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Espacio y trabajo en el Polo Oleaginoso del Gran Rosario, Argentina. Dinámicas locales del régimen alimentario transnacional
Verónica Vogelmann; Julia Soul
Verónica Vogelmann; Julia Soul
Espacio y trabajo en el Polo Oleaginoso del Gran Rosario, Argentina. Dinámicas locales del régimen alimentario transnacional
Space and Labor in the Oilseed Hub in Gran Rosario, Argentina: local dynamics of the transnational agri-food regime
Mundo Agrario, vol. 26, núm. 63, e304, 2025
Universidad Nacional de La Plata
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Resumen: El artículo tiene como objetivo analizar la relación entre espacio y trabajo en el Polo Oleaginoso de Rosario (Argentina) considerándolo como un spatial fix particular, inserto en el régimen agroalimentario corporativo conformado desde la década del 80. El doble proceso de expulsión/subsunción del trabajo que supone este spatial fix, se aborda a partir de la noción de prácticas espaciales para iluminar los modos en que las empresas, distintos tipos de trabajadores y organizaciones irrumpen, avanzan, resisten y reconfiguran el espacio local. La estrategia metodológica atiende al carácter multiescalar del proceso, por lo que se focaliza en la instalación de una planta industrial oleaginosa y su puerto en la zona sur de Rosario. Las técnicas combinan observación participante y entrevistas semiestructuradas, con el relevamiento de fuentes secundarias (periodísticas y documentales). Se concluye que la doble dinámica de desposesión/subordinación determina prácticas espaciales diferenciadas que subyacen a la articulación política del trabajo.

Palabras clave: Espacio, Trabajo, Spatial Fix, Regimen Agroalimentario, Polo Oleaginoso Rosario.

Abstract: This article aims to analyse the relationships between labor and space in the Oilseed Hub in Rosario (Argentina), considering it as a particular spatial fix inserted in the transnational agrifood regime that has been emerging since the 1980s. The double process of dispossession/subordination of labour implied by this spatial fix is approached from the notion of spatial practices to illuminate the ways by which companies, different types of workers, and organisations enter, advance, resist, and reconfigure the local space. The methodological strategy takes into account the multi-scale nature of the process, focusing on the installation process of an industrial oilseed plant and its port in the southern area of Rosario. The techniques used combine participant observation and semi-structured interviews with a review of secondary sources (journalistic and documentary). It is concluded that the dual dynamics of dispossession/subordination determine differentiated spatial practices underlying the political articulation of labour.

Keywords: Space, Labor, Spatial Fix, Agrofood Regime, Rosario’s Oilseed Hub.

Carátula del artículo

Artículos

Espacio y trabajo en el Polo Oleaginoso del Gran Rosario, Argentina. Dinámicas locales del régimen alimentario transnacional

Space and Labor in the Oilseed Hub in Gran Rosario, Argentina: local dynamics of the transnational agri-food regime

Verónica Vogelmann
Instituto de Investigaciones Socio–Históricas Regionales, (CONICET-UNR), Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, Argentina
Julia Soul
Centro de Estudios e Investigaciones Laborales, CONICET, Argentina
Mundo Agrario, vol. 26, núm. 63, e304, 2025
Universidad Nacional de La Plata

Recepción: 16 Agosto 2024

Aprobación: 26 Agosto 2025

Publicación: 01 Diciembre 2025

Introducción

En este artículo analizamos la relación entre espacio y trabajo en el Polo Oleaginoso del Gran Rosario (Argentina), cuya conformación se inscribe en un nuevo régimen agroalimentario corporativo (McMichael, 2021). Se trata de un espacio productivo particular formado por plantas de molienda de oleaginosas, puertos privados, instalaciones de almacenamiento y otras infraestructuras que se ha convertido en uno de los complejos de exportación más importantes del mundo y uno de los nodos estratégicos de la vida socioeconómica del país. En él miles de trabajadores transportan, recolectan y procesan las cosechas de oleaginosas de Argentina y otros países y las envían al mundo (principalmente a China e India).

La instalación del Polo en el área de Rosario provocó profundas transformaciones en el espacio costero, incluyendo el desplazamiento de grupos y comunidades cuya reproducción social dependía del acceso al río (ya sea para ganarse la vida o como parte de un modo de vida). Nuestro objetivo es desentrañar las dinámicas espaciales de reestructuración del capitalismo en Argentina focalizando en el complejo oleaginoso. Para ello describiremos las prácticas espaciales de distintos actores, ponderando las tendencias al desplazamiento y a la subsunción del trabajo por el capital.

Este estudio se inscribe en una línea de investigación, materializada en dos proyectos, que propone una aproximación socioantropológica al problema de la configuración de la clase trabajadora en el entramado de las dinámicas locales y globales de acumulación de capital.1 Los datos se elaboraron en un extenso trabajo de campo, iniciado hacia 2021 que incluyó situaciones de observación participante en actividades vecinales y sindicales, recorridas por los espacios barriales, así como la realización de entrevistas individuales y colectivas con referentes barriales, vecinos y vecinas, funcionarios municipales, dirigentes y delegados sindicales, y personal jerárquico de las empresas agroindustriales. También se realizó el relevamiento de un conjunto de fuentes secundarias, como regulaciones, documentos e informes producidos por actores estatales, no gubernamentales y privados; así como de medios de prensa locales, regionales y nacionales.

Este artículo se organiza en cinco apartados. En el primero, desarrollamos las referencias conceptuales y teóricas. En el segundo apartado, presentamos el spatial fix transnacional a través de dos representaciones visuales que reflejan un conjunto de prácticas espaciales antagónicas: República Unida de la Soja frente a República Tóxica de la Soja. En el tercer apartado, describimos la creación del Polo Oleaginoso del Gran Rosario como formación territorial. En el cuarto apartado, centramos el análisis en las prácticas espaciales generadas por la instalación de una planta de procesamiento de oleaginosas propiedad de una de las mayores corporaciones mundiales del agronegocio (en adelante grupo C). Por último, abordamos las prácticas espaciales seguidas por los trabajadores y las comunidades en respuesta a la irrupción de la planta del grupo en el territorio.

1. Régimen agroalimentario corporativo, spatial fix y acumulación capitalista

Conceptualizamos al Polo Oleaginoso del Gran Rosario como una formación territorial integrada en el régimen agroalimentario corporativo. El concepto de régimen alimentario identifica las dinámicas globales de producción y aprovisionamiento de alimentos en ciclos sucesivos de acumulación de capital (McMichael, 2023). El contemporáneo comenzó a configurarse en la década de 1980 a través de la progresiva internacionalización de las cadenas de suministro de productos básicos comandada por las corporaciones que articulan procesos de producción y circulación.

En este contexto, los Estados Nacionales fueron compelidos a incorporar regulaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) por lo que la participación de Estados del Sur en el mercado mundial de producción de alimentos implicó el desmantelamiento de las protecciones al sector agrícola pequeño y mediano. Es así que las exportaciones agroindustriales cobraron un rol preponderante en los procesos de inversión y acumulación de capital en los territorios incorporados al régimen global de producción de alimentos. Estas transformaciones implicaron dinámicas de desplazamiento y fricción entre diferentes actores y grupos sociales específicos.

