Artículos de investigación
Gobernanza armada y conflictos armados: dinámicas, poder y seguridad ciudadana en Colombia
Armed Governance and Armed Conflicts: Dynamics, Power, and Citizen Security in Colombia
Gobernanza armada y conflictos armados: dinámicas, poder y seguridad ciudadana en Colombia
Revista de Derecho, no. 62, e965, 2024
Fundación Universidad del Norte
Received: 06 July 2023
Accepted: 22 October 2023
Resumen: Este estudio se propone analizar e interpretar el papel de la gobernanza armada y los conflictos armados en Colombia, con especial atención a las teorías existentes, las dinámicas de poder involucradas y su impacto en la seguridad ciudadana, esto en aras de proporcionar un entendimiento más profundo de estos fenómenos y al fragor de sus implicaciones. Se responde a la pregunta ¿Cómo interactúan las dinámicas de gobernanza armada y los conflictos armados con la seguridad ciudadana en Colombia y cuál es el papel de los actores no estatales en estas interacciones? A través de un enfoque cualitativo se descubre que estos conflictos, impulsados por desigualdades profundas y luchas territoriales, reconfiguran el panorama del poder y la seguridad. Los actores no estatales emergen como desafiantes del tradicional monopolio estatal del poder. Este trabajo es un punto de partida para futuras investigaciones y debates sobre cómo lograr una paz duradera.
PALABRAS CLAVE: Gobernanza armada, Derechos Humanos, seguridad ciudadana, actores no estatales, Colombia, paz sostenible.
Abstract: The present study aims to analyze and interpret the role of armed governance and armed conflicts in Colombia, with special attention to existing theories, the dynamics of power involved, and their impact on citizen security, in order to provide a deeper understanding of these phenomena and their implications. It addresses the question: "How do the dynamics of armed governance and armed conflicts interact with citizen security in Colombia, and what is the role of non-state actors in these interactions?" Through a qualitative approach, these conflicts are found to be driven by deep inequalities and territorial struggles, and to reshape the landscape of power and security. Non-state actors emerge as challengers to the traditional state monopoly of power. This work serves as a starting point for future research, and it debates on achieving lasting peace. The aforementioned is mediated by a qualitative methodology.
KEYWORDS: Armed governance, Human Rights, citizen security, non-state actors, Colombia, sustainable peace.
INTRODUCCIÓN
La gobernanza armada, en términos prácticos, se refiere a una forma de organización del orden político en la cual actores armados -que pueden incluir desde delincuencia común hasta grupos rebeldes o de naturaleza paramilitar- desempeñan un papel central en torno a la gestión y aprovisionamiento de servicios públicos, tales como la seguridad o el mantenimiento de distintas dinámicas sociales, en determinadas áreas geográficas o comunidades. Este concepto resalta cómo el poder y la distribución de la autoridad se ejercen a la luz de situaciones donde la presencia del Estado es débil o está siendo disputada, permitiendo a estos actores establecer un conjunto de sistemas normativos como administrar justicia e incluso asumir funciones gubernamentales, en algunos casos, bajo la venia o el amparo de la institucionalidad formalmente establecida.
El objetivo de este estudio es analizar e interpretar el papel de la gobernanza y los conflictos armados en Colombia, con especial enfoque en las teorías existentes, las dinámicas de poder involucradas y su impacto en la seguridad ciudadana. Mediante este análisis aspira a proporcionar una comprensión más profunda de estos fenómenos y sus implicaciones. Partiendo de esta lógica, se busca también explorar el papel de los actores no estatales en estas interacciones y cómo estas dinámicas de distinta índole afectan los procesos de paz en el país.
Ahora bien, tal como proponen Guerrero et al. (2021), esta realidad no es una casualidad ni una fatalidad, sino el producto de una serie de factores estructurales. En particular resaltan el rol de la falta de acceso a servicios básicos y de la pobreza extrema como catalizadores de la violencia y la inseguridad en la región. En este contexto, países como Brasil, Colombia, México y Venezuela se destacan como ejemplos de esta lamentable realidad, en gran medida, debido a las fallas y deficiencias de sus respectivos sistemas penales que coartan las posibilidades de desarrollo. La conexión entre estas problemáticas merece un análisis más profundo para poder esbozar soluciones viables y sostenibles a largo plazo.
Colombia ha sido el escenario de un turbulento conflicto armado que ha socavado a la sociedad y las instituciones durante más de medio siglo. Este conflicto, plagado de luchas intestinas por poder (en todas sus manifestaciones), de campante impunidad y un abanico multicolor de resistencias, ha dejado huellas insondables en el tejido social colombiano y se ha convertido en un trenzado tema de análisis crítico a nivel global. Quiñones et al. (2022) plantean que:
El conflicto armado en Colombia remonta sus raíces a las luchas campesinas y a la necesidad de una reforma agraria; desde entonces, la historia del país ha estado marcada por millones de víctimas, muertes, desplazamiento forzado y violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario. (p. 278)
En el espeso escenario de los conflictos y la gobernanza armados en Colombia, la seguridad ciudadana emerge como un pilar fundamental para el orden social. No se trata solo de un estado de calma, sino de una construcción social que refleja las dinámicas de poder y las relaciones entre los diferentes actores involucrados. Como señala Quintero (2020):
En otras palabras, se establece que esta forma de seguridad es una construcción social entendida como una práctica cultural, ya que implica poder implementar formas igualitarias en la estructura y las relaciones sociales, en las que se entiendan los espacios como un bien común de todos los ciudadanos. (p. 9)
Los protagonistas de este conflicto son múltiples: fuerzas gubernamentales, facciones rebeldes, grupos paramilitares, bandas criminales y organizaciones narcotraficantes. Su rampante presencia ha desembocado en una desestabilización sociopolítica y económica del país, con un saldo de violencia, desplazamientos forzado y violaciones a los derechos humanos, violencia sexual, y un largo y doloroso etcétera de victimizaciones. De acuerdo con el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia (2013), el conflicto armado en Colombia ha causado la muerte de aproximadamente 220 000 personas entre 1958 y 2013, el 81 % de estas muertes eran civiles.
