior, se reconoce que particularmente en el PGP las experiencias de este tipo han ido en aumento. Un estudio realizado a campo revela la presencia de treinta y tres (33) unidades productivas frutihortícolas agroecológicas en 2022 a escala comercial (Molpeceres, 2022). Estudios previos muestran un incremento en el último año de experiencias agroecológicas en sistemas extensivos (Molpeceres, De Rito, Zulaica y Mikkelsen, 2021). Datos más recientes, del Registro Provincial de Productores Agroecológicos del MDA (Molpeceres et al., 2024) dan cuenta de 29 predios agroecológicos en el territorio local, siendo dos de carácter extensivo.
La metodología de investigación es de naturaleza cualitativa. Debido a la complejidad y particularidad propia del problema de investigación, y la falta de información específica y actualizada en el PGP, se hace necesario construir información primaria. Para ello, se requiere una primera acción exploratoria en pos de describir y caracterizar a los actores involucrados en las prácticas cotidianas de los establecimientos que se identifican con el manejo sustentable del agroecosistema en el PGP. De esta manera, se aplica un guion de entrevista semi-estructurada que abarca diferentes temas: edad, sexo, nivel de instrucción, residencia del productor/a y su familia, tenencia de la tierra, tamaño y tipo de actividad en el predio, prácticas de manejo, manejo de la biodiversidad, suelo, plagas y enfermedades, tipo de semillas utilizadas, motivos por los que realizan ese tipo de producción, participación en organizaciones, capacitaciones en producción alternativa, entre otros.
A fin de abordar el enfoque agroecológico desde una perspectiva integral, el cuestionario incorpora los 10 elementos de la agroecología, que resultan clave en el proceso hacia la transición: diversidad, sinergias, eficiencia, reciclado, resiliencia, valores humanos y sociales, creación conjunta e intercambio de conocimientos, cultura y tradiciones alimentarias, gobernanza responsable y economía circular y solidaria (FAO, 2019).
El relevamiento fue realizado de manera presencial por pares de entrevistadores entre julio de 2022 y octubre de 2023 y el instrumento creado se aplicó a ocho productores que se declararon agroecológicos extensivos del PGP, constituyendo una muestra intencional no probabilística (Scribano, 2007). Las entrevistas fueron transcritas respetando el lenguaje nativo, lo cual permite tabular los datos que caracterizan a los productores o asesores entrevistados, los predios y prácticas que realizan con el fin de contar con información de base para la realización, entre otros resultados, de una tipología de experiencias. El análisis de tipo cualitativo de las similitudes y diferencias de las características de las experiencias se realizó a partir de la sistematización de los datos obtenidos de las entrevistas en una planilla de cálculo.
La construcción de tipologías es un recurso habitual en la investigación científica que permite la distinción e interrelación de contenidos referidos a un objeto de estudio. Se trata de una herramienta analítica que cuenta con la capacidad de ordenar distintas conceptualizaciones de los fenómenos sociales que se analizan, en este caso la caracterización de los productores extensivos que guardan entre sí la condición de ser agroecológicos o que se encuentran en transición a serlo. En la construcción de tipologías, “cabe distinguir la tipología como una operación clasificatoria formulada o construida teóricamente y la tipología como operación técnica de construcción empírica a través del tratamiento de una matriz de datos” (López Roldán, 1996, p.12). En este trabajo hemos optado por la segunda posibilidad. Si bien la realización de una tipología de productores implica hacer una delimitación en función de las similitudes y diferencias de sus trayectorias, intereses, formas organizativas, nivel de capitalización, entre otros, se entiende que las categorías que emergen no son cerradas ni estancas, sino que incluyen cierta heterogeneidad interna (Cáceres, Soto, Cabrol y Estigarribia, 2023).
Los establecimientos relevados se encuentran dispersos geográficamente en diferentes zonas del partido, habiendo algunos en áreas periurbanas o cercanos a caminos, y en otros casos en áreas rurales (Figura 2). El tamaño de los establecimientos oscila entre 4.000m2 a 850 hectáreas (ha), si bien algunas parcelas dentro de ciertos predios no se cultivan mediante prácticas de manejo alternativas. En cinco de ellos, toda la producción es alternativa, mientras que los tres campos con mayor superficie total, tienen parte en este tipo de producción (porcentajes que oscilan entre el 30% y el 60%) y parte en convencional.