La literatura que refiere a la expansión agroindustrial en América Latina aborda su impacto en la reprimarización de la economía (Manzanal, 2017) y en la constitución de un nuevo ciclo de inserción de la región en el mercado mundial a través de la producción de commodities (Svampa, 2013). Por otra parte, se interroga el modo en que la configuración del régimen agroalimentario corporativo transforma las conexiones territoriales a gran escala. En tal sentido, la noción de corredores representa las estructuras que posibilitan el libre flujo de mercancías a través del sistema de producción global (Wesz et. al, 2021). Dos de los corredores desde donde se vehiculiza la salida de commodities en la región son el Arco Norte de Brasil, y la Hidrovía Paraná-Paraguay (Schweizer y Petrocelli, 2014).

Otro conjunto de investigaciones se enfoca en las fricciones que se generan entre las actividades ligadas al régimen agroalimentario corporativo y las desarrolladas localmente. En este sentido, se registran procesos de desplazamiento y migración a espacios urbanos (Carpinetti, 2022) o dinámicas de tensiones y conflictos entre los actores globales y los productores de menor escala, como es el caso de los pescadores artesanales (Roldán y Urcola, 2021). En este marco, se ha identificado la emergencia de una modalidad de conflictividad característica de esta etapa que tiene como ejes fundamentales el ambiente y el territorio (Svampa, 2013; Merlinsky, 2021).

En diálogo con estas investigaciones, el artículo aporta una mirada analítica de estos procesos desde la noción de spatial fix (Harvey, 2001; 2007) que nos permite abordar la lógica que impulsa la dinámica espacial del capital en las crisis. Dicha noción expresa una “solución” histórica al problema de la acumulación de capital y contiene los momentos de fijación y movimiento.

En efecto, el término fix, según Harvey (2001), refiere tanto a “fijación” como a “solución”.2 Se enfoca en las configuraciones espaciales a través de las cuáles se despliega la reproducción ampliada del capital como “soluciones” históricas contenidas en las tendencias de crisis y reestructuración del capitalismo. Por ello, destaca la relevancia de la inversión como forma de fijar el capital y de producir espacios sociales acordes a su dinámica. Así, el término interroga cómo el proceso de acumulación se inserta materialmente, se incrusta y, en una dinámica contradictoria, subsume y destruye tejidos socioecológicos previos (Harvey, 2007).

Es así que las fijaciones espaciales de capital (en instalaciones productivas, infraestructura, etc.) garantizan y viabilizan el proceso de acumulación. El mismo comprende un movimiento doble de producción-circulación de valor, que a la vez se especifica en espacios e instalaciones puntuales. En el caso investigado, tales instalaciones comprenden explotaciones agropecuarias, usinas de procesamiento y molienda, unidades productivas de insumos y tecnología, vías de transporte variadas, nodos de almacenamiento, carga y descarga, etc.

La conformación del spatial fix está impulsada por imperativos capitalistas, pero refleja las luchas y resistencias que emanan de los territorios. La dinámica de expulsión y subsunción, y la conflictividad que implica, configura el trasfondo de diferenciaciones, oposiciones, alianzas y solidaridades entre diferentes grupos de trabajadores y condiciona al “trabajo” como formación política (Kasmir & Gil, 2018). La literatura reseñada enfatiza los procesos de expulsión y desplazamiento producto de la expansión agroindustrial y presta una atención relativamente menor a la conformación de colectivos de trabajadores (predominantemente asalariados) que ponen en movimiento las “fijaciones” del capital. En el caso de la agroindustria, involucran a trabajadores rurales, industriales, portuarios, del transporte, etc.

Nuestra perspectiva requiere un abordaje multiescalar capaz de captar las interacciones y la constitución de fuerzas, actores y dinámicas globales y locales. Por lo tanto, nos acercamos al espacio como espacio producido, a partir del reconocimiento de las prácticas espaciales (Herod, 2011), aquellas que materializan visiones e intereses de los actores en tensión. La identificación de dichas prácticas permite aprehender esta dinámica conflictiva, ya que están integradas en las inversiones, así como en las acciones, instituciones, movimientos colectivos y organizaciones llevadas a cabo por los afectados por la fijación. Así, es el interjuego entre las prácticas espaciales desplegadas por diferentes actores y la funcionalización del espacio a las dinámicas de valorización (Lefebvre, 2013) el proceso que da lugar a una diversidad de formaciones territoriales que constituyen fijaciones espaciales.

En este artículo nos aproximamos a las transformaciones que supuso la formación del Polo Oleaginoso del Gran Rosario considerándolo como una formación territorial forjada dentro del spatial fix en torno a la producción de oleaginosas en el Cono Sur. Su consolidación es un terreno en disputa que debe ser interrogado. Por lo tanto, indagamos sobre la instalación y el funcionamiento de una planta industrial en particular, para comprender el puente entre la inversión –como noción económica abstracta– la forma espacial específica que adopta y los diversos actores que se configuran en esta dinámica: vecinos y pobladores, pequeños productores dedicados a la pesca artesanal y trabajadores asalariados de la industria aceitera.

2. La "República Unida de la Soja" frente a la "República Tóxica de la Soja": el spatial fix del régimen agroalimentario corporativo

Las inversiones que configuran el Polo Oleaginoso Gran Rosario encarnan un conjunto de funciones y jerarquías vinculadas a un spatial fix más amplio, derivada del régimen agroalimentario corporativo. Como mencionamos, este régimen comienza a configurarse desde la década de 1980 a partir del proceso de internacionalización productiva –es decir, la uniformización técnica y la fragmentación geográfica del proceso de producción– basada en innovaciones tecnológicas que incluyen las transgénicas.

En este contexto, las corporaciones del agronegocio adaptaron sus estrategias de inversión y expandieron la producción orientada a la exportación y el procesamiento de soja, aceite y harina en el Cono Sur, particularmente en Argentina y Brasil (Naspleda, 2021). Como consecuencia, se expandieron notablemente las áreas cultivadas, cambiaron las dinámicas de movilización de propietarios y mano de obra, y se produjo la integración espacial de la producción, el procesamiento y la circulación (Bergero, Calzada, Terré y Treboux, 2019). A principios del siglo XXI, un tejido corporativo de ferrocarriles, puertos, almacenes e instalaciones de procesamiento había consolidado conexiones y dinámicas comunes, es decir, un spatial fix específico en toda la región.

La consolidación de esta espacialidad desencadenó un conjunto de contradicciones y conflictos, que se expresan en prácticas espaciales antagónicas. Desde distintas perspectivas, la investigación social da cuenta de este antagonismo a través de actores, discursos y sentidos polarizados. Dos representaciones visuales reflejan estas prácticas espaciales antagónicas:

Figura 1
República Unida de la Soja

Fuente: Suplemento Rural Clarín, 2003 (ediciones varias).

La figura 1 es una publicidad de Syngenta –una de las mayores corporaciones agroquímicas del mundo– publicada en periódicos argentinos en 2003. Esta representación muestra un mapa de la zona en la que la empresa presta sus servicios, denominada República Unida de la Soja. Demarca un territorio que abarca cinco países del Cono Sur: Bolivia, el sur de Brasil, Paraguay y vastas zonas de Argentina y Uruguay. Esta república supera fronteras y límites geográficos, topológicos, ecológicos o políticos. Proyecta a un público masivo la construcción espacial que deriva de la lógica de valorización: un espacio abstracto, uniforme, impulsado por la producción de soja, sin otros cultivos, personas o tejidos socioecológicos. Una constelación variada de actores –que abarca productores, técnicos, asesores, planificadores– se identifica con esta representación. Portan y difunden sentidos que involucran el “progreso”, la “innovación”, o la “rentabilidad” como valores que dan sentido a la producción oleaginosa, a la expansión de la frontera de cultivo como vectores de las relaciones sociales (Meyer y Barbosa, 2022).