La longeva y cruenta naturaleza del conflicto colombiano, sin duda, ha desembocado en una serie de dinámicas álgidas desde las lógicas propias de las gobernanzas armadas. Diversos actores armados no estatales han asumido roles de gobierno, estableciendo su propio orden, normatividad y prácticas en las áreas que controlan por medio del uso de las armas. "El concepto de conflicto armado es un concepto jurídico central en el derecho internacional humanitario, su existencia determina su aplicación y las obligaciones jurídicas de las partes en él involucradas" (Carrillo, 2019, p. 11).
Este estudio aborda algunas de las repercusiones significativas de las dinámicas entre la gobernanza armada y la seguridad ciudadana, no solo en el marco del conflicto colombiano, sino también en las dificultades y oportunidades que la construcción de la paz representa. Las interacciones entre la seguridad ciudadana y la gobernanza armada son elementos claves para comprender la naturaleza inmanente de la seguridad en el ámbito ciudadano y la paz en contexto social y político de Colombia. Por otro lado, la seguridad ciudadana es vista como un pilar decisivo en la estructuración del orden social, conformándose como una intensa red de interacciones en constante movimiento dinámico y delineando.
Sin duda alguna, en Colombia existe una relación inherente entre seguridad ciudadana y conflicto armada. Para Gonzales y Barbarán (2021): "La seguridad ciudadana como política gubernamental abarca una serie de mecanismos y herramientas planteadas en función a los conflictos que se presentan dentro de un contexto determinado y enfocados a resolver los mismo" (p. 423).
La justificación de este estudio radica en la imperante necesidad de entender las complejas interacciones entre la gobernanza armada, los conflictos armados y la seguridad ciudadana en Colombia, país con un prolongado historial de violencia y desafíos en la construcción de la paz. Además, al abordar las brechas existentes en la literatura, especialmente en lo que respecta al papel de los actores no estatales, este estudio contribuye a un entendimiento más holístico y matizado de los fenómenos que continúan moldeando la realidad sociopolítica y humana en Colombia.
Por otro lado, cabe resaltar que, en el escenario internacional contemporáneo, las dinámicas de poder y su influencia en la seguridad global son temas que acaparan la atención de académicos y profesionales por igual. Ahora bien, una de las facetas más intrigantes y a la vez desconcertantes de este espectro es la gobernanza armada y los conflictos armados. De acuerdo con Corcione et al. (2021).
Existe, por tanto, un vacío general en cuanto a las particularidades de la producción de conocimiento sobre el conflicto armado y la paz en Colombia, en especial con un enfoque geopolítico, que ubique las temáticas investigadas y sus aportes, las tendencias de producción académica y sus geografías. (p. 2)
En cuanto a la metodología, este estudio adopta un enfoque cualitativo, considerando que este permite una mayor profundidad y una comprensión más rica de las realidades complejas y contextuales asociadas con la gobernanza armada y los conflictos armados. A través de la revisión de literatura, análisis de documentos, estudio de casos y entrevistas con expertos en el campo, este estudio explorará estos fenómenos desde diversas perspectivas y ángulos. Ahora bien, la pregunta central que guía y ambienta este estudio es: ¿Cómo interactúan las dinámicas de gobernanza armada y los conflictos armados con la seguridad ciudadana en Colombia y cuál es el papel de los actores no estatales en estas interacciones?
Este estudio representa un paso hacia un mayor entendimiento más holístico de las relaciones entre la gobernanza armada, los conflictos armados y la seguridad ciudadana. A través de este esfuerzo esperamos contribuir al cuerpo de conocimientos existente y ayudar a formular políticas públicas y estrategias más efectivas para abordar estos retos cruciales.
SOBRE EL CONCEPTO DE GOBERNANZA ARMADA: REPASOS Y APROXIMACIONES TEÓRICAS
La gobernanza armada se sitúa en la intersección de diversos terrenos de estudio, que van desde la ciencia política, la historiografía y el campo de la sociología, dibujando en términos científicos los límites convencionales entre el orden y el caos, entre el Estado y los actores no estatales.
En términos del aparataje epistemológico y de orden conceptual, la gobernanza armada puede ser vislumbrada al tenor de la gestión de asuntos en las esferas de lo público por parte de actores armados no estatales, en ausencia de una autoridad estatal efectiva bajo el amparo de un conflicto armado. Este espeso fenómeno abarca una serie de prácticas que van más allá de la mera anarquía o la violencia desaforada y desorganizada, pues implica un cierto grado de orden y relaciones de poder determinadas, aunque se base casi de manera exclusiva en la coerción y el uso de al fragor de la fuerza.
El término "gobernanza armada" refleja un cambio en la lente con la que los académicos y los profesionales ven a los grupos armados. Estos ya no son vistos meramente como agentes de destrucción, sino también como constructores de un tipo de orden determinado, aunque este orden pueda ser análogo o paralelo, alternativo o incluso inminentemente antagónico al Estado. Este cambio de perspectiva nos permite abrazar las ideas de que los grupos armados despliegan un conjunto funciones que tradicionalmente han estado bajo la batuta del Estado, como la provisión de seguridad, servicios básicos, e incluso la administración en clave del monopolio de la justicia, o el recaudo exclusivo de la carga en el marco de lo tributario. Según Niño (2020): "La aparición de estructuras de para-seguridad, son producto tanto de los vacíos institucionales como de las sinergias y convergencias entre la corrupción, los mercados ilegales y la administración de seguridad" (p. 216).