Los ocho entrevistados son varones, con promedio de edad de 45 años (entre 27 y 68 años), con nivel de instrucción universitario, en algunos casos incompleto, y uno con estudios secundarios completos. Excepto dos productores que son propietarios de las unidades de producción, el resto arrienda el campo y ninguno tiene su residencia habitual allí, habitando principalmente en ciudades como Mar del Plata. No se identificaron casos de otros tipos de tenencia de la tierra. Todos realizan agricultura y en tres casos combinan con ganadería. En un caso también se ofrece turismo rural y educativo.

Tres entrevistados llevan practicando el modelo agroecológico hace más de 10 años, mientras que, para el resto, su realización es más reciente. De manera general, se autoperciben como agroecológicos o en transición, excepto uno que se define como biodinámico y otro como orgánico. Uno de los entrevistados que asesora un campo cercano a un poblado comenta que es agroecológico “por condición, no por convicción” (E7), mientras que otro productor que trabaja bajo dicho enfoque hace tiempo comenta que se “informó sobre la certificación orgánica, pero actualmente no la tiene” (E5), aun cuando cumple los requisitos.
Los principales cultivos que realizan son maíz, trigo, girasol y cebada. Del conjunto de entrevistados dos productores realizan agregado de valor, a través de la producción de harinas o fraccionamiento de producto. Uno de ellos explica que están trabajando para ofrecer servicios de turismo rural o ecoturismo a partir del alquiler de la casa principal, aunque refieren dificultades: “es muy caro, es difícil encontrarle el público, es para europeos, pero no vienen, se alquiló pocas veces” (E8). Están restaurando un galpón para hacer un salón de fiestas, en principio empresariales, y quieren hacer una cabaña en la sierra, buscan “una estrategia de negocio bien diversificada, pero requiere mucha infraestructura y empleados, mucho gasto” (E8).
Respecto de las formas de comercialización, lo más habitual es la venta minorista, en ferias locales, molinos agroecológicos o directo a los consumidores. En algunos casos se orienta al mercado mayorista o para exportación y una pequeña porción se envía a una elaboradora local de alimento balanceado. Entre las dificultades mencionadas se observa que, al entrar en este circuito de comercialización, la producción es “mezclada” junto a la materia prima producida de manera convencional, perdiendo de esta manera en el circuito la diferenciación que lo distingue como agroecológico. Es decir, “se vende lo agroecológico y lo convencional en el mismo lugar” (E4).
Las decisiones las toman los productores, pero en diálogo con los propietarios, generalmente reciben asesoramiento de un ingeniero agrónomo. Raramente participa la familia. En dos casos participan las parejas, si bien “no toma decisiones vinculadas al manejo de los lotes, sí se encarga de cuestiones vinculadas a la comercialización y trato con clientes, principalmente del sector hortícola, no tanto cultivos extensivos” (E5) o “participa de decisiones en otras actividades que realizan en otro campo, pero aquí no tiene un rol de decisora” (E1). En algunos casos mencionan el interés de que las siguientes generaciones continúen en la actividad, explicando que estudian agronomía o que ayudan en el campo, o que “la idea es que los hijos sigan, pero aún están en jardín [nivel inicial]” (E8). En cuanto a la realización de consultas o intercambios sobre producciones alternativas, la mayoría las realiza con otros productores, con profesionales privados o técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), si bien en un caso mencionan que “fue poco fructífero” (E4) dado que frente al surgimiento de un problema técnico durante el proceso productivo no dieron respuesta.
En general recibieron capacitaciones en producción alternativa, a través de cursos, jornadas en campos demostrativos (ej. chacra experimental de la localidad de Barrow) o directamente con la lectura de artículos académicos específicos, en temas como insumos biológicos o microbiología. Entre los tópicos sobre los que les gustaría recibir capacitaciones se encuentran la agricultura regenerativa y la cromatografía de suelos. En el caso del establecimiento que quiere reconvertirse en un establecimiento rural sustentable menciona: “lo que tengo que desarrollar no va tanto en lo productivo, sino en la estrategia de negocios” (E8). Sostiene, además, que ha buscado asesoramiento para esa reconversión pero que muchas veces la información aportada le resulta insuficiente.