Por otro lado, la representación de La República Tóxica de la Soja (figura 2) mapea la diversidad de actores, prácticas y territorios que se oponen al monocultivo de la soja.

Figura 2
República Tóxica de la Soja

Fuente: Iconoclasistas - Fundación Rosa Luxemburgo 2020.

Este mapa es una elaboración colectiva, diseñada durante un taller celebrado en Paraguay y objetiva las representaciones espaciales construidas por comunidades, activistas, académicos y otros actores. En contraste con la imagen corporativa, la representación construida colectivamente contiene tanto las fijaciones espaciales que conectan la región con el régimen agroalimentario corporativo; como aquellas que pretenden configurarse a través de prácticas espaciales de resistencia y confrontación. Particularmente, este mapa enfatiza la violencia armada contra las comunidades que supone dicha fijación, así como las consecuencias socioeconómicas, ambientales y políticas que acarrea: incendios forestales, zonas de ecocidio, comunidades desplazadas y vecinos urbanos afectados por la contaminación, entre otras. Así, en contraposición con la uniformidad que transmite la República Unida de la Soja, la representación de la República Tóxica de la Soja revela una multiplicidad de formaciones territoriales contenidas en el spatial fix que, a la vez, expresan prácticas de reproducción, de destrucción/desorganización y resistencia.

El Polo Oleaginoso del Gran Rosario (el círculo rojo en la figura 3) reúne un conjunto de condiciones estratégicas, principalmente su proximidad a zonas de cultivo, a vías navegables y a puertos marítimos abiertos. Es en este contexto que las principales corporaciones agroindustriales instalaron plantas procesadoras y puertos privados en la zona costera, configurando un nodo fundamental en la solución espacial ligada con un nuevo régimen agroalimentario global.

Figura 3
Polo Oleaginoso en la República Tóxica de la Soja

Fuente: Elaboración propia con base en Iconoclasistas - Fundación Rosa Luxemburgo 2020.

3. Polo oleaginoso de Rosario: las conexiones con el mercado mundial de la "República de la Soja"

El Polo Oleaginoso de Rosario es un nodo clave de la República de la Soja (figura 4). Concentra infraestructuras de procesamiento y exportación de oleaginosas –puertos e instalaciones de crushing– y es la conexión de la zona central de cultivo con el corredor de la Hidrovía Paraná-Paraguay (Noticias informativo semanal, Bolsa de comercio de Rosario, 2020). Está conformado por trece empresas aceiteras y puertos –incluyendo otras empresas de servicios, portuarias y de transporte a su alrededor–. Concentra alrededor del 80% de la capacidad de molienda y cerca del 80% de las operaciones de exportación. El Polo recompone el rol histórico de Rosario y la región como nodo que vincula la producción agrícola con el mercado mundial, en el contexto de la constitución de un régimen agroalimentario corporativo.

Figura 4
Mapa área portuaria

Fuente: Constantini Servicios Portuarios SA.

Se pueden reconocer diferentes momentos en la conformación del Polo Oleaginoso:

1- Décadas de 1970-1980: aumentó la capacidad instalada de producción de oleaginosas y aceites comestibles junto con la orientación exportadora. Hacia fines de la década de 1980 las principales compañías agroindustriales globales estaban afianzadas en el territorio (Naspleda, 2021).

2- Década de 1990: este momento se caracterizó por las inversiones extranjeras directas. Las investigaciones centradas en las estrategias empresarias destacan que las principales inversiones en este período apuntaron a aumentar la capacidad de molienda y transporte, la instalación de plantas modernas y eficientes y de joint ventures para expandir las tecnologías transgénicas en la región (Naspleda, 2021) así como la especialización productiva de grupos económicos locales –a través de ventas, compras, fusiones, etc–. (Perez Barreda, Koffman y Abraham, 2018; Gaggero, 2014).

En este período, tres factores mediaron en la incorporación de Argentina y las áreas costeras del río Paraná a la mencionada solución espacial: primero, la conformación del MERCOSUR (Mercado Común del Sur), que reconfiguró las relaciones comerciales entre los Estados-miembros, y consecuentemente enmarcó condiciones regionales comunes para las inversiones del agronegocio. Segundo, la Ley de Puertos de 1992, que privatizó la propiedad y la gestión de los puertos. Se consolidaron entonces las inversiones en los complejos que articulan procesamiento y transporte fluvial de soja. Tercero, el proyecto Hidrovía Paraná-Paraguay, para abaratar los costos del transporte fluvial a través de los ríos Paraná, Paraguay y de la Plata (Perez Barreda, Koffman y Abraham, 2018).

3- Desde 2002 se produjo una renovada ola de inversiones en infraestructura productiva, estimulada por el incremento en el precio de las commodities y el estímulo estatal a través de las nuevas disposiciones legales destinadas a ampliar y fortalecer la fijación de capitales (Ley Nª 25924). En este contexto, las corporaciones del agronegocio ampliaron sus instalaciones e inauguran nuevas plantas y puertos, como es el caso del grupo C (Pérez Barreda, Koffman y Abraham, 2018).

Las inversiones productivas derivadas de la expansión del agronegocio dislocaron y reconfiguraron las prácticas espaciales de trabajadores, vecinos y comunidades locales. El spatial fix es, a la vez, un gigantesco espacio de subordinación directa de trabajo donde convergen y se movilizan las acciones productivas de miles de trabajadores asalariados. Por otra parte, diferentes conjuntos sociales han sido desplazados de las zonas costeras debido a la expansión de las empresas agroindustriales y a las inversiones inmobiliarias en la región. Como consecuencia, se han forjado renovadas organizaciones, actores y demandas. En lo que sigue, describiremos la instalación y el funcionamiento de una planta industrial en particular, para identificar las relaciones entre la inversión y las contradicciones que derivan de la forma espacial específica que adopta.

4. República Unida de la Soja en casa: la irrupción espacial del grupo C

La instalación de la planta en 2003 significó la ampliación por parte del grupo C, del territorio subordinado a la producción y circulación de capitales del agronegocio. Al recorrer los barrios que lindan con la planta junto a vecinos y vecinas, estos recordaban el momento de construcción de la misma y surgía invariablemente la idea de irrupción. En los relatos que registramos, la instalación del grupo C se asociaba con una dinámica repentina, imparable y fuera de control, que transformó sus vidas cotidianas. Mediante esta irrupción, la empresa se fijó en el territorio y construyó el paisaje necesario para sus operaciones. Al hacerlo, estimuló un conjunto de dinámicas contradictorias que transformaron las estructuras espaciales preexistentes: por un lado, impulsó la desposesión de los grupos locales y avanzó sobre las condiciones de su reproducción, sean impidiendo el acceso a bienes comunes –el río o al espacio costero– u obstaculizando la permanencia en las zonas residenciales. Por otro lado, impulsó la formación de un colectivo de trabajadores, fortaleció y promovió tejidos institucionales regionales para el reclutamiento de mano de obra, e impuso formas de disciplinamiento orientadas a optimizar el consumo de la fuerza de trabajo dentro de la planta industrial y los puertos.