Para una comprensión más profunda de este fenómeno, es esencial distinguir la gobernanza armada de otros conceptos similares. La gobernanza armada involucra la provisión de bienes públicos y la gestión de asuntos comunitarios. A diferencia de los Estados paralelos, que operan en competencia directa con el Estado, la gobernanza armada puede surgir en contextos donde el Estado está ausente o por distintas razones se ha retirado.
El estudio de la gobernanza armada es, por lo tanto, una vía crítica para entender la naturaleza cambiante de las tipologías de violencias armadas en el plano de lo contemporáneo, las relaciones de poder y las formas atípicas de gobierno. A través de este enfoque podemos desentrañar la complejidad de las sociedades erosionadas y afectadas por conflictos armados y encontrar formas más eficaces y humanas de abordar sistemáticamente la violencia y la inseguridad.
Ahora bien, el progreso del concepto de seguridad ciudadana hacia un paradigma que lo visualiza como un derecho humano fundamental refleja un avance significativo en la comprensión de las responsabilidades estatales y las expectativas ciudadanas. Este cambio de enfoque implica una mayor responsabilidad y compromiso por parte de las autoridades estatales, y requiere una colaboración estrecha con la sociedad civil y otros actores relevantes para asegurar una implementación efectiva de políticas y estrategias que se alineen con los principios de los derechos humanos, promoviendo así una cultura de paz y respeto mutuo. Páez et al. (2018), comentan que:
El concepto de seguridad ciudadana ha evolucionado y se ha expandido en la región, siendo actualmente considerada como un derecho humano que debe ser garantizado y protegido por el Estado. Este reconocimiento ha sido respaldado por diversos organismos y entidades de gobierno tanto a nivel regional como nacional, así como a nivel internacional. (p. 22)
La reflexión sobre estos fenómenos no solo enriquece el discurso académico, sino que proporciona herramientas valiosas para la construcción de políticas más humanas y efectivas en la búsqueda de una convivencia pacífica y una democracia robusta.
LOS ACTORES EN LA GOBERNANZA ARMADA: UN ANÁLISIS DE LAS ENTIDADES POR FUERA DEL PLANO ESTATAL
La gobernanza armada, en su singularidad multifacética, y a veces conceptualmente imprecisa, constituye una anomalía profundamente arraigada en los círculos de la existencia humana. Desde los orígenes de la historia hasta nuestro presente, la gobernanza armada ha emergido de las sombras como una presencia ambigua y desestabilizadora de la seguridad ciudadana, evolucionando desde la esfera local para dejar una huella indeleble en la dinámica de las relaciones internacionales. Este gobierno ejercido por medio de la violencia, perpetrado por actores no estatales y sustentados por el poder que proviene del uso de las armas, representa una lucha enconada por el control, la autoridad, los recursos e incluso la lealtad de los sometidos.
El estudio de la gobernanza armada es clave tanto desde una perspectiva académica como pragmática, bajo el entendido de que ayuda a desentrañar las complejas dinámicas de poder y estructuras sociales, especialmente en contextos de conflicto o fragilidad estatal. Desde una óptica académica, permite una indagación profunda de los mecanismos que rigen las interacciones entre actores armados, el Estado y la sociedad. En una dimensión más pragmática, el entendimiento de la gobernanza armada puede informar políticas y estrategias más efectivas para abordar los retos de seguridad ciudadana y construcción de paz. Además, cada esfuerzo investigativo en este ámbito añade valiosas perspectivas al conjunto de conocimientos que tenemos sobre la naturaleza humana y las interacciones sociales, enriqueciendo así el diálogo académico y práctico sobre cómo abordar y resolver los desafíos inherentes a los escenarios de gobernanza y conflictos armados.
En un plano aún más práctico, el estudio de la gobernanza armada se transforma en un instrumento esencial para la formulación de políticas eficaces y estrategias de intervención. Al desentrañar las raíces, las manifestaciones y las repercusiones sombrías de esta gobernanza, podemos trazar caminos más efectivos hacia la transformación y la resolución dialogada y pacífica de conflictos y la construcción de una cultura de paz.
Así las cosas, la necesidad de estudiar la gobernanza armada, defendida por murallas de urgencia e importancia, es indiscutible e insoslayable. No solo es un asunto de interés exclusivamente epistemológico, sino una inevitable necesidad en un mundo donde la gobernanza armada sigue configurando nuestras vidas y nuestro futuro como sociedad. En este sentido, la complejidad y la turbulencia social que rodean a la gobernanza armada no son barreras, sino desafíos punzantes a nuestra habilidad para comprender de diversas formas la realidad que nos envuelve.
Como hipótesis general podemos afirmar que la seguridad ciudadana es un paradigma de alta complejidad, que requiere un manejo equilibrado por parte de todos los actores involucrados. No se trata únicamente de la ausencia de violencias, sino de la presencia activa de justicia, equidad y paz social. Es un pilar neurálgico para el desarrollo sostenible y la calidad de vida de todos los ciudadanos.
UNA MIRADA POSIBLE AL CONCEPTO DE CONFLICTO ARMADO
Los marcos teóricos que se trenzan alrededor del conflicto armado intentan descifrar las lógicas de acción y reacción de los actores involucrados, así como las dinámicas de poder que se establecen en los márgenes de los hechos propios de los conflictos armados. Las reflexiones en torno al conflicto armado también abordan la gobernanza en contextos de violencia, explorando cómo los actores armados no estatales asumen, en ocasiones, roles gubernamentales en la gestión de territorios y poblaciones, desafiando la soberanía constitucional, democráticamente establecida, y redefiniendo, en este sentido, las estructuras tradicionales de poder.
