Reseñas

La música va a otra parte. Mariache México-USA

La música va a otra parte. Mariache México-USA

El Artista, núm. 15, 2018

Universidad de Guanajuato

Ochoa Serrano Álvaro. La música va a otra parte. Mariache México-USA. 2015. México. El Colegio de Michoacán. 978-607-9470-01-2

Álvaro Ochoa Serrano ha dedicado gran parte de su vida académica al estudio de la música, los músicos y las músicas por ellos formados. Su obra: Mitote, fandango y mariacheros, originalmente publicada en 1994 va ya en su quinta edición en este 2018. A la fecha, Ochoa Serrano ha incursionado en el mundo de la música nativa mexicana —originada en el proceso de dominación cultural—, y ha descubierto para los interesados en el tema, los pormenores de la creación, consolidación y difusión de la música de cuerda, cuyo nombre se ha popularizado como mariachi.[1]

Ahora, en La música va a otra parte. Mariache México-USA, el historiador explora la migración de la música concebida desde los sectores populares, principalmente de las regiones centrales de México, hacia los Estados Unidos. La lectura del libro remite al lector a conocer la forma en que los emigrados llevaron consigo la herencia musical de sus lugares de origen —zonas rurales la mayoría—, y la manera en que la desarrollaron en ciudades de alta concentración de mexicanos, principalmente Los Ángeles, en California, aunque se citan otras no menos importantes, también en California y en estados de recepción de migrantes, como Texas, Arizona o Nuevo México.

A partir de una amplia documentación y un arduo trabajo hermenéutico, Ochoa Serrano cita diversos casos, con nombre y apellido, de músicos que grabaron discos de música vernácula mexicana, en estudios allende las fronteras. Lo curioso del asunto es que dichas producciones no solo se distribuyeron ampliamente en los Estados Unidos, sino que a la par se vendieron también en México. Por tanto, se tiene lo que podríamos llamar un regreso del arte musical tradicional a los sitios donde éste se originó, esto en cuanto a la formación de los músicos por la herencia recibida. El aporte del estudio objeto de estas líneas, en este caso, es sumamente importante a la historiografía sobre la música y los músicos en México, pues remite a la amplia difusión de la música “mexicana” al Norte del continente, desde donde se posibilitó su difusión de regreso a México y a otras latitudes más al Sur, en diversos países de Centro y Sur del continente.[2]

El trabajo en cuestión consta de cuatro partes.

En la primera se explora el fenómeno migratorio en la historia entre México y los Estados Unidos. Los datos remiten al lector a mediados del siglo XIX, aunque la evidencia ofrecida apunta a una mayor migración durante la Revolución Mexicana (1910-1940) y en años posteriores, esto a partir del programa bracero (1942-1964). Precisamente, los ejemplos que ilustran el libro en las tres partes restantes son de mexicanos que emigraron al Norte debido al movimiento revolucionario, lo que implica reconocer que los músicos examinados tienen algo en común, y es el hecho de que su salida del país fue forzada en principio por la guerra que arrasó el país en las primeras décadas del siglo XX.

El capítulo inicial es un perfecto enlace con las tres partes que siguen, pues se examinan casos particulares de músicos migrantes que hicieron su música siguiendo la herencia tomada en México. Al respecto, Ochoa Serrano examina de forma cronológica las influencias musicales “mexicanas” en California, uno de los estados con mayor presencia de mexicanos. Se hace evidente en este caso, las fiestas con músicas de cuerdas y aliento que desde el siglo XIX imprimieron color a los festejos californianos. Así, pudieron escucharse pasodobles, marchas, zarzuelas, canciones y sones, y toda la gama de música cuyo origen estaba en las realidades rurales mexicanas. La evidencia incluida no deja lugar a dudas de que la migración de músicos mexicanos permeó en la vida de los Estados Unidos, y fue común las notas del mariachi desde mediados del siglo XIX, por supuesto, del mariachi tradicional, mucho antes de que apareciera en escena el mariachi comercial. En este caso, la obra en cuestión permite dilucidar los tiempos de uno y de otro, y por ello, es de lectura obligada para todo el interesado en la música mexicana denominada de mariachi.

Precisamente, el lector percibe que, en la intención por dar ejemplo concreto de la música migrante, se estudia el caso de las hermanas Padilla, dueto que hiciera época en la música vernácula mexicana.

Rastreando hasta donde es posible en fuentes ad hoc, el historiador recrea los detalles que obligaron a las hermanas Padilla a salir de México, debido al movimiento revolucionario por supuesto, y la forma en que se iniciaron como artistas en un concurso de barrio, desde donde fueron contactadas para grabar el primero de varios discos. Ochoa Serrano hace evidente que dichas grabaciones luego formaban parte del repertorio de los hogares mexicanos, gracias en parte a que los migrantes solían regalar a sus familiares las populares victrolas, lo cual significó en el preludio de la radio, la manera de escuchar la música popular mexicana.

Finalmente, el último tramo del libro es fundamental no solo para conocer la música mexicana que emigró a los Estados Unidos, sino como una evidencia ineludible de la altísima calidad de la tradición musical aprendida y en México. En el cuarto capítulo Álvaro Ochoa realiza un extraordinario trabajo biográfico de Rafael Méndez, quien fue uno de los mejores trompetistas del orbe. Méndez nació en Jiquilpan, Michoacán, en 1906 en un entorno musical pueblerino. La música la aprendió de su padre, Maximino Méndez, quien era un reconocido músico de la región Oriente del estado. Rafael emigró a los Estados Unidos cuando tenía veinte años, en 1926, y como otros músicos en su condición migrante, no iba exclusivamente con la idea de hacer música, pero el arte fue su destino final, y de una modesta orquesta pasó al poco tiempo a trabajar con las mejores orquestas de Estados Unidos, a grabar para los estudios fílmicos más importantes y a crear su propia empresa musical. Méndez murió en su estudio, en su casa, en 1981. El asunto extraordinario con el trompetista, y que se hace evidente en el trabajo objeto de estas líneas, es que la técnica de ejecución de la trompeta y el conocimiento musical general, y en ello la concepción propiamente dicha, de la música, la adquirió Méndez en México, lo que habla de una extraordinaria herencia musical mexicana.

Sin duda, el lector de La música va a otra parte. Mariache México-USA está ante la obra de un historiador consumado, un experto en las tradiciones musicales cuyo interés ha sido, y sigue siendo, el estudio correcto y preciso, de las músicas tradicionales mexicanas, esas que de pronto son un tanto desdeñadas desde la académica musical, pero que han nutrido la música excelsa, la de concierto. El libro es uno más en la extraordinaria trayectoria del doctor Álvaro Ochoa Serrano, y estaremos atentos al siguiente.

Alejandro Mercado Villalobos

Departamento de Estudios Culturales

División de Ciencias Sociales y Humanidades

Campus León, Universidad de Guanajuato

Notas

[1] En 2011 la UNESCO reconoció al “Mariachi, música de canto y cuerda”, en la lista de Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
[2] En su libro El síndrome de la nostalgia, Luis Omar Montoya Arias (2014) rastrea la influencia de la música norteña mexicana en Colombia, encontrando una constante entre lo que se grababa en los Estados Unidos por allá en los años de 1930, por parte de los músicos migrantes, y la difusión de la música más allá de las fronteras de Norteamérica.
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