Según la motivación de los productores y ciertas características como la fuente de ingreso, el tiempo que llevan haciendo agroecología, el régimen de tenencia de la tierra, las prácticas de conservación y los tipos de semilla que utilizan (Tabla 1), se propone una tipología de la cual surgen tres tipos de experiencias alternativas extensivas del PGP.

Tipo A. Este grupo abarca a tres productores que en total trabajan 480 ha agroecológicas y al momento de hacer el relevamiento, llevaban aproximadamente dos años bajo este enfoque. La principal motivación es el cumplimiento de las regulaciones locales, es decir, estar acorde a lo que la norma refiere respecto de la zona de amortiguación en el área de interfaz urbano-rural en cuanto al empleo de agroquímicos, dado que los establecimientos se encuentran ubicados en áreas cercanas a centros poblados. Así lo explica un entrevistado: “por la ordenanza y la presión de los vecinos. Una parte del lote queda dentro de la franja de no fumigación. [Los dueños del campo] tuvieron denuncias y uno de los socios estuvo procesado por una denuncia de aplicación” (E2). Es decir, no siempre están convencidos del enfoque, al menos en las tierras donde “deben” aplicarlo por estar en áreas cercanas a poblados, porque según un entrevistado:
“los lotes no estaban preparados para la agroecología, son suelos muy inestables y ese es el primer y principal problema, el segundo es que a raíz de lo anterior, la ganadería es complicada porque además hay muchos robos de animales y todo eso; como se está haciendo no es sostenible en el tiempo, por el problema de erosión y además la reposición de nutrientes es negativa, estamos con un balance de nutrientes negativo; todo el tema de aportes de feedlot y cama de pollo es complicada y muy cara, lleva de muchas labores, para lo intensivo es realizable, para lo extensivo no, y el impacto ambiental es importante, si estuviera compactada bueno, pero hay que hacer movimiento de suelo importante” (E7).
Frente al interés de producir en los predios próximos a las áreas pobladas, la estrategia elegida es aproximarse al uso, conocimiento y aplicación de prácticas productivas alternativas, siendo en este caso elegidas por “necesidad”.
La agricultura es su fuente principal de ingresos, aunque sus producciones y asesoramiento no son solo agroecológicos, sino sobre todo convencionales. Al respecto, uno de los productores (E4) señalaba que la motivación asociada a traccionar hacia la agroecología era experimentar con este tipo de producción, pero mencionaba que, en lugar de ir hacia un aumento en la superficie bajo esta modalidad, estaban pensando en disminuir dado que no encuentran respuestas a ciertas problemáticas como el tratamiento para enfermedades, malezas y plagas y no sienten un acompañamiento continuado desde ciertas instituciones, como puede ser el INTA. Otras limitantes mencionadas han sido que “lleva mucho tiempo, mucha dedicación, mucho esfuerzo; hay dificultades con enfermedades, malezas, plagas; las herramientas agroecológicas son más caras y no hay créditos para acceder a ellas” (E4).
Al ser campos arrendados, los productores pueden continuar la actividad en otros lotes sin necesidad de hacer agroecología, si bien también lo ven como un desafío. Incluso los tiempos de los contratos de arrendamiento influyen en los procesos de planificación de un tipo de producción agroecológica, generando dificultades en el corto tiempo. A su vez, estos arrendamientos son a un menor precio del habitual en la zona, dado que, si no se realiza agroecología, por estar situados en la franja transicional, no podrían producir de manera convencional. Las semillas suelen ser compradas, en algunos casos híbridas, y las prácticas que realizan son las necesarias para mantener el sistema agroecológico, pero de alguna manera, sin “invertir” en mejorar el agroecosistema a largo plazo.
Tipo B. Este grupo abarca a tres productores que en total trabajan 420 ha agroecológicas. Este tipo de experiencias se encuentran más consolidadas y a la vez, con mayor proyección, tanto por la motivación intrínseca como por el tiempo que llevan realizando la práctica, generalmente más de 10 años.