Este proceso implicó dinámicas de expulsión, expansión y disciplinamiento por parte de la empresa, así como respuestas por parte de quienes viven en los barrios y están agrupados en organizaciones vecinales; de los pescadores artesanales organizados en cooperativas de trabajo y de los trabajadores aceiteros organizados sindicalmente. Describimos, en lo que sigue, las prácticas espaciales de la empresa, actores e instituciones identificados en el campo.

4. 1. Hacia la producción de la fijación: las prácticas espaciales de la empresa en su instalación

Uno de los barrios directamente afectado por la instalación del grupo C es Ibai Ondo, en la ciudad de Villa Gobernador Gálvez, que limita hacia el Norte con la planta de Unilever –empresa transnacional que fabrica artículos de limpieza– y, hacia el Sur, con el municipio de Alvear. Se trata de un barrio heterogéneo, compuesto por viviendas de buena calidad, ubicadas en parcelas claramente delimitadas, y por sectores de viviendas más precarias, lindantes con espacios de producción de baja escala - como la fabricación de ladrillos, o la cría doméstica de animales-. Quintas de mediana extensión salpican el territorio. Son las que, según los vecinos, sobrevivieron al avance del uso residencial y a la instalación de la planta aceitera.

Figura 5
Área planta industrial, terminales portuarias, conexiones y barrios

Fuente: elaboración propia en base a imágenes satelitales Polo Oleaginoso Gran Rosario - Google Earth.

Un sector de cinco manzanas, en el que se emplazan viviendas de residencia tanto permanentes como ocasionales, resultó particularmente afectado dado que limita directamente con las instalaciones productivas. Esta parte del barrio se distingue por sus barrancas elevadas que se abren sobre el río Paraná y amplios lotes con césped, plantas y árboles. En una de nuestras visitas a Ibaí Ondo, conversamos con algunas vecinas y varias recordaron que la decisión de instalarse allí con sus familias estuvo vinculada a un proyecto de vida "conectado con el río" (Registro de campo, 21 de septiembre 2022).

El paisaje descrito se inscribía en una zona de Reserva Ecológica y Área Protegida, fijada por la ordenanza municipal 1093/95. La misma establecía la prohibición de cualquier uso que "altere la pureza de la tierra y del agua, la vegetación o la población de especies animales silvestres o modifique de cualquier modo sus condiciones naturales" (Ordenanza Municipal 1093/95, Villa Gobernador Gálvez).

La transformación de la antigua zona de Reserva Ecológica y Área Protegida en un espacio industrial se efectuó mediante un dispositivo institucional de gobierno local: la zonificación urbana, que se ha consolidado como una práctica de gobernanza espacial que contribuye a cambiar las formas en que se utiliza el espacio bajo su autoridad. Como herramienta jurídico-institucional, prepara la incorporación inmediata de segmentos específicos del territorio a los procesos globales de acumulación. Este vínculo directo caracteriza distintivamente la espacialidad productiva del capitalismo neoliberal (Arboleda, 2021).

En el caso del área que nos interesa, el proceso de rezonificación puede ser reconstruido a partir del recurso presentado por el Taller Ecologista –organización no gubernamental rosarina–. Hacia agosto de 2003, la familia A, propietaria de algunas de las parcelas de la zona, presentó un pedido de recalificación del área al gobierno municipal de Villa Gobernador Gálvez. En dicho documento se destacaba que la intercambiabilidad del terreno estaba dada por su carácter de propiedad privada. En virtud de ello, los antiguos propietarios solicitaban:

Que el terreno que les pertenece, como ha sido objeto de una opción de compra, resulten aptos, habilitados y autorizados para ser destinados a la construcción de plantas de procesos continuos de productos agroindustriales, puertos de embarques y desembarque de diversos productos derivados y vinculados con la producción agropecuaria, obras de infraestructuras para playas de estacionamiento de camiones y libre tránsito de camiones por avenidas (...) Contemplar el cambio y/o adecuación de la zonificación pertinente de los inmuebles antes citados para el destino precitado, se establezca y otorgue una autorización expresa, explícita y legalmente vinculante determinando que los inmuebles precitados resultan aptos, habilitados y autorizados para ser destinados a la construcción de plantas de procesos continuos de productos agroindustriales, puertos de embarques y desembarque de diversos productos derivados y vinculados con la producción agropecuaria, obras de infraestructuras para playas de estacionamiento de camiones y libre tránsito de camiones por avenidas (Taller Ecologista, 2004, subrayado en el original).

Junto a los dispositivos legales y jurídicos, el Estado y actores privados desplegaron prácticas coercitivas para adaptar el espacio a las necesidades del grupo C. Tras la rezonificación, se intensificaron las presiones sobre las familias de Ibai Ondo para que vendieran sus tierras a través de distintos mecanismos. En conversaciones y entrevistas realizadas, las vecinas detallaron las formas de presión que hoy continúan (Registros de campo, 21 de septiembre 2022 y 18 de mayo de 2023). A3, es docente jubilada, residió en el barrio por 30 años y llegó a presidir la Asociación Vecinal. Ella relata cómo un agente inmobiliario "de Rosario'' empezó a adquirir parcelas cercanas a la suya. Por su parte, F se mudó al barrio con su marido que es contratista en la construcción. Es de las familias que eligieron la zona por la cercanía con el río. Ella recuerda que, cuando se estaban mudando

aparecieron los de seguridad de la empresa en una camioneta blanca y preguntaban ´¿Por qué se quieren mudar acá?, ¿Quién les vendió el terreno?, ¿Te vendieron bien o vino uno con un papelito blanco?´, y yo le dije,´No, yo compre todo legal´. Y ahí le mostré el boleto de compra-venta. Y me dice, ‘¿Y no querés vender?’ (Registro de campo, 21 de septiembre 2022).

En la reunión registrada, las demás vecinas asentían y recordaban episodios similares, protagonizados por “la camioneta blanca de la empresa de seguridad” que recorre el barrio. Desde allí, los guardias increpaban a los residentes preguntándoles "cuánto dinero querían por sus casas”. Otros y otras describían cómo, en el proceso de instalación de la empresa, se dieron prácticas más violentas sobre el barrio y las viviendas, que fueron más allá del acoso “comercial”. Como narraba una concejal local, comprometida con la organización vecinal, durante una recorrida por el barrio: “Muchos vecinos se murieron de disgusto, algunos viejitos llegaban y les ponían montaña de tierra en la puerta de las casas, los viejos se enfermaron, se fueron muriendo” (Registro de campo, 18 de mayo de 2023).

Estos son los principales mecanismos de presión sobre los propietarios de viviendas en Ibai Ondo que están identificados con el proceso de irrupción de C en el territorio.

Otra comunidad costera que se vio seriamente afectada por la instalación de la planta oleaginosa y el puerto es Bajo Paraná, perteneciente al distrito de Alvear. Este barrio tiene acceso limitado o nulo a los servicios urbanos básicos, como agua potable, gas, cloacas, pavimento de hormigón, etc. El entorno revela la precariedad de las condiciones de reproducción: cobertizos o casas de chapa dispersos en terrenos desiguales, sobre la costa y las barrancas del río. El Estado local ha considerado que la zona es un "asentamiento irregular" lo que habilitó otra dinámica de intervención espacial (Fundación Findel, 2022).