Inmersos en la trama enmarañada del pensamiento académico que rodea los estudios de conflictos, nos enfrentamos con la tarea hercúlea de desvelar el intrincado concepto de conflicto armado. Este fenómeno, cuyas raíces se hunden en el abismo de la historia humana y cuyos ecos reverberan en los matices de las dinámicas contemporáneas, nos sitúa frente a un escenario estremecedor. Simultáneamente, nos reta a desenredar los hilos de la madeja que constituyen las profundas complejidades de nuestra sociedad. Según Mampilly (2011), "los grupos rebeldes pueden llegar a establecer formas de gobernanza durante conflictos armados" (p. 54). El conflicto armado, en su esencia académica, se interpreta como una disputa violenta entre actores -estatales o no estatales- en la cual se recurre al uso de la fuerza armada. Este recurso bélico se utiliza en la lucha por el poder, la justicia, los recursos, la identidad o el territorio.
La percepción y comprensión de este concepto, además, debe ser considerada dentro del marco de la legalidad internacional y los Derechos Humanos, campos que también proporcionan definiciones operativas del término. Un punto importante de estos estudios fue la firma del Acuerdo de Paz con las fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC EP), sin embargo, según el informe de la Misión de Verificación de la ONU en Colombia de 2020, 42 excombatientes de las FARC fueron asesinados en el primer semestre de ese año. Desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016 hasta 2020 se registraron 271 asesinatos de excombatientes.
Este intricado fenómeno -un verdadero nudo gordiano en el corazón de los estudios de conflictos- no sólo convoca a un examen profundo y reflexivo, sino que también desafía nuestras percepciones existentes y requiere de una reevaluación constante en vista de la naturaleza cambiante de los conflictos armados en el mundo contemporáneo. La eterna espiral de violencia es uno de los nudos más complejos de la sociedad colombiana,
Sin embargo, el proceso de paz ha enfrentado numerosos desafíos y la violencia aún persiste en algunas regiones del país. Grupos disidentes de las FARC y otros grupos armados ilegales, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), siguen operando. Desde el punto de vista de Rojas-Granada y Cuesta-Borja (2021), "estos procesos están amenazados por las dificultades e incumplimientos del Gobierno nacional en la implementación de los acuerdos de paz, y por el asesinato de líderes sociales y firmantes de paz que no ha cesado hasta el momento" (p. 223).
LA ARQUITECTURA TEÓRICA DEL CONFLICTO ARMADO: IMPERATIVO ACADÉMICO Y TRASCENDENCIA PRÁCTICA
La arquitectura teórica del conflicto armado se dibuja en la confluencia entre el imperativo académico y la trascendencia práctica, entrelazando un puente entre el análisis científico y la realidad tangible. En el ámbito académico, el estudio del conflicto armado nos convoca a desentrañar las complejas dinámicas que lo sustentan, explorando las causas profundas, las manifestaciones y las consecuencias de estas confrontaciones bélicas. Es un campo de estudio que demanda una incursión interdisciplinaria, en el que la ciencia política, la sociología, el derecho internacional y los estudios de paz y conflicto se entrelazan para ofrecer una comprensión holística.
En su arquitectura teórica, el concepto de conflicto armado se forja en la fragua del derecho internacional y los derechos humanos. Ambos campos proporcionan definiciones operativas que dibujan los contornos de este fenómeno, delineando así su esencia y sus implicaciones en el drama humano. La comprensión de estos conflictos armados se vuelve aún más esotérica cuando nos adentramos en los confines de sus dimensiones políticas, económicas, sociológicas y psicológicas.
Al situarnos en el andamiaje de la intersección de estas múltiples disciplinas, el estudio de los conflictos armados se revela como un imperativo académico y una necesidad práctica. Desde la academia, estos estudios contribuyen a nuestra comprensión de las dinámicas de poder, las identidades, las estructuras sociales y las relaciones internacionales. Cada investigación, cada teoría, cada análisis que surge de este esfuerzo intelectual se convierte en una pieza más en el vasto mosaico de nuestro conocimiento sobre la naturaleza humana y la sociedad. De acuerdo con Corcione et al. (2021):
Existe, por tanto, un vacío general en cuanto a las particularidades de la producción de conocimiento sobre el conflicto armado y la paz en Colombia, en especial con un enfoque geopolítico, que ubique las temáticas investigadas y sus aportes, las tendencias de producción académica y sus geografías. (p. 2)
Desde un plano más práctico, el estudio de los conflictos armados se convierte en una herramienta vital para la formulación de políticas efectivas y estrategias de intervención en lo referente a la seguridad ciudadana. Al entender las raíces, las manifestaciones y las sombrías consecuencias de estos conflictos, podemos esbozar rutas más eficaces de cara a la transformación y resolución dialogada y pacífica de conflictos y la construcción de una cultura de paz. Cada percepción profunda, cada hallazgo, cada descubrimiento es una guía que nos ayuda a navegar por el laberinto y la edificación de la realidad geopolítica y nos acerca un paso más hacia el objetivo de un mundo más seguro.
Por ende, la amurallada necesidad y la revestida importancia de estudiar los conflictos armados son indiscutibles. No solo es una cuestión de mero interés al tenor de lo académico, sino también una amplia necesidad inaplazable en un mundo donde los conflictos armados continúan moldeando nuestras vidas. En este sentido, la enmarañada complejidad y la turbulencia social que circundan a los conflictos armados no son un dique, sino un espinoso desafío a nuestra capacidad para comprender y transformar diametralmente el mundo.