En estas experiencias, existe una motivación profunda sobre el estilo de vida, es una cuestión filosófica arraigada en estos sujetos agrarios, sobre la alimentación, la comunidad y según el relato de uno de los productores “una transformación humana y un recorrido espiritual […] buscan construir “otra ruralidad”; dar buenas condiciones de vida, buenos sueldos, comida, movilidad; reconstruir socialmente el campo” (E1). En este caso, el interés y la militancia traspone lo predial y lo productivo individual, ya que lo trabaja desde la facultad (estudió Agronomía) donde propuso y puso en funcionamiento una cátedra de agroecología, además de involucrarse en diversas luchas por cuestiones sociales, trabajar en distintas organizaciones y vincularse con otros enfoques como la agricultura regenerativa, la corriente biodinámica, con el Movimiento Agroecológico Latinoamericano y del Caribe (MAELA), el comercio justo, el consumo responsable y ferias de semillas. En otro caso, el camino recorrido en su trayectoria personal y profesional es el que lo llevó a considerar la agroecología como
“algo filosófico; es una apuesta, producir un alimento sano y que sea accesible para la comunidad, creo que tiene que ser por ahí, todo eso me fue marcando el camino por dónde ir […] conocí mucha gente que nada que ver con la agronomía pero que trabajaba con la tierra de otra manera y me pareció muy interesante y una filosofía que se adecuaba más a la mía y empecé a probar, interesarme más, cambiar el paradigma porque ¿qué estamos buscando, rentabilidad y nada más, o estabilidad?” (E3).
En estos casos, la agroecología tiene un fundamento desde lo teórico y práctico, es una “posibilidad”, con un fuerte convencimiento de ser el camino y con una mirada integral y sustentable, abarcando las dimensiones sociales, ambientales y económicas. La agroecología es la principal fuente de ingresos, si bien puede no ser la única, dado que en la mitad de los casos producen o asesoran en campos con agricultura convencional. Además, uno de los entrevistados es empleado municipal, otro empleado de una empresa privada y otro encargado del campo. Respecto de la forma de tenencia de la tierra, existe en este grupo un predominio de arriendos que resultan de acuerdos con los familiares propietarios. De allí, que en este grupo los precios de alquiler tampoco se ajustan a los precios de mercado. Por ejemplo, uno de ellos comenta que “la tierra donde se desarrolla el establecimiento pertenece a la familia y pago un precio de alquiler más bajo que si tuviera que arrendar a otras personas” (E5), lo cual no es menor porque el alquiler le supone más del 50% de los costos de producción.
En su mayoría, utilizan la autoproducción de semillas, aunque en ocasiones compran a otros productores “buscando que sea todo autoproducción; si no compro a un productor agroecológico de Tandil” (E3). Suelen realizar múltiples prácticas de conservación de la biodiversidad, natural y productiva, con una mirada a largo plazo, a través de “corredores biológicos, cortina como monte, vegetación espontánea cerca de los alambrados, pinos, álamos, sirve para separar un poco del resto de producciones” (E3) o de “conservación de relictos naturales, respetando pastizales naturales, curvas de nivel y corredores biológicos cercados con árboles nativos y bajadas de agua” (E1). En algunos casos, combinan la agricultura con otras producciones (como ganadera o apícola) a través de la asociación con otros productores dentro del mismo predio, lo cual otorga mayor diversidad a la producción.
Tipo C. En este grupo se incluyen dos experiencias más recientes, que abarcan aproximadamente 90 ha, y no están centradas en los preceptos de la agroecología, sino más bien guiados por otras prácticas alternativas, como la biodinámica o la orgánica, y entienden lo alternativo como “oportunidad”. En ambas situaciones, son propietarios de la tierra y la agroecología no es la principal fuente de ingresos.
Uno de los casos, se caracteriza por la búsqueda de un estilo de vida más tranquilo y de contacto con la naturaleza, si bien hasta el momento de la entrevista no residían en el espacio rural. En la otra experiencia, buscan diferenciarse a partir de una visión de negocio integral (producción orgánica junto con turismo rural) que ofrezca una experiencia de estancia o evento en el lugar, donde los visitantes se alimenten de lo producido en el propio predio, “crear una marca, que sea todo orgánico; que vengan a dormir, comer orgánico, todo autosustentable” (E8). De momento están buscando la manera de hacerlo, porque una de las motivaciones es que los hijos sigan con la actividad en el campo y porque “a la dueña no la motiva que no sea orgánico; quiere probar si es imposible hacer orgánico; tampoco pretende llenarse de plata, pero al menos no perder; [de hecho] no solo no vive de esto, sino que pone plata” (E8).