El territorio muestra marcas de los modos de ganarse la vida de sus habitantes. Ellos y ellas se presentan como “pescadores de tercera generación” (registro de campo, 11 de septiembre 2021), y allí, sobre la costa, delante o al costado de las casas, se ven las redes de pesca, barcas y otras herramientas que evidencian la importancia de esta actividad. Las cercas y los animales que pululan indican la cría y venta de pollos, cerdos o aves de corral. En los terrenos, abiertos a la calle, se ven precarias instalaciones que ofician como pequeños almacenes o kioscos.

Una de las imágenes más potentes que expresa la irrupción de la empresa en Bajo Paraná es la del avance de topadoras sobre un grupo de viviendas, para construir el camino que anexa uno de los puertos y el playón de camiones a la planta procesadora. R se mudó a Bajo Paraná hacia finales de la década de 1990. Vive allí con su marido, sus hijos e hijas. Participa de un comedor comunitario y se encarga de vender los pescados que obtienen su marido y su hijo. Su recuerdo de la irrupción de C en el barrio, está marcado por la prepotencia con que avanzó la construcción

Un día (...) vinieron las topadoras a querer tirar las casitas que [los vecinos] tenían ahí. Nos tuvimos que juntar todas las familias y ponernos así todos delante de las casas para que no las tiren (...) Entonces agarraron y se pusieron los tres hermanos que eran más unidos y se plantaron y les dijeron ‘¿por qué vienen a tirarnos las casas?, no ve que hay criaturas. Usted no tiene ningún derecho de tirarnos las casas. Porque nosotros somos pescadores, cirujas’, en ese tiempo cirujeaba yo, ‘pero no somos ignorantes’” (Entrevista, 14 de agosto de 2022).

El desplazamiento de algunas familias no fue la única consecuencia de la irrupción del grupo C en Bajo Paraná. En el recuerdo de los y las vecinas, la construcción de las instalaciones industriales destruyó y bloqueó las vías principales de acceso al barrio, aislandolo, e inhabilitó las precarias instalaciones para el suministro eléctrico. Sin embargo, en una comunidad de pescadores, las peores consecuencias del spatial fix fueron las que se dieron en relación con el río. La construcción de un puerto de aguas profundas, la circulación de grandes buques de carga y barcazas y los trabajos regulares de dragado destruyeron las canchas –áreas del río acondicionadas para la pesca – e incrementaron la incertidumbre y las dificultades que rodean a la pesca artesanal (Registro de campo, 24 de junio 2022).

En resumen, el spatial fix agroindustrial implicó la construcción de infraestructura y la destrucción y refuncionalización de los entornos socioecológicos previos, a través de la subordinación de espacios residenciales, recreativos o productivos a las necesidades de esos capitales. Las prácticas espaciales que dieron forma a esa subordinación variaron según las relaciones de propiedad y entrelazaron acciones y dispositivos estatales, mercantiles y coercitivos que moldearon un campo de conflictos que se fue desplegando desde entonces.

4. 2. Prácticas espaciales de movilización laboral, disciplinamiento y consumo productivo

Como adelantamos, el Polo Oleaginoso es un espacio de subordinación del trabajo de miles de trabajadores y trabajadoras. El proceso de movilizar, organizar y localizar fuerza de trabajo se desarrolla a través de dinámicas y redes regionales de reclutamiento y contratación. Este tejido regional que vincula instituciones, corporaciones y otros actores, contribuye al flujo continuo de mano de obra hacia las corporaciones y moldea las trayectorias de los trabajadores y las trabajadoras.

E y M se incorporaron cuando la planta entró en operaciones, en 2006. Ambos trabajaban en el sector, E. era técnico en la fábrica que la empresa posee en Puerto San Martín, en la zona norte del Polo. Por su parte, M -actual secretario general del sindicato aceiteros de Rosario - había trabajado en empresas de limpieza tercerizadas y quería dejar de ser “contratado de agencia”

Desde el 2003 al 2007 estuve contratado en las fábricas (…) terminan de construir C en Villa Gobernador Gálvez y dicen: ‘Solicitamos 15 personas que sean Aceiteros de limpieza para hacer tareas durante un mes en Gálvez’. Y yo no quería ir, yo estaba acá, aquello era nuevo y acá estaba cómodo dentro de todo. Bueno, pero igual me tuve que ir (…) Y estando ahí, un día falta uno de la descarga de camiones y van y preguntan si alguien sabía manejar una volcable y yo le dije que sí. Y me pasan, me lleva (...) Cuando me voy, me preguntan si me interesaba dejar el currículum, les dije que sí, les dejé el currículum y ahí me pasan a otra empresa tercerizada con perspectiva de quedar efectivo [porque] una cosa era Thor que habían contratado para la limpieza y otra cosa era Adecco que la habían contratado para probar personal propio (...) Pasamos, hicimos todo el circuito y en junio de 2007 quedamos efectivos (Entrevista, mayo 2022).

E, por su parte, se “anotó” porque quería disminuir el tiempo de movilidad entre el hogar y el trabajo.

cuando hicieron la planta, el puerto de la planta, yo me anoté (...) porque ya estaba re podrido (...) si tenés la posibilidad de no viajar todos los días hasta el puerto, es terrible, cada vez más difícil. El colectivo tenía dos horas y media de viaje, el colectivo de la empresa, porque a veces se metía por el medio de Rosario, por el centro, por la ruta, creo que es la 11 la ruta esa de Baigorria, Bermúdez, era… Entraba a las seis de la mañana a trabajar y me levantaba a las tres de la manaña, una cosa… (Entrevista, Junio de 2022)

B fue contratado en 2005, como parte de una convocatoria que realizó el grupo C a través de la escuela secundaria. Las autoridades organizaron y convocaron a ex-alumnos a una primera reunión con funcionarios de la empresa, tras la cual los seleccionados continuaron el proceso e ingresaron a la nueva planta.

en el 2005 me llamó un profesor que iba a ir C a hacer una entrevista a todos los egresados, el que quería ir que vaya, que iban a tomar gente porque recién se instalaba en la ciudad, así que quería gente. (...) esa fue la primera entrevista, habrá sido mediados de 2005 más o menos (...) en la escuela fue la entrevista. (...) éramos un montón, todos los últimos egresados, llamaron a todos los que querían y bueno. (...) Fueron un montón de entrevistas más, piensen que me llamaron, la primera fue en julio y yo entré en diciembre, así que tuve que pasar un montón entre entrevista y chequeos médicos, entre todo entré en diciembre. (...) generalmente las empresas locales o de Rosario siempre van a la escuela y piden chicos que hayan terminado como para llevarlos a trabajar a sus empresas. A mí me llamaron de muchos lados, antes de llamarme de C me llamaron ya para otras entrevistas, otros lados. (Entrevista, julio 2022)

Los trayectos que relatan E, M y B expresan diferentes circuitos de reclutamiento y selección por medio de los cuales los y las trabajadores se incorporaron a la planta del grupo C en la región. En ellos, se revelan las escalas entrelazadas de prácticas que configuran la movilización de la mano de obra en esta formación territorial: agencias de empleo transnacionales, empresas subcontratistas locales y establecimientos educativos se entrecruzan para asegurar la llegada de mano de obra adecuada a las corporaciones agroindustriales.