CLAVES QUE RODEAN LAS GOBERNANZAS ARMADAS, LA GUERRA EN COLOMBIA Y LA SEGURIDAD CIUDADANA
El conflicto armado colombiano, que puede ser explicada o entendida desde distintas áreas del conocimiento, emerge como un enigma entrelazado en la trama de la narrativa histórica colombiana. Desde mediados del siglo pasado hasta la actualidad, este conflicto se ha materializado como una fuerza constante y disruptiva, brotando desde las profundidades de la sociedad colombiana para golpear la estructura política, económica y social del país con estrépito. Este enfrentamiento beligerante, perpetrado por un conglomerado de actores estatales y no estatales, y apoyado por el poder militar, configura un enfrentamiento visceral por la justicia, la autoridad, los recursos y la identidad.
Desde este ángulo, la gobernanza armada, fenómeno presente en este escenario, se ha fundido en el yunque del conflicto y la necesidad. Un espectro de actores no estatales, que abarca desde grupos insurgentes, milicias, bandas del crimen organizado hasta organizaciones narcoterroristas, han practicado formas de gobernanza armada, ostentando dominio sobre territorios y poblaciones, dispensando (o imponiendo) servicios y, en ocasiones, instaurando normativas y sistemas judiciales alternativos. Estas entidades, aunque diversas en sus propósitos y metodologías, han incidido de manera contundente en el rumbo y las secuelas del conflicto colombiano. Señala el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ) (2021):
Entre 2008 y 2020 los grupos narco paramilitares han afianzado sus áreas de acción afectando de manera continua 200 municipios de 24 departamentos; en 107 municipios pueden estar en proceso de consolidación o en disputa con otras fuerzas armadas (legales e ilegales); y, con respecto al último año de análisis, 90 municipios presentan accionar ocasional o hacen parte de proyectos de expansión de control territorial. (p. 20)
"Weinstein (2007) argumenta que la política interna de los grupos insurgentes puede afectar su comportamiento hacia la población civil, incluyendo su papel en la gobernanza" (p. 34). La seguridad ciudadana y las gobernanzas armadas constituyen dos pilares fundamentales en la conformación de sociedades pacíficas. Ambos conceptos, aunque comúnmente asociados con el discurso político convencional, en realidad encapsulan fenómenos complejos y multidimensionales, intrínsecos del mantenimiento del orden, la paz y el desarrollo sostenible.es necesario destacar las sinergias y tensiones existentes entre ellos, destacando, en este sentido , la importancia de las intervenciones estratégicas para garantizar tanto la seguridad ciudadana como la gobernabilidad efectiva de las fuerzas armadas.
La exploración de la gobernanza armada, en conjunción con el conflicto armado en Colombia se revela como un mandato académico y una exigencia práctica ineludible. Desde la perspectiva académica, la investigación en este campo profundiza nuestro entendimiento de las dinámicas de poder frente a la seguridad ciudadana, las identidades, conocimiento sobre el conflicto colombiano y sus distintos impactos en la sociedad.
Como señala Arjona (2016): "Los grupos armados a menudo asumen funciones de gobernanza en áreas donde el estado es débil o inexistente" (p. 23). Este fenómeno pone de manifiesto la imperiosa importancia de entender cómo los vacíos de poder que deja el Estado en ciertas regiones son llenados por actores de naturaleza armada. Estos grupos no solo utilizan la fuerza en virtud del control, sino que también establecen sistemas de administración que pueden incluir la provisión de seguridad, justicia y otros servicios básicos que en teoría reposan de manera exclusiva sobre la soberanía del Estado. La compleja relación entre la ausencia estatal y la aparición de formas alternativas de autoridad demuestra que la debilidad del Estado no solo fomenta conflictos, sino que también permite la reestructuración del orden social bajo nuevas normas y liderazgos.
Desde un enfoque más pragmático, el examen de la gobernanza armada y el conflicto armado en Colombia se transfigura en una herramienta indispensable para la elaboración de políticas y estrategias de intervención eficientes. Al comprender las raíces, las manifestaciones y las consecuencias lóbregas de este conflicto, podemos trazar rutas más efectivas hacia la resolución de conflictos y la construcción de un futuro más pacífico. Cada percepción aguda, cada hallazgo, cada descubrimiento es un faro que nos ayuda a orientarnos en el laberinto de la realidad geopolítica y nos acerca un paso más hacia el objetivo de un mundo más seguro y pacífico. En Colombia, los procesos son una urgente necesidad (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados [ACNUR], 2021). Más de 5 millones de personas fueron desplazadas internamente debido al conflicto, lo que ha causado una de las crisis de desplazamiento más grandes del mundo.
BACRIM Y LA GOBERNANZA ARMADA: EL LEGADO INTEMPESTIVO DE LA POST-DESMOVILIZACIÓN DE LAS AUC
El telón del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en 2006, al amparo del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, prometía una era de paz y estabilidad para la nación. Sin embargo, en la sombra de este aparente amanecer emergió una nueva constelación de actores armados no estatales, conocidos como las Bandas Criminales (BACRIM). Según Amaya (2019): "El pos-acuerdo traería consigo un cambio en el escenario estratégico donde la seguridad de los colombianos debería enfrentar nuevos retos, reflejados, entre otras amenazas, en la criminalidad organizada" (p. 239). Estos grupos, conformados en gran medida por antiguos miembros excombatientes de las AUC, se reciclaron el vacío de poder criminal que la desmovilización había dejado atrás, e insinuaban un nuevo episodio en el paradigma de la gobernanza armada en Colombia.