Los casos analizados, están en una etapa inicial y tienen proyección de crecimiento. Actualmente, las semillas son compradas y las prácticas de conservación aplicadas son escasas, aunque planean incrementarse a futuro.
Los tres tipos de experiencias alternativas extensivas del PGP, realizan prácticas guiadas por los principios de la agroecología, aunque con matices. De manera analítica, la realización de una tipología de las experiencias permitió ver hacia el interior de cada caso, explorando similitudes y diferencias. El tipo B es el más estable en el tiempo y con mayor proyección, dada la fuerte convicción y el tiempo que lleva en el modelo con bases agroecológicas. Considerando que el inicio de la transición hacia la agroecología conlleva importantes desafíos dado que se deben respetar los tiempos de la naturaleza y los ciclos vitales, este grupo ha atravesado dicha instancia, si bien la transición es un proceso continuo y flexible.
En cuanto a los otros dos tipos, se evidencia que el tipo A requiere de un incentivo externo para realizar agroecología y se nutre de una posición que podemos entender más coyuntural. Sin embargo, dejan en claro que para avanzar en este camino requieren de un mayor acompañamiento dado que, si bien surgen por necesidad, están permeables a experimentar, aprender y expandirse en este sentido. Por otro lado, las experiencias tipo C son en cierta forma periféricas en cuanto a que no se vive puramente de ello, por lo que la presión, demanda y facilidad de cambiar hacia otro rumbo es mayor, pero no dejan de ser experiencias que se deben fomentar y facilitar para servir de semillas que incentiven a otros emprendimientos. Este último tipo de experiencias se nutre de un modo de vinculación con el espacio rural diferente, siendo una instancia de prueba, de inversión a futuro, de búsqueda de ser pioneros sin ser su ocupación central y, por lo tanto, con menor aversión al riesgo.
Del análisis de los casos hasta aquí colectados y la sistematización de sus características tomamos la iniciativa de proponer, al menos tentativamente para cada tipo, una etiqueta cualitativa de denominación. Así el tipo A podría titularse como “Agroecológicos por obligación”, el tipo B como “Agroecológicos por convicción” y el tipo C como “Agroecológicos urbanitas”. En este sentido, encontramos ciertas similitudes con algunos de los tipos de productores agroecológicos caracterizados por Cáceres et al. (2023): las experiencias del tipo A (por obligación) se asemejan al subtipo socioproductivo emergente, particularmente a aquellos que han decidido transicionar (total o parcialmente) por “necesidad”, debido en este caso a una de las tres situaciones que allí refiere en cuanto a la presión social vinculada a los problemas por el uso de agroquímicos en cercanías a centros urbanos, escuelas rurales o donde las municipalidades han regulado su uso; en referencia a las experiencias de tipo B (por convicción) se relacionan con los “productores consolidados” del llamado núcleo duro, los cuales llevan una larga trayectoria productiva dentro de este modelo, son más exigentes en la implementación de las prácticas productivas que caracterizan este enfoque, con especial énfasis en el cuidado del ambiente y la conservación de la biodiversidad; por su parte, las experiencias del tipo C (urbanitas) integrarían los llamados “nuevos productores” caracterizados por utilizar técnicas agroecológicas, biodinámicas u orgánicas, que producen fundamentalmente para autoconsumo y que se asocian a la nueva ruralidad, y por otro lado, a los “empresarios a cargo de unidades integradas” donde la producción agropecuaria se articula con otras actividades, como el turismo rural, gastronomía gourmet, y donde el nivel de capitalización es elevado (Cáceres et al., 2023).