Una vez que ingresan a la planta, tiene lugar otro movimiento -inherente a toda fijación espacial-: la movilización de materias primas, equipos y otros insumos para producir aceite, pellets, biodiesel y otros subproductos, que serán lanzados al mercado mundial a través del río. Para que este proceso ocurra, es necesario fijar y organizar el consumo productivo de la mano de obra. En esta planta, hay unos 300 trabajadores -hombres y mujeres- que llevan a cabo este proceso y son designados por los directivos para determinados puestos y organizados en turnos rotativos.

El diseño espacial sigue el curso del proceso de transformación, los circuitos de movilidad de cosas y personas, los ritmos y las actividades están predefinidos y configuran las tareas diarias de cada trabajador particular. En una entrevista colectiva a trabajadores de la empresa, realizada en el año 2023, se detallaron distintas dimensiones del proceso productivo tanto en la planta procesadora como en las terminales portuarias. De allí se sigue que las prácticas espaciales, estructuradas por la dirección, tienden a regimentar los movimientos y posiciones de los trabajadores delineando segregaciones y distancias: los itinerarios, los puntos de encuentro y los caminos se definen cuidadosamente, estableciendo espacios permitidos y prohibidos. Se instalan cámaras, sensores de temperatura o movimiento y otros dispositivos de control de las personas, de los equipos y del producto4. Hombres y mujeres se integran en el espacio productivo según criterios funcionales respecto del proceso de producción. Esto explica las precarias condiciones de trabajo que recuerdan quienes entraron en la fábrica al inicio de las operaciones: la falta de baños o de refugios en los lugares de trabajo al aire libre, como el puerto, la recepción y las zonas de expedición. Otros trabajadores carecían de suministro de agua potable y de caminos pavimentados para desplazarse por la planta.

5. Resistencia y reproducción en la “República de la Soja”: prácticas espaciales de vecinos, sindicatos y productores

Esta sección se centra en las prácticas espaciales seguidas por los trabajadores y las comunidades en respuesta a la irrupción del grupo C. Nuestro enfoque del espacio como resultado de los conflictos permite incorporar analíticamente las prácticas de los distintos grupos sociales a la comprensión de las espacialidades concretas expresadas en las formaciones territoriales.

5. 1. Las prácticas espaciales de los trabajadores aceiteros: de la espacialidad empresarial a la sindical

Se ha descrito cómo las prácticas espaciales de las gerencias configuran los movimientos productivos y las conexiones entre los distintos grupos de trabajadores dentro de la planta de semillas oleaginosas. Esta configuración espacial también sustentó las prácticas de los trabajadores que expresaban malestar y quejas. Los delegados que fueron pioneros en la organización sindical en la planta, recuerdan sus primeros intentos de reclamar mejoras de las condiciones de trabajo: los grupos que lo hicieron se basaron en divisiones conformadas por la espacialidad subyacente al proceso laboral. Grupos de trabajadores de cada sector plantearon reivindicaciones a sus jefes directos, a través de cartas y notas. E., que fue el primer afiliado al sindicato en la planta y actual delegado describe esta dinámica en su sector

Tratábamos de organizar entre nosotros (...) mandábamos una carta y la empresa te contestaba que no. Nada (...) hacer una reunión, llamar al jefe de producción para hablar de tal supervisor y no nos daban bola. Tratamos de organizar de la manera que podíamos, que hoy es una locura, hoy lo hace un delegado a eso, pero bueno. [En ese momento] había una desconexión terrible entre lo que era planta… Yo lo que te cuento es mi visión de planta, probablemente haya otra en puerto, otra en la volcable (...) Ha habido movimientos de gente así que se rebelaba, que estaba enojada (...) pero no estaban como conectadas las cosas. Sí, desconectadas. Lo único que nosotros (...) avanzamos un poco más con el gremio (Entrevista, junio 2022).

M. recuerda que en la fábrica:

[Se] crearon varios focos de resistencia sin siquiera estar entrelazados (...) nuestro sector de puerto no teníamos afiliados y éramos poquitos los que íbamos resistiendo. Y en recepción también, porque también se juegan otras cosas ahí (...) Esa disputa interna de no reconocerse como pares que después nos llevó varios trabajos de, ¿cómo es?, de grupos focales como para que entiendan que no hay diferencia en realidad (Entrevista, mayo 2022).

Las imágenes de la conflictividad cotidiana que reponen ambos referentes expresan la desconexión que resulta de la segregación y fragmentación de los trabajadores que realiza la espacialidad empresarial. Estas desconexiones fueron superadas a través del proceso de sindicalización, que incorporó a los trabajadores de la fábrica a una escala superior de organización, en la que se hicieron demandas más amplias y generales y se interpeló a toda la empresa –no sólo a gerentes individuales–. Así, la organización sindical configuró una espacialidad que conecta grupos de trabajadores que permanecen cotidianamente divididos y fragmentados –entre sectores, jerarquías, puestos de trabajo, etc.–. Estas prácticas espaciales se encarnan en actores específicos del movimiento obrero argentino: los delegados de planta. Son aquellos que –una vez acumulado cierto poder obrero– irrumpen activamente en el espacio corporativo recorriendo la fábrica, organizando reuniones y convocando a compañeros de todas las secciones de la fábrica.

Estas prácticas contribuyen activamente a la superación de las resistencias desconectadas y a la contestación del espacio configurado por las prácticas de gestión, especialmente cuando implican acciones colectivas como asambleas –cuando los trabajadores se reúnen en el patio de entrada–, huelgas –cuando los trabajadores se retiran de sus puestos y acampan en la puerta– o cortes de rutas –cuando los trabajadores impiden que los camiones carguen o descarguen–. Estas acciones suelen implicar a grupos de trabajadores organizados en otras instalaciones, en otras ciudades o en otras provincias. Las prácticas espaciales desplegadas por el sindicato amplían su alcance mediante su incorporación a una red de actividades coordinadas a escala nacional.

Además, las prácticas espaciales sindicales también conllevan demandas y reivindicaciones. Las resistencias desconectadas se orientaban a reclamar mejores condiciones de trabajo: aseo, heladeras y suministro de agua potable, o la destitución o castigo de los supervisores severos. Estas reivindicaciones expresaban una configuración del espacio caracterizada por atributos relacionados con lo que los trabajadores consideran bienestar y dignidad en su trabajo diario, aunque no estaban inmediatamente relacionados con la eficiencia o la utilidad funcional, atributos del espacio corporativo mencionados anteriormente. Las prácticas sindicales materializan la espacialidad de los trabajadores en el lugar de trabajo.

5.2. Espacios vecinales frente a la embestida empresarial

La instalación del grupo C en esta parte de la zona costera afectó profundamente a los residentes de Ibai Ondo y Bajo Paraná, que sufrieron no sólo las prácticas coercitivas sino también el profundo impacto de las operaciones en sus territorios. Desde la instalación de la planta oleaginosa, los pobladores de ambos barrios se han organizado para resistir los avances de la empresa. Las prácticas y organizaciones de resistencia se basan en una doble situación espacio-temporal: se nutren de las experiencias históricas de la clase trabajadora –no sólo de los sindicatos, sino también de las asociaciones de vecinos y las cooperativas de trabajadores– y sus reivindicaciones se configuran en función de los paisajes futuros en los que quieren vivir.