Con la firma del Acuerdo de Paz entre Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC-EP y el incumplimiento por parte del Gobierno, en especial en los puntos 4 y 3, abren un escenario en el que se puede repetir la historia de la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia iniciada en 2003, el surgimiento de nuevas estructuras armadas ilegales comandadas por sus antiguos miembros y un escenario ambientado por la incapacidad del Gobierno para ocupar las zonas abandonadas por los grupos que ahora se encuentran en proceso de reincorporación a la vida civil. (INDEPAZ, 2020, p. 9)
De igual manera para García y Méndez (2019):
Este fenómeno está siendo identificado por la justicia como Bandas Criminales (BACRIM). A Los delitos ejecutados por los miembros de estas estructuraciones se les ha dado un incorrecto acondicionamiento típico debido a si los delitos son por causa, con ocasión o en relación directa con el conflicto armado. (p. 167)
Por ejemplo, con grupos de notable relevancia mediática como Los Rastrojos, Los Urabeños y El Clan del Golfo han ejercido una autoridad de facto sobre amplias zonas del territorio colombiano, y han cumplido muchos de los roles tradicionalmente asumidos por el Estado.
Su control se ha traducido en la ejecución de sistemas de "justicia" paralelos, la recolección de "impuestos" en forma de extorsiones y la provisión de seguridad, convirtiéndose en prototipos de la gobernanza armada. En este entramado de poder y autoridad se encuentra también la explotación de recursos naturales y el narcotráfico, actividades económicas que sustentan la maquinaria de la gobernanza armada y perpetúan un ciclo de violencia y coacción. Los intentos estatales por desmantelar estas estructuras han enfrentado obstáculos significativos, y a menudo han resultado en un juego de "gato y ratón" que pone de manifiesto la rampante adaptabilidad de estos actores no estatales.
Las bandas de crimen organizado (BACRIM) o como se les llama ahora Grupos Armados Organizados (GAO), dejando como ejemplo el "Clan USUAGA", son actores partícipes del conflicto armado en Colombia y a diferencia de las guerrillas tradicionales (FARC y ELN), no se oponen al Estado, salvo cuando este último interfiere con sus actividades criminales, disputándose militarmente el poder local y regional a las guerrillas, mientras ejercían simultáneamente las conductas delictivas propias de su razón de ser criminal y la posibilidad de ser sujetos del Derecho Internacional Humanitario (DIH). (Mendoza y Ramírez, 2019, p. 235)
La existencia y persistencia de las BACRIM en el escenario post-desmovilización ilustra la complejidad y el desafío que supone la gobernanza armada para la seguridad y la consolidación de la paz en Colombia. Estos grupos, que operan en las sombras de la legalidad y en las grietas del poder estatal, son testigos de la dificultad de desmantelar las estructuras de gobernanza armada y de construir un Estado de derecho inclusivo y eficaz.
La concepción natural del término "Bandas Criminales Emergentes" (Bacrim), acuñado por primera vez por el expresidente Álvaro Uribe Vélez al concluir el proceso de desmovilización de las AUC (Hernández, 2015, p. 17), ha evolucionado significativamente desde su origen. Este término nuevo para el panorama criminal colombiano, describe a los grupos armados que brotaron tras la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia, y que han mantenido su presencia en el panorama delictivo del país. Las Bacrim han llenado (de distintas maneras) el vacío dejado por las antiguas y extintas AUC, perpetuando dinámicas de violencia y control territorial.
El estudio de las BACRIM y su papel en la gobernanza armada post-desmovilización es de gran relevancia para entender las dinámicas del conflicto en Colombia. El análisis de sus estructuras, su modus operandi y sus estrategias de supervivencia y adaptación proporciona una visión detallada de las raíces y consecuencias de la gobernanza armada en un contexto de posconflicto. Al mismo tiempo, ofrece valiosas lecciones para la formulación de estrategias de intervención y políticas públicas destinadas a promover la paz y la seguridad en una sociedad marcada por el conflicto y la violencia.
En última instancia, las BACRIM y la gobernanza armada post-desmovilización representan un desafío inaplazable para la seguridad ciudadana en Colombia. La forma en que el Estado colombiano y la comunidad internacional enfrenten este desafío será determinante en la construcción de un futuro de paz y estabilidad para la nación. Solo al desentrañar y comprender plenamente la complejidad y las contradicciones inherentes a la gobernanza armada, podemos esperar comenzar a trazar un camino hacia una resolución sostenible del conflicto armado en Colombia.
Para 2020, el Informe sobre el conflicto armado en Colombia del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC) indicaba que los grupos sucesores de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), comúnmente conocidos como BACRIM, tenían una presencia en al menos 167 municipios del país. Aunque este dato puede haber cambiado desde nuestra última actualización, brinda una idea de la extensa presencia territorial de estos grupos. Además, las BACRIM han sido protagonistas de una parte significativa de la violencia en Colombia en la última década. Según la Unidad de Víctimas del Gobierno de Colombia, hasta 2020 más de 9 millones de personas en el país eran víctimas del conflicto armado. Aunque no todas estas víctimas son atribuibles a las BACRIM, su contribución a la violencia y la inestabilidad es considerable (CERAC, 2021). Estos datos proporcionan una visión de la magnitud y la gravedad del problema de la gobernanza armada post-desmovilización en Colombia. Sin embargo, reitero que para obtener las cifras más recientes y precisas, se debe consultar directamente a las fuentes oficiales o a las organizaciones de investigación especializadas.
En lo que respecta al narcotráfico, se estima que estos grupos tienen un papel predominante. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) informó que en 2019 Colombia produjo unas 1137 toneladas de cocaína, y las BACRIM se cree que están detrás de una porción significativa de esta producción (UNODC, 2021).