Los casos estudiados dan cuenta de diferentes motivaciones y trayectorias en el grado y la forma de implementación de los principios agroecológicos dentro de un mismo territorio. Los “Agroecológicos por obligación” (Tipo A) han transitado hacia este modelo productivo en respuesta a regulaciones municipales y presiones sociales relacionadas con el impacto de los agroquímicos en áreas periurbanas, escuelas rurales y zonas con restricciones normativas. En estos casos, elementos como la Responsabilidad Social y la Eficiencia en el uso de recursos adquieren especial relevancia, ya que los productores buscan alternativas viables dentro de un contexto de restricciones externas. En contraste, aquellos “Agroecológicos por convicción” (Tipo B), han desarrollado estrategias productivas basadas en el reciclaje de nutrientes, la biodiversidad y la resiliencia socioecológica, priorizando la co-creación de conocimientos y la autonomía en la gestión de los recursos naturales. Finalmente, los “Agroecológicos urbanitas” (Tipo C) representan una diversidad de experiencias que van desde pequeños productores orientados al autoconsumo hasta unidades integradas que combinan producción agroecológica con actividades como el turismo rural y la gastronomía gourmet. En este último grupo, elementos como la diversificación, la integración de sistemas y los circuitos cortos de comercialización cobran un papel central, favoreciendo modelos que fortalecen la conexión entre producción y consumo. En conjunto, estas tipologías reflejan cómo los principios agroecológicos son apropiados de manera diferencial según el contexto productivo y las motivaciones de cada actor, lo que sugiere la necesidad de políticas públicas que reconozcan y potencien esta heterogeneidad.
El objetivo del presente trabajo consistió en analizar los relatos de los productores agroecológicos del partido de General Pueyrredon (PGP), entrevistados entre julio de 2022 y octubre de 2023, para posteriormente, arribar a la construcción de una tipología de experiencias. En tal sentido, el relevamiento llevado adelante ha permitido escuchar las voces de quienes forman parte de las experiencias agroecológicas extensivas del PGP, visibilizar la heterogeneidad de casos, motivaciones y obstáculos con los que se enfrentan, a la vez que posibilitó dar cuenta de que, si bien es incipiente, comienza a haber una mayor comunidad de productores que están transitando hacia modelos más sustentables de producción. La tipología de experiencias en base a la motivación y características aporta un primer trabajo de caracterización de los productores agroecológicos del PGP. Este ejercicio de tipificación, surge de un recorte espacial concreto, que será dinámico en su definición y seguramente cambiante, por ejemplo, al comparar en un futuro con nuevas experiencias y con otros recortes espaciales.
Conocer las características de estos productores que transitan el camino a la agroecología sirve como sustento y fundamento para visibilizar sus acciones en búsqueda de un beneficio mayor y también aportar evidencia empírica concreta de su accionar para contribuir al desarrollo de políticas públicas dirigidas a orientar la producción agropecuaria hacia la sustentabilidad, particularmente en áreas de interfaz rural-urbana. Así mismo, permite visibilizar ciertas dificultades encontradas para orientar los esfuerzos conjuntos de la academia, la extensión y los productores con el fin de facilitar la transición en este sentido. Es necesario seguir promoviendo y acompañando desde las instituciones públicas y privadas este tipo de iniciativas, de manera de co-construir un territorio rural sustentable.
Agradecemos a los productores entrevistados, por su tiempo y predisposición, y por brindarnos la información necesaria para llevar a cabo la investigación, a los revisores por sus valiosos comentarios que contribuyeron a robustecer este artículo, y al Doctorado en Ciencias Aplicadas Mención Ambiente y Salud (DCAAS, UNICEN, Argentina), donde Jaime Del Rio desarrolla sus estudios.
Administración del Proyecto: Zulaica, L.
Adquisición de fondos: Zulaica, L., Mikkelsen, C.
Conceptualización: Auer, A., Molpeceres, C., Del Río, J., Mikkelsen, C., Zulaica, L.
Investigación: Auer, A., Molpeceres, C., Del Río, J., Mikkelsen, C., Zulaica, L.
Metodología: Auer, A.
Curaduría de datos: Auer, A., Molpeceres, C., Del Río, J.
Análisis formal: Auer, A., Molpeceres, C.
Redacción, borrador original: Auer, A.
Escritura, revisión y edición: Auer, A., Molpeceres, C., Del Río, J., Mikkelsen, C., Zulaica, L.
Recursos: Zulaica, L., Mikkelsen, C.
Supervisión: Zulaica, L.
Validación: Molpeceres, C.
Visualización: Auer, A.
redalyc-journal-id: 845