La piedra angular de la resistencia de los habitantes de Ibai Ondo fue la negativa a vender sus tierras y casas. De este modo, aseguraron su espacio vivido e impidieron la expansión de la empresa. La llegada de nuevos vecinos al barrio incluso después de la instalación de la planta oleaginosa revela la dinámica contradictoria de la expulsión –espoleada por la empresa– y el emplazamiento –desplegado por los vecinos–.

Los habitantes de Ibai Ondo recuerdan dos momentos principales de la organización. En primer lugar, se reunieron como vecinos autoconvocados para exigir a las autoridades locales la conexión de Ibai Ondo a la red de agua potable, cosa que consiguieron. El segundo punto de inflexión organizativa fue cuando los vecinos autoconvocados decidieron formar la comisión directiva de la Asociación Vecinal Ibai Ondo. Las asociaciones vecinales están formadas por residentes y sus objetivos son la promoción de viviendas y obras urbanas, la organización de actividades culturales y sociales, y el fomento de las prácticas deportivas y educativas. Los gobiernos locales reglamentan estas asociaciones y les conceden personalidad jurídica. También las regulan definiendo las fronteras y los límites entre barrios. Según consigna la Guía de Barrios y Vecinales de Villa Gobernador Galvez, existen 31 Asociaciones de este tipo en la ciudad, incluyendo la de Ibai Ondo (Municipalidad de Villa Gobernador Gálvez, 2017). Así, las prácticas espaciales que hacen a la vecinalidad se nutren de la historia común de organización colectiva en la lucha por mejoras en los territorios locales. A través de las mismas, los vecinos y vecinas se sienten hacedores del espacio, como explicaba uno de ellos: Ibai Ondo carece de "calles pavimentadas, gas y agua potable" y obras como el alumbrado público o el mantenimiento del parque son llevadas adelante por los vecinos (Agrofy News Actualidad, mayo 2004). A estas actividades, la asociación vecinal de Ibai Ondo suma la exigencia de medidas de seguridad medioambiental.

Significativamente, durante el proceso de organización de la vecinal, los y las residentes de Ibai Ondo identificaron la recurrencia de ciertas enfermedades cutáneas y respiratorias. Esto dinamizó un proceso de transformación de las situaciones individuales en afecciones del vecindario, que a su vez produjeron un nuevo campo de demandas. En las conversaciones que registramos, A mencionaba que “al principio, pensaba que a mi sola me agarraba el picor” y que los médicos “decían que eran por el estrés. Me recomendaron ver una psiquiatra”. Sin embargo, en el marco de las actividades colectivas y con el asesoramiento de médicos y toxicólogos locales, el grupo llegó a la conclusión de que la causa de las afecciones era el polvillo emitido por la fábrica durante las operaciones de carga y descarga. “Se mete por todos lados, aunque estén las cosas bajo techo se mete igual” afirmaba F. que además es muy difícil sacarlo de la ropa y de los muebles “tiene aceite, se queda todo pegado”, y te “pica todo” cuando se entra en contacto (Registro de campo, 21 de septiembre 2022).

La traducción de los padecimientos individuales en afecciones colectivas, se produjo en un contexto de organización y asociatividad muy dinámicas: las vecinas nos mostraron fotografías almacenadas en sus teléfonos celulares, en las que registraron sus autos, su ropa y otros objetos cubiertos de polvillo. También guardaban imágenes de niños o de ellas mismas con la piel irritada y rojiza. La producción y la circulación de estas imágenes entre las vecinas, son parte del registro de una situación de salud que se construye como colectiva en el marco de la organización vecinal. Estas experiencias se inscriben, como mencionamos, en una larga tradición asociativa en los barrios, que ha tenido y aún conserva una importante fuerza en Rosario y los centros urbanos de Argentina.

Entre tanto, al otro lado de la planta agroindustrial, los habitantes del Bajo Paraná han sufrido y resistido el avance de las excavadoras sobre sus casas y cobertizos. También afirman que los lugares de pesca han sido destruidos por la construcción del puerto y por el dragado necesario para hacer navegable la zona. La defensa de su espacio vital y de trabajo configuró un campo de reivindicaciones y negociaciones entre la empresa, los vecinos y el gobierno local desde que comenzó la construcción de la planta oleaginosa. Las negociaciones y reivindicaciones implicaron la reubicación de los residentes desplazados en casas cercanas –con la ayuda de las autoridades comunales–, la construcción de una nueva calle de acceso, en sustitución de la bloqueada por la empresa, y algunas obras para evitar inundaciones y mejorar los caminos interiores. También exigían el suministro de herramientas y equipos (como redes de pesca o motores para sus embarcaciones). Esta relación conflictiva entre los pescadores y la empresa fue definida por uno de los residentes más antiguos como una dinámica asimétrica de daños y donaciones.

Tuvimos que romper todas las herramientas que tenían para volver a hacer la cancha de vuelta (...) Ellos [la gerencia del grupo C], dicen ‘bueno, te damos las herramientas para que hagas malla’, pero nosotros perdíamos los días de pesca, eso no te lo paga nadie. Ellos dicen ‘todo donación’, pero no, (…) donación no es, con todos los daños que nos hace (...) Agarrá dame lo que vos me estás haciendo daño, dame el daño que vos le haces y si vos querés donar, bienvenido sea, se te va a agradecer todo. Eso es donación, no lo que me estás cagando la vida. ¿O no es así? (Registro de campo, 23 octubre 2021).

Varias familias que habitan Bajo Paraná diseñaron el proyecto de una cooperativa de trabajo y pesca, orientada a mantener las zonas de pesca en el río, organizar cuadrillas de trabajo para mejorar las calles y espacios de circulación, y construir espacios comunes de recreación. En una recorrida por el barrio, M –uno de los residentes– nos mostró diferentes puntos en los que la cooperativa podría realizar mejoras o construir nuevas infraestructuras, como un tinglado para filetear el pescado y centralizar la comercialización (Registro de campo, 24 junio 2022). Él preveía que la organización de la cooperativa integraría a los habitantes del Bajo Paraná en un tejido asociativo más amplio, que les permitiría disputar la configuración espacial de la costa y el río.

El desarrollo de cooperativas es un dispositivo de gobernanza para organizar a poblaciones afectadas por el desempleo, que se lleva adelante a través de programas estatales locales, provinciales o nacionales. En el caso de los pescadores, la conformación de cooperativas se inscribe en la dinámica de los conflictos por desplazamiento y expulsión que vienen sufriendo las comunidades. Estas disputas contribuyeron a la configuración del pescador artesanal como sujeto de políticas públicas y como categoría diferenciadora para la regulación de las actividades productivas de estas comunidades (Roldán y Urcola, 2021). De esta forma, en el proyecto de la cooperativa se enlazan las prácticas espaciales del colectivo de pescadores artesanales respecto del río, en su contraposición conflictiva con la espacialidad agroindustrial.

En este apartado hemos descrito las prácticas espaciales que diferentes grupos sociales despliegan para hacer frente a los avances de la empresa oleaginosa. Las formas de espacialidad vinculadas con las prácticas que los distintos grupos despliegan, vinculan tradiciones y entramados asociativos que caracterizan la historia de la clase trabajadora en Argentina con el futuro imaginado en los territorios, a partir de la proyección de espacios vividos deseables.