ACERCA DE LOS IMPACTOS DE LOS CONFLICTOS ARMADOS EN LA SEGURIDAD NACIONAL: UN ANÁLISIS CRÍTICO
En el vasto tablero de ajedrez geopolítico, los conflictos armados son una constante inquietante. Su incrustación en el tejido de las sociedades nos obliga a considerar sus consecuencias sobre uno de los pilares fundamentales de la estabilidad estatal: la seguridad nacional. Los conflictos armados, por su propia naturaleza, pueden desestabilizar la seguridad nacional de manera directa e indirecta. En términos directos, la violencia armada puede socavar la integridad, seguridad territorial y la soberanía en el espectro de lo nacional, desafiando la capacidad del Estado para mantener el orden y proteger íntegramente a sus ciudadanos.
Actualmente el conflicto en Colombia ha sido reconocido tanto jurídicamente como socialmente, en primer lugar por la importancia y valor que se há dado a la calidad de victima pues si bien los principios de justicia restaurativa, es decir verdad, justicia y reparación, no se han cumplido a cabalidad, debido a las manifestaciones de los mismos afectados, el Estado Colombiano há realizado grandes esfuerzos para cumplir con estos fines, como la implementación de unidades investigativas y judiciales que han dado resultados positivos en cuanto a la búsqueda de las personas desaparecidas. (Rodríguez, 2020, p. 30)
En consecuencia, los conflictos armados pueden minar la confianza de los ciudadanos en las instituciones estatales y la legitimidad de las mismas, alimentando un ciclo de inseguridad y conflicto. En un nivel más indirecto, los conflictos armados pueden exacerbar las tensiones propias de las sociedades, agudizando con ello la polarización existente y creando nuevos puntos de fricción. Este efecto desestabilizador puede desatar una espiral de violencia, debilitando aún más la seguridad nacional y comprometiendo la estabilidad a largo plazo del Estado.
Luego entonces, los conflictos armados pueden tener implicaciones para la seguridad nacional que trascienden las fronteras nacionales. Según Rodríguez et al. (2019), "La criminalidad y la seguridad ciudadana son conceptos asociados y dependientes" (p. 9). La proliferación de armas, el desplazamiento forzado de personas y la creación de espacios vacíos de poder pueden tener efectos desestabilizadores en la región y en la comunidad internacional en su conjunto. Es evidente, por tanto, que los conflictos armados constituyen una amenaza significativa para la seguridad nacional. Sin embargo, es crucial recordar que la seguridad nacional no se puede garantizar simplemente a través de respuestas militares o coercitivas.
En última instancia, la seguridad nacional también depende de la capacidad multidimensional de un Estado para satisfacer el conjunto de necesidades básicas de sus ciudadanos, para oficiar eficazmente los desasosiegos sociales, es decir, existe una relación imbricada entre seguridad y democracia. En este sentido, la construcción de paz y la resolución de conflictos deben ser consideradas como elementos concomitantes de la seguridad nacional, más allá de su importancia para la resolución de los conflictos armados. Por tanto, los conflictos armados tienen un impacto intenso en las madejas de la seguridad nacional, desafiando la capacidad del Estado para mantener la paz desde una mirada constitucional. Abordar estos desafíos exige una comprensión inexorable de las mecánicas de los conflictos armados y una visión estratégica que reconozca la conveniencia de la construcción de paz y la resolución de conflictos para la seguridad nacional.
DISCUSIÓN
Cuatro premisas para el debate académico
1. El conflicto armado de larga duración en Colombia ha impactado la seguridad ciudadana. En Colombia, diversas fuerzas, incluyendo grupos rebeldes, paramilitares y bandas criminales, han desestabilizado la nación y a la ciudadanía durante más de medio siglo. Este caos no solo afecta a Colombia sino también a la seguridad internacional. El conflicto genera flujos de migración, tensiones regionales y cambia la dinámica de poder, extendiendo así su influencia más allá de las fronteras colombianas.
2. La "gobernanza armada" por actores no estatales en Colombia desafía los esfuerzos de paz. En medio del conflicto, actores no estatales en Colombia han asumido roles de gobierno en ciertas áreas. Han establecido su propio orden y normas, creando una "gobernanza armada". Este control a nivel local desafía las iniciativas de paz, ya que estas entidades pueden resistirse a ceder su poder. La persistencia del conflicto armado en Colombia se debe a problemas socioeconómicos profundos y disputas territoriales.
3. El conflicto colombiano no es solo un flujo y reflujos de luchas armadas, sino también un reflejo de desigualdades socioeconómicas y conflictos territoriales. Estos problemas subyacentes son tanto causa como efecto del conflicto, creando un ciclo difícil de romper. Por ejemplo, según el Registro Único de Víctimas (RUV, 2021), tiene un acumulado histórico de casi 8 219 403 víctimas de desplazamiento forzado por eventos ocurridos desde 1985 hasta el 31 de diciembre de 2021.
4. La comprensión de la gobernanza armada y los conflictos en Colombia puede informar estrategias de paz efectivas. Al estudiar de cerca la complejidad del conflicto en Colombia, podemos obtener una visión detallada de la gobernanza armada y cómo influye en la seguridad ciudadana. Este conocimiento puede iluminar el camino hacia estrategias de paz efectiva y políticas públicas bien encaminadas.
CONCLUSIONES
Este estudio se sumerge en las agudas tramas de la gobernanza y los conflictos armados en Colombia, esbozando un retrato crítico de sus implicancias en la seguridad ciudadana. A través de un enfoque cualitativo se exploraron las dinámicas de poder y la participación de actores no estatales, revelando un escenario donde las desigualdades y luchas territoriales moldean el tejido de seguridad y poder. Los hallazgos reflejan cómo la gobernanza armada, en un espectro de actores que desafían el monopolio estatal, reconfigura la esfera de seguridad, a la vez que ilustra la vital necesidad de promover una interacción positiva entre la gobernanza armada y la seguridad ciudadana para abonar el terreno hacia una paz sostenible. A pesar de las limitaciones enfrentadas, este estudio contribuye a una comprensión más matizada de los fenómenos en juego,
A través de nuestra exhaustiva ruta por la obscura maraña de la gobernanza armada y los conflictos armados, hemos invitado a una mirada crítica y abierta de las dinámicas de poder y su impacto en la seguridad nacional. Nuestra travesía nos ha llevado desde los ángulos teóricos de estos conceptos hasta su personificación en actores no estatales, demostrando la volátil versatilidad y profundidad de este arbóreo campo de estudio. La gobernanza armada, en sus variadas manifestaciones, emerge como un espectro omnipresente que desafía las convenciones de poder y el manto tradicional de la autoridad. Se ha presentado como una adversa paradoja, un fenómeno que se desdobla en las entrañas de la guerra y los espasmos del conflicto y la seguridad ciudadana, y que se anida en la infraestructura de sociedades que se ven obligadas a convivir con los horrores de las violencias.
El conflicto armado, por su parte, se nos revela en su vasta complejidad como una tormenta, tejiéndose en los paisajes del escenario y el concierto internacional. Esta tempestad despliega sus ráfagas no solo en el espectro de lo militar, sino también en las esferas económica, política y social, sembrando la devastación y despojando de su tranquilidad a comunidades, naciones y regiones. Al explorar con sistematicidad los diversos actores que participan en la gobernanza armada, nos encontramos con un elenco variado y dinámico de entidades que desafían la noción estatal tradicional de poder y control. La relación entre la seguridad ciudadana y las gobernanzas armadas es un elemento básico en la construcción de sociedades seguras y pacíficas. Enfrentar este desafío requiere de una comprensión profunda de los múltiples matices que conllevan estos conceptos, así como de la creación de políticas públicas que fomenten la cooperación y la sinergia entre ellos. Asegurar el equilibrio adecuado entre estos dos pilares.
Desde las milicias y grupos rebeldes hasta las bandas criminales y las organizaciones terroristas, todos ellos juegan un papel en la reconfiguración de la cartografía de poder en las regiones afectadas.
La seguridad ciudadana, paradigma tanto escurridizo como contemporáneo, ha evidenciado su imbricación con estos temas. La seguridad, lejos de ser un concepto monolítico y unidimensional, se revela como una red de interconexiones y relaciones que se extienden más allá de las fronteras físicas. Hemos serpenteado por las realidades teóricas de la gobernanza armada y los conflictos en Colombia, país que ha sido profundamente marcado por estos fenómenos. Aquí, la lucha en el escenario de la postdesmovilización y el legado de las BACRIM han dejado huellas indelebles en el paisaje sociopolítico del país.
A través de este aporte hemos buscado no solo entender sino también desvelar las dinámicas subyacentes a la gobernanza armada y los conflictos armados. Nuestra tarea, lejos de terminar, continúa siendo la búsqueda incansable de nuevas perspectivas y conocimientos. Es una titánica labor que se desenvuelve en el constante balance entre la erudición teórica y la aplicación práctica, en el entendimiento de que cada revelación, cada descubrimiento, nos acerca un paso más a la construcción de un mundo más pacífico y seguro. En este sentido, este estudio no marca un final, sino el inicio de nuevas rutas de comprensión que nos esperan por explorar.
El impacto de conflictos prolongados y complejos como el colombiano va más allá de las fronteras del país directamente afectado. Se puede generar una desestabilización que afecta a la seguridad nacional a través de la migración, la desestabilización regional y el cambio de dinámicas de poder. Por lo tanto, es imperativo adoptar una perspectiva internacional para comprender y abordar estos conflictos. Los actores no estatales (organizaciones al margen de la ley) ocupan un lugar vertebral en los conflictos armados y las dinámicas de gobernanza, a veces asumiendo roles gubernamentales en las áreas que controlan. Este fenómeno, conocido como "gobernanza armada", plantea desafíos significativos para los esfuerzos de construcción de cultura de paz.
Frente la posibilidad de acariciar una paz sostenible, es menester comprender los desarrollos de las gobernanzas armada y encontrar maneras de incorporar, disuadir o neutralizar a estos actores en los marcos de los procesos o diálogos de paz. Las raíces del conflicto armado en Colombia encuentran su núcleo duro en las profundas desigualdades socioeconómicas y oscuras luchas territoriales. Estos problemas subyacentes perpetúan el ciclo de violencia y deben abordarse de manera integral para alcanzar una solución duradera.
Un enfoque cualitativo que involucre la revisión de literatura, análisis de documentos, estudio de casos y entrevistas puede proporcionar valiosas perspectivas sobre la interacción de la gobernanza armada, los conflictos armados y la seguridad nacional. Este enfoque holístico puede ayudar a consolidar estrategias efectivas para abordar estos desafíos y contribuir a un debate académico más robusto y políticas públicas bien fundamentadas.
La grave situación en Colombia requiere un enfoque multidisciplinario que aborde tanto la raíz del conflicto como las dinámicas pendulares actuales de gobernanza armada. Al hacerlo, es más probable que podamos avanzar hacia una paz duradera y a una dinámica más segura para Colombia, todo esto en aras de apostar a mejorar nuestra comprensión de cómo los conflictos armados y la gobernanza armada afectan los flujos de la seguridad ciudadana.
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