6. Conclusiones

En este artículo analizamos la conformación del Polo Oleaginoso del Gran Rosario desde la perspectiva de las prácticas espaciales de los diferentes actores en el territorio. Inscribimos esta conformación en el spatial fix propio del régimen agroalimentario corporativo, emergente de los procesos de reestructuración capitalista desde el último cuarto del siglo XX.

En primer lugar, abordamos las prácticas multiescalares que operan en la zona. La representación corporativa de la República Unida de la Soja expresa el carácter global de la espacialidad configurada por la cadena productiva oleaginosa, donde se incorpora la región costera de Rosario. Esta representación ilumina una formación territorial específica que abarca el Cono Sur. Otra representación visual refleja las prácticas espaciales antagónicas: La República Tóxica de la Soja mapea la diversidad de actores que impugnan el monocultivo de soja.

En segundo lugar, para analizar la espacialización de las inversiones productivas, recurrimos a la noción de prácticas espaciales por parte de la empresa, los trabajadores -cooperativistas y asalariados- y los residentes locales. Respecto de las prácticas espaciales corporativas, hemos identificado tres dimensiones. En primer término, aquellas prácticas que materializan la tendencia a subordinar los espacios de residencia, recreación o trabajo a través de la rezonificación -legal institucional- y las distintas prácticas coercitivas. El resultado de las mismas en el espacio se evidencia en transformaciones profundas del entorno, y en la desposesión y el desplazamiento de poblaciones. Otro conjunto de prácticas espaciales corporativas refiere al modo en que el grupo C contribuye a moldear una fisonomía regional específica, ya esa formando parte de las redes institucionales a través de las cuales circula, se distribuye y se recluta la fuerza de trabajo, como estableciendo infraestructuras para la producción y circulación de mercancías derivadas de las cadenas de valor de las semillas oleaginosas. Finalmente, identificamos prácticas espaciales estructuradas en torno del consumo productivo de la fuerza de trabajo, con el objetivo de organizar su disciplinamiento y control en el punto de producción. Condicionan movimientos y posiciones regimentadas que apuntalan la cooperación productiva y resultan en la segregación y fragmentación de diferentes grupos de trabajadores.

En tercer lugar, identificamos y describimos las prácticas espaciales a través de las cuales los residentes impugnan las transformaciones en el entorno, así como los trabajadores disputan las prácticas corporativas integradas en la gestión del proceso laboral. Estas impugnaciones operan como configuraciones materiales y como proyectos que se persiguen, expectativas y anhelos que pugnan por materializarse. Así, nos acercamos a las prácticas espaciales de los trabajadores y el sindicato que cuestionan la racionalidad y la eficiencia como principales atributos de la espacialidad corporativa. Lo hacen poniendo en primer plano los significados sociales de bienestar, confort, salud como núcleo de las demandas para el diseño de los espacios productivos. A su vez, organizados colectivamente en contraposición con el empleador, despliegan prácticas espaciales que superan la fragmentación y las segregaciones derivadas de la organización y gestión de los procesos laborales.

Mientras tanto, el espacio vivido de los habitantes de Ibai Ondo y Bajo Paraná se proyecta en prácticas espaciales barriales y cooperativas, a través de las cuales los residentes locales reafirman su permanencia en el territorio frente a la irrupción de la corporación. La producción de espacialidad vecinal se nutre de experiencias históricas de organización local y de relaciones con el Estado que trazan modalidades de hacer y perseguir demandas.

En síntesis, la constitución de la formación territorial vinculada a una inversión específica en la cadena agroexportadora se despliega a través de una dinámica contradictoria que involucra a diferentes grupos sociales portadores de visiones, necesidades y expectativas particulares. La incorporación de las tierras de Bajo Paraná e Ibai Ondo a la República Unida de la Soja configuró un terreno en disputa. Los trabajadores y pobladores locales, actualizan instituciones y prácticas organizativas históricamente vinculadas a la clase trabajadora -sindicatos, cooperativas de trabajo, asociaciones vecinales-, a la vez que contribuyen a la reproducción de diferenciaciones y oposiciones entre vecinos y trabajadores, o entre pescadores y aceiteros que delinean los mapas de sus posibles articulaciones políticas.

Roles de colaboración:




Fuentes documentales utilizadas

Agrofy News Actualidad “Vecinos de Ibai Ondo aceptan vender sus casas para que venga Cargill”, en 21 de Mayo de 2004.

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Concejo Deliberante Villa Gobernador Gálvez (2021). Ordenanza Municipal 2776/2021, Reglamento de Vecinales, Anexo II.

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Soul J. y Vogelmann V. (16 junio 2022). Entrevista a MP (Secretario General SOEAR).

Soul J. y Vogelmann V. (18 julio 2022).Entrevista a EB (delegado sindical Grupo C, planta VGG).

Soul J. y Vogelmann V. (16 junio 2022). Entrevista a B (trabajador del grupo C planta VGG).

Soul J. y Vogelmann V. (21 de septiembre 2022). Registro de campo, Barrio Ibaí Ondo.

Peppino, J. y Vogelmann V. (18 de mayo de 2023). Registro de campo, Barrio Ibai Ondo.

Material suplementario
Información adicional

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Notas
Notas
1 Proyectos: “Procesos de configuración y reconfiguración de las clases trabajadoras en la región del Gran Rosario. Aportes desde la antropología del trabajo”. Secretaría de Ciencia y Tecnología. SCyT HUM 3 UNR. Res. 80020210200005UR, dirigido por la Dra. Verónica Vogelmann y “Regímenes Laborales y Conflictividad en los Procesos de (des) organización y (re) organización de las clases trabajadoras en América Latina en el período Neoliberal”, PyCT 2019 - 04181, dirigido por la Dra. Julia Soul.
2 En este artículo referiremos tanto a “solución” como a “fijación” espacial, en función del aspecto del concepto que sea necesario jerarquizar en los distintos contextos analíticos.
3 En este trabajo utilizamos iniciales con el fin de preservar el anonimato de los y las trabajadores con los que hemos construido esta investigación
4 No es el tema de este artículo, pero dado el extenso tratamiento que el problema de la disciplina fabril y el poder ha recibido en las ciencias sociales, sólo dejamos apuntado que esta modalidad de disciplinamiento de los cuerpos se correlaciona con la necesidad del capital de abstracción del trabajo, bajo la forma de consumo productivo de la fuerza de trabajo (Elson, 1979; Herod, 2011, Lefebvre, 2013, entre otros) Hemos desarrollado el modo en que esto configura prácticas y sentidos en los trabajadores en Soul: 2015; Vogelmann: 2015.
Figura 1
República Unida de la Soja

Fuente: Suplemento Rural Clarín, 2003 (ediciones varias).
Figura 2
República Tóxica de la Soja

Fuente: Iconoclasistas - Fundación Rosa Luxemburgo 2020.
Figura 3
Polo Oleaginoso en la República Tóxica de la Soja

Fuente: Elaboración propia con base en Iconoclasistas - Fundación Rosa Luxemburgo 2020.
Figura 4
Mapa área portuaria

Fuente: Constantini Servicios Portuarios SA.
Figura 5
Área planta industrial, terminales portuarias, conexiones y barrios

Fuente: elaboración propia en base a imágenes satelitales Polo Oleaginoso Gran Rosario - Google Earth.